ATENCIÓN: Para que tenga más sentido para quienes recién se meten, cambie de lugar los capitulos. EL NUEVO, esta antes que este (Limbo) =)

Es culpa de ustedes...por ser tan cálidas x-D

Abrazos.


Cuando llegaron, Trunks esperaba parado en la puerta de la casa, su pequeña carita tan seria como siempre. Había heredado mucho de su padre, aunque éste farfullara lo contrario. No solo su mirada penetrante e innatamente hostil; también un poco de su orgullo y aquella intensidad que intimidaba un poco.

A pesar de lo que acababa de ocurrir, el niño no lloró, y al ser informado de la abrupta desaparición de su padre, no hizo cuestionamiento alguno. Sin embargo, tomó la mano de su madre en aquel momento y no volvió a soltarla.

Bulma le dio un buen baño para quitarle el polvo y la sangre del cuerpo. Sus abuelos se encargaron de recibirlo luego con su helado favorito y acabaron su día sentados a la orilla del pequeño arroyo artificial que corría de punta a punta en el jardín interior. Era tiempo de hablar, y al parecer, la responsabilidad de comenzar recaía exclusivamente en los hombros de Bulma.

Se sentía extraña; cayó en la cuenta de que era la primera vez que debería tener cuidado en como le hablaba al niño. Siempre le había hablado como lo haría con una persona adulta, consciente de que no había necesidad alguna de bajar el grado de complejidad en el dialogo solo porque era joven. Pero no podía hacer eso esta vez. No tenía derecho a destrozarle el corazón…

Tuvo que esforzarse en controlar el repentino deseo de llorar. Hacía menos de dos días dudaba si amaba a Vegeta; y ahora lo odiaba por dejarla con el corazón hecho pedazos. Pero esto no se trataba de ella ni de él; Trunks seguiría queriendo a su padre simplemente porque merecía pensar en uno como algo bueno. Tendría que jugar con las palabras y seleccionar un poco los datos a revelar. Política; era buena en eso. Y no había nada de malo en aplicarla también como madre.

-Tu padre es un príncipe, ¿sabes?- Comenzó tentativamente. No sabía si los niños tenían una idea idealizada de la realeza, como las niñas. Trunks la miró, confundido.-…de unos guerreros.-

Eso le pareció más atrayente; sus ojos se iluminaron y su estoicismo desapareció, reemplazado por el asombro. Bulma sonrió, complacida. Su insipiente alegría pronto desapareció. Algo había aprendido de su madre: a obviar realidades perturbadoras. Nunca había preguntado demasiado sobre la raza a la que pertenecía su mejor amigo y el padre de su hijo…Sabía lo necesario y no quería descubrir nada más.

-Es el Príncipe de los Saiyajin.-

-¿Saiya…jin?-

-Si…- Se lamió los labios; y era el último que quedaba…- Goku también era un Saiyajin…Y tu, y Goten y Gohan lo son en parte. Los Saiyajin eran guerreros muy poderosos y muy orgullosos...pero también eran gente mala…-Se forzó a recordar a Raditz, el horror de la batalla contra Nappa. La muerte de Yamcha, la salvaje ejecución de aquel extraterrestre en Namek…- Violentos, crueles, arrogantes…groseros…y egoístas…¡Es una suerte que ustedes heredaran solo lo bueno!-

Trunks se le quedó mirando un momento. A juzgar por sus ojos llorosos y ceño fruncido, su madre estaba a punto de estallar en un estremecedor berrinche. Sabía que su madre estaba molesta y por la partida de su padre, pero su joven mente era incapaz de procesar las repercusiones de su ausencia. Nada sabía del correr del tiempo, de lo que era la perdida.

Pero aquel día había saboreado un poco de ello y le dejó un sabor muy amargo. Mientras su madre se esforzaba por recuperar la compostura, Trunks observó al extraño sapo que siempre deambulaba por la casa mientras pensaba. Finalmente, llegó a una conclusión.

-No me gustó lo que pasó hoy-

Bulma dio un respingo, como si se hubiera olvidado de que estaba allí.

-Ah…bien. Porque no fue nada bueno…Usaremos las Esferas del Dragón para hacer que esa gente vuelva a estar bien…- Bulma dudó un instante; "bien" no era una palabra muy apropiada. Pero aplicaba de todas maneras.-…pero eso no quita importancia a lo que pasó…Tu padre hizo algo malo.-

- ¿Estas enojada con papá?- Trunks, que se había mantenido agarrado a ella en todo momento, finalmente la soltó y se metió las manos en los bolsillos de su pantalón.- Yo creo que estoy un poco enojado con él.-

-Yo también.- Le aseguró.

-¿…cuando va a volver?-

-..no lo sé…-

Trunks, de pronto, se volvió un niño. Aullando lastimeramente, se levantó y desplomó sobre ella, abrazándola con una fuerza que denunciaba su linaje. Bulma no se quejó y lo sostuvo en brazos mientras sollozaba en su regazo, esperando a que la tormenta pasara. Se sintió algo extraña. Trunks siempre había sido un niño muy reservado, era extraño, considerando la edad que tenía. Pero así era…

Bulma sintió una punzada en el pecho al imaginárselo solo en un mundo lejano, habiendo perdido todo y al cuidado de un monstruo cuyo nombre aún provocaba escalofríos en aquellos que habían peleado contra él, en el lejano Namek.

-Tu padre no es malo, Trunks, aunque haya hecho algo muy malo.- Las palabras comenzaron a fluir de su boca. Quizás, lo mejor que podía hacer por el niño era ser sincera.- Se le enseñó a ser malo y ahora está aprendiendo a dejar de serlo.- Alejó a Trunks de su regazo con gentileza para poder mirarlo al rostro. Le dedicó una sonrisa franca.- Volverá. Resolverá lo que tiene que resolver y volverá.-

-¡…tiene que pedirme perdón!- Trunks chilló indignado.- ¡Por tratarme mal y por no estar aquí en casa ahora!-

-Sí. ¿Y sabes una cosa? ¡A mí también me va a pedir perdón! Por portarse como un bruto… ¿Qué te parece ahora ir a comer algo antes de ir a la cama?- Ofreció.- Mañana iremos a visitar a Chi Chi y a Goten. Pasaremos unos días allá, en las montañas.-

-…bueno.-

Se secó las lágrimas de los ojos y no lo volvió a ver llorar por la ausencia de su padre nunca más. Al principio, se había sentido aliviada de no tener que enfrentarse a un niño descorazonado nuevamente…pero luego comenzó a preocuparse. ¿Cuánto de su padre había realmente heredado? ¿Estaría pudriéndose por dentro en completo silencio?

No. Trunks era un niño feliz. Tenía amigos, una familia de buena gente; siempre había comida en su plato, un techo sobre su cabeza…un abrazo y palabras de apoyo. Además, pensaba, el Trunks del futuro había vivido grandes horrores y, sin embargo, era un buen muchacho; amoroso y compasivo.

Vegeta, por el contrario, había dejado que la miseria de su vida se lo tragara entero. Y lo que es más, aquellos que lo habían visto luchar aseguraban que era un sádico. Disfrutaba no de la emoción del combate, sino el someter a sus enemigos y destruirlos. Adoraba no la técnica, sino la muerte.

-Es un psicópata.- Yamcha farfullaba cada vez que Bulma murmuraba preocupada sobre el paradero del saiyajin.- Con suerte se quedará lejos de este planeta.-

-Se volvió loco…- Krillin suspiraba.

Y Bulma no decía nada. Le dolía el orgullo todavía, el haberlo defendido durante tanto tiempo solo para llegar a un campo de batalla ensangrentado, a segundos de que matara a todos sus amigos.

Pero mientras que los Guerreros Z habían visto a Vegeta en el campo de batalla, ella lo había visto en la intimidad de su cuarto…Lo había visto desnudo frente a ella, su pequeño cuerpo marcado por las cicatrices de sus guerras y sus ojos profundos, negros como el carbón, velados por la pasión. Esas manos capaces de matar de un golpe la habían acariciado con una ternura que ningún hombre le había cedido antes.

Lo había llevado a la cama para experimentar algo salvaje y violento, y acabó topándose con una criatura cuidadosa y delicada. A veces sonreía, recordando lo estafada que se había sentido en aquel momento.

Pero el tiempo la hizo más sabia. Pronto se dio cuenta que había visto algo que, quizás, nadie más había visto antes. No una vez, sino varias, y cada vez parecía más hermoso…tiempos más largos, más tranquilos…Pero, al parecer, algo destinado a ser un secreto…quizás, hasta una ilusión de una mujer enamorada.

Bulma se secó las lágrimas de los ojos y cerró la puerta del cuarto de Trunks. Nunca antes la partida de un hombre la había hecho sentir tan miserable. Amaba a ese salvaje y eso no cambiaría jamás. Y Vegeta aprendería a amar; sabía que, con el tiempo, se pondría en paz con el universo…

Bulma sonrió; y pronto, el desgraciado tendría que ponerse en paz con su familia. La nave tenía combustible para un año, después de todo. Nunca le dijo a Trunks que ese era el único motivo por el que estaba tan segura de que volvería "pronto"… ¿Qué importancia podría tener ese detalle para el niño, después de todo?

Si; era cuestión de días antes de que Vegeta volviera. Y ella había cometido, lo que algunos dirían, una terrible imprudencia, guardándose aquel dato para sí misma. Pero, pensaba, no era una decisión de una niñita enamorada; asegurarse de que Vegeta no fuera recibido por una banda de guerreros hostiles era una inversión a largo plazo. Con Goku muerto y Gohan demostrando una enorme apatía por las artes marciales, necesitaban de otro saiyajin para proteger la tierra de los numerosos asaltos que sufría, estuviera Goku allí o no.

Si; mas allá de sus intereses personales, Bulma solo buscaba el bien de la humanidad. Y eso era cierto, por más que se lo tuviera que repetir una y otra vez en los últimos días para convencerse de que así era…

Y entonces, una noche, ocurrió. Dormitaba en la cama cuando un terrible estruendo estalló en el jardín. Conocía bien ese ruido y sus oídos lo habían estado esperando con ansías durante lo que se sentía una eternidad.

Bulma no corrió a recibirlo. Se forzó a no hacerlo. En lugar de ello, se apresuró hacia el cuarto de Trunks. Para su gran alivio, el niño seguía durmiendo. Desde que había comenzado a entrenar con Piccolo y Goten, se sumía en un coma de 10 horas todas las noches. La Ciudad agradecida…aunque el pobre Piccolo sufriera los estragos de un energético y temerario niño bien descansado demandando su atención durante el día.

Bulma cerró la puerta y se quedó frente a ella. Respiraba con calma, el ceño fruncido, los brazos cruzados; se forzaba a mantener la calma. No iba a chillar, no iba a temblar ni a caerse sobre su trasero. Hiciera lo que hiciera, Vegeta se toparía con una pared de hielo.

Al cabo de unos minutos, escuchó pasos en la distancia. Golpes secos y pausados; cada tres segundos, uno nuevo. Precisión militar…No se imaginaba a Vegeta marchando como un soldado. Había estado leyendo tanto sobre sociedades guerreras para intentar entender….Los saiyajins operaban más como mercenarios medievales que como soldados romanos o vikingos…

Se le apareció la imagen de un gordo enorme, barbudo y armado con un hacha chillándole que abriera las piernas. Se estremeció; estúpidos comics…

Un olor horrible la forzó a despabilarse devuelta hacia la realidad: hedor a encierro, a agua putrefacta y a animal muerto….

Y entonces, apareció él.

Su tamaño la distraía; al tener que bajar un poco la cabeza para mantenerle la mirada, uno podía olvidar que se paraba frente a una criatura capaz de destruir planetas con mínimo esfuerzo. No tenía siquiera robustez para compensar; era esbelto, como un adolescente que recién comenzaba a rascar la quincena de edad.

Bastaba verlo a los ojos, sin embargo, para sacudirse las sensaciones de ternura que solían sacudirla. Aquellas bolas de carbón penetraban la carne como dagas, llegando con su intensidad a lo más profundo de su ser, acorralando todo lo que era para dejarla sintiéndose pequeña y desnuda.

Y esa bestia cruel y violenta se había acurrucado entre sus brazos para dormir con abandono. Bulma sintió un pellizco en la consciencia; ¿acababa de sentir orgullo?

Vegeta se acercaba hacia ella. Sus ropas apenas se aferraban en jirones a su musculoso cuerpo. Bulma sintió una repentina arcada; mucho de lo que había creído vestimenta a simple vista era, en realidad, sangre seca. Algunas heridas eran evidentes…pero en otras partes, la sangre ni siquiera era roja. Pensó en los Namekianos, y su promesa de no mostrar temor a punto estuvo de ser violada….

Vegeta avanzaba con la frente en alto, cada paso una declaración de seguridad y poderío. Como si quisiera dejar en claro hasta a las paredes de que existían solo porque él lo consentía.

-Apestas a muerto.- Bulma disparó con franqueza.-…has…has estado matando gente…-

-Si…- Vegeta admitió., bajando los ojos. Su voz sonaba más suave de lo que recordaba.- No a gente como tú…-

-¿…gente como yo?-

Alzó los ojos.

-El ejército de Freezer ya no existe.-

-Ah…- El alivió que sintió la dejó algo avergonzada. Y culpaba a Krillin y a Gohan por eso; a Goku, incluso. Siempre sermoneando sobre el valor de la compasión y la tristeza de la muerte. Pues había gente mala que merecía morir y por más que no les gustara, así era. Gente como Freezer…Algunos dirían gente como Vegeta…- Vete a dar una ducha, Vegeta, realmente apestas. Y cámbiate esa ropa…-

-Bulma…Yo…- Se quedó callado, luchando con las palabras. Ella esperó, conteniendo el aliento. Su paciencia no valió de nada. Vegeta siguió ahí parado, la boca abierta, los ojos algo desencajados. La miraba con el desconcierto de un cachorro abandonado en las calles.

Bulma se esforzó en ser racional. No podía volver a cometer errores en esto. La actitud de Vegeta podía no estar, necesariamente, impulsada por el remordimiento. Quizás simplemente estaba cansado, , según denunciaban las profundas ojeras bajo sus ojos; si quizás estaba hambriento, famélico como se lo veía….Quizás estaba herido de gravedad y estaba allí, muriéndose parado frente a ella.

-Discúlpate…- Bulma borboteó finalmente, rogando no haber sonado tan desesperada como le pareció.

Vegeta pareció ofendido por la sugerencia y se le quedó mirando…Esas miradas largas, pensativas, que la hacían recordar a un felino al acecho.

-Yo…- Vegeta bajó los ojos.-…lo siento…-

-Te disculparás mañana con Trunks.- Duplicó su apuesta, esforzándose ahora por ahogar su entusiasmo, como antes hiciera con su aprensión. Podía no odiarlo, pero recordaba con demasiada claridad el dolor que había sentido al verlo partir de aquella manera.- Por como lo trataste…Por haberte ido.-

Vegeta asintió. Parecía un niño aceptando un regaño.

-Bien...Ahora está durmiendo. Mañana por la mañana podrán hablar. —

-Bulma…Yo…- Vegeta volvió a intentar...y otra vez fallo miserablemente.- Voy a bañarme…-

-Me parece bien…-

-…-

-…-

Bulma quería irse; necesitaba estallar en llanto y risas en privacidad. Pero no quería abandonar su puesto frente al cuarto de Trunks….por las dudas.

Gracias a Dende, Vegeta pareció darse cuenta finalmente que concluir el incomodo intercambio dependía de él y de su partida. Miró hacia atrás, quizás pensando si habría una ruta alternativa al baño. No la había; tendría que pasar junto a Bulma. Comenzó a avanzar entonces.

Y se detuvo abruptamente a su lado. Sus ojos ya no ardían con aquella intimidante intensidad. Parecían de pronto enormes fosas sin fondo; huecos oscuros que amenazaban con arrastrarla a un mundo repleto de tragedias y horrores. Antes de que pudiera decir algo, Bulma sintió algo pegajoso y áspero en la mejilla: era su mano asesina, ensangrentada todavía, cubierta a medias por tela que ya comenzaba a pudrirse.

Pero Bulma no sintió asco. Se quedó dura, como temiendo espantar a una criatura evasiva y hermosa que se posara de pronto frente a ella. Uno, dos segundos y luego Vegeta bajó la mano. Se quedó ahí parado unos momentos, pensando…Y luego continuó camino. Caminando de esa manera beligerante, los puños cerrados con fuerza…Siempre enrabiado…

-…te extrañé…- Bulma ofreció.- Me alegra que hayas vuelto.-

Vegeta se detuvo pero no se dignó a darse la vuelta.

-…gracias….Yo…Bulma, yo…-

-¿Ay, es que es lo único que sabes decir?- Estalló finalmente.- Me extrañaste, ¿Por qué te es tan difícil decirlo?-

Vegeta se encogió de hombros.

-Tendrás que decirme algo bonito algún día…Estoy cansada de hacerlo por ti.-

-…-

-…no vuelvas a cagarme, Vegeta, ¿me has entendido?-

-…si.-

-Vete al baño entonces. Estas apestando toda la casa. Te llevaré ropa.-

-…gracias, Bulma…-

-No hay de… ¿…te…ha crecido la cola!-

-Si…-

-Vaya…Pues tendrás que mostrarme que puedes hacer con ella en la cama…-

Vegeta se estremeció como si acabara de recibir una patada eléctrica. Se despegó finalmente del piso y camino rápidamente hacia el final del pasillo, su cola, enroscada alrededor de su cintura, esponjada como la de un gato asustado. Bulma sonrió, imaginándose sus ojos desenfocados y el rubor en sus mejillas.

Era solo el comienzo de su venganza. Volvió a su cuarto, pensando ya en los bonitos conjuntos de ropa hawaiana que Vegeta estaría usando el resto de la semana.