NOTA: Este capítulo va especialmente para 3 personas muy importantes: Ilwen Malfoy, Marie Rosier y DanielaSOS. Se les agradece todo chicas y obviamente también a aquellas que siempre leen el fic y que gracias a esto nos hemos ido conociendo.

Capítulo 6: De verdades y secretos

- ¡No! – continuaba aunque se calló enseguida al ver cómo de un único y limpio movimiento el hombre lobo se abalanzaba sobre ella, acabando de esa manera con la chispa de vida en los ojos de Hermione - ¡Grangeeeer!

Sin embargo ese grito si pudo escucharlo y es que ahora se encontraba sentado en la cama de una habitación con algo fuertemente sujeto entre sus manos. Obviamente había tenido una pesadilla, aunque lo que no era tan obvio era tener entre sus dedos la mano de la persona con quien acababa de soñar.

A penas entendió lo que estaba haciendo soltó su mano como si le quemara o le diera urticaria, lo que ella aprovechó para poder alejarse lo máximo que la habitación le permitía de la cama del chico. Ninguno de los dos sabía como reaccionar y es que la situación los superaba a ambos. Por un lado ella había sido descubierta con las manos en la masa, literalmente hablando, y él había dicho el apellido de la chica a voz de grito para luego despertar justo con ella frente a sus ojos.

Draco fue capaz únicamente de hacer lo que primero se le ocurrió y que muchas veces lo había ayudado a salir de diversas situaciones: aparentar ignorancia por conveniencia. No iba a quedar en evidencia, Granger no podía descubrir que había estado soñando con ella, no, eso nunca.

- ¿Se puede saber que hacer aquí Granger? – dijo más fuerte de lo necesario, pero ella no respondió – ¿Es que ahora ibas a intentar violarme mientras estaba inconciente?

- Yo sólo intentaba…

- ¿Qué? – la interrumpió – acaso querías saber que se sentía tocar a alguien que valga la pena, te dije el otro día Granger, se mira pero no se toca o ¿es qué tanto me necesitas?

- ¿Necesitarte? Si mal no recuerdo fuiste tú quien grito mi nombre dormido.

- Porque claramente sabía que eras tú quien estaba manoseándome, no había nadie más que fuera tan psicópata. Tienes que estar realmente necesitada.

- ¿Y a ese infeliz era quién ella quería ayudar? – pensó – Yo jamás he necesitado de nadie, si tenía mi mano entre las tuyas fue porqué tú dormido no me quisiste soltar hasta que despertarte y te diste cuenta de lo que estabas haciendo.

- Ni que yo te haya obligado también a entrar aquí.

- Tienes razón, nadie me ha obligado – contestó con un murmullo y alejando su enojada mirada de la del rubio.

Hermione ya estaba cansada, había sido demasiado por un día y en esos momentos lo único que quería hacer era irse de allí. No quería seguir viéndole la cara a Malfoy, no quería seguir odiándose a si misma por estar dándole la razón y tampoco quería continuar preguntándose por qué no le creía que el grito que había dado fue porque siempre supo que era ella, no, tenía la idea de que él había estado hablado en sueños y del sobresalto despertó.

Ese día sin duda había sido terrible y no iba a seguir empeorándolo continuando la discusión con él, por lo que se fue de allí dejando la puerta abierta a su paso y salió corriendo por el pasillo para poder llegar a las escaleras y así subir a su habitación. Si ella hubiese sabido como iba a ser su día antes de levantarse, seguramente habría evaluado en salir o no de la cama.

Ya estaba llegando al vestíbulo de la casa cuando notó una silueta conocida en el interior y al acercarse para cerciorarse de quien era, se dio cuenta de que al parecer la estaba esperando. Allí, sentado en un de los sillones estaba el profesor de pociones, quien la miró con la seriedad que lo caracterizaba y parecía que buscaba algo en los ojos de Hermione.

- Buenas tardes señorita Granger

- Buenas tardes, profesor, pensé que ya se había ido – dijo extrañada de encontrarse con él por tercera vez en el día.

- Si, tuve que irme para resolver un asunto en el Callejón Diagon, pero no podía irme sin antes hablar con usted.

- ¿Conmigo? ¿Sucedió algo?

Severus no le dijo nada y es que no necesitó hacerlo. Con total parcimonia sacó de su túnica una varita de madera de vid que no le pertenecía, una varita que Hermione reconoció en el acto, ya que era la suya. El profesor de pociones le tendió la varita y cuando Hermione tomó el otro extremo para quitársela notó como él no la soltaba, impidiendo que pudiese guardarla. Sin entender que era lo que su profesor pretendía lo miró directo a los ojos con la interrogación plantada en el rostro, que él interpretó enseguida.

- Espero que le devuelva su varita al señor Malfoy y tenga más cuidado en donde deja la suya. De no haberla encontrado yo, usted ahora estaría en graves problemas y de verdad dudó que comprenda la magnitud del asunto si los que la encontraban fueran mortífagos y no los aurores. Si es la estudiante más brillante de Hogwarts, pues no deberían pasarle este tipo de descuidos.

Luego de eso él soltó el mango de la varita de Hermione y salió de la habitación sin decirle nada más, dejándola con el orgullo herido, pero con una sensación de alivio enorme en el pecho. Tenía mucho que agradecerle a su profesor aunque no le gustara reconocerlo, él le había salvado la vida en más de una ocasión y hoy debería agregar una más en la lista.

Ahora sabía que debería volver a la cocina y hacer como si nada hubiese pasado, por más ganas que tuviera de seguir su camino hacia su cuarto entendió que esa no era la mejor alternativa. Si no llegaba a donde estaban sus amigos ellos sabrían enseguida que algo le había sucedido, aunque no supieran que eso involucraba a Malfoy y Snape.

En cambio si volvía a la mesa junto a ellos sólo tendría que fingir unos segundos frente a sus dos mejores amigos, quienes de perceptivos no tenían nada, y luego contestar el cuestionario de Ginny al volver a su habitación, el cuál haría tanto si iba o no a la cocina, ya que era imposible que la engañara. Entendió que lo mejor sería volver ahí y de esa manera por lo menos evitaría que Harry y Ron notaran que le había pasado algo.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Maravilloso. Simplemente maravilloso. Es que ¿existía forma de seguir empeorándolo todo? Si hasta parecía que le pagaban por hacer estupideces. Esto ya estaba llegando demasiado lejos. Hace días no podía sacarla a ella de su cabeza, de sus sueños y ahora no la podía sacar de su vida. ¡No se suponía que ella iba a estar ahí!, o sea, ¿qué era lo que ella estaba haciendo en su habitación mientras dormía? Todo parecía fuera de lugar últimamente. Granger parecía especialmente dispuesta a aparecerse en todos lados, si no era en Grimmauld Place, era en el Callejón Diagon, en sueños y ahora hasta fuera de ellos.

Draco seguía tumbado en la cama, tal y como había quedado luego de que Hermione saliera por la puerta. No podía olvidar el susto que sintió cuando al despertar la vio allí, no era otra parte de su sueño, era la Granger real. El tacto de su mano entre las suyas no era parte de su imaginación como en otras ocasiones, como en otros de sus sueños.

Una de las primeras veces que pudo verla mientras dormía había sido algo muy nuevo para él. Estaba tan acostumbrado a las pesadillas que toda la guerra le estaba ocasionando, que cuando se vio a si mismo en el reflejo del Lago Negro en Hogwarts bajo un cielo sin nubes y una brisa sin apuro, no pudo dejar de admirar toda esa calma, a pesar de estar en un sueño.

Extrañamente en ese lugar no había nadie más aparte de él, no había absolutamente nadie en los jardines del colegio y lo único que interrumpía ese delicado silencio era el sonido de las hojas al moverse con el viento. Se sentía sumamente tranquilo y relajado, como si nunca se hubiese tatuado la marca en su brazo, como si afuera no existiera la guerra y como si alguien cuidara de él en ese instante. Y es que así era.

Ella había aparecido a su lado como si siempre hubiese estado ahí y lo miraba con sus ojos miel sin ningún tipo de rencor o enojo, lo miraba serena y feliz, mientras su simple vestido blanco ondeaba con la brisa. Lentamente y como si temiera que él se iba a alejar del posible contacto, le tomó la mano entre las suyas y desvió su mirada hacia el lago frente a ella. Solamente cuando Draco también dirigió su vista hacia donde ella estaba mirando despertó.

Recordaba que esa vez había despertado sin miedo, sin sobresaltos y como si de un segundo a otro se le hubiese acabado el sueño. Estaba en su cama en las mazmorras de Slytherin, junto a sus compañeros de casa, quienes aún roncaban sin percatarse de nada.

Sin embargo esa no había sido la única vez que le había sucedido, recordaba otra ocasión luego de la primera reunión de la Orden. La veía, ella estaba en el Callejón Diagon con sus amigos y reía tranquilamente sin saberse observada. El sonido de su risa era lo único que él podía escuchar y la verdad es que tampoco le interesaba oír nada más. Era un sonido melodioso y contagioso, que le provocaba ganas de sonreír con ella, a pesar de no tener idea de que era lo que le causaba gracia.

Él sonreía, sí, sonreía por ella. Y como si esta fuera la señal que Hermione necesitara, se giró hacia él sin cambiar la expresión de su rostro, y dejando a sus amigos, sin que estos parecieran notar que ya no estaba, se fue corriendo hacia un sorprendido Draco. No le dijo nada, simplemente tomó la mano del sorprendido rubio y jaló de ella para llevarse al rubio a un lugar lleno de luz, tanta que no le permitía ver nada más que a Hermione.

Esa vez había despertado enojado por el simple hecho de despertar. Estaba frustrado, ya que ahora había perdido la cuenta de cuantas veces había soñado con la castaña en el último tiempo y siempre eran sueños como el que acababa de tener, sin sentido ni precedentes para que su mente vagara por recuerdos o cosas por el estilo. Ya no quería saber nada con respecto a ella, no quería recordarla, no quería escucharla y mucho menos verla. Aunque obviamente eso era imposible, porque en unas cuantos minutos más tendría que volver a Grimmauld Place y le sería imposible evadirla para poder quedarse tranquilo.

Y ahí estaba ahora, en la misma situación de hace unas semanas o peor, sin saber que hacer y con ganas de crucearse a si mismo para poder pensar en otra cosa. Aunque no lo lograba, tenía grabada la mirada de ella cuando reconoció que nadie la había obligado a entrar a la habitación. Parecía dolida, herida por como habían terminado las cosas y lo peor es que no le gustaba verla así, no quería que tuviera esa mirada que tanto le recordaba a cuando casi la mata Greyback, sino que prefería verla sonriente, tal y como él la vio en sus sueños.

Seguía sintiéndose un estúpido, si él actuara como siempre lo había hecho no tendría porque importarle si ella se veía triste o feliz, pero ahí estaba regañándose interiormente por haber logrado que todo terminara de esa forma y sintiendo el remordimiento de haberse comportado como un cretino. Además el dolor de cabeza que tenía ahora no le estaba ayudando mucho a sentirse mejor, bueno la verdad es que no ayudaba en nada. Parecía como si le hubiesen partido la cabeza, y no estaba muy lejos de la realidad a decir verdad.

No lograba entender aún como era que había llegado hasta ahí, únicamente podía recordar la sensación tibia en su rostro y el olor a sangre después de eso. Fue gracias a eso que se pudo acordar de Selene y no sólo de ella, sino de ¡Selene haciendo magia! Se sentía extrañamente traicionado, Draco había confiado más en ella en cualquier otro en aquella casa y ahora la descubría mintiéndole y no sólo a él, sino a la Orden completa.

Tenía muy claro que el único que debía estar al tanto de esto era Dumbledore, tanto porque ellos dos parecían muy cercanos como porque era imposible engañar al viejo de esa manera. Pero, ¿para qué? ¿Porqué hacer todo ese teatro? ¿No sería más fácil decir toda la verdad? Ella sería un mayor aporte a la causa si pudiera participar como todos los demás y no sólo quedarse en la parte estratégica del movimiento.

Aunque no pudo seguir elaborando teorías sobre lo que sucedía, ya que la puerta de su habitación se abrió con mucho cuidado, como si quién estuviera detrás tuviese miedo de despertarlo o algo parecido, y allí estaba ella, con cara de preocupación con la mirada fija en Draco. Selene medio le sonreía y medio lo examinaba con la mirada, buscando algún indicio que la herida no se había curado o algo parecido.

- ¿Puedo pasar? – dijo calmadamente.

- Ya estas dentro ¿no? – le dijo lo más frío y distante que pudo.

- Veo que no despertamos de buen humor.

- ¿A qué vienes? – le contestó tranquilo pero sin mirarla.

- Bueno, yo sólo venía a ver como estabas y si necesitabas algo, porque…

- Estoy bien, gracias – la cortó él.

- En ese caso, Snape me pidió que te dijera que en cuanto te sintieras mejor partieras a tu casa y que no te movieras de ahí – le contó con la preocupación presente en su rostro.

- De acuerdo.

Draco estaba visiblemente molesto, lo había traicionado cuando él había confiado en ella y lo peor es que no podía entender porqué lo había hecho, si Selene tuviera una razón importante sería capaz de entenderlo, ya que él mismo había tenido que mentir a muchos con tal de proteger a quienes quería, pero ella no tenía una razón aparente.

Comenzó a hacer amagos de levantarse de la cama en la que estaba tumbado con tal de salir pronto de allí, pero no logró levantarse mucho cuando un mareo terrible lo invadió y cayó de vuelta a la cama, lo que lo hizo sentirse más patético que antes frente a Selene y más molesto con ella, si esto era posible.

De forma casi instintiva la morena se acercó hasta donde estaba él y le ayudó a incorporarse de nuevo en la cama. Draco volvía a estar pálido y es que aún no podía recuperarse completamente de la pérdida de sangre que había tenido, si incluso se notaba que le costaba trabajo mantenerse conciente.

- ¿Porqué haces esto? – preguntó él débil, pero con tono orgulloso como siempre.

- ¿No es obvio? Porque me importas – le contestó sin vergüenza.

- No, no es obvio.

Selene prefirió asumir que el mal humor del rubio se debía principalmente a su actual condición y no a algo más. Ellos no se habían visto desde que ella le había dado algo para comer mientras esperaba a su padrino y ese día no habían discutido ni nada parecido, sino todo lo contrario. Ella pensó que el hecho de volver a estar en Grimmauld Place, lejos de su familia y sintiéndose como se sentía, era lo que lo hacía estar tan molesto.

Lo recorrió rápidamente con la vista para buscar algo que lo molestara, pero lo único que podía llamar su atención era su ropa teñida aún de rojo escarlata y que seguramente lo no lo hacía sentirse muy cómodo. Su ropa estaba haciendo contraste con su piel tan clara y eso fue lo que logró iluminar la mente de Selene. Ahora ya tenía una idea de qué podía hacer para ayudarlo a recuperarse más rápido.

Necesitaba una poción re abastecedora de Sangre. Por su parte Selene siempre había detestado las pociones, no lograba entenderlas bien y es que nunca pudo practicar libremente con ellas, ya que no podía usar los ingredientes y sólo debía conformarse con las imágenes de ellos en los libros y memorizar la preparación de muchas cosas que ella no podía utilizar. Sin embargo, esa noche no las odiaba o por lo menos del todo, simplemente porque podían ayudar a Draco.

- Voy a buscar una poción re abastecedora de sangre – le informó al levantarse.

- ¿Y cómo sabes que esa poción existe? – preguntó serio mirando hacia otro lado, evitando a Selene.

- No lo sé, seguramente la escuché por ahí o lo leí en algunos de los libros que hay en la biblioteca –dijo poco convencida.

- Ya, claro.

- Supongo que será mejor que vaya a ver si Molly tiene algo de esta poción.

- O puedes prepararla tu misma.

- No tengo idea de cómo se hace esa poción – le dijo sin mentir esta vez y sin esperar a que la cosa se pusiera más fea, se fue de ahí.

Por ella no hubiera desperdiciado tiempo en buscar el dichoso maletín de primeros auxilios de Molly, podría haberlo convocado como le había dicho antes a Hermione que lo hiciera; pero no podía, ya que no debía arriesgarse a que alguien la viera hacer magia o convocarlo justo cuando otro lo estuviese usando.

En ese instante el único lugar donde se le ocurría buscarlo era en la cocina y era el espacio más probable, debido a que Molly pasaba la mayoría de su día ahí. Aunque se arrepintió a los dos segundos de entrar en ese lugar, ya que sentados aún en la mesa estaban Potter y Granger, y ésta última no le quitaba los ojos de encima sin ningún tipo de disimulo. Únicamente porque ya se encontraba ahí y Draco necesitaba reponerse pronto, no se devolvió sobre sus pasos y esperó a que ellos se hubiesen ido. Se limitó a asentir con la cabeza una vez en forma de saludo a Harry y entró, para comenzar a revisar las despensas y alacenas en busca del maletín. Revisó por cada uno de los rincones y nada. El bolso no aparecía por ningún lado y no era que le apeteciera mucho el tener que buscarlo por toda la mansión, pero si era necesario lo iba a hacer.

- Selene, ¿qué buscas? – consultó Harry inocentemente.

- Estoy buscando el botiquín de la señora Weasley – le respondió sin dejar de buscar.

- Y, ¿se puede saber para qué?

Selene respiró profundo antes de responder y es que no estaba de humor, teniendo que estar con Hermione en la misma habitación y Draco también había casi agotado la cuota de la poca paciencia que tenía, pero definitivamente Potter no tenía la culpa, por lo que se limitó a responderle tranquilamente.

- Es para Draco…

- ¿Qué pasa con él? – la interrumpió Hermione, ganándose una mirada asesina por parte de la morena.

- Al parecer aún no se recupera de toda la sangre que perdió y necesito una poción para ayudarlo.

- ¿La poción re abastecedora…?

- Sí, Granger, la misma. Pero no te molestes en darme la ficha de esa pócima, que no la necesito – la cortó con poca diplomacia.

- Te pareces a Dobby, preocupándote tanto por Malfoy – acotó Harry no de buena manera al ver como Selene le había contestado a su mejor amiga.

- ¿Dobby? ¿Quién es él?

- Era el elfo doméstico en la casa de Malfoy.

- ¿Era? ¿Qué le pasó?

- A él nada, sólo que fue liberado por Lucius en un incidente y ahora es un elfo libre.

- ¿Un elfo libre? ¿Eso existe?

- ¡Claro que existe! Es la única forma en que los elfos pueden hacer valer sus derechos – explicó Hermione subiendo dos tonos al hablar.

- ¿Debo entender entonces que ese elfo ahora vaga por el mundo sin servir a nadie? – le preguntó Selene a Harry.

- Algo así, ahora él trabaja en Hogwarts, pero como es libre él puede salir de allí si lo quisiera o lo llamáramos – Harry se extrañaba de tanto interés por parte de la chica por saber de Dobby, pero prefirió no preguntar cosas de más.

- Potter, al parecer voy a tener que pedirte un favor. Necesito que llames a Dobby, tengo algo que hablar con ese elfo.

- ¿Para qué lo quieres?

- Sólo quiero ver si él sería capaz de ir a la casa de Malfoy y traerle algo para cambiarse, para que en su casa no sospechen que miente al decir que se va a quedar en otro lugar y además para que pueda cambiarse la muda de ropa que tiene ahora ensangrentada.

- No lo sé, ¿por qué debería ayudar a Malfoy a salir del paso? – Harry no podía olvidar todo el pasado, no creía que se mereciera que le brindara ayuda. Mientras que por otro lado Hermione no decía nada, ella quería que Harry llamara a Dobby, pero no quería demostrar que aunque no lo quisiera, se seguía preocupando por el rubio.

- Porque ahora él es parte de la Orden; porque necesita tu ayuda, aunque él jamás lo reconozca; porque le sería mucho más fácil seguir siendo un espía si le facilitamos un poco las cosas y finalmente porque la que te lo está pidiendo soy yo y no él. Piensa que me ayudas a mí, soy yo la que te pide ayuda.

Harry sólo pudo rendirse ante esa respuesta y es que aunque no lo quisiera ella tenía razón, además le estaba dando la excusa de que él la ayudaba a ella y no a Malfoy. Sin perder más tiempo llamó a Dobby, aquel fiel elfo doméstico que en más de una ocasión intentó salvarle la vida. Un fuerte ¡crack! sonó a un costado de donde se encontraba Potter y apareció una pequeña criatura, vestida con un trapo y con grandes ojos saltones, color cielo.

- ¡Harry Potter ha llamado a Dobby! Dobby no sabe que es lo que quiere el señor, pero él siempre estará para ayudarlo.

- Hola Dobby – saludó el mago, un tanto cohibido por las palabras del elfo.

- ¿Cómo estás, Dobby?

- Señorita Granger, siempre tan preocupada por Dobby, ella siempre le pregunta como está. Dobby está muy bien, gracias.

- Dobby, quiero presentarte a una amiga, Selene – comenzó Harry señalando a la muchacha – ella es quién te necesita.

- Dobby ayudará a los amigos de Harry Potter – dijo haciendo una pequeña reverencia en señal de respeto hacia Selene.

- Encantada – le contestó sonriendo y haciendo una señal con la cabeza – he escuchado mucho de ti. ¿Es verdad que trabajaste por mucho tiempo para la familia Malfoy?

El elfo doméstico se encogió instintivamente al escuchar el nombre de su antigua familia. Parecía que con la sola mención de ellos era suficiente para que los recuerdos se amontonaran en su mente y no lo dejaran tranquilo. Dobby guardaba en su cabeza muchos de los secretos de la familia Malfoy, había estado presente en sus momentos más oscuros y aunque también en los más luminosos. Conocía lo que era la ira de Lucius, la desesperación de Draco y la compasión de Narcisa. Si bien él no tenía muchos recuerdos alegres de su estadía en Malfoy Manor, tampoco les guardaba rencor, lo único que le provocaban tristeza por la historia que habían tenido, miedo por las cosas que habían pasado con ellos y sorprendentemente también cariño, ya que ellos de una u otra manera siempre habían sido su familia.

- ¿Dobby? ¿Escuchaste lo que te pregunté? – le dejo Selene con cuidado de no sobresaltarlo.

- Si, perdone señorita. La verdad es que Dobby pasó la mayor parte de su vida sirviendo a la familia Malfoy.

- Entonces tú conoces completamente el interior de su casa, ¿no es así?

- Claro Dobby conoce todos los rincones de la mansión.

- ¿Y tu puedes aparecer en la casa, aunque no trabajes más ahí?

- Sí, Dobby puede aparecer.

- Entonces, voy a necesitar que me acompañes un segundo.

Selene no quería quedarse en la cocina, no le gustaba estar bajo el escrutinio de nadie y menos de Hermione. Ella no dijo nada en especial, pero no era necesario, podía sentir su mirada en ella estudiando cada movimiento que hacía o cada palabra que decía y de esa manera no podía hablar tranquila. Condujo al pequeño elfo fuera de allí sin ningún problema, éste parecía muy dispuesto a ayudar en cualquier cosa y cuando ambos llegaron a la puerta de la habitación donde se había hospedado Draco, se detuvieron antes de abrir la puerta y la chica se volvió para hablar nuevamente.

- Veras, en esta habitación está Draco Malfoy y antes de que te alteres o algo parecido, debo decirte que él está herido y debo ayudarlo y para eso necesito tu ayuda. Lo que te quiero pedir es que entres a la casa de los Malfoy sin ser visto y que saques algo de ropa para Draco. También debo pedirte que me ayudes a encontrar el botiquín de Molly Weasley aquí en la casa y por último que le entregues una carta Severus Snape, sin que nadie lo note. ¿Podrías hacerlo?

- Dobby hará todo lo posible para ayudar a la señorita – contestó con una sonrisa.

- Muy bien, muchas gracias por todo, Dobby – le dijo hincándose en el suelo para quedar a la altura de él – no sabes lo mucho que me ayudas.

Selene estaba realmente agradecida por todo lo que él estaba haciendo por ella. Si la ayudaba a ella, más que Draco. Porque seguramente el rubio habría salido del paso por esa noche y se recuperaría de igual manera con o sin la poción, pero a ella la tranquilizaba saber que Malfoy estaría mucho mejor ahora con la cooperación de Dobby. No pudo contenerse mucho más y de la nada abrazó a la pequeña criatura como forma de agradecimiento, mientras que él aún sorprendido por el actuar de la joven sólo le devolvió el abrazo.

Fue corto y cuando se separaron ellos quedaron cara a cara otra vez. Esto no debió tener la mayor importancia, pero para Dobby quedar en esa posición significó poder ver a la chica más de cerca y percatarse de ciertos detalles en ella, o por lo menos uno en especial. En el cabello oscuro de Selene brillaba un pequeño peine, maravillosamente labrado en plata y con incrustaciones de esmeralda como adornos. Una joya increíble y que él sólo había visto una sola vez, cuando trabajaba para la familia Malfoy. En esa época le habían dado la orden de llevarle el peine y una carta a Albus Dumbledore en persona y no volver a la casa hasta que esa misión fuera cumplida y sin que nadie más se enterara de su existencia. Si bien Dobby nunca supo que decía la carta, ni para qué tenía que entregarle el objeto al profesor, lo único que tenía claro era que el pequeño peine era una reliquia familia muy valiosa, hecha por duendes y que había sido fabricada para los Black hace muchos años atrás.

Los ojos de la criatura se abrieron desmesuradamente, sin poder ocultar la sorpresa que le provocaba ver aquella joya en el cabello de una chica que acaba de conocer. Se suponía que nadie a excepción del profesor Dumbledore debería enterarse de la existencia de eso, provocando que un miedo terrible invadiera a Dobby. El terror que ahora sentía era igual al que le provocaba la presencia de Lucius Malfoy cuando una orden no era acatada y sólo fue capaz de salir un poco de su ensimismamiento al recordar que él ya era un elfo libre, quien no tenía por qué temer a sus amos.

- Oye, ¿estás bien? – preguntó muy preocupada Selene.

- Sí, si, Dobby sólo estaba recordando… - dijo sin saber muy bien lo que decía

- Y, ¿qué recordabas?

- Dobby no puede decírselo – respondió angustiado y con un escalofrió recorriendo su pequeño cuerpo.

- Sabes, tú no tienes que hacer esto si no quieres, yo entendería si todo esto no te trae buenos recuerdos.

- ¿Usted se preocupa por Dobby?, son pocas personas a las que Dobby les importa – Selene le colocó una mano en su hombro para tratar de tranquilizarlo – No se preocupe, señorita Selene, Dobby hará todo lo posible por ayudarla.

Y así ninguno dijo nada más. Selene se limitó a volver a ponerse de pie para poder abrir la puerta y permitirle al elfo entrar a la habitación. Dentro se encontraba Draco, respirando trabajosamente, pero aún inconciente. Para la pequeña criatura el ver nuevamente al menor de los Malfoy fue toda una sorpresa, ya que él había cambiado mucho desde que había dejado la mansión. Él ya no era el pequeño que solía vagar por los terrenos de Malfoy Manor montado en su escoba. Era un todo un joven con la cara de rasgos más afilados y aristocráticos, siendo la perfecta copia de Lucius. Dobby no lo había vuelto a ver otra vez, pues evitaba todo tipo de contacto con cualquier miembro de la casa de Slytherin al trabajar en Hogwarts y su antiguo amo desconocía el paradero de su elfo doméstico.

Sin ninguna duda el ex sirviente no era vengativo y el tener que ver al mago que vio crecer en esas condiciones sí lo afectó aunque no le gustara exteriorizarlo. Sin embargo, sabía que tenía cosas que hacer, él ahora necesitaba su ayuda y no iba a perder más el tiempo. Con un solo chasquido de sus huesudos dedos, pudo hacer aparecer flotando junto a él el botiquín que tanto buscaban y que paradójicamente estaba al otro lado de la cama de Malfoy, al parecer nadie la había sacado de allí luego de usarlo.

- ¿Es éste el maletín que usted estaba buscando?

- ¡Sí! ¿Podrías sacar de allí la poción Reabastecedora de sangre, por favor? Para yo escribir mientras la nota de Snape

- ¡Enseguida! – le contestó Dobby lleno de renovado entusiasmo, al notar como mejoraban las cosas.

No pasó mucho tiempo para que ambos terminaran lo que debían hacer. Selene escribió en un pergamino limpio que había en el escritorio de esa pieza, entregándole inmediatamente la carta para Snape y él le dio el frasco con la poción en el mismo momento.

- Recuerda, la carta es únicamente para Severus Snape y cuando vayas a la casa de los Malfoy nadie debe verte, ¿entendido?

- ¡Sí, señorita! – y a continuación lo único que se escuchó fue el fuerte crack, producto de la desaparición de Dobby.

En ese instante quedó totalmente sola en el cuarto a excepción del mismo Malfoy y tuvo que hacer acopio de toda su fuerza bruta para lograr acomodarlo de tal manera que lo hiciera beber la poción y no ahogarlo en el proceso. El pobre muchacho no era más que peso muerto en los brazos de Selene, quien con algo de esfuerzo logró darle una generosa porción del frasco y luego lo volvió a dejar en su lugar con el máximo de los cuidados. No tardó mucho la poción en hacer efecto, el color volvía poco a poco al rostro del rubio y su respiración se iba tornando más tranquila.

Tan buenos fueron los resultados, que muy pronto Draco volvió a recobrar el conocimiento. Se veía muy calmado, pero en el interior se sentía totalmente intranquilo. De nuevo volvía a ver a Selene frente a él, siendo que no le gustaba tenerla cerca ahora que sabía que mentía. Ella por su parte se mantenía al lado de la cama, sin hacer ningún movimiento. Esperando a que él dijera algo o preguntara cualquier cosa, pero no dijo absolutamente nada y se negaba a mirarla dirigiendo su rostro al techo de la habitación.

- ¿Cómo te sientes, Draco? ¿Te duele algo?

Esto lo dijo preocupada por la seriedad de él y más que nada, simplemente para hacerlo hablar, su silencio la mantenía intranquila. Lo que fuera que le había pasado antes parecía que aún no se le olvidaba. Selene se sentía excluida de una conversación que él estaba manteniendo consigo mismo, y fuera lo que fuera eso no pintaba para nada bueno. Aunque la situación no tenía intensiones de cambiar a ese paso, él seguía sin responderle nada y si seguía observando tan a conciencia el techo que podría haber hecho una tesis de su estudio.

- ¿Se puede saber qué fue lo que hice para que no me hables? ¿Acaso Granger te dijo algo?

- ¿Es que Granger podría decirme algo de ti?

- No que yo sepa, pero es que no me puedo explicar porque estas tan distante desde que despertaste. No tengo ni mínima idea de lo que hice para que te enfadaras o disgustaras de alguna manera.

- Más allá de lo que hiciste, lo que me molesta es lo que no hiciste.

- Serías tan amable de iluminarme, por favor. Porque hasta ahora no tengo idea a qué te refieres.

- ¿Es que no tienes nada que contarme? – le preguntó Draco para darle una última oportunidad de hablar voluntariamente.

- No que yo sepa – contestó rápidamente, para no evidenciar lo nerviosa que estaba por el rumbo que estaba teniendo la conversación.

- Ni siquiera te arrugas para mentir – le dijo riendo irónicamente.

- ¿Qué es lo que quieres decir…

- Sé que eres bruja, Selene – escupió mirándola a los ojos por primera vez.

Quedó estática, cómo si le hubiesen pegado una puñalada por la espalda. Él la había descubierto, lo sabía y ella no podía hacer nada para remediarlo. Era irónico cómo la única persona que ella no quería que se enterara de la verdad la descubriera tan rápido, sólo a semanas de conocerla. ¿Cómo se había enterado? No recordaba haber hecho magia… excepto cuando entró a hurtadillas en esa habitación hace horas atrás. ¡Eso era!, él no había estado inconciente como ella creía, no, estaba conciente y la vio cerrar la habitación con magia y convocar las cosas que necesitaba, ¡pero si hasta encima lo había aturdido!

El rostro de Selene evidenciaba toda la sorpresa que el descubrimiento le había provocado. Era incapaz ahora de mirarlo y se conformaba con mirar al suelo en todo momento, para no tener que enfrentar ahora también su escrutinio.

- Veo que no eres capaz ni de negarlo…

- ¿Serviría de algo que te lo negara? – le dijo en un susurro.

- No, claro no. Pero ahora no haces más que confirmármelo – ahora Draco un poco más recuperado pudo sentarse en el borde de la cama – Aunque de todas maneras, no importa.

- ¿No te importa? – le preguntó escéptica.

- Todos aquí tenemos nuestros secretos, yo por ejemplo, ocultándole la situación a mis padres y también tenemos nuestras razones para hacerlo, en mi caso simplemente para protegerlos. Además Dumbledore seguramente ya está enterado, por lo que tú no debes ser un peligro para nosotros – él había dado en el clavo en muchas cosas, tal vez en más de las que se imaginaba.

- Albus siempre supo la verdad, fue él quién me pidió que me hiciera pasar por squib.

- ¿Por qué? – demandó saber

- No lo sé, dijo que era para que las cosas sucedieran como debían suceder.

- No lo comprendo, pero suena a algo que Dumbledore podría decir – Selene se rió a medias con el comentario de Malfoy, se notaba que él también conocía al anciano profesor y sus métodos – Supongo que después de esto ya no tienes nada que ocultar, ¿verdad? – él ahora la volvía a mirar directamente y ya frente a ella, ahora que estaba de pie.

- No, ése era mi único secreto – literalmente se le partió el corazón al volver a mentirle tan descaradamente, pero él menos que nadie podía saber nada más. En alguna ocasión se juró a si misma que él no iba a enterarse bajo ninguna circunstancia, ella no iba a permitir que Draco estuviera aún más en peligro por su culpa.

- Bien y de todos modos no te preocupes, yo no voy a decir nada al respecto – contestó con su sonrisa torcida.

- Gracias – le respondió con una sonrisa sincera - Ahora será mejor que te vuelvas a recostar, aún no estás totalmente recuperado – sugirió tomándolo del hombro y llevándolo a la cama.

Él no opuso resistencia y Selene tomó asiento junto a él, aún sintiéndose terrible por lo que había hecho. Omitir era una cosa, pero ya mentir derechamente era algo mucho peor y tenía muy claro que si llegaba a enterarse, Draco no le volvería a hablar en la vida.

Ni siquiera cuando Dobby volvió a aparecer en el otro lado de la habitación pudo quedarse un poco más tranquila, pero ahora si tenía una excusa para distraerse de la conversación que recién habían tenido.

- Dobby consiguió lo que la señorita necesitaba y también cumplió con el pedido que le había dado – dijo el elfo reportándose, mientras se acercaba a los chicos con una muda de ropa en sus delgadas manos.

-¿No tuviste ningún problema?– Selene le había quitado las prendas de Draco y ahora las ponía en la cama.

- Ninguno, señorita

- Que bueno, me haz ayudado mucho hoy, ¡Muchas gracias, Dobby! ¿Qué te parece si ahora me esperas un segundo abajo?

- Sí, Dobby esperará – y sin más él desapareció de ahí.

- Veo que ya tienes adiestrado al pequeño traidor – dijo Draco con desprecio.

- ¿Cómo dices?

- Ese elfo antes trabajaba en mi casa

- Eso lo sé, pero eso no lo hace un traidor.

- Claro que sí.

- Ustedes eran unos tiranos con él, es obvio que quisiera abandonarlos

- Veo que ya te fueron con el chisme.

- No, nadie me lo dijo, pero no hay que ser genio para entender que si él ya no trabaja para tu familia y tiritaba de sólo recordarlos era porque no lo trataban muy bien al parecer. Tú deberías estar más agradecido de Dobby, es gracias a él que hoy vas a poder pasar aquí la noche tranquilo y recuperándote de esos golpes sin pensar en que lo mortífagos te estén buscando… Snape ya habló con ellos.

- ¿Cómo es eso? ¿Qué es lo que han hecho? – preguntó asustado por lo que le pudiera pasar.

- Cálmate, Draco. Snape ha enviado una carta a tu casa, explicando que esta noche te quedarás en su casa, ya que estaban organizando un par de cosas y que estabas bien. Así ninguno de los mortífagos podrá ir a hacerte una visita de cortesía para vengarse por dejarlos solos en el campo de batalla. Y también Dobby se apareció en el interior de la mansión y trajo consigo una muda para ti, para que puedas volver sin la ropa bañada en sangre – él no le decía nada, sólo trataba de asimilar su palabras para así entender que no estaba en peligro – Podrás irte por la mañana sin que nadie sospeche nada y todo gracias a Dobby. Tal vez no era tan traidor después de todo.

Selene se fue luego de eso. No le dijo a Draco nada más, ni un buenas noches, ni un que descanses y él se quedo solo en el cuarto sin más que hacer que acatar lo que ella le había dicho. Pasaría esa noche en Grimmauld Place, pero eso sería algo que no se volvería a repetir. No le gustaba pasar mucho tiempo en esa casa. Allí todo era complicado, con todos siempre había problemas y no le dejaban olvidar en ningún momento que él no pertenecía a ese lugar, que no era más que un intruso, sin ni siquiera necesitar palabras para entregar ese mensaje.

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Había pasado una noche de aquellas, no había podido dormir bien por más cansada que estuviera. Si hasta hace unos minutos estaba recostada en su cama sin ser capaz de volver a conciliar el sueño. Aunque llegó un momento en el que simplemente se rindió, ya no sacaba nada perdiendo el tiempo allí. Además si seguía tan inquieta como hasta ahora, Ginny no tardaría en lanzarla por la ventana con tal de seguir durmiendo.

Bajó en pijama las escaleras de la casa como una copia del mismísimo agente 007, era tan temprano que todos seguían en sus habitaciones sumergidos seguramente en el noveno sueño y ella no tenía intenciones de despertarlos. Sin embargo cuando por fin logró llegar al primer piso, notó como alguien estaba usando la ducha de ese lugar y asumió que era la señora Weasley que ya había despertado y que seguramente en un rato iría a la cocina para comenzar a hacerles el desayuno a todos en la casa. Lo mejor sería adelantarse y esperarla allí, para por lo menos no tener que pasar toda la madrugada sola.

Comenzó por poner en la mesa dos tazas, con todo lo necesario para hacer un café o té, acompañado por galletas, jugos y mermeladas. Cuando ya tuvo todo listo en la mesa procedió a sentarse y comenzar a comer, ya que no sabía cuando tiempo tendría que esperar por la señora Weasley. En cualquier caso no pasó mucho rato hasta que escuchó sus pasos viniendo por el pasillo y con una sonrisa se giro hacia la puerta de entrada.

Sin embargo, la sonrisa de Hermione no alcanzó a durar ni dos mínimos segundos en su rostro. No era precisamente la madre de Ron quién acababa de llegar, sino que el mismísimo Draco, a quien ayer había visto inconciente y prácticamente desangrado. El muy engreído venía como si nada, como si no hubiese estado a punto de morir hace unas horas en las manos de un hombre lobo, como si viniera de tomar un baño de espuma luego de un agradable sueño y era exactamente esto último lo que acababa de suceder. Estaba impecable, con el pelo mojado y desordenado, con los mechones de cabello alborotados y perezosas gotas de agua resbalando de él. Vestía con un pantalón negro y una camisa de seda blanca fuera del pantalón, que tenía manchas de agua en los hombros y lo hacía lucir perfectamente desordenado.

Los ojos de él, fríos como el hielo pero acuciosos como el mejor investigador, se posaron en ella. Draco por su parte le sonreía desafiante al saberse algo que Granger no esperaba, incluso al entrar pudo ver cómo las emociones desfilaron por su rostro. Alegría, sorpresa, decepción y finalmente enojo. Mantenía el ceño fruncido, como era costumbre cuando estaba cabreada con él, pero aún así la podía notarla estudiándolo cuidadosamente seguramente en busca de heridas o indicios de otra cosa. Si Malfoy no supiera que ella lo detestaba, habría creído sin problemas que ella se preocupaba por él. Pero miles de recuerdos y hechos le hicieron notar que eso era prácticamente imposible, a menos que Hermione tuviera algún tipo de complejo masoquista o algo parecido.

- ¿Qué haces aquí? – le preguntó ella, al verlo avanzar hasta sentarse frente a ella en la mesa y tomar la tasa que tenía preparada para la señora Weasley.

- No tengo porqué darte explicaciones, pero creo que sabes perfectamente por que no pude regresar ayer a mi casa, ¿o lo olvidaste? – le respondió preparándose una tostada con mermelada, sin prestarle atención a Hermione.

- ¿Olvidar que casi nos mata un hombre lobo? ¿Olvidar que por poco mueres desangrado? No es algo que me pase todos los días, ¿sabes? Por más que sea un espectáculo digno de verse.

- Vaya, parece que no tienes tan mala memoria como creía, Granger. Aunque no intentes disimularlo, puedo asegurar que estuviste toda la noche preocupada por mí y seguramente no podías dormir imaginando que algo me pasara.

- No te hagas ilusiones Malfoy, yo dormí perfectamente para tu información

- ¿Segura? Esas manchas oscuras bajo tus ojos dicen lo contrario y bueno además te hacen parecer un mapache muy feo.

- Siempre tan caballero y galante.

- Los modales y la galantería se guardan para personas que valgan la pena, Granger, lamento ser yo quien tenga que decírtelo.

- Eres un cretino – dijo con ganas de asesinarlo – además con un simple gracias habría sido suficiente, Malfoy.

- ¿Gracias? ¿Qué es lo que tendría que agradecerte?

- Por salvarte la vida por ejemplo – le respondió ella sin poder creerse la desfachatez del rubio.

- No tengo que agradecerte nada, Granger. Si mal no recuerdo fui yo quien te salvó la vida a ti en un comienzo, así que me lo debías – sentenció.

- ¡Eres un miserable! ¡Debí haberte dejado ahí para que los aurores o los mortífagos te encontraran!

- ¿Y por qué no lo hiciste? – la pregunta los sorprendió tanto a ambos, ya que la posible respuesta a eso los asustaba, que ninguno pudo decir nada por unos segundos – Ni creas que te estoy agradecido Granger, era lo mínimo que podías hacer luego de salvarte. Además, sólo alguien completamente demente o suicida caminaría sola por el Callejón Diagon en medio de la guerra perteneciendo a la Orden del Fénix, siendo la mejor amiga de Potter y más encima nacida de muggles... ¡Pero no! ¡Tú te crees tan invencible que supones que puedes lidiar contra todo, incluso con un hombre lobo sediento de sangre!

Draco estaba fuera de sí, quería refregarle en la cara lo estúpida e irresponsable que había sido. Sólo de recordar como Greyback se la llevaba, se le hacía un nudo en el estómago. De imaginarse lo que hubiese pasado si a él no se le ocurría vigilar a ese mortífago le daban náuseas. Estaba tan furioso y nervioso que ni siquiera notó que no la había llamado sangre sucia como de costumbre, sino que le había dicho "nacida de muggles" cuando él nunca en su vida había dicho una expresión como esa sin burla en la boca.

Estaba perdiendo el control que siempre mantenía de sí mismo y lo peor es que le estaba importando un rábano, no entendía por qué ahora le importaba lo que le pasara a Granger. ¿Desde cuando su seguridad era importante? Desgraciadamente para él, tenía clara la respuesta a esa pregunta, le importaba desde que entendió que podría perderla. Sin embargo, jamás, nunca, se lo reconocería a nadie más que a sí mismo. Si iba a preocuparse por una sangre sucia, lo haría sin rebelárselo a nadie.

- ¿Y porqué te importa tanto lo que me hubiese pasado? – le preguntó ella demasiado molesta como para paladear las palabras que recién había dicho el rubio y que dejaban muchas cosas más entre líneas. Draco por su parte estaba un poco más tranquilo después de haberse desahogado y pudo volver a pensar con la cabeza fría.

- Porque si te pasa algo a ti, te puedo asegurar que al primero que van a culpar es a mí. Weasley es capaz de inventar cualquier teoría imbécil con tal de hacer parecer que fui yo quién intentó acabar contigo – sus ojos de hielo estaban sólo concentrados en ella mientras hablaba.

- ¡No trates así a Ron! ¡Él jamás haría algo así!

- ¡Lo trato cómo se me da la gana, Granger! No tienes derecho a decirme nada…

- ¿Ah, si? ¿Y por qué? Si se puede saber, ¿qué derecho divino crees que tienes ahora que no se te pueden decir las cosas?

- ¡Porque gracias a ti, ahora mi cabeza pende de un hilo, más de lo que lo hacía antes! ¡Te haz parado a pensar un maldito segundo en lo que podrían hacer los mortífagos o el mismísimo Señor Tenebroso si descubren que ataqué a Greyback para salvarte a ti! – volvía a gritarle presa del miedo que le invadía al pensar en ellos. Una cosa es que estuviera dispuesto a arriesgarse y morir por su familia, pero eso no significaba que no le aterrara la idea de caer en las manos de esos desquiciados.

- Lamento ser un problema para ti, Malfoy, ¡pero nadie te pidió que me ayudarás! – dijo dolida por ser sólo una carga para él. Tenía que reconocerse que por un mínimo momento ella pensó que Draco la había ayudado porque se preocupaba por lo que le pasara, pero no, eso era imposible y debía entenderlo aunque le dejara un gusto amargo el darse cuenta de la realidad. Él la había salvado, sólo porque tenía que hacerlo y no porque quisiera – Eres sólo un triste desgraciado que no tiene nada y trata a todos los demás como si fueran sus elfos domésticos, para sentirse superior a alguien. La única que te presta un poco de atención en la casa es la desagradable de Selene y lo hace porque aquí tampoco hay nadie que sea capaz de soportarla – ella no supo bien por qué había dicho eso último, simplemente salió de su boca.

- Ni se te ocurra meterla a ella en esto

- ¿Y por qué no, Malfoy? ¿Qué tiene de especial esa? – como si necesitara otra razón para detestarla, ahora hasta Malfoy la defendía.

- Ella no tiene nada que ver aquí y no tengo porque estar dándote explicaciones a ti, ¡a ti menos que a nadie! – eso fue el peor golpe que había recibido Hermione en toda esa pelea. Su desprecio jamás le había dañado tanto.

- Vete – dijo ella en un susurro apenas audible y sin mirarlo.

- ¿Qué haz dicho? – Draco estaba desconcertado, por el rápido cambio en su voz. Si ni siquiera oyó lo último que había dicho.

- ¡Qué te vayas! – le gritó con los ojos enrojecidos, pero sin llorar - ¡Vete!, ¡no tienes nada que estar haciendo aquí! ¡No tienes que darme explicaciones, no tienes que darme las gracias, no tienes que estar aquí! ¡Fuera!

Hermione no soportó mucho más allí, con él sentado frente a ella con cara de no entender nada. Se puso de pie y se dirigió la puerta para abrirla de par en par e indicarle decididamente con el brazo la salida. Mientras Draco por su parte estaba en una pieza, el fuerte cambio en Granger no era normal y sólo pudo ponerse de pie cuando ella lo tomó del brazo, para tratar de obligarlo a irse. La bruja trataba de empujarlo con todas sus fuerzas fuera de ahí, pero sólo conseguía moverlo unos centímetros, aunque él no oponía mucha resistencia a moverse.

- ¡Sal de aquí! No quiero verte – le decía ya histérica por no poder sacarlo.

Malfoy comenzó a asustarse por el color que estaba tomando todo eso, ella parecía completamente alterada, aunque no sabía bien porqué. Esto era más que una simple y normal pelea, de esas que ellos siempre tenían. Mientras, Hermione por su parte lo seguía empujando, tratando como fuera de moverlo a él, pero sin buenos resultados.

Draco decidió que tenía que hacer algo y sin perder más tiempo la tomó de los hombros, no con excesiva fuerza pero muy firmemente.

- Cálmate – le pidió él mirándola forcejear inútilmente contra sus brazos.

- Lárgate – le dijo más calmada.

No perdió más tiempo y salió de allí. Ni si quiera se planteó el no hacerle caso y se fue de Grimmauld Place más intranquilo que nunca. Aunque no porque un mortífago lo vigilara, sino porque no entendía que era lo que acaba de pasar entre ellos dos, ni menos de que forma había llegado a como estaban ahora.

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Miedo. Una sensación básica en el ser humano, utilizada como alerta ante el peligro y generada principalmente por el desconocimiento de lo que puede pasar. Es la base del instinto de supervivencia y era eso lo que comenzaba a nacer en el interior de Severus Snape a medida que se adentraba nuevamente en ese oscuro y extraño bosque. Conocía el lugar a la perfección y no importaba que caminara bajo una luz prácticamente inexistente, porque tenía la ruta de llegada tan marcada en su cerebro que ni las piedras eran estorbo en su camino. No había pasado ni dos horas luego del ataque, o sea que no pasaban de las cuatro de la tarde, pero allí estaba tan oscuro como boca de lobo.

A esas alturas su señor ya debía estar enterado de todo lo que había pasado en el Callejón, debía saber de las bajas que habían ocurrido entre ellos y que Malfoy no había aparecido en el lugar de batalla ni en ninguna otra parte. Simplemente por el ardor de su marca podía notar una fracción de lo enfadado que estaba su señor y eso no podía significar nada bueno para la integridad física de él, pero desgraciadamente ya estaba acostumbrado a este tipo de cosas.

Se preparaba psicológicamente para lo que venía, tenía claro lo que debía decirle a su señor y se concentraba en no demostrar lo que realmente sentía. Porque Snape era un hombre como cualquier otro, sentía como todos los demás; pero a diferencia del resto, él era un Slytherin, orgulloso de su casa toda la vida y digno representante del espíritu de la misma. Sabía reprimir sus sentimientos en los momentos justos para conseguir sus propósitos y era exactamente eso lo que le había permitido mantenerse con vida desde que comenzó a trabajar como doble agente.

La puerta de la casa fue abierta por un siempre temeroso Colagusano. Se veía más patético que de costumbre, si es que eso era posible, temblaba de los pies a la cabeza sin poder evitarlo y se le notaba visiblemente alegre por la llegada de profesor a la casa. Seguramente había interrumpido una sesión de tortura por parte del Señor Tenebroso para desquitarse por el fracaso de esa mañana. Y es que el antiguo merodeador no era más que eso, el juguete de Lord Voldemort, la versión mágica de una pelotita anti-estresante de los muggles. Severus no esperó a que él le dijera nada, sabía perfectamente lo que tenía que hacer y no pensaba pasar ni un segundo más del necesario en aquel tétrico lugar. Su vida corría peligro esa noche, sabia que era el responsable directo de lo que había pasado en esa misión y sin embargo creía que igual tendría posibilidades de salir airoso de aquella reunión.

Llegó a la misma puerta que la mañana de ayer le había abierto a su ahijado y continuó su camino hacia la habitación de su Señor. Fue sólo cuando se encontró frente a la puerta en que terminó de mentalizarse como Snape el mortífago y no el ser humano. Toco con sus nudillos para dar a conocer su llegada e inmediatamente tuvo acceso a ese cuarto oscuro donde únicamente se distinguía la silueta de Nagini en el suelo enrollada a los pies de Lord Voldemort en persona. En esa ocasión no había nadie más acompañándolo, eran sólo esos dos pares de ojos los que se fijaban en el recién llegado.

- Adelante, Severus, estaba esperando a que llegaras – lo invitó, con un brillo maléfico en el rabillo del ojo – Haz tardado un poco en llegar no te parece.

- Lo siento mucho, mi señor, hubo un par de complicaciones – le comentó sin levantar la vista del piso.

- Sí, creo que ya me enteré del tipo de complicaciones que tuvieron. Puedes explicarme para comenzar, ¿cómo fue que los aurores se enteraron que ustedes estaban allí?

- Por la Orden del Fénix, señor.

- ¿Y qué hacía la Orden en el Callejón Diagon, justo en ese momento? – continuó con toda su paciencia.

- Al parecer no dejan que Potter ande solo y la que en ésta ocasión lo acompañaba fue Tonks, la aurora del ministerio, y estaba cerca de ellos cuando los Carrow iniciaron el ataque.

- Veo que no supieron atacar en el momento adecuado – le dijo haciéndole caricias en la cabeza a Nagini, que sin problemas subía hasta la cintura de su amo – pensé que Malfoy iba a ser un mejor trabajo, al parecer no heredo la astucia de Lucius.

- Desgraciadamente Draco no participó. Tuvo que ocuparse con algunos imprevistos.

- ¿Qué clase de imprevistos? – Voldemort no le creía mucho lo que decía.

- Greyback, señor, estuvo a punto de delatar nuestra presencia y si Malfoy no hubiese intervenido no habríamos alcanzado siquiera a ver si Potter se encontraba allí.

- Es admirable la valentía del muchacho, meterse con un hombre lobo no es algo que haga cualquier persona. Supongo que debe haber batallado fuertemente contra los aurores – el Señor Tenebroso ya estaba enterado de la ausencia de Draco, pero quería probar hasta que punto Snape era capaz de proteger al chico.

- No, él no participó en la batalla.

- ¿Ah, no?

- No, quedó muy mal herido después de que Greyback lo haya atacado.

- ¿Y en dónde esta nuestra mascota peluda ahora?

- No lo sé, tengo entendido que huyó.

- De cualquier manera alguien tiene que asumir los errores cometidos esta noche. Hemos perdido a varios en manos del Ministerio en esta ocasión y no se cumplió el objetivo tan simple de atrapar a Potter. Además creo que implícitamente te había dejado a ti Severus como el líder de esta misión, ¿no es así? – Voldemort miraba con toda la tranquilidad a Snape, como si lo que estaba apunto de hacer fuera lo más natural del mundo.

- Señor, fue gracias a la imprudencia y deseo de triunfo de los Carrow que la misión completa falló.

- No, no Severus, no es la actitud de un líder el echarle la culpa a los demás. ¿Tú que opinas Nagini? – esto último lo dijo en pársel y su serpiente abrió su boca de forma amenazante hacia Snape como respuesta – Ves, hasta Nagini está de acuerdo conmigo. Creo que sólo queda una cosa por hacer. CRUCIO.

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Llegó a su casa horas después, cuando Lord Voldemort consideró que ya era suficiente castigo para una sola persona. No tenía claro si debía agradecer su compasión o simplemente entender que él lo necesitaba más vivo que muerto. Aunque en cualquier caso no importaba mucho, lo bueno es que ya había terminado y por fin llegaba a su casa. Si, ese lugar tristemente era sólo su casa, jamás un hogar, nunca sería el espacio que el podría compartir con alguien que amara, ya que la única que podría ocupar ese lugar ya no estaba con él.

Era inevitable que al entrar por la puerta su corazón no deseara desesperadamente que Lily apareciera tras ella, que se preocupara por su estado y que lo amara, aunque fuera con un pequeña parte del amor que él le tenía. Pero eso no podría ocurrir, ni pudo haber ocurrido, ya que ella siempre tan pura y buena, sin ninguna cuota de maldad no podría amar de ninguna manera a un mortífago. Él nunca sería un James Potter para ella, no podía ser el chico bueno, el héroe de su vida y sin embargo no había persona en el mundo que la haya amado y que la siga amando de la manera en que Severus Snape lo hacía, a pesar que ahora Lily ya no estuviera a su lado.

Resignado avanzó unos pasos hasta llegar a la pequeña biblioteca que mantenía en un rincón de la casa, ese era su refugio y su lugar favorito. Era una habitación confeccionada únicamente para él, con los libros que más apreciaba, unos pequeños sillones increíblemente cómodos, un escritorio pequeño pero a juego con el resto de los muebles y una chimenea que temperaba el ambiente. Era simple, pero perfecto. Snape era una persona sencilla aunque no lo pareciera, no necesitaba grandes lujos para ser feliz y es que puede ser que él se hubiese resignado a nunca encontrar esa sensación en su vida. La felicidad para él, era entregada a quienes estaban destinados a tenerla y él definitivamente no encajaba en entre ellos.

Se sentó en la silla que estaba detrás de su escritorio y allí pudo notar el agotamiento de su cuerpo, tenía tenso cada músculo de su cuerpo y respirar era una mini tortura obligatoria que no le permitía olvidar los acontecimientos que le provocaron quedar en ese estado. Poco a poco sus párpados comenzaron a rendirse al agotamiento, llevándose con ellos los restos de conciencia que le quedaban en la cabeza. Pasaron así los minutos, quizás horas y todo habría continuado si un fuerte sonido no lo hubiese despertado tan abruptamente como lo había hecho.

Como acto reflejo apunto con su varita en dirección al sonido y descubrió que frente a él se encontraba un elfo doméstico que se le hacía conocido, pero que hace muchos años había dejado de ver. Dobby. El ex sirviente de los Malfoy y que según ahora tenía entendido trabaja en Hogwarts durante el periodo de clases. Estaba rezagado en el rincón más alejado de Severus y lo miraba como preguntando si acaso se podía acercar un poco más.

- Me pidieron que le trajera esta carta, señor, es urgente.

- ¿Quién te envía? – le preguntó aún desconfiado de la verdadera misión del elfo.

- La señorita Selene – le contestó acercándose al escritorio y depositando allí el sobre.

- Vete de aquí – ordenó fríamente sin siquiera mirarlo, a lo que él acató rápidamente despareciendo del lugar.

Abrió la carta con más cuidado del necesario y luego desenrolló el pergamino, para ver una caligrafía prolija y fluida, característica de mujer y bastante escueta.

"Draco aún no se recupera como para hacer una aparición, deberá pasar la noche aquí.

Lo mejor será escribir una carta a sus padres con alguna excusa para no preocuparlos.

Selene C."

Obviamente se refería a que él tendría que escribirle a Narcisa y a Lucius para explicarles que su hijo se quedaría en su casa. Si las circunstancias fueran normales, si no existiera una guerra a su alrededor y si Draco no fuera parte de ella, el anunciar a unos padres que su hijo de diecisiete años no llegaría a dormir una noche no sería un asunto de vida o muerte, pero este caso ameritaba su intervención. Si no, es posible que el mismísimo Lucius saliera en la búsqueda de su hijo dejando en evidencia que no se encontraba en ningún lugar conocido por ellos.

Se apresuró a tomar la pluma y el pergamino para escribir una simple nota a una de sus mejores amigas, Narcisa Malfoy y en ella simplemente decía:

"Cissy,

Draco se ha quedado investigando unos papeles conmigo esta noche, para que no te preocupes, él llegara casa mañana.

Saludos, S.S."

No era una carta importante, pero sería suficiente como para que la rubia se quedara tranquila al recibir esas noticias de la lechuza café que había recién emprendido el vuelo desde el alfeizar de la ventana de la biblioteca.

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Hay cosas que nunca cambian, y la adicción de Hermione por las bibliotecas es una de ellas. Mirar los estantes repletos de libros era para ella, lo que para una compradora compulsiva era vagar por las tiendas con infinitos descuentos. Cada una de las portadas en la biblioteca de la mansión Black eran posibles candidatas a ser la vía de escape que ahora necesitaba para su cerebro. A su paso encontraba toda clase de libros de magia negra, blanca, de hechizos y pociones; pero ninguno que lo que ella buscaba. Lo que Hermione necesitaba era una novela, así como la literatura rosa de los muggles, que fuera capaz de hacerla vagar en imágenes y sucesos ficticios tan apasionantes que muchas veces se confunden con la realidad y que principalmente tuviera final feliz, para no deprimirla más de lo que ya estaba.

Conforme se le acaban los estantes que revisar entendía que esa clase de libros no los iba a encontrar allí. Todos los libros que veía eran de estudio principalmente, como el que ahora tenía en su mano y que venía con el título de: "Veritaserum, preparación y utilización responsable a lo largo de los tiempos". Se preguntaba si acaso Ginny había utilizado esa poción en ella cuando no miraba en la cena, para luego asecharla con preguntas cada vez más acuciosas sobre Malfoy una vez que llegó a la habitación y tuvieron tiempo a solas.

**Flash Back**

- Herms, cariño, por fin llegas – dijo Ginny con una peligrosa sonrisa, pero aún así conservando la cara de inocente.

- Oh no, ni lo pienses – le advirtió al darse cuenta inmediatamente de las intensiones de su amiga.

- Amiga sabes que te adoro, pero espero que entiendas que ni Merlín te va a salvar ahora.

- Ginny, por favor, ha sido un día eterno y lo único que quiero es dormir.

- Créeme, yo quiero lo mismo, pero, ¿cómo pretendes que pueda dormir con todas las preguntas que tengo que hacerte?

- Te prometo contarte todo mañana, pero…

- Ni lo pienses – la interrumpió – no tienes ni idea de lo que me costaría controlarme, además tienes un cartel pegado al cuello que me dice que me estas ocultando algo.

- ¿Qué te voy a estar ocultando?

- No lo sé, puede que los detalles de tu rescate a Malfoy; la razón de tu escape de la casa mientras comíamos, porque sí, tengo claro que no fuiste simplemente al baño y quién sabe que otra cosa podrías contarme.

Hermione cada día se planteaba más seriamente si el Sombrero Seleccionador no se habría equivocado con su mejor amiga, es que cada día pensaba más seriamente que su amiga era una Slytherin frustrada. Era terriblemente astuta y engañarla era una tarea totalmente difícil. En ese segundo entendió que nada sacaba tratando de demorar más un proceso inevitable, como lo era contarle lo que había pasado a Ginny. Le dijo todo, con lujo de detalles y acotaciones, a lo que la pelirroja sólo asentía, se sorprendía, abría la boca para intentar interrumpir el discurso de Hermione. Además ella por su lado le habló de la oportuna llegada de Malfoy al oscuro callejón, al cercano encuentro con la muerte de Malfoy, la aparición de Snape y finalmente el suceso de la confusión de las varitas. Incluso le mencionó que la varita de Malfoy había funcionado mejor que la suya propia en sus manos, lo que le había impedido darse cuenta antes del error. Sin embargo, evitó decirle nada del último encuentro con él.

- Espera, deja ver si lo entendí bien. Draco Malfoy, la serpiente Malfoy, el auto impuesto "Príncipe de Slytherin" ¿te salvó la vida?

- Sí, pero no te confundas, lo hizo sólo para poder seguir siendo parte de la Orden.

- ¿Él te lo dijo?

- No, pero es más que obvio, Ginny, además yo después hice lo mismo por él al traerlo hasta aquí, ¿no?

- Sí y eso es lo más extraño. Es más que obvio que algo pasa aquí.

- ¿De qué hablas? No hay nada más que el típico desprecio de siempre.

- Como tú digas, Herms, pero si hay un dicho muggle que ahora se aplica perfectamente en ésta situación; "no hay peor ciego que el que no quiere ver"

**Fin Flash Back**

¿Qué habría querido decir Ginny con ese refrán? ¿Qué se suponía que era lo que no quería ver? ¿Qué Malfoy en verdad no era tan malo y que por eso le había salvado la vida? Sí, seguro. A ella le había quedado muy claro lo buena persona que había sido cuando él mismo le explicaba a Greyback lo poco conveniente que era para ellos matarla o cuando le explicó tan amablemente lo poco que ella significaba para él en su vida esa misma mañana.

Con sólo recordar aquel incidente los colores se le iban a la cara. Había perdido el control de sí misma cómo nunca. Le había pegado a Draco Malfoy y lo sacó de ese lugar prácticamente a la fuerza. Recordaba una única ocasión que le había sucedido lo mismo y desgraciadamente le había pasado con la misma persona. A su mente acudían las memorias de una tarde en su tercer año, cuando la magia no era lo suficientemente poderosa para expresar lo enojada que se sentía con el rubio, así que recurrió al otro medio más práctico, sus propias manos. Si bien, no eran el método más ortodoxo, fue la mejor forma de darle a entender lo furiosa que estaba y de dejar salir todo aquello que le molestaba de él. La única diferencia es que ahora no se había enojado, esa vez se sintió dolida con las palabras del Slytherin y aunque a ella no le agradara reconocerlo, el saber de la prácticamente nula importancia que ella tenía dentro de su vida fue un golpe más duro de lo que esperaba.

Incluso, luego de la partida de Draco de Grimmauld Place esa mañana ella no pudo dejar de sollozar como una niña pequeña en la cocina. Lloraba en silencio, sin hacer mayor escándalo, pero aún así completamente desconsolada. Se odiaba a ella misma por llorar por culpa de Malfoy, pero simplemente no podía evitarlo. Se dejaba llevar por su tristeza sin ofrecer ningún tipo de resistencia, y fue en esas condiciones como Molly la encontró en el comedor cuando realmente bajó a desayunar.

La señora Weasley la consideraba como una hija más y no existe nada en el mundo más terrible para una madre que ver sufrir a sus hijos. Sin preguntar absolutamente nada abrazó a su pequeña, provocando que ahora Hermione se desahogara con más ímpetu en su hombro hasta que por fin lentamente iba recuperando el dominio de si misma. Ahora ella era capaz de mirar a Molly, quien le sonreía como una madre comprensiva que en esos momentos tanto necesitaba. Puede que la señora Weasley no supiera porque ella lloraba exactamente, pero dentro de una guerra lo que más existe son motivos para entristecerse.

- ¿Quieres hablar de eso? – le preguntó de forma dulce, haciendo referencia a lo que fuera que provocara la tristeza de su niña.

- No, yo ya estoy bien – dijo ella débilmente, pero tratando de sonreír a pesar de todo.

Luego de eso ambas comieron, hablando de vez en cuando cosas sin importancia, todo con tal de no hacer recordar a Hermione nada con respecto a lo anterior y finalmente todo el incidente quedó entre ellas dos, como uno más de los secretos entre mujeres que tienen un pacto de silencio implícito.

Ahora ella se encontraba aún paseándose en la biblioteca, pero cada vez más aburrida en su búsqueda infructuosa por una novela o algo parecido. Ella se caracterizaba por muchas cosas buenas, era inteligente, simpática, buena amiga, etc.; pero no paciente. Prefirió salir de allí antes que seguir buscando algo que posiblemente no encontraría.

Cerró la puerta de la biblioteca tras de si y al salir al pasillo no pudo evitar notar el sonido de la regadera del baño en funcionamiento. Tomando en consideración que Selene era la única que dormía en ese piso, dedujo que era ella quien estaba allí y fue gracias a eso que una idea digna de su mejor amiga cruzó por su cabeza. Sin meditarlo ni un segundo entró a paso ligero a la puerta continua a la biblioteca y la cerró a penas se encontró dentro. Hermione estaba completamente decidida a descubrir la verdad sobre Selene o cualquier cosa de ella que le ayudara entender algo más de ella.

Sin embargo en el cuarto de la chica no encontró nada que le llamara mayormente la atención. Nada, a excepción de una serie de libros en un pequeño estante que correspondían a todos esos que ella pretendía encontrar hace una hora en la habitación equivocada. Aunque podríamos decir que ese descubrimiento no era un crimen ni mucho menos, si había logrado que ella agregara otra razón más a la lista de "porque Selene simplemente no me agrada".

Todos los libros ahí eran posibles candidatos a ser leídos por la Gryffindor, pero hubo uno que llamó principalmente su atención al ser el único que Selene mantenía en su mesita de noche y que se notaba había estado leyendo en los últimos días. Era de color verde oscuro y decía "Los Black, Toujours pur" en la portada. Obviamente era el libro insignia de la casa de los Black, pero la pregunta era ¿por qué Selene querría leerlo?

Impulsada únicamente por la curiosidad abrió el pequeño cuaderno en donde se mantenía la página en que la morena había quedado leyendo, pero lo que se encontró allí era algo que para ella era imposible que fuera verdad. Lo que estaba escrito en las páginas de ese libro escapaba de toda realidad, pero el hecho de que estuviera escrito por y para los mismos Black le hacía dudar de la realidad que hasta ese día conocía.

En aquellas hojas se describía principalmente las características e historia de los integrantes del árbol genealógico de los Black, aparecían sus fotos en distintas edades y detalladas reseñas de cada uno de ellos. Aunque en esa página en particular se hablaba de una sola persona, que Hermione conocía y era Narcisa Malfoy, pero que aún así no daba crédito a lo que leía. Allí entre medio de algunos párrafos se encontraba una frase que no podía llegar a asimilar.

"La joven Narcisa se casó completamente enamorada de Lucius Malfoy, un hombre noble, de la familia más pura en el mundo mágico, que la amaba con igual locura que su prometida. Ellos se casaron en Malfoy Manor y la celebración fue digna de la nobleza mágica.

Tan próspero fue el inicio del matrimonio que muy pronto llegó al mundo su pequeña hija, Naia Andrómeda Malfoy. La pequeña tenía todos los rasgos de su madre, desde sus facciones hasta el color de sus ojos y cabello."


Si... tienen todo el derecho a asesinarme... me demoré demasiado lo admito y no les daré excusas, ya que no sirven de mucho u.u

Aunque en compensación este capítulo fue mucho más extenso que los anteriores, ¿eso debe valer de algo no? jeje

Espero que lo hayan disfrutado! les prometo que el siguiente es más o menos del mismo largo ;) de eso si que estoy segura.

Nuevamente gracias a todos aquellos que leen el fic y pedirles que si tienen un momento me dejen un comentario con cualquier cosa que quieran decir acerca de la historia :D

Les mando un abrazo y espero que nos leamos pronto

Bye!**