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—¿Qué es lo que querías mostrarme? —Preguntó Usagi.
Seiya la había citado en lo alto de la colina del parque, en la banca bajo el gran cerezo. El viento acariciaba las hojas dejando caer apenas unos cuantos pétalos.
—Quiero que seas la primera en leer mi próximo blog —dijo Seiya entregándole su Tablet.
—¿De verdad? Todavía no puedo creer que escribieras lo de las manzanas, aunque comparado con lo de los viñedos eso no es nada —Usagi rió en voz alta.
Seiya sonrió con ella, amaba su risa, incluso la más bulliciosa que era la que más le divertía; ella tenía la capacidad de hacerle reír aún en sus días más negros. Usagi llevó los ojos al documento. Sin apartar la mirada de ella, Seiya esperó pacientemente que leyera.
"HUSBAND"
Pensamiento y análisis de un hombre traumatizado.
marido.
(Del lat. marītus).
1. m. Hombre casado, con respecto a su mujer.
Siempre creí que yo era un hombre que sabía lo que quería. O al menos eso pensaba en cuestión de amores. Generalmente era yo el que se dejaba llevar por los momentos, los impulsos y los sentimientos que me envolvían al estar con esa persona especial. El "¿quieres casarte conmigo?" me era algo muy fácil de decir. Y no es que anduviera por ahí pregonándolo como un Don Juan Tenorio o un Casanova cualquiera, pero el hacer proposiciones de ese tipo me resultaba muy sencillo, tanto, que sonaba tan convincente que cualquier mujer podría haberme dado el sí. O eso era lo que creía, ya que nunca tuve una respuesta real. Sabía que esa persona en el momento en que se lo pedía sentía algo por mí, quizá no tan fuerte como la emoción que yo pudiera contener para hacerme decir semejante cosa pero, nunca había tenido un "sí" real. Al menos no uno en el que tuviera que corresponder pensando en hacer los preparativos para hacer de ese evento una realidad, hasta que…
Una imagen que decía: "My future husband" apareció en el libro de firmas de mi página personal como resultado de una felicitación del día de San Valentín. Me sentí halagado y emocionado al ver todas aquellas imágenes con motivos del día festivo que se aglomeraban diciendo lo mucho que se me ama y lo que significo para ella. Mi novia había atiborrado de imágenes el espacio de visitas. Lo había hecho el día exacto y yo lo había visto y correspondido con alegría pero, cuando vi este nuevo comentario en el libro el lunes siguiente —tras una breve separación de fin de semana—, me di cuenta que se encontraba esa imagen.
Pánico.
El pánico se apoderó de mí al ver la confirmación de aquello a lo que no sabía que temía, y fue en ese entonces que comprendí que no debía jugar con esas palabras como si carecieran de significado, como si se tratase de algo irrelevante. "Husband, husband, husband…" me repetía constantemente tratando de salir del estado de shock que me provocó el sobresalto.
Un par de años antes le había pedido a mi novia que se casara conmigo, pero en ese entonces sabía que no podía obtener un sí por respuesta. Eran los inicios de nuestra amistad, todo era precipitado y la palabra "matrimonio" estaba muy lejos de ser verdad.
Y cuando vi la contestación tardía a mi solicitud, me di cuenta de que esta vez no podía hacerme para atrás, era yo el que había puesto las cartas sobre la mesa, propuesta que jamás pensé que sería tomada en cuenta. Pero ahí estaba yo, completamente petrificado, frío como el hielo y con los ojos desbordados casi como si se me fueran a salir de las cuencas de la impresión. Sonreí un momento pensando en lo agradable que sería estar con ella, pero pensar que sería para siempre fue el problema.
"Sé que dudas del significado de la palabra siempre, pero quiero que entiendas que pase lo que pase, siempre te voy a amar".
Le dije un día en el que yo sabía que palabras como esas eran necesarias para suavizar una situación. No digo que no fueran ciertas, o que las hubiera tenido que utilizar como "pretexto" para salir airoso de algo. Si no que, aparte de servir como argumento, son algo de lo cual estoy completamente seguro. Sé que no dejaré de sentir el amor que le tengo, quizá pueda llegar a verle de otra forma con el paso del tiempo, más nunca olvidaré lo que hoy significa para mí: Mi vida.
"Pero, ¿cuánto es siempre?" Preguntó.
Tenía razón al cuestionarlo. ¿Cuánto es siempre?
Una vez escuché en un programa de radio que la palabra "siempre" en realidad equivale a un periodo de tres meses. Tres meses en los cuales todo parece miel sobre hojuelas porque no conoces de verdad a la persona, no a fondo, y sólo ves lo que quieres ver, por lo tanto, como bien dicen: "El amor es ciego". Estás tan ciego que no ves más allá de lo evidente, así que puedes hacer cualquier clase de aseveraciones sin dudar, porque en ese momento, en ese instante, estás tan seguro de que ese amor es tan absoluto y real que podrías jurarlo incluso ante Dios mismo sin remordimientos. Y a ese embobamiento momentáneo, es lo que llamamos "amor", y que yo por mi cuenta he definido que es como estar: "bruto, ciego, sordo, y mudo" como cantaba la colombiana Shakira.
Pero, ¿qué pasa cuando esos tres meses terminan? Acabas teniendo hasta repulsión por ella, o quizá tu "querer" se vio frustrado cuando tus ojos se fueron a posar sobre los ojos de otra persona, o más bien, en el "cuerpo" de esa otra persona, he ahí porqué se dice que dura tan sólo unos meses. Como dijo Shakespeare: "El amor de los jóvenes nace de los ojos no del corazón".
En mi caso, voy por el onceavo mes de noviazgo. ¿Aún soy un bruto? ¿O mi amor ya se ha estabilizado?
Curiosamente, las palabras: marido, esposo, consorte, casado, desposado, comprometido, jamás habían tocado mis labios. Nunca. Y parecía que jamás habrían de hacerlo, pero lo que vino después de esa pregunta, fue inevitable.
Por eso, echemos un vistazo a algunos de los significados presentados en el diccionario para los "títulos" dados a la idea del matrimonio. Omitiendo definiciones innecesarias, claro.
Primero, lo primero:
novio, via.
(Del lat. *novĭus, de novus, nuevo).
1. m. y f. Persona que acaba de casarse.
2. m. y f. Persona que mantiene relaciones amorosas con fines matrimoniales.
3. m. y f. Persona que mantiene una relación amorosa con otra sin intención de casarse y sin convivir con ella.
Noten la definición 2. "Persona que mantiene relaciones amorosas con fines matrimoniales." Ok, está más que claro que te ata a la persona con el sólo hecho de nombrar la palabra. Si estás aquí es porque contraerás matrimonio, si no, te puedes retirar, gracias por participar.
La definición 3 dice: "Persona que mantiene una relación amorosa con otra sin intención de casarse y sin convivir con ella." ¿No es esto una contradicción a las demás definiciones? ¿No debería haber una regla que diga: "Las definiciones de una palabra no deben excluirse entre sí"? "Casarme, o no casarme, esa, es la cuestión".
comprometido, da.
(Del part. de comprometer).
1. adj. Que está en riesgo, apuro o situación dificultosa.
No tengo comentarios para esto. Esta definición confirma cualquier temor masculino existente. Así que cuando mi novia me diga la próxima vez: "Pero, ¿por qué tienes miedo?" le diré: "Hay literatura que lo explica y avala, búscalo en el diccionario". —Ok, es broma—.
esposo, sa.
(Del lat. sponsus).
1. m. y f. Persona casada.
2. m. y f. Persona que ha celebrado esponsales.
4. f. pl. Pareja de manillas unidas entre sí con las que se aprisionan las muñecas de alguien.
Observen la cuarta definición… Pareja de manillas unidas entre sí con las que se aprisionan las muñecas de… ¿alguien? Eso oficialmente lo convierte a uno en un prisionero, en un esclavo, en un convicto con… ¿libertad condicional? Es decir; estás esposado, sometido, encadenado a: un custodio por tiempo indefinido. O al menos hasta que te mueras, te divorcies —que es casi lo mismo porque ahora estás marcado como defectuoso porque por algo te devolvieron—, o que te impongan una orden de restricción, que eso ya suena más a Síndrome de Estocolmo que honestamente, es el colmo.
Al final de toda esta palabrería me doy cuenta de que toda mi vida había pedido ser un "marido". Quizá no con esas palabras. Pero lo había añorado sin pensar más allá de las consecuencias, las cosas que vendrían y todo lo que implica. Pero, ¿podría ser yo un "esposo"? ¿Estaré capacitado para serlo? Para enfrentarme a todo aquello de "en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida hasta que la muerte… ¿nos separe?"
Pues sí, acepto. Como leen, me casaré con mi novia. Aún no hay fecha definitiva pero véanlo como un hecho. Y el motivo de este blog no sólo era externarles mi angustiosa felicidad, sino el que ustedes lectores, se detengan a pensar un momento antes de hacer la pregunta, o dependiendo del caso, antes de aceptar, porque, ¿es en realidad lo que quieren? ¿O aún viven la etapa del "bruto"? Piénsenlo.
Hasta la próxima.
Seiya Kou
—Pero… no entiendo… —dijo Usagi sin apartar los ojos del texto—. Tú… estás diciendo que… yo no… yo no he dicho que…
Usagi buscó su mirada, una caja con un anillo de brillantes se abría ante ella. Seiya se apoyaba en una rodilla en el césped.
—¿Te casarías conmigo?
Los ojos de Usagi cintilaron.
Seiya ladeó la cabeza y esbozó una sonrisa leve.
—¿Te das cuenta de que si dices que no, no podré publicar el blog y tendré que escribir otra…?
Serena se arrojó a él con un beso. Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas. Sentada en la pierna flexionada de Seiya, Usagi extendió la mano y él le colocó el anillo. Con ambas manos Usagi tomó su rostro y lo besó otra vez; con los ojos cerrados entrelazaron las manos apoyando la frente uno en el otro.
—¿Eso fue un sí? —Preguntó Seiya en un suspiro.
Con una sonrisa, ella respondió:
—Sí…
El gentil cerezo dejó caer algunos pétalos sobre ellos.
—Estás esposado a mí… —dijo Usagi.
Seiya negó.
—Soy de ti.
—Por siempre y para siempre —dijeron a la vez provocándoles sonrisas por la sincronía.
El viento sopló levantando los pétalos al cielo.
