Un extraño sarpullido en el cuello motiva a que Phan llame a Apolo en mitad de la noche para solucionar su problema, y una de las excursiones de Huitzi no solo deja a Phan caminando entre nubes, sino que revela un peligroso signo. Thanatos por su parte recibe un buen tirón de orejas en su trabajo.


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon. O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!

Sobre todo lo del helicóptero. ._.


Capítulo 6: Comezón

Giudecca. Habitaciones de Phantasos.

21 de julio. Esa noche. 21:56 horas.

Digan lo que quieran de Phantasos, pero ese día estaba decidida a irse a la cama temprano. Quizás las emociones de las últimas semanas (y sobre todo las de la tarde), sumado al resfrío que intuía que se le venía encima, la tenían bastante cansada y no estaba dispuesta a llevarle la contra a su cuerpo cuando éste lo único que quería era dormirse y quizás caer en coma. Acababa de colgarle el teléfono a Huitzi, con quien había pasado la última media hora conversando, tal y como si no lo hubiera visto en días. ¡Bah! ¿Qué rayos pasaba con ella? Prácticamente había pasado toda la tarde con el dios mexica y aun así sentía que todavía tenía cosas de qué hablar con él.

¡Es que se le hacía fácil! La conversación nunca era incómoda ni forzada, como a veces le pasaba con Apolo. Conste, como que le estaba agarrando cariño al pobre diablo, pero a diferencia de Huitzilopochtli, no tenía la necesidad de hablar con él a cada momento. Suspiró y bajó los hombros: como que pronto tendría que sentarse a conversar consigo misma y aclarar sus sentimientos antes de poder dejar las cosas claras con estas deidades que de pronto habían comenzado a perseguirla.

Sonrió al tiempo que se sonrojaba. Igual se sentía lindo saberse el centro de atención de una persona. Nunca le había pasado antes… cierto, había tenido un par de amoríos por ahí, pero siempre había sido ella quien iniciase todo contacto, y nunca había durado mucho. Quizás por no saber interpretar bien las señales, su corazón había resultado herido.

No quería que eso le volviera a pasar, no soportaría otra decepción… o que la consideraran un premio. Frunció el ceño… sabía que eso era una posibilidad, razón por la cual trataba de ser todo lo escéptica que podía. Pero ni aun con todas las precauciones que estaba tomando podía evitar sentirse como colegiala inexperta.

Abrió la puerta del baño y encendió la luz. Tenía el pelo atado en una trenza y se rascó el cuello, tentada de usar sus uñas. Sin cerrar la puerta, se acercó al lavamanos para iniciar su ritual previo antes de irse a dormir. Se lavó los dientes, se lavó la cara y se la secó, se echó un poco de crema, incluso un poco de perfume (una tiene que dormir con estilo). Se tomó un paracetamol por si acaso (tenía que comprar más, ese había sido el último), y casi sin darse cuenta, se rascó la base del cuello y la clavícula.

De nuevo.

¡Opa!… Eso era diferente. Hasta ese momento solo le había picado el cuello y quizás la nuca. ¿En qué momento la comezón había comenzado a bajar tanto? Se sopló el flequillo y se acercó al espejo, como buscando el origen de tanta incomodidad: justo en el cuello tenía un sarpullido muy leve, por lo que se felicitó mentalmente no haber usado sus uñas para rascarse. La piel en la base del cuello estaba bastante enrojecida. Esto no era a un solo lado, sino en ambos y Phantasos descubrió que si se topaba con los dedos, comenzaba a picar casi en seguida. ¡Argh! ¡Qué linda noche iba a pasar así! Molesta, infló los cachetes y se cruzó de brazos, dando una patadita berrinchuda en el suelo. Casi por encima del hombro fijó su mirada fuera del baño, en su mesita de noche, en donde su celular yacía con inocencia, mientras se cargaba la batería.

"Seguro que está despierto."

Sin pensarlo mucho fue por su celular y volvió al baño, fijándose en el área afectada mientras marcaba el número de Apolo. ¡Que de algo sirviera tener un conocido médico! El dios no se tardó nada en contestar.

"¡Phantasos!" La saludó con alegría.

"Noches Febo. ¿Estás muy ocupado?"

"¿Noche? Siempre seré tu sol, lo sabes." Respondió con picardía. Phantasos rodó los ojos.

"Ya te tomaste el codo. ¡Ponte serio!"

"Por ti siempre me tomo el codo. Uno tiene que aprovechar." Apolo sonaba de bastante buen humor y no parecía molesto con la interrupción de lo que fuese que estuviera haciendo. "¿Ya me echas de menos? Nos vimos esta tarde… ¿O acaso…?"

"No, solo aprovecho que eres médico." Se burló Phantasos.

"Oooooooh." El dios fingió decepción. "Solo me buscas por mis talentos y mi cuerpo."

"Naaaah, Sabes que estás guapo, no sé ni para qué te lo cuestionas." Le dijo Phantasos con calma. "Pero sí, te busco por tus talentos médicos y porque no tengo google a mano."

"¿Solo por mis talentos médicos? Ufff, no sabes lo que te pierdes." Apolo pareció acomodarse al otro lado de la línea. "Dime preciosa, ¿Qué adoleces?"

"… Tengo una molesta comezón en el cuello y la piel algo irritada." Explicó Phantasos, mientras analizaba el área afectada en el espejo. "¿No le echaste drogas a lo que me diste esta mañana, verdad?"

"No… que recuerde. Pero puede tener relación con los resultados de tus exámenes."

Esa tarde la visita de Apolo no había sido enteramente social. Esa mañana la diosa había sido sometida a nuevos estudios, cuyos resultados habían salido algo alterados. Había sido un análisis bastante específico que había arrojado resultados bastante interesantes… entre ellos que el sistema inmune de Phantasos comenzaba a pelear contra algún patógeno que, por la naturaleza de ese examen en particular, no se identificó de cuál se trataba. Apolo había ido con esa noticia y a tomarle nuevas muestras para saber exactamente a qué se estaban enfrentando: la teoría de que Phantasos estaba resfriada se había confirmado de ese modo.

"Ah eso. Pero es un resfrío, tú mismo lo dijiste."

"No, dije que tu sistema inmune está berrinchudo por algo que podría ser un resfrío."

"¿Por eso me tomaste nuevas muestras en la tarde?"

"¡Claro! Para saber qué cosa tienes." Apolo pareció asumir alguna pose algo más profesional. "Si quieres puedo ir a rascarte." Añadió con picardía, solo para hacerla reír, cosa que consiguió. "¿Tienes fiebre?"

"Todavía no has desbloqueado ese logro, Febo." Dijo Phantasos aún entre risitas. "No quiero rascarme, va a ser peor… ¿algún truco milenario que quieras compartir conmigo para bajarme la comezón?"

"Dime si tienes fiebre primero."

"No… me tomé la temperatura hace un rato, estaba en 36.1°C… ¡No tengo nada!"

"Hmm. Vigila eso, toma mucha agua y… sabes que puedo ir a rascarte todo lo que quieras y aliviar la tensión con un masaje que te hará llegar a la gloria. A la hora que quieras."

"Apolo, hablo en serio. Dime que puedo hacer: no me hace gracia irme a dormir con esta comezón." Rezongó Phantasos. "¡O le pregunto a Huitzi!" Esto pareció aterrizar a Apolo de su nube.

"Remoja una toalla en agua fría, estrújala bien y ponla en el área afectada." Apolo entrecerró los ojos. De pronto se puso muy serio. "Mencionaste que llevas unos días con la sensación de que te vas a resfriar. ¿Cuántos días llevas así? ¿Te has estado sintiendo bien, amor?"

"¿Yo tu amors? No exageres Apolo. Y no sé… llevo unos días, pero no sabría decirte cuántos."

"Buuu… necesito que estés atenta a eso, amor." Se lamentó el dios. "¿Estás cerca de un espejo?"

"Sí, ¿por?"

"Abre la boca y busca manchitas blancas."

"¿Qué cosa?"

"¡Que busques manchitas blancas!"

Phantasos hizo lo que se le indicaba y se acercó más al espejo, abriendo la boca todo lo que pudo y buscando las benditas manchitas que Apolo necesitaba. Se revisó las mejillas, levantó la lengua, la sacó todo lo que pudo… pero no encontró nada. Aunque bueno… puede que la única manchita blanca que tenía al fondo de la cavidad bucal, justo detrás de una encía, la haya pasado por alto por no ser capaz de verla con claridad o de distinguirla bien.

Recuerden, Phantasos no ve colores y en un mar de grises aquella manchita pasó desapercibida. En su defensa, la miserable era ínfima y su ubicación dificultaba su detección. Hasta un galeno habría tenido problemas en encontrarla.

"No, no hay nada."

"¿Seguro?"

"Toda mi boca se ve igual. No veo manchitas blancas." Rezongó Phantasos. "Aunque si consideras que no veo colores…"

"Hmpf. Pequeño detalle." Dijo Apolo algo decepcionado. "Tendré que revisarte yo mismo parece. ¿Seguro que no ves ninguna?" Añadió amurrado.

"No, no veo nada extraño." Phantasos suspiró. "No te amurres, seguro no es nada y en verdad aprecio esto. ¡Sabes que te quiero!" Le dijo Phantasos con el delicado cariño de quien friendzonea sin darse cuenta. "Seguro es otro resfrío más, nada de qué preocuparse." La diosa entrecerró los ojos con gravedad. "El tío Thanatos está con una bronquitis horrible… Seguro él me contagió. ¿Tenías que maldecirlo de ese modo?" Gruñó de mal humor. Apolo tragó saliva.

"Solo diré que se lo buscó."

"¡Pobrecito! Entiendo que el tío irrita los nervios de cualquiera y se pone bien pesado cuando quiere, pero lo hace porque se preocupa. ¿Podrías levantarle la maldición?"

"Hmpf." Rezongó Apolo de mal humor. El dios bufó impaciente. "Solo porque tú me lo pides." Gruñó antes de sacudirse el mal humor. "Iré mañana a verte. Tú ponte la toalla un rato y debería aliviar la comezón. Quisiera que tomaras bastante líquido y si te acuerdas, vigila si te da fiebre. ¿Algo más, luz de mi corazón?"

"Nou. Eso sí, ven mañana bien tarde: en la mañana despido a mi mami (se va a Tahití con mis tías) y luego salgo con Huitzi."

Hablando de baldes de agua fría…

"¿A dónde van?" Preguntó únicamente por no pasar como grosero.

"Huitzi prometió presentarme unos volcanes en Sudamérica. El otro día me presentó al Popocatépetl: es un encanto de volcán, muy enamorado de su princesa… una lástima que esté inactiva (no me hagas pronunciar su nombre, le digo Itzi)." Comentó muy entusiasma. "Me va a presentar a otros."

"¿Volcanes? Bah." Bufó Apolo, para nada sorprendido. "Son deidades menores, impredecibles, destructivas, totalmente incivilizadas y mal genio." Sentenció con desprecio. "No me caen bien: se creen la gran cosa solo porque son volcanes. ¡Tropa de brutos sin modales!"

Por alguna razón, lejos de ofenderse por el comentario, a Phantasos le enterneció el comentario de Apolo, dios del sol. Bien se le podría achacar al prejuicio: después de todo, los volcanes eran muy incomprendidos y al mismo tiempo, no socializaban mucho fuera de sus estrictas sociedades. Hefestos decía que eran seres muy amables, pero que sufrían mucho y que entre ellos eran particularmente crueles. Apolo, en el fondo de su corazón (pero bien en el fondo), les guardaba algo de admiración, y Phantasos lo intuía… después de todo, el dios tenía sueños recurrentes con volcanes.

Lo había visto en su ficha.

"¿Entonces agua fría?" Le preguntó desviando el tema.

"Sí, te lo dejas unos momentos y ya. Eso sí, no te enfríes innecesariamente." El dios pareció sonreír con travesura al otro lado de la línea. "El ofrecimiento del masajito sigue en pie."

"En tus sueños, Febo." Le dijo divertida. "Gracias, Apolo. ¡Adiosito!"

Phantasos esperó la despedida de Apolo antes de apagar el teléfono. Buscó una toalla de mano y siguió las indicaciones recomendadas. El truco pareció surtir efecto, pues la comezón bajó. Bueno, no era tan grave, sino bastante manejable, pero sí se alivió un montón. Cuando estuvo satisfecha, salió del baño y de un salto se acomodó en su cama. Antes de dejar el teléfono a un lado, abrió WhatsApp y le mandó un mensaje a Huitzi.

"Buenas noches, Colibrí. Ahora me voy a dormir." Le escribió, a sabiendas que para Huitzi aún quedaba mucho día por delante. Dejó el celular en su mesita de noche, conectó el cargador y se acurrucó en la cama.

Segundos después sonó la alerta que anunciaba un nuevo mensaje. Phantasos dio un salto para verlo. Era de Huitzilopochtli.

"¡Duerme lindo Sueñito! Nos vemos mañana."

Phantasos sonrió enternecida. Dejó el celular sobre la mesita y tras suspirar contenta, volvió a recostarse.


Volcán Villarrica. Chile.

Día siguiente. 22 de julio. 9:12 hora local.

Esto de los cambios de hora la iban a terminar confundiendo, pero en cierta manera era una estupenda manera de aprovechar el día. Aunque desde ya intuía que el cansancio que tendría cuando llegara a casa, sería siniestro. Phantasos se sentía muy contenta, pero muy decaída al mismo tiempo. Miró la hora… en Grecia eran las 15:12 horas… ¿Allí?, el día apenas comenzaba… ¡Y qué bueno que había venido abrigada! Pues hacía un frío de esos que calan los huesos. ¡Detestaba tener frío!

¡Menos mal que estaba en un volcán! Ruka Pillañ, el pillán local, la miró condolido, al tiempo que Huitzi la abrigaba con un poncho que su anfitrión le había facilitado. Le vino bastante bien, pues se sentía muy cansada. Había estado con fiebre durante la noche, lo que no la había dejado descansar bien; y esa mañana, cuando se despidió de su mamá, Pasitea le pidió que no se expusiera al fresco si podía evitarlo. Pero ahora estaba bien… o eso creía.

"Van a traer un brasero en un ratito, así que aguante un poco." Le dijo el volcán… quien por cierto, estaba abrigado como si estuviera en el polo. "Huitzilopochtli no me dijo que también eres friolenta."

"Quizás porque no le había dicho." Sonrió Phantasos, agradeciendo el poncho. "¿Cómo es que un volcán es friolento?"

"Los espíritus de los volcanes no son buenos tolerando bajas temperaturas. ¡Para nada! Son unos llorones. ¡Con 60º C tiritan de frío como si estuvieran en el polo!" Se rió Huitzi, abrazando a Phantasos. "¿Por qué crees que apenas se alejan de sus montañas? En todo caso, unos los llevan con más dignidad que otros."

"Pelé por ejemplo: ella siempre está impecable." Comentó Ruka Pillañ, mientras se encogía de hombros. "Uno tiene que cuidarse." Sonrió de buen humor, antes de pasarle un tazón con leche chocolatada a Phantasos. "Para el frío."

"¡Gracias!"

"¿Para mi no?"

"Hay más en el mesón allá. Uno tiene que cuidar a las chicas." El pillán le dijo con tono muy burlón. "Además en tu cosmogonía tienen cacao de sobra."

"Se lo come todo Quetzalcóatl, así que no nos deja nada." Reclamó el dios mexica. "Olvidaba que ustedes los dioses volcanes cuidan mucho a las chicas. Más o menos."

"Menos mal que ustedes son inmunes a la diabetes." El pillán suspiró. "Y no digas que cuidamos a las mujeres en voz alta: puede que salga alguna ofendida diciendo que no necesita que nadie la cuide." Ruka Pillañ meneó la cabeza. "Uno lo hace de puro buena persona no más."

Ruka Pillañ guió a sus visitas hacia el borde de su cráter. Los dioses volcanes eran deidades menores, cuya importancia se restringía a áreas de influencia muy limitadas (el área afectada por sus erupciones, por ejemplo), pero de un poder tan destructivo que asustaba al más templado y ningún dios mayor en su sano juicio osaba provocarlos sin una buena razón. Eran deidades duales por decirlo de algún modo, tenían dos cuerpos: uno era el volcán mismo, y el otro más normal y antropomorfo, por decirlo de algún modo, como la que guiaba a Huitzi y a Phantasos hacia el borde del cráter.

Eran deidades incomprendidas, siempre de carácter explosivo, de un horrible mal genio e impacientes como nada en el planeta. Eran solitarios, de modos rústicos y no solían mezclarse con otros inmortales, excepto muy raras ocasiones. Mucho era el prejuicio que los rodeaba y rara vez era positivo. Todos tenían personalidades muy diferentes, no siempre buenas (algunos eran malvados, como el cercano volcán Llaima), pero era cosa de sentarse un rato a conversar con ellos para descubrir que los prejuicios distaban mucho de la realidad. Algunos eran muy educados, otros no tanto, pero no eran las criaturas barbáricas carentes de sentimientos que la mayoría creía. Eran ingenuos a veces, buenos anfitriones (incluso los malvados) y muy buenos conversadores cuando estaban inspirados. Los volcanes eran pura pasión y estaban todos algo… desanimados.

Tal cosa no había pasado desapercibida para Phantasos, quien de hecho le había hecho el comentario a Huitzi. El Colibrí del Sur, con triste calma, le había explicado que esa tristeza de los volcanes se debía a que casi no quedaban mujeres de su especie, excepto un reducido puñado que se mantenía aislado en sus propias montañas. Una enorme y dolorosa mayoría había muerto en circunstancias anormales. Habían sufrido ataques alevosos de parte de sus depredadores de los que no se lograron defender.

Sí, los volcanes tenían depredadores. O más bien asesinos en serie. Unas criaturas horribles y astutas a las que les temían bastante.

Huitzi le había dado más información al respecto, mucha de la cuál había entristecido bastante a Phantasos, contribuyendo así a que la diosa no hiciera preguntas que pudieran incomodar a Ruka Pillañ, quien por cierto, era un volcán de muy buena disposición. Por fin llegaron al borde del cráter a ver no solo el lago de lava ardiente que había abajo, sino el espectáculo por el cuál habían viajado tan al sur del mundo. La corte de espíritus que acompañaba al Ruka Pillañ podía distinguirse en distintos puntos del cráter, y todos parecían estar a la espera de algo.

"¿Qué se supone que esperamos?"

"Ya lo verás, Sueñito." Le dijo Huitzi guiñándole el ojo. "

"¡Este metiche que viene a armar problemas! Lleva toda la semana preguntándome si te podía traer a ver esto." Se burló Ruka Pillañ. "Tsst. Creí que te iba a proponer lo del salto de tanto que hincha… digo, de tanto que molesta."

"¿Salto?" Preguntó Phantasos curiosa. La diosa le dio un coqueto codazo a Huitzi. "¿De donde sacas tanto entusiasmo? ¿Saltar de donde?"

"Jejejeje."

"¡Ah, el amors!" Suspiró Ruka Pillañ. El volcán les miró con picardía. "¿Hace cuánto pololean?"

"¿Pololear? ¿A qué te refieres con eso?"

"Err… no estamos pololeando." Se apresuró en decir Huitzilopochtli. Ruka Pillañ sonrió travieso.

"Hay una especie de abejorro aquí más al norte, llamado pololo, que insiste en rondar flores y persigue bellas mujeres." Explicó con calma. "Así que a las parejas que se cortejan dicen que están pololeando." El volcán ladeó la cabeza. "Hubiera jurado que ustedes eran pareja."

"No, claro que no." Dijo Phantasos con toda seguridad, aunque la noción la puso pálida, y por alguna razón el corazón comenzó a darle mazazos en el pecho.

Y por cierto, Huitzi agradeció que Phantasos no pudiera ver a colores, pues se puso de una bonita tonalidad roja en las mejillas que contrastó horrores con su azul normal. Ruka Pillañ se largó a reír, aunque su risa se silenció cuando el sonido de un rotor comenzó a hacerse cada vez más audible. La corte de espíritus del volcán se entusiasmó y se puso de pie, como esperando algo.

"Ah. Llegaron." Ruka Pillañ le dio un codazo a Phantasos. "Huitzi quiere saber si eres capaz de hacer eso. Conociéndolo capaz que quiera saltar contigo. ¿Sabías que los picaflores son muy territoriales y les gusta lucir las plumas?"

Huitzi le dio un zape al volcán, pero Phantasos solo se limitó a reír. Se fijó en el helicóptero, curiosa de verlo allí. Era un aparato civil, no de investigación o militar, pero no se veía frágil, sino bastante firme, para ser un montón de metal volador. Sobrevoló el cráter un par de veces hasta que fijó su posición.

"¿Ese aparato puede estar ahí?"

"Tengo un trato con esos tipos. Cuando vienen, no les lanzo lava ni gases perjudiciales. Me mantengo al mínimo, aunque trato de que mi cráter se vea bonito y peligroso. Con fines turísticos nada más."

"Todo al mínimo, sobre todo los gases." Se burló Huitzilopochtli, riendo entre dientes.

"¿Huh?"

Phantasos iba a preguntar, pero en ese momento, se abrieron las puertas laterales del helicóptero y una persona, luciendo un traje de colores bastante chillones, casco y protecciones, se ubicó en el borde del aparato, bajó hacia los soportes de la nave y no pasó mucho tiempo antes que saltara al vacío con el apoyo de quienes tripulaban la nave. La corte de espíritus comenzó a animar con gusto, algunos agitando plumeros, mientras la persona, atada con fuertes y elásticas cuerdas, tenía la experiencia adrenalínica más extrema de su vida.

Algunos de los espíritus sacaron carteles con el puntaje que le daban al salto. Hmm. No había sacado uno muy alto.

"¡Saltó en Bungee! ¡¿A un volcán?!" Exclamó Phantasos impactada. Miró a Huitzi. "¡Ni de chiste hago eso!" Añadió muy divertida. "Quizás de un puente, o del Yomotsu, pero ¡¿A un volcán?!"

"Uuuuuy, y yo pensando que te entusiasmarías, cariño."

"Uy, te dijo cariño."

"Sí, cariño te voy a mostrar."

El helicóptero esperó a que la persona dejara de rebotar (aunque chillaba como si en efecto la hubieran soltado) y lentamente comenzó a alejarse con su deportista extremo aun colgando, sin dignarse a subirlo. Phantasos se llevó las manos a las caderas y miró a Huitzi con picardía.

"Para traerme solo a ver esto, hiciste un gran lío, Huitzi. ¿O tienes pensado algo más?"

"Oye, mi compadre no es de los que dura poco."

"¡Ruka Pillañ!" Exclamó Huitzi con los ojos muy abiertos.

"Ooooh, no me digas que tienes pruebas de eso, Ruka Pillañ."

El volcán se quedó perplejo unos instantes antes de largarse a reír de buena gana y palmear la espalda de Huitzi, quien lo miraba con cara de pocos amigos. Phantasos le miró con fingida inocencia.

"Ya. Los dejo tranquilos será mejor. Quedan en su casa… solo no la profanen tanto."

"¡Ya lárgate, volcán mañoso!"

Ruka Pillañ les sacó la lengua y terminó por despedirse. Phantasos se arropó mejor con el poncho y volvió la vista al interior del cráter, en donde la lava hervía con remolón gusto. Se sentó en el borde, sintiendo casi en seguida que Huitzi la imitaba. Casi sin quererlo se arrimó un poco hacia él.

"No saltaría de un helicóptero a un lago de lava." Comentó la diosa. "¿Te imaginas si con el rebote uno llega hasta las aspas? ¿O se cortan las cuerdas y te caes?"

"Hmmm…"

"Aunque saltaría de un puente. Supongo que me curé de espanto." Phantasos le miró de reojo. "Contigo no sería novedad."

"¿Por qué dices que te curaste de espanto?" Le preguntó el dios. "¿Y porqué no sería novedad conmigo?"

"Ya saltamos al vacío, no una sino dos veces en el Xibalbá." Aclaró Phantasos. "Así nos conocimos."

"Cierto." Murmuró Huitzi con una sonrisa. "Saltaría de nuevo en todo caso contigo." Añadió en tono bajito. "Todas las veces que quieras."

"Bueno… pero no de un helicóptero. No me gusta ese pensamiento de las aspas y el rebote. ¿Te imaginas? Quedaría más fea de lo que soy."

"No eres fea, Sueñito."

Phantasos gruñó por lo bajo, pero se arrimó más a Huitzilopochtli. Se pasó las manos por la cara y se acarició la nariz. Otro helicóptero comenzó a acercarse, seguramente con otro osado deportista, pero Phantasos apenas le prestó atención, aprovechando para recostar su cabeza sobre el hombro del Colibrí del Sur. Huitzilopochtli, por cierto, se sentía en la gloria, no se quería mover mucho, pero aún así se aventuró para rodearla con el brazo.

"Creo… que voy a pedir que me arreglen la nariz." Comentó a la pasada. "No es por vanidad, en serio, creo… creo que me gustaría mucho poder respirar como se supone que debo hacerlo. Y ya estoy harta de las ilusiones… o de no verme bonita…"

"¿Estás segura?"

"Sí… err… no es por caprichosa, es otra cosa." Phantasos suspiró con un poco de angustia, pero disfrutando esa súbita contención que le daba el abrazo de Huitzi. "Me quiero ver linda…"

"De todos modos te veo igual de linda." Huitzi le dio un tope en la nariz. "Err… no entiendo por qué no te gusta tu rostro…"

"Soy fea, Huitzi. ¡Mi nariz es horrible!" Se quejó Phantasos enderezando la espalda y mirándolo a la cara. "No siempre me deja respirar bien cuando me resfrío y…" Phantasos se enrojeció por completo cuando Huitzi estiró el cuello y le rozó su nariz con la propia. Un besito esquimal como quien dice. "¿Huitzi?"

"¿Estás decidiendo este cambio por ti y para ti?" Le preguntó muy jovial, pero sincero. "¿No para contentar al solecito engreído que te ronda?"

"Apolo no es tan mala persona." Lo defendió Phantasos al toque.

"Pero supiste en seguida que me refería a él cuando lo llamé así."

"Jejejeje… ¡Ponte serio, Huitzilopochtli!" Reclamó Phantasos divertida. "Esto no tiene nada que ver con él. Creo… que lo necesito. Me gustaría. ¡Juro que no es tanta vanidad! Solo muy poquito y no…"

Phantasos volvió a detenerse en seco cuando Huitzi la tomó por las mejillas. Se sintió nerviosa, ingenua, pero no se movió. No quería ni respirar del gusto, esa cercanía que estaba teniendo con el Colibrí del Sur llenaba muchos vacíos en su alma. Sin querer queriendo, lo sujetó de las muñecas. Aguantó la respiración cuando sintió que la ilusión que escondía su rostro se evaporaba.

"No des explicaciones, Sueñito. Es tu decisión: se pensó y se hace." Huitzi volvió a rozar su nariz con la de ella. "Y yo feliz si te hace feliz."

Ni se dieron cuenta cuando se besaron. Solo cuando estaban fundiendo sus labios se percataron de lo que estaban haciendo. Phantasos casi se murió de la impresión. ¿Acaso sería un juego de su imaginación? Quizás era la fiebre, había amanecido decaída y estaba teniendo muchos cambios de temperatura. Tuvo algunos problemas para controlar su corazón, que tenía desbocado, pero se dejó mimar con gusto.

Suspiró cuando se separaron, pero mantuvieron las frentes pegadas. Sintió las caricias de las manos de Huitzi sobre sus mejillas: era un agarre firme, fuerte, que no lastimaba. Rozaron las narices de nuevo y se robaron otro beso, quizás más breve. Quedaron en silencio por algunos instantes, mientras sosegaban la respiración. El Colibrí frunció el ceño.

"… ¿esto era parte de tu plan?"

"No, pero no me quejo." Huitzi abrió los ojos, mirándola preocupado. "Sueñito, No te sientes bien."

"Err… estoy un poco decaída, pero ya me siento mejor." Phantasos lo miró dulce y coqueta. Quiso robarle un beso. "Es por el frío y…"

"¡Sueñito! ¡Ardes en fiebre y sé que no es el volcán!" Exclamó Huitzi tomando distancia y palpándole la frente y el cuello. Fue cuando notó el sarpullido en su cuello y tuvo esa sensación de angustia en la base del estómago. "¿Y estas manchas?" Preguntó alarmado. "Sueñito: Abre la boca… ¡Di Ah!" Pidió con urgencia.

"Claro… Aaaaaaaaaah…"

Aún atontada por el beso y cediendo a la urgencia de Huitzi (que evidentemente era de preocupación por ella y no por él mismo), Phantasos obedeció casi por inercia. El dios mexica sintió como se le iba el alma a los pies: al fondo de la boca, Phantasos tenía no una sola manchita camuflada detrás de una encía, sino que bastantes más. Huitzi no era médico ni de chiste. ¡No había pasado ni por la puerta de la facultad de medicina! Pero reconocía esas manchas hasta con los ojos cerrados.

Peste.

Eran señal de una de las enfermedades que habían diezmado a la población americana luego que llegaran los conquistadores europeos. ¡No! No temía el contagio, él no se enfermaría, pero sabía bien que su sueño precioso sufriría esa enfermedad. ¡Por todo el averno! ¡Ya tenía síntomas!

"Te pusiste pálido como fantasma…"

"Te llevo a tu casa en el acto."

Y sin darle tiempo para discutir, la tomó en brazos y se dispuso a llevarla de regreso al Inframundo.


Hospital de Atenas.

22 de julio. 15:43 hora local.

Thanatos se asomó con cautela por la puerta, aguantándose el impulso de largarse a toser de lo lindo. Tenía que reconocer que desde que probó el jarabe (apenas el día anterior), su tos había disminuido bastante… aunque bien poco iba a lograr si seguía huyendo de la manera en que lo hacía, así nunca se iba a recuperar. Pero hoy tenía una excusa… o eso creía.

"Cofcofcofcofcofcof… ¡COFCOF!"

Miró hacia su derecha y luego a su izquierda. Milenios de práctica habían surtido efecto cuando se había colado a su oficina unas horas antes y ahora pretendía repetir la hazaña, para poder regresar a casa. Esquivar a las enfermeras, médicos, pacientes, seguridad y cámaras de vigilancia era pan comido, no era a ellos a quienes Thanatos quería esquivar, ni siquiera cruzaban su pensamiento, sino a quienes quería evadir era a las dos diosas locas que en menos de veinte horas ya le estaban dando jaqueca.

Frunció el ceño… se asomó al corredor y miró hacia ambos lados. Afrodita y Xochiquétzal no eran habidas. Ni las veía ni detectaba cerca su presencia. ¡Hora de salir antes que cambiase su suerte!

"¡Entra!" Le ordenaron tajantemente.

"¡Aaargh, Mujer!"

Rea Laurens tomó de improviso a Thanatos de un brazo, obligándolo a entrar de nuevo en la oficina, y no lo soltó sino hasta que lo sentó de golpe en el primer asiento que encontró. No le dio tiempo de recuperarse cuando, tras darle un buen coscorrón, comenzó a auscultarlo.

"Me llamó tu cuñada, tu hermano, algunos de tus amigos, un montón de sobrinos, incluida Fantasía. ¡Hasta tu mamá!" Le dijo mientras lo revisaba. "Ni idea como se consiguieron mi teléfono, pero todos dijeron que no te has cuidado, ni tomado las medicinas y no hiciste reposo para nada. Dime: ¿Qué soy yo?"

"¿Una simple mortal?" Rezongó Thanatos. Rea le dio un zape.

"¡Médico! ¿Acaso te crees que fui a peinar muñecas a la universidad y que no me he quemado las pestañas todos estos años perfeccionándome?"

"Errr… cofcofcof… verás… yo…"

"¡Claro que no ha sido así! Y no me vengas con excusas ridículas." Exclamó molesta. La mujer rezongó lastimera, dejando caer los brazos para darle mayor énfasis a su frustración. "Giannis. No eres el pobre miserable que creí que eras si tienes a tanta gente preocupándose por ti. ¿Por qué no obedeciste mis órdenes?" Le preguntó a medida que se sentaba frente a él, en una de las sillas que sobraba, y cerraba el espacio.

"Estoy bien, Laurens. Esto no se me va a quitar porque tú lo quieras. Uno se acostumbra."

"No es normal vivir con bronquitis. Y vas a seguir igualito si no me haces caso, si es que no empeoras y te mueres." Le dijo Rea con tierna calma, tomándole las manos. "Me comentaron que te has estado arrancando. ¿Por qué?" la mujer levantó ambas cejas.

"Me aburro y aquí puedo ser de más utilidad." Thanatos frunció el ceño. "No me gusta estar en cama."

"Resfriado como estás no eres de ayuda. Levanta el brazo." Ordenó la mujer al tiempo que le mostraba un termómetro. "Me dijeron que no hiciste reposo."

"¡Laurens! No estoy para tonterías." Gruñó Thanatos rechazando el termómetro. "Estoy bien, solo es un poco de tos y ya me estoy tomando las malditas medicinas. ¡No me van a hacer efecto! Y…"

"Puedo llamar a Pietro y a Sansón para que me ayuden a tomarte la temperatura rectal."

Thanatos se detuvo en menos de un hipo y, tras evaluar la mirada de la mujer (quien se veía muy seria y decidida), él mismo tomó el termómetro, lo programó y se lo puso bajo el brazo. Hizo un puchero amurrado: conocía a Pietro y a Sansón. Eran dos enfermeros muy corpulentos del piso de psiquiatría, bien capaces de reducirlo si querían, y como se suponía que debía mantener un perfil bajo y mantener las apariencias mientras estuviera en su trabajo como Giannis, no podría quitárselos de encima. Rea le sonrió con dulzura y le dio unas palmaditas en las rodillas, causando que Thanatos abriera más los ojos en una expresión que antes de verse seria, se vio dulce.

La sensación que le subió por el torrente sanguíneo lo perturbó un poco. ¿Se le había acelerado el corazón o Afrodita andaba cerca?

Ouh. Rea se había trenzado el cabello de manera distinta…

"Buen chico. ¿Ves que no era difícil?" Le dijo con gentileza. Thanatos carraspeó un poco para no toser y apartó el rostro para recuperar la compostura, pero Rea no le dijo nada. La mujer se volteó hacia el escritorio, fijándose en las todas las fotos que allí había. "Das una imagen extraña, Giannis. Sigo con mis sospechas, conste, pero me lo pones difícil."

"Insisto en mi inocencia, solo cumplo con mi trabajo de visitar a esa gente." Gruñó de mal humor, aunque no digamos que estaba mintiendo. "¿Por qué dices que me pongo difícil?"

"Porque me es más fácil culpar a un tipo que vive solo sin lazos emocionales, a un solterón que vive solo, pero rodeado de familia. Eres querido y eso me sorprende."

"¿Por qué te sorprende que alguien me quiera?"

"No das esa imagen. Pero no puedo negar la evidencia." Le dijo entrecerrando los ojos. "Cada vez que te veo se me pone la piel de gallina, sobre todo cuando estás con esa túnica tuya por los pasillos. Eres frío y no sé… tienes una fría presencia que solo me habla de muerte, pero… luego vienes y me sorprendes."

"¡¿Túnica?! Yo no tengo ninguna túnica." Afirmó con seguridad. Bueno… al menos no se ponía su hábito negro favorito mientras recolectaba las almas de los pacientes, aunque sí vestía su imagen extracorpórea con ella.

"Ahí vas de nuevo, negando que te vistes así. Tú me quieres volver loca." Rea se sopló el flequillo. "Te voy a dar otra baja laboral, pero no me hagas llamar a tu familia para pedir que te amarren a la cama. Sé el adulto que eres y cumple el reposo…"

"COFCOFCOFCOFCOFCOF."

"… ¿Ves? Esa tos no es normal." Le gruñó con gentileza. En ese momento sonó la alerta del termómetro y Rea se apuró en retirarlo. No tardó mucho en ver qué marcaba el aparato. "Estás con 37,2°"

"Comparado con otros pacientes aquí mismo, eso no es nada."

"Pero en tu caso es fiebre. Giannis… debes cuidarte." La médico entrecerró los ojos. "Voy de salida del turno. ¿Es necesario que te vaya a dejar a tu casa?"

"COFCOFcofCOFcofcofcofcofcof. ¡NO! Puedo solo."

"No te creo."

"Tendrás que creerme. Puedo ir solo."

"ARGH. ¿Por qué porfías en estar solo?" Rea le mostró todas las fotos. "Toda esta gente se preocupa por ti y ¿les pagas descuidándote?"

Thanatos no se sintió afectado por las palabras de Rea. Miró sí hacia sus fotos, sin evitar sentir cariño por las imágenes que había allí plasmadas. Sonrió sutilmente, pero no hizo más. ¿Cómo se sacaba ahora a esta mujer de encima? Rea lo ponía nervioso.

"No me descuido, es solo que no tengo para qué cuidarme. Esto se pasa solo. Mi familia sabe que estaré bien y entero. No me voy a morir." Rezongó y cerró los ojos, en un desprecio involuntario. Rea volvió a darle palmaditas en las rodillas.

"Está bien. Eres adulto, sabes lo que haces. No soy quien para reclamarte nada."

"¿Pero…?"

"No pasa nada si pides ayuda y hasta los más fuertes de vez en cuando necesitan que los cuiden. Así como aceptar un regalo es parte de la caridad, aceptar que te cuiden es parte de la humildad."

Thanatos se volvió hacia Rea sorprendido, con los ojos muy abiertos. Gran parte de la idea de trabajar como asistente social entre los humanos, tenía por objetivo autoimpuesto aprender un poco más de la humildad. Morir durante la última guerra santa (o lo que fuese que le haya pasado), le había sacudido el piso en más de una manera y sentía la necesidad aprender a vivir con la cabeza gacha. El orgullo no salvó su vida, pero su anhelo de aprender de sus errores se la devolvió, pero no era tan fácil como creía: su orgullo insistía en meterlo en problemas y en deshacer lo logrado… quizás…

"Eso me cuesta… soy yo el que ayuda… y no soy bueno en eso." Confesó casi con temor. Rea rodó los ojos al cielo, pero le tomó la mano y lo ayudó a levantarse.

"¡Mira no más a quien le preguntas! A mí, que soy el orgullo y rabia con patas." Le dijo medio en broma, medio en serio. "Vamos Giannis, te llevaré a casa."

"No es necesario. Puedo irme solo." Thanatos rezongó de mal humor. "Te juro por el Estigia que me iré a casa."

"Hmpf. Vamos, dije, no era para que te pusieras solemne."

Rea sacó a Thanatos de la oficina y se lo llevó por el corredor sin que el dios protestara mucho. Al menos la muerte tenía decidido hacerle caso a la doctora. Tras esperar unos momentos, entraron al ascensor que se había detenido en aquél piso.

"¿En serio te llamó mi mamá?"

"¿Se llama Nidia Karnezis?" Le preguntó Rea casi distraída. Thanatos asintió: Nidia era el nombre que Nix estaba usando en el mundo humano. "Pues sí, era ella."

"Vaya. No creí que se preocupara por mi…" Balbuceó al mismo tiempo que las puertas del ascensor se abrían y Rea lo empujaba dentro.

Finalmente desaparecieron. En ese momento Afrodita y Xochiquétzal se asomaron tras un mesón.

"Bueno… eso nos prueba que Thanatos no es inmune a nuestra influencia." Afirmó Afrodita. "Aunque casi no tuve que hacer nada para hacerlo sentir cosas. ¡La chica ya le gusta!"

"Aquí yo pensando que la tendríamos más difícil." Dijo Xochiquétzal, muy pensativa. "¡Eso está prácticamente cocinado!"

"Toda la razón, pero algo se siente extraño." Comenzó Afrodita. "Esa chica no sé si sale en mis archivos, se siente difusa, como oculta…"

"Ah sí, esconde un secreto que ni ella sabe que lo guarda." Meditó Xochiquétzal. "No sé si me sienta cómoda interviniendo en esa pareja, pero de que debe ser protegida, no hay duda. Un paso en falso y hasta ahí no más llegan."

"Siento lo mismo. Hay que monitorearlo de cerca, pero necesito investigar sobre esta Rea Laurens. Tengo una extraña corazonada cuando la veo." Afrodita entrecerró los ojos. "Algo en su presencia no me cuadra del todo."

"Vamos, yo tomo el primer turno en vigilarles y tu investigas. Luego invertimos. ¿Te parece?" Preguntó Xochiquétzal estirando la mano.

"Trato."

Y tras darse un apretón de manos y agitarlas, ambas diosas salieron tras sus objetivos.

No lejos de ahí, Kairós, vestido como uno de los chicos de mantenimiento, dejó de trapear el piso y dirigió su mirada hacia el corredor, por donde las diosas del amor hacían abandono de aquél piso. Su mirada era triste, sin duda. Negó con la cabeza y fijó los ojos en la puerta de la oficina de Thanatos. Se apretó el puente nasal.

"Ay no… la van a descubrir…" Se lamentó muy apenado.

Continuará

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: La Pelea de Dos Soles

La pequeña Eurídice estiró las manitos fascinada hacia las lucecitas que Apolo le acercaba, sin perderse ni un instante de lo que estaba viendo. Sus grises ojos no parecían perder detalle y, con tal que su tío no se aburriera de entretenerla con luces, hacía despliegue de toda su monería para que Apolo continuase prestándole atención…


Nota Mental: El corazón de Phantasos acaba de terminar por decidirse y obtener argumentos de mucho peso para convencer a su cerebro sobre quien es la opción que debe seguir. Claro, todavía puede haber alguna metida de pata épica: estamos hablando de dos soles después de todo. Sobre Thanatos… digamos que dejando de lado toda prudencia, ha tenido que darse un par de duchas frías. Y sí, lo del salto en bungee hacia el volcán existe y es algo real. Se practica en el volcán Villarrica aquí en Chile y es CARÍSIMO (10 mil dólares), aunque no me extraña. Supe de tal paseo mientras escribía este fic, y no pude evitar escribirlo. ¿Qué si yo saltaría a un volcán en bungee? NI. QUE. ME. PAGUEN. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Thanatos es un dios valiente, Lina Elnath, se atrevió a hacer lo que pocos han hecho antes. Se metió en un lío sin duda, quizás no le lanzaron ningún hechizo encima, pero pobrecito, de que va a estar bien vigilado, no lo dudes. Y Apolo es el ideal de hombre para los antiguos griegos: hermoso, galán, poeta, músico, atleta, experto en medicina, dios sol, de la verdad, de las plagas, de un montón de cosas más, cuerpo perfecto… pero saladísimo en el amor y de acuerdo a mi muy personal opinión, inmaduro emocional. Phan no es la mujer que necesita, y en serio… lleva las de perder. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

Pierde cuidado, Dasha, y te agradezco en serio que te tomes el tiempo de ponerme un par de letras. Me pone muy feliz saber que le he alegrado el día a alguien y que me lo digas toma mucho valor. ¡Pobre Thanatos! No sabía donde meterse luego que ventilaran tan información personal suya: al menos tuvo el efecto que las diosas dejaron de estar combativas y comenzaron a concentrar su atención en él, en vez del triángulo entre Phan, Huitzi y Apolo. El sacrificio de su privacidad será recordado. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda.

Popocatépetl: (en náhuatl: el cerro que humea) Es un volcán activo localizado en el centro de México, en los límites territoriales de los estados de Morelos, Puebla y México. Se localiza a unos 72 km al sureste de la Ciudad de México, 43 km de Puebla, 63 km de Cuernavaca, y 53 km de Tlaxcala. Tiene una forma cónica simétrica y está unido por la parte norte con el Iztaccíhuatl mediante un paso montañoso conocido como Paso de Cortés. El volcán tiene glaciares perennes cerca de la boca del cono, en la punta de la montaña. Es el segundo volcán más alto de México, con una altitud máxima de 5500 metros sobre el nivel del mar, sólo después del Citlaltépetl de 5610 msnm.

En la mitología mexica, Iztaccíhuatl fue una princesa que se enamoró de Popocatépetl, uno de los guerreros de su padre. El padre de la princesa envió al guerrero a una batalla a Oaxaca, prometiéndole entregarle a su hija si regresaba victorioso y con la cabeza de su enemigo en la lanza. Tiempo después el guerrero regresó con la cabeza de su rival sangrando en su lanza, por lo que recibió un festín por su victoria. Sin embargo, su amor se dio por acabado ya que la princesa había muerto. Con el corazón roto llevó el cuerpo de su amada a un monte y los dioses la convirtieron en volcán inactivo. Después, el guerrero tomó una antorcha y prometió que ningún huracán por más fuerte que llevara sus aguas apagaría el fuego con el que vela el cuerpo de su amada. Por esto, los dioses le entregaron la eternidad convirtiéndolo en volcán a cambio de custodiar a la princesa Iztaccíhuatl.

Iztaccíhuatl: (en náhuatl: mujer blanca) Es un volcán inactivo ubicado en el centro de México. Es la tercera montaña más alta del país (5286 msnm), después del Pico de Orizaba (5610 msnm) y el Popocatépetl (5500 msnm). Se localiza en los límites territoriales de los estados de México y Puebla. Su nombre proviene de su perfil nevado, que desde el valle de México semeja a una mujer yaciente cubierta de un manto blanco.

Volcán Villarrica: (en mapudungun: Ruka Pillañ, casa del pillán) es un estratovolcán chileno de 2.847 msnm —2.450 m, contando desde la base— ubicado en los Andes meridionales. Está situado en el límite de las provincias de Cautín (Región de la Araucanía) y Valdivia (Región de Los Ríos), en Chile, entre los lagos Villarrica y Calafquén. Es uno de los más activos de Sudamérica, y tiene una forma cónica casi perfecta.

El pueblo mapuche, del cual hasta hoy varias comunidades habitan en las inmediaciones del cono, consideraba al Ruka Pillañ, tal como indica el nombre, morada de un pillán, espíritu mayor de su panteón, ya que las entrañas y calderas del Villarrica son regidas por un espíritu principal de la naturaleza, un ngen, el cual es tutelar y propietario del volcán. Este tipo de ngen es también conocido como ngen–winkul o espíritu de los volcanes y cerros. Junto a esta presencia tutelar, en el Villarrica habitaría una corte de pillanes, espíritus menores en relación al ngen, pero sumamente poderosos.

Según los testimonios recogidos por la antropología, el Villarrica y los espíritus que lo habitan ocupan un lugar muy determinado en la cosmovisión mapuche. Su simbolismo es claro: está asociado a lo bueno, en oposición al volcán Llaima, que se considera asociado al mal. Mientras el propicio Ruka Pillañ inspira sueños benéficos y buen tiempo, el Llaima transmite a los durmientes malos augurios.