Era extraño estar ahí, compartiendo un café sin azúcar con aquel chico que le ha besado tres veces, no es que los contará pero, algo como eso no se podía olvidar con facilidad. Una parte en su interior le decía que le conocía, porque lo que ha dicho anteriormente de que algo le ha impulsado a buscarle es verdad y debía descubrirlo, de eso la razón por la cual lo ha estado frecuentando, necesita respuestas, porque desde hace días que sueños que no tenía desde los dieciséis han vuelto y todo desde que lo ha visto. Al estar cercas de él siente tanta paz en su interior, como si perteneciera a su lado.

—Si no dieces algo para romper la tención te besaré —aquellas repentinas palabras sobresaltan a Rin, ¿acaso ese tipo tenía que ser tan directo?

—L-lo siento, ya no sé qué más preguntarte —soba su nuca apenado, todas aquellas reuniones fueron camuflajeadas con la excusa de 'cuestionario policiaco' por sus arrebatos lascivos, ya que se considera una persona 'peligrosa' para la sociedad.

—Entonces esto es más una visita 'amistosa' que de trabajo, ¿no es así?

—N-no sé de de qué me hablas —desvía la mirada —. S-solo quería avisarte q-que esto se termina y no nos veremos más.

—¿Terminar? ¿Con qué si no somos nada? A menos que quieras comenzar algo ahora y después terminar —dice acercándose poco a poco a Rin.

—Y-yo n-no he di-dicho tal cosa —no comprendía a su cuerpo, por más que pensará en alejarse de aquel pervertido suplemente su cuerpo no responde.

Sus labios se unen y con ese simple contacto siente volar hacia el universo, traspasando dimensiones, otros mundos, vórtices de tiempo, ¿cómo es que aquel ósculo le transportaba? Aunque la verdad es que no se quejaba, porque aquella paz era digna del paraíso.

«Acaricia las hebras azabaches del que duerme en sus piernas, se ve tan angelical que le hipnotiza, el sueño se ha esfumado y ahora espera el alba, admirando la belleza que se le presenta.

¿No dormirás? —Pregunta una voz adormilado, Nir sonríe, porque Akurah no se ha movido ni abierto los ojos.

Descansa, has hecho un gran trabajo el día de hoy —ríe besando la frente de aquel pueblerino, no comprendía el cómo le ha engatusado, desde la primera vez que le vio, tirado en medio de su camino, robó su corazón.

Claro que tiene miedo de que los descubran, porque está terminantemente prohibido que un miembro de la familia real tenga amoríos con uno de sus súbditos, no importaba si era mujer u hombre, simplemente no se podía, hasta que se case y arme su propio harem, aunque claro, él mismo no le preocupaba, porque su vida está más que asegurada; en este caso Akurah sería el que pagase por aquella desvergonzada aventura, y si pasaba lo peor es mejor recompensarle ahora en vida.

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Akurah abraza sus piernas observando la laguna negra que se extiende frente a él mientras pequeñísimas hondas besan sus pies desnudos. La noche le acompaña en su triste soledad, Irotin le ha dicho que Nir no podía asistir a su encuentro por presentarse a una reunión con reyes de, obviamente, otros reinos cercanos para firmar tratados de compra-venta y libre acceso a los visitantes.

Aquello no era justo, comprendía perfectamente que Nir es un príncipe con obligaciones y que más de una vez le plantaría, durarían días sin verse, sin hablarse y hasta terminarían porque Nir tendría que contraer matrimonio.

Cierra los ojos para olvidarse de aquellos pensamientos, esperaba que Nir nunca se comprometiera, porque el dejarle significaba la muerte, una torturosa y dolorosa muerte; terminar con lo que tienen y olvidarse de todos aquellos días juntos no sería una tarea fácil, para eso tendría que volver a nacer. »

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Con lentitud va abriendo los ojos, aquel lugar no lo conocía, era demasiado simple como para ser su cuarto. Se sienta en la cama tallándose un ojo y observando todo a su alrededor, se topa con una fotografía enmarcada postrada en la mesita de noche donde se pueden ver a un Makoto y Haruka de ocho años jugando en una caja de arena, tan concentrados en su trabajo que no han volteado para la fotografía. Así que estaba en el apartamento de Nanase, por cierto, ¿qué es lo que han hecho ayer? Esperaba no tener que arrepentirse de lo sucedido.

Baja de la cama para salir de la habitación y buscar a Haruka, le encuentra en la cocina frente a la estufa cocinando algo que huele delicioso.

—Buen día, lamento las molestias —se disculpa tomando asiento en uno de los taburetes.

—No son molestias

—¿Hay algo de lo que me deba enterar? No recuerdo nada de ayer —aprieta el puente de su nariz, ser policía de verdad que no era nada fácil.

—La verdad es que no, en cuanto terminamos el beso caíste dormido en mi regazo —explica colocando un plato de comida frente a Rin.

—¿De verdad? Ugh —se cubre el rostro sonrojado —. Escucha esto… okay, admito que dormí como nunca pero, tengo cuatro días sin dormir y por esa razón yo…

—Rin, no te preocupes, de verdad. Puedes quedarte a dormir cuando quieras.

—Tú idiota, como si volviera a pasar —desvía la mirada para no toparse con ese par de lagunas que se encuentran tan cerca de sus rubíes pues ambas frentes han sido juntadas.

Su corazón galopa como caballo salvaje, su rostro arde igual que una hoguera, su pecho reboza de tanta felicidad que parece que en cualquier momento explotará. La burbuja se revienta gracias al sonido de un celular, Rin maldice no pudiendo creer que por un momento se sintió en un anime tipo shojo que hasta le han entrado ganas de llorar.

—¿Si?

"—¡Rin imbécil, ¿dónde demonios estas?! Desde ayer que trato de comunicarme contigo y nada que respondes. ¿Dónde estás y por qué no has llegado a dormir?" —Rin puede imaginarse a su amigo frunciendo el ceño, ¿tenía que tener complejo de hermano mayor?

—Me disculpo por no avisarte ¿bien? Escucha Sousuke después te cuento ¿vale? Nos vemos en la estación más tarde —cierra la tapa del teléfono sobándose las sientes, su amigo tarde o temprano le sacaría de quicio.

—¿Todo bien? —Cuestiona Haruka una vez Rin ha ingresado de nuevo a la cocina.

—Emmm, sí, no te preocupes. Disculpa Nanase tengo que irme; cuestiones laborales.

—Rin, ¿por qué no desayunas antes de irte? No deberías ir a trabajar con el estomago vacio —Sin pensarlo mucho el pelirrojo vuelve a su asiento tomando el tenedor para degustar aquel pan francés con trozos de fresa fresca.

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—¡¿Qué estabas donde?!

—Baja la voz maldita sea —le regaña cuidando su alrededor de que nadie los este escuchando.

—¿Qué estabas haciendo ahí?

—S-sólo… co-cosas de trabajo —se encoje de hombros jugando con una pluma, pasándola de ente dedos y dedos.

—¿Cosas de trabajo? No entiendo, ¿qué tiene que ver ese tipo con el trabajo?

—Quiero saber si es competente para andar suelto por la ciudad y no es un pervertido psicópata.

—Bueno, sociópata si es —suspira Sousuke sentándose pesadamente en una de las sillas frente al escritorio de Rin —. ¿Y? ¿Podemos mandarlo directo a la silla eléctrica?

—Sousuke, claro que no. Admito que… puede ser difícil pero… Nanase es una buena persona y… n-no sé, tal vez podría darle una oportunidad.

—¡¿QUÉ?! —Ante aquella reacción Rin se sobresalta para que, al recuperarse se encoja en la silla —. ¡No puedes estar hablando en serio!

—¿Qué te sucede Sousuke? No comprendo tu reacción —Rin frunce el ceño, su amigo nunca se ha mostrado de aquella manera y el que lo haga por el simple hecho de mencionar a Nanase, lo hace sospechoso.

Bufando Sousuke se aleja de Rin, mete sus manos en los bolcillos del pantalón y sale de la estación, daría una vuelta en la patrulla para pensar mejor las cosas. Aquello definitivamente no estaba en sus planes, el que Rin y Haruka se encontraran de verdad que le ha molestado, ¿cómo es posible que solamente con verlo una sola vez Rin haya experimentado sentimientos por aquel chico? ¡Él ha estado con él toda su vida! Se conocen casi desde que nacieron, sus madres fueron amigas de la infancia y por eso ellos han seguido con aquella 'tradición', lo más lógico en estos casos es que Rin se haya fijado primero en él y no en otras personas.

Él le ha acompañado en los peores y mejores momentos, no han importado todas aquella peleas, no han importado esas relaciones que salieron mal, las depresiones de Rin por no comprender los sueños que le atormentaban noche con noche, él ha hecho que se olvidará de todo aquello, entonces ¿por qué enamorarse de una persona que le ha hecho tanto daño? No lo permitiría, juraba por su vida que los alejaría, como lo ha hecho la última vez.

«Lee la carta por doceava vez, sus manos tiemblan y sus dientes se friccionan entre sí. Aquello no era posible, él no lo permitiría porque Nir es de él, de nadie más, tendrían que matarlo primero para alejarlo de él. Suspirando dobla de nuevo la hoja de papel, tal vez no sea su trabajo pero todo lo que tenga que ver con el bienestar del príncipe era su responsabilidad. A paso decidido se dirige a la habitación del príncipe, la noticia ha llegado esa mañana y Nir debía conocerla lo antes posible.

¿Está despierto su majestad? —Abre la puerta sin tocar, encontrando a quien busca recostado en su gran cama cubierta de sabanas de seda. Nir se remueve un poco gruñendo, odiaba que le despertaran a tan temprana hora por la mañana, lo peor es que debía de levantarse.

Buen día Ekusu —se estira para sacar la flojera. El pelinegro le arrima una jarra de agua y un recipiente de plata, Nir se lava la cara quedando listo para recibir cualquier cosa por la cual su amigo y guardián ha ido a despertarlo —; ¿a pasado algo? —Sin decir una sola palabra le extiende el sobre recién abierto —. ¿Lo has leído? Ekusu

Debía asegurarme que no contuviera veneno o fuese una nota de amenaza. Su seguridad es primero majestad —hace una reverencia. Los planes macabros siguen rondando por su cabeza, quien quiera que fuese la prometida de Nir, jamás se conocerían

Sonriendo y negando la cabeza divertido saca la hoja con el contenido, sin decir una sola palabra comienza con la lectura, a cada línea sus ojos se abren más y más, aquello no podía ser verdad, ¿quién ha arreglado aquel encuentro? Él no recuerda haberlo aprobado, sí, se lo habían dicho pero jamás acepto; la imagen de Atakama, su consejera llega a su mente.

Deshaciéndose de las sábanas se levanta, molesto se dirige a pasos pesados hasta una de las tantas habitaciones del palacio, seguido por Esuke a unos metros de distancia, aquello significaba una cosa y no se la podía perder, Nir cancelaria el compromiso y nadie podría replicar.

¡Atakama! ¡Atakama!

Oh, Nir, su alteza —hace una reverencia abrazando uno de los vestidos que un vendedor le muestra —, ¿sucede algo?

Claro que sucede. ¿Qué significa esto? —Extiende la hoja antes doblada, la castaña entorna los ojos para alcanzar a leer aquellas letras cursivas elegantes —. ¿Y bien?

Bueno, he estado leyendo las normas del trono y dice que si se casa, no importando la edad, usted pasa automáticamente al mandato —explica con simpleza mostrando una pequeña sonrisa. Nir se queda pensando un poco volviendo a leer las palabras escritas en la hoja de papiro, lo que le ha explicado su consejera tiene mucho sentido.

Entonces… si acepto el compromiso, esto será bueno para el reino, ¿no es así? —Dice un poco inseguro sin despegar la mirada del papel, pensando más en Akurah que en lo que es mejor para su pueblo.

Nir, los compromisos arreglados nunca son buenos. Piensa antes de aceptar nada —aconseja Esuke colocando una mano en su hombro, si Nir aceptaba aquello, tendría que usar la fuerza bruta para deshacerse de aquella persona

Sin duda es una muy buena oportunidad su majestad, además de pasar automáticamente al trono ambos reinos se pueden unir —Nir suspira, sin duda es una elección difícil, pero si con eso su reino se hacía más grande y beneficiaba a sus súbditos… lo aceptaría sin dudarlo.

Manda una respuesta afirmativa Atakama, quiero conocer a mi prometida —la castaña asiente sonriendo, ella nunca se equivoca y si aquel compromiso era bueno… el amor que profesa por Akurah será muy bien sobrellevado.

Ekusu aprieta los puños y frunce el ceño, Nir no podía estar hablando en serio, él hace mucho había dicho que se negaría a un compromiso en el que no hubiera amor, en el que no conociera a su futura esposa, ahora todo aquello dicho ha desaparecido con un par de palabras. Sin duda tendría que planear algo para deshacerse de la competencia porque nadie alejaría al pelirrojo de su lado. »