Notas de la Autora:

La última vez que actualicé fue hace más de un mes. No mentiré diciendo que he tenido un bloqueo mental, ya que la verdad es que he tenido demasiadas ideas en la cabeza. Ideas que han definido nuevos rumbos en la historia, qué debo admitir no había planificado, y es por ello que he demorado tanto en consolidarla.

De corazón agradezco sus review y MP, todos y cada uno me sirven mucho para mejorar y para dar lo mejor de mí en cada escrito.

Sin más que decir... ¡Espero que lo disfruten!


EL FANTASMA

Todos los días, antes del amanecer llegaba al sendero, cubierto bajo una oscura capa; andaba por el mismo camino siempre. Era la rutina diaria, y, no era que le incomodara, pero con el pasar del tiempo sentía que esa visita furtiva se había vuelto monótona, mecánica. ¿Qué más podría esperar? No es como si algo fuera a cambiar, ¿o tal vez si? Por extraño que parecía, esa madrugada en especial se sentía especialmente sin ánimos, y eso solo implicaba que otra vez, y como en las últimas ocasiones en las cuales se había presentado a aquel lugar… se sumergiría en sus pensamientos.

Pensar no era bueno, lo había decidido hacía unas semanas, porque pensar solo te hacía cavilar posibilidades, circunstancias demasiado irreales, tan absurdas e idealizadas que no hacían más que herir.

- Un día más, ¿eh? – el frío que sintió traspasar su corazón, era una sensación más que conocida, pero no por ello menos gélida.

- Hola – saludo quedamente.

- ¿Hasta cuándo vas a venir? – el hombre pálido frente a él lo observaba con curiosidad.

- ¿Creo que tuvimos esta charla desde la primera vez que pise este sendero, no? – la paciencia, nunca había sido su mejor virtud.

- ¡Vaya! Con qué hoy estamos susceptibles…

En otras circunstancias lo hubiera golpeado, pero no podía y, aunque odiara admitirlo… era tan frustrante. Continuó con su andar, siendo seguido de cerca por el mayor - ¿te amistaste con Anabella? – El bufido de su acompañante logró sonsacarle una sonrisa – con qué no ¿eh?

- ¡Esa bruja es una zorra!

- Benedic…

- Ok, lo siento – el mayor se adelanto solo para girarse y poder mirarlo de frente – en serio… es bastante insoportable.

- Creo que tú la insultaste primero

- ¿Acaso no dije la verdad? Su esposo la odiaba

- Ese no es el punto

- ¡La mató! ¿no es la evidencia a mi conjetura?

- Decirle a una persona, que por estúpida su esposo la mato no es ciertamente un tema para andarlo conversando

- ¡Somos fantasmas! ¿de qué más podríamos hablar?

- No se puede contigo – lo atravesó, sintiendo nuevamente todo su cuerpo congelarse.

- ¡Eso ha sido muy descortés!

- Lo sé… tal vez así entiendas que sintió Anabella – bufó divertido, sin siquiera voltearse a verle.

- ¡Menudo crío!

- Soy solo un par de años menor que tú

- Doscientos cuarenta y cinco, joven Weasley

- Y aquí vamos con el sermón otra vez…

- Debes aprender a respetar a tus mayores… - no presto atención realmente al soliloquio de su amigo, pues al fin pudo divisar el lugar al que se dirigía – en mis tiempos, los jóvenes magos no decían "hola", era un buenos días o buenas noches Sr. McKynley…

Ron aceleró el paso hasta que logró subir la pequeña loma frente a él. Una vez en la cima, paso inspección ocular, rápidamente a todo lo que le rodeaba, él viejo roble estaba en su lugar, el césped había sido recortado y la banca bajo el roble correctamente pintada, todo estaba bien.

- ¿Por qué siempre revisas? – cuestionó Benedic – sabes que nadie más viene

- Nunca se sabe – se encogió de hombros el pelirrojo, al tiempo que se encaminaba a la lápida frente a la banca.

"Aquí yace Harry James Potter Evans, el mejor amigo que el mundo mágico ha conocido"

Sonrió con tristeza, sabía que todos los días leía esa inscripción, pero ello no quitaba que los recuerdos lo embargaran.

- ¿Ella tampoco vendrá hoy? – Benedic se había sentado en la banca y lo observaba preocupado.

- Esta en problemas.

- ¿Qué problemas? ¿Por qué no me dijiste nada? – demandó con reproche

- Legales – se sentó a su lado – le han acusado de muchas cosas y está detenida. Si no te lo he comentado, es porque prefiero no hablar de ello.

- ¿Ah sido él?

- Sí

- ¿Qué vas a hacer?

- Le he pedido a mi hermano Percy que nos ayude, es abogado, la verdad no sé que más hacer.

- Lo siento mucho niño – Ron soltó una carcajada.

- ¿Siempre seré un niño no?

- Ya te lo dije, eres más joven que yo – el pelirrojo asintió. Agradecía mentalmente que Benedic fuera del tipo de personas que no preguntaban tanto y preferían aceptar lo que se les presentara. Tal vez su cautela era su mejor virtud – Cuéntame algo – el fantasma lo sacó de sus cavilaciones.

- ¿Algo cómo qué?

- ¿Cómo se conocieron?

- Te lo he relatado millones de veces

- No han sido tantas

- Pero ya la conoces

- Ciertamente, pero, mi joven amigo, soy un cazador de dragones y las historias es lo mío – le guiño un ojo cómplice.

En realidad había tenido en mente ir a pensar, después de todo, y por alguna extraña razón, sentía que ese era el único lugar del mundo donde tenía verdadera paz. Pero, ¿qué ganaría analizando lo que llevaba en sus pensamientos los últimos días? Hermione misma le había dicho que todo estaría bien, que no tenía que preocuparse más, que debía preocuparse por él, alimentarse bien, continuar con su vida.

¿A quién engañaba? Su mejor amiga estaba en la cárcel, con un juicio a puertas del cual estaba seguro la enviarían a Azkaban – Todo comenzó en un tren… en un vagón…

- ¿Está ocupado? – había estado buscando un espacio vacío en el tren, pero todos parecían estar llenos de futuros compañeros ansiosos por regresar.

- Supongo que no – Harry siempre fue sencillo, nunca con aires de grandeza, siempre con pensamientos positivos.

Desde que me senté en su vagón, las cosas se dieron solas, teníamos tanto en común… su vida no era fácil, pero parecía no quejarse, yo en cambio siempre tendía a sentirme mal por mis hermanos. Ya sabes… ser el último varón, no es especialmente agradable.

- ¿Y qué hay del otro? – maldijo mentalmente a su fantasmagórico amigo; le había dicho muchas veces que no quería hablar de él.

- ¿Hermione? – intento eludir la respuesta.

- ¡No ella, de Zabini!

- No sé de quién hablas

- ¡Vamos chico! No puedes olvidar a tu primer amor; bueno primero y único – Benedic empezó a reír estruendosamente; provocando que el pelirrojo se sintiera indignado.

- ¡Ya basta! – no podía contenerse - ¡no he venido a hablar de ese cabeza hueca! – era más de lo que su corazón podía aguantar.

Malhumorado se puso de pie y sin decir una palabra más, inicio su camino de retorno - ¡Chico, espera! – El fantasma lo seguía de cerca – deberías dejar de huir de tu pasado… - le reprochó con cautela – huir de los recuerdos, solo hará que te consuman más.

- No lo entiendes Benedic – intentar calmarse le estaba costando – no es que huya, es que lo enfrente y decidí sellarlo.

- ¿De qué modo lo enfrentaste? ¡Ni siquiera lo hablaste con él!

- ¡Por Merlín! ¡Fui a buscarlo y él estaba con otro! ¡Qué prueba más quieres! - Ron se había detenido para enfrentar a su interlocutor. Quería golpearlo por haberlo hecho recordar, revivir toda esa mar de sensaciones que se negó a volver a sentir - ¡Él nunca vino a mí! ¡Por qué debería buscarlo yo!

- Porque… él no sabe de tus sentimientos – culminó el cazador – piensa en ello chico; piensa en ello – Benedic, se giró y conforme se alejaba del pelirrojo, iba desapareciendo hasta hacerse uno con el viento.

El gryffindor por su parte volvió a su andar, intentando evitar que las lágrimas que se asomaban por sus pupilas regresaran a su lugar – estúpido Zabini – murmuro antes de desaparecer.


Si un alfiler hubiera caído, Draco estaba seguro que se hubiera fácilmente escuchado; el silencio había invadido toda su casa; mientras él intentaba hilar una excusa coherente o medianamente creíble para Harry, quién lo miraba a cada segundo más furioso.

- ¡Dime! – el moreno empezaba a acercarse peligrosamente y con el papel moviéndolo en el aire - ¡Porque tienes esto, sino recuerdo haberte escrito nada! – desaparecer se le antojaba, pero por más que su cuerpo le gritara que corriera, su mente le recordaba que "Un Malfoy nunca huye" y su corazón le decía que era el momento de la verdad – ¡habla! – el gryffindor se encontraba a unos escasos centímetros de Draco, quién seguía hecho una estatua en su lugar, varita en mano, y con el rostro completamente pálido.

- Yo… - vergonzosamente balbuceo

- ¡Maldición Malfoy, escúpelo de una buena vez!

- ¡Fuimos novios y no lo recuerdas! ¡No sé por qué demonios no puedes recordar! – la sutileza no había sido su fuerte; su padre mismo se enorgullecía de ello; pero tal vez en ese momento, debió haber hecho acopio del poco sentido común que le quedaba, y hubiera llamado a esa oscura parte en su cerebro, para poder, por única vez, decir algo que no sonará hiriente ni desesperado – quiero decir… - Harry había entrado en estado de shock, no decía nada y Draco podría jurar que de no saber que era imposible, el moreno parecía no respirar – es una larga historia… - no se le ocurría algo más sensato que decir.

- Tengo todo el día, Malfoy – la dureza con la que el moreno había hablado, no hacía más que confirmar sus sospechas… Harry lo estaba odiando.

- Será mejor… ir a mi cuarto – el rubio se giró y sin mirar atrás se dirigió a su habitación; sabía que el moreno lo seguía, y con cada paso el temor se acrecentaba en su corazón. ¿Cómo reaccionaría el moreno cuando supiera todo lo que vivieron? ¿Cómo le explicaría que él no se esforzó más? Y aún quedaba el asunto de Riddle… esa víbora…

Una vez se encontraron en su alcoba, Draco tomó su valiosa caja de zapatos y se sentó con ella en la cama – será mejor que te acerques – le indicó al gryffindor, quién aún dubitativo, lo miraba desde el marco de la puerta – tienes que ver algunas cosas – murmuró intentando convencerlo.

Harry caminó lentamente hacia el Slytherin, y aunque con desconfianza, se sentó a su lado.

- Tu y yo solíamos… ser amigos – comenzó el de orbes grises – nos conocimos en una clase de pociones… - relatarle lo que hacía poco acababa de recordar había causado un impacto en su corazón; cada feliz recuerdo de ese instante, se oscurecía ante la mirada de incredulidad del moreno – después de que me ayudaste, te busqué. Quería agradecértelo – agregó intentando obviar la verdad ante esas palabras:

Llegar a clase de transformaciones había resultado tarea sencilla, y para su fortuna se encontró justo en su asiento en el momento que la maestra hacia su aparición - ¿Dónde está Potter? – consultó al pelirrojo al lado de Granger.

- Castigo con Snape… - intento susurrar Weasley

- Ah este paso, tendrá fortuna de pasar el curso – McGonagall soltó un bufido – bien clase, habrán sus libros en la página dos, hoy aprenderemos a cambiar el color de una pluma – Draco se limito a seguir las instrucciones, aunque en su cabeza estaba revoloteando ciertos pensamientos a los que se negaba a prestar atención.

- ¿Por qué tardaste tanto? – Blaise susurro dándole un sutil codazo.

- Riddle… - murmuró con desprecio.

- ¿Otra vez hizo algo?

- No fue nada – se encogió de hombros, intentando desviar la mirada del asiento vacío en donde suponía debía estar Potter.

Diez minutos después un suave golpeteo en la puerta lo alerto – Sr. Potter, pase por favor – alentó la maestra, mirando fijamente hacia la entrada. Decir que estaba un poco disgustada por la intromisión, era mentir; pero parecía ligeramente complacida de que finalmente su clase estuviera completa – buenas noches – el tono desaprobatorio que lanzó contra el recién llegado, no paso inadvertido por este.

- Disculpe profesora – Harry parecía haber salido de una maratón; tenía el cabello hecho un desastre, las gafas ligeramente inclinadas, y había rastro de jabón en su capa – tuve… trabajo extra – dudo al argumentar.

- Tal vez debería transformarlo en un tintero, así me aseguraría que siempre estuviera en el aula – A Draco le pareció que el moreno estaba a punto de soltar una carcajada, pero si lo estuvo o no, nunca lo supo, pues el gryffindor se limito a sentarse – bien clase, continuemos en donde nos quedamos; antes que el Sr. Potter nos honrara con su presencia…

La clase continuo sin mayores inconvenientes; tal vez, claro, estaba ese insignificante hecho en que él se paso casi todo el tiempo observando a cierto moreno de gafas estrafalarias - ¿intentas lanzarle un mal de ojo? – Zabini siempre había sido demasiado perspicaz… estaba seguro que esa era la cualidad por la que había sido elegido en Slytherin - sabes que mirarlo no te servirá de nada ¿verdad?

- No entiendo a que te refieres Blaise – intento concentrarse en la pluma blanca que tenía en su pupitre.

- A ese gryffindor y como lo miras.

- No sé de quién hablas, solo estaba pensando porque mi pluma es blanca y no verde, como quería que fuera.

- Tal vez la forma en la que susurraste el hechizo… - convino el moreno, restándole importancia – y solo para aclarar. Siempre cuentas conmigo, Dragón.

No era como si no agradeciera la sutileza y buena voluntad de su amigo, pero en ese momento sus pensamientos estaban más concentrados en otro detalle: ¿por qué no podía quitarle los ojos de encima a ese gryffindor? ¿Por qué sentía la necesidad de que él lo observara también? ¡Por qué demonios media clase se la había pasado conversando con la comadreja!

Había intentado no seguir viéndolo, había intentado incluso no prestarle atención, ni mucho menos seguir cavilando posibilidades… ¡lo había intentado! Pero después de pensarlo incansablemente, había caído en una afirmación: Gratitud. Esa era la clave de su encrucijada, era por ello que no podía sacarlo de su mente. Su padre siempre le había hablado sobre ser agradecidos, bueno en realidad había dicho "favor con favor se paga" y él no quería deberle nada a nadie. ¡Claro! Eso había sido, por ello lo primero que hizo cuando acabo la clase, fue caminar de frente, tocar su hombro, interrumpir su charla con Granger, dejar boquiabiertos a sus amigos y decir - ¿puedo hablar contigo un minuto?

El moreno lo miró con curiosidad, y soltando una genuina sonrisa, que le pareció la cosa más adorable del mundo, asintió – Los alcanzo luego, chicos – se despidió de sus amigos. Y ambos, sin siquiera mirarse, salieron del recinto y avanzaron hacia un corredor medianamente vacío.

- ¿Y bien Draco? – el moreno parecía bastante divertido con la situación.

- Yo… - ¿cómo empezar? – quería agradecerte por lo de hace rato.

- No pasa nada.

- No… en serio Potter

- Harry – corrigió

- Harry – sonaba raro pronunciar su nombre – es que - ¿dónde demonios se había metido su lengua y toda la labia Malfoy? Respira Draco, toma el control – honestamente considero justo retribuirte por tu gentileza – eso sonaba mejor – y quería hacerte saber, qué si hay algo en lo que pueda ayudarte; no dudes en avisarme – el moreno dejó que una amplia sonrisa se formara en su rostro.

- Seamos amigos Draco – le estiró la mano – y con eso, todo estará saldado.

- ¿Tomaste mi mano? – una versión adulta de ese moreno lo miraba intrigado – ¡no me digas que me rechazaste! – Draco sonrió. El escuchar a Potter más relajado, y notar que la mirada asesina que tenía hace unos instantes empezaba a borrarse, eso definitivamente era oro líquido en su corazón – tu silencio lo dice todo… - murmuró con decepción.

- No te rechacé – murmuró al tiempo que buscaba entre las cosas que tenía en su caja – nos volvimos amigos… aunque Weasley y Granger no me aceptaban. Por ello tuvimos que vernos muchas veces a escondidas.

- ¿Por qué?

- Creían que era como Riddle…

- Pero…

- Déjame que termine de explicarte mi versión ¿de acuerdo? – tomo un viejo pergamino que estaba doblado, lo abrió y se lo entrego a su acompañante – fuimos amigos por muchos meses, hasta que un día me enviaste esto – el moreno tomó el pergamino y lo miró con interés.

Draco,

Explícame porque toda la escuela dice que estas con la perra de Melany Corbet… ¡No me lo contaste!

Pensé que éramos amigos… ¡Qué nos lo contábamos todo!

¡Ya no confío en ti! ¡No quiero ser tu amigo!

Adiós.

Harry Potter

- ¿Yo te escribí esto? – oír su tono de genuina incredulidad le dolía; pero no podía reclamarle, era más que obvio que el moreno realmente no recordaba nada de lo que respectaba a él.

- Estabas celoso – sonrió con tristeza – alguien había corrido el rumor de que yo salía con una Slytherin dos años menor.

- Pero…

- Tú y yo, solo éramos amigos en aquel entonces. Fueron tus celos los que iniciaron todo…

- Harry vamos a hablar – había tenido que ir a buscarlo por todo la escuela para poder dar con ese moreno necio; había tenido que incluso rebajarse a preguntar a diferentes alumnos si lo habían visto. Todo para que el niño bonito estuviera escondido en la torre de astronomía – ¡y me vas a escuchar! – amenazó en cuanto vio las claras intenciones del moreno sobre querer salir huyendo.

- No tengo nada que decirte.

- ¡Yo sí! – no era el momento de flaquear – ¡Yo no estoy con nadie y no lo voy a estar, porque la única persona que me interesa esta frente a mí en este instante y es tan necio y terco que no es capaz de darse cuenta de todo lo que hago por él! – el moreno se quedó estático, a penas y parecía respirar – tu me gustas – murmuro algo avergonzado el Slytherin – y es en serio – se acercó lentamente hacia su amigo; intentando no asustarlo – y no quiero que dejes de estar cerca de mí – rozó su mano lentamente – no quiero que dejes de ser mi amigo – acerco lentamente su rostro al del moreno.

- Draco…yo…

- No tienes que decir nada león – el roce de labios, tan casto, tan puro… fue suave, sutil… - me gustas – volvió a susurrar al tiempo que besaba sus mejillas – no me dejes Harry – murmuro abrazándolo.

- No lo haré…

Harry miraba al piso claramente avergonzado y contrariado – ese día empezamos a estar juntos… - continuó Malfoy procurando sonar tranquilo – de ahí pasaron muchas cosas… que tampoco debes recordar… - no estaba seguro de querer contarle los detalles de todo, ¿acaso Potter entendería? Seguir viendo como sus recuerdos felices se oscurecían ante el rostro de incredulidad del moreno, no lo hacía sentir bien.

- ¿Cuánto tiempo estuvimos juntos? – el moreno lo miraba expectante.

- Seis años – respondió quedo

- ¿Por qué no lo recuerdo? – la angustia y la desesperación estaban clavadas en las orbes verdes - ¿qué me pasó?

- No lo sé – la respuesta dolía más que la confirmación.

- ¿Fue Riddle? – la pregunta fue directa - ¡Dime! – demandó clavando ambas manos en el pecho del rubio. Sus dedos se cerraban en puños contra la tela de sus vestiduras - ¡Draco, dime! – el mencionado cerró los ojos, y asintió.

- No sé cómo, ni porque lo hizo; tampoco sé cuándo empezó todo… solo sé que el día que te encontré en ese puente y te traje a mi casa, supe que no eras el Harry que había conocido – abrió los ojos para encontrarse con unas orbes verdes llenas de agua – lo siento, yo… no sabía que te había hecho algo.

- ¿Por qué no me buscaste? ¿fue por esta carta? – la pregunta que más temía había llegado. Intento evitar su mirada, pero esas esmeraldas lo buscaban; intento hacer que lo soltara, pero la firmeza con la que el gryffindor lo sostenía era superior.

- Porque… soy un cobarde – la respuesta había sido obvia para él desde el momento que había descubierto la amnesia del moreno; esa palabra siempre avasallante, surcaba sus pensamientos – yo pensé idiotamente que después de lo mucho que me insistías en terminar, esa había sido la definitiva. No te busqué porque estaba cansado de pedirte que pensaras nuevamente las cosas… no te busqué porque fui lo suficientemente idiota para no superar mi miedo al rechazo de nuevo…

- ¿De nuevo? ¿Cuántas veces termine contigo?

- Unas pocas… siempre tuviste miedo al abandono, creías que te dejaría como tus tíos… no estabas seguro de querer estar conmigo y aferrarte al extremo de que no pudieras dejarme ir y yo te dejará con el corazón roto.

- Pero…

- No te culpo, supongo que no fui lo suficientemente claro con mis sentimientos.

El silencio volvió a caer sobre ellos, consumiendo sus sentidos; siendo roto solo por sus agitadas respiraciones. El moreno parecía como si acabara de morir, pálido, quieto, con la mirada perdida en algún punto en el rostro del rubio. Draco por su parte estaba inerte… acaba de revelar parte de una dolorosa verdad – lo de Parkinson, fue mentira ¿verdad? – el Slytherin asintió, sintiéndose más estúpido de lo que todo ese día se había sentido – Pero… en mi debut, él no te dijo nada… es decir Riddle…

- Han pasado años desde nuestra época de escuela, ya no somos tan estúpidos Harry, somos hombres de negocios, y pocos saben sobre nuestra relación en la escuela. Solo son fachadas, y son comunes en nuestro entorno. El que sea agradable no quiere decir que me agrade.

- Sí conocías a Pansy…

- Lo que te dije sobre su familia es verdad, nos hemos visto poco. Pero en lo que respecta a mis sentimientos… eso sí fue mentira.

- Entonces… me ayudaste ¿por qué?

- Pese a todo, siempre he querido tu felicidad.

- ¿Zabini sabía lo nuestro?

- ¿En la escuela?

- Sí

- Lo supo, sí, aunque siempre te negaste a divulgarlo. Fue un accidente…

- ¿Cómo lo descubrió?

- Creo… que sería mejor que no te lo dijera – un repentino recuerdo lo asalto, provocando que sonriera.

- ¿Qué te causa gracia? – el moreno soltó al rubio y se sentó derecho al tiempo que lo escrudiñaba con la mirada – cuéntame cómo es que Blaise se enteró.

- No te va a gustar – intento disuadirlo.

- Tengo derecho a saber – Draco lo miró directamente y asintió, después de todo el moreno no estaba equivocado, tenía derecho.

- Nos encontró en mi cama… - murmuró con delicadeza. Harry tardó solo un segundo en darse cuenta a que se refería. En seguida se sonrojo y avergonzado desvío la mirada.

- Tu y yo… - balbuceaba

- Teníamos trece…

- ¡Por las barbas de Merlín!

- Harry, escucha

- ¡Teníamos trece! – el moreno se llevo ambas manos al rostro - ¡trece!

- ¡Harry cálmate! – Draco lo tomo por los hombros y lo obligo a mirarlo – sí, teníamos trece, sí, fuimos precoces, pero nunca nos arrepentimos de lo que sucedió y como sucedió – no sabía porque, pero el observar esas inocentes esmeraldas devolverle la mirada, lo enterneció al punto de atraer el cuerpo del moreno contra su pecho y cobijarlo entre sus brazos – nos quisimos mucho Potter… tuvimos muy buenos años de escuela.

Cierto era lo que acababa de admitir, esa había sido tal vez la mejor época de su vida, un tiempo en el que había sido libre de amar, en el que a pesar de la resistencia del moreno, había podido besarlo y tocarlo a sus anchas. Había podido dejarse llevar por ese sentimiento que luego lo destruyo, pero del cual no se podía arrepentir – Draco – el susurro contra su pecho lo sacó de sus pensamientos - ¿me dejaste de querer? – no podía responder con total sinceridad, le asustaba siquiera pensarlo. Cavilar posibilidades sobre ello no había sido parte de su plan. Él tenía las cosas muy claras, tal vez más de lo que se podría imaginar.

- Me rompiste el corazón Harry – murmuró sintiéndose avergonzado – yo… decidí dejar de sentir… supongo… supongo que no puedo responder a esa pregunta… es complicado.

- Bastaría con un sí o un no – el moreno levanto la mirada y se coloco frente al rubio – quiero saber – Draco tragó seco, Harry se estaba acercando lentamente, con los labios entre abiertos y los ojos cerrándose a cada segundo – dime… - su aliento rozaba sus labios; sus mejillas sonrojadas lo estaban incitando.

- ¡No puedo! - ¡Demonios! No debía de haberlo empujado de ese modo, no debía de haber saltado así, no debía de haber camino tan rápidamente hacia la salida, y no debía haberse quedado parado cual estatua cavilando la posibilidad de salir de la habitación – no puedo Harry… tu amas a Riddle, independientemente si me olvidaste o no, tus sentimientos ya no son los mismos por mí – giro levemente el rostro para encontrar a un moreno que lo miraba casi aterrado desde su cama – yo no puedo amar a alguien que no me corresponde.

El gryffindor asintió, se levanto mecánicamente y sin verlo paso por su lado en dirección a su habitación – voy a ser honesto Draco – dijo antes de cruzar el umbral de su puerta – hace algunos minutos pensé que todo lo que me estabas contando era una mentira, que tal vez solo querías acostarte conmigo, o vengarte por que cambie los planes… no lo sé – el rubio no esperaba el tono brusco con el que hablaba el moreno – hay muchas cosas que debo descubrir aún… como porque Ron y Hermione nunca me hablaron de ti – se giró para verlo de frente – no sé qué demonios me hizo Riddle – casi escupió cada letra de ese apellido – pero te puedo asegurar, que ahora sí te creo – los ojos verdes se cruzaron con los grises – tienes razón… no recuerdo ese sentimiento que te profese en la escuela… ni siquiera logró recordar lo que me has contado que vivimos… pero algo es seguro – volvió a girarse, dándole por completo la espalda – si me gustas… no por lo que me has dicho, sino por cada acción que has tenido para conmigo desde que te volví a conocer en ese puente. Preparare tu almuerzo más tarde… estaré en mi habitación – el rubio no tuvo tiempo de reaccionar, pues Harry ya se había metido a su cuarto y había cerrado la puerta.

- Demonios – murmuró para sí.


- Sinceramente no le encuentro la noticia positiva al asunto – su malhumor empeoraba con cada palabra de su acompañante.

- Él está bien, ¿eso no te complace?

- Creo que no nos estamos entendiendo – bufó indignado – Theo, ella está en la cárcel, ¿en serio crees que él está bien con esto?

- Tú me pediste que lo vigilara, que me asegurará que él estaba a salvo y eso es lo que he hecho, ¿en qué parte de mi informe no fui lo suficientemente claro?

Corto la carne frente a él con delicadeza, realmente quería asesinar a su compañero. Theo podía tener la sensibilidad de un Colacuerno Húngaro a veces. Bufó indignado al notar que la carne que le habían traído no tenía buen aspecto – cruda – murmuró enojado.

- La pediste ligeramente cocida – comentó el otro, sin dejar de observarlo.

- Al dente – realmente Nott lograba enfurecerlo.

- Supongo que quieres que la saque – se aventuro a especular – no es difícil, pero tampoco sencillo.

- ¿El problema es el dinero?

- Tendré que romper algunas manos – tomó el vino tinto en frente de él y lo sorbió con parsimonia.

- Draco no tendrá problemas en dármelo.

- Si no te mata antes…

- No lo hará

- Zabini, haz estado gastando una fortuna en cuidar a Weasley, y no hablo solo de ahora. En cuanto Draco se entere que llevas años siguiéndolo sin siquiera haberle comentado nada de Potter, créeme, te asesinará.

- Él me hizo prometer que no lo convencería de buscarlo, que no le mencionara siquiera su nombre.

- ¿Y el de Weasley qué? - Zabini apretó el tenedor entre sus dedos – te dije que se saldría de tus manos.

- Él lo entenderá…

- ¿Antes o después de lanzarte un Avada? – el apetito se le había acabado. Tomo un poco de su propio vino y una vez devolvió la copa a su lugar, lo miró con seriedad.

- Theo, dejémonos de juegos… ¿qué posibilidades hay de sacar a Granger?

- Mis informantes me indican que planean pasarla a Azkaban la próxima semana, así que si planeas que actué, es ahora, en el mejor de los casos tenemos cinco días, pero basados en la velocidad con la que trabaja Riddle, te aconsejaría que en tres días la tengamos fuera.

- ¿Cuánto necesitarías?

- Dos mil galeones por ahora… el resto te lo pediré al tenerla fuera.

- Tus honorarios son altos – lo miró divertido.

- Bien sabes que nunca te cobro nada – Zabini sonrío - ¿qué vas a ser cuando este fuera?

- ¿Hacer?

- Si quieres tenerla a salvo por Weasley, vas a tener que esconderla, de lo contrario volverán a llevársela, Riddle tiene métodos muy sucios para convencer a los jueces.

Chasqueó la lengua con brusquedad. Nott tenía razón, si quería mantener a Weasley tranquilo y feliz, debía cuidar de Granger también. No es como si la muchacha le desagradara, siempre le había tenido un afecto especial por ser quién cuidaba de Ron y lo apoyaba en todo, debía de admitir que a veces lo apoyaba demasiado. Si no supiera que Weasley era gay, incluso hubiera podido sentirse celoso, pero no, la amistad de ese par era completamente pura, aunque de Potter si en algún momento tuvo que cuidarse… bueno al menos él lo había creído así - ¿qué opciones tenemos?

- Esconderla, cambiarle de identidad o programa de protección a testigos – enumeró el Slytherin.

- ¿Si ella es la acusada como piensas meterla en el programa de protección a testigos?

- El dinero lo puede todo… y sino… tengo otro métodos – la fría mirada de Nott congelo la sangre de Zabini; debía recordar no tenerlo nunca de enermigo – en mi opinión te convendría más esconderla –convino su amigo.

- ¿No sería más arriesgado?

- Del riesgo me encargo yo – respondió solemne – la idea es que tanto Weasley como Granger sean consientes que tú los estas ayudando, ¿no necesitas acaso puntos con él?

- Ni siquiera sé si me mirará – observó por la ventana como magos y brujas caminaban con prisa en diversas direcciones. Era curioso darse cuenta cuan insignificante era esa conversación para el resto del mundo mágico - ¿Crees que me note?

- Creo que es consciente de tu existencia.

- En la escuela nunca pareció saber que yo estaba allí – murmuró decepcionado.

- Nada pierdes con intentar, entonces.

- ¿Y si no gano nada?

- No habrá cambio, será como siempre… ¿en serio te preocupa tanto? No tienes nada que perder o ganar – para su mala fortuna el moreno tenía toda la razón, él no tenía nada con Weasley, ni siquiera una esperanza.

- Hazlo entonces.


Notas de la Autora:

Debo confesar que inicialmente la conversación de Draco y Harry iba a ser muy diferente, pero conforme la escribí y la releí un par de veces, me di cuenta que no, ellos no eran así. Así que decidí darle un poco de sabor a la cosa, y espero de verdad lo hallan disfrutado.

Ahora quiero contarles algo que ya he venido anunciando pero que me gustaría compartirles a quiénes aún no saben; he creado un foro "El Mundo del Drarry" y como su nombre dice esta orientado al drarry, pero también a todo el slash del canon.

De verdad espero que se den una vuelta, se animen a participar, ¡no se van a arrepentir!

Un fuerte abrazo, ¡y que la magia más pura gobierne sus vidas!

DulceMinina