FELICIDAD

Hay cosas que con el paso de los años se olvidan pero hay otras que por mucho tiempo que pase jamás se borran de la memoria. El momento en que acabé con Voldemort, el nacimiento de mis tres hijos, la horrible imagen de mi mujer y mi primogénito asesinados, o la primera noche que dormí entre los brazos de mi marido. Hace ya veinte años de esa noche y todavía la recuerdo como si hubiera pasado ayer mismo. Con el paso de los años me he dado cuenta que hubo cosas en esa noche de las que entonces no me di cuenta y que ahora son recuerdos importantes. Lo que ahora más recuerdo de esa noche es su olor, ese aroma de masculinidad que desprende mi marido y que además de seguir revolucionando mis hormonas me transmite la paz y la seguridad que significa su presencia. La cara del chico que inició todo se borró de mi memoria hace muchísimo tiempo, su rostro no era nada tan importante como para que permaneciera grabado en mi memoria tantos años. Todos esos pequeños detalles, con más o menos importancia, fueron un punto de inflexión en mi vida y sirvieron para que esa noche llegara a ser la más importante de mi vida. Desde aquella noche, hace ya veinte años, han habido buenos y malos momentos, situaciones difíciles que nos han servido para estar más unidos. Si algo he ido descubriendo con el paso del tiempo y de los años, algo que ya podía intuir, es lo fiel que es Severus Snape. A pesar de lo difíciles que resultaron los inicios de nuestra relación, de que intenté separarlo de mi en muchas ocasiones, él siempre estuvo ahí esperando en un segundo plano a que recapacitara. Me es imposible recordar las veces que durante los primeros meses, después de la primera noche que dormí entre sus brazos, lloré entre sus brazos. Reconozco que me resultó más difícil de lo que pensaba aceptar mis sentimientos por otro hombre. Tardé varios meses en empezar a sentirme cómodo en mi propia piel, en sentir que no estaba haciendo nada malo por besar a Severus. Fue un proceso largo y lento, un proceso en el que fui ayudado por el que hoy en día es mi marido, por la que siempre ha sido mi mejor amiga y por un psicólogo. Si le debo a alguien mi felicidad actual es a esas tres personas, a las tres personas que me ayudaron a cerrar las puertas del pasado y a abrir unas puertas del futuro que oponían cierta resistencia.

— HARRY— grita Hermione desde el salón— Date prisa que están todos a punto de llegar y debemos estar preparados.

— Ya voy

Salgo de mi habitación, en la que empezó todo y que ha dejado de ser simplemente de Severus para convertirse en la habitación de ambos. En el salón están mi mejor amiga, Pansy Parkinson y mi marido. El paso de los años ha servido para unirnos más a los cuatro, para fortalecer de forma indestructible la base de nuestra peculiar familia. Una familia que cada vez es más amplia, una familia en la que dentro de pocos meses habrá un miembro más, un nieto más que nos llenará a todos todavía de más felicidad. No hace mucho Alexandra, la pequeña y guerrera Alexandra que ahora ya es toda una mujer, nos comunicó que iba a ser madre. Ella y Olivia, que pasaron de casi ser como hermanas a descubrir que eran almas gemelas, están completamente felices. Van a ser madres por segunda vez, después de que Olivia diera a luz al pequeño Chris esta vez ha sido Alexandra la que se ha querido quedar embarazada. El día que nos comunicaron la noticia a la familia, Hermione no pudo contener las lágrimas y lloró como una niña con las dos futuras madres. Severus sin embargo se guardó las lágrimas para el interior de nuestro dormitorio, unas lágrimas de felicidad de las que únicamente yo fui testigo. Unas lágrimas que yo fui incapaz de contener cuando Abigail me dijo que iba a ser abuelo por primera vez. El pensar que mi pequeña ya no era tan pequeña, que iba a convertirse en madre con su novio Richard, me hizo darme cuenta que la vida pasa demasiado deprisa.

— No me puedo creer que nos hayáis convencido a Severus y a mi para ir a un desfile muggle— se queja Pansy a pesar de que Hermione y yo sabemos que cuando lleguemos a la marcha del orgullo gay de San Francisco será la primera en disfrutarla.

— Suerte que te quiero más que a mi vida porque sino habría dejado de encontrar sumamente encantadores tus ataques cascarrabias, ataques por otra parte muy típicos de los slytherins ¿verdad, Severus?

Mi marido no tiene opción de contestar porque en ese momento suena el timbre. A los cuatro nos aparece una sonrisa en la cara, el poder reunir a Elliot y el resto de nuestras hijas es algo que solamente sucede un par de veces al año. El que Elliot viva en New Orleans con su familia y Kenzi en Toronto, complica mucho el poder reunirnos todos. A pesar de la distancia, de que no nos podemos reunir tanto como nos gustaría, seguimos estando todos muy unidos. Olivia y Alex, la mejor policía y abogada de todo San Francisco, cenan con nosotros una vez cada quincena. Lauren y Abigail, ambas viven en Berkeley, por lo que solamente las vemos una vez al mes. Mi hija y la hija de Pansy llevan siendo las mejores amigas desde que se conocieron, tan buenas amigas que mi Abigail decidió ir a UCLA a estudiar economía porque Lauren iba a esa universidad a estudiar medicina. Durante una época llegué a pensar que acabarían juntas, como Alex y Olivia, pero ahora al verlas con sus hijos y maridos me doy cuenta que su amistad es simplemente eso, amistad. La verdad que el paso de los años ha servido para ver como Severus, Pansy, Hermione y yo hemos hecho una muy buena labor como padres y madres. El ver la felicidad y el amor que les hemos logrado dar, y que ahora todos logran trasmitir a sus hijos e hijas, llena de orgullo mi maduro corazón.

— ABUELOOOOOO— grita Draco, el hijo de Lauren y su marido Joseph, corriendo hacia donde está Severus y saltando para ser agarrado por esos brazos que destilan protección.

El pequeño nieto de Pansy y del difunto Draco Malfoy, adora a Severus más que a cualquier otra persona de este mundo. Para el pequeño de cuatro años, su 'abuelo' es un auténtico referente. Severus, aunque no lo acepte nunca frente al resto de la familia, adora al pequeño Draco más que a cualquier otro nieto o nieta. Pansy, Hermione y yo sabemos que a mi marido todavía le duele la muerte de su ahijado a pesar de los años que han pasado, a pesar de que tenga el corazón lleno de amor hacia Olivia, Kenzi y el resto de personas que formamos nuestra peculiar familia. La pérdida de Draco Malfoy fue muy dura para Severus, una pérdida en un momento que estaba empezando una nueva vida y en la que le hubiera gustado tenerlo cerca. Todavía recuerdo cuando Lauren nos comunicó que a su primer hijo lo llamaría Draco en honor a su padre. Las lágrimas que había en los ojos de Pansy no pudieron evitar salir, por mucho que intentó contenerse la antigua slytherin no pudo evitar emocionarse ante el gesto que iba a tener una de sus hijas hacia el hombre más importante que había pasado por su vida.

El resto de la camada Potter, Snape y Malfoy-Parkinson entra en la casa familiar pocos segundos después que el cohete Draco. En instantes me veo rodeado de pequeños y no tan pequeños. Mi hijo Elliot me abraza con fuerza, gesto que yo devuelvo con la misma ferocidad porque hace tantos meses que no puedo abrazarlo que necesito confirmar que lo vuelvo a tener entre mis brazos. Me alegra que la vida le vaya tan bien, que haya llegado a ser uno de los mejores chefs de Nueva Orleans pero lo extraño muchísimo. A pesar de que hablamos por Skype varias veces a la semana, a pesar de que él me cuenta lo bien que le va todo y lo feliz que está con Danielle y sus gemelos, nada iguala la sensación de poder abrazarlo y besarlo como hacía cuando él era mi pequeño y yo lo acunaba por las noches. Terminamos nuestro abrazo mirándonos a la cara, sonriéndonos y yo recordándole que lo quiero. Mi Abigail, mi preciosa pequeña que ahora ya es toda una mujer, se aproxima a nosotros y nos abraza a los dos. Elliot se separa de nosotros para ir a abrazar a Hermione. Mi mejor amiga creo que extraña a Elliot más que yo, a pesar de que habla con él todos los días por teléfono y que también lo ve varias veces a la semana por Skype. Para mis hijos Hermione es su madre, hace ya bastantes años que la llaman mamá, como también la llaman mamá Alex y Lauren. Mi mejor amiga, la mejor y más fiel mujer que he conocido jamás, nunca llegó a crear y dar a luz a un ser humano pero ha sido la madre y mejor amiga de media docena de ellos. Porque las cinco niñas y mi hijo siempre acudían a Hermione cuando tenían algún problema o cuando necesitaban consejo respecto a algo. A Severus el que sus hijas siempre acudieran a Hermione cuando tenían algún problema no le importaba, sabía que necesitaban una constante femenina en su vida, pero hubo una época en la que la relación de Hermione con Pansy se vio afectada por ese tema. Pansy no aceptó nada bien que Alex le confesara a Hermione y no a ella que sentía cosas mucho más fuertes por Olivia que el simple cariño por una amiga o una prima; Pansy tampoco aceptó nada bien que Lauren acudiera a mi mejor amiga y no a ella cuando tuvo un retraso y creyó estar embarazada. A pesar de todo el amor que la rubia slytherin tiene por su mujer, a pesar de que está locamente enamorada de ella, su orgullo como madre quedó herido por esos dos momentos y ambas pasaron por una profunda crisis. Severus fue el encargado de hacer reaccionar a Pansy, de hacerla ver que se estaba comportando como una niñata consentida y que si no cambiaba de actitud acabaría perdiendo a Hermione. Con muchos esfuerzo por parte de la ex slytherin y mucho perdón por parte de uno de los mayores pilares de mi vida, ambas volvieron a estar en sintonía y a ser la enamorada pareja que había sido siempre.

— HORA DE IRNOS, FAMILA— grita Kenzi, sacando una bandera arcoiris de su bolso y atándosela alrededor del cuello

La siempre alborotadora Kenzi, encabeza la marcha. Debo reconocer que extraño muchísimo a Mackenzie Snape, la hija de mi marido no podría ser más diferente a su hermana Olivia. Mientras que Kenzi es una alborotadora natural, una chica a la que le encantan las fiestas y la libertad, Olivia es mucho más parecida a su padre. Olivia y Severus coinciden en ser personas tranquilas, equilibradas y protectoras. Si no fuera por los parecidos físicos, si solamente fuera por los rasgos de carácter, la gente pensaría que la hermana de Olivia es Lauren y la hermana de Kenzi es Alex. El carácter calmado y protector de unas contrasta con el carácter más espontáneo y despreocupado de las otras. Un carácter el de Kenzi que tiene preocupado a mi marido desde hace tanto tiempo que ya ni lo recuerdo, un carácter y una vida que traen por la calle de la amargura a Severus. El siempre serio pocionista quiere que su hija asiente la cabeza, que olvide esa parte parte bohemia a la vez rebelde que la caracteriza.

— Mackenzie— advierte mi marido a su hija— Sabes perfectamente que no me gusta que grites así.

— Papá, es el día del orgullo— se queja Kenzi como si todavía fuera una niña pequeña— Por un día en tu vida deja que la música y el ritmo embarguen tu habitual cascarrabias forma de ser— termina de decir la joven Snape mientras besa con cariño la mejilla de su padre.

Mi marido niega con la cabeza como tantas veces lo he visto hacer a lo largo de los años, dándose por vencido con Kenzi. Yo no puedo evitar sonreír ante la escena que acabo de presenciar. Me encanta ver las interacciones que tiene Snape con sus dos hijas, interacciones tan diferentes como diferentes lo son Olivia y Kenzi, interacciones que transmiten el cariño, el amor y el respeto que los tres se tienen.

— Kenzi lleva razón Severus— digo cogiendo la mano de mi marido, esa mano que me lleva dando placer y protección desde hace muchos años— Disfruta del día y de tener a nuestra familia junta— finalizo diciendo para acto seguido darle un casto beso en los labios que es acompañado por los vítores de Kenzi, Elliot y la nueva camada niños y niñas de nuestra atípica familia.

Entre risas, cantos y movimientos de baile llegamos todos al lugar donde se organiza la marcha del día del orgullo gay. Un desfile que transmite alegría y libertad, una fiesta a la que familias enteras como la nuestra acuden para disfrutar del amor que se tienen. En esta celebración en particular no importa a quien pertenezca tu corazón, ni el color de piel que tenga la persona que te puede llegar a robar el aliento. La felicidad que desprenden las personas que tengo alrededor, que se mueven al compás de la música y de las carrozas que van pasando, me hacen agradecer una vez más el cambio de vida que hice tantos años atrás. Ver a Elliot y a Abigail, bailando felices con sus parejas y sus hijos, llena mi corazón de felicidad. Es cierto que aun hoy recuerdo cada día a mi primogénito Ian y que algunos días todavía recuerdo a Ginny, pero también es cierto que la fase de duelo y dolor la dejé atrás hace mucho. Hacer el amor con Severus, poder abrazar a mis dos hijos, comer helado con mi mejor amiga mientras miramos alguna película estirados en el sofá o poder tocar la barriga de Alexandra mientras está embarazada, son algunas de las cosas que me han hecho llegar a encontrar una felicidad tan plena que nunca pensé que llegara a existir. Mi vida siempre ha sido compleja, siempre ha tenido pinceladas oscuras, dolor y desgracia me han acompañado desde que tengo uso de razón pero desde hace años las pinceladas que monopolizan el cuadro de mi vida son las de colores vivos, las pinceladas que transmiten la felicidad que mi corazón y mi alma sienten cada segundo de cada nuevo día.

THE END