He vuelto, triunfante, luego de unos meses de muchos cambios. Les dije que actualizaría, solo que... no les dije cuando sería eso. Upssss...

Aun asi, continuaré esta traducción si o si. :v

Ciao~


Pocas cosas ponen a Sealand más nervioso que ver sangre. Casi en primer puesto están las arañas; tambien la comida de Arthur, y que Berwald lo mande a la caja castigada*, pero solo porque significa que hizo algo malo y que estaba en problemas. No le molesta que lo regañen, porque las palabras solo son palabras, y en realidad no significan nada; además, para ser sincero, sus "padres" tienen maneras extrañas para castigarlo. No tiene nada de que quejarse. Su amigo Latvia lo tiene mucho peor, si sus temblores dan alguna indicación, y sabe que Wy ha tenido que pararse por horas por cualquier mal comportamiento. Así que en realidad su lista solo consiste de arañas y sangre.

Pero la sangre no solo lo pone nervioso. Habiendo crecido en el momento en que lo hizo, la mera visión de esta apretaba su pecho y hacia que sus músculos se tensaran, inmovilizándolo hasta que fuera limpiada, o hasta que alguien lo arrastrara suficientemente lejos. Odiaba su color. Su olor a cobre tambien. Incluso cortes de papel lo dejaban en mal estado si es que sacaban la más mínima gota, y siempre ha llevado curitas a todas partes en caso de que algo así pasara. Para él, solo eran otro recordatorio de la guerra, y aunque él nunca estuvo en las líneas delanteras, trae consigo el recuerdo fantasma de Inglaterra, atormentado y lastimado, intentado ocultar sus heridas tras un uniforme planchado.

No le agrada la sangre, porque le recuerda que tan vulnerables son en verdad.

Esta vez no es diferente. La primera tos es violenta, salpicando gotitas de un color alarmante frente a sus pies, marcando un brusco e incómodo contraste sobre todo lo que toca. Es una pincelada furiosa de rojo húmedo y llamativo sobre su pequeño mundo gris y polvoriento, e inmediatamente lo detiene frente a Dinamarca, estupefacto, viendo a Dinamarca perder su balance entre violentas sacudidas. Quiere acercarse. Quiere marchar sobre la línea y sostener a Dinamarca, pero sus pies están firmemente plantados, y el solo observa a su amigo llevándose la mano a la boca, en cuatro patas, mientras intenta respirar desesperadamente, pero solo logra toser hasta que sus palmas están cubiertas de rojo, hasta que el rojo gotea entre sus dedos. Su sangre cae grácilmente en el asfalto, pequeñas esferas perfectas que lo repugnan.

Peter traga con dificultad e intenta moverse sin éxito. Dinamarca tiene los ojos cerrados, presionados bajo el peso del dolor, pero intenta decir algo. Las palabras se pierden inmediatamente entre el ruido rocoso y traqueteante que escapa de su pecho, aunque Peter está casi seguro que está intentando y fallando en restarle importancia a lo que está sucediendo. Probablemente intenta decirle que no es algo importante.

Demasiado estúpido para pedir ayuda.

Peter muerde su mejilla y finalmente se obliga a cruzar el umbral de sangre, justo cuando Dinamarca comienza a recuperar su compostura. Sigue arrodillado, su mano lejos de su rostro, dejando otra línea dibujada cuando la utiliza para levantarse temblorosamente del suelo, y escupe en las cenizas. Perfecto, más rojo sobre gris.

"Tenemos que seguir moviéndonos." Dice con voz rasposa. Sus botas restriegan el concreto cuando se levanta, tambaleante. "Hay que seguir."

Peter jala su polvorienta manga y lo observa seriamente. "¿Qué fue eso?" Pregunta en voz baja, intentando no entrar en pánico. "¿Qué está mal contigo?"

Dinamarca se enjuga con el dorso de su mano. "Nada. No hay nada mal conmigo. Ahora, sigamos, pronto va a oscurecer y no tenemos nuestro equipo. Tenemos que irnos."

Intenta tomar a Peter de la mano y, por alguna razón, esta acción enciende un enojo en él que sobrepasa toda su ansiedad al triple. Arrebata su mano lejos de la suya. "¡No!" grita. "¡No hasta que me digas que es lo que te pasa!" Toma a Dinamarca por el frente de su chamarra y lo arrastra, tropezando, hasta la puerta abierta del carro, obligándolo a sentarse, sorprendiéndose de lo fácil que le resultó hacerlo. Pone sus manos sobre sus hombros y lo mira de frente, examinando su rostro. "¿Estas enfermo, no es así?"

Dinamarca no dice nada.

"Tienes lo que tenía el viejo del mercado."

De nuevo, nada más que silencio.

Peter cierra sus puños y retrocede un paso. "¡Contéstame!" reclama. "¡Dime que está mal contigo!"

"Peter." La voz de Dinamarca suena vacía y se acerca de nuevo a tomarlo de la mano. "No grites. Esas personas siguen buscándonos." Sus dedos se entrelazan, y él lo mira directamente a los ojos, jalándolo cerca de sí. "Estoy bien. ¿Sigo en pie, cierto?" Intenta sonreírle, pero solo logra una mueca floja. "No te tienes que preocupar."

Por un momento, Peter solo lo mira boquiabierto, furioso, antes de separar sus manos bruscamente. "¡Deja de hacer eso! ¡Deja de fingir que nada malo te está pasando!" Justo después, muestra su mano a Dinamarca, empujándola justo frente a su cara.

Cada dedo de sus guantes está manchado de sangre.

"¡No puedes simplemente ignorar algo como esto!"

Dinamarca contempla su mano extendida por un largo momento. Sigue conservando la misma expresión impasible mientras contempla la respuesta y, luego de varias palpitaciones, finalmente suspira y deja el rifle sobre sus piernas.

"No sé qué es lo que tengo." Dice. "Solo sé que a veces es así."

"¿Cómo es?"

"Difícil de respirar. Imposible caminar."

Sealand traga saliva pesadamente. "¿Te pasa seguido?"

"¿Lo de la respiración?"

"No."

"Oh." Dinamarca vuelve hacia la palma de su mano; su mirada sobre las manchas rojas en sus guantes. "Eso." Restriega su mano en su pantalón. "A veces."

"¿Qué tan seguido?"

"Peter-"

"¡Solo dime!"

Dinamarca exhala ruidosamente. "No lo sé. A veces. Cuando corro demasiado." Pasa una mano por su cabello y se dirige a él. "Pero te digo que no te preocupes. Puedo lidiar con ello; estaré bien."

Sealand se enfada. "Si; hasta que te vuelvas ciego y dejes de caminar y mueras."

"No voy a morir."

"Eso no lo sabes."

"Si lo sé."

"¿Cómo lo sabes?"

"Tengo que cuidar de ti." Logra acompañarlo con una sonrisa chueca. "No puedo morir hasta saber que estarás seguro."

"¿Cómo se supone que harás eso si no puedes ni respirar?"

Dinamarca no tiene una respuesta para eso.

Peter se agacha y airadamente empuja su mochila al frente, rebuscando en su interior. "Papa Berwald y Tio Noruega tienen razón. Eres tan estúpido." Saca una funda de almohadas grasosa y vuelve a levantarse, sacando algo negro de la funda y poniéndolo sobre su cara antes de que pueda protestar. "Ponte esto."

Dinamarca pestañea y toca el plástico liso de la máscara sobre su boca y nariz. Sus cejas se juntan e incluso sin ver, Peter sabe que está frunciendo el ceño.

"¿Tuviste una máscara respiradora todo este tiempo?" Pregunta, el enojo en su voz amortiguado por la máscara. "¿Porque no la llevabas puesta?"

"La tome de un niño de Polonia que estuvo conmigo en el búnker" Mira fijamente a Dinamarca, cruzando los brazos desafiante. "La estaba guardando para una emergencia."

"¡Pequeño hijo de… ¡Ponte esto! ¡Ahora!" Dinamarca se quita las cintas de la máscara. "Si hubiera sabido nunca te hubiera arrastrado entre la ceniza con un maldito trapo."

Peter arremete contra él y golpea sus manos lejos de las cintas de sujeción. "¡No! ¡Te la estoy dando a ti!" Con decisión fuerza las bolsas de respuestas entre las manos de Dinamarca. "Tú eres el que está vomitando sangre, no yo."

"Peter, no es seguro estar aquí afuera solo con un trapo sobre tu nariz. SI usas esto, te protegerá hasta que estemos en un lugar seguro." Vuelve a estirar las cintas.

Esta vez, Sealand lo toma de las muñecas y las sostiene ahí-a la mitad del aire, con una expresión dolida en su rostro mientras lo ve. "No podré encontrar ningún lugar seguro sin ti, idiota." Luego de una pausa, lo suelta para envolver sus brazos alrededor de su cuello en un abrazo estrecho. "No quiero que mueras…" Murmura. "No quiero volver a estar solo. No puedo hacer eso sin ti. Yo…" Se escucha un sollozo y Sealand presiona su nariz contra el hueco en el cuello de Dinamarca, frotando la ceniza de su piel. "Por favor, no te mueras, tio Den."

Peter siente como Dinamarca hace círculos con sus manos en su espalda y escucha un pesado suspiro que viene de encima de él. "Ya te lo dije. No voy a morir." Dinamarca inclina su cabeza sobre la del niño, y deja que sus parpados caigan. "Si acepto usa la máscara, ¿Te calmarías para que podamos avanzar?"

Sealand moquea, pero se separa y asiente vigorosamente.

Los ojos de Dinamarca se suavizan y se levanta frágilmente, dejando que una mano acaricie el cabello de Peter. "DE acuerdo, ganaste. Pero si pasamos por zonas difíciles quiero que tú la uses. La compartiremos."

Peter asiente de nuevo. "Pero tú la vas a usar más. ¿Incluso cuando duermas, si?"

"Si, sí." Suspira y ajusta las cintas tras su nuca, hasta que la máscara esta sellada herméticamente contra su cara. "Rayos, eres igualito a Finlandia."

"Esa es una mentira y lo sabes."

"Que listo eres, señor listillo."

"Uno de nosotros tiene que serlo." Vuelve a levantar su capucha y desliza sus lentes sobre sus ojos ácidos, viendo como Den hacia lo mismo. "¿Qué hacemos ahora?"

"Buena pregunta. ¿Qué hay en tus bolsillos?"

Peter vacía el bolsillo de su abrigo y muestra la brújula y la bandana enrollada. Los bolsillos de Dinamarca parecen tener aún menos pero, afortunadamente, aún tiene el mapa.

"¿Qué más hay en tu mochila?" Pregunta él.

"Algunas barras de raciones, el cuadernillo que me diste, calcetines, una revista y una manta que traje del búnker."

"Mierda. Bueno, mantenlo todo contigo por ahora." Luego, miera hacia el cielo y un ruido nervioso escapa de su garganta. "Está oscureciendo. No avanzaríamos mucho hoy y no creo que encontremos algo útil hasta mañana y eso incluye un lugar para dormir." Extiende su mano hacia Peter y ambos comienzan a caminar: Dinamarca se retuerce un poco con cada paso. "Intentemos quedarnos en la ruta principal y pongamos tanta distancia como podamos entre nosotros y ellos. Sé que no es ideal, pero apenas oscurezca nos metemos dentro de una cajuela hasta mañana."

Sealand se ve alarmado sobre ese prospecto. "¿Eso es peligroso?"

"Si."

"¿Y si nos encuentran?"

"Los mataré."

Aprieta la mano enguantada de Den. "¿Y si no puedes?"

"No seas tan mórbido." Se detiene abruptamente, girando para verlo de frente. "Siempre y cuando seamos cuidadosos, estaremos bien. El camino de este lado está demasiado estropeado para que el camión que conducían pudiera pasar, eso significa que nos estarían siguiendo a pies. Si en realidad nos siguieran buscando, ¿no crees que los habríamos oído ya?" Asiente con firmeza y su atención regresa a navegar entre los coches. "Solo tenemos que andar con mucho cuidado por un tiempo."

"¿Qué tanto tiempo?"

Dinamarca se encoge de hombros.

"Para siempre, probablemente."


Justo como dijo Dinamarca, no lograron cubrir mucho terreno antes de que el sol comenzara a desaparecer bajo la ceniza. Avanzan con lentitud; los huesos de Dinamarca rechinan y lo hacen cojear a un lado de Peter, determinado; pero su respiración es difícil y avanza a rastras, tan diferente ahora que él es el que lucha por no quedarse atrás. Peter se da cuenta que aunque este respirando copiosamente, cada inhalación es cada vez más silenciosa y moderada, tose menos entre cada una. Es una mejora, pero apenas. Aun así, su progreso es limitado y tras haber avanzada menos de cinco kilómetros, con la luz del día estrechándose casi completamente, Dinamarca tira la toalla y ambos comienzan la búsqueda de un auto seguro para pasar la noche.

"Busca alguno que se vea deshecho," Son las indicaciones que da Dinamarca. "Pero que sea moderno. Tiene que tener una palanca para abrir la cajuela desde adentro."

Caminan a lado de los automóviles averiados que enfilan por la avenida antes de decidirse por un BMW negro que está parcialmente derretido sobre el asfalto, con sus llantas delanteras y el capó unidos bizarramente como una escultura de cera, soldados al cemento de una forma que recuerda a Peter de un caracol deslizándose por una rama. Dinamarca se asoma por la ventana para abrir la cajuela, y esta rechina, abriendo una rendija lo suficientemente grande para que Peter pueda levantarla completamente.

"Hay que asegurarnos que funciona." Dinamarca dice y camina al otro lado del carro. "¿Quieres intentarlo tú o lo hago yo?"

"Yo puedo." Mientras Dinamarca mantiene la puerta de la cajuela abierta, Peter entra a gatas en su interior. Luego de ver como se cerraba, Peter jala la pequeña palanca y la cajuela vuelve a partirse, dejando caer un puñado de ceniza en su cara y haciéndolo estornudar. "Funciona." Peter se levanta y sostiene la puerta mientras Dinamarca regresa a arrancar la palanca a un lado del asiento del conductor, estropeándola, luego vuelve con un destornillador pequeño que sacó de su bolsillo. Se arrodilla y agujerea la superficie de la tapa, antes de meterse y cerrar la puerta, al tiempo que el último rastro del día se desvanece.

Es un espacio estrecho y es una tarea difícil acomodarse. Eventualmente Peter se acomoda sobre el torso de Dinamarca, aunque para ese momento se había golpeado tantas veces la cabeza que estaba seguro de tener daño cerebral permanente. Dinamarca con su risa amortiguada coincidía con los quejidos de incomodidad de Peter y terminan cuando este lo golpea con un chasquido en la frente.

"No es divertido," gruñe. "Esto apesta."

"¿Crees que esto es malo? Intenta meterte en un Volkswagen con Suecia."

"¿Qué?"

"Si. Fue como hace diez años. Finlandia y Noruega se cansaron de que nos peleáramos durante la cena que nos emborracharon y nos metieron dentro de la cajuela del auto rentado de Islandia toda la noche. No nos liberaron hasta que nos disculpamos y prometimos comportarnos."

Sealand se ríe. "¿Qué hiciste entonces?"

"Pasar toda la noche con su trasero apachurrado contra mi cara."

"¿No te disculpaste?"

"¿Qué? No, eso es para perdedores. Además, él empezó."

"Lo dudo."

"Cállate, estas siendo injusto conmigo." Dinamarca suspira pesadamente e inclina su cabeza sobre el felpudo debajo de él. "Creo que me gustaría haberlo hecho."

"¿Por qué peleaban?"

"Ni siquiera me acuerdo. Probablemente algo estúpido."

"Definitivamente algo estúpido, entonces."

"¿Qué acabo de decir acerca de que te callaras?"

Peter cruza sus brazos y descansa su cabeza sobre ellos. "¿Qué paso entonces? ¿Cómo salieron?"

"Islandia nos devolvió a la compañía de renta y ellos nos oyeron golpeando la cajuela. Un tipo llamado Sven nos sacó de ahí y tuvimos que pedir aventón de regreso a casa." Él ríe. "Nadie nos quiso llevar, al inicio. Estábamos todos sudados y sucios por pasar toda la noche atrapados dentro de ese carro. Estoy seguro que esa vieja señora que nos recogió al final pensó que éramos asesinos seriales o algo."

"Tú, tal vez. Suecia no parece un asesino serial."

Dinamarca aprieta los cachetes de Peter entre sus manos. "Okey, ahora si estas siendo injusto a propósito."

Sealand se sacude las manos de encima y se acomoda, soltando un resoplido. Luego de un momento, se inclina un poco para ver a Dinamarca a través de la oscuridad. "¿Suecia no mataría a nadie, cierto?"

"¿Que? ¿Berwald? Nah, no creo. A menos que tuviera que hacerlo." Bosteza largamente. "Es mucho más relajado estos días. Solo lo haría si fuera absolutamente necesario. ¿Por qué lo preguntas?"

"No sé. He estado pensando sobre cosas, creo."

"¿Qué cosas?"

"Bueno…" Peter vuelve a cruzarse de brazos, lo suficiente para erguirse un poco. "Dijiste que algunas personas habían enloquecido y empezado a matarse, digo eso creo…. No lo se."

"Nah, lo entiendo." Se encoge de hombros. "Y no puedo decirte que no haya pasado. Con lo débiles que estamos ahora, no creo que haya uno solo de nosotros que no sea susceptible a enloquecer, como cualquier humano. Pero, aun así no creo que te tengas que preocupar por ello…" Sonríe y revuelve el cabello del niño. "Nosotros nórdicos salvajes perdimos la cabeza hace mucho tiempo."

Peter asiente despacio. "¿Y todos están débiles o muertos porque la tierra está muerta, no?"

"Estoy seguro de que eso es una parte de todo esto. Pero una parte es la población, también." Peter alcanza a oír un gruñido ininteligible producido detrás de la máscara. "No somos nada sin nuestra gente."

"Pero yo soy…" Peter vacila y mira hacia abajo. "Si."

Dinamarca ladea la cabeza. "¿Qué ibas a decir?" Pregunta con curiosidad. "¿Qué es lo que piensas?"

"Bueno, yo… Si solo necesitamos nuestra tierra y nuestra gente para sobrevivir, ¿Yo debería estar muerto, no? Pude sentir cuando mi base se rompía y sé que la familia Real está muerta, pero yo sigo bien." Hace una pausa que dura largos momentos antes de seguir, en un murmuro. "Supongo que eso significa que nunca fui una nación en realidad."

"¿Qué?"

"Todo lo que era parte de mí desapareció pero yo sigo vivo. Entonces significa que nunca estuve formado por ellos, en primer lugar." Se frota los ojos con los puños. "Nunca pude tener un gobierno real ni nada, así que nunca me convertí en un país real."

"Hey," Dinamarca deja una mano sobre su espalda. "Tener un gobierno grande y muchas tierras no significa nada. Ser lo que somos tambien significa como cuidamos a nuestra gente."

"Pero toda mi gente está muerta."

"No lo están." Dinamarca solo suspira y se acomoda en una posición más erguida. "La familia Real que conoces, sí, pero no toda la familia. Si ninguno estuviera vivo, estarías peor estado."

"Pero el Príncipe Roy y su familia eran los únicos-"

"No lo eran. Tienes una población más grand de lo que pensabas, niño."

"¿Enserio?"

Dinamarca asiente. "Claro. Tienes una familia Real enorme. Suele pasar, cuando puedes coronar gente a través de internet. Probablemente tienes más Lores y Damas de las que sabes, lo que significa que no hay forma de que todos hayan muerto."

"Pero ¿qué si lo están?"

"No lo están."

"¿Cómo puedes saber eso?"

"Confía en mí, yo sé."

"¿Cómo?"

Dinamarca sonríe. "Porque yo soy un Lord Oficial de Sealand. Y estoy jodidamente seguro de que no estoy muerto aun."

Peter lo mira boquiabierto. "Espera ¿Enserio lo eres?"

"¡Mierda, claro que sí! Tambien Noruega e Islandia. Y Suecia y Finlandia tambien, por supuesto."

"Pero tú ya eres… ¿Por qué?"

"Hey, un puesto de Realeza por treinta euros, no está nada mal. Y tenía un marco vacío que necesitaba llenar con algo." Lo mira astutamente. "El titulo estaba colgado en la pared de la sala… ¿Nunca lo notaste?"

"No, nunca lo vi…" Se detiene un segundo. "Así que, si hicieron todo eso, entonces, ¿Creen que soy una nación real?"

"Claro que sí. Como te dije, los reinos y tierras no tienen nada que ver. Es todo sobre el esfuerzo que haces y tú has puesto más que nadie."

"¿Por qué nunca me reconocieron frente a los demás?"

Den se encoge de hombros. "Lo que pensamos nosotros es diferente a lo que piensa nuestra gente. Suecia estaba trabajando en ellos, creo. Finlandia también. Estaban muy cerca de lograrlo, en realidad."

"Que suerte," Peter bufa. "Por fin alguien cree en mí y el estúpido mundo tiene que acabarse."

Dinamarca suelta una carcajada y vuelve a recostarse. "Bueno, que tal esto," Se aclara la garganta. "Por el poder que se me ha concedido como parte del estatus de Nación, el Reino de Dinamarca reconoce de ahora en adelante al Principado de Sealand como un Estado Soberano Independiente." Con algo de dificultad, extiende su mano para estrechar la de Peter. "Bienvenido al fastidioso club de las Naciones Unidas, señor Kirkland. No comas de la ensalada de huevo en la cafetería, te dará indigestión."

Peter pestañea y torpemente sacude su mano. "¿Lo dices... enserio?"

"Si logramos salir de esta, lo pondré en escrito." Dice con una sonrisa amplia. "No hay nadie que pueda detenerme esta vez. Berwald y los demás lo firmarán tambien." Estira su cuello lo más que puede para ver a Sealand a los ojos. "y cuando encontremos a Arthur, puedes restregarlo en su gran cara cejona."

Peter se queda en silencio por una largo tiempo y luego, lanza sus brazos alrededor del cuello del danés lo mejor que puede y se deshace en fuertes carcajadas.

No puede recordar la última vez que durmió tan feliz.


La *caja castigada .

Todos saben a que me refiero, solo queria poner la imagen :3