Capítulo 7
No es sólo una advertencia
Poco a poco Byakuya comenzó a despertarse, aunque no por la gracia de los rayos del sol, ni del cantar de los pájaros. La verdad era que ya no tenía sueño, cuando a su lado notó a Kanna, aunque despierta (estaba seguro de que ella no había dormido), mantenía su mirada perdida en el pecho de su acompañante. Y por un momento, también se perdió en ella: una fina pieza de porcelana acostada a su lado.
Acarició su cabello, observándola mantenerse en la misma posición estoica, agachándose ligeramente a depositar un suave beso en sus fríos y suaves labios.
Lo hacía porque le gustaba besarla y nada más. Ya había admitido sentir algo más por ella, pero no la besaba para demostrárselo. A ambos les gustaba esa sensación, ese era el porqué.
-Bien- suspiró Byakuya con indolencia incorporándose hasta quedar sentado, estirando sus brazos hasta el cielo –. No importó que hubiera movido mi cama, siento como si hubiera dormido al lado de la pared ¿Nunca te mueves verdad?
Kanna se puso de pie y lo miró durante unos minutos, dándose cuenta de que Byakuya actuaba con más naturalidad al momento de hacerle alguna caricia.
Se preguntaba si él esperaba que ella le correspondiera alguno de esos gestos. ¿Lo esperaba? Ella no era así, pero una vez no le hace daño a nadie.
Posó ambas manos en las mejillas de Byakuya, y se acercó a él dejando un beso similar sobre los labios de este.
Byakuya no había esperado eso en ningún momento. Que Kanna hiciera eso… ¡Era más probable que Naraku sonriera y pidiera disculpas a todos los que le hizo daño! O bueno, eso era hasta hace dos minutos.
Como sea, le daba igual. Era lindo tenerla con él.
-Byakuya, Kanna- le voz de Naraku los sacó a ambos de sus cavilaciones.
Ambos voltearon sus miradas hacia las de su creador, por cuyos ojos rojos, una fira chispa llena de enojo cruzó al darse cuenta de que habían pasado la noche juntos.
Iban dos, faltaba una.
De por sí tenía que lidiar y soportar al grupo de Inuyasha y sus constantes actos desinteresados de amor y amistad. Ahora tenía que lidiar con "la curiosidad" de sus esbirros.
-Busquen al grupo de Inuyasha y díganme que están haciendo.
-No seas chismoso- sonrió Byakuya con un dejo de malicia.
Naraku tan sólo lo miraba en espera de que se pusiera de pie y se marchara.
-De acuerdo- suspiró poniéndose de pie –. Vamos.
Ambos se marcharon ignorando, más no pasando por desapercibida, la penetrante mirada de Naraku.
Salieron con el día totalmente nublado y nubes negras sobre sus cabezas que los seguían ayudándose del viento.
-Va a llover- resopló Byakuya mirando el cielo con fastidio.
-¿Por qué no volamos?- le preguntó Kanna, tan impasible como siempre.
-No, no quiero que un rayo nos caiga- dijo sonriendo con suavidad.
Continuaron caminando hasta saberse cerca de esa aldea donde solían reunirse los amigos de Inuyasha.
Francamente no sabía porque Naraku no enviaba a alguno de esos insectos voladores y se ahorraba muchos problemas.
Aunque ya se quejaría mentalmente de Naraku en otro momento, ahora Inuyasha y su novia… Kagome si no mal recordaba estaban hablando aislados lejos de su grupo carente de sentido, y era un buen momento para dejar que su ojo izquierdo volara.
-Entonces- dijo Kagome – ¿Mientras la luz de Kikyo permanezca en la perla Naraku puede ser destruído?
-Así parece- asintió Inuyasha con seriedad, nada típico de él.
¿Era cierto lo que habían escuchado? Así que después de todo aun había más esperanza de la que creían contra Naraku.
-Naraku va a tener dolor de cabeza- se dijo Byakuya imaginándose ya la cara de Naraku, o su cabeza separada de su cuerpo si le decían algo que ya sabía y les había ocultado a ellos. Sea como fuera iba a ser interesante.
Kanna se mantenía atenta a esa explicación. Si es luz prevalecía, entonces Naraku…
Pero sus cavilaciones fueron interrumpidas por un ruido que provenía de los arbustos. Se acercó para ver que tanto se movía, hasta que vio que se trataba de una pequeña serpiente de juguete hecha de madera que se movía por cuenta propia.
-¡Miroku, es Kanna!- gritó la voz de Shippo.
En cuanto Byakuya recién se recuraba de la extraña sensación que la devolución de su ojo a la cuenca le producía, y escuchó al mapache gritar el nombre del monje con el agujero negro en su mano, saltó a quitar a Kanna del medio, siendo a penas rozado por la fuerte ventisca que ese vórtice producía.
-Nos descubrieron- farfulló por lo bajo.
-¡Bakuryuha!- gritó Inuyasha teniendo en mente cortar en dos a alguno de esos imbéciles.
Byakuya sin mucho esfuerzo los quitó a ambos del medio. Dejó a Kanna en una rama que consideró segura (y visible, así ella podría devolver algún ataque), y de inmediato llenó el ambiente de veneno, así podría distraerlos, y justo cuando pensó que podrían escapar, vio en el suelo dos un fragmento de la perla. Era cierto, los fragmentos recién arrebatados de Koga… ¿Por qué Naraku se los encargó y los unió a la perla?
-Miroku, dirígete a Kanna- exclamó Sango, sabiendo que el agujero negro era un ataque que no podía ser devuelto.
No era posible ¿Kanna o lo fragmentos a los que Kagome ya se estaba acercando? Ya no lo pensó, tomo a Kanna y salió de ahí con ella dejándole una ilusión a Inuyasha para atacar.
Llegaron a una parte boscosa alejada de todo, mientras la lluvia ya caía sobre ellos.
Ambos estaban parados bajo la lluvia sin decir nada.
Kanna lo había visto todo, la había salvado en lugar de tomar los fragmentos, lo que significaba que en ese momento Byakuya estaba con la soga al cuello. Aun así…
-¿Por qué?- le preguntó Kanna, sacando a Byakuya de sus pensamientos.
Él por primera vez se encontraba serio y distante. Lo que había hecho era su sentencia de muerte.
-Supongo que…- dijo manteniéndose un tanto indiferente – te protegí porque te amo- dijo sin pena ni pudor.
No sabía qué hacer, Byakuya no podía regresar ahí. Además, ¿acababa de decir que la amaba?
Ya lo sabía, y también sabía que en el fondo, ella compartía ese simple y genuino sentimiento, pero ahora ¿Qué pasaría?
Byakuya dio media vuelta y se dirigió hacia el castillo de Naraku, seguido de Kanna.
No tenía miedo, sólo un incertidumbre muy extraña por ver la reacción de Naraku.
Llegaron hasta la habitación en donde su amo descansaba.
-¿Y bien?- le preguntó Naraku al notarlo algo cabizbajo. Nada usual en Byakuya.
-El grupo de Inuyasha nos descubrió, y perdí los fragmentos de Koga- explicó Byakuya.
Kanna no podía acabar de asimilar la idea de lo que Byakuya había hecho por ella y porqué. La idea de que Naraku le hiciera lo mismo que a Kagura, era aterradora, la hacía sentir frío de nuevo.
-Así que…- dijo Naraku manteniéndose impasible –como mínimo decidiste decirme la verdad. Aunque… lo que los saimyosho me mostraron otra cosa- insinuó subiendo su puño a la altura de su pecho –. Tuviste la oportunidad de recuperar los fragmentos. La verdad no me hubiera molestado tanto perder a Kanna como a los fragmentos.
E iba la tercera.
-No te preocupes- le pidió Byakuya tratando de mostrarse un tanto más serio ante esta situación –, los recuperaré.
-Como quieras- dijo Naraku extendiendo la palma de su mano, mostrando una hermosa pieza de cristal azul que emanaba luz propia y casi parecía latir.
Byakuya se puso ligeramente en alerta, hasta que observó como Naraku quebraba parte del cristal, rompiendo la mano de Kanna, separándola de su cuerpo, cayendo al suelo pareciendo la mano rota de una muñeca.
Kanna, por primera vez había sentido lo que llamaban dolor. Que no lo demostrara era otra cosa.
Byakuya frunció el ceño y apretó ligeramente los dientes. De algún modo sabía que Kanna sentía algo por lo que pasaba, y él no podía hacer nada.
Maldito Naraku ¿Cómo se atrevía a dañarla cuando él tuvo la culpa?
-¿Te molesta Byakuya?- le preguntó Naraku, observando con repugnancia como su más reciente extensión se agachaba al lado de Kanna y la miraba con angustia en sus ojos, más no en su expresión –. Es lo que pasa cuando esos lazos frágiles de amor se hacen presentes, sólo causan dolor y te hacen débil. ¿Qué te pasó? Eras el perro más fiel que alguna vez tuve, y ahora, esos asquerosos lazos de amor te tocaron. No eres lo que esperaba, lo cual es una lástima, porque aun los necesito a los dos- sentenció mirando la mano que Kanna perdió, volver a su lugar gracias a sus poderes mentales y de regeneración.
-No volveré a fallar- fue lo único que escapó de la boca de Byakuya cuando Naraku lo pasaba de largo y salía de la habitación. Al parecer se marcharía del castillo.
Todo se quedó en silencio, y así fue durante toda la noche. Byakuya permaneció sentado en el suelo, recargado contra la pared, abrazando a Kanna; tal como sabía que a ella le gustaba.
