Capítulo 6 Jinete y Dragón 2/2

Allen corría como alma que lleva Loki, su trenza siempre bien peinada brincoteaba sobre su espalda con poco decoro. Sus mejillas estaban rojas cual granadas maduras delataban su excitación, la respiración le estaba fallando y el sudor le pelaba la frente, por suerte a lo lejos distinguió la cabaña de jefe vikingo. Allen dio un suspiro y apremio más su avance. Tenía escasos minutos para impedir una tragedia.

Con un arrebato impulsivo abrió la puerta sin llamar antes, como marcaba el protocolo de buena educación, para gritar a todo pulmón el nombre de Hiccup. Solo el silencio le respondió.

Allen maldijo y salió de la choza. Tenía que encontrarlo a como diera lugar pero… ¿en dónde buscar? Se preguntó algo deprimido. Una esfera dorada voló hasta posarse frente a sus ojos, Allen sabía que esa esfera era especial para la familia Haddock aunque él no supiera porque.

La esfera tintineo un par de veces y floto en dirección a la aldea, Allen elevo los hombros y la siguió. Convencido de que Nod lo haría.

Con forme avanzaba se dio cuenta de a donde se dirigía. Lo estaba guiando a la casa de sus padres. Eso tenía sentido. El Hiccup siempre toma especial atención en los consejos de su madre. Faltaba poco, estaba a escasos metros cuando se percató de un casi insignificante detalle.

¿En dónde estaban los dragones?

Los más jóvenes seguramente se encontraban en el área de entrenamiento pero ¿y los demás?, de hecho desde en la madrugada cuando salió a hacer patrullaje noto lo silencio que parecía estar la isla.

Un poco más paranoico comenzó a correr de nuevo.

La cabaña de sus padres estaba a la vista, no quiso esperar más y grito fuerte, sus largas piernas parecían estarle fallando, había corrido desde Punta Cuervo hasta Berk en menos de hora y media, todo un logro del cual se jactaría en otro momento.

Henry salió de la casa y en sus ojos azules, iguales a los de su hijo pudo ver el temor, sin dudarlo corrió a su encuentro. Allen cayó en sus brazos jadeante.

—Hiccup. — dijo apenas en su susurro, hasta hora venía a darse cuenta que tenía la garganta tan seca que apenas podía pasar aire por ella.

Henry supo comprender lo apremiante de la situación y grito el nombre del jefe. Hiccup y Rasmus no tardaron en apersonarse cerca del rubio.

—Hay barcos—jadeo Allen. —Al menos unos quince, y son de batalla. Están a unas tres horas.

Hiccup miro a Rasmus, su mano por inercia había subido hasta tocar la escamosa piel de su mitad. Rasmus por su paste ronroneo deseoso de calmar a su pareja.

—No están solos. Sabes que pelearemos a su lado —aseguro hablando por todos los dragones de la isla.

Hiccup asintió dudoso y entonces noto lo mismo que el joven Campbell.

—¿En dónde están los dragones?

Toothless rugió llamando a su bandada, espero unos segundos y no se escuchó absolutamente nada. Volvió a repetir el llamado y entonces solo recibió una sola contestación.

Stormfly aterrizo cerca de la casa de Astrid, Eret descendió raudo colocándose a total disposición de las órdenes del jefe.

—¿En dónde están los demás?

Eret negó con la cabeza luego añadió. —Esta mañana no se presentó ninguno de los pescadores en la costa.

—Y porque no me lo comunicaste. —Gruño indignado Hiccup, estaba conteniendo su rabia. Las cosas estaban empeorando a cada minuto y no quería pensar que Eret, el gran Eret era lo suficiente estúpido como para pensar que esa eventualidad era poca cosa para comunicársela. Porque conociéndolo tenía una buena razón, por eso se mordió el labio y espero por la explicación.

—Stomfly y yo hemos tenido problemas para llegar, todos nuestros barcos, o al menos los más importantes están dañados, aparte de eso, las salidas de agua estaban taponeadas con inmensas rocas, tuvimos que retíralas porque de otro modo nos quedaríamos sin agua para el medio día y eso sería una catástrofe con tantas personas y Dragones a quienes abastecer, cuando terminamos llegamos a notar varios barcos con esta dirección. Nos dirigíamos a tu casa para dar un reporte de lo acontecido cuando escuchamos el llamado del alfa.

Hiccup puso especial atención en todo lo dicho por Eret. Estaba claro que quien sea el responsable sabia como retrasar el reporte. Además no podía negar que la decían del antiguo marinero fuera acertada. Si llegaban a atacarlos y con los barcos dañados era en extremo esencial contar con comida y agua.

Ahora bien, mientras los vikingos se iban reuniendo poco a poco notaba que muchos de ellos miraban el cielo en busca de los dragones.

¿en dónde estaban?

Un rugido se escuchó por todo Berk, Hiccup por costumbre monto a Rasmus y ambos se elevaron, Eret no tardo en seguirlo.

—¿Qué rayos es eso? —exclamo Eret viendo al enorme Tifomeran que lanzaba fuego. Los gritos de la gente pronto inundaron la isla.

— Eso es Grisweld. —Contesto Rasmus rugiendo de furor cuando sus ojos verdes repararon en la pequeña figura que corría escondiéndose entre las casa.

—¡Por Thor! Nod. —Grito Hiccup.

Nod localizo a sus padres y corrió en dirección a ellos.

Allen logro escuchar aquello y con las pocas fuerzas que le quedaban se puso en pie. Nod lo necesitaba. Sus pies ardían en contacto con el piso, sus piernas le temblaban por el esfuerzo recientemente realizado. ¡Maldición! Si tuviera un Dragón no necesitaría sus extremidades inferiores y podría ir en ayuda de Nod.

Henry sonrió ante lo que descubría con cada gesto de su hijo, podía aun tratarlo como a un niño pero Allen ya era todo un hombre y por lo visto estaba enamorado.

Grisweld lanzo su poderoso ataque, Stormfly se elevó protegiendo a su jinete, Rasmus gruño y lanzo una bola plasmas directamente contra las fauces del Tifomeran para hacerlo explotar igual que como había hecho con la muerte Roja, pero Grisweld evadió su plasma. Ramus bufo, al menos logro que dejara de incendiar Berk.

—¿Qué es lo que pasa Rasmus? Ven a pelear. —Incito el Tiifomera. —Si me derrotas te diré en dónde está el cadáver de tu hijo.

Toothless dio un potente rugido de dolor y se lanzó en picada, si Grisweld se había atrevido a tocarle una sola escama a Nathan lo desollaría.

Hiccup sintió la avalancha de mociones avasallarlo, su Ást estaba fuera de control. Podía percibir en Rasmus un instinto asesino, un deseo de sangre como nunca antes pensó que podría brotar de su mitad. Incluso era mayor, al que lo había asaltado el día en que casi muere congelado al enfrentar a Drago.

Su odio, miedo, frustración y desesperación se conjugaban para formar un sentimiento poderoso y destructivo que lo cegaba.

Grisweld tuvo escaso segundos para arrepentirse de su provocación e intentar formar una barrera de fuego que frenara, aunque solo fuera por poco a Rasmus, esfuerzo inútil pues de un solo ataque Rasmus lo derribo.

Apenas tocar tierra Grisweld sintió la pata de Toothless presionando su yugular, sus pupilas negras casi habían desaparecido y entre sus poderosas mandíbulas brillaba la promesa de muerte.

—¿En donde está mi hijo? —Siseo iracundo.

Grisweld sonrió ladino, Rasmus no se atrevería a matarlo hasta que tuviera esa información y por sus antepasados que no pensaba decírselo tan rápido. Quería verlo sufrir.

—Creo que tienes mayores problemas que buscar a ese muchachito enclenque. Después de todo la flota que se dirige así aquí no tardará en llegar y me temo que sus pequeños barquitos no están en condiciones de flotar… — se burló con apenas un ápice de voz.

—No lo volveré a repetir. ¿En dónde está mi hijo?

—Con los peces…

Rasmus apunto, todo su ser vibraba de… ya ni sabía que sentimiento era el que lo dominaba. Lo único que deseaba era deshacerse de esa amenaza que atentaba contra su mundo.

Hiccup se mantenía en silencio, porque sabía que era la decisión de Rasmus si lo dejaba vivir, esa parte de su vida, de ese pasado que aún lo perseguía y que acabaría solo cuando lograra olvidar, perdonar o matar a Grisweld.

Rasmus gruño y golpeo la cabeza del Tifomeran contra el suelo con brutalidad dejándolo inconsciente.

—Enciérrenlo antes de que me arrepienta de dejarlo vivir —argumento con un gruñido áspero, y se volvió hacia Hiccup en busca de calmarse. Debían pensar fríamente, calcular y medir… estaba al límite.

El vikingo no tardo en bañarlo de caricias y mimos, sintiendo como se relajaba bajo su toque, el Rasmus se rendia a él como minino a su dueño y eso lo hacía feliz. Mientras calmaba a su pareja Hiccup escucho la respiración errática de Nod que se acercaba a toda prisa. Era hora de ser líder, de dictar órdenes que podían conducirlos a la gloria o al desastre, aunque… se abrazó con fuerza de su mitad, no importa lo que ocurriera siempre contaría con Toothless.

Hiccup y Ramus se miraron gritándose lo mucho que se amaban, y con aquel solo gesto parecieron ponerse de acuerdo.

—Henry, Astrid, Allen busque a los dragones. —ordeno Hiccup, la familia Campbell asintió. —Eret manda, ve a la isla dragón, encuentra como comunícale a mi madre nuestra precaria situación, estoy seguro que nos mandara poyo. —Hiccup dio un suspiro, de esos que llegan al o más hondo del alma cuando vio a Stormfly alzar el vuelo pero permanecía en espera de alguna otra indicación. —Nod… Nod busca a tu hermano. Grisweld dijo que lo mando con los peses, debe estar cerca de la costa. Nathan no es tan débil estoy seguro de que…

—Él va estar bien. Es un Furia Nocturna. —Aseguro Rasmus, Hiccup acepto el argumento de su Elska y ambos se elevaron.

—Nosotros iremos a inspeccionar los barcos, si son hostiles los retrasaremos lo más que podamos. Así que Eret. Astrid, — los miro suplicante. —no tarden…

Ambos mencionados firmaron y salieron disparados a cumplir las órdenes del Jefe vikingo.

Nod miro a sus padres y dentro de sí misma deseo poder volar a su lado. Pelear y ser de ayuda.

—Necesito un dragón… —dijo apretando los puños tan fuerte que casi hizo sangrar sus palmas. —Pero no cualquier dragón. Yo necesito… —Y se mordió la lengua, primero debía encontrar a su hermano.

Continuara…

Creo que por fin esta tomando el rumbo que quería cuando pensé en escribir este fic. Espero que, me gustaría que a todos, me conformo que a muchos les guste.

Nos leemos en el próximo cap…

Atte. Ciel Phantomhive.