Holis polis. Un nuevo capítulo, que subí muy rápido porque soy maravillosa (?
La canción la escuché en el soundtrack de Kuroshitsuji II , no tengo ni idea de quién la escribió ni nada. Sólo sé que cuando la oigo lloro como una gran perra :) Y se relaciona con las emociones de Romano en el capítulo. Al final del capítulo está la traducción.
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Capítulo 7
The full moon slightly chipped
That's so me
So please
Save me and hold me tight
Just make me alright
Wingless swans in my soul
From the fortress, a pessimist.
~ The Slightly Chipped Moon~
Una brisa nocturna acaricia las crestas de las bajas colinas, y hace ondular sus pastizales. En otoño, los podaron. Y,sobre ellos,la menuda figura de Romano Vargas contemplaba las luces de la ciudad.
Qué extraño se siente cuando se recuerda el pasado, cuando se recuerda con fuerza. Estás aquí, y allí. Estás en el presente y en el pasado.
Sin embargo, Romano ya no quería estar en ninguno de los dos. No quería estar en el presente ni en el pasado; no quería estar en ninguna parte.
Quería correr, llorar, sacudir los brazos y gritar. Deseaba dejar de pensar y de sentir, deseaba ser un animal para hinvernar hasta que todo hubiese terminado, deseaba ser humano para poder morirse, porque
eran Feliciano y Antonio.
Cuando Gilbert bajó del auto, la misma brisa nocturna rozó sus mejillas. Era una noche fría.
El lugar, indicado por Romano en fríos murmullos, era afortunadamente uno que él conocía; un pequeño sector en las afueras de la ciudad, delante del comienzo del bosque. Más allá de la carretera, se alzaban bajas colinas bañadas en el resplandor lunar.
Sobre una de ellas, vio a Romano. De espaldas, su sombra proyectada por las luces de la metrópoli.
Sabía que lo había oído acercarse, mas aún así el italiano no lo miró. Ni siquira cuando, suavemente, se sentó junto a su lado.
-Romano ¿qué pasó? -dijo finalmente Gilbert. Sin embargo, apenas lo dijo deseó no conocer la respuesta.
-Yo sí quiero a mi hermano, Gilbert. Es mi hermano, Gilbert... -respondió, aún observando el resplandor. No obstante, su mirada estaba completamente ausente. Y por eso el prusiano escogió con cautela sus palabras:
-Es normal que los hermanos se quieran. Feliciano te quiere también.
Romano Vargas volvió la cabeza hacia él abruptamente; su hermoso rostro estaba distorcionado por el odio, y un sufrimiento que hizo brotar lágrimas a Gilbert instantáneamente.
-¡¿Por qué?! ¡¿Por qué lo hizo, entonces?! ¡¿Es que acaso no tenía suficiente?!
Nunca en la vida Gilbert había oído una voz tan enfurecida pero, a la vez, desolada y herida. Le helaba la sangre.
-El lo sabía, maldita sea, siempre lo supo... es mi hermano, y por eso no puedo entender cómo...
De pronto, Romano adquirió un cariz mucho más desdichado. La rabia que nublaba su mirada se disipó al fin, dejando ver su auténtico rostro; uno desesperadamente solo y abandonado.
Era como ver un bosque obscuro y profundo, incierto y salvaje. Sus lágrimas caían una tras otra y encima de la otra, brillando en la noche como diamantes.
-¡Oh, Dios mío! ¡Dio mio...! -el dolor de cabeza era insoportable. Como aquella vez en la cocina cuando tiró la botella. Todo era demasiado para sostener, y a pesar de que tomaba aire, el oxígeno no entraba en sus pulmones.
Gilbert no tenía idea de qué hacer. No sabía lo que estaba pasando; nunca había presenciado algo así. Pero sabía que Romano, el hombre al que amaba con locura, se estaba derrumbando.
Lo único que podía hacer era sostenerlo.
Romano sintió la calidez que se cernía en torno a él, esa duce calidez que no merecía...
-¡No, Gilbert! No, p-por favor, Gilbert... -pero Gilbert no lo soltó. Y así los sollozos más amargos del mundo resonaron entre los árboles, bajo las nubes. Pronto, Romano dejó de resistirse y sencillamente lloró contra el pecho del otro- Ay, Gilbert, ¿por qué...?
Romano Vargas siempre había rechazado el papel de víctima. Siempre había optado por contraatacar, por siempre estar a la defensiva.
Pero entonces comprendió. Que nada de eso evitó que Antonio, al final, eligiese a Feliciano.
Sabía que, en realidad, no debería importarle; él no amaba a Antonio. Ya no. Pero no era el amor lo que estaba en juego. Era simplemente el hecho que, de la manera más rotunda y brutal, el hombre al que amó por siglos terminó prefiriendo a su hermanito.
Si Antonio lo hizo, seguramente Gilbert también lo hará en algún momento.
Y ese pensamiento era lo que más le dolía. El verdadero dolor del corazón era siempre ése; el nunca ser suficiente.
Más doloroso que el rechazo que sintió esa mañana lejana, al oír al trio en la sala. Peor que la angustia sentida por haber amado a alguien que ni te registra. Mayor que el tormento sentido cuando percibió el olor vagamente amoniacal del semen y el licor al abrir la puerta, y encontrar a Antonio y Feliciano en la cama...
La Luna llena aguardaba en silencio, observando calmadamente a los enamorados. En murmullos ininterrumpidos, Romano repetía:
-Soy una mierda. Yo soy una mierda...
Incapaz de soportar la situación, Gilbert acercó el rostro de su amor al suyo y lo obligó a mirarlo.
-No, Romano. -le dijo- No lo eres. ¿Me oyes? Eres una persona impresionante, lo mejor que me pasó en la vida. De veras, cariño, lo mejor.
Al oír la palabra "cariño", Romano se atrevió a hablarle.
-¿En serio?
Entre los brazos del prusiano, se sentía como si nada malo pudiese ocurrirle jamás. Como si pudiese sólo decirle la verdad sobre lo que sentía, y dejar que él se encargara de todo.
-Te amo. -dijo alguien.
Romano no pudo saber si lo había dicho él mismo o Gilbert Beischmidt, porque un segundo después su cuerpo comenzó a dormirse. Nunca se había sentido tan cansado. Su cerebro parecía a punto de estallar.
La obscuridad abrazó su vista desde ambos lados, y Romano perdió la conciencia antes de que Gilbert lo atrapara en su caída.
Notita: la traducción de la canción:
La Luna está ligeramente astillada
Eso es tan yo
Así que por favor
Sálvame y sosténme con fuerza
Sólo hazme estar bien
Bajo las nubes oscuras
Cisnes sin alas en mi alma
Desde la fortaleza, un pesimista.
