Disclaimer | Nope, Shingeki no Kyojin no es mío. Es total propiedad de Isayama Hajime.
Advertencias | Universo alterno al canon original, emparejamientos crack y OOC. Puede incluir contenido que resulte ofensivo, menciones de incesto, indirectas o chistes de adultos y constante uso de lenguaje vulgar y coloquial. Continuas referencias a la cultura popular, frases o palabras extranjeras. Ligero crossover con el anime Hetalia.
Emparejamientos | Male!Ymir x Sasha, Armin x Historia, Bertholdt x Fem!Eren, Reiner x Annie, Levi x Hanji, Auruo x Petra, Jean x Sasha, Jean x Fem!Eren, Levi x Petra… entre otras menciones menores.
Si no estás a gusto con ello, mejor no leas y todos felices. Ya estás avisado :3.
Ecuación de la Suerte
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Capítulo 7 • Método de la lluvia
Para MakiMinnion, mi gemela perdida, en sus dulces dieciséis.
¡Feliz cumple, twin :3!
Bertholdt no replicó al ver a Ellen de brazos cruzados postrada en su auto estacionado y con el uniforme diario del colegio bien puesto a excepción de las medias dobladas.
La chica se subió silenciosamente a la cabina del copiloto, siendo imitada por su hermano que tampoco dijo una palabra al encender el auto y arrancar del aparcamiento. Pasaron a través del arco de árboles que conformaba la calle principal de la escuela; el bulevar de la siguiente cuadra estaba como siempre felizmente poblado. Entre tantas personas, logró distinguir a sus amigos llegar al café francés una vez pasó por ahí.
Inspiró hondo sujetando fuerte el volante. Luego se disculparía con Sasha o con Reiner, pero ahora la prioridad era su hermana.
El arco de árboles dio paso al sol incandescente que provocó que Ellen bajara el tapasol frente a ella. Berth ni se inmutó; había tanto silencio que sus respiraciones era lo único audible, y él sabía que eso desesperaría a Ellen dentro de pocos minutos.
Un semáforo en rojo, él se detuvo. Ellen se cruzó de brazos y llevó la cabeza hacia atrás, hacia adelante y hacia su ventana. De reojo, Berth la captó mirando desesperada el radio apagado, hasta el momento en que se rindió y puso una estación aleatoria. Un rock pesado se hizo presente.
Él suspiró.
—¿Cuándo pensabas decirme que querías entrar al equipo de porristas?
Ellen, quien miraba al frente con fingido interés, se giró inocentemente hacia él.
—¿Porristas? —repitió—. Asco, sabes cuánto odio a esas perras.
—Ellie.
—A esas degeneradas —corrigió con las mismas palabras que Carla le había obligado a escribir en una rigurosa caligrafía de corrección de vocabulario hace un año atrás. Berth recordaba lo fastidiada que Ellen se ponía cada tarde escribiendo lo mismo; llegó a llenar un cuaderno pequeño en lo que terminó el año escolar.
Carla tenía una gran imaginación para ponerle castigos a esa chiquilla inquieta. Su camisa anteriormente blanca y ahora rosa del uniforme del equipo de fútbol lo comprobaba.
La canción cambió a una salsa casino que no pegaba para nada con la que estaba antes.
—Precisamente porque las odias me extraña que hayas audicionado.
Ellen frunció el ceño.
—Prff, ¿de qué hablas?
—Te vi.
—Mentiroso, no estabas ahí.
—Ah, pero tú sí.
Ellen hizo una mueca con la boca.
—Solo de espectadora.
—Ay por favor, Ellie. Te conozco desde que naciste. Ni siquiera te gusta ver las porristas.
—Está bien —admitió la chica—, solo estaba acompañando a Mikasa.
—Mikasa tampoco es fanática de las porristas.
—Te sorprendería saber que audicionó.
—Ah, pero Connie me dijo que te vio fue a ti.
Ellen abrió los ojos como plato.
—¡Qué va a saber ese marico triste!
—Ellie.
—¡Ese homosexual deprimido!
—Ellen, más respeto.
—¿Acaso dije algo que fuera mentira?
El semáforo nuevamente cambió a verde.
—¿Puedo saber por qué repentinamente quisiste cambiar tu opinión respecto a las porristas?
—No la he cambiado.
—¿Entonces?
Ellen suspiró.
—Berth, ¿por qué no me dijiste que el capitán del equipo de fútbol era tan guapo?
El moreno frunció el ceño; ¿a qué venía eso?
—Esto… ¿disculpa?
—¿Sabías que él se fija mucho en las porristas? Bueno, eso me han contado. Tú deberías saberlo porque estás en el equipo.
Carraspeó.
—Eh, Ellie, ¿te gusta el capitán?
La chica sonrió como un gato y no respondió.
—¿Te das cuenta que es mayor? ¿Por qué no te fijas mejor en algún compañerito tuyo?
—Berth, precisamente. Quiero un hombre, no algún mocoso flacucho como los que estudian conmigo.
Bertholdt suspiró rodando los ojos. Toda su vida se estuvo preparando para que ese momento llegara. Ellen pasó por todas las etapas; desde la dulce pequeña que usaba vestidos adorables y lazos en el cabello, la niña peleona con las rodillas raspadas, hasta la preadolescente fresa barra rebelde barra friki —no al punto de Armin, por lo menos—, y ahora estaba cruzando la temida etapa de la chica coqueta.
Era ley de vida.
"¡LEY DE VIDA, BERTH!".
¿Entonces por qué rayos se sentía tan extraño respecto al nuevo objetivo que se proponía Ellen dentro de una de las fases del crecimiento más estresantes de todas?
Su consciencia habló de nuevo. Ésta tenía la cara burlona y voz de Reiner, por alguna macabra razón.
"Porque eres su hermano mayor", dijo Conscien-Rei como si fuera obvio. "Es tu deber protegerla, bruder*".
—Ellie, solo… no hagas locuras, ¿sí? —dijo luego de su debate mental, con expresión preocupada—. Ya sabes cómo se pone mamá si descubre que te saltaste una clase para ir a audicionar para el equipo de porristas, que odias.
—¿Quién dice que me salté una clase?
Berth se giró brevemente manteniendo el semblante.
—No sé, ¿la inasistencia?
—¡Ay Bertholdt, pero qué inocente eres! ¿Sabes qué es lo mejor de tener un papá médico? Que puedes pedirle que te firme justificativos para la escuela.
Bertholdt abrió los ojos como platos.
—¡¿Hiciste un complot con papá?!
—¿A ver, y es que crees que soy tan tonta así? —se quejó—. Bruder, con lo fácil que es copiarle la letra a un médico.
—¿Fácil? ¡Pero si son garabatos!
—¡Por lo mismo es fácil! Y lo bueno es que con el sello es más que suficiente.
Bertholdt no cabía en la conmoción.
—Por dios, Ellen… S-si mamá se llega a enterar de todo este embrollo te pondrá a limpiar el suelo con la lengua y a escribir caligrafía con agua.
—Y porque me quieres mucho y no te gusta cuando Carla me regaña, tú —lo señaló— no dirás nada. ¿Verdad, querido bruder?
La miró de reojo antes que ella se bajara del auto una vez estacionaron en el garaje de su casa. Sus ojos verdes como las esmeraldas brillaban con una intensidad catastrófica y cómplice. El mayor tragó saliva, sopesando sus palabras; porque tenía razón, a pesar de todo.
Pero él era un chico de lealtad, y le debía la misma tanto como a su madre como a su hermana. ¿Y qué decir de sí mismo? Ellen atravesaba una nueva etapa y su deber era cuidarla.
Y tenía que cuidar a esa chiquilla de cualquier locura que la terminara por meter en serios problemas.
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Erwin lanzó su bolso en la pila sobre el mesón una vez consiguió lo que necesitaba. Levi lo miró de manera fulminante.
—Ay enano, no me veas así —se quejó Erwin con la boca llena de galletas de chocolate. La chica con la que salía, Rico Brzenska de cuarto año, se las había regalado y ahora él disfrutaba de una merienda luego del desayuno.
Hanji también tenía algo que engullir. Desde que llegó al colegio esa mañana, de la que solo habían transcurrido veinticinco minutos en clase de laboratorio de química, se estaba bebiendo un granizado del bulevar que a cada rato pausaba porque tenía frío. Solo a ella se le ocurría la brillante idea de comprarse un granizado en pleno otoño; no, solo a los del bulevar se les ocurría vender esas porquerías empezando otoño.
Era la mañana más tediosa entre las clases que deberían tenerlos jalando de los pelos. Estaban en el laboratorio de química con un profesor suplente que los tenía haciendo nada, sentados en torno al mesón con los bolsos echados frente a ellos, cerca del mechero apagado, con la estantería de compuestos detrás de ellos y el aburrimiento acechándolos. Hanji tenía el teléfono en manos tipeando quién sabe qué, Erwin hacía demasiado ruido con las muelas al masticar y Levi no sabía si dormirse sobre la pila de bolsos o escucharlos hablar de estupideces cuando les daba la gana de iniciar un tema al azar.
—¿Qué harán esta tarde? —preguntó Erwin de repente, llevándose otra galleta a la boca.
Hanji apartó el teléfono en la mesa y sorbió del granizado, que ya hace rato estaba derretido.
—Nada interesante —contestó Levi sujetando la cara en una mano, con su codo apoyado sobre el mesón—. ¿No ibas a salir con la chica ésta de cuarto año?
—Iba a hacerlo —admitió el rubio—, pero ella tiene planes con sus amigas para ir a probarse vestidos para el baile de otoño. Creo que eso sonó a persuasión.
—¿Persuasión?
—Sí, debe querer que la invite.
—Ella no tendrá problema en ir sola, al parecer —convino Levi—. Si dices que irá a ver vestidos, o es que ya tiene a otro galán cejudo por ahí o le importa en lo más mínimo ir emparejada.
Hanji carraspeó.
—Deberías invitarla —sugirió.
Erwin sonrió, se comió la última galleta que le quedaba y se limpió las manos del pantalón.
—Meh, tengo otras opciones que debo considerar.
Levi rodó los ojos.
—Madura, Erwin —masculló.
—¿Entonces? ¿Salimos hoy? ¿Bulevar, centro comercial, mi casa…?
—Ni Levi ni yo podremos salir hoy, Tío Erwin —replicó Hanji.
Levi enarcó una ceja, mientras que Erwin parpadeó confuso mirándolos a ambos.
—Eh, ¿están saliendo?
Levi miró furibundo a Erwin.
—¡Qué cosas dices, animal!
—La verdad, es sobre citas por lo que no podremos ir contigo.
—¡Hanji! —exclamó Levi avergonzado y confundido.
La castaña de lentes sonrió.
—Adivina qué Levi, te va a encantar.
Levi tenía un mal presentimiento.
—Nos inscribí…
Muy malo.
—… en el comité…
Terriblemente malo.
—… ¡del baile te otoño!
Patéticamente malo.
—¿Y se puede saber por qué coño de la revergación me has metido en el comité del estúpido baile?
—¿Qué no es obvio? ¿No lo es, Tío Erwin?
—Bastante obvio —admitió Erwin de forma divertida, viendo por donde iba todo ese embrollo.
—¡Petra está ahí!
Levi puso ojos de exasperación mientras que Erwin reía como desquiciado chocando manos con Hanji.
—¿Que no lo ves, Levi? ¡Es una oportunidad de oro!
—No me jodas, Hanji. No voy a meterme en eso.
—Demasiado tarde, ya estás dentro. Hoy en la tarde en las últimas horas de clase debemos reunirnos sino tendrás cero en el proyecto comunitario de este trimestre.
El proyecto comunitario o «labor social» era algo que todos los estudiantes de último año debían cumplir como requisito obligatorio para graduarse. De nada servía tener unas notas de diez sobre diez si no cumplías con las horas mínimas de labor social, que eran veinte por trimestre. Las actividades a realizar variaban entre asistir a instituciones como geriátricos y escuelas especiales o entre ayudar en el propio colegio, ya fuera en ámbitos académicos o colaborando con lo que hiciera falta.
En ese trimestre Levi apenas llevaba doce mientras que Hanji llevaba quince y a Erwin le faltaban solo dos horas para despreocuparse; la razón derivaba en que Hanji colaboraba en las actividades de ciencia, como la feria de ciencias y el decatlón de mate-atléticos, mientras que Erwin aprovechaba de su cara de Don Juan para persuadir a la atractiva profesora de educación física de primaria y sacaba ventaja en las horas que le firmaban.
Y nada más con participar en el comité del baile de otoño, Levi tendría la aprobación del proyecto comunitario ese trimestre, aun si no tuviera una sola hora firmada en su hoja.
—Típico —chistó irónico—, amenazando con las notas.
—Así que vas o te jodes.
—¿Tengo la opción de joderme y ya? Perfecto.
—¡Ay, Levi, no seas así!
—Anda, hermano —persuadió Erwin—. Tampoco es tan malo, ¿cierto, Tía Hanji?
La de lentes sonrió de oreja a oreja. Levi se llevó ambas manos a la cara y ahogó un grito de frustración.
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Con cuidado abrió la puerta del salón donde un grupo de los de último año se reunían en espera de que el próximo timbre sonara y dieran paso a su nueva clase de ciencias.
Sasha maldijo su suerte —como siempre— debido al chirrido incómodo que alertó a las personas en el recinto. Se posó en la pared como si con ello lograra escapar del campo visual de los curiosos y rápidamente cambió de opinión y quiso huir de ahí.
"¡Pero qué rayos estabas pensando, bella!", se reprendió dándose ligeros golpecitos en la cabeza. "¡Ahí pudo estar Jean!".
Pero su suerte no pudo ser mejor al tropezarse de frente con alguien. Casi cae al suelo en el impulso, de no ser porque su contraparte la pudo detener antes de lamentarlo. Miró agradecida y a la vez apenada a la persona samaritana del día de hoy, hasta que sus ojos castaños lograron identificar una conocida sonrisa ladina que la ponía de los nervios, y que precisamente estaba buscando desde que llegó ese día a clases.
—¡Ymir, pero qué demonios—! ¡Casi me matas del susto!
—Veo que alguien andaba buscándome —comentó satírico el muchacho, cruzándose de brazos sobre el pecho.
—Ya te lo dije, el interés mueve a la gente. Además, esto es tuyo. —De su bolso sacó un bien doblado blazer correspondiente al uniforme de otoño e invierno de la escuela, demasiado grande para usarlo ella—. Gracias por prestármelo ayer.
—No está lleno de manchas de ya-sabemos-qué-procedencia, ¿no es así?
—Prff, no soy una guarra, tonto.
Sintió su mirada doraba estudiándola de arriba abajo.
—¿Dónde está tu chaqueta?
—En casa.
—¿La dejaste otra vez?
—¡Hace calor! ¿Qué diablos voy a hacer cargando una chaqueta si no termina el verano?
—No sé tú, pero me parece que hoy no es así.
—¿Cómo te dicen, «chico del clima»?
Ymir sonrió y guardó lo recién entregado dentro su mochila. Ahora que se fijaba mejor en él, a falta del blazer, cargaba puesto un suéter de lana por encima de la camisa; también correspondía al uniforme de épocas frías que el colegio exigía usar.
—¿Y a ti ahora te dicen «porrista»? —se burló el sueco con todo el atrevimiento de reírse.
—Deberías añadir a la oración que fue gracias a ti —se quejó la pelirroja siendo ella quien ahora se cruzó de brazos—. Estoy en la banca, ¿sabes qué humillante es eso?
Ymir se encogió de hombros.
—Tú accediste.
—Bueno, sí… técnicamente —asumió—. Pero ni siquiera a los entrenamientos iré porque no me van a necesitar. Y menos mal, no resistiría tener que animar a un equipo de fútbol entero.
—Tienes suerte de que esas chicas son tan despistadas de su entorno que ni cuenta se darán de que no estás con ellas.
Sasha frunció las cejas hacia el centro.
—Qué maravilla —ironizó—. ¿Qué sigue ahora, humillarme en la cafetería parándome sobre una mesa con pompones en manos y hacer un baile ridículo mientras le expreso al mundo que estoy loca por Jean?
—Tentador —consideró Ymir, haciendo que Sasha lo mirara extraño—, pero no. Aunque, ahora que me pongo a ver, lo que pienso es parecido.
—Ay por dios… —exhaló ella esperando lo peor.
—Verás, es que tienes que ser más atrevida.
—¿Atrevida? —repitió Sasha alarmada—. ¿Quieres que ahora sea una zorra? ¡Haberme dicho y no te pido el blazer ayer y—! Bueno no, necesitaba ese blazer, es decir—
Un grupo de transeúntes de pasillo vio extraño a Sasha cuando pasaron frente a ellos. Ymir no podía lucir menos despreocupado por eso, pero ella en cambio acababa de sonrojarse.
—¡Agh! —masculló—. Solo habla antes de que me arrepienta.
—Descuida, niña. No serás una zorra —dijo Ymir—. Mira, conozco a Jean desde años; a él le gustan las chicas atrevidas, no del tipo «rameras» sino del tipo… que no tienen miedo de cometer locuras.
—Ah vale, como… ¿quemar la bandera de la escuela?
—Eso te metería en problemas.
—¿Y cuál es la diferencia?
—Que no le gustan tanto las problemáticas rebeldes sino chicas de espíritu libre.
Sasha parpadeó un par de veces.
—Si digo que entiendo, ¿me dirás qué tengo que hacer?
—Solo si me pagas la primera parte.
—¿Qué? —exclamó—. ¡¿Tan rápido?!
—Oye niña, jamás he ayudado a otras chicas con Jean como lo hago ahora mismo contigo. Estoy a punto de hacer que ese idiota se enamore de ti y sabes que no es gratis.
—¡Demonios! —masculló Sasha—. Mira, chico de las pecas, me pagarán este fin de semana, así que te aguantas.
—Vale, entonces tú también te aguantas —dijo, dándose la vuelta hacia el lado contrario del pasillo.
—¡No, espera! —lo detuvo. Sasha se mordió la lengua y rodó los ojos antes de enviar su cabeza al infierno—. Ve mañana al restaurante al terminar la jornada y pide lo que quieras.
Ymir sonrió.
—Pero que conste, lo descontaré de tu recompensa.
—Entonces trataré que valga la pena.
Sasha frunció el ceño y volvió a rodar los ojos.
—¿Realmente harás que Jean se enamore de mí?
—Lo decía para asustarte, no lo garantizo.
—¡¿Qué?!
—Es broma, ragazza —espetó monótonamente.
Sasha no confió en esa frase, pero algo todavía quería hacerla seguir adelante con todo eso.
Justo en ese momento el timbre sonó, retumbando en las paredes de los pasillos. Ymir se enganchó las correas de su mochila a los hombros, haciendo ademán de irse.
—Cancha, hoy a la última hora —declaró—. Y no me mires así, sé que tienes hora libre.
Lo vio desaparecer dentro del mismo salón de clases que había irrumpido. Sasha se cruzó de brazos, con la preocupación en mente de cómo sería esa siguiente locura.
Tomando su teléfono, marcó un número que se sabía de memoria.
—¿Pronto*? Feli, dile a pappa que llegaré en la hora de salida normal… Porque haré una tarea pendiente… No, no saldré con un chico… Que no— ¡Cazzo, Lovino! ¡Non essere pettegola*!
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El baile de otoño era la celebración del colegio más importante además de los intercursos y la graduación. Sobre todo para las chicas, que veían tan hermoso e indispensable lo de ir en parejas. A esa estúpida costumbre, desde segundo año de secundaria, la veía como una innecesaria y molesta excusa para humillarse frente al sexo opuesto.
Levi no iba a los bailes a perder el tiempo frente a la mesa de bebidas. En los primeros tres años de la secundaria, él faltaba aunque Hanji y Erwin insistieran en por lo menos ir a burlarse durante la coronación del rey y la reina. A partir de cuarto año, su hermana también empezó a asistir a los bailes y él debía ser de niñero. Casi siempre terminaba bailando con Hanji mientras que Erwin se paseaba de chica en chica.
Los bailes eran un despelote.
Ese año era su último. Normalmente eran los graduandos los que se encargaban de aportar las ideas para adornar el gimnasio y también los que ayudaban a poner todo en su sitio para el gran día. Levi veía con cierta nostalgia eso de que sería su último baile, pero no le emocionaba en lo más mínimo tener que participar en el comité.
Cruzado de brazos y sentado en las gradas, miró a las personas reunidas frente a él.
Petra se removía tímidamente jugueteando con sus manos, a su lado un tal Auruo Bossard con el que creía no compartir ninguna clase miraba fastidiado a su alrededor. Hanji, cerca de él, no podía disimular su emoción de tenerlos ahí.
—Vale, deberíamos empezar a proponer las ideas y ver si el colegio nos da un presupuesto para pagar por los adornos —inició Hanji cual líder de escuadrón, en manos un pisapapeles y bolígrafo.
—Yo me encargué antes de pedir un presupuesto al Dir. Fritz —alardeó Auruo como si estuviera orgulloso de haberse anticipado a las órdenes y planes de equipo—. Dice que no gastarán más de dos mil euros.
—Bah, creo que con eso es suficiente —anotó Hanji—. Aunque no estaría de más elaborar algo lo suficientemente económico. ¿Alguna idea?
—Yo estaba pensando en un tema tropical —volvió a decir Auruo.
Hanji frunció el ceño.
—¿Tropical? ¿En otoño?
—Yo opino que lo de «otoño» está de más. Ya sabemos que es otoño, ¿pero realmente tenemos que hacer un baile a su referencia? Podemos salir de la rutina.
—«Yo, yo, yo». ¿No tienes nada mejor que decir? —espetó Petra poniendo ojos de exasperación. En el fondo, Levi agradeció su comentario hacia el chico fanfarrón que ya le estaba provocando una jaqueca de solo oír su voz.
—Ay, Petra. Admite que tengo una buena iniciativa y autosuficiencia.
—Iniciativa, pero no ideas.
—De hecho, lo de «salir de la rutina» me parece bien —aportó Hanji—. Pero un tema tropical implica una vestimenta típica veraniega, y en pleno otoño solo nos ganaríamos un resfriado con algo así.
—En mi opinión, pienso que el otoño debería lucirse —sostuvo Petra—. La escuela solo hace un baile al año y es en otoño, deberíamos respetar esa temática.
—¿Hacer lo mismo de siempre y colocar hojas de arce en las paredes del gimnasio? Eh, no estoy segura.
—Las hojas secas y de arce son características en esta estación, pero siempre puede haber algo que nos haga salir de la rutina.
Hanji miró a Petra de manera expectante.
—¿Qué tal un árbol? —aportó Levi, sin muchas ganas—. Un arce en medio del gimnasio como única figura del otoño, y ya.
—Y hojas secas en el suelo, sí, me gusta —secundó Petra.
—Las agencias de festejo y decoración deben hacer esas cosas, ¿no?
—Mi hermana hizo su fiesta de dulce dieciséis con una agencia decorativa, creo que nos puede servir —acotó Auruo.
—¡Genial!
—Vale, me agrada —dijo Hanji, con la mirada fija en Levi y Petra—. ¿Qué más se les ocurre?
—Cortinas para cubrir las gradas —señaló él.
—Definitivamente, quitaríamos la impresión de estar en el gimnasio de una escuela —convino ella.
—Deberían ser negras para disimular en la luz baja.
—Oh, suena bien. Si incluimos luces estroboscópicas, sería un buen contraste.
—Con luces blancas bastaría.
—¿Qué tal si salen desde el árbol?
—Quedaría muy bien.
—¿Qué hay del suelo del gimnasio? ¿Podemos incluir alfombras?
—Sería buena idea, aunque con el presupuesto…
—¡Una máquina de humo! —intervino Auruo, haciendo sobresaltar a Petra.
Levi frunció el ceño, en cambio Hanji estaba maravillada por muchas razones.
—¡Máquina de humo, sería genial!
—Hablemos de las bebidas también, por favor —sugirió Auruo.
—No debe ser nada fuerte, vendrán chicos de primer año —respondió Petra.
—La mejor opción son los cocteles. Más coctel que alcohol, como siempre ha sido.
—¿Y bocadillos? —continuó Auruo.
—Nada ostentoso, tampoco es una maldita fiesta de quince años —decretó Levi.
—Opino lo mismo —apoyó Petra—. Aunque no estaría de más contratar alguien que prepare bocadillos, ya saben, para no tener que estarnos estresando por hacerlo nosotros.
—Sí, estoy completamente de acuerdo contigo —dijo la de lentes. Se giró hacia su amigo—. ¿Algo más, Levi?
El muchacho se encogió de hombros.
—La música, por supuesto —reconoció Auruo, apoyando un brazo relajadamente del hombro de Petra—. De eso no se preocupen, damas, yo puedo ser el DJ de la noche.
Petra se hizo a un lado, casi provocando que Auruo se cayera.
—¿Eres DJ, Auruo?
—Tengo mis trucos —contestó el chico, ajustándose el cuello de la camisa del uniforme.
Hanji observó su pisapapeles y suspiró.
—Bueno, creo que todo está bien por ahora.
—Puedo comunicarme con la agencia de festejos y acordar para venir a arreglar el día del baile —asumió Auruo—. ¿Qué dices, Petra?
—¿De qué hablas?
—Vamos, tú eres chica, sabes más de estas cosas. Acompáñame a la agencia de festejos.
—¿Dónde quedó tu iniciativa y autosuficiencia? —espetó.
—Auruo, yo puedo ir contigo a la agencia —se ofreció Hanji.
Levi se giró para mirarla, hablaba en serio.
—¿Ah sí? —Auruo no parecía convencido.
—En ese caso, ustedes dos deberían preguntar por la comida. —Hanji señaló con su dedo a los sobrantes, Levi y Petra respectivamente.
Levi frunció el ceño, cosa que Hanji ignoró en redondo. La chica rubia se encogió de hombros tímidamente, soltando un suspiro.
La sesión finalizó.
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—¡NI EN UN MILLÓN DE AÑOS, SUECO LARGUIRUCHO! —chilló Sasha casi rompiéndole los tímpanos a su acompañante.
—Shhh, si de verdad no te quieres meter en problemas, cállate —zanjó.
—¡Pero es que—!
—Pero nada. ¿No escuchaste lo que dije? Ya sabe que existes, ya captaste su atención; y ahora con esto harás que se fije en ti.
Sasha se cruzó de brazos, insegura.
—Más temprano me dijiste que nunca habías ayudado tanto a otras chicas con Jean como lo haces conmigo.
—Cariño, ninguna ofreció pagarme y darme de comer. ¿Cómo pretendes que las ayudara?
Ella rodó los ojos.
—Agradece que ni siquiera me esforzaba en hacerlo —continuó Ymir—, así pude conocer mejor los gustos de Jean y acá estoy dándote la fórmula para gustarle.
—Debo ser afortunada.
—No —dijo sonriente—, pero tonta sí.
Sasha frunció el ceño, sin embargo, no tuvo ganas de objetar por su comentario.
—¿Estás seguro de que él está en clases?
—Más seguro que una fortaleza, nos tocaba entrar a lo mismo.
—¿«Nos»? —repitió la chica, sorprendida—. ¡¿Estás fuera de clases?!
—Bah, como si fuera un crimen —repuso—. Alguien tenía que acompañarte a hacer el ridículo, ¿no?
—¿Gracias? —ironizó—. Si me llego a meter en problemas—
—No pasará, me aseguraré de eso.
—Sí que crees tener todo controlado, chico de las pecas.
—Traigo el blazer en mi bolso —ofreció—, por si lo quieres.
—Por favor, ¿no sientes la humedad? Es muy pronto aún para usar suéter hasta fin de año, sueco friolento.
—Lo que digas, ragazza.
Sasha se asomó a la cancha desde las columnas que formaban el umbral para entrar en ella; estaría vacía de no ser por ellos dos. Con respecto a que Ymir parecía tener todo fríamente maquinado se refería a las indicaciones que había predicho: la cancha estaría vacía porque era miércoles y a la última hora nadie tenía clases deportivas ese día, y los clubes extracurriculares iniciaban al finalizar la jornada; aparte, Ymir aseguraba que Jean debía estar sentado en el último puesto de la fila de la ventana y que él miraría por ahí en cualquier momento.
Tanta precisión le causaba más pánico que durante el día anterior al bailar frente a las porristas y el resto del alumnado. Sus piernas habían comenzado a temblar, incluso.
—¿Hay tiempo para arrepentirse?
—No, a menos que estés considerando la otra opción.
Sasha se giró hacia él, con ojos de esperanza.
—¿Tengo otra opción?
—Sí, un mediodía en la cafetería deberás subirte a una mesa y cantar al más propio estilo de High School Musical.
—¡Agh, vaffanculo*! —exclamó, dando unas fuertes zancadas lejos del sueco.
Ni siquiera se había fijado que su reciente acción había sido por inercia, inconsciente y espontánea. Para cuando se dio cuenta, estaba en medio de la cancha, justo donde los centrocampistas de fútbol se posicionaban. A lo lejos, en el umbral de la entrada, estaba Ymir recostado de una columna observando expectante y burlón el show que estaba a punto de empezar.
Se sentía como un mono de circo. Si Heath Ledger logró cautivar a una dama cantando babosadas desde una cancha en 10 things I hate about you*, ¿ella también podría tener esos encantos en el capitán del equipo de fútbol de su corriente y ordinaria vida sin gracia y suerte?
¡A quién engañaba, esto era mil veces más patético!
Pero era eso o llorar sobre su almohada arrepintiéndose de haber desaprovechado una oportunidad. Por lo que, tomando aire para serenarse, se relajó; se acomodó la cola de caballo para lucir presentable ante los ojos de Jean, aun en la lejanía; y por último, tomó impulso.
Entonces corrió. Corrió como loca alrededor de la cancha, soltando gritos extraños tal cual la estuvieran atacando. Cualquiera pensaría que se había escapado una residente de manicomio, y más aún al momento de tomar el balón de fútbol abandonado en uno de los arcos de portería y ponerse a patearlo torpemente.
Escuchó las risas despavoridas de Ymir desde la entrada de la cancha, lo cual no le hizo la menor gracia. Aprovechando toda la fuerza de su voz en intentos de llamar la atención de una persona en específico dentro del edificio escolar, bramó:
—¡Cierra la boca, sueco larguirucho!
No supo identificar si Ymir estaba encogiéndose de hombros en el momento de insultarlo, o si se había quedado quieto. Estaba un poco lejos de hasta donde su visión llegaba a ver mejor.
—¿Vas a quedarte ahí parada? —retó él, haciendo un megáfono con sus manos.
Sasha gruñó y pateó el balón más fuerte. Éste había pegado directamente en la pared del edificio, casi llegando a darle a la ventana de un aula. Se crispó de hombros pensando que iba a causar un desastre, pero se alivió inmediatamente al notar que nada grave había pasado.
Y fue entonces que pasó lo inevitable.
—¡Eh, usted! —gritó el maestro de educación física, el Sr. Keith Shadis, vuelto un ogro desde la misma aula cuya ventana casi rompió.
Sasha abrió los ojos como platos.
—¡Venga acá ya mismo si no quiere meterse en problemas!
Las yemas de sus dedos se congelaron, poniéndose rígidas. Un par de gotas todavía más frías cayeron sobre su cabeza, luego sobre sus brazos, hasta darse cuenta de que lloviznaba. Se giró hacia Ymir, quien le hacía señas para que fuera donde estaba. De repente, se había quedado pegada al suelo de la cancha.
—¿Ah, no me hará caso? —gritó el profesor Shadis—. ¡Pues ya verá!
—¡Sasha! —llamó Ymir, lo más bajo que pudo para que ella lo oyera en la lejanía.
Viendo que el profesor de educación física acababa de cerrar la ventana del aula y amenazaba con aparecer ahí en cualquier momento, Sasha tomó impulso de donde no sabía y corrió hacia Ymir. Éste la tomó de la muñeca y aceleró el paso despareciendo lo más pronto posible de ahí.
La lluvia había comenzado a precipitar con más fuerza en lo que salieron de la escuela, pero para cuando llegaron al bulevar con el fin de birlar a Shadis, estaban empapados.
—¡Maldición! —exclamó Sasha—. ¡Qué puto frío tengo!
—¿Quién es el friolento ahora?
—¡Cállate, pecas! —espetó la chica, abrazándose de sí misma sobre su ropa mojada para mantenerse en calor.
Algo cayó sobre su cabeza, era holgado, pero estaba tibio como una manta frente a la chimenea. Sasha tomó la prenda y se arropó en ella, mirando agradecida a Ymir.
—Gracias por prestarme otra vez tu blazer.
—Bah, debería regalártelo. Ya que nunca traes el tuyo.
—¡Apenas es otoño!
—¿Y debía llover para que te dieras cuenta de eso? —ratificó el chico, burlón—. ¿Qué te dije? Que hoy el clima estaba raro.
—Ay, no me vengas a decir que tienes todo fríamente calculado, por favor.
*Bruder: «hermano», en alemán.
*Pronto: fórmula para contestar el teléfono en italiano.
*Non essere pettegola: «no seas chismoso», en italiano.
*Vaffanculo: conocida grosería o insulto en italiano, que se traduciría al español como «que de ten por el culo».
*10 things I hate about you: película de los noventas protagonizada por Heath Ledger.
¡Hola, gentecita!
Lamento mi repentina desaparición ya que estuve actualizando seguido. Tuve un ataque de pereza que ni se imaginan, pero ¡sorpresa! Ya es diciembre y los días se pasan volando, que no es que me emocione, pero siempre hay algo de inspiración en diciembre y a mí me ha llegado.
Así que Sashita, un poco de atrevimiento no está mal de vez en cuando, ¿no? ¿Realmente habrá logrado su objetivo? ¿Y qué tal Levi? Aguantarse a una fangirl del calibre de Hanji debe ser agotador, y lo digo por propia experiencia ya que mis amigos deben lidiar conmigo xDDD. Ah, pero Berth… vaya lío en el que anda por salvarle el pellejo a su hermanita.
¡Aw, gracias por sus comentarios, seguimientos y favoritos! Twiiiin, heeey, tenemos tiempo sin hablar; espero que te haya gustado :3.
Nos estaremos viendo pronto también en mis otros fics *—*.
Los quiere, Ayu.
