CAPITULO 7
Yuki despertó en la habitación de kaname. Se sentía confusa y de repente la imagen de Zero detrás del cristal le vino a la mente.
¿Cuánto tiempo llevaría durmiendo? Se levantó a toda prisa y salió corriendo pasillo través hasta encontrarse cara a cara con Kaname en las escaleras.
A dónde…
Dónde está Zero? – cortó yuki a Kaname, con la respiración agitada al correr.
De repente la expresión de kaname cambió.
Está en el edificio principal… en su habitación.
Grac… -decía Yuki mientras bajaba a la puerta principal; de repente notó un tirón desde su brazo que la hizo girar bruscamente.
Recuerda tu promesa yuki… - en su mirada se podía recibir algo de tristeza y soledad.
Lo sé… - contestó, y corrió y corrió hasta perder el aliento.
Al fin llegó, el deseado encuentro. Se encontraba justo delante de la habitación de Zero, pero no podía moverse; un sentimiento extraño se había apoderado de ella; y le decía que había algo que no iba bien.
Antes de marcharse, Zero le confesó su amor; y a pesar de ello, no había ido a verla.
Un escalofrío le recorrió la espalda; Zero lo sabía. No podía ser otra cosa. De alguna manera, Zero se había enterado de su pacto con Kaname y se había alejado de ella.
Suavemente sus nudillos se deslizaron por la puerta, como el dulce suspiro de amargura que emanaban sus labios.
La puerta se abrió poco a poco. Yuki se asomó y no vió nada; entró y cerró la puerta tras de si. Miró detenidamente la habitación, no habñia ni rastro de Zero. Instintivamente se dirigió al baño, y allí estaba, sentado bajo la ducha.
El agua le acariciaba el pelo y le mojaba el rostro, cayendo caprichosamente sobre sus labios; tenía los ojos fijos, mirando el vacío… estaba ausente. Yuki lo miró desde la puerta, no sabía si acercarse. Tenñia la camisa empapada, pegada al torso; las gotas le caían, inundando todo su cuerpo, el corazón de Yuki iba a una velocidad de vértigo y estaba sonrojada. Finalmente se acercó a él.
Un cúmulo de emociones se agolpaban en su pecho: quería abrazarlo, quería sentirlo, mirarlo, tocarlo, besarlo… pero ya no podría, pues se había sentenciado para siempre.
Se acercó poco a poco y se arrodillo ante é, mijando sus piernas con el agua que brotaba de Zero.
Acercó su mano lentamente hacía su pelo, pero de un golpe brusco Zero se la apartó. Ahora la miraba a ella fijamente, la miraba con rabia; sus ojos injectados en sangre, no la miraban con sed, sino con enfado e incluso con atisbos de incertidumbre:
Zero…
Porque…- ambos sabían de que hablaban.
Cómo lo sabes?
I eso que importa! – gritó Zero abalanzándose sobre ella. Las gotas caían sobre el rostro de Yuki – porque?!
Yuki no podía mirarle, giró el rostro. Zero seguía sobre ella agarrándola por las muñecas; ambos tirados en el suelo.
Yo… sólo… -decía mientras notaba la mirada de Zero clavándose en ella.
Tu que!... te dije que no te lo perdionaría nunca si te convertías en vampiro!...- Zero jadeaba, y Yuki seguía sin mirarlo.- que crees que pasará cuando Kaname tome tu sangre? Eh?!... contesta!.-Yuki comenzaba a tener miedo- que crees que pasará?.-soltó un sollozo.
Yuki levantó la mirada. Los ojos de Zero habían cambiado, la miraban con añoro, con tristeza, con amor… de sus ojos caían lágrimas como gotas de rocío saladas, sobre sus labios.
Zero se apartó y se sentó, apoyándose contra la pared; se tapaba la cara con las manos, sin cesar de preguntarse por qué.
Yuki se levantó poco a poco y se sentó en el suelo mojado.
Yo voy a seguir aquí… Zero.
No! – contestó gritando de impotencia, a la vez que la cogía de los hombros y se acercaba a ella.- no lo entiendes?... me da igual que me salvaras la vida, yo sólo que5ria tenerte a ti. Ahora voy a vivir sin tenerte, y eso no es vida.
Pero…
Te amo Yuki…- y bajo el agua y sin pensárselo dos veces, Zero besó a yuki; sin poder evitar pensar, que jamás podría volver ha hacerlo… y para siempre quedarse con el sabor del último beso… un beso que sabía a lágrimas.
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Kaname seguía en su habitación encerrado; mirando la oscuridad entrecortada por rayos de luz de luna, que se colaban entre las cortinas de las ventanas. Sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo en esa habitación del edificio diurno y también sabía que esa sería su despedcida.
