Hola! nuevamente con un nuevo capitulo editado, pido perdón por la demora, pero me frustré con este cap, ya lo había editado y la computadora no lo guaró y lo perdí todo ¬¬, pero bueno después de mucha fuerza de voluntad ya está terminado, espero que les guste.
Una chica de largos cabellos rojos observaba aquel bello planeta azul desde el balcón de la habitación que se le había designado, el corazón le dolía, la ausencia de aquel ser amado era un castigo.
Añoraba ver el rostro de aquel hombre al que había amado en secreto desde hacía mucho tiempo, le dolía tenerlo lejos, y más aún saber que no sería para ella, su corazón se rompía cada vez que pensaba en que su amor no era correspondido y que en el corazón de él, solo había lugar para hermosa mujer, una joven única, de gran valor, bella por fuera pero aún más hermosa por dentro, no lo culpaba por enamorarse de ella, pues también la admiraba.
Desde el balcón de su habitación Serena contemplaba la luna y las estrellas, ¿como era posible que de una vista tan bella se desprendieran aterradores peligros? Con un leve suspiro se dio la vuelta y redirigió a su cómoda cama, a través de las cortinas del dosel pudo ver a los dos gatos acurrucados.
Se deshizo de su bata de noche y se acomodó, muy pronto se entregó a los brazos de Morfeo dispuesta a descansar, de nuevo aquel extraño sueño asaltó su cabeza, alterada se despertó de golpe haciendo que los gatos que dormían a sus pues cayeran al suelo.
—Perdónenme, no era mi intención hacerlo, ¿se lastimaron? – preguntó preocupada.
—No, estamos bien la que nos preocupa eres tú, ¿has vuelto a tener ese sueño verdad?— Dijo Luna preocupada.
—Sí, yo… no se que es lo que pasará, deseo ver a Darien, pero si esto continúa así no sé que pasará, ya no sé que hacer, no estoy segura de nada, pude que nunca vea a Darien y si lo veo por tan solo un segundo puede que ocurra la destrucción del mundo — las lágrimas empezaban a emanar de los ojos de Serena.
—Serena, tómalo con calma, lo que deba ocurrir ocurrirá y lo que no pues no, el destino no es algo que puedas modificar tu sola, por el momento es mejor dejar que las cosas sigan su propio camino— dijo Artemis tratando de levantar los ánimos.
—Me mortifica tanto no saber que es lo que sucederá pero, tienen razón, tratare de descansar aunque ya pronto amanecerá— Serena intentó descansar y pronto el sueño la venció nuevamente.
Una semana pasó y ningún otro demonio e presentó, solo quedaba una semana para que las otras chicas llegaran a Washington.
Serena afinaba los últimos detalles para empezar a trabajar, sin saber que el destino estaba por jugar con sus planes una vez más.
Un joven de cabello rubio tan claro que parecía gris, esperaba pacientemente sentado en una silla de un restaurante, la copa de vino junto a su mano derecha estaba vacía, su mirada gris plateado no se alejaba de la puerta de entrada, su cuerpo estaba inquieto, su corazón reaceleraba por la anticipación, finalmente, uno de sus propósitos se estaba cumpliendo, estaba solo, en un país extranjero en compañía de una hermosa mujer a la cual había añorado y deseado desde que la había conocido, y quien sabe, tal vez simplemente la deseó desde otros tiempos...
Observaba como las otras mujeres del restaurante le miraban, la misma anfitriona le había hecho miradas sugestivas desde el primero momento en el que él puso un pie en el lugar, pero todo esto carecía de importancia, ninguna mujer estaba a la altura de ella, nadie, era como ella.
Finalmente, captó destellos dorados pasando frente a la ventana, era su cabello reflejado por el sol, su sentido del olfato pronto captó la elegante fragancia natural de ella, el suave aroma a orquídeas blancas y el sutil toque de lilas hizo que su nariz tuviera un festín de olores; finalmente, la figura de la mujer perfecta apareció ante su vista, en la puerta de entrada, la anfitriona la recibió, y la condujo hacia él, se perdió por unos segundos en su figura, en el exquisito contoneo de sus caderas, en los reflejos dorados que producía su cabello reflejado por el sol, y en su mirada, profunda, serena y cautivante como un mar de verano.
El siguiente sentido en captarla fue el oído, al escuchar el placentero sonido de su sedosa voz.
—Hola Daniel… ¿cómo has estado?— preguntó ella.
El dulce sonido de sus palabras eran como la más complicada y sofisticada sinfonía para su sentido del oído, y su nombre salido de su sedosa boca le producía el mas grande placer que podía concebir.
Concentrando todas sus fuerzas en su respuesta, finalmente las palabras fueron capaces de salir de su boca.
—Bien ¿y tu Serena? ¿Has disfrutado de estos días?
Tal cual caballero, se puso de pie se acercó a ella brindándole a su sentido del olfato otro momento de placer al sentir el aroma de sus cabellos mientras acomodaba la silla para que ella tomara asiento.
Dos sentidos faltaban para que su placer fuera completo, mientras regresaba a su silla, sus dedos rozaron su brazo, su mano, y finalmente sus dedos, proporcionándole a su sentido del tacto la oportunidad de recrearse en la suave y fina textura de la piel de ella.
—Te cité aquí para que aparte de disfrutar de tu compañía podamos afinar los últimos detalles para cuando iniciemos nuestra labor, sabes que para que un embajador tome posesión son necesarios varios actos protocolarios ¿verdad? es por eso que quiero que todo esté perfecto, ya que solo quedan tres semanas para que nuestra llegada se haga pública.
Este había sido el pretexto perfecto, era verdad él necesitaba arreglar todos esos actos, pero como le había dicho a ella, la cita era principalmente para disfrutar de su compañía.
—¿Tres semanas? - Preguntó la rubia con un poco de preocupación.
—Así es, pido disculpas por no habértelo comentado antes, pero como ya sabes, llevamos dos semanas aquí, la próxima semana iniciamos a adaptarnos a las oficinas y al trabajo y seguidamente entramos de lleno al trabajo político, lo cual nos deja con dos semanas para preparar los actos públicos…
—Actos públicos…— dijo la joven, imprimiendo un tono de preocupación en su voz.
— ¿Te encuentras bien?— él se vio obligado a preguntar, el tono de la mujer frente a el le tomó por sorpresa, parecía como si no quisiera saber nada de eso.
—Si… es sólo que me sorprendió la noticia— contestó ella aún pensativa.
—Y por cierto…— finalmente llegó a uno de los temas que a él le interesaba —como Darien está aquí supongo que ya has hecho planes de verlo ¿verdad?.
El solo pronunciar el nombre de su supuesto amigo, le provocó náuseas, desde la primera vez que conoció a Darien sintió que él le había quitado algo, en su corazón el rencor empezó a nacer, era verdad se hicieron amigos, pero todo eso siempre fue acompañado de una gran rivalidad; debía superarlo, ser mejor que él, y en cierta forma lo había conseguido, tenía mas dinero, mas amigos, era tan buen estudiante como él, tenía un mejor auto, un excelente empleo, y muchas otras cosas.
Todo lo que Daniel había conseguido hizo que poco a poco la envidia que sentía hacia Darien disminuyera, incluso hubo un tiempo en el que su amistad fue sincera, un tiempo en el que no deseó nada que él tuviera, pero eso fue antes de conocerla.
—Por ahora no tengo ningún plan— contestó nerviosa después de unos breves momentos de duda.
— ¿Acaso han peleado?— se atrevió a preguntar, omitiendo la pequeña felicidad que le producía la idea.
—No, no es eso, es solo que… seguramente él está muy ocupado, ya que es momento de que empiece a hacer su residencia…
Daniel sabía que mentía, había algo que ella no quería que supiera, pero fuera lo que fuera quedaba en segundo plano, lo importante era que ella estaba dudando.
—Ya veo… y ¿a tu amigo el cantante lo has visto?— debía saber como estaban las cosas con sus rivales.
— ¿Te refieres a Seiya?— el joven solo asintió con la cabeza —no lo he visto desde el día que se despidió en el aeropuerto.
Momentos después los dos terminaron de comer, tal cual caballero, Daniel pagó la cuenta y ambos se retiraron hacia sus automóviles, Daniel la acompañó hasta su auto y observó como se alejaba de él, mientras sus sentidos aún disfrutaban de los remanentes de la esencia de la mujer que lo había cautivado desde el primer momento en que la vio, y en su mente, rememoró aquel momento.
Era una tarde de lluvia, acababa de salir de la universidad y debía prepararse para las evaluaciones de semestre, decidió esperar en una cafetería cercana, aún no sabía lo que había ocurrido con Darien la primera vez que viajó a Estados Unidos y desconocía los motivos de su retorno, aún así, había accedido a ayudarlo nuevamente con los trámites de ingreso, no había ningún problema, no quería nada de lo que Darien tuviera, se hallaba conforme con el rumbo que llevaba su vida y tenía todo lo que quería.
Había salido temprano de la universidad lo cual le dio el tiempo suficiente para ver como todos los estudiantes de preparatoria corrían como hormigas para evitar empaparse con la lluvia.
En medio de todo el caos, unos reflejos dorados llamaron su atención, una joven de larga cabellera rubia corría en dirección opuesta a donde él se hallaba sentado, por unos breves segundos la vida le había proporcionado la oportunidad de apreciar a un ángel.
La figura de la joven era esbelta, piernas largas, cintura estrecha, piel blanca, no muy alta ni muy baja, la altura perfecta para ser protegida en los brazos de un hombre, cabello rubio dorado, ondulado y muy largo.
¿Cómo serían sus ojos? Se preguntó, y como si el destino lo estuviera escuchando, la joven se volteó, en medio de aquel mar de estudiantes que corrían por todas partes, él solo la podía ver a ella, cautivado por sus ojos del color del mar de verano, azules como el cielo de las cuatro de la tarde, profundos y cálidos, podría pasar viendo días enteros aquellos ojos y estaba tan ensimismado viendo aquellos luceros que no se había dado cuenta que esos ojos también lo estaban mirando.
Y, como un regalo más que el destino le daba, ella le sonrió…
El calor invadió su cuerpo, era la sonrisa mas hermosa y cálida que había apreciado en su vida, era la sonrisa de una diosa, definitivamente, tenía que saber quien era esa joven, no importaba lo que costara ni el tiempo que llevara, pero esa joven, era la mujer de su vida.
— ¿Estás bien?— la voz grave de Darien lo sacó de la ilusión que le había producido la aparición de la joven.
—Sí, es solo que…— como arte de magia, la joven desapareció entre el mar de estudiantes que corrían por la calle —acabo de ver a un ángel correr por ahí— le respondió él a su recién llegado acompañante.
—Debió ser una mujer muy hermosa si ha dejado sin palabras al gran Daniel— le dijo Darien en broma.
—Parecía una ilusión, un sueño, no tengo palabras para describirlo, pero sí, era muy hermosa…
Darien tomó asiento frente a él, y pidió un café, platicaron un poco de la universidad, de los requisitos de inscripción de Darien y otras cosas personales.
Entre charlas, Daniel notó que Darien veía insistentemente hacia la ventana, como si esperara a alguien.
— ¿Alguien en especial debe aparecer por esa dirección?— preguntó Daniel.
—Quería presentarte a mi novia— respondió Darien.
—Así que los rumores son ciertos, el famoso Darien tiene novia, jamás me habías platicado de ella.
—Somos novios desde hace tiempo, pero siempre pasa algo que me impide presentártela.
—Bien, ahora hiciste que me diera curiosidad por saber quien ha sido la mujer que ha robado el corazón de uno de los solteros mas codiciados.
Pasaron un rato mas bromeando, Daniel tenía curiosidad por saber el tipo de chica que sería la novia de Darien, la imaginaba seria, reservada, claro, debía ser bella, y seguramente tan intelectual como él.
Daniel se levantó para pedir una taza más de café y tal vez un pastel, la mesera a quien se dirigió se hallaba cerca de la puerta de entrada así que caminó hacia allá, hizo su pedido y justo en el momento en el que se volteaba para regresar, alguien entró por la puerta, lo cual hizo que ambos tropezaran.
Los reflejos de Daniel eran rápidos, así que logró tomar de la cintura a la joven con la que había tropezado evitando que ella cayera al suelo.
Aún aturdido, su olfato fue el primero en reaccionar, invadido por una suave esencia de orquídeas blancas y lavanda, su tacto se sintió agradecido ante el peso de la joven y sin querer rozó su suave piel, finalmente pudo ver los ojos de la joven, esos ojos que hacía un rato había apreciado desde la ventana ahora estaban frente a él.
—Es el destino…— pensó Daniel.
Finalmente, el sentido del oído se lleno de placer al escuchar la suave voz de la joven disculpándose con él.
—Lo siento…— fueron las palabras de ella.
Todo era como en cámara lenta, para Daniel parecía como si el tiempo se hubiese detenido, como si las personas no existieran y solo fuera él y la joven que aún estaba en sus brazos.
Pero no era así, estaban en una cafetería y al parecer el acompañante de Daniel se había dado cuenta del accidente, pues ahora se dirigía hacia ellos, pronto su voz interrumpió la ensoñación de Daniel.
— ¿Estás bien?— preguntó Darien, su voz sonaba angustiada — ¿te hiciste daño?— investigó nuevamente.
Daniel quería responderle que sí, que nunca en la vida pudo haber estado mejor, que se fuera y lo dejara a él solo con la joven que aún yacía en sus brazos, pero algo lo detuvo de contestar.
La voz de ella, fue ella quien le respondió a Darien, y fue en ese momento cuando Daniel se dio cuenta de que Darien no le preguntaba a él, sino le preguntaba a ella.
—Estoy bien, no te preocupes, no me pasó nada— dijo ella mientras sus ojos estaba puestos en su amigo, a pesar de estar ahí y sostenerla, era como si Daniel no existiera, solo eran ella y Darien, nadie más…
Daniel aún aturdido, no por el golpe, sino por lo que acababa de presenciar, soltó a la joven quien inmediatamente buscó los brazos de Darien.
— ¿Estas segura de que no te pasó nada?— volvió a preguntarle Darien a la joven.
—Si Darien, no me ha pasado nada, fue un descuido mío, afortunadamente él tiene buenos reflejos y me sostuvo antes de que me cayera al suelo.
—Es una lamentable forma de conocerse— dijo Darien dirigiéndose a Daniel —es ella a quien quiero presentarte, ella es Serena, mi novia.
El corazón de Daniel se congeló, por un segundo su corazón dejó de latir, así que aquella joven angelical era la novia de Darien, aquella joven mujer que había visto desde la ventana y que lo había cautivado con una sola mirada era la compañera de su amigo
—Es un gusto conocerte Daniel— dijo ella mientras sostenía la mano en el aire como saludo a él.
Daniel reaccionó por inercia, no era conciente de lo que hacía pero aún así lo hizo, solo reaccionó cuando ya los tres se hallaban sentados en la mesa mientras ella les hacía preguntas las cuales él contestaba con un sí o no.
—Debo irme— dijo Daniel después de un rato, no podía soportarlo más, sentía como si su corazón se encogiera, algo oscuro crecía dentro al verlos a ellos tan felices.
Al salir, sintió la brisa fría que le daba en el rostro, quizás antes no deseara nada que Darien tuviera, dio un último vistazo a donde ellos estaban y con una sonrisa fría dejó el lugar, antes no deseaba nada de él, ahora eso había cambiado.
Las decisiones que tomamos en el presente son las que forjan nuestro destino.
Mirando hacia el cielo azul, un joven de oscuros cabellos y mirada profunda se encontraba decidiendo sobre su futuro y reflexionando en lo que le esperaba más adelante.
Acompañándolo en silencio, se hallaban sus amigos, esperando por su decisión.
—He decidido el hospital en el que llevaré a cabo mi residencia…— anunció finalmente a sus amigos.
—Y bien… ¿que has decidido?— le urgió el mayor de ellos y amigo más cercano.
—Me he decidido por el Hospital Metropolitano de Washington…
—Está bien por mí— dijo Anthony —entonces nos mudaremos a Washington— ante estas palabras el resto de los jóvenes se limitó a asentir.
— ¿Están seguros de que quieren venir conmigo?— preguntó Darien al ver la afirmación sin vacilación alguna de sus amigos —el hecho de que sean mis guardianes no quiere decir que siempre deben permanecer conmigo y olvidarse de sus vidas personales, después de todo ya estoy aprendiendo a manejar mis poderes y puedo defenderme solo.
—Es cierto que es nuestra obligación permanecer a tu lado para protegerte, pero no la hacemos solo por eso, lo hacemos porque nos gusta estar contigo y en cierto modo yo no puedo dejar a mi antiguo hermano menor después de tantos años, o mejor dicho siglos sin verlo, además las oficinas principales del periódico de mi padre están allá, si los demás no quieren venir no los obligaré a hacerlo —dijo Anthony.
—Claro que iré, voy a permanecer al lado del Príncipe siempre, además en esa ciudad ya me habían ofrecido un empleo, así que no será problema— dijo Josh
—Si, yo también iré— dijo el reservado Sam.
—Y yo, me ofrecieron el puesto de asistente del fiscal, así que aceptaré…— fueron palabras de Misaki.
—Gracias por su apoyo chicos…— Darien realmente se sentía agradecido por la sincera amistad que le brindaban sus amigos.
— ¿Y que vas a hacer con respecto a Serena? - preguntó Anthony.
Era un tema difícil, pero Darien había decidido que la dejaría decidir, si tiempo y espacio quería, eso era lo que tendría.
—Por lo pronto voy a respetar su decisión, hasta que ella me pida verla la voy a buscar así que continuaremos como hasta ahora…— respondió Darien mirando al piso tratando de ocultar su tristeza…
— ¿Cuándo nos iremos? — Josh dijo para cambiar de tema.
—Si les parece bien creo que en tres días estará bien, ¿no hay problema verdad?— dijo Anthony, los chicos estuvieron de acuerdo y partieron cada uno a su departamento excepto Darien que se quedó en el departamento de Anthony a platicar un rato más.
Era extraño para él tener una relación de amistad tan cercana con alguien a excepción de la amistad que tenía con Andrew.
—Y… ¿en donde viviremos?— preguntó Darien al cabo de un rato pensando en que debían reservar habitaciones de hotel hasta encontrar un apartamento.
—Eso no es problema— dijo Anthony —mi familia es dueña de un edificio de apartamentos allá, así que podremos quedarnos en el penthouse que es lo suficientemente amplio para que cada quien tenga su privacidad y al mismo tiempo estemos juntos.
—Vaya, vaya, así que mi antiguo hermano mayor goza de una muy buena posición en ésta vida— dijo Darien bromeando, lo cual causó mucha gracia al otro chico, ambos rieron y se divirtieron.
—Sabes Darien— el tono de voz tranquilo de Anthony era relajante —en nuestra vida pasada, gozábamos de una muy buena relación, es más cuando te eligieron a ti como el sucesor de Apolo me dio mucho gusto, pensé que era la decisión acertada ya que yo… siendo sincero no me gustaba la idea de ser el futuro "Dios del Sol", así que cuando me dieron la noticia de que me convertiría en uno de tus cuatro guardianes, me alegré, pues estaría cerca de mi hermano…
Darien meditó estas palabras, había algo que le causaba curiosidad.
— ¿Que hay acerca del otro hijo de Apolo? el que es nuestro hermano también…— preguntó Darien
—Baltasar— dijo el chico dirigiendo su vista al cielo —de él ya no supimos nada desde que fue desterrado y desconocido como hijo de Apolo.
— ¿Por qué sucedió eso?— preguntó Darien.
—Porque sus sentimientos no eran buenos, era demasiado ambicioso, déspota y perverso, nadie nunca supo porqué pero el te odiaba a muerte, su odio se incrementó cuando fuiste nombrado heredero de Apolo, Zeus y Apolo se dieron cuenta de ello, así que debían decidir entre quitarle la vida o enviarlo lejos, en donde su maldad no alcanzara la Tierra. A pesar de ser perverso, Apolo no pudo quitarle la vida a alguien que llevara su sangre, así que decidieron desterrarlo.
—Estoy pensando ¿No tendrá él algo que ver con las cosas que están sucediendo ahora?— preguntó Darien.
—He pensado en esa posibilidad, como te dije, nadie supo nada de él después de ser desterrado, y es probable que al igual que nosotros él renaciera en esta época.
—Esto… es demasiado complicado— Darien estaba un poco frustrado —aún no me acostumbro a la idea de ser el heredero de Apolo, mis poderes están cambiando, y mi vida personal es un desastre…
—Dale tiempo al tiempo, querido hermano— Anthony puso la mano sobre el hombro de Darien en señal de apoyo —los problemas son la sazón de la vida…
En la ciudad de Tokio, un grupo de jóvenes afinaba los últimos detalles para su viaje, por algún raro designio del destino a todas se les habían presentado oportunidades similares en el mismo lugar, estuvieron a punto de dejar ir las oportunidades si a su princesa no se le presentara la misma oportunidad de trasladarse de ciudad.
La emoción era la sensación predominante en las jóvenes mujeres, una semana faltaba para que pudieran llegar al lugar que sería su próximo hogar, aunque nadie sabía por cuanto tiempo iban a estar allí querían disfrutar su estancia en el país extranjero, aunque su alegría no fuera completa, pues siembre había algo que las hacía poner los pies en la tierra y recordar todo lo que estaba pasando, que tanto la vida de ellas como la de su princesa corrían peligro, y la tierra nuevamente estaba amenazada…
Después de varios días de espera y preparativos, finalmente llegó el momento, en el aeropuerto internacional Serena esperaba sus amigas pues llegaban hoy a Washington, todo estaba listo para recibirlas, había mandado a arreglar y decorar cuidadosamente cada recámara que ocuparían cada una de las chicas.
Por medio de la ventana de la sala de llegadas, pudo observar el avión procedente de Japón, escuchó el estruendo de los motores acercándose, y finalmente el rechinido de las llantas al tocar el pavimento de la pista.
Se dirigió a la puerta de llegadas y entre el mar de personas recién llegadas finalmente escuchó una voz bastante familiar.
— ¡Serena por aquí! ¡Aquí estamos!— gritó una chica rubia bastante entusiasmada.
—Hola chicas, ¿Cómo estuvo su vuelo?— preguntó Serena a sus recién llegadas amigas.
—Estoy rendida… será mejor que nos hayas preparado un buen recibimiento Serena— dijo Rei en tono de burla.
—Todo está listo, hace un par de días terminaron de arreglar sus habitaciones les van a encantar, la casa es preciosa, la cocina es muy amplia, te va a gustar Lita; y tiene una biblioteca preciosa de donde seguro que Amy no saldrá; además de un bello jardín, una hermosa piscina y un agradable jacuzzi, cada una de sus habitaciones es grande y linda, con baño cada una y decorada especialmente para cada una de ustedes, y una hermosa vista.
—Me emociono de tan solo oír, debe ser una hermosa casa, vámonos que ya la quiero ver— dijo Lita emocionada.
—El automóvil está allá afuera, démonos prisa seguramente quieren descansar y yo también, fue un día pesado y mañana será mi primer día de trabajo oficial, quiero estar fresca para empezar bien…
Con la ayuda de un de taxis y el auto de Serena, las jóvenes se trasladaron del aeropuerto hacia la zona residencial, Mina y Rei decidieron ir en el auto con Serena, Lita y Amy tomaron el taxi.
—Oye Serena, ¿has visto a Darien? Supongo que estando cerca se verán más seguido, ¿como está?— preguntó Mina, la mirada de Serena cambió, se tornó melancólica, Rei notó que en ese tema no todo estaba bien, pero no quiso preguntar la razón.
—No, Mina no lo he visto… y por favor no pregunten porque— fue la cortante respuesta que dio Serena a la pregunta formulada por Mina.
—Pero…— al ver que Mina insistía con el tema fue Rei quien puso un alto a la situación.
— ¡Ya basta Mina!— el tono de voz de Rei era autoritario —respeta la intimidad de los demás, Serena tiene sus razones, no insistas.
El silencio se instaló después de eso, nadie dijo nada, ni Rei, ni Mina, ni Serena.
Serena se limitó a conducir mientras sus dos acompañantes disfrutaban del paisaje.
Finalmente entraron en la zona residencial, las calles eran elegantes y limpias, las aceras estaban llenas de árboles verdes y frondosos, las casas eran de arquitectura colonial, grandes y lujosas. Al final de la calle, irguiéndose elegantemente estaba una pequeña y hermosa mansión, un pequeño pero elegante jardín delantero le daba la bienvenida a los invitados.
Serena abrió el portón principal y estacionó su automóvil en el garaje con espacio suficiente para dos autos.
Atónitas, todas las jóvenes mujeres esperaron hasta estar todas reunidas, después de darle las gracias al amable taxista quien bajó todas las maletas, finalmente exclamaron en grupo.
— ¡Es hermosa!
— ¿Verdad que sí? pero entren les mostraré todo el interior y les indicaré cuales son sus habitaciones.
Al abrir la puerta, las jóvenes pudieron ver que en verdad Serena no mentía, el interior era luminoso, espacioso, la sala de estar fue la primera en recibirlas, las paredes eran de color blanco marfil, los muebles estaban tapizados de la mas fina tela de algodón blanco, las partes de madera eran de color roble rojo, habían adornos elegantes en los que predominaban las figuras con lunas y soles.
Al lado, estaba la biblioteca, las paredes cubiertas completamente de madera color chocolate, grandes libreras repletas de libros, junto a la biblioteca, estaba el pequeño estudio del mismo color de la biblioteca en el cual Serena ya se había instalado, en la parte posterior la cocina, moderna y elegante, bien podría ser la cocina de un moderno restaurante; dos puertas dobles daban la vista hacia el enorme y elegante jardín trasero, una terraza y pérgola cubierta de enredaderas le daba calidez al jardín lleno de altos árboles.
Junto al jardín estaban la piscina y el jacuzzi ambos con diseños de manantial rodeados de piedras y plantas.
Serena las dejó disfrutar de la vista unos momentos antes de anunciar que todas las habitaciones estaban en el piso superior.
Juntas y aún asombradas subieron por la elegante escalera alfombrada, en el piso superior un pequeño vestíbulo dividía las habitaciones dos de cada lado y la habitación principal al centro.
—Tomé la habitación del centro, espero que no les moleste chicas— fueron las palabras de Serena —Mina tu habitación es la de la derecha, Rei la tuya es la de la izquierda, Amy está junto a Rei y Lita junto a Mina.
—Veremos primero habitación la de Amy si no les importa.
Todo el grupo se dirigió a la primer habitación de lado izquierdo, Serena dio la llave a Amy y cuado ésta abrió la puerta fueron invadidas por la sensación de estar en la playa.
El piso era de madera color arena, las paredes estaban pintadas de color celeste como el cielo de medio día, la cama era do color azul marino, el amueblado un dosel con cortinas blancas que caían desde el techo hacia el piso, al igual que las cortinas que cubrían la ventana, un pequeño balcón desde el cual se apreciaba la vista de la piscina y el jacuzzi y algunos árboles lejanos, los muebles del tocador así como los del clóset eran blancos las decoraciones marinas predominaban en el ambiente y finalmente al ver el baño cubierto de baldosas de azul marino, todas dejaron escapar un pequeño suspiro.
—Es como estar en el mar, Serena… gracias es hermosa…— dijo Amy mientras una pequeña lágrima corría por su mejilla.
—No es nada chicas, espero que a todas les guste, la siguiente que veremos será la habitación de Lita.
El grupo entero cruzó el vestíbulo hacia la habitación opuesta a la de Amy, Serena hizo entrega de la llave y fue la misma Lita quien abrió la puerta revelando el interior.
—Estoy en un bosque— suspiró Lita.
El piso también era de madera pero de color roble oscuro, pequeñas alfombras verde oscuro recreaban el suelo boscoso, la madera de los amueblados era del mismo color exacto del piso, las cortinas que colgaban del dosel eran verde esmeralda al igual que las cortinas de la ventana, la cama era de color verde musgo, contrastando con el suave verde de las paredes, el baldosado del baño era como una joya de color verde jade; en la decoración de la habitación predominaban las hojas y árboles. Al acercarse por e pequeño balcón podían apreciar los bosques cercanos ala casa, los árboles estaban realmente cerca y la habitación daba la apariencia de ser parte del bosque.
Serena nuevamente le dio tiempo a las demás, antes de llevarlas a la siguiente habitación.
—La siguiente, es la tuya Rei— dijo mientras extendía las llaves en dirección a la joven nombrada.
Rei tomó las llaves y abrió la puerta.
El color rojo era predominante, se podía sentir la fuerza pura vibrando, había energía y pasión emanando de cada rincón del lugar. La cama era color rojo oscuro al igual que las cortinas del dosel y las cortinas de la ventana, el piso era de madera rojiza, las paredes estaban pintadas de color blanco mármol, la madera de los muebles era de color chocolate, las decoraciones eran relacionadas al fuego, y el baño era totalmente blanco.
—La habitación de una princesa— exhaló Rei sin más palabras que decir.
—Me alegro que te guste, finalmente veremos la habitación de Mina.
El grupo se dirigió de nuevo al lado opuesto del vestíbulo, todas siguiendo el paso de Serena.
— ¡No puedo esperar por ver mi habitación!— fueron las palabras de una muy entusiasmada Mina.
Como con las demás, Serena extendió la mano con la llave que habría la cerradura de la puerta para que fuera ella misma quien revelara el interior, muy emocionada Mina casi la arrebató la llave de las manos.
Debido a los nervios y desesperación, Mina no consiguió abrir la puerta tan rápido como ella deseaba.
—Tranquilízate Mina, vas a romper la llave si vas así de desesperada— Lita intentaba calmar a Mina.
Finalmente después de un par de segundos de luchar con la puerta, la cerradura cedió y reveló el precioso interior.
Las cuatro recién llegadas dejaron escapar un wow grupal y de inmediato se internaron en la habitación.
Las paredes de la habitación eran de color melocotón suave, la cama y el dosel contrastaban con pues eran de color naranja fuerte, como la lava de un volcán, el piso era de madera natural así como los detalles de madera del amueblado de la habitación, entre las decoraciones predominaban los corazones en color dorado, por el balcón podían observarse los límites del bosque y las luces lejanas de la ciudad, el baño era una maravilla, con azulejos de color beige y detalles dorados.
—Serena esto es increíble— era difícil dejar a Mina sin palabras, al parecer estaba demasiado impresionada.
Después de un par de minutos de silencio, todas las jóvenes se dirigieron a sus habitaciones, a excepción de Serena quien se quedó en la habitación debido a que Mina le había impedido salir.
—Lamento mucho lo de hace rato en el auto, no fue mi intención inmiscuirme en tus cosas personales
—Descuida, está bien, es solo que no quiero hablar de ese tema…
—Por cierto Serena…— Mina recordó algo importante— ¿en donde están Artemis y Luna?
Serena lo pensó un rato.
—Deben estar en mi habitación durmiendo— Serena reunió a las demás y se dirigieron a la habitación principal.
La paz y tranquilidad emanaban de cada rincón de la habitación, Las paredes eran color blanco, puro e inmaculado, detalles plateados adornaban cada rincón, los muebles eran estilo victoriano, color marfil, y detalles de madera color chocolate al igual que el piso de madera, pequeñas y tersas alfombras hacían que el caminar fuera como deslizarse en las nubes, el tocador era digno de una princesa y sobre él estaban todas las esencias que hacían tan encantadora a su dueña, la luz se derramaba por cada rincón y la sutil brisa mecía las cortinas, la vista espectacular daba un toque romántico, el choque entre los bosques y la ciudad hacían que los rayos del sol durmiente se tornaran dramáticos.
—Vaya…— se escuchó en un susurro colectivo.
Finalmente las miradas se dirigieron a la mullida cama con dosel y sabanas blancas, sobre esa nube estaban acurrucados cómodamente los dos gatos.
Serena se adentró en la habitación y gentilmente posó sus cálidas manos sobre las pequeñas cabezas de los felinos, quienes a su contacto despertaron plácidamente.
—Ellas han llegado— dijo en voz baja a ambos, quienes con estas palabras saltaron de la cama y se dirigieron a saludar al grupo de recién llegadas.
— ¡Artemis!— Mina extendió sus brazos y el pequeño minino saltó hacia ellos.
—Que bueno que llegaste sana y salva Mina— dijo el pequeño gato a su dueña.
Luna pasaba de un brazo a otro disfrutando de las caricias de las jóvenes, —Sean bienvenidas chicas— dijo una vez sus patas volvieron a tocas el suelo.
Mientras duraron los saludos, Serena se dirigió al balcón, el sol estaba poniéndose sobre el horizonte y la vista era demasiado espectacular como para desperdiciarla.
La temperatura disminuía, la brisa se tornó más fría y un escalofrío recorrió el cuerpo de ella mientras el viento acariciaba la piel de su rostro.
Desde el otro lado de la habitación la vista que tenían las jóvenes y los gatos les obligó a permanecer en silencio, la figura de Serena se combinaba perfectamente con el fondo, con el atardecer, los árboles y la ciudad, la brisa mecía sus cabellos, y su piel brillaba tenuemente en contraste con el sol.
Era una imagen imponente, de Serena se desbordaba la elegancia y la imponencia, tal cual princesa real, era una imagen digna de reverencia, y como impulso, las jóvenes la reverenciaron.
—Estamos a su servicio, Princesa— dijeron todas al unísono.
Cinco jóvenes disfrutaban cómodamente del ocaso desde la sala de su penthouse, el día había sido largo, habían llegado hacía una semana y finalmente hoy habían terminado de desempacar e instalarse.
Solamente un joven permanecía de pie, su mirada estaba fija en un solo punto, la luna.
— ¿Te sucede algo?— preguntó su mejor amigo acercándosele.
—Es solo que estoy algo melancólico— respondió él fijando su profunda mirada azul en los ojos de su antiguo hermano.
—Deja que el tiempo sea el que decida Darien.
—Lo sé, es solo que es tan difícil el pensar en ella y no estar cerca.
—Si en verdad es amor, ni el tiempo ni la distancia hará que los sentimientos desaparezcan, el amor es imposible de borrar.
—Gracias, hermano… gracias por estar ahí para mí cuando más lo necesito.
—Y siempre lo haré.
La embajada de Japón en los Estados Unidos de América se acababa de trasladar a un nuevo edificio, estilo colonial, el interior era elegante, cada detalle complementaba la estructura, los muebles y escritorios eran de madera, el solo entrar era como trasladarse a otra época, aquella época en al que los caballeros vestían de traje y sombrero, y las mujeres usaban largos y elegantes vestidos, guantes delicados y sombrilla para protegerse.
Dos elegantes oficinas eran la principal atracción destinadas para el embajador y su asistente.
La oficina del embajador era amplia, decorada al estilo antiguo pero aún así sobria, el escritorio era de roble puro y tallado, en una de las esquinas había una mesa suficientemente grande para seis personas, adecuada para pequeñas reuniones, detrás del escritorio se erguía un hermoso ventanal y al fondo la vista del jardín proveía de paz y tranquilidad.
La oficina del asistente de embajador era parecida, más pequeña y la vista que tenía daba hacia la fuente central del jardín.
El embajador había echo su entrada minutos antes, el personal no había llegado aún pues aún faltaban minutos para la hora de entrada.
Se sentó en su silla reclinable, disfrutaba de la vista del jardín, sus pies estaban inquietos así que decidió ponerse de pie, estaba inquieto, ansioso, sabía cual era la razón de ese comportamiento, su desesperación tenía rostro, nombre y apellido —y también dueño— pensó, pero desechó pronto ese pensamiento, aprovecharía y le arrebataría a él lo más preciado que tenía en esta vida.
Después de un rato de silencio, Daniel decidió salir al pasillo, dio un par de pasos, y se detuvo, las puertas francesas fueron abiertas desde afuera revelando una silueta femenina.
La mujer iba vestida formalmente, traje sastre azul marino, camisa celeste, una mascada de seda color azul marino en el cuello, zapatillas de gamuza azul marino y de tacón medio, un reloj elegante de plata y una cadena de plata con el colgante de una luna, aretes largos plateados y su largo cabello dorado recogido en una cola de caballo.
El joven embajador quedó hipnotizado por la aparición que acababa de traspasar las puertas, veía como se dirigía a él con un paso firme, elegante, sensual y con un toque de altivez.
—Hola Daniel— sin darse cuenta ella llegó hasta aparecer frente a él — ¿listo para el primer día de trabajo? ¿Te encuentras bien?
—Estoy bien Serena que tal tú, ¿no estas nerviosa?
—No para nada, estoy bien— respondió ella con una resplandeciente sonrisa.
—Está bien, como aún es temprano tengo tiempo para mostrarte con detalles el edificio.
Daniel dirigió a Serena por el todo el edificio, mostrándole cada pequeño rincón de él, alargando al máximo esos momentos con ella y añorando más.
Serena estaba deslumbrada, el edificio era hermoso, antiguo, elegante, la oficina de Daniel era hermosa, grande, y luminosa, ahora se dirigían a la de ella que estaba junto a la de él.
Daniel abrió la puerta y los ojos de Serena quedaron desorbitados.
—Daniel, ¿estás seguro que ésta será mi oficina?— dijo casi tartamudeando.
—Claro linda, como crees que te daría algo menos de lo que tú mereces – dijo él coquetamente.
—Gracias, Daniel, me pondré a trabajar enseguida para estar listos para el acto de toma de posesión— dijo en respuesta ella, era realmente más de lo que esperaba, era hermosa, grande, luminosa y con una gran vista del jardín.
—Está bien entonces te dejo— respondió el despidiéndose de ella con un beso en la mejilla, cosa que sorprendió mucho a la joven.
Realmente Serena estaba viviendo uno de sus mas grandes sueños, ahora tenía una oficina propia, grande y espaciosa, era parte del cuerpo diplomático de su país en un gran país extranjero, ¿que más podía pedirle a la vida?
—La paz del universo y un corazón que no se confunda tanto— pensó.
Por impulso tomó el teléfono de la oficina, pero después de cinco segundos de sostenerlo lo volvió a dejar en su lugar, —aún no es momento— pensó nuevamente.
Una semana después Serena estaba muy ocupada preparando todo para el acto de toma de posesión de Daniel como Embajador de Japón por lo cual salía casi siempre al anochecer de la embajada…durante ese tiempo las chicas que ya se habían adaptado a la ciudad ningún demonio había aparecido y todas estaban preparadas para iniciar con sus actividades personales.
Una joven de largos cabellos rubios se alejaba en la oscuridad, caminando lejos, dándole la espalda, dirigiendo sus pasos lejos, se escuchó un grito atrapado en el silencio de la oscuridad la cual se hacía cada vez mas espesa, hasta que finalmente de a figura de ella solo se podía apreciar un leve resplandor…
Una serie de pitidos repetitivos le despertaron de la pesadilla, su cuerpo estaba totalmente cubierto de sudor frío, su corazón palpitaba acelerado, enloquecido; ahí, llevó su mano hacia el objeto del que provenía ese pitido y ahí sentado en la cama de descanso de la habitación de residentes con su localizador en la mano, el doctor Darien Chiba se hacía la siguiente pregunta: — ¿ella aún me ama?
El pitido volvió a aparecer, una emergencia requería de su persona, así que la pregunta quedó en el aire.
Un caso de accidente requería de sus servicios, y ahora como uno de los residentes del Hospital Metropolitano de Washington, debía atenderlo.
Por el camino, pensó en su vida, sus amigos estaban con él, Anthony debía estar en su oficina en el periódico, Sam trabajaba en una empresa de tecnología de alto prestigio como el Director General, Josh tenía varios proyectos de nuevos edificios en las afueras de la ciudad y Masaki era asistente de fiscal de Washington.
Las vidas de todos estaban encaminadas, todos eran jóvenes prometedores, excelentes en su trabajo y admirados como personas.
A pesar de estar en la misma ciudad, ni Serena ni Darien se imaginaban que estaban tan cerca el uno del otro.
Una noche, Serena salió de la embajada aproximadamente a las diecinueve horas con treinta minutos, las chicas probablemente ya habían llegado a casa, sentía una sensación de opresión en el pecho así que decidió pasear en su auto un rato para relajare un poco y quitarse el estrés que la estaba matando.
Había luna llena y el cielo estaba estrellado, Serena disfrutaba de las noches así, se dirigió a un pequeño parque lleno de árboles a las afueras de la ciudad para poder apreciar mejor el espectáculo que la noche le ofrecía, mientras se detenía en un semáforo llamó a las chicas que estaban en casa para avisarles en donde estaba, para que no se preocuparan.
Después de unos cuantos minutos de dejar que su pie diera rienda suelta al acelerador del auto y sentir el frío viento nocturno, finalmente llegó al estacionamiento del parque.
Estacionó el auto, se aseguró de que estuviese cerrado y caminó un poco, había una pequeña banca cercana y decidió sentarse un rato.
De pronto al ver al cielo pudo apreciar un brillante estrella fugaz, Serena pidió un deseo – por favor que encuentre pronto mi felicidad – pensó.
Un destello oscuro cayó cerca de donde ella se encontraba, sabía lo que era, y no esperaba que esa noche tuviera que pasar por eso.
La preocupación se apoderó de ella, hacía tiempo que su transformación en Sailor Moon estaba cada vez más débil, sus poderes no daban todo de sí, sus ataques eran débiles en comparación con antes, no sabía a que se debía y eso la asustaba.
No quería aceptarlo, pero el momento de dejar ir a Sailor Moon y darle la bienvenida a la Princesa Serenity estaba llegando.
Con un esfuerzo más, se transformó en Sailor Moon, pero a pesar de estar ella en excelente estado físico, sentía que estaba atrapada dentro de ella misma, que había algo que no la dejaba liberarse al ser Sailor Moon, pero a pesar de eso, se dirigió rápidamente hacia donde había caído el resplandor.
Dos grupos de guerreros fueron testigos de la caída del resplandor oscuro, y ambos grupos se dirigieron con premura hacia el lugar.
—Estoy segura que es un demonio, y lo peor, creo que cayó cerca del parque en el que dijo Serena que estaría — dijo Mina, que apresuradamente tomó su comunicador y habló con Serena…
— ¿Serena, estás bien?
—Sí el demonio está cerca de aquí, así que iré, apresúrense— dijo mientras corría.
—Ya vamos para allá, no te arriesgues en ir tu sola, espéranos y lo enfrentamos juntas.
—Estaré bien— respondió Sailor Moon, dando por terminada la comunicación con las otras scouts.
—Tengo un mal presentimiento, apresurémonos chicas— dijo Sailor Venus.
Una figura fantasmal veía como Sailor Moon se alejaba corriendo detrás del demonio, una sonrisa oscura se dibujó en su rostro, finalmente había confirmado sus sospechas, la había seguido desde que salió de su trabajo, su plan habría sido fingir un encuentro casual, pero esto, era lo mejor que le podía haber pasado, la hermosa Serena Tsukino y la bella guerrera Sailor Moon eran la misma persona.
Los jóvenes Guardianes de los Cuatro Cielos, se hallaban cerca del lugar, así que llegaron pronto, se dividieron por el pequeño parque en busca de aquel demonio que había causado el destello, estaba cerca, podían sentirlo, Gabriel tomó el camino que anteriormente había tomado Sailor Moon, claro que él no sabía lo que pasaba, antes de separarse advirtió.
—Iré por aquí, Eitaro, cuida del Príncipe.
—Lo haré— dijo éste mientras asentía.
—Ten cuidado— dijo Tuxedo Mask palabras ante las cuales su antiguo hermano y guardián sólo se limitó a asentir.
Sailor Moon corría tras el demonio, se limitó a seguirlo pues era demasiado veloz y sentía que sus poderes estaban más débiles, no podría enfrentarlo ella sola así que esperaría por las demás y así entre todas lo acorralarían.
Sus sentidos estaban al máximo, su vista estaba agudizada, y con su visión periférica captó un rápido movimiento; alguien la estaba siguiendo, o tal vez su mente le estaba jugando una broma.
Después de correr un par de minutos volvió a ver la figura fantasmal, era un joven, vestido elegantemente, su traje le recordó al traje que solía usar Tuxedo Mask, pero era de color blanco, no pudo ver su rostro porque lo llevaba cubierto por un antifaz negro.
Sailor Moon detuvo su marcha por un momento pensó en volver y esperar a las chicas a las afueras del parque, pero algo la obligaba a continuar su marcha, después de unos segundos decidió reanudar su persecución.
Se sentía nerviosa, no sabía que pasaba, ¿alguien la seguía? O lo estaba imaginando.
Después de correr otro minuto sintió otra presencia, se detuvo nuevamente y esta vez logró ver a otro joven, esta vez vestido de negro de traje tan parecido al de Tuxedo Mask que por un momento pensó que era él, solo había una diferencia, ésta vez, el joven que vio, era rubio.
Finalmente, Sailor Moon decidió que lo mejor era alejarse del lugar, era mejor continuar en movimiento y confundir a quienes la perseguían, pero aún así seguiría al demonio, y si era una trampa, tomaría el riesgo.
Sailor Moon reanudó su marcha cautelosamente, siguiendo al demonio pero poniendo mucha atención a lo que la rodeaba, no quería ser sorprendida.
Mientras tanto, esa figura oscura que Serena había visto no era otro sino que el mismo Gabriel, quien el verla pensó —Ella está aquí— así que decidió esperar a sus compañeros poniendo mucha atención a la dirección a la cual se dirigían ella y el demonio.
Aturdida, Sailor Moon no se dio cuenta de que le había dado alcance al demonio, el cual se detuvo al llegar a un pequeño claro en el parque, el sonido de algunos autos se podía escuchar si se ponía mucha atención, estaba poco iluminado por lo que las estrellas y la luna se apreciaban de una manera sorprendente —¿porque te detienes ahora?— dijo Serena haciéndole frente evitando que el demonio captara su inseguridad —¿acaso ya te cansaste de huir y decidiste enfrentarme?— preguntó de manera retadora a lo cual el demonio solo sonrió de forma malévola…
Es ese mismo momento Gabriel se encontró con sus compañeros y mirando fijamente a los ojos de Tuxedo Mask dijo:
—Debo decirte algo
—¿Qué ocurre?— preguntó Tuxedo Mask con desconcierto.
—Ella, está aquí… la acabo de ver, iba persiguiendo al demonio…
—No es cierto… ¿es verdad? ¿Estás hablando en serio?
–Si, se fueron por allá– señaló Gabriel.
Sin esperar otra palabra más Tuxedo Mask corrió con toda su energía, había esperado tanto tiempo para verla y ahora por fin iba a poder hacerlo…
Serena luchaba con el demonio, éste era más fuerte que los anteriores, y su transformación en Sailor Moon no le estaba ayudando, cada vez se volvía mas débil, por más que usara todo su poder no podía atacar al demonio y herirlo, así que se limitó solo a defenderse y esquivar.
De la nada, el demonio le tiró una bola de energía negra, su velocidad sorprendente tomó desprevenida a Sailor Moon quien recibió el ataque directamente, quedando mal herida.
— ¿Te rindes niña?— preguntó el demonio con sarcasmo.
—Nunca, me rendiré— respondió Serena aún con tenacidad en su mirada, sin embargo su cuerpo decía otra cosa.
—Entonces pagarás las consecuencias por enfrentarte a mí— dijo el demonio mientras corría hacia ella con otra bola de energía en la mano.
Sailor Moon sintió temor, su cuerpo no le respondía ni siquiera para esquivar el ataque, cerró los ojos fuertemente para no ver el golpe que sería el que según ella causaría su muerte.
—¡Detente!— ordenó una voz masculina que venía desde lo alto.
—Pero Señor… es una de las Scout— dijo el demonio.
—Te ordeno que la dejes— dijo nuevamente esa voz, en ese mismo momento cuatro figuras vestidas de negro rodearon al demonio y al hombre que se encontraba parado sobre un poste de luz —Vaya, vaya, tenemos compañía— dijo el hombre que se encontraba sobre el poste, vestía un traje blanco y su rostro estaba cubierto con un antifaz negro —será mejor que no interfieran, ¡campo de energía!— gritó y una cúpula invisible rodeó al hombre, al demonio y a Sailor Moon.
Sailor Moon abrió y miró con horror al joven en lo alto del poste, era el mismo que había visto que la seguía, pero lo peor, lo que la llenaba de mas temor era darse cuenta que esas imágenes que se presentaban en su mente, en sus sueños o mejor dicho pesadillas, eran las mismas que estaba viviendo.
Totalmente paralizada, no emitió ningún sonido, no hizo ningún movimiento, solo veía en su mente esas palabras, aquel poema al que ella le temía. Eso no podía estar pasando, no podía hacerse realidad.
—¡Sailor Moon!— un grito, una voz tan familiar, se volteó por impulso, y con terror reconoció al dueño de esa voz encontrándose con esos dos luceros azules, esa mirada, era él…
—Tuxedo Mask— susurró.
Era inconsciente de lo que hacía, en su mente, las palabras resonaban fuertemente, la aturdían, se tapó los oídos, le martillaban y torturaban, dejó escapar un grito desgarrador. Y finalmente, perdió el control, era testigo de que su cuerpo actuaba por si solo, se sentía poseída y sin su consentimiento sus labios se movieron, su voz se escapó y las palabras brotaron solas.
La princesita se enamoró una vez…
Ella amó, pero la tragedia llegó a su vida.
De pronto el cuerpo inerte de él cayó
Y por él, ella se mató.
La princesita vivió de nuevo,
Sin sus recuerdos ella quedó.
La princesita a su amor encontró de nuevo,
La princesita de nuevo amó.
Una vez más de él se separó.
Una vez más a su lado él volvió,
Una vez más juraron amor eterno, pero…
De su lado él se separó de nuevo…
La ausencia de él deprimió a la princesa y
Su corazón se confundió.
De tres amores ella deberá elegir,
¿Será el amor predestinado?
¿El más fuerte y más apasionado?
¿Será el amor de cercano?
¿O será el amor que apareció de pronto?
Entre tres amores ella eligió…
Al lado de su amor ella va…
La princesita lejos de su casa está.
Rodeada de cuatro guardianes.
El día que al fin al lado de su amado está
Bajo la luz plateada del que fue su hogar,
Y un espectáculo celestial de luces habrá.
Bajo las luces una guerra se declarará
Su futuro de ella dependerá
Una nueva amenaza a su felicidad
Ella debe elegir, que futuro ha de seguir…
Tuxedo Mask la vio confundido, ¿Qué estaba haciendo?, actuaba como si estuviese poseída.
Efectivamente, ella no estaba razonando, actuaba por impulso, estaba en shock debido a lo que uno de sus temores se hacía realidad, y su instinto de guerrera tomó el control.
Tuxedo Mask fue consciente de que los brazos de sus amigos lo apresaban con fuerza, él se limitó a ver pues debido al campo de energía que había no podía correr a su lado, sería como correr hacia su propia muerte.
La mirada calculadora de Sailor Moon se detuvo en el demonio, señaló una sola vez y en su rostro se dibujó una sonrisa fría.
– ¡Látigo de fuego!— gritó y lanzó un poderoso látigo dirigido a su oponente —¡agujas de hielo! ¡Cuchillas de viento! ¡Tormenta de Arena!
Sailor Moon atacó cruel y sin piedad alguna a su oponente, el demonio quedó hecho polvo en ese instante.
—Serena… - susurró Tuxedo Mask, mientras la veía asombrado y un poco horrorizado.
Sailor Moon recuperó la razón y dándose cuenta de todo cayó de rodillas al suelo mientras era observada por todos, en especial por el hombre que se encontraba sobre el poste.
Una hermosa lluvia de estrellas interrumpió descaradamente el cielo, la luna llena los alumbraba directamente y ante ese escenario el hombre del poste se acercó a ella, la tomó por el mentón y le susurró al oído.
—Serás mía…— y sonrió.
Sailor Moon estaba muy lastimada y agotada por el enfrentamiento que había tenido con el demonio, había gastado las pocas fuerzas que le quedaban y ahora estaba a merced de ese hombre, una extraña sensación recorrió su cuerpo.
—¡Aléjate de ella!— gritaba Tuxedo Mask, mientras Gabriel y los demás lo detenía para que éste no fuera contra él y se lastimara con el campo de energía que había alrededor.
—Vaya, vaya, así que ¿eso es lo que temes verdad?— dijo el hombre mientras se burlaba de él —temes que te quite al amor de tu vida, jajajaja verás que pronto te quitaré lo que mas amas en esta vida, ella será mía, y te hará a un lado, así como a mí me hicieron a un lado una vez… por tu culpa— sus palabras estaban impregnadas de odio y su mirada destellaba ira.
— ¿Te hicieron a un lado por culpa de él?— dijo Gabriel.
—Así es, ésta es mi venganza… por haberme desterrado y desconocido.
—¡Desterrado y desconocido!— repitieron Gabriel y Tuxedo Mask al mismo tiempo.
—Así es… queridos hermanos, ¿o es que acaso ya no se acuerdan de mí? Yo soy su hermano olvidado, Baltasar.
—Baltasar… ¿qué quieres con ella?— Tuxedo Mask preguntó con enfado.
—Sabes Endymion— dijo él mientras sonreía —siempre he envidiado todo lo que tu tienes, siempre fuiste el favorito, al más amado, el elegido para todo, el perfecto… tú en todas las vidas siempre has poseído todo… pero esta vez yo te voy a quitar lo que más quieres, ella será mía no vas a poder impedirlo…— se inclinó hacia Sailor Moon intentando besarla.
Sailor Moon a penas era consiente de lo que sucedía, ya no le quedaban fuerzas para resistirse estaba muy lastimada y débil.
Tuxedo Mask sólo la podía observar impotente, quería ir y destrozar con sus manos al que alguna vez fue su hermano…
Sin previo aviso el Cristal de Plata comenzó a brillar en el pecho de Serena… el resplandor se hizo intenso y liberó tanta energía que lanzó por el aire a Baltasar al mismo tiempo que desapareció el campo de energía.
Sailor Moon fue cubierta por la luz del cristal, su cuerpo se elevó en el aire mientras su uniforme de Scout era reemplazado por un hermoso vestido blanco.
—Las vestiduras de la Princesa Guerrera— susurró Gabriel.
La princesa Serenity pudo contemplar aquel bello vestido, el largo de la falda era igual al de su traje de Sailor Moon, la parte superior era tallada estilo halter con un sensual escote y largas cintas que al quedar atadas daban la impresión de tener una capa, su calzado eran unas zapatillas estilo ateniense antiguo cuyas cintas llegaban hasta la rodilla…
Asombrada, contempló su nueva transformación al mismo tiempo que sentía recorrer en todo su cuerpo el nuevo poder que se le confiaba.
Una vez deshecho el campo de energía Baltazar no tenía oportunidad ya que los jóvenes habían corrido hacia ella para defenderla.
—Ya veo que hoy no podré cumplir mis objetivos, pero ten en cuenta esto Endymion… —advirtió Baltasar alejándose— yo voy a quitarte lo que más quieres, y me quedaré con tu lugar de Gobernante de la Tierra, y a ti Princesa de la Luna… te digo que te cuides, pues una persona que te odia quiere acabar con tu vida, yo puedo persuadirla por ahora, pero no será por siempre, así que ten cuidado no quiero que te pase nada, una vez que seas mía no podrán hacerte nada…
Dicho eso, Baltasar desapareció entre las tinieblas, mientras todos observaban el espacio vacío.
Serenity elevó su mirada, observó como la lluvia de estrellas permanecía en el cielo, era un bello espectáculo…
—Así que al final se han cumplido mis temores— susurró al cielo, tenía miedo de mirar y ver los ojos que la veían, ver ese rostro que había anhelado ver durante mucho tiempo.
–Estas aquí…— susurró con una sonrisa en el rostro, mientras se desvanecía inconsciente en los brazos de Tuxedo Mask
Finalmente las sailor scouts habían hallado el lugar y aunque llegaron tarde al espectáculo principal, aún había muchas explicaciones para dar.
—¡Quienes son ustedes!— exclamó Venus al ver a los extraños que rodeaban a la desmayada Serena y al joven que la sostenía en brazos.
—¿Que le han hecho?– dijo Mars mientras se preparaba para atacar.
—¿Quiénes son? Respondan— exigió Jupiter.
—Queremos saber quienes son y que es lo que quieren con ella, ¿porqué está inconsciente? – dijo Marcury.
—Tranquilas, ella está bien, solo está desmayada porque perdió mucha energía— dijo Gabriel en tono apacible.
—Deberían haberse apresurado para poder proteger mejor a la Princesa, no cabe duda que son unas aprendices— dijo Eitaro con cierto desprecio.
—Ya basta Eitaro— dijo Dominic intentando apagar el explosivo temperamento de Eitaro.
—¿Que has dicho? ¿que somos unas aprendices?, yo te voy a enseñar lo que es una aprendiz – dijo Rei muy molesta mientras se preparaba para lanzar uno de sus ataques.
—¡Basta!— ordenó Tuxedo Mask finalmente mientras se levantaba con Serena en brazos— es que ¿acaso no se dan cuenta de que soy yo?— preguntó con enfado mientras se dirigía hacia las jóvenes Scouts.
—No puede ser… ¡Tuxedo Mask!- dijeron todas.
—Pero ¿qué haces aquí y que pasó, porque Serena se desmayó?— preguntó angustiada Mercury.
—Es una larga historia, pero este no es el lugar para explicar— las palabras eran dichas mientras volvía a ser Darien, acto seguido, todos dejaron sus identidades y se trasformaron en sus identidades terrestres —Antes de seguir— dijo Darien deteniéndose un momento— ellos son mis Guardianes, son los Guardianes de los Cuatro Cielos.
