"Siempre estaré allí para ti"
Disclaimer: Los personajes de la Saga Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, yo solo los he tomado prestados para complacer a mi corazoncito Harmony.
Summary: Hermione necesita ayuda y Harry esta allí para ella. Pero lo que parecía un plan perfecto se convierte en algo más cuando los mejores amigos, contra todo pronostico, se enamoran.
Capitulo siete
Confusiones y confesiones
Hermione estaba nerviosa. Aquello era totalmente contrario a su naturaleza, ella nunca había tenido que sufrir el ataque de los nervios que hacían que su estomago se anudara y sus manos sudaran. Bueno, al menos, no muchas veces. Cruzó y descruzó sus piernas, jugó con sus dedos y la alianza de su mano izquierda. Nada podía mantenerla en calma. Y la música ambiental de la consulta del medico que había decidido visitar no ayudaba en nada. No importaba cuan relajantemente hubiera sido diseñada la sala de espera de la consulta, nada podía calmar los nervios que la consumían. Harry tampoco era de mucha ayuda en esos momentos, desde la mañana se encontraba sumamente callado y meditabundo.
La puerta de la consulta se abrió y una pareja joven salió. Ambos sonreían felices, las manos del hombre se encontraban sobre el abultado vientre de la mujer. Hermione no pudo evitar sentir una punzada de algo muy parecido a los celos.
—Sra. Potter—llamó el medico, manteniendo la puerta abierta. Hermione no reaccionó hasta que vio a Harry tenderle la mano. Definitivamente le estaba costando mucho adaptarse al cambio.
El medico que la atendería tenía aproximadamente cincuenta años, su cabello era castaño oscuro y ribeteado de mechones grises. Le sonrió amablemente, al parecer, hasta él había advertido su nerviosismo.
Harry y Hermione entraron a la consulta, saludaron al medico y se sentaron frente a su escritorio tal como él se los indico. La muchacha dejo vagar su mirada por el lugar, los diplomas de universidades muggle que colgaba de una de las paredes, las imágenes de bebés en distintas etapas de gestación, más atrás y parcialmente cubierto por un biombo se encontraba una camilla y un equipo de ultrasonido.
—Sra. Potter—volvió a saludarla el hombre, que ya se encontraba tras su escritorio—. Y el sr. Potter supongo—inquirió mirando a Harry quien asintió—. Bueno, ¿puedo preguntarles que los trae aquí?
—Estoy embarazada—respondió Hermione, aun cuando la respuesta le parecía algo obvio—. Es por eso que estoy aquí.
—¿Fue el diagnostico corroborado por análisis de sangre?
—Ehh, no, simplemente me realice una de esas pruebas mu… esas pruebas que venden en las farmacias—repentinamente, Hermione se sintió estúpida. Sumamente estúpida.
—Bueno, desafortunadamente esas pruebas no son cien por ciento infalibles. Tienen un porcentajes de falsos positivos—explicó.
Hermione tembló. ¿Qué quería decir eso? ¿Acaso se había precipitado? No era posible, se negaba a la simple posibilidad de que en verdad no se encontrara embarazada. No pudo evitar mirar de reojo a Harry, sus ojos no le decían nada. Eso la sorprendió, ella era bastante buena leyéndolo, pero en esos momentos no sabría decir que era lo que él pensaba. ¿Estaría enojado… ante la posibilidad de que simplemente se hubieran apresurado?
—¿Pero…?
—Descuide—dijo el medico intentando tranquilizarla—. Podemos corroborar o descartar su embarazo con una simple ecografía rutinaria—Hermione asintió—. Por favor, sígame…—el medico se puso de pie y camino hacía la izquierda de su consulta donde se encontraba el equipo de ultrasonido.
La castaña camino con lentitud. Su mente trabajaba a mil kilómetros por hora pensando en todas las probabilidades que se abrían ante sus ojos. ¿Qué sucedería si en verdad no se encontraba embarazada? Si se había precipitado y había actuado sin verdadera razón. ¿Qué pensaría Harry de todo eso? La muchacha se subió en la camilla como le indicó el medico y se levanto la parte baja de la blusa que llevaba ese día, cerró los ojos mientras el facultativo terminaba de preparar todo para realizar la ecografía.
Sintió como la mano de Harry tomaba la suya y le daba un ligero apretón. Aquello solo logro confundirla aun más.
—Bien, esto se sentirá algo frío—comentó el medico antes de aplicar un gel azulado sobre su vientre aun plano. La muchacha mantuvo sus ojos cerrados, no quería mirar. No quería comprobar que estaba equivocada. No quería ver esa pequeña pantalla cubierta de negro.
El medico tomó el transductor y comenzó a deslizarlo por el abdomen de la muchacha. Harry mantenía sus ojos fijos en la pantalla del ecógrafo. Aun no sabía que pensar respecto a todo. ¿Qué harían si en verdad no había ningún bebé al que proteger? Una imagen apareció en la pantalla, él no entendía que significaban, líneas blancas, grises y negras un tanto oblicuas. El medico cambio la posición del transductor acercándolo más al centro.
—Allí esta. Efectivamente, esta usted embarazada, sra. Potter—confirmó.
—¿Dónde…?—inquirió Harry. No entendía como el medico podía ver un bebé donde él solo veía líneas oblicuas.
El hombre le sonrió y usando un cursor indicó donde se encontraba el bebé. El bebé era un pequeño y oscuro bulto en forma de un frijol en el centro de la pantalla, era increíble pensar que dentro de unos meses esa pequeña forma que no medía más de unos pocos milímetros estaría allí con ellos. Él no pudo despegar los ojos de la pantalla, de pronto un sonido como el bombeo de grandes cantidades de líquido a gran velocidad lleno la sala. Era rítmico y firme. Era el latido de ese pequeño corazón que día a día crecía.
Harry alejó sus ojos de la pantalla para mirar a Hermione. Ella ahora tenía los ojos bien abiertos mirando la pantalla, mirando al pequeño ser que crecía dentro de ella. Las lágrimas brotaban, silenciosas, de sus ojos castaños. Se veía… Harry no podía expresar con palabras lo que veía. Sin poder evitarlo, se inclinó y deposito un beso en su sien. Simplemente se sintió correcto. Ella le sonrió despegando por primera vez sus ojos de la pantalla. Demasiadas emociones flotaban en ese par de orbes castañas.
Todo parecía bien en la ausencia total de palabras. El medico retiro el transductor y le entrego unos trozos de toalla de papel a Hermione para que pudiera quitar el gel de su piel. Imprimió unas copias de las ecografías que después le paso a la muchacha. Ella se quedó mirándolas unos minutos antes de levantarse de la camilla.
—¿Podría decirme la fecha de su ultima menstruación, sra. Potter? —inquirió el medico desde el escritorio.
Hermione se puso de pie con ayuda de Harry y se reunieron nuevamente con el medico.
—El 12 de agosto—respondió.
—Muy bien, correlacionando el estado del feto y su FUR, estaría usted de aproximadamente 8 semanas de gestación. Con un embarazo completamente normal, ahora bien, voy a darle la receta para que tome algunas vitaminas y además, necesitare que se realice unos analices de sangre lo antes posible.
Ella simplemente asintió, tomó las recetas que el medico le extendió. Luego vinieron las recomendaciones de rigor en cuanto a su dieta y actividad física, Hermione escuchó con total atención. Tal como hiciera antes en clases, asintiendo a las indicaciones del medico. Este finalmente se despidió de ellos recordándoles que debían venir para un próximo control cuando ella cumpliera las quince semanas.
Salieron de la consulta en completo silencio. Ninguno de los dos había hablado entre si desde el desayuno.
—Harry ¿te molestaría si nos acercáramos a una librería? —inquirió Hermione de pronto—. Necesito conseguir unos libros, ya que voy a tomarme un tiempo libre del Ministerio, lo mejor es que busque algo que hacer.
—No hay problema—respondió él. Y juntos se encaminaron hacía una calle más comercial.
—¿Harry? —sondeo la muchacha—. ¿Te sucede algo?
Él la observó en silencio. A decir verdad se sentía extraño, sin embargo, no sabía a ciencia cierta a que se debía esto. Habían sido demasiadas emociones para poco más de media hora.
—No, estoy bien, Hermione.
—No me mientas, Harry ¿quieres? —ella se detuvo—. Te pasa algo, lo sé.
Suspiró.
—Simplemente me siento extraño. Todo esto… es demasiado, a momentos es demasiado para mi.
—Lo siento.
—No, Hermione—insistió él tomándola de los hombros—. No es tu culpa.
—Pero si tiene que ver conmigo. No intentes negarlo, Harry, hace tres semanas tu vida iba perfectamente bien y de pronto, llegó yo con mis problemas y pongo todo tu mundo de cabeza…
—¿Cuántas veces vamos a tener esta misma discusión? —inquirió él con una sonrisa. Si bien ella tenía razón, debía admitir que todo no era completamente malo. Simplemente, nuevo.
—Las veces que sean necesarias hasta que admitas que tengo la razón—respondió Hermione también con una sonrisa.
—Nunca… Hermione, simplemente me siento extraño porque todo esto es diferente y muy rápido. Tienes que darme tiempo para adaptarme al cambio, tú también lo necesitas. Los dos debemos adaptarnos a todo esto.
—No lo hemos estado haciendo muy bien ¿verdad?
Él se encogió de hombros.
—Todo parecía más sencillo cuando solo se trataba de convencerte para que rompieras las reglas—comentó él sonriente, y ambos se pusieron en marcha otra vez mucho más relajados que hacía unos instantes.
En la librería Hermione se fue directamente a la zona que tenía libros y guías sobre cuidados prenatales y embarazo. Harry simplemente la observaba, la verdad es que él nunca había sentido el apego que su amiga sentía por los libros, trataran del tema que tratara. Bueno, excepto los que hablaban de Quidditch. Cuando vio que Hermione tomaba más libros de los que sus brazos podían sostener se acercó para tomarlos él.
—¿Un poco de lectura ligera? —comentó bromista.
Hermione sonrió.
—Es que… hay muchas cosas que no sé, ya sabes, todo esto es tan nuevo.
—Y necesitas unos cuantos libros para aclarar tus ideas.
—Exacto.
Se acercaron hasta la caja registradora para pagar las compras de Hermione, las cuales, evidentemente, ella insistió en cancelar. Pero al menos Harry se salió con la suya y pudo llevar él las bolsas de la compra. Salieron de la pequeña librería y se dirigieron con pasos lentos al callejón más cercano, desde allí se aparecerían a Godric's Hollow.
—¡Harry! —llamó una voz de pronto y ambos se quedaron quietos.
Ginny Weasley se dirigía hacía donde estaban ellos con pasos largos y apresurados. Ni Harry ni Hermione supieron que hacer, no habían pensado que en el breve viaje a Londres se encontrarían a alguno de sus conocidos.
—Hola. Vaya, que sorpresa encontrarlos aquí—dijo la muchacha mirándolos a ambos con un leve atisbo de suspicacia. Hermione había ocultado su mano izquierda en el interior de su abrigo a pesar de que no hacía frio suficiente como para justificar esta acción. Harry deseo hacer lo mismo, pero tenía ambas manos ocupadas con las bolsas de Hermione. Solo le quedaba esperar que Ginny no reparara en el anillo que descansaba en su dedo anular.
—Hola, Ginny—saludó él, incomodo. Su último encuentro con la pelirroja no había ido nada de bien.
—Hola—saludo Hermione.
—¿Están de compras? —inquirió con un rápido vistazo a las bolsas que Harry sostenía.
—Si, Harry me esta ayudando con… unas cosas que tenía que hacer.
—Ya veo—comentó—. Hermione, yo no sé como decir esto pero… ¿podrías dejarnos unos minutos a Harry y a mi a solas? Necesito hablar con él.
—Ehh… claro, yo… emm volveré a la librería—dijo y se encamino de vuelta al lugar del que habían salido.
—Hermione—llamó Harry. Esta se volteo, ninguno de los dos dijo nada. Simplemente se miraron a los ojos para darse a entender que esperaba que ella aguardara a que él regresara para volver a casa. Casa. Era extraño, aun no podía asumir que compartieran la misma casa.
Ginny espero a que Hermione desapareciera de su vista para hablar.
—¿Podríamos hablar en otro lugar que no sea la calle? ¿Qué te parece ese pequeño café muggle en la esquina?
Harry no deseaba sostener aquella conversación ¿Qué sentido tendría? Ellos no podían volver a estar juntos y él ya no quería volver a pensar en ella. El recuerdo era doloroso, pero él había tomado su decisión. Había insistido en hacer lo que consideraba correcto y no es que se arrepintiera, pero… cuando las cosas ya estaban hechas era cuando verdaderamente se le podía tomar el peso a las consecuencias de su actuar heroico.
Él asintió y se encaminaron hacía el pequeño local. Harry no se percato que desde la mampara de la librería, Hermione los seguía con la mirada sintiéndose sumamente culpable.
La campanilla sobre la puerta del local sonó cuando ingresaron, el aroma al café cargado inundaba la estancia. Ginny se adelanto, abriéndose paso hacía una de las pequeñas mesas circulares al fondo del café. Tomó asiento y Harry, reticente, hizo igual. Una camarera, pequeña y rubia, que aun debía estar en la secundaria se acercó para tomar su orden. Ambos pidieron un café con abundante crema y azúcar, Harry no pudo evitar sonreír con melancolía al recordar uno de los gustos que ambos compartían.
Ninguno de los dos dijo nada hasta que su orden arribo. Harry mantenía su mano izquierda bajo la mesa, nervioso.
—Ya lo vi, Harry—dijo de pronto Ginny, quien revolvía su café con gesto distraído. Él se quedó quieto ¿ya lo había visto? —. También vi el de Hermione, Harry. Tengo buenos reflejos, no sería una buena jugadora de quidditch si no los tuviera.
—Ginny…
—¿Serías tan amable de explicármelo? Como ves, puedo tomarme las cosas con total calma.
—No es lo que piensas.
—¿Y que es lo que estoy pensando, Harry? ¿Qué me engañabas hacía tiempo con tu mejor amiga quien además era la novia de mi hermano?
—No es tan escabroso como crees. Esto… yo nunca te engañe, Ginny. En verdad, yo te quería… es más aun te quiero. Pero, las cosas son más complejas de lo que parecen.
—Eso no me explica nada, Harry. ¿Cómo crees que me sentí cuando llegue a mi casa después de ese día en tu oficina? Me sentía horrible, y todo empeoro cuando Ron llegó y comenzó a gritar que tú y Hermione eran lo peor, que ambos nos habían estado engañando a nuestras espaldas durante no sé cuanto tiempo.
—Tienes que creerme, Ginny. Nunca te engañe, y me consta que Hermione jamás engaño a tu hermano. ¿Él no te contó que fue lo que hizo para que Hermione lo dejara?
La pelirroja negó y él deseo decirle la verdad. Toda. Pero no podía, era el secreto de alguien más y no sería él quien lo revelaría.
—Algún día vas a entenderlo todo, Ginny. Te lo prometo, pero ahora, no puedo decírtelo.
—¿Estas enamorado de ella?
Él guardó silencio. Por supuesto que no estaba enamorado de su mejor amiga. Aquello era imposible y sin embargo, parecía la respuesta más sencilla a todas las interrogantes de Ginny.
—Dime, Harry ¿qué esta sucediendo?
—Ginny…
—Dímelo, Harry—insistió ella alzando a cada minuto el volumen de su voz—. Será mejor que me cuentes tu versión de todo esto, porque estoy pensando seriamente que era Ron quien tenía la razón. Dímelo, dime que esta pasando…
—Hermione esta embarazada—soltó de golpe. Repentinamente irritado con todo y con todos. Cansado de tantas mentiras, el decir una verdad, aunque solo fuera parte de ella, tuvo un efecto relajante.
—¿Qué? —exclamó Ginny—. Entonces, era todo verdad…
—Lo siento.
—Me mentiste—dijo con voz rota. Él no quería que ella se pusiera a llorar, él quería decirle toda la verdad y aun así, sabía que no podía.
—Lo siento—repitió.
—¿Cuánto? —su voz se quebró—. ¿Cuánto tiempo hace…?
—Unos pocos meses.
Ginny se levantó de la mesa con rapidez y destreza. Él fue incapaz de alzar la mirada. No quería mirarla, no quería ver el sufrimiento en sus ojos.
—Eres despreciable, Harry Potter—pronunció antes de dejar el lugar.
Y él fue incapaz de mirarla. Oh, Merlín ¿Por qué era tan difícil? Jamás había tenido la intención de dañar a Ginny, la quería demasiado y aun así, lo había hecho. La había dañado, la había engañado, le había mentido. Lo peor de todo era que no se arrepentía. Pero se detestaba por haberla dañado tanto.
Ni siquiera fue capaz de acabar su taza de café. Sacó su billetera y dejo dinero suficiente para cubrir las dos cuentas y la propina de la camarera, luego, tomó las bolsas con las compras de Hermione, repentinamente más pesadas, y fue a buscarla.
La castaña no tenía que ser adivina para saber que la conversación entre su amigo y Ginny no había ido bien. Podía verlo en sus ojos verdes, ni siquiera las gafas podían ocultar la verdad que se leía en esas orbes atormentadas.
—Se lo has dicho—comentó, sin reparo alguno en su voz.
—Lo siento.
—No importa, Harry…
—Le dije que el bebé era mio, como acordamos.
—Oh, Harry, yo…
—Por favor—la interrumpió—, no te disculpes, no digas «lo siento» no ahora, por favor. Simplemente, vámonos a casa.
La muchacha asintió y ambos en silencio, caminaron hacía el callejón más cercano. Desde allí se aparecieron hasta Godric's Hollow. Hermione debió apoyar su espalda en el grueso tronco de un abeto cercano al terreno vacío donde se aparecieron. El conocido tirón en el estomago que provocaba la aparición había sido tres veces peor producto de las nauseas repentinas que la atacaron.
—¿Estas bien? —preguntó Harry sujetándola por los hombros. Ella estaba pálida y mantenía los ojos fuertemente apretados.
—Es simplemente un mareo. Necesito unos minutos…
Harry espero en silencio, observando como las hojas de un árbol cercano comenzaban poco a poco a caer. Era otoño, una estación demasiado funesta para él la mayoría de las veces. Le traía demasiados recuerdos desagradables. Fue una noche de otoño en la que él perdió a sus padres, y fue una tarde de otoño en la que acababa de perder a la mujer que creía amar.
—Ya estoy mejor—comentó Hermione sacándolo de sus sombríos pensamientos.
Ambos emprendieron la marcha rumbo a su hogar en silencio.
Parada sobre la cerca de entrada de la casa que ambos compartían, había una lechuza de color gris, llevaba una nota amarrada a su pata izquierda. Ambos se miraron interrogantes pensando en quien podría haberla mandado, Harry no tenía una lechuza nueva desde la muerte de Hedwig.
—Debe ser del Ministerio—dijo Harry. Tomó la nota que el ave le tendía, apenas si la había logrado desatar y la lechuza emprendió el vuelo—. Bueno, supongo que no requiere una respuesta inmediata…—tomó el pequeño trozo de pergamino y lo desdoblo, no había sobre ni sello alguno sobre él, así que eso descartaba su teoría. Se quedó quieto luego de leer la escueta misiva.
—¿Harry, qué dice? ¿Pasa algo malo? —él solo atinó a tenderle el trozo de pergamino.
En el arrugado pergamino solo se leía una frase: «Sé que esta contigo»
Hermione miró del pergamino hacía la cara de su mejor amigo y entonces, el mundo comenzó a difuminarse por los bordes hasta desaparecer por completo en medio de la bruma de la negrura más profunda y absoluta.
Hola
Bueno, lamento la tardanza, en horas, de la actualización… culpen a mi familia que me secuestró. Espero que les haya gustado el capitulo, les agradezco de antemano por leer. Y por supuesto, aprovecho de agradecer todos sus comentarios anteriores…
¡Saludos!
