Nota: Muchas gracias por sus reviews, lamento no haber posteado antes pero tuve algunas cosillas que hacer... aquí les dejo la historia. Saludines,


Capítulo Seis:

¿Cómo llegamos a esto?

Primera Parte

Volterra - Italia

Bella

-¡Corre Bella, corre!.

Apenas salieron de la boca de Alice aquellas palabras, empuje mi cuerpo fuera del lujoso automóvil, emprendiendo así mi improvisada misión de salvataje. Camine un par de metros acercándome al lugar elegido por mi amado Edward y desesperada comprobé que el lugar estaba colmado de gente que paseaba distraída, habían venido a celebrar una fiesta y su intención no era otra que divertirse.

Yo por el contrario los veía como un estorbo que estaba impidiéndome el paso – como demonios lograría llegar a tiempo – el destino estaba confabulando en mi contra.

Por qué mi Dios Griego había creído sobre mi suicidio comencé a preguntarme mientras buscaba alternativas para sortear el obstáculo que tenia frente a mis narices, ¿acaso tan débil parecía yo incapaz de mantener mi palabra?, y no era que por un momento no lo hubiera pensado, pero yo le había prometido no hacer nada, y pensé que eso le había bastado.

Luchaba con todas mis fuerzas, para tratar de pasar entre aquellos cuerpos, que divagaban ajenos por los alrededores del lugar, impidiendo con sus largas procesiones, de forma macabra que yo pudiera llegar hasta mi adorado ángel pétreo.

Solo había una cosa en mi mente: detenerlo a cualquier costo. Debía evitar que Edward se inmolara como Romeo, realmente el gesto me parecía bastante romántico, tal vez en otras circunstancias, pero lo cierto era que yo no estaba muerta, sino viva y lo necesitaba junto a mi. Estábamos destinados a permanecer juntos y no me importaba que él no me quisiera, mientras él viviera, mi felicidad no era importante.

Corrí desesperada y logre hacerme un espacio entre los cuerpos, pero solo para dar contra una fuente de agua que indicaba la mitad de mi camino. Mire al cielo y pude ver que el sol estaba casi en su cenit, las palabras de Alice se vinieron a mi mente y la ansiedad comenzó nuevamente a tomar control de mi cuerpo. No alcanzaría a detenerlo, si Edward se ceñía a su plan, en este mismo momento estaría dando el paso mortal que lo alejaría para siempre de mí.

- No… no puedo permitirlo

Me dije a mi misma tratando de contener el llanto, pase mis manos por mis ojos en un atisbo de mantener la mente fría y cumplir mi promesa, seque las pocas gotas que se escurrían sin control por mis mejillas Alice cuenta conmigo pensé. Iba a salvar a Edward aunque fuera lo ultimo que hiciera.

Pero la realidad era otra, y cobraba fuerza a medida que comenzaba a sonar el reloj, sentir el sonido de las campanas, me hizo cobrar fuerzas impensadas, puse mis manos frente a mí como un escudo y empecé a empujar los cuerpos inertes y desprevenidos de todo aquel que se interpusiera en mi camino.

Era como golpear una pared tras otra, al principio eran golpes vanos, pero luego a medida que la desesperación se apoderaba de mí y la fuerza incrementaba, comencé a trazar un camino por el cual acercarme hasta la dichosa torre del reloj de la que hablaba Alice.

Sin darme cuenta y pensando que aun faltaba mucho, se abrió ante mí el lugar elegido por Edward para hacer realidad los versos de Shakeaspeare. Fue en ese momento que mis ojos lo vieron a él.

Estaba parado en el borde a unos escasos centímetros del sol, el suelo, que era de piedra, hacia reflejar los incesantes rayos del sol contra su pecho desnudo, logrando un efecto simulado al de un prisma. Traía su camisa desabotonada, mire su rostro ensimismada por un par de segundos y lucia tan tranquilo, su semblante era de resignación, había tomado la decisión y estaba tranquilo con ello.

Aún así lucia cansado, las ojeras pronunciadas debajo de sus ojos me hacían apreciar que él había dejado atrás cualquier preocupación terrenal, como alimentarse adivine. Y no carecía de lógica alguna aquello, dado la decisión que había tomado. Edward era perfecto incluso en esa circunstancia, estaba frente a mí el ángel más hermoso, y pensé como Dios no querría regocijar a alguien así en su reino. Pero el sonido de la campana me devolvió a la tierra, sacándome de mi ensoñación.

Con el semblante lleno de espanto miré como el arqueaba su cuerpo y una de sus piernas se separaba aterradoramente de la otra para dar el paso justo que lo pondría en evidencia. El sol daría de pleno contra su perfecto cuerpo y todo estaría perdido. El moriría frente a mis ojos, y sería yo la que no podría soportarlo. No podría soportar ver a mi ángel caer desde el cielo para hundirse en un infierno sin mí.

- ¡Edward no… Mírame!

Grite con horror y deseando que a sus oídos llegará mi llamada, pero comprobé con pesar que no fue así, el pareció no escucharme a pesar que estaba a solo unos metros de distancia. Jadeante y sin titubear corrí nuevamente y apreté mis ojos en un esfuerzo de llegar más pronto, como si pudiera con cerrarlos evitar lo que estaba a punto de suceder.

- ¡Estoy viva! ¡No lo hagas!

Volví a gritar desesperada y abrí mis ojos para corroborar que él me hubiera escuchado esta vez, mire espantada como él levanto sus manos en un gesto de absolución por el crimen que había cometido pero ¡no había ninguno! No hay crimen mi amado Edward, solo mírame estoy viva pensé sin poder articular palabra y un frío recorrió mi cuerpo porque a pesar que seguía corriendo pude ver un brillo enceguecedor resplandecer de su pecho cuando él dio la pisada final. Estaba al descubierto, brillando de forma tan perfecta, en ese segundo supe que había fracasado en mi misión.

Mis manos trataron de alcanzar el cuerpo marmóreo de mi príncipe, y estaba a escasos centímetros de tocarlo cuando sentí un gruñido seco, los ojos de Edward se abrieron y por fin me vio. Extendió su mano para alcanzar la mía pero nuestros cuerpos fueron arrastrados contra el callejón con la fuerza de un huracán con una implacable precisión que daba susto de solo pensarla.

Sentí como mi frágil ser golpeo duro contra la muralla del callejón y no pude evitar caer con todo el peso al suelo. Atontada aún por el golpe vi frente a mis narices la figura desdeñosa de cuatro cuerpos, totalmente perfectos y tan blancos como Edward, vestidos con capas grises que les daban un aire aterrador.

El pavor se dibujo en mi cara y miré desesperada a mi ángel quien me devolvió la mirada contrariado. Fue en ese instante que supe con consternación que ya era demasiado tarde. Edward trato de acercase a mi pero su paso se vio obstruido por una de las figuras que era corpulentamente tosca, por un minuto jure que se trataba de Emmett, pero era una ilusión en cuanto al porte más no a sus intenciones. Trague saliva nerviosa intentando pararme apoyada contra la muralla y no pude evitar gritar su nombre aterrada.

- ¡Edward!

Susurre perturbada tratando de pasar entre los cuerpos y volví a sentir un golpe. Abrí mis ojos ante el impacto, de mis pulmones se escapo todo el aire contenido hasta ese instante. No pude evitar abrir que mis pupilas se dilataran y que mis ojos casi se salieran de las orbitas, el dolor era demasiado, caí pesadamente al suelo producto del impacto sin poder luchar por lo contrario.

- ¡No…Bella!

Grito Edward mirando a sus opositores, intento alcanzarme pero fue retenido lejos, pude ver que su expresión había cambiado, nuevamente era de tortura e incertidumbre, pero la cólera estaba rondando insipientemente.

- Acabas de firmar tu sentencia de muerte.

Exclamo satisfecho otra voz que permanecía atrás, contemplando a Edward quien no quitaba sus ojos de mí, y vi como el fuego comenzaba a inundar sus ojos ocres. Las palabras de aquella voz retumbaban en mi mente como campanas de espanto y consternación. Era un hecho había fracasado en mi intento superfluo de salvar a mi amado.

- Suficiente

Conmino una voz cantarina. Agudice mi vista y pude percatarme que era una figura demasiado pequeña e insulsa para tanta voz de mando. Los otros vampiros se separaron de mí y la observaron en silencio.

- Tú… toma la chica, ella también vendrá con nosotros.

Literalmente me arrastraron hasta el final de aquel callejón y aunque permanecíamos separados, nuestras miradas estaban clavadas uno en el otro. Pensé en Alice y quise con todas mis fuerzas que hubiera logrado escapar a tiempo, al menos alguien se salvaría este día.

Deslizaron mi cuerpo indemne por un abertura no más grande que un colador de agua, me dio susto pensar que me tirarían por ahí pero cuando el vampiro gigante rozo sus manos en mi cintura para bajarme del otro lado supe que me querían viva. Al menos eso era una ventaja, ahora lo que me inquietaba era otra cosa ¿viviría lo suficiente cuando llegáramos a nuestro destino al menos para hablar con mi amado Edward una vez más?

Me parecía interminable el corredor por donde transitábamos, el túnel era lúgubre, el olor a humedad calaba hondo en mi nariz, haciendo que todo adquiriera dimensiones bastante aterradoras. Luego de un par de minutos el cuerpo de Edward estaba lo bastante cerca para que pudiéramos tocarnos, comprobando que estábamos vivos ambos. Pude ver su blanquecina mano alzada rozando mi brazo, y apenas lo hizo me estremecí y quise retener aquella gélida caricia pero uno de los vampiros que nos flanqueaba nos separo bruscamente.

Edward me miro tiernamente y por una extraña razón mi corazón se cobijo en aquella mirada cómplice. Estaba tratando de infundarme valor.

- No te preocupes, no te harán daño.

Me articulo en el momento en que frente a nosotros se mostraba una imponente pared de hierro. Los barrotes que la componían eran gruesos y oxidados, por un segundo me dio la impresión que estaba en una mazmorra. Y no pude evitar gemir cuando ellos abrieron lo que parecía una puerta para obligarme a cruzarla.

Me plante en seco y mis piernas no me respondieron más. Comencé a temblar, y pensé que iba a caerme, todo comenzó a darme vueltas, no estas respirando pensé mientras miraba de reojo a Edward quien permanecía oculto tras el cuerpo del vampiro que estaba presionándome a entrar en aquel lugar.

- ¡No… no puedo!

Argüí poniendo mis manos en los fierros para evitar que su fuerza me hiciera entrar. Este iba a luchar conmigo cuando vi como Edward desafiando toda la lógica se puso frente a mí, y lo miró desafiante.

- ¡Quítale las manos de encima!

Dijo seguro su voz tenia un tejo de impaciencia.

- Oblígame

Lo insto el vampiro en respuesta y yo temí lo peor, pero no podía evitar estar paralizada frente a la puerta, tenia la sensación que si la cruzaba no iba a salir con vida nuevamente de ahí. Estaba resistiéndome lo más que podía pero sentir la tensión entre Edward y el vampiro detrás de mí era más de lo que podía soportar. Lentamente me concentre para sacar mi mano, dedo por dedo, una por una, de esa posición. Pero estas no se movían, mi cerebro no las controlaba. Estaba como en piloto automático y cerré los ojos intentado poder cruzar la puerta, para evitar una pelea.

- Edward por favor

Suplique por lo bajo sin dejar de temblar, ahora mis dientes comenzaban a castañear sin control. Mi amado le dio una mirada a nuestro agresor por unos instantes evaluando la posición tal vez, pero cuando me sintió castañear con los dientes, sin dudarlo se dio giro dándole la espalda y puso sus gélidas y perfectas manos sobre las mías, separando uno por uno los dedos de aquel grueso barrote. Susurro a mi oído mientras lo hacia y yo trataba de concentrarme en su dulce voz aterciopelada, pero francamente no estaba ayudándome de mucho, el terror ya me había embargado lo suficiente para perder la perspectiva de todo.

Tomando entre sus manos las mías, me apretó contra su pecho, cobijándome y enterró su barbilla contra mi pelo. Lentamente puso sus manos en mis codos, cuyos brazos aún permanecían cruzados en mi pecho y me alzo gentilmente para hacerme cruzar la puerta de mental. Una vez dentro no pude evitar sollozar mientras caminábamos mirando al frente.

- Cálmate Bella no sucederá nada

Me repetía una y otra vez al oído mientras yo miraba escéptica el lugar. Estaba mintiéndome descaradamente, claro que pasaría algo, él acababa de mostrarse al mundo, porque tenía que haberlo llamado Rosalie pensé. Nada iría bien sino por qué nos habían traído hasta aquí, al contrario si todo estuviera bien, nos habrían dejado ir en la plaza. Habría deseado con todas mis fuerzas que mi príncipe fuera un buen mentiroso, solo por esta vez.

Nos detuvimos cuando fuimos pasados por la figura pequeña, su cuerpo se contorneaba con la capa negra que la vestía de forma simétrica. Hasta ese minuto no había sido conciente de que los ojos de estos vampiros eran diferentes a los de los Cullen.

Cuando ella me miro se dibujo en su cara una sonrisa maquiavélica, su mirada se deslizo de mi hasta Edward y pude ver que la sonrisa se apago en un instante. Su semblante se torno serio y brutal, sin cambiarlo nos indico el camino. Al pasar junto a ella, no pude quitar mi vista de aquellos ojos, eran de un color carmesí intenso que te atraían de una forma mortal. Su piel tan blanca como la de mi amado Edward hacía juego con aquellos ojos. Tenía unos dientes perfectos que resaltaban en aquella tenue luz.

El Espanto se me dibujo en la cara cuando pude leer lo que sus facciones estaban gritando, moriríamos en aquel lugar, sin mucha explicación me gire y enterré mi cara contra el pecho desnudo de Edward y comencé a gemir estrepitosamente, era tanto mi llanto que comencé a exasperar al resto.

- Quieres callarla… aúlla peor que un perro

Dijo uno resoplando impaciente mientras sentían mis sollozos. Edward solo le profirió un rugido gutural mientras me apretaba contra su pecho para contenerme.

- Te amo Bella, nadie ni nada te hará daño. Lo entiendes

Me dijo separándome de su cuerpo y sujetándome por los brazos, me miraba tratando de parecer convincente. Dudo unos momentos y luego volvió a apretarme contra su pecho

- Debes calmarte por favor, tu llanto no nos ayudará

Me hizo ver, comenzó a deslizar su mano por mi espalda en un intento de calmarme. Pero como vio que no daba resultado empezó a tararear mi nana muy bajito solo para que yo la escuchara y cerré mis ojos tratando de transportarme fuera de allí, pensando cosas agradables, tratando de conciliar en algo la perspectiva. Estaba a punto de lograrlo cuando sentí la voz ansiosa y sorprendida de Alice quien venia entrando por el costado derecho, también flanqueada por otros vampiros guardias. Apenas nos vio se precipito contra nosotros y nos abrazo.

- ¡Bella! ¡Edward! Están vivos!

Musito Alegre pero su voz se apago incluso antes que pudiera exclamar otra frase más, puesto que la pequeña vampiro de ojos intensos y risa hipócrita nos colmito a entrar a un habitación tan grande que me perdí de solo mirarla.