(6)

Celos

Durante el tiempo que estuvo con Fuuka las cosas no eran tan malas. Pero había sido vendida y no era un juego. Lo último que supo de aquella peliroja fue que convirtió su tuburio en una tienda de telas. ¿Por qué? No conocía el motivo y a sus dieciocho años de vida ya eso no importaba, habían pasado casi tres años de que había sido vendida, como un objeto. Eso ya no dolía ni le afectaba, se había acostumbrado a esa vida.

Comenzó a bailar con un hombre desconocido. Ya sabía de antemano sus intenciones: ir a la cama y tener una noche de sexo. ¿Después? Bueno, sí a ese hombre le gustaba regresaría por más y si no el asunto terminaría ahí. Unos billetes para ella y la gran mayoría para su jefe.

Su jefe…

Era la persona más vil que nunca se imaginó conocer. Al lado de Fuuka, ella era una mujer apiadada y dedicada. En cambio, el sujeto era un monstruo, un ser abominable y asqueroso con todas las letras. Para Noriko no había adjetivos calificativos que fueran suficientes para describirlo.

Su nuevo cliente se acercó a su cuerpo y bailaron al son de una conocida canción del momento. Si no fuera porque ella era una prostituta y porque estaban en un lugar de bajo prestigio se imaginaría que estaba en un elegante salón de bailes, ella siendo una mujer refinada y educada y él un hombre de negocios. Una escena como de cuento de hadas.

Mas el olor a alcohol llegó a ella alertándole que no soñara despierta. Era la realidad y ella no era una mujer refinada y educada y su cliente no era un hombre de negocios y sobre todas las cosas aquella escena no era un cuento de hadas.

– Hola – dijo el cliente.

Noriko ya conocía de hombres, muy a su pesar tenía experiencia con ellos. Pero algo en él era diferente, ¿Su porte? ¿Su mirada? Sus ojos eran color plateado, un color similar al de ella. Le sorprendió ya que no era un color muy común.

– Hola – respondió ella de forma fría. Bailar era de las pocas cosas que sabía hacer.

– Te he visto antes

– ¿Ah sí?

– Claro, trabajabas para Fuuka.

El solo hecho de que alguien la mencionara provocó en ella un tremendo asco y repudio.

– Ah – se encogió de hombros.

– Tu nombre es Noriko… Noriko…

–Para – interrumpió ella – ¿acaso conoces mi apellido?

–No, creo –

La mirada de su cliente era fuerte, no quitó ni un instante su atención hacía ella. Noriko por su parte se alejó y dejó de bailar.

La canción sonaba al fondo de aquel tugurio de mala muerte

Mi vida es brillante

Mi amor es puro

He visto un ángel, de eso estoy seguro…

Eres hermosa, eres hermosa, eres hermosa… de verdad

Vi tu rostro en un lugar concurrido

Y no sé qué hacer

Por qué nunca estaré contigo

Por qué es hora de encarar la realidad, jamás estaré contigo…

Noriko sentía su mirada, pero no era como la de los otros hombres. Deseosos del cuerpo de una mujer por dinero, y deseo. Su cliente tenía unos veinte años, un metro ochenta de humanidad, y el cabello largo y castaño. Ojos perlados y piel blanquecina. Una belleza masculina que era el foco de aquel lugar y sólo la miraba a ella. Sin embargo, había desconfianza de ambas partes…

Por qué no todo siempre sale cómo queremos.

๑ ๑ ๑

Itachi miraba el techo sin interés, de hecho el mundo pudo haber colapsado allá afuera y él seguiría con la tranquilidad habitual. Claro, una tranquilidad tan superficial que daba miedo.

Miró el reloj una vez más y tuvo ganas de aventar todo lo que tenía en su escritorio. Era muy tarde como para que Hinata no hubiera llegado de clases y todavía peor que su hermano no se hubiese reportado.

Para colmo, la idea de aquella llamada y la conversación con Kakashi seguía latente y no ayudaba en nada. Estaba asqueado. Se sirvió una copa más, ¿acaso haría la diferencia?

Shizune lo miraba desde la puerta, seguía de pie. Negaba con la cabeza, quería mucho a ese chico. Pero no era ese tipo de amor, sino uno maternal. Ella estaba ya en la edad de los cuarenta y cinco. Sin embargo podía bien aparentar menos edad. Su familia había llegado a Japón hacía menos de veinte años, después de un conflicto surgido en su pueblo natal. Eran refugiados… y no tenían nada. Mas Itachi le brindó ayuda y ella le estaría incondicionalmente agradecida. Lo mínimo que podía hacer era preocuparse por aquel muchacho. Lo miró triste, le rompía el corazón verlo en ese estado tan deprimente. Tomando solo en su despacho una triste copa con los puños apretados y la mandíbula estrujada de manera que la deformaba.

Se acercó de forma lenta. No quería verse inoportuna, no conocía mucho de hombres pero sabía que un secreto guardaba su jefe. Su misión no era descubrir su secreto, más bien era ayudarlo a salir de ese hoyo, ni ella misma se dio cuenta del momento en el que él se fue metiendo, tan profundo que ahora estaba a punto de ahogarse.

– Shizune – dijo sombrío Itachi – ¿pasa algo?

– Yo estoy bien – alzó sus hombros – ¿qué hay de usted?

– Todo bien – fingió la mejor de las sonrisas. Shizune casi se convence pero negó con la cabeza.

– ¿Está preocupado por sus hermanos?

– Naturalmente. Ellos no han llegado a casa, no obedecen las normas. ¿Qué puedo hacer yo?

–Hinata estuvo llamándole todo el día – trató de no sonar chismosa – me parece que quería pedirle permiso para una fiesta con sus amigas.

– Amigas, ¿ah? – Levantó la copa en forma de brindis – bien por ella, que se divierta.

– Es joven y hermosa –se limitó a decir – pero estoy segura que ella hubiese querido invitarlo.

– ¿A mí?

– Claro, Hinata lo quiere muchísimo.

– No te creo – chasqueó la lengua – hace meses o quizá años que me he ido alejando.

– ¿Por qué? No quiero sonar entrometida pero ella es muy inocente, muy frágil. Usted es de las pocas personas que están ahí para ella. Seré directa, su padre no ha estado ahí para ella. Y el muchacho Sasuke, bueno – trató de meditar las palabras antes de decirlas – no ha sido precisamente un hermano mayor para ella. Más bien diría que la odia, claro, no soy quién para juzgarlo pero basta con ver las miradas que le dirige.

– Ya sé – rodó los ojos, para él eso no era ninguna novedad – agradezco tu sinceridad Shizune, pero, creo las cosas son mejor así. Yo no soy el padre de Hinata ni el de Sasuke.

– Es su cimiento, su sostén. Si usted no está aquí es probable que tomen el mal camino.

– ¿Lo crees?

– Sí – bajó la mirada – Ánimos, no sé que esté pasando en su vida pero todo tiene una solución.

– Gracias Shizune, pero a veces todo mundo cree que lo tengo todo bajo control. Que soy la persona más madura y qué sé qué hacer en el momento justo. Soy humano, tengo debilidades y confusiones. No puedo con todo.

– ¿Ha sido esa llamada? – preguntó ella dando en el blanco.

– Sí – respondió seco – esa jodida llamada me volteó el mundo. ¿Qué quería ese sujeto? Por días me he querido convencer que fue una mera coincidencia, una equivocación. Pero dudo que esas cosas pasen. No ha sido una coincidencia. Grandes sucesos pasaran Shizune. No quería tocar el tema hoy por obvias razones – miró de reojo la botella de vino – pero es necesario. He llamado a Sasori, es uno de mis mejores Ingenieros, él se dedicará a poner un dispositivo para rastrear cualquier llamada, no importa de donde sea, él la localizará. No se lo digas a mis hermanos, por favor.

– No hay problema – dijo – ¿cree que eso solucione las cosas?

– No, pero algo se debe hacer. Finalmente espero que todo esto sea una bromita pesada de algún empresario resentido. Lo deseo.

– Esperemos –… pero para Shizune esas probabilidades se veían muy lejanas, no se lo diría a Itachi. No podía ser tan directa.

Itachi hizo de lado su botella. Estaba convencido de que ya no la necesitaba, su querido amigo debería descansar junto con las demás botellas.

– ¿Con qué amigas fue Hinata?

Esa pregunta la sacó de órbita, Shizune mordió su labio.

– Ino Uzumaki y Sakura Haruno

– Hmp. No son de mi confianza.

– No son malas personas – se encogió de hombros –si me permite dar mi opinión, Ino es un tanto liberal pero se preocupa por Hinata. Y qué decir de Sakura.

– No son buenas compañías sin embargo tampoco puedo juzgar así como así, ¿verdad?

– Es correcto.

– ¿Y mi hermano?

– No me crea del todo, pero creo que fue a ese mismo lugar al que fueron las chicas.

– ¿Sasuke respirando el mismo espacio que Hinata? Seguro lloverá –hizo una pausa – exactamente ¿cuál es el lugar?

– Chilli Peppers.

– Gracias Shizune.

– ¿Conducirá en su estado?

– No estoy borracho, sé controlarme.

No quiso sonar grosero. Sin embargo, la pelinegra se sintió un tanto ofendida mas entendió que no fue su intensión.

(I)

El principio

– ¡Hey!

Una chica rubia de ojos azules agitaba a otra chica.

– ¿Qué demonios? – alcanzó a mascullar pero fue interrumpida –¡oh mi Dios!

Hinata estaba detrás de ellas, escondida como un pequeño ratón. Todo el rato que llevaban en aquella fiesta se había mantenido así, sin decir ni hablar. Aunque no pasó de desapercibida la actitud tan jovial de Sakura.

– No puedo creer que Sasuke Uchiha haya venido. Aquí, en este lugar. Se supone él es el chico más cool, el intocable.

– ¡Ja! – soltó una risita Ino – sin ofender Hinata, pero puede que Sasuke sea un rostro muy bonito pero es un canalla.

– ¡Ino! – regañó Sakura – Sasuke no puede ser tan malo...

– Es por qué no lo conoces – rodó sus ojos –no en balde voy con él.

– Uhm – Sakura pareció meditar lo que diría – pero a ti ni siquiera te gusta el Derecho.

– Ya sé, frente. En cuanto tenga la oportunidad haré mi cambio a Ciencias de la Comunicación. No se me da mucho el estar ahí discutiendo de forma tonta con personas todavía más tontas.

Hinata soltó una risita.

– ¿Qué es tan gracioso Uchiha? – dijo con broma Ino – vamos Hinata, has estado demasiado cohibida. ¿Qué nunca habías estado en una fiesta?

Ella negó.

El lugar era grande. Afuera había un jardín con grandes árboles, todo estaba decorado a la perfección. Se llamaba Chilli Peppers en honor a una famosa banda. O eso era lo que los rumores decían. El dueño del lugar era íntimo amigo de Ino, aunque claro que tuvieron sus asuntos personales de por medio.

La música electrónica estallaba desde todas las bocinas. Las bebidas y los bocadillos estaban a la orden, tal parecía que se multiplicaban ya que la barra de botanas jamás se vaciaba. Al igual que las bebidas, seguían llenas. Mas todos tenían en su mano una copa.

Hinata no bebía, sin embargo fue convencida por Ino de que probara algo, si quiera jugo. Así que se convenció de probar un poco de Martinelli, un jugo de manzana bastante espumoso. Era lo único que no tenía ni el mínimo porcentaje de alcohol. Sakura en cambio, sostenía en su mano derecha una cerveza negra. E Ino como buen ejemplo sostenía dos copas.

– Borracha – masculló Sakura.

Todo estaba en orden, de hecho la fiesta no era de las mejores – desde el punto de vista – pero tampoco era una fiesta ñoña. Simplemente una fiesta, así de llano. ¿Qué festejaban? En realidad era el fin de un parcial.

Sasuke Uchiha aún no veía a su hermana menor. Ya que estaba bastante concentrado en charlar con sus colegas.

– Oye Sasuke – Naruto se acercó a él, codo a codo.

– Hmp.

– Hinata se ve muy bien hoy, ¿no?

Sasuke sostuvo la copa más fuerte. ¿Había escuchado bien?

– Eres un dobe, es más que obvio que la tonta engendra no vendría a un lugar como este.

– Odio cuando hablas así – frunció su ceño – pues velo creyendo porque en este preciso instante la estoy mirando y está con tu mejor amiguita.

– ¿Qué?

Trató de mirar desde el ángulo de Naruto y en efecto. Se llevó la peor decepción de la noche. Reconoció la melena rubia al instante, y a Hinata al segundo siguiente. Pero la chica de cabellos rosados no la recordaba. O al menor sus memorias así se lo indicaban.

– ¿Qué hace la escuincla con la zorra de Ino?

– Eres un cabrón – masculló Naruto – deja de llamar a Hinata así. Se llama Hi-na-ta ¿Tan difícil es para tu pequeño cerebro de cacahuate?

– Lo que sea – hizo un ademán exagerado de manos – no tengo ni la menor idea de que hacen aquí. Ella es una mojigata estúpida. Esa zorra debe querer algo.

– Estás consiente de que Ino es mi hermana, ¿verdad? – Naruto apretó sus puños – ¿qué te traes contra todas las mujeres? La que no es puta, es mojigata. La que no es zorra es teta. Déjate de calificativos teme, y diles por su nombre.

– No me vengas con clases de moral, dobe.

– Cómo sea – se encogió de hombros – no quiero estar en el mismo espacio que esa indeseada.

– Cabrón – apretó más sus puños – juro que te golpeare tan fuerte que no quedará nada de ese rostro de ángel. ¿Entiendes?

– Claro – rodó los ojos –como tú digas, dobe.

– Teme.

– Dobe

– Teme

Su conversación comenzó a subir de tono.

Los que estaban cerca de ellos comenzaron a mirarlos curiosos. Era normal que discutieran, pero jamás llamaban la atención. Sasuke era más de ese tipo discreto que prefería pasar de desapercibido a ser foco de un escándalo y aunque costara trabajo creer, Naruto era un tipo que prefería no meter a los demás en sus líos. Sólo a Sasuke si era posible.

Un chico de coleta alta y cajera de flojera se acercó a ellos con un gran bostezo.

– Están dando mucho de qué hablar niñatos – dijo con pereza – estamos en un lugar público y todos estamos viendo sus desfiguros.

– Cállate Shikamaru – dijo Naruto – es que este cabrón no entiende, y si no razona a palabras juro lo golpeare. No me importa arrancarle esa carita de niño lindo.

– Y a mí me importa poco si te dejo desfigurado por el resto de tus miserables días

La tensión subía a cada segundo. Llegando hasta el otro lado de la pista de baile, en donde las tres chicas miraban como la gente se amontaba alrededor de dos chicos – a los cuales no podían distinguir del todo –.

– ¿Se van a pelear? – preguntó con miedo Hinata. Era su prima fiesta real, entiéndase por fiesta real un lugar en donde había alcohol y cigarros y no puro ponche y refrescos de sabor.

– Lo dudo – Sakura trató de calmarla. No culpaba el estado de su amiga, finalmente que en tu primera fiesta real hubiera un altercado era lo último que quisieras. – estoy segura que Rock Lee los sacará a patadas si se atreven a golpearse, no le conviene una mala apariencia, ¿verdad Ino?

–Hmp, sí – contestó distraída, estaba sumida en sus pensamientos tratando de saber quién se estaba peleando o por qué tanto amontonadero de gente.

De repente, las masas se disiparon y los ánimos bajaron de nivel en cuanto un hombre de cabellos blancos y ojos celestes ingresó a Chilli Peppers.

Ino alzó su ceja, ella era del comité de periodismo de la escuela a pesar de estudiar Derecho le gustaba andar metida en las novedades, y le importaba poco si le llamaban chismosa o cotilla. Ella se autodenominaba «Informada de todo»

Lo conocía porque fue un ex alumno de la Facultad. De la misma generación que Itachi Uchiha. Frunció su ceño, ese hombre se estaba llevando la atención del momento. Trató de contener su respiración, verlo dolía por su jodida belleza.

Pero más fue su impresión en cuanto captó las intenciones de ese sujeto.

No, no caminaba hacia ella o hacia Sakura.

Caminaba hacia Hinata.

(II)

Cortejo

– ¿Lo conoces? – Sakura se dirigió a Ino con curiosidad – ¿cerda?

–Ah, ah – salió de su órbita – claro que sí.

Y era la verdad, hacía años supo de ese sujeto. Más popular que el mismísimo Sasuke Uchiha.

– ¿Quién es? – Hinata se notó interesada

– Su nombre es Toneri Ōtsutsuki

– Honestamente jamás había oído ese nombre – dijo Sakura un tanto confundida – hablas de él como si fuera una celebridad.

– Es que ustedes no lo conocieron, pero recuerden que yo tengo cinco años más que ustedes. Así que sé de cosas que pasaron en la escuela, cuando ustedes apenas y estaban en la primaria.

– ¿Entonces? – Hinata temblaba, una sensación un poco rara la amenazaba.

– Toneri fue más popular que Sasuke, con eso se los digo todo. Todas las mujeres estaban ahí, y todas querían con él. Admito que en su tiempo se me hizo un adonis, pero después él se salió de la escuela. Iba en la generación de Itachi Uchiha.

– Uhm, pues ahora que lo veo bien no se ve tan mal –dijo Sakura alzando los hombros – pero tampoco es un Dios, Ino.

– Ya sé, ya sé – alzó sus manos – pero observen, se dirige hacia acá.

– ¿Te llevabas bien con él?

– Una que dos palabras, pero solo eso. No trate mucho con él, pero les apuesto una… no – negó – tres botellas de whisky a qué el viene hacía acá con Hinata.

– ¡¿Qué?! – Abrió sus ojos plateados – ¡¿Yo por qué?!

– Tranquilízate – le dijo por lo bajo Sakura – Ino exagera.

– No exagero, ponga más atención.

Las tres chicas estaban tan juntas como muéganos.

Toneri caminaba con un porte elegante. Su piel era pálida, pero no era de ese pálido enfermizo. Su cabello se veía a simple vista sedoso y exquisito. Y en efecto, buscaba con la mirada a alguien. Finalmente reparó en esos ojos perlados y sonrió como si se tratara de amigos de antaño.

– Viene para acá, viene para acá – las manos de Hinata sudaban, su pulso se aceleraba.

– Todos nos están mirando, en este momento somos el centro de atención – murmuró Ino en voz bajita. Y solo Sakura y Hinata lograron escucharla a lo que asintieron tímidamente.

Varios mechones de cabello blanquecino caían y enmarcaban el rostro de Toneri, él les sonrió de forma cálida. Ese saludo provocó un bochorno entre las tres. Incluso la tímida Hinata logró sentir una montaña rusa en su estómago, subiendo y bajando.

– Buenas noches, señoritas – dijo él – ¿están solas?

Ino iba a contestar por ellas, pero las palabras se le fueron. ¿De acá a cuando a la extrovertida Ino se le iban las ideas? Algo andaba mal, sin duda. Su cerebro todavía no procesaba que el «ex chico más popular de aquella generación le estuviera hablando» – No–corrigió para sí misma –no me está hablando a mí de forma directa, está cortejando con Hinata.

– Mucho gusto – extendió su mano al sentir que ellas no le responderían – Mi nombre es Toneri Ōtsutsuki.

La primera en extender su mano fue Ino, seguida de Sakura. Sin embargo Hinata escondió sus manos atrás de su espalda.

– Tu nombre es Hinata Uchiha, ¿cierto? – fue más una afirmación que una pregunta.

– Sí – asintió con su cabeza

– ¿Quieres bailar conmigo?

Los ojos jade miraron suplicante a Ino, como queriéndole decir que eso era suficiente para Hinata. Ella era tímida, y no era cuestión de fingimiento. La pobre chica era así desde siempre y nada se le podía hacer. De milagro y eran amigas…

– Ejem – Ino hizo un intento tonto por toser – ¡Toneri! ¿Me recuerdas? – sabía que aquello era su peor intento de llamar la atención. Si alguien la viera, pensaría que estaría loca de celos. Pero la realidad es que entendía que Hinata en ese momento estaría muriendo de nervios, la comprendía de cualquier modo, no era normal que un hombre como aquel se apareciera explícitamente por ella. Por Hinata. No es que ella fuera «no-popular» sino que era como un pequeño ratoncito asustado.

– ¿Uzumaki Ino? –se dirigió a ella fulminante, como queriéndole decir «me has interrumpido»

– Sí – se acercó a él y Hinata le agradeció con la mirada – ¡Sí! – trató de expresarse mejor, hizo una pausa. Quería ganar tiempo. Necesitaba ideas, ya.

– Ah, ah – Sakura alzó sus brazos – creo te he visto antes – mintió – ¿ibas en la misma escuela que yo?

Ino quería golpearla. Sakura era pésima con las mentiras.

– Hmp, sí – Toneri se alzó los hombros indiferente – si me disculpan, le pregunté a Hinata si quiere bailar conmigo.

– Que insistente – pensó Ino muy en sus adentros – Oye, Toneri – de repente se puso seria –Hinata tiene novio, por si no lo sabías.

Hinata quiso gritar y decir «No» pero algo en su inocente mente captó que Ino la estaba tratando de ayudar, lo mínimo que podía hacer era seguirle la corriente.

Sakura cruzó sus dedos y deseó que Hinata captara la indirecta.

– Sí, tengo novio – murmuró por lo bajo – y… y… él se enojaría mucho si me ve bailando con…contigo – tartamudeó.

– ¿Tienes novio? – Toneri alzó su ceja – vaya, vaya, no me lo esperaba. ¿Y dónde está el afortunado?

Ino rezaba porque llegara cualquier conocido, no importaba si físicamente era un adefesio. Se sentía culpable por aprovecharse pero era necesario, la seguridad de su amiga estaba ante todo. «El fin justifica los medios» se dijo a sí misma.

– ¡Oye Ino! – Naruto Uzumaki apareció detrás de ella. Ino no pudo evitar esbozar una sonrisa. Los astros le sonreían.

– ¡Hermanito! –

Naruto conocía bien ese tono chillón de voz. Su melliza lo usaba siempre que quería algo. Así que frunció el ceño confundido.

– Tu novia Hinata estaba esperando aquí por ti – lo miró fijamente a sus ojos. Azul contra azul. Naruto podía ser un tonto captando indirectas, pero confiaba en que lo haría – eres tan desconsiderado, mira que dejarla en medio de todo… ¿verdad que la sacarás a bailar? No seas caprichudo y ve.

Sakura abrió su boca sorprendida. Hinata estaba tan roja que hiperventilaba. En cambio Ino sonría triunfal.

– ¿Qué Hinata qué? – los ojos azules del rubio se abrieron y justo cuando quería hablar…

– Vamos Naruto-kun – dijo Hinata –con permiso Toneri-san.

Ino quiso gritar, en sus años de preparatoria era una porrista. Estaba segura que en ese momento, de haber traído sus pompones habría gritado

Venga Hinata, venga ya.

Uno, dos, tres.

Captas indirectas

Ya, ya, ya

Toneri los observó atónitos. Fulminó a Ino con la mirada, y también las vio alejarse.

A unos metros más de distancia, Hinata llevaba a rastras a Naruto. Su andar era como el de dos personas ebrías ya que él caminaba en zigzag.

– ¿Qué fue todo eso? – preguntó él – ¿cómo que yo…?

– ¡Perdona Naruto! – gimió ella – es que… ese sujeto quería invitarme a bailar y yo… bueno, yo no sé bailar y… me daba miedo.

–Tranquila – se acercó un poco más, de fondo una canción comenzaba a sonar – ¿somos novios, eh?

– No – dijo por lo bajo – es que… teníamos que hacer algo.

–Ese tipo lo conozco, agradezco que haya llegado si no me hubiera molido de golpes con tu queridísimo hermanito.

–¿Qué? – Hinata se sorprendió.

– Déjalo así, no pasó a mayores. Pero es que Sasuke es un reverendo cabrón – se tapó la boca al instante– lo siento, no debí decirlo.

– No… no hay problema.

– Pero hay algo que debes saber – Naruto frunció su ceño –yo…

– ¿Qué es lo que debe saber Hinata?

Una voz muy conocida para ambos sonó por detrás. Por instinto, Naruto soltó a Hinata y ella dio varios pasos hacia atrás.

–I…Itachi – tartamudeó.

– ¿Qué querías decirle a mi hermana, Uzumaki? –Preguntó furioso – contesta –lo tomó de los hombros.

A lo lejos, todas las personas veían curiosa la escena. Fue cuando los cuchicheos de extraños llegaron a oídos de Sasuke que se percató de la presencia de su hermano mayor. No pudo evitar sentir una sensación rara de emociones, las cuales iban desde la sorpresa hasta los celos. Celos de que estuviera ahí, con Hinata. Como queriéndola proteger.

– Itachi – Hinata lo abrazó – nada malo está pasando, Naruto sólo estaba ayudándome. Por favor – lo miró suplicante.

Él no pudo evitarlo y soltó algunas palabrotas que sólo él pudo entender a su manera.

– Nos vamos, ahora – no era un consejo ni una pregunta. Era una orden.

Ella supo que no podía contradecirlo, así que le regaló una mirada a Naruto con un sabor a «gracias»

Itachi la tomó de la mano.

Esa piel… no era como la de Konan. Ni como la de Sinon, ni la de Anko.

Era suave, y tersa. Se sentía muy bien entre sus manos. Cálida y frágil a la vez. Por un momento, todo su enojo se disipó hasta convertirse en un estado de relajación, como si él fuera una pluma flotando en un hermoso día.

– ¡Hinata! – su mundo rosa se vino abajo en cuanto escuchó una voz que le era familiar de algún lado.

– Toneri – dijo ella en voz baja.

El chico de cabellos blancos se colocó justo frente a ella. Primero la observó y después posó sus celestes ojos en Itachi. Ambos hombres fruncieron el ceño de manera exagerada.

– Supongo tuviste alguna discusión con tu novio – volteó hacía atrás para encontrarse con la humanidad de Naruto, le sonrió de forma retadora – ¿estás bien?

Itachi apretó sus puños.

¿Qué era eso del novio de Hinata? La idea no le agrado en lo más mínimo.

«Hinata es mía»

Pero ante esos pensamientos se sintió asqueado. Estaba seguro que lo que su mente le dictó eran alucinaciones, ya sabía que los hermanos podían ser muy celosos con sus hermanas. Eso era normal. Así que se aferró a la idea de que estaba celoso de que su hermana pudiera tener pretendientes por ahí. Chasqueó la lengua. Conocía a ese sujeto de la escuela, por lo poco que recordaba, él tipo en cuestión desertó la escuela por algún tipo de problema personal. Trató de no darle importancia, lo que sí era su prioridad era saber el asunto del supuesto novio de Hinata y de cómo es que ella y el tal Toneri se conocían. ¿De dónde?

– Yo… – Hinata estaba temblando, sin embargo fue interrumpida por Naruto.

– Sí, claro. Mucho gusto, caballero – sonrió retándolo – sí, yo soy novio de Hinata. ¿Algún problema?

Tanto Itachi como Toneri lo miraron fulminantes.

– Oh, supongo que tú fuiste un irresponsable al dejar a la dama por ahí, esperando. Hasta su amiga rubia lo dijo, eres un desconsiderado.

Hinata se sentía acorralada. No entendía el momento preciso en que todo se tornó así, estaba pasando un buen momento en la fiesta. Quizá no era el día más feliz de su vida pero algo era algo mas todo se había complicado en un abrir y cerrar de ojos.

Gracias a ese hombre.

Sintiéndose amenazada se refugió en los brazos de su hermano mayor, por qué con él se sentía más segura. Aunque mentalmente se recriminaba por no poder ser fuerte, siempre cubrirse de todo como si de un caparazón se tratara sin hacer algo más.

La gente poco a poco se dedicó a sus asuntos y se alejaron de ellos, dejando a un grupo de cuatro personas al lado de la pista, muy cerca de la entrada principal a Chilli Peppers.

Sasuke observa iracundo desde el otro lado, desde su lugar V.I.P de cliente frecuente y exclusivo, tan clasista como él lo es. Shikamaru está junto a él y sonríe con cierta complicidad, el Uchiha no es su mejor amigo pero siente cierta empatía

– No te conozco del todo Sasuke, pero quita esa cara de perro. ¿Sigues enojado con Naruto?

Él no respondió.

– Entiendo que estés así – se paró a su lado y se recargó en un barandal tratando de observar lo mismo que él – ¿qué es lo que te tiene así? ¿es que Itachi está abrazando a Hinata mientras Naruto y ese tipo la están mirando?

– Cállate –masculló.

Sin embargo, él quería saber más. Más sobre todo ese asunto, ¿por qué su hermano había llegado así como así? Y no es que le importara su hermana, de hecho ese no era el punto. La cuestión era que le crispaba que su verdadero hermano tuviera más preferencias por ella que por él. Se sentía cambiado, rechazado y desplazado. Así que ignorando los comentarios – acertados, por cierto – de Shikamaru, bajó las escaleras para ir con Ino Uzumaki. No era santo de su devoción, en circunstancias normales sería la última persona con la que acudiría pero en ese momento necesitaba respuestas no preguntas.

Empujó a varias mujeres que se topó en el camino, importándole poco si las lastimaba. Trataba de mantener el porte de hombre clasista y de élite, pero se le estaba saliendo de las manos. Es que simplemente no podía serenarse.

Jaló a Ino del brazo y se encontraron frente a frente. La primera en reaccionar fue Sakura, quién estaba sentada en un sillón de piel negro. Abrió sus ojos con sorpresa y soltó un leve sonrojo. Sasuke Uchiha le gustaba muchísimo pero sabía que las oportunidades con él eran de una en un millón.

– Sasuke – sonrió enojada – ¿qué te trae por aquí, querido?

Estaba sentida. Él fue el único hombre que la había rechazado eso hirió su orgullo y ego como mujer. No podía perdonárselo así como así.

– ¿Qué hace mi hermano aquí? – le importó poco si la lastimaba con su exagerado agarre.

– Oh – Ino se llevó su mano desocupada al pecho – ¿no lo sabes?

Sasuke alzó sus cejas.

– Habla ya – escupió.

Ella puso su cara seria, todos –hasta Sasuke– sabían que su área no estaba en el Derecho, había nacido para los reportajes, los estelares, para hablar desde una televisión. Lo tenía en sus venas.

Como casi una profesional Ino ladeó su cabeza, mordió su labio y se puso a pensar, recordando momento a momento como habían pasado las cosas y el orden. Ya tenía el título para su anécdota y la narración, una nota perfecta. Sin embargo, soltó un suspiro tan largo que estremeció a Sasuke.

– ¿Qué quieres saber? – se soltó de su agarre y sacudió su vestido – es decir, yo sé tantas cosas… y tú ignoras tantas…

Quería humillarlo. Lo deseaba desde el fondo de su corazón.

– Tranquilos – Sakura caminó apresuradamente – Sasuke –le sonrió ensimismada.

– Y bien – Sasuke estaba perdiendo toda su paciencia.

– Pasa que ese sujeto – Ino lo señaló con su dedo –invitó a Hinata a bailar, como amigas que somos tuvimos que evitar un incidente, entonces Naruto pasó y dijimos que él es su novio. Supongo tu queridísimo hermano se enteró y ahora se la está armando de…

– Ya – Sakura rodó los ojos – suponemos que las cosas son así, Sasuke.

– ¿Te conozco? – preguntó con indiferencia.

Sakura negó con la cabeza y sintió como aquellas palabras le habían dolido más de la cuenta. Era una oración seca, sin emociones, como si él estuviera hablando con un bicho raro.

Ino captó de inmediato eso y se limitó a bufar por dentro, Sasuke Uchiha ya no le gustaba. No. «Lo que tiene de guapo lo tiene de cabrón» siempre se lo decía a Sakura.

A los lejos, la tensión crecía.

Naruto continuaba cabreado y explicándole a ese hombre que en verdad eran novios y diciendo muchas mentiras. Él era pésimo en eso, sin embargo Hinata lo valía.

– Bueno – suspiró Toneri vencido – supongo que esta noche definitivamente no podré bailar con Hinata, ¿cierto?

– No –respondieron al unísono Itachi y Naruto.

Hinata volteó a mirarlos, su cabeza cambiaba de forma constante de posición, veía a Naruto-Itachi-Naruto-Itachi-Toneri-Itachi… sin poder saber qué hacer.

– Vete –masculló Itachi – nada tienes que hacer aquí.

– ¿Y tú sí? – los ojos celestes traspasaron a Itachi – no te preocupes Hinata, te volveré a buscar y cuando eso suceda bailaremos.

– ¡Ja! Sobre mi cadáver – fingía estar celoso, la realidad no estaba tan alejada.

– Vámonos – dijo Itachi.

Hinata asintió y él tomó su mano alejándose de todos. Itachi ya no escuchaba los reclamos de ese hombre ni del tal Naruto. Para él la prioridad del momento era sacar a Hinata de ahí. Dos hombres fornidos estaban en la entrada, sin embargo Itachi y ella pasaron de largo. Una vez afuera, Itachi abrió la puerta del copiloto y le exigió que ingresara. Con temor Hinata entró.

Segundos más tarde él ya estaba en el asiento del copiloto apretando el volante.

– ¿Me puedes explicar qué demonios pasó ahí adentro?

No fue la pregunta que hizo que el cuerpo de Hinata se estremeciera, ni tampoco su cara. Fueron las palabras y el modo. No se enojó, pero le dolió.

– Ese tipo me invitó a bailar y… bueno Sakura e Ino dijeron que Naruto era mi novio para que dejara de molestar…

– Esas amistades no te convienen –dijo cortante al tiempo que ponía en marcha el automóvil.

– Ino y Sakura son buenas personas – el jugueteó en sus dedos fue señal inequívoca de que Hinata estaba teniendo una crisis. Crisis de nervios por algo que desconocía ¿qué había hecho mal? Era una pregunta que cruzaba su mente, taladrando todas sus neuronas.

Itachi no quiso escuchar más motivos y por primera vez en su vida hizo lo que jamás se hubiese imaginado hacer: ignorarla.

Primero ella empezó a explicar que definitivamente no conocía al tal Toneri. De no haber sido por Ino hubiese pensado que ese sujeto la secuestraría. Trató de exponerle a Itachi qué una de sus mayores dudas era el cómo ese tipo sabía de ella.

Pero no la escuchó…

Y ella dejó de hablar.


N/A Capítulo más largo que lo que usualmente suelo subir a FF. Gracias por esperar la actualización y por sus comentarios, recuerden que para más novedades publicó cosas en Tamahara Chan (página de facebook)