Bueno, hoy traigo un capitulo especial de Midousuji x Onoda para explicar un poco su relación y como empezó. Me inspiré con ellos, me parecen muy acordes en cuanto a gustos. Espero que lo disfruten y gracias por apoyar este fic.
Midousuji pensaba más animado que con su maléfico plan para reunirlos y que tal vez, remotamente, en algún lugar de las posibilidades fuera altamente factible que ambos se fueran a París y dejaran de meterse en su tranquila vida amorosa, pero no. Ahora las visitas a Onoda habían aumentado, a veces estaba Naruko ahí esperando poder ver a Imaizumi (sin admitir que era su plan, claro está), y a veces era Imaizumi quien esperaba encontrar a Naruko. A veces ambos se encontraban, no se decían nada o se miraban con el entrecejo fruncido, el pelirrojo sonrojado y ambos extrañamente irritados.
Esa clase de 'relación' asqueaba a Midousuji quien tenía una personalidad un poco más sincera, tan solo un poco, algunas veces era muy rudo pero no significa que no fueran sus sentimientos genuinos divididos de forma imparcial ente su odio a otros y su amor que pertenecía exclusivamente a Onoda y a su madre. Solo con ellos podía mostrar afecto pero a diferencia de Naruko e Imaizumi él si lo decía, muy a su estilo pero lo admitía y después de tanto decirle a Onoda lo que sentía descubrió que cuando alguien tan cruel y déspota como él mismo abría su corazón es porque iba en serio.
Ir en serio tenía sus desventajas y es que cuando miraba a su pareja tan jovial, tan alegre y libre sonriendo a rienda suelta con sus amigos, hablando de anime como niño pequeño y viendo como su madre se aferraba amorosamente a él cuando debía partir se cuestionaba si el otro estaba preparado para ir un paso más lejos.
Lo mismo pasó su primera vez. El otro estaba tan asustado, no dejaba de temblar y tuvieron un par de intentos fallidos en los que Onoda se aferraba a Midousuji pidiendo perdón por que a causa de su miedo no podían avanzar. El alto pensaría entonces que tal vez el otro no lo amaba tanto pero cuando Onoda tenía algo que realmente apreciaba, como el ciclismo, se aferraba a ese algo e intentaba una y otra vez.
Y pasó, para el bajito fue doloroso, lo sabían. Muy por encima de su locura y maldad Midousuji buscó ser cuidadoso, estando por encima de él compartiendo esa conexión se encorvó colocando su frente a lado de la cabeza de Onoda susurrando cosas, cosas que solo su pareja pudo escuchar y que convirtieron sus lágrimas de dolor en lágrimas de felicidad.
Para Onoda fue difícil caminar al día siguiente por lo que se quedó aferrado a la almohada mientras el otro le entregaba un fallido desayuno a la cama que a pesar de tener mal aspecto había sido un detalle del corazón, de esos que hacían alzar la vista del de lentes, ver a su pareja a los ojos y decir mentalmente que no pudo tener mejor elección. Estaba gustoso de conocer esas facetas que nadie conocía de Midousuji.
Otro punto importante dentro de la maraña de dudas y complejos del alto era ese, lo veía ahí con sus dos amigos y entendía que de perderlo Onoda no estaría solo, pero él sí. Tal vez estaba siendo demasiado dependiente de su pareja, debía actuar rápido antes de hundirse en un pozo sin fondo.
—Sakamichi, tengo que irme. Iré a la práctica —el más alto no había desistido del ciclismo, ahora participaba como estratega dentro de un grupo local y los había guiado a varias victorias con su peculiar estilo de trabajo.
—Oh, está bien Akira…—se puso de pie dejando a sus amigos en la mesa y lo acompañó a la puerta donde ninguno podía escucharle aun cuando permanecían en silencio —¿vendrás más tarde?
—Tengo algo que hacer después de la práctica así que no creo…—el otro se sintió algo triste, esos días habían sido perfectos pero el tiempo de convivencia con su pareja se vio abruptamente reducido pero no podía exigirle verlo cuando él quería, Midousuji tenía sus asuntos también.
—Está bien, entonces nos veremos mañana —el alto asintió y se inclinó besando su frente para partir tomando su bicicleta mientras Onoda de pie en la puerta sentía una punzada de preocupación.
Dentro los chicos discutían sobre cuestiones del tour de Francia, de los campeones ese año y sus técnicas. Imaizumi conocía a los competidores, no había tenido el gusto de participar pero pudo ver las carreras muy de cerca y para él fue una experiencia inolvidable aunque recordaba lo agotados que terminaban los competidores, era peor que en sus competencias en la escuela.
—¡Kah! —exclamó Naruko altivo —creo que aun en mi condición puedo hacerle frente a ellos.
—Claro...—susurró indiferente Imaizumi ganándose una mirada furiosa y justo cuando iban a discutir nuevamente miraron a su amigo.
—¿Pasa algo, Onoda? —el de lentes reaccionó y miró a ambos negando.
—Creo que Akira actuaba extraño —se sentó en la mesa y suspiró un poco dejando confundidos a ambos ¿Midousuji actuando raro? Ante sus ojos siempre fue extraño — ¿Creen que le moleste algo?
—Ni idea, me es difícil entender lo que piensan otros—dijo Naruko moviendo la mano y el otro azabache asentía.
—Creo que deberías preguntárselo directamente —el chico no podía creer estar escuchando eso puesto que si alguien debía hablar de sus sentimientos eran precisamente esos dos. No estaban en posición de aconsejarle pero lo agradecía infinitamente.
—Ya lo hablaré —dijo con la sonrisa más sincera que pudo mostrar —por cierto, Imaizumi-kun ¿Cuándo vuelves a Francia?
Casi como si fuera un tabú el tema debía salir pronto. Naruko estaba temeroso de escuchar cuanto tiempo podría ver al chico, la idea rondaba constantemente por su cabeza pues un día partiría y tal vez pasarían otros cinco años para volverlo a ver. Era emocionalmente agotador, le tenía levemente depresivo pero debía mantenerse firme ante ellos. Miró a Imaizumi esperando a que diera su respuesta.
—Dos semanas más. Las prácticas inician en dos semanas y debo volver al reclutamiento. —tomó de su café en paz. Es cierto, aun cuando quisiera ser egoísta y mantenerlo ahí el azabache tenía un empleo, uno hermoso, en aquellas lejanas tierras. Tal vez tenía casa y muchos más amigos.
—Bueno, eso nos da tiempo suficiente para salir un poco más. Deberíamos ir a las aguas termales ¿Qué les parece? Este fin de semana —los dos miraron a su amigo de lentes, definitivamente relajarse en las termas era una excelente idea.
—Claro ¿Por qué no? —dijo Imaizumi alzando los hombros.
—Claro, les enseñaré un par de movimientos ocultos de Naruko —se mencionó a si mismo el pelirrojo emocionado mientras Onoda reia.
—Las termas no son para nadar y hacer tonterías, Naruko —el otro frunció el entrecejo y nuevamente empezaban a discutir.
—¿Ah? ¿Tú qué sabes de las termas? No me digas que hacer, Primaizumi
Verlos ahí discutir como hace cinco años relajó un poco la tensión que sentía el de lentes. Era como si el tiempo no hubiera avanzado, como si Imaizumi nunca se hubiese ido ni hubieran vivido todas esas cosas que hoy contaban, como si el tiempo no hubiera pasado por encima de ellos.
—Chicos ¿Puedo llevar a Akira? —los dos estuvieron dudando, su relación con el chico no era tan buena y menos después de su pequeña trampa pero era la pareja de Onoda, aun cuando Naruko no sabía que Onoda tenía conocimiento de lo suyo con Imaizumi este último debía entender que tal vez para el de lentes sería incomodo estar como mal tercio, aun cuando nada pasara, aun cuando solo irían como amigos.
Además, la única persona que realmente podría tener problemas con llevar a Midousuji era Imaizumi ya que ellos se podría decir que no eran los mejores amigos del mundo. Suspiró y tomó nuevamente de su café alzando los hombros.
—Está bien por mí ...—el de lentes agradeció, a ambos claro. Ahora podría compartir un momento con las tres personas que apreciaba.
—Tengo una duda Onoda ¿Cómo empezó exactamente lo de ustedes? A pesar de que he estado relativamente cerca desconozco la historia —el pequeño se sintió algo apenado por tocar ese tema pero ahora ambos se veían curiosos esperando escucharla.
—Pues todo empezó cuando salimos de la escuela, cada quien había tomado su rumbo e incluso los de Hakone habían borrado su rastro. —sonrió recordando a todas esas personas que habían hecho sus vidas en diferentes lugares, en distintos rumbos, por varias direcciones.
Ese día había ido a Akibahara emocionado por buscar la nueva figura de acción que había salido al mercado, si no se daba prisa se agotarían y no quería quedarse sin ella. Recuerda haber llegado a la tienda, alzar la vista en el estante y ver la última figura de la colección, lamentó no poder alcanzarla y estaba temeroso de que alguien la viese y la tomase por eso consideró como opción subir los pies en la estantería con miedo de que cayera, no desistiría, la tomaría. Cuando sus dedos rozaron el último estante una mano con facilidad tomó la figura. Miró sorprendido como fue derrotado y al girar la cabeza para ver a aquella persona sus ojos se toparon con los de Midousuji.
—Oh, pero si eres tú —dijo ladeando la cabeza con una tétrica sonrisa en los labios. Onoda tembló ante la presencia enorme, descomunal y maléfica del otro. Esa sonrisa sádica, ese porte cruel y sus ojos profundos. —¿Te comieron la lengua los ratones?
—Ah..ah…no. Midousuji, tenía mucho sin verte —dijo intentando bajar del estante procurando no caer pero al final tropezó y azotó en el suelo —ieeh…
—Así es, sigues siendo una persona muy curiosa —parpadeo, desde el suelo Onoda lo veía aún más grande y eso le hizo temblar. Se quedó mudo, estatico hasta que una figura frente a él lo hizo reaccionar —esto es lo que querías ¿No es asi?
El rostro de Onoda cambio a uno más relajado, tal vez había prejuzgado y tomó la figura asintiendo, estando más tranquilo. Cuando iba a agradecer Midousuji ya se iba de la tienda. Intentó detenerlo pero antes debía pagar el objeto y aun sin disfrutar de su belleza lo guardó en su bolso y corrió por las calles buscando al chico, pero no lo encontró.
Esos días se sentaba en su cama, observaba la figura y se preguntaba que había sido de aquel chico alto. Decidió volver a Akibahara días después y disimuladamente buscaba la mirada del otro pero era imposible que se encontrase nuevamente con una persona en un mundo de gente. Algo cabizbajo miraba en los aparadores el anime de temporada y el reflejo mostró a aquel chico que había buscado.
—Midousuji —el otro despegó la vista del televisor y miró al más bajito. Ahora traía un cubrebocas pero era fácil reconocerlo con esa altura y porte. Este parpadeo y saludó a Onoda alzando la mano. En ese momento el de lentes se preguntó realmente por qué lo buscaba, tal vez la necesidad de ver una cara familiar, de charlar con alguien cuyos gustos eran más similares. A ambos les gustaba el ciclismo, Midousuji era fan de algunos animes, si las cosas hubieran sido distintas tal vez hubieran sido grandes amigos, igual y no era tarde para serlo.
Así empezaron a reunirse en Akibahara, leer algunos mangas, comer postres en los café maid e ir a alguna convención juntos. A Midousuji no parecía molestarle perder su tiempo con Onoda y el otro estaba encantado de compartir con alguien sus aficiones, correr en bicicleta a toda velocidad colina arriba y detenerse ante una inminente lluvia. Tirarse en el pasto bajo un árbol mientras el agua golpeaba furioso contra el pavimento, resguardándose de la tormenta algo empapados, cansados.
Onoda recuerda que tenía el suéter de Midousuji puesto ya que el clima estaba helando y no pareciera que dejaría de llover pronto. Se aseguró de que sus mangas no se hubiesen mojado pero todo estaba en orden. Recuerda que cuando giró el rostro para ver a su amigo él estaba muy cerca del suyo y pudo notar como del fleco caían algunas gotas hasta el suelo, podía incluso contarle las pestañas y sentir el calor de su cuerpo a pesar del frio de Noviembre. Su corazón se aceleró con fuerza, unas palabras salieron de sus labios, unas que solo Onoda pudo escuchar y que lo hicieron temer, negar, retroceder. Eso no estaba bien, no lo estaba y ahí en medio de la lluvia se negó a los sentimientos de Midousuji.
Y los días pasaron y no lo había vuelto a ver como si esos momentos a su lado hubiesen sido una pesadilla y ahora enfrentaba la realidad solo. Suspiró, miraba su móvil y no había mensaje. Recorría Akibahara esperando encontrarle pero nada e incluso pasaba por las calles que ambos frecuentaban pero no había seña de él. Se sintió preocupado, tomó sus cosas y partió a buscarle con el corazón en la mano. Tocó la puerta de la casa del alto, este abrió con unas enormes ojeras y un cubrebocas en los labios confuso de su presencia.
Se disculpó por su desaparición pero desde el día de la tormenta había tenido resfriado y entonces Onoda gritó algo que el otro jamás olvidaría "No creo que esté mal lo que sientas solo me asusta sentirme así en ocasiones". Entonces el bajo se sonrojó, el otro estaba algo sorprendido y respondió explicándole que no esperaba ser correspondido, que las cosas podían darse con el tiempo hasta que estuviese listo. Aceptó el trato, empezaron a frecuentarse más hasta que meses después decidió robarle un beso, fue bien recibido entre sonrisas por parte de Onoda, ya no había más miedo de sentir eso por otro chico pues el amor que sentía por él era real, puro y tan fuerte como el que podía sentir cualquier otra persona.
—Básicamente así fue, podría decir que el a su manera fue persistente y me recordó un poco a mí —dijo apenado tallándose la mejilla. Los otros estaban sorprendidos que en esos cinco años Onoda haya vivido tanto como para conocer y aceptar la forma que el amor le presentaba mientras que Naruko estaba incapaz no pudiendo aceptar lo que desde hace tiempo lo estaba matando.
De nada serviría hacerlo ahora, a diferencia de Midousuji quien fue terco hasta que logró conquistar a Onoda, Imaizumi se iría, se rendiría para siempre y no esperaría hasta que decidiera aceptar sus sentimientos. En ese momento estuvo feliz porque su amigo encontró aquella persona que entendiera un poco su pensar.
