Había algo en su respiración que se iba haciendo más pesado y errático. El pecho parecía fracturarse en medio, la cabeza ni decir. Pero si había dormido sus quince minutos diarios. En todos los libros de buena salud, recomendaban ese periodo de tiempo para evitar la terrible epidemia que había casi exterminado su raza. Entonces religiosamente seguía las recomendaciones porque esa era la persona que era. Apegado a las reglas, a su papel en la sociedad.
Aunque a veces no podía arrancar de su alma la sensación de no llevar tanto tiempo ahí como su edad indicaba.
El bolígrafo pesó entre sus dedos como si estuviera hecho de puro metal y sus dedos apenas lo pudieron sujetar. Se inclinó para alcanzarlo, recargando su cabeza sobre su agenda en el escritorio. No era suave como su almohada pero se le antojó lo suficiente cómoda, dejando que el bolígrafo se perdiera lejos de su mano. Estaba demasiado cansado. Había limpiado tanto pelo y polvo, había desayunado muy poco.
Había dormido muy poco.
Suspiró, decidiendo que cerrar los ojos unos segundos más sólo era para descansar su vista, no para dormir. Pero , al acomodar su cabeza sobre su brazo, al sentir el aire más cálido en su espalda como una cobija, no pudo tener más control. Total, Stan acababa de entrar a consulta y tardaría un poco.
¿ Desde cuándo conocía a Stan? Recordaba claro haber visto el anuncio de " se solicita" y haber aplicado directo en las oficinas para saber si estaba disponible ese puesto. Agradeció que alguien más hubiera tomado el de músico y sólo quedará esa vacante en ese momento. Antes ya había visto esos bonitos ojos azules de niño triste, no fue la primera vez en ese consultorio y lo sabía, en algún rincón de su pecho eso estaba oculto, más profundo en su cerebro. Sabía que había llorado antes por esa herida en su brazo, todavía veía las balas en sueños. Él soñaba. Kyle solía soñar mucho con esos ojos azules también.
- Mientras no le dejes cerca de algún generador de calor por una semana, todo va a estar bien- Stan alcanzó a ver la posición de Kyle antes que ella y comprender, rodeándola por los hombros para cubrir su visión de esa parte- ya puedes considerarte una clienta frecuente, estoy considerando hacerte un descuento para la próxima- la chica se echó a reír, provocando que el perro ladra. Stan trató de disimular al voltear hacia el escritorio, caminando más rápido para despedir a la muchacha y volver a comprobar que Kyle seguía profundamente dormido. Sonrió, tomando las llaves de la puerta y cerrándola con seguro antes de volver por Kyle. Lo acomodó en el sillón de espera, cubriéndolo con el abrigo que había dejado en el perchero. Se aseguró antes de sacar el celular de su bata y revisar las citas pendientes del día. Faltaban dos horas para la siguiente.
Desde la primera vez que lo descubrió tomando esas quizá involuntarias siestas debió hacer algo. Llamar a los servicios médicos para que lo pusieran en cuarentena preventiva, para que sus largos periodos de sueño no derivaran en esa horrible enfermedad. Pero había tanta paz en su respiración, tanta instintiva necesidad en la forma en que sus dedos se cerraban en su bata que lejos de parecerle una desgracia, le parecía un milagro.
-Tienes una cara tan bonita, ojalá ese muchacho no hubiera tomado el puesto de modelo antes que tú- se sentó frente al sillón, acomodando su cara entre sus brazos, mirándolo con mayor detenimiento- hubiera preferido ver tu cara en toda la ciudad- rió sólo adentro para no hacer más ruido- aunque ninguna ciudad podría ser tan grande para que quepa tu mal genio- sus ojos se detuvieron en sus labios, viéndolos moverse como si algo ocurriera tras sus ojos y necesitara ser dicho de alguna forma. Se removió, acomodando su mano bajo su barbilla y recuperando la pausada armonía. No parecía estar sufriendo. No había dolor ahí donde fuera que estaba su mente.
-Te dije que no en los pasillos, Stan- lo escuchó claro, haciéndole enderezar el rostro - te dije que tuvieras cuidado- se dio vuelta, dándole la espalda. Miró al celular en sus manos, buscando el nombre de su próxima cita para escribir una disculpa lo suficiente profesional para cancelarle. Era un gato que debía cepillarse, nada del otro mundo. No esperó respuesta, silenciando el aparato para volver su atención a la espalda. A los rizos rojos en su cuello blanco sin una sola peca ni lunar ni nada más que fino vello rojo. Le gustaba el rojo porque le hacía sentir revitalizado, energético y acalorado, no como el cian de las paredes, de los techos y las puertas. Rojo para la energía, verde para la paz sin la apatía. Kyle era una explosión de colores amados para él, un equilibrio de emociones que no podía manejar pero lo hacían sentir extrañamente despierto. Esa clase de sentimientos no nacen de un día al siguiente, lo sabía demasiado consciente. Debía proteger su sueño, a riesgo de que alguien los descubriera y a él lo encarcelaran por cómplice mientras a Kyle lo encerraban en esos lugares de muerte disfrazados de hospital donde " trataban" a los que dormían más de media hora. Debía hacerlo si quería comprender porque todas esas imágenes le resultaban tan dolorosamente familiares.
