Claridad

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Los insistentes golpes en la puerta hicieron que Merlin entreabriera los ojos tratando de regresar su mundo de sueños a la realidad, apenas caviló un poco cuando se percató que se encontraba recargado en el pecho de alguien, obviamente no tuvo que pensar más pues el recuerdo de un momento de intenso placer vino a su mente, como si aun no creyera lo que había sucedido despegó un poco su cabeza y la giró hacia arriba solo para encontrarse con los intensos ojos azules de su príncipe.

-Ahora veo las cosas con claridad. –habló Arthur, dejando escapar un ligero suspiro y mostrando una ligera sonrisa; la puerta volvió a ser golpeada aunque esta vez con mayor brusquedad. -¿Qué es lo que pasa? –preguntó el rubio, no moviéndose mucho pero esperando una respuesta convincente para tal osadía, si no estuviera de incognito ya hubiese mandado a reprender a ese hombre.

-Han rebasado el tiempo por el pago que hicieron para el uso de la habitación. –Merlin se levantó hasta sentarse a un lado de la cama, si aquel hombre se atrevía a entrar sin dudarlo se lanzaría por la ventana, el susto en su rostro provocó que Arthur riera más ampliamente.

-¿Temes que nos descubran? –preguntó son burla, levantándose completamente desnudo y yendo hasta la puerta, aunque antes pasó por el equipaje y tomó una moneda de oro, abrió sin miramientos dejando al hombre con la boca abierta. –Esto cubre más de lo que quisiera. –y sin más le cerró al otro la puerta en la cara. Al darse la vuelta se encontró con la mirada de su sirviente, quien se sonrojó al verle de arriba abajo. –Aquí nadie nos conoce Merlin, no tienes de qué preocuparte. –volvió a la cama y tomó con suavidad al chico en su regazo.

-No debimos hacerlo. –fueron la primera palabras del mago ante lo sucedido, mirando a otro lado menos a Arthur, quien se pegó a su nuca y le dio un par de besos, de algún modo esa ternura por parte del príncipe no fue lógica para Merlin que siempre estuvo acostumbrado a sus malos tratos.

-¿Por qué no? Era estúpido seguir ocultando nuestros sentimientos. –esa respuesta hizo que el menor se girara y le mirara con el entrecejo fruncido. –Hace tiempo que me confundes Merlin y lo que siento por ti es claro, ¿acaso tú no? –cuestionó, sin soltar de su abrazo.

-Al principió te amé como se ama a un príncipe, luego como a un amigo… y ahora como a un hombre. –esas palabras hicieron que Arthur se sintiera muy halagado y se atreviera a tomar el rostro del otro con suavidad y besarlo ligeramente.

-Ahora que está todo claro, es momento de seguir. –cuando el joven mago escuchó eso se sintió muy alegre, sin duda, aunque se confesaran finalmente su amor, la responsabilidad que les ha llevado hasta ese lugar está en la mente del príncipe de manera constante, lo que demuestra que el amor no pone en riesgo a ningún reino, si es que tienen a un heredero como Arthur.

Ambos se levantaron con premura y se vistieron sin vacilaciones, de vez en cuando se miraban y reían como tontos, acaban de hacer el amor y verse envueltos en la normalidad de sus vidas luego de tan intenso momento es algo que les provoca una sensación de surrealismo. Empezaron a comportarse de manera objetiva, debían seguir adelante con la misión o Uther sería capaz de desollarlos si se enteraba de su fracaso o peor, dejar a Arthur sin herencia. Cuando finalmente estuvieron fuera de la habitación, el hombre que los atendió les dedicó unas miradas de completa vergüenza, ni siquiera se atrevió a mirarlos a los ojos cuando agradecieron su hospitalidad y se marcharon por los caballos. En cuestión de unos minutos se encontraban en el camino del norte, entrando de nuevo al bosque, pero con una energía renovada y una sensación de paz que no habían encontrado desde mucho tiempo atrás.

De alguna manera para ninguno de los dos fue algo completamente claro, porque, aunque su pensamiento estuvo siempre dado a mostrar sus verdaderos sentimientos por el otro, jamás se preguntaron qué pasaría después; eso se vio reflejado un par de horas más tarde, en medio del bosque, solos y sin saber bien qué decirse; además, tuvieron relaciones sexuales mucho muy intensas, a un grado que tampoco imaginaron, ¿cómo deberían comportarse para con el otro a partir de ahora? Esa pregunta empezó a comerles la cabeza.

-¿Qué pasará ahora? –el primer valiente fue Merlin, que se atrevió a mirar al príncipe a la cara por primera vez desde que salieron del pueblo, el otro correspondió, aunque fue curioso que no notara ningún tipo de hostilidad en ella, como si de pronto su mirada fuera distinta.

-Pueden pasar muchas cosas a partir de ahora Merlin. –fue la sencilla respuesta del rubio. –Ambos sabemos lo que sentimos, ya lo hemos demostrado, tú mejor que yo. –se burló un poco, quizá como reflejo para evitar tanta tensión.

-No fui yo quien suplicó por más. –contesto el mago, poniéndose a la defensiva, como todas las veces que Arthur trataba de ironizar la situación, Arthur soltó una risa sonora y echó su cabeza hacia atrás, dejando escapar un sonido de sarcasmo, que resultó divertido al final de cuentas. –Hablo en serio… tu padre jamás permitirá que tu y yo…

-Esas decisiones debo tomarlas yo, no mi padre. –esta vez fue un poco más serio de lo normal. –Aprendí mi lección con Gwen. –eso último dejó sin palabras al mago, volviendo su mirada al camino. -¿Esa reacción fue de celos? –preguntó el rubio.

-Claro que no. –soltó con una risa tonta, desdeñando lo que le preguntaba. –Lo que trato de decir es que algo entre nosotros es peor que si estuvieras con Gwen… -siguió diciendo.

-¿Peor? No entiendo de qué hablas. –respondió el guerrero, mostrándose preocupado. –Lo que siento por ti es muy intenso. –de alguna forma no habló de amor, no porque no quisiera, sino porque sentía que sería poco apropiado decirlo en esos momentos. La intensa mirada de Merlin provocó que de inmediato se diera cuenta. -¡Oh! Los hijos. –afirmó, sonriendo un poco. –Tendremos que hacer algo sobre eso. –esa forma de ver las cosas exasperó al joven mago.

-Arthur, tienes una responsabilidad con Camelot, no puedes solo ignorar la necesidad de tener un heredero. –esta vez habló con algo de enfado, dejando claro que, aunque lo ama, hay cosas que no pueden ser aventadas al olvido, menos para ellos, que tienen una responsabilidad superior a la de un aldeano común. Arthur arreó un poco el caballo para que alcanzara al de Merlin, pues ya se había rezagado.

-Camelot entenderá. –contestó, pero su voz no sonaba tan convincente. –He dado mucho por mi pueblo, aun lo hago y tú a mi lado, ¿es que no podrían entendernos? –esa pregunta la hizo al viento, no solo a Merlin, pues su creciente amor por el mago le ha hecho considerar muchas cosas, incluso a no dejar herederos.

Merlin no pudo contestar, ante esas palabras solo se atrevió a pensar en el amor que le tiene el rubio, de alguna forma siempre quiso escuchar eso, aunque ahora no es lo mismo, pues las consecuencias de su amor prohibido serán muchas y seguro no les gustarán. Sus labios parecieron sellados por varios minutos, Arthur pareció comprender, así que no le dijo nada, se limitó a continuar, solo escuchando el crack de los caballos. Ese tipo de pláticas, por muy raras que sonaran, tenían una razón de ser, pero es eso mismo lo que los llevaría a entender la razón de su creciente necesidad del uno por el otro.

No volvieron a tratar el tema, continuaron el avance por aquel espeso bosque, sin muchas complicaciones para su suerte, aunque sabiendo que entre más avancen más hostil será el recorrido; discutieron algunos asuntos de la realeza, algunas posibles alianzas con otro reinos, las ideas que tenía Arthur para mejorar la economía de Camelot y hasta de todo Albion, aunque claro, sonaban demasiado absurdas en muchos sentidos, aunque para Merlin tenían cierta verdad, pues el Gran Dragón siempre le habló de la grandeza que traería Arthur a todo el mundo conocido.

Al llegar la noche decidieron acampar en una cueva cercana, eso los cubriría del frio, pues siempre que se iba al norte aumentaba y considerablemente. Cada uno se dedicó a lo suyo, ya como una rutina, Arthur se encargó de colocar a los caballos en un lugar donde pudieran pastar, pero al mismo tiempo cubrirse del sereno de la madrugada, mientras, el mago preparó todo para cenar, aprovechando que llenaron sus reservas en el pueblo. En menos de una hora se encontraron sentados de frente con el fuego en medio.

-Siempre me ha gustado como cocinas. –dijo el rubio, provocando que el joven chico lo mirara con incredulidad. –Sabes que siempre lo negué para que no se te subieran los humos y siempre trataras de mejorar. –siguió diciendo, sabiendo que el otro pronto lo reclamaría sus múltiples descontentos con la comida cada vez que salían de Camelot.

-En realidad siempre lo supe. –afirmó, levantando un poco el cuello, logrando una sonrisa en Arthur, de esas sonrisas que siempre ha amado. –Te conozco y mucho. –eso pareció una sentencia o algo parecido, pero nada desagradable para el príncipe.

-Lo sé. –respondió, como siempre, no dejando que el mago tuviera la última palabra, pues en cosas de esas siempre termina siendo su hazmerreír. –Creo que es hora de dormir. –habló un momento después, levantándose e incluso ayudándole a Merlin a recoger algunas cosas. –Ya los lavarás mañana. –le dijo, al ver que intentaba ir a limpiar los trastos.

-Te has vuelto condescendiente. –se atrevió a decir, burlándose un poco, riendo como siempre y accediendo a lo que le dijo el rubio. De alguna forma esas cosas parecían muy simples, pero la realidad es que Arthur ha comenzado a preocuparse más por Merlin, quizá no es tan propio, pero lo siente necesario, no puede permitir que algo le pase, no lo hizo antes y no lo hará ahora, menos cuando tiene un motivo muy grande y poderoso. Como siempre el mago empezó a tender su cama.

-¿Qué haces? –cuestionó el rubio, mirando como si no comprendiera lo que está haciendo, el aprendiz se limitó a señalar con la mirada, pero eso no satisfizo al príncipe. -¿Es que no dormirás conmigo? –la pregunta parecía hecha con detalle, incluso pudo entender en la voz de Arthur algo de súplica, algo que lo conmovió.

-Eh bueno… yo. –el mago tartamudeó por algunos momentos, aquello le pareció muy raro, no se imaginó que de ahora en adelante tendría que compartir lecho con su príncipe, eso sin duda caía un poco en la bizarro. -¿Estás seguro? –preguntó, como creyendo que tal vez se trató de una broma para aligerar la presión de su misión.

-Te he demostrado lo que siento, ya hemos hecho el amor, ¿por qué no podrías compartir mi cama? –esas palabras le parecieron la de un niño mimado que trata de conseguir lo que quiere con palabras melosas, sin embargo, el otro accedió y no de una manera muy reticente. Cuando empezaron a acomodarse en ese espacio, aumentado por las pieles que usaba Merlin, se sintió muy extraño, como si estuviera haciendo algo incorrecto, algo que no debía. Pero no podía detener nada, las cosas seguirían su curso, aun si estaban fuera de su entendimiento. Arthur se recostó y sin miramientos lo abrazó por la espalda.

-Todo esto es extraño. –habló el delgado chico, que resintió un poco el peso de Arthur sobre su espalda, a pesar de que tuvo la sensación de sentirse más protegido que nunca. –No podremos hacerlo cuando alguien más esté con nosotros. –esas palabras hicieron que Arthur se levantara un poco y le buscara la mirada, aunque el otro lo evitó. –No es que no quiera demostrar cuanto te amo. –se apresuró a decir, antes de que Arthur le reprendiera. –Pero no podemos hacerlo así como así, al menos hagámoslo despacio. –cuando el rubio recargó su barbilla en su hombro, supo que estaba de acuerdo.

-Entonces tendremos que aprovechar este momento. –empezó a tocarle el abdomen con lentitud, atreviéndose a besar su cuello, Merlin no pudo negarse, sentía la misma necesidad que Arthur por probar una vez más de su cuerpo, de sentirse amado y de amar tan intensamente como pudiera. Entrecerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones, echando su cuerpo hacia atrás para sentir el cuerpo del rubio con mayor solidez. Fue cuestión de segundos para que se girara y entonces se atreviera a besarlo, esta vez poniendo un poco más de iniciativa y menos resistencia. Sabe que no tiene caso resistirse, ambos han demostrado lo que sienten, no debe oponerse.

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Fuego. Fuego por todos lados. En su garganta se formó un nudo cuando vio a muchos de sus conocidos perecer, alrededor solo se escuchaban gritos de desesperación y dolor, incluso de muerte, por eso es que se atrevió a seguir avanzando, descubriendo decenas de cadáveres en las calles de Camelot; pudo ver a los lejos el imponente castillo, pero semidestruido, como si muchas catapultas hubiese disparado contra los muros pero de una manera tan destructiva, que prácticamente no quedaba nada del esplendor anterior de la magnífica construcción. A pesar de ello, sus piernas no le fallaron y con fortaleza siguió avanzando, sabiendo que su objetivo estaba claro.

Cuando entró a los pasillos del castillo se encontró con desolación, no había cuerpos de soldados, ni siquiera más fuego, solo un vacío que no pudo comprender, aunque tampoco lo hizo detenerse, sentía la necesidad de llegar a la sala del trono, verificar que su padre seguía ahí, peleando con fiereza para defender lo que por muchos años ha protegido. Cuando estuvo frente a la puerta, se lo pensó un segundo, pero solo para prepararse a ver lo que fuera, golpeó con fuerza y la puerta cedió con facilidad.

Su vista se clavó en el trono, alguien estaba sentado, pero no se trataba de su padre, de eso estuvo seguro. -¿Qué has hecho con mi reino? –preguntó por instinto, atreviéndose a retar a quien fuera que estuviera sentado ahí, aferrándose a su espada y volviéndose más amenazante que nunca. Cuando estuvo a solo unos pasos reconoció a la persona. –Merlin. –soltó en un murmullo, no creyendo lo que veía.

Dio un paso más, pero se detuvo cuando vio escurrir de la frente de su joven sirviente un hilillo de sangre, notó entonces que no estaba sentado adecuadamente y que sus brazos yacían inertes a su lado, fue cuando miró a su rostro que se dio cuenta de su inconciencia, sin pensarlo mucho tiempo corrió a tomarlo entre sus brazos. -¡Merlin, Merlin! –tomó el rostro de su amado e intentó vanamente despertarlo. -¿Qué te ha pasado? –cuestionó, con un dolor intenso en su pecho, uno que jamás había sentido. Lagrimas salieron sin que pudiera evitarlo, olvidando la destrucción del castillo, pues entre sus brazos yacía el ser que más ha amado y que aparentemente está muerto.

-No supiste proteger a tu reino y tampoco a tu amante. –de pronto la voz de Morgana se hizo escuchar a un lado. –Has fallado como rey y como hombre, eres patético. –no comprendió por qué la chica a la que siempre quiso como una hermana le hablaba así. –Este reino me pertenece ahora, tú solo eres un estorbo. –la chica extendió su mano, como si con ello fuera a darle un golpe mortal, aunque Arthur no hizo nada, solo la miró, tan desconsolado como al principio.

-Hazlo… no me queda nada por qué vivir. –las palabras le salieron solas, sintió el odio hacia Morgana, pero tampoco le importó lo que le hiciera, pues se sentía aniquilado, sin esperanzas de nada, solo con la firme idea de morir y alcanzar a su amado Merlin, solo así encontraría la verdadera calma a sus dolores. Cerró los ojos, no quiso ver la mirada asesina de alguien a quien también tuvo la necesidad de amar, aunque solo como a una hermana. Un fuerte sonido lo hizo sentirse perdido y sucumbir el peso de la muerte.

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Despertó con un fuerte brinco, aunque pronto comprendió que se había tratado de una pesadilla, cuando sintió el cuerpo de Merlin removerse en su regazo, la calma volvió pronto. –Fue solo un sueño. –se dijo a sí mismo, pero no quedando muy satisfecho, aun así se hundió en la espalda del sirviente, apretándolo un poco, afirmándose a sí mismo que nada le pasará a Merlin o a Camelot. Lo que no le quedó claro es la razón de Morgana en sus sueños, ella siempre se ha mostrado servil al reino, no hay lógica en verla como una mujer malévola. Cerró los ojos y comenzó a dormitar. –Nada pasará. –habló finalmente, antes de entregarse por completo al sueño, sabiendo que su misión seguía y que tenía que acabarla, para regresar lo más pronto posible a Camelot y sentirse aliviado, además, tal vez deba empezar a idear la forma de decirle a su padre que se ha enamorado, aunque no de una chica. Que el tiempo corra, el hará lo suyo y cumplirá su deber, pero no sobre el amor a Merlin.

Continuara…

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Agradecimientos a los reviews. A Soy YO_SARIEL por su lindo comentario, nakatsu-suichi, princesa_tsunade, HEIDI por su cool comentario, KumikoVangard a la que le digo que sobre todo se ponga a estudiar xD, espero te haya ido bien en tus exámenes a pesar de estar leyendo este fic. Gracias también a las personas que siguen agregando a sus alertas este fic. Por cierto, a quien no responda a sus comentarios, es porque no tienen cuenta, entonces el sistema de FF no deja, para contestarles tienen que abrir una cuenta y dejar el review con esa. Saludos.