"Luego todo fue total oscuridad. Lo próximo que recuerdo, fueron los ojos del señor Seshomaru, fue lo primero que vi cuando desperté en sus brazos."
Me estaba mirando…, otra vez. Y al ver sus ojos… yo, sentí como si me abrazaran, como si él me aceptara, como si me diera la bienvenida a una nueva vida que él me regaló. El señor Jaken dijo que solo lo hizo para poner a prueba los poderes de Tenseiga, no porque se interesara en mí, porque a él no le interesan los humanos.
Ese sapo infeliz y su bocota. Pensó Kágome.
Pero no me importa, aún y cuando lo haya hecho para poner a prueba los poderes de su espada, sé que también lo hizo por mí… lo sé. Lo vi en su mirada, por eso lo seguí; y él…, él jamás me alejó de su lado, nunca. En todo el tiempo que estuvimos juntos, nunca me rechazó, nunca cuestionó que lo siguiera, al contrario siempre se preocupó por mí, por mi seguridad, tanto, que encomendó al señor Jaken mi cuidado.
Kágome sonrió con ternura. La hizo sentir aceptada y querida. Pensó. Luego, preguntó:Viviste momentos felices con él, ¿verdad Rin?
Si, muchos. De hecho, creo que el tiempo de mi estancia con el señor Sesshomaru, ha sido la más feliz de mi existencia.
Kágome la miró asombrada, sorprendida ante la respuesta. No se imaginaba hasta qué punto esta jovencita estaba tan ligada al demonio.
Al ver su reacción, Rin sonrió, y empezó a relatarle con detalle muchas de las situaciones y aventuras que había vivido al lado del youkai: las incontables veces en que el demonio le salvó la vida cuando estuvo en peligro, y como, en cada ocasión, Sesshomaru se presentó para rescatarla, enfrentando a enemigos poderosos y poniendo en riesgo su propia vida en el proceso; como nunca, nunca, la abandonó a su suerte. Aún y cuando solo lo hiciera porque siendo "un guerrero orgulloso" era natural que "castigara la osadía de esos seres despreciables de retarlo a él, el Gran Sesshomaru, Lord de las Tierras del Oeste, al intentar lastimar a su protegida" (palabras del señor Jaken, ya que Sesshomaru nunca dijo nada).
En este punto, Kágome se encontró a sí misma riendo de las situaciones cómicas que pasaban en el grupo: Las tonterías del señor Jaken, la paciencia, los enojos y castigos de Sesshomaru ante la incompetencia del sapo; su trato hacia ella, aunque distante la mayoría de las veces por su naturaleza demoniaca, siempre, siempre protector y preocupado por sus necesidades.
Le contó con lujo de detalle aquella ocasión en que Sesshomaru se internó en el propio infierno, haciendo a un lado su orgullo ante su propia madre para rescatarla y traerla de vuelta, y cómo por él, por su evidente impotencia y pesar (según palabras de Kohaku), fue por lo que Lady Irasue, decidió utilizar la piedra "meido" para regresar su alma del inframundo y devolverle la vida una vez más; la forma en que el demonio la recibió de nuevo, el abrazo, dolor y alegría que percibió en su mirada, la caricia que le realizó, todo.
La conversación se prolongó durante casi toda la noche, y conforme la sacerdotisa se enteraba de todas esas situaciones y acontecimientos hasta ahora desconocidos para ella, poco a poco e inevitablemente, la imagen que tenía del youkai fue cambiando.
De repente, la visión del demonio frío y cruel que siempre tuvo, empezó a quebrarse; si, era verdad, ante ellos siempre se comportó en forma despótica y amenazante, con desprecio hacia todo y todos, por ser humanos, y más aún hacia Inuyasha, por representar la traición de su padre. A ella incluso había intentado asesinarla en una o dos ocasiones, pero después de conocer a Rin y conforme fue pasando el tiempo, las cosas poco a poco fueron cambiando, incluso le salvó la vida en varias ocasiones, cuando no tenía la obligación de hacerlo, siempre pensó que, aunque no lo admitiera, lo hizo por su medio hermano, ya que también la relación con éste, si bien no podría decirse que mejoró, al menos dejó de ser tan tirante y ya no intentaba matarlo cada vez que podía, ni se deshizo de él en las peleas en que quedó inconsciente y pudo haberlo hecho si hubiera querido.
Sesshomaru…es honorable. Pensó.
Eso, además de la imagen que le proporcionaba Rin, de alguien siempre pendiente de las necesidades de una pequeña niña perteneciente a esa especie a la que decía odiar (humana); recibiéndole las flores que le regalaba en muestra de cariño, dejándola tocar su cabello, jugar con su estola; la hacía diferir por mucho, de lo que siempre había pensado sobre él.
Sin poder evitarlo, se vio sumergida en sus propios pensamientos, ignorando por momentos el relato de Rin, para recordar lo que antes éste la había contado, la actitud de los hombres de su aldea cuando quedó huérfana; su desprecio, su rechazo, su indiferencia hacia esa entonces pequeña niñita, y un sentimiento de coraje hizo acto de presencia: ¡Malditos miserables!, pensó. Por supuesto, era más fácil hacerse de la vista gorda y fingir demencia que "cargar" con una niña huérfana; prefirieron ignorarla antes que brindarle tan siquiera un poco de atención y cariño.
Tanta indiferencia de esas personas le hizo sentirse iracunda, ante sus ojos eso era imperdonable, y empezó a pensar en esos… "individuos" (porque no quiso llamarlos personas): ¡Que egoístas –se dijo-, que poco compasivos, que poco piadosos! Siguió con todos los calificativos ofensivos que su amplio vocabulario conocía para describir a esos individuos, y con un gesto de asco en su rostro se preguntó ¿cómo es posible, que hayan actuado de esa manera tan repugnante?, ¡que seres tan despreciables!, concluyó.
Fue entonces que cayó en cuenta y se dijo: ¡Hay, por kami, ya estoy pensando igual que Sesshomaru! ¿Qué me pasa?. Entonces lo comprendió, abrió los ojos desmesuradamente fijando su mirada en Rin, quien seguía relatando palabras que ahora le sonaban lejanas. Sus propios pensamientos le revelaron una verdad increíble, aquella que en cualquier otro momento le hubiera parecido ridícula, inverosímil.
¿Cómo era posible, - se repitió, como procesando la respuesta- que hubieran actuado de esa manera tan repugnante?... ¿Cómo era posible que mejor un demonio, un youkai, supuestamente malvado, frío, cruel y con un marcado desprecio a los humanos, en un solo momento hubiera demostrado más humanidad y compasión que ellos, que los llamados… humanos? ¡Vaya!, pensó para sí misma. Quien lo diría.
Muy a su pesar, tenía que darle crédito a Sesshomaru; en esta ocasión, y quién sabe si solo en ésta, había tenido razón: Los… humanos pueden llegar a ser criaturas viles y despreciables, incluso con los de su propia especie. Se sintió triste y avergonzada a la vez, pero luego sonrió, había llegado a su mente la respuesta a la pregunta que horas atrás se había formulado: ¿Cuál erael lazo que unía a esos dos seres tan opuestos?
