Summary: La infancia de dos niños que por coincidencias de la vida fueron experimentando pasó a paso su amistad, la lealtad por la familia y el amor adolescente.
Disclamer: Los personajes le pertenecen a la Señora Meyer, yo los usó cuando tengo tiempo e imaginación para escribir, por supuesto sin fines de lucro.
Capítulo Anterior
Ya con varios meses de mis trece años cumplidos era totalmente feliz. En el instituto ya todos sabían de mi relación junto a Edward, muchos nos envidiaban o más bien a mí, decían que yo era "poca cosa" para un chico como él, eso me deprimía pero Edward siempre estaba a mi lado para desmentirlo.
Capítulo VI
Nuestras tardes en las que no teníamos deberes pendientes del instituto, nos dedicábamos a leer algunos textos, más bien libros de "aquellos" y al terminar nuestros rostros estaban rojos. Era algo que quisimos hacer en conjunto, compartir la mayoría de las experiencias que pudiéramos dentro de nuestra vida.
A veces me daba miedo de que a su vida pudiera llegar una niña más bonita, con un cuerpo más desarrollado y más cariñosa que yo y me lo arrebatara, éste era un constante sentimiento que no me gustaba en absoluto, pero aún así nacía en mi corazón.
En un futuro proyectaba mis ilusiones junto a mi querido Edward, en años posteriores con mi mentalidad romántica, me veía en una hermosa casa con un amplio jardín lleno de flores mientras dos pequeños niños correteaban de un lado a otro, hasta que su espera terminaba al bajarse de un hermoso auto negro mi esposo Edward.
La noche del fin de año mi madre preparó un pastel de chocolate, esta vez relleno con vainilla y decorado con muchas fresas para llevarlo a casa de Edward. Mi boca se hizo agua al igual que la de Edward al verlo y es que era demasiada la tentación. Al momento en que dieron las doce y el cambio de año llego, nos dimos un fuerte abrazo seguido de promesas y palabras de amor en nuestros oídos por parte de ambos.
En la noche fui a buscar más pastel y me tope con Edward quien andaba en las mismas andanzas que yo. Después de visitar la cocina por algunos minutos me llevo a su habitación, ya que nos encontrábamos en su hogar para dicha festividad. Una vez dentro se dirigió a su equipo de música y colocó una pieza de música clásica. Las notas fluían suavemente por la estancia; su mano tomo la mía y al ritmo de ellas nuestros cuerpos se mecían suavemente con la luna como única testigo. A esa pieza le siguieron muchas otras y ya bien entrada la madrugada nos acostamos en su cama en donde compartimos algunos besos con sabor a chocolate.
Los días pasaban cada vez más rápido, con Edward éramos más cercanos y ya no veíamos las cosas con los mismos ojos que tiempo atrás, no nos conformábamos ya con salir a caminar sino que habíamos añadido más cosas románticas y cercanía entre nosotros.
La adolescencia se hacía presente poco a poco en nuestros cuerpos desarrollándolos cada vez más, pero poderosamente el cambio se notaba en Edward. Sus brazos estaban un poquito más fuertes, su espalda se había comenzado a ensanchar, sus caderas a estrecharse y unas largas y estilizadas piernas terminaban el conjunto, pero sus rasgos faciales poquito a poco empezaban a ser los de un hombre, pero su voz aterciopelada no cambiaba en demasía, seguía teniendo ese toque que me electrificaba cada célula de mi cuerpo. Sí, mi Edward era el más afortunado con los cambios.
Pero habían cosas que ya no se podían dejar ocultas o sin atención por más tiempo. Todo el mundo que nos rodeaba, incluyendo internet, redes sociales, televisión, escuela, la calle misma y el mundo en el que vivíamos nos hacía ver que el sexo se aproximaba a por nosotros. Ya no podíamos hacer todo el caso omiso que quisiéramos a nuestras demandas. Al principio con timidez reconocimos nuestros contornos aún cubiertos con la ropa, a medida que la confianza aumentaba nuestras exploraciones eran más profundas por lo que terminábamos con suaves besos en el cuello y palabras de amor en el oído del otro.
El mes de junio estaba casi en la fecha límite del cumpleaños de Edward y yo no sabía que regalarle, era un enredo lo que habitaba en mi mente…al final decidí comprarle una camisa negra y una corbata en tonos verdes, mal que mal eran catorce años los suyos y ya su vestimenta poco a poco había empezado a cambiar, haciéndolo ver mucho más adulto.
Él a mis ojos y a los de muchas se veía guapísimo, el color oscuro de su vestimenta resaltaba mucho más el tono pálido de su piel y el verde de sus ojos, era completamente irresistible; de pronto me sorprendió el tono que estaban tomando mis pensamientos, no estaba acostumbraba para nada a sentir una atracción tan física por mi novio ni que fuera demasiado potente, era algo realmente fuerte, y entonces me di cuenta de las reacciones de mi cuerpo. No negaría que antes habían estado, pero estás eran mucho más fuertes ya que mi cabeza últimamente daba para mucho.
Era algo nuevo, llámense hormonas, adolescencia, amor o una mezcla de todo, pero ansiaba más de él, quizás Edward sintiera algo parecido a lo mío y no fuera raro, ya que poco a poco se estaba convirtiendo en una necesidad. Simplemente era deseo.
Julio paso como un borrón ante mis ojos y a los del mundo, podía ver que cada día la gente cometía más atrocidades en nombre de "actos de justicia" que era como los llamaban, me daba miedo ya vivir en un mundo tan violento. Las cosas en Medio Oriente cada vez estaban peor, inundaciones en regiones Asiáticas, el hambre en África que no disminuía, crisis económicas en Grecia con repercusiones para todo el mundo en diverso grado y mucha gente sufriendo las desgracias del día a día, si mirabas la programación noticiosa solo podías observar drama y tragedia; las buenas noticias eran a lo mucho algún acontecer deportivo o el concierto en carpeta de un artista famoso. Estábamos cavando nuestra propia tumba y muchos hacían omisión a los actos que hacían, la sociedad era compleja y solo Dios sabía que nos deparaba el futuro.
Edward cada día estaba más romántico, sus padres le habían proporcionado un block de dibujo e infinidad de lápices de colores por lo que nuestro tiempo lo pasábamos la mayoría en su habitación, mientras él se dedicaba a dibujarme a su antojo; en las paredes colgaban algunos retratos míos: yo encima de su cama, en un rincón sentada en el suelo, mirando por la ventana hacia el patio y el que estaba haciendo ahora, uno de nuestras manos unidas en las que en la parte inferior rezaba con letras góticas:
"Interim sunt stellae in universis, mie amore non periet, etiamsi solem non splendit, non desinam ex amare"*
-¿Qué significa esa escritura antigua Edward?- le pregunté suavemente.
-Es algo especial, significa: "Mientras existan estrellas en el Universo, mi amor por ti no perecerá aunque el sol ya no brille, jamás te dejare de amar"- musitó suavemente mi amor, mientras unas emotivas lágrimas bajaban velozmente por mis mejillas, volvía a repasar una y otra vez el significado de aquella imagen.
Simbolizaba mucho más de lo que representaba en sí misma; la unión de dos personas que de la mano superarían juntos las adversidades del destino, juntos batallaríamos contra lo malo del mundo y en lo posible haríamos lo mejor por nuestro entorno, hasta que nuestros corazones dejaran de latir y el sol se apagara para nuestros ojos, siempre nos tendríamos el uno al otro.
Y aquella dulce fecha se avecinaba nuevamente, por fin el día en el año en que tendría la misma edad que mi Edward ante la sociedad. Los preparativos entre las familias Swan y Cullen no eran lo más disimulados que hay en el mundo. Ya sabía por ejemplo que tendría una exquisita torta de chocolate a mi haber de la cual ya imaginaba su gusto en mi paladar, pero regalos y esas cosas, eran totalmente desconocidas para mí.
Esa mañana de septiembre, desperté con unos suaves besos que se esparcían por toda mi cara hasta llegar finalmente a mi boca, dando origen así a un dulce y casto ósculo. Lentamente abrí mis ojos y encontré en mi cama al dueño de todos mis sueños y fantasías, el único chico que con su dulzura, amor y comprensión había logrado recibir a cambio algo mucho más allá que mi timidez.
Sus ojos esmeralda brillaban con un toque de sinceridad y amor que me caló hasta el alma, en ellos no había maldad ni malos sentimientos, solo cosas buenas; involuntariamente mi brazo rodeo su espalda y su cabeza descanso contra mi pecho.
Los minutos pasaban lentamente mientras estábamos sumidos en nuestra burbuja de amor. Me sentía como en el cielo, el calor de su respiración en mi cuello poco a poco me llevaba al mundo de los sueños, de pronto el peso que estaba sobre mi cuerpo desapareció mientras que el calor se instalaba en mi costaba izquierdo. Inconscientemente levante las mantas y lo invité a mi lado cosa que no dudo en ningún segundo, entre el calor de nuestros cuerpos conciliamos el sueño del día de mi cumpleaños número catorce.
Esa tarde fue la más maravillosa de todas, almorzamos en familia, los Swan y los Cullen juntos y con posterioridad Edward me saco a pasear por los alrededores. Nuestras miradas delataban todo el amor y sentimientos que sentíamos el uno por el otro, mientras que entrelazadas como aquel dibujo se encontraban nuestras manos iniciamos un camino por la espesura del bosque.
Cada vez que las ramas obstaculizaban mi camino, Edward siempre estaba ahí para salvarme de caer o torcerme un tobillo. Poco a poco todos los árboles se separaron hasta dejar paso a un hermoso claro en donde se filtraban tímidos rayos de sol que morirían ahogados dentro de poco por la oscuridad de la noche.
El cielo como único testigo nos protegía con su manto mientras acostados en el pasto observábamos las distintas figuras que realizaban las nubes; unas de formas similares a conejos, perros, patos y otras que no se podían definir con nada; estas eran las pequeñas cosas que hacían que mi corazón latiera desbocado cada vez más de amor por Edward. Un color más oscuro en lo alto empezaba a avisar que la tarde llegaría pronto a su fin, se sentía el canto de los pajaritos acostándose mientras el cielo pasó a estar completamente negro.
Firmemente volvimos hacia nuestros respectivos hogares, al llegar a ellos no paso desapercibida para ninguno de los dos la mirada que nos dieron nuestros respectivos padres y es que no era ya algo de lo que avergonzarse nuestra relación.
Rápidamente el tiempo pasaba por nuestro lado. Las habladurías en el instituto cada vez aumentaban y mayor era también su calibre. Que yo poco menos me le metí a Edward en la cama, que él solo estaba conmigo por compasión, que nuestras familias nos manipulaban, que yo me había embarazado para que él estuviera a mi lado, en fin, se decían muchas cosas, pero seguíamos adelante pese a todo.
Además, la situación no era tan… tan extrema como la pintaban. Sólo era que estábamos descubriendo nuevas cosas, sin llevar nada a la práctica aún, pero claro si por alguna razón tú le comentabas a una amiga que dormías con tu novio, era sinónimo de que en 9 meses más nacería un pequeño Cullen-Swan.
Por lo demás nuestra relación seguía normal. Cada uno se desarrollaba físicamente por su cuenta, pero emocionalmente era donde lo hacíamos juntos. No dejábamos si las cosas esenciales de lado que nos habían llevado a fijarnos en el otro, como lo era el caminar en las tardes y mirar las puestas de sol, claro que era mirar desde un día nublado hasta que la oscuridad de la noche caía sobre nosotros. El sol pocas veces visitaba nuestros hogares plenamente.
Sin duda a veces me confundía, ya sea por los libros que leía o por cualquier cosa, pero a veces no sabía cómo controlar lo que sentía por Edward. Me era una sensación extraña ya que era una chica de poca edad sintiendo cosas que no eran "correctas" ni vistas con buenos ojos por los demás a nuestra edad. -¿Qué podría hacer para esto?- musitaba para mis interiores.
Había opciones 3 opciones:
1.- Hablar con mamá
2.- Hablar con tía Esme
3.- Hablar con Edward
Difíciles las 3. Cada una de ellas implicaba mucho y no sabía cómo expresarlo sin que sonara grosero ni me miraran feo, aunque era un riesgo grande. Decisiones, decisiones. Tendría que pensar muy bien con quien hablar de todo lo que me pasaba y pensaba, lo más lógico es que fuera con mi madre, pero lastimosamente no me daba la confianza suficiente. -¿Qué pensara Edward? ¿Sentirá lo mismo?- me preguntaba.
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¿Aló hay alguien ahí?
Hola hola, buenas noches, tardes, días, según el país donde me leas.
Aún estoy emocionada por los comentarios del capítulo anterior, ¡woah! Muchas gracias por sus felicitaciones.
Les doy mis más sinceros agradecimientos a tods aquells lectores que agregan a favoritos o a alertas mi historia, en verdad me alegran enormemente, a todos aquellos lectores silenciosos que pasan por el fic, en fin, a mis fantasmitas les hago cordialmente la invitación a que comenten la historia, cualquier duda, pregunta, sugerencia constructiva que se les ocurra, no duden en decirme.
Agradecimientos especiales a: ginita_potter, , darky1995, Zoalesita, twilightfan, Andrea Aurora, vanezhittacullen2, viszed, yels99, Alejandracullen21, caaroowcullen, maria andreina, Millaray, ManneVanNecker, gilri, FuckingTonyStonem, ancr007, Bertlin, Nikki Hale, CarolineAlopez, Angelica.m y Piscis A y la dueña del cuchillo jamonero de Triana Cullen por ayudarme con el latín.
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