Después de decidir cambiar el plan en el que estábamos trabajando, Snape me guía en el viaje de vuelta a mi cuerpo. Resulta menos complicado de lo que pensaba, ya que lo único necesario es concentrarme de nuevo en la parte trascendental de Draco y una vez sumergida en ella, volver a mi plano existencial.

Cuando ya volvemos a ser nosotros, podemos comprobar que Draco no se ha dado cuenta de nada de lo ocurrido. Simplemente parece haber perdido la noción del tiempo. También se extraña de verme en el suelo y pregunta a qué se debe mi desmayo. Snape pone la misma excusa de antes:

- La señorita Lovegood ha sufrido un pequeño desvanecimiento a causa de la intensidad de este ejercicio.

Y la verdad que el dolor de cabeza que tengo tras volver a mi cuerpo es lo más intenso que he sentido nunca. Es un dolor agudo que me atraviesa la cabeza desde la nuca hacia la frente, como si me hubieran clavado una flecha el cerebro. La brecha que tengo en la cabeza a causa de la caída es menos profunda de lo que aparenta y también me sangra la nariz durante los minutos siguientes, pero no ocurre nada más por lo que haya que preocuparse.

Draco dice entonces que el ejercicio también parece haberle afectado a él, que se siente mareado y que quiere irse a su sala común inmediatamente. Sin esperar una respuesta afirmativa por parte del director, abandona el despacho sin despedirse.

- Vuelve tú también a tu sala común. - me dice Snape cuando nos quedamos solos - Bueno, pasa antes por la enfermería para que te paren el sangrado y te miren la herida de la frente. Descansa y mañana hablaremos del nuevo plan.

Obedezco a las instrucciones del director y abandono el despacho deseando buenas noches con voz cansada y las manos masajeándome las sienes.

En realidad todo ha salido bien esta noche. No he sido descubierta por Draco, que era mi principal preocupación, y he descubierto que mis poderes pueden dar más de sí de lo que yo pensaba.


Al día siguiente, Snape me cuenta que se ha dedicado a estudiar todo lo que se había escrito sobre mis poderes para que ambos supiéramos todas las capacidades que brinda ese don.

- En los libros se os suele denominar "Sviri", aunque dependiendo del año o de la parte del mundo en el que se hayan escrito ese tipo de obras, también aparecéis como "Watseka", pero ese es más mitológico y se usa menos.

Me cuenta que cada Sviri, a pesar de compartir la particularidad de poder penetrar en mentes ajenas, tiene un grado de poder diferente teniendo en cuenta su ascendencia mágica. Concretamente, la capacidad de poder tomar el control de otro mago o bruja, es el grado más alto que se puede alcanzar y luego, con la práctica y perfeccionando el don, se podrían llegar a hacer cosas más increíbles y aterradoras a partes iguales:

- Con entrenamiento puedes controlar las líneas de pensamiento y razonamiento, pudiendo manipular las decisiones que se toman incluso sin estar dentro de la mente ajena todo el tiempo. Podrías incluso ir más allá y controlar funciones fisiológicas, como los latidos del corazón del otro mago, con lo cual podrías incluso llegar a pararlo.

La simple idea de hacer algo como eso me da escalofríos, cosa que no pasa desapercibida para Snape, que añade:

- Pero bueno en tu caso no creo que te haga falta hacer algo así. Es más, por razones como esa, el poder acabar con la vida de una persona con solo mirarla, se persiguió mucho en el pasado a los magos y brujas con tu mismo poder. Por lo que he leído, solían contratar sus servicios para extraer secretos de altos estamentos del Estado, por lo que eran considerados enemigos públicos. Dependiendo del delito que se les inculpara, eran encerrados o asesinados, aun sin haber hecho nada. El miedo hacia ellos llegó a ser muy irracional.

- ¿Y no se podían ocultar o huir? ¿O hay alguna forma de saber que un mago tiene ese don?

- La mayoría tenía la característica de que nacían con un ojo de cada color, con lo cual era fácil distinguirlos.

Eso no tiene sentido en mi caso.

- Pero yo tengo el iris igual en los dos ojos.

- He dicho solían, Luna. Supongo que siempre habrían excepciones, como en todos los casos.

Con ese dato me viene una persona a la cabeza: Nina. Ella sí que tiene un ojo de cada color, ¿será ella también una Sviri? ¿Por eso es la única alumna de esta escuela que me tratan como una igual, porque sabe que compartimos el mismo poder?

Otro suceso del que me percato, es que desde la ayer por la noche, Snape ha dejado de llamarme por mi apellido o en tercera persona. Ya simplemente se dirige a mí como "Luna", lo cual agradezco, aunque no por ello me acabo de acostumbrar a que lo haga él.


Bien entrada la noche del día siguiente, vuelvo a acudir al despacho de Snape, ya sin un guardián a modo de escolta, para hablar sobre el nuevo plan y tratar de no dejar cabos sueltos.

- Malfoy siempre vuelve a casa los fines de semana. - me comienza a contar Snape - En su próximo viaje aprovecharemos para enviarte a ti en su lugar. Durante esos dos días, tu único objetivo será averiguar los planes del Señor Oscuro y de los mortífagos. Es decir, lo mismo que queríamos hacer la otra noche con Draco pero esta vez desde primera fila, ¿comprendes? - asiento enérgicamente y Snape continúa: - Durante esos dos días, tú también dirás que vuelves a casa por un asunto familiar, pero en realidad tu cuerpo se quedará aquí, oculto en mi despacho.

- ¿No se extrañará ninguno de tus guardianes si se encuentra mi cuerpo aquí, inconsciente?

- No, no dejaré que nadie entre en mi despacho en esos dos días.

- Entonces haremos el cambio aquí directamente, ¿no?

- Sí, haré llamar a Malfoy justo antes de que su padre aparezca el viernes para recogerlo.

- ¿Podré durar tanto tiempo fuera de mi cuerpo?

- Sí. - responde de forma rotunda - Lo he consultado y es totalmente posible.

- ¿Y no se dará cuenta Draco? La pérdida de la noción del tiempo durante unos minutos no es lo mismo que descubrir que no recuerdas dos días completos de tu vida.

- No, lo recordará todo, pero un poco confuso, como la última vez. Como tú también pudiste comprobar, se acordaba de verte caer al suelo aunque extrañamente no de cuando tú me dijiste que estabas controlando a Malfoy. De todos modos, si ambos notamos que él tiene alguna sospecha podríamos realizarle el hechizo propicio. Ahora sí, debo advertirte de dos cosas: los demás deberán creerse que eres Draco Malfoy, por lo que deberás tener cuidado de hablar y comportarte como él en todo momento para que no sospechen nada. Otra cosa a tener en cuenta es que bajo ningún concepto debes tratar de introducirte en la mente de otro mago o bruja mientras estés en el cuerpo de Draco. Eso sí que no es posible, ya que después de ese viaje a la mente ajena, Malfoy volvería a ser Malfoy y tú volverías a tu cuerpo. Todo el plan se iría al garete.

Vaya, no había pensado a cerca de comportarme como Draco. Tendré que dedicar un par de horas a observarlo para copiar sus gestos y la forma de hablar.

- Señor, también quería comentar otra cosa de la que me percaté anoche tras hablar con usted.

- ¿De qué se trata?

- No conozco a nadie de círculo de Draco más allá de sus padres. Si tengo que pasar un fin de semana rodeada de mortífagos, ¿cómo se supone que me voy a relacionar con ellos si ni siquiera los voy a saber diferenciar del servicio de su casa?

- Cierto…

Snape guarda silencio y se queda pensativo. Recorre con la mirada perdida el interior del despacho, tratando de buscar una solución, antes de volver a centrar su atención en mí.

- Métete en mi cabeza, Luna. - dice autoritario

Eso me pilla con la guardia baja.

- ¿Qué? Pero, señor…

- No creo que sea tarea difícil, ya lo has hecho anteriormente, aunque sin mi permiso. - agacho la cabeza de la vergüenza que me supone recordar ese momento - Luna, voy a repasar en mi mente a todos los que forman parte de los mortífagos y con quien sea que puedas cruzarte durante esos dos días. Si te introduces en mi cabeza, podrás verlos y memorizarlos a todos.

- ¿Y si usamos el pensadero? - propongo

- Esto será más rápido.

No me atrae nada la idea de volver a meterme en la cabeza de Snape. Es una línea roja que no quiero volver a cruzar. Me sorprende también que a él no le importe que yo lo vuelva a hacer.

- ¿Pero está usted seguro, señor director?

- Sí, es necesario. - contesta con seguridad, luego se yergue en la silla y me mira directamente a los ojos, dándome vía libre para entrar - Empezaré cuando cuente tres. Igualmente, sabré cuando usted está ahí.

Snape cuenta tres en voz alta y entonces me concentro en sus oscuros ojos y siento ese tirón, ya tan familiar, que me saca de mi cuerpo.

Ya sumergida en de la cabeza de Snape, compruebo que no es tan turbia en comparación con la de Draco. Los recuerdos y pensamientos fluyen a mí alrededor como si fueran peces dorados de un estanque chino y veo el mismo reflejo ámbar que me permitió tomar el control de Draco hace dos días, pero esta vez hago caso omiso y no me dejo llevar por esa luz.

De repente oigo la profunda voz de Snape decir que va a comenzar a mostrarme a distintos magos y brujas mientras me describe sus nombres, a qué se dedican, por qué y desde cuando forman parte de los mortífagos y si tienen algún tipo de lazo o relación con alguien más de ese grupo. Posteriormente, Snape me describe también a un par de magos que no forman parte de los mortífagos, supongo que por si acaso me los encuentro siendo Draco.

Pocos minutos después, me doy cuenta de que Snape vuelve a la misma bruja que me ha descrito al principio y, al percatarme de que lo que está haciendo es repasar a todos los que ya he memorizado a la primera, salgo de su mente rápidamente y vuelvo a mi cuerpo.

De vuelta a la realidad, cuando Snape se da cuenta de que he salido, se muestra confuso.

- Te los estaba volviendo a mostrar. - murmura con el ceño fruncido

- Ya, pero ya los he memorizado a todos. No necesitaba volverlos a ver.

Snape se queda observándome en silencio. Parece que mi respuesta no le convence del todo.

- Pero yo no te he dicho que habíamos acabado, ¿por qué lo has hecho?

- Porque ya he memorizado a los treinta y un magos y brujas que me ha mostrado, profesor. - Snape sigue guardando silencio, esperando otro tipo de respuesta, así que añado: - De algo tiene que servir ser una Ravenclaw, ¿no?

Snape se remueve en su silla mientras se coloca correctamente la túnica negra. Luego vuelve a mirarme directamente a los ojos antes de continuar:

- Ya que no me estás diciendo la verdad, te lo preguntaré una vez más: ¿por qué has salido tan deprisa de mi mente?

No contesto ni miro directamente a la cara a Snape. ¿Voy a tener que admitirlo en voz alta?

- Luna…

- No me siento cómoda. - acabo admitiendo - Desde la vez que entré en su mente sin su permiso, siento que le estoy volviendo a faltar al respeto, profesor.

- Pero esta vez te he ordenado yo que lo hagas.

- Ya, pero aún así, no me gusta pensar que ahí dentro pueda usted dudar de que esté volviendo a husmear en lugar de prestar atención a lo que me muestra.

Ya satisfecho con oír la verdad, Snape se recuesta en el sillón sin dejar de mirarme.

- La curiosidad mató al gato. - murmura más para sí mismo que para que yo lo oiga - A pesar de que puedo detectar a alguien ajeno a mí dentro de mi propia mente, no puedo saber que clase de información me está sustrayendo. Además, si lo que sea que viste te sirvió de escarmiento para no querer volverlo a hacer, yo diría que viste demasiado. No tengo secretos que guardar contigo, entonces.

Suelto un suspiro y vuelvo a mirar al suelo antes de llevarme una mano a la boca, para morderme las uñas por los nervios de la situación.

- No te autocomparezcas tanto. Al fin y al cabo he encontrado la manera de que lo que hiciste me sirva de algo ahora. Además, tu secreto sigue estando a salvo.

Eso sí que me pilla por sorpresa ¿Snape intentando reconfortarme?

Eso se sale de sus esquemas.

A lo mejor solo lo hace para que no me eche atrás con el nuevo plan. No, eso no tiene sentido, podría obligarme igualmente amenazándome con descubrir mi secreto.

- Vamos. - exclama volviéndose a poner recto en la silla - Quiero que me repitas y describas en voz alta a todos los que te he enseñado en mi mente.

Y eso hago, como si se tratara de un examen final de magia. Al fin y al cabo, como he dicho, de algo tenía que servir tener la cabeza de una Ravenclaw.