YOUR GAY FRIEND

(Los personajes no son míos, pertenecen a la talentosísima Stephenie Meyer, sólo la trama es mía!)


CAPÍTULO 7 : Algo Inesperado

Bella's POV

—Mierda, duele demasiado —Edward se quejaba mientras Emmett y Félix lo cargaban sobre sus hombros hasta el coche. Yo estaba demasiado ocupada en no oler la sangre para no desmayarme. Lo único que faltaba era otra imposibilitada.

—Ya llamé a Papá, dijo que lo llevemos a casa para que pueda revisarlo —Alice se acercó corriendo hasta nosotros acomodándose el cabello y su ropa. Jasper venía detrás de ella.

—¿Cómo mierda supiste? —preguntó Rosalie.

—Lo supuse al escucharlo gritar —ahí iba otra de las premoniciones de Alice.

—Nosotros lo llevaremos en el Jeep con Félix y Rose. Bells, ¿puedes ir con el Volvo a casa, por favor? —Emmett me tiró las llaves, las que milagrosamente atajé.

—Los veré allí —hablé a desgana. Odiaba conducir un coche tan rápido—. ¿Te llevo Jake? —observé al moreno algo cohibida, recordando nuestro beso.
—Está bien, no te preocupes Bells. Tú ve con Edward. Yo caminaré a casa, estoy demasiado cerca.

—Puedo alcanzarte, de verd—

—¡OUCH! —Edward volvió a gritar, aunque me pareció una queja demasiado ficticia. Preferí callarme la boca. Finalmente lo sentaron en el asiento trasero del auto de Emmett. Junto a él se acomodó Félix, quien lo abrazó, mientras cubría con delicadeza el pie vendado de mi amigo.
Arrancaron y Alice los siguió con Jasper en el Porsche, mientras yo me tomaba cinco minutos más para despedir a Jake.

—Maldito homosexual mata pasiones —rió mientras se acercaba y tomaba mi cara entre sus manos—. Hoy no podremos continuar con nuestra salidas, pero me encantaría que tengamos un tiempo para nosotros sin gays celosos, ni rubitas quejonas, ni enanas psíquicas, ¿qué te parece el sábado?

—El sábado me parece excelente — lo miré a los ojos. Se acercó otra vez a mi boca y volvió a besarme con la misma pasión de hacía diez minutos atrás. Tuvimos que separarnos finalmente para conseguir aire.

—Carajo —susurró en mi boca—. Esto me está gustando. Voy a dejarte ir, sé que el Macho-Man te necesita.

—Sí, tienes razón. Será mejor que me vaya —lo solté y me dirigí al auto.

—Te veré mañana —me tomó por sorpresa y me dio un corto beso.

—Sí —hablé intentando no desmayarme y me subí al coche. Me senté intentando tomar aire y finalmente puse la radio. Necesitaba escuchar música, algo sumamente raro en mí.

Parecía que alguien estaba creando la banda sonora de mi vida en alguna estación o algo por el estilo. Empecé a bailar cuando My First Kiss de 3OH!3 se escuchó en el estéreo.

—My first kiss went a little like this — tiré un beso al aire—. And Twist —repetí el gesto al ritmo de la música—. And Twist —comencé a bailar sentada como una idiota, mientras movía mis manos sobre el volante y los pies de un costado al otro de mi asiento—. In the back of the car, on the way to the bar, I got you on my lips, I got you on my lips. At the foot of the stairs, with my fingers in your hair, Baby, this is it... She won't ever get enough once she gets a little touch, if I had it my way, you know that I'd make her say: Ooooooh, Ooooooh —comencé a mover mis manos en forma de ola y no tuve mejor idea que mirar a mi izquierda. Jacob estaba parado, partiéndose de la risa por mis gestos y mi canto. La sangre pobló mi rostro.

—No creo que este haya sido tu primer beso —se acercó a la ventanilla abierta. ¿Abierta? Edward maldito homosexual acalorado—. Ha sido demasiado bueno, creo que tuviste práctica. Me volvió a besar otra vez, con más rudeza aún. Este tipo iba a provocarme una combustión espontánea. No quería ni siquiera imaginar en que estado estaban mis bragas en ese momento—. Por cierto —sacó algo de su bolsillo—. Te estabas olvidando esto. Me lo diste cuando te ayudé a subir al tronco, ¿recuerdas

—Eh no, pero gracias —cogí mi teléfono celular y encendí el motor—. Nos vemos.

—Adiós, nena.

Me costó un poco acostumbrarme al coche, pero traté de acelerar bastante para llegar temprano a la casa de los Cullen. Subí por las escaleras y me encontré con la puerta entreabierta. Todos estaban en la sala menos Rosalie y Jasper. Esme y el maldito de Félix estaban muy cómodos charlando y tomando un café, mientras Carlisle vendaba a Edward. Emmett y Alice miraban Dr. House en el televisor gigantesco de pantalla plana.

—¿Cómo te encuentras? —corrí inmediatamente a los pies de mi amigo. Él me miró con tristeza.

—Está todo bien Bella, sólo fue un corte poco profundo. Estará curado en dos o tres días con el medicamento que acabo de darle y las curaciones —Carlisle me respondió.

—¿Dónde te metiste? Pensé que venías detrás de nosotros —Edward se quejó.

—Yo—

—Edward, Bella estaba besándose con Jacob, ya déjala.

—¡Alice! —volví a ruborizarme. Mierda, ¿cuántas veces lo había hecho ya en el día?

—No te preocupes por nosotros, hija. Ya estamos acostumbrados a oír todo este tipo de cosas —Esme soltó una carcajada y Félix sonrió. ¿Por qué demonios se sumaba al chiste como si perteneciera a la familia? No se aburría de ganarse mi odio.

—¿Me cambiaste por ese perro? —se quejó.

—Vamos, Edward, la chica necesita acción, ¿o vas a besarla tú acaso? —Félix fulminó con la mirada al oso.

—¡EMMETT! —le gritamos a coro Edward y yo.

—Ya, ya, lo siento.

—Yo también lo lamento, Edward. Se me había olvidado el teléfono y Jake me lo trajo.

—No hay problema, Cielo, dije que me comportaría.

—Gracias —besé su frente—. ¿Quieres que me quede contigo lo que resta del día?

—Yo te llevo a tu casa cuando anochezca —Alice canturreó.

—Yo me quedaré —respondió Félix, intentando sonar amigable. Maldito mentiroso, se podía ver en sus ojos lo molesto que estaba.

—¿Te quedas conmigo entonces, Bella? —Alice le devolvió una mirada asesina al idiota de ojos azules.

—Por supuesto —dejé escapar una carcajada

Dr. House puede irse a la mierda, quiero que me cuentes todo con detalles —tomó mi mano al pasar y subimos las escaleras. Noté las caras blancas y pálidas de la parejita feliz. Mi amiga me arrastró hasta su cama y me obligó a sentarme.

—No sé que quieres que te cuente…

—Vamos, Bella.

—¡Fue el mejor beso de toda mi jodida vida! —me paré en la cama y comencé a saltar.

—¡Zorra! ¿Te metió la lengua?

—¡Alice!

—YA, DILO.

—Hasta la garganta —continué saltando y gritando como una histérica—. No sabes como besa. Es tan rudo, tan sexy, tan tierno… Mierda, creo que me estoy enamorando.

—¿Te estás enamorando? — la voz de Edward nos asustó a ambas.

—Podrías golpear la puerta algún día, soquete.

—Lo hice, pero tú y Bella gritaban como hurracas.

—¿Pasó algo? —le pregunté.

—Le dije a Félix que se vaya. Sabía que tenía cosas para hacer y ustedes querrían cuidarme.

—¿Y cómo estás tan seguro de eso, maldito inválido?

—Ya Alice, déjalo.

—Oh, no te preocupes. Los dejaré follar tranquilos.

—No sabes cuánto te lo agradezco —dije irónicamente.

Alice salió a buscar golosinas y volvió dos minutos después. Pasamos una tarde genial los tres, como en los viejos tiempos. Emmett se nos unió más tarde. Cenamos pizza en mi casa y luego ellos se fueron nuevamente para la suya.

~~O~~

No podía no aceptar que los nervios me estaban carcomiendo. Tenía experiencia en citas, por así decirlo, pero Jacob no era Mike, en absoluto.
Finalmente había llegado el sábado de mi cita. Me vestí clásica como siempre, sin olvidar por supuesto las ideas y sugerencias que Alice me había dado hacía una semana atrás. Lo que nunca imaginé, fue que usaría sus clases de embellecimiento para verme con alguien que no fuese su hermano.
Una moto aparcó en casa y tocó bocina alrededor de las cuatro y media de la tarde. Jacob me esperaba de pie, recargado sobre su moto con una campera de cuero y unos jeans rasgados y gastados en las rodillas. Parecía un chico malo y peligroso. Y sexy, increíblemente sexy.

—Guau Swan, cada día me sorprendes más —me comió con sus ojos y fue imposible no sentirme intimidada por su escrutinio.

—¿Vas a llevarme a pasear o que, chico malo?

—Te llevaré donde quieras, siempre y cuando uses esto —me tendió un casco y una campera de cuero de mujer—. Eran de mi hermana, póntelos.

—Como quieras —medio despotriqué. No quería lucir ridícula delante de él, aún sabiendo que él sólo me hacía llevar eso para protegerme. Me coloqué el casco a desgana.

—Mierda, Bells.

—Sí, parezco un Power Ranger, lo sé.

—No, nena. No es eso. Te ves provocativa, demasiado para mi salud. Mejor vayámonos o intentaré aprovecharme de ti.

—De acuerdo —gracias a Dios no vio mi sonrojo, esta cosa de mierda podía ser muy útil si se lo proponía.

La brisa de la carretera se sentía fría, agradecía a Jake por haberme prestado la chaqueta y el casco, de otra manera estaría congelándome. Llegamos al mismo lugar de la playa donde todo había concluido el miércoles en un santiamén. Incluso podría decir que aparcamos en el mismo lugar donde Jacob me había encontrado bailando y cantando después de que me besó. Una vez que paró la moto, me bajé de ella y me saqué la chaqueta y el casco. Me peiné un poco el cabello, que se me volaba producto del viento.

—Creo que si hoy dije que no podías verte más sexy, definitivamente me equivoqué —se sonrojó y me pegó contra su cuerpo—. Vamos.

Comenzamos a caminar tomados de la mano por la tranquilidad de la playa. Estaba totalmente desierta, ideal para compartir un buen rato juntos sin que nadie nos molestara.

—Creo que Eddie el gay está enamorado de ti —finalmente rompió el silencio.

—Oh, ¿eso crees? —intenté ponerle algo de broma a la conversación.

—De verdad, deberías haberle visto la cara cuando se cortó el pie. Creí que iba a comerme y no a besos.

—No seas tonto.

—No lo soy, Bells. Deberías prestarle atención en la forma que te mira, es como si todo su mundo girara en torno a ti. Es raro.

—¿Tú también fumas hierba como Alice?

—Hey, no tiene nada que ver con fumar hierba. Además, si no te lo ligas tú, lo haré yo, es tan apuesto… no quiero imaginar siquiera el tamaño de su pene—

—¡Eres un cerdo! —le golpeé el hombro entre risas. Me tomó desprevenida por la cintura y comenzó a correr conmigo encima.

—¡Ya para! —estaba colorada y agitada de tanto reírme. Realmente Jacob era divertido, por más niñato que fuese. Me bajó finalmente a unos metros del gran tronco blanco. Comenzamos a caminar en dirección a él.

—Si Alice estuviera aquí ahora y viera mi estado —señalé mi cara—. Diría algo como: "¿Han estado follando, manga de pervertidos?" —imité su voz chillona lo mejor que pude.

— No lo creo —rió—. He notado que ella hace ese chiste solo cuando te ve con Edward. Su subconsciente le pide que seas su cuñada —bromeó.

—Sí, posiblemente tengas razón —sonreí—. Aunque debería ir comprendiendo que eso no sucederá. Yo llevo el control de mis cosas. Para tener dieciocho años creo que lo estoy haciendo bastante bien.

—Lo haces genial, inclusive te arreglas de puta madre —me guiñó el ojo.

—Bueno, no quiero cagarla, pero eso si es obra de Alice.

—Debí imaginarlo —hizo un puchero.

—¿Podemos dejar de hablar de la desordenada mental de mi amiga, por favor?

—Oh, ¿y de qué quieres hablar? —me tomó de la cintura y me atrajo hacia él.

—Creo que preferiría no charlar ahora —me acerqué un poco más a su boca.

—¿Entonces qué te gustaría hacer?

—No lo sé ¿Tienes alguna sugerencia?

—Sí, créeme que tengo una. Y muy buena —sin más, me besó. Pero este beso no fue como el resto. Sus labios se movían delicadamente contra los míos. Me abrazaba con cariño, pero sus brazos estaban firmes. Parecía que no quería soltarse de mí nunca más. Yo entrelacé mis dedos en su cabello y lo acerqué aún más a mi cuerpo. Estuvimos así un rato, soltándonos un poco de a ratos para recuperar el aire, pero siempre pegados el uno al otro. Él se había vuelto como mi Sol personal. Desde que comenzamos a vernos, el me había devuelto un poco la esperanza de que había alguien ahí afuera para mí también y que tal vez mis suposiciones de que Edward era el tipo de mi vida podían estar erradas—. Probablemente este haya sido el beso más largo y genial de toda mi jodida vida – rió Jacob, soltándome de su agarre con cariño—. Ven, te subiré al árbol, tengo algo allí para los dos —caminamos unos pasos más y me subió al tronco en cuestión de segundos. El brincó a mi lado instantáneamente. Metió la mano en un hueco y sacó una bolsa de papel madera.

—¿Traes un cadáver ahí dentro? —intenté parecer interesada, aunque luego dejé escapar una pequeña risita.

—Son latas de gaseosa —me miró ruborizado—. Pensé que quizás te gustaría tomar algo conmigo mirando al mar.

—Eso me encantaría —tomé su barbilla con una mano y lo miré directamente a los ojos—. Además, estaba a punto de deshidratarme por tu culpa.

—Perdón por ser tan hermoso y provocar que quieras besarme todo el tiempo.

—¿Es que todo pasa por lo físico para ti? —bromeé.

—No, en realidad no — me miró a los ojos mientras me entregaba una lata de Coca- Cola.

—¿No? —bromeé.

—No, Bella —se rascó la cabeza y miró en dirección opuesta.

—Sólo bromeaba, Jake. ¿Qué ocurre?

—Hay algo que quiero decirte. Espero que no sientas que es muy apresurado ni nada por el estilo, pero si lo crees así, lo entenderé.

—Ya dilo —comenzaba a preocuparme.

—Bella, te quiero —su cara adquirió un color morado—. Siempre me has gustado y desde que te vi el otro día en el Pub, no hago más que pensar en ti. Estos días han sido los mejores que he vivido en un largo tiempo. Realmente quiero empezar a salir contigo. Obviamente te daré tu espacio si me dices que no pero yo—

—Jacob…

—De verdad, no quiero que te sientas forzada a nada, yo sólo, me pareció—

—Jacob —lo corté—. Yo también te quiero y realmente me gustaría salir contigo. Hasta hace poco, no creí que podría pasarla tan bien con alguien, pero tú apareciste y cambiaste todo.

—¡Guau —me miró, absorto—. Creí que me querrías pegarme terrible patada en el culo, pero por lo visto me equivoqué y mucho.

Me besó otra vez, embriagándome y volviéndome completamente loca. Estuvimos bebiendo gaseosa y hablando durante más de una hora hasta que me llevó hasta su casa, que no quedaba a más de cinco minutos de la playa. Billy estaba sentado en su silla de ruedas, en la entrada de la pequeña casucha de Jacob cuando llegamos.

— Bella, ¿cómo has estado, nena?

— Muy bien Billy, ¿tú? Te ves bien.

— Aún sigo bailando —me mostró una sonrisa de suficiencia— Vamos entren a la casa, no quiero luego que el Jefe Swan se moleste por ser descortés con su hija.

Los tres reímos y ayudamos a Billy a entrar. Decidimos no tirarle la bomba al padre de Jake de que estábamos saliendo todavía, ya queríamos estar un poco más afianzados y que no lo tome tan de sorpresa. Luego de un par de conversaciones sumamente divertidas volvimos a la playa alrededor de las siete, para contemplar el atardecer juntos. Había algo que quería hacer y no tenía nada que ver con estar enamorada, ni nada por el estilo. Sólo necesitaba que Edward supiera la felicidad que estaba viviendo, aunque mi fuero interno quisiera que esa alegría y esa dicha, fueran gracias a él.

Parecía como si me hubiese leído la mente, pues justo en ese momento, el nombre de mi amigo apareció en la pantalla de mi móvil al regresar a casa.

Edward's POV

La herida de mi pie había comenzado a cicatrizar rápidamente. Los medicamentos de mi padre a veces podían llegar a ser milagrosos. Para el viernes ya podía apoyar el pie completo e incluso conducir. Aproveché entonces para ir al instituto a retirar algunos resultados de mis exámenes. Todo había ido bien y podría graduarme después de todo. Quiero decir, mis notas siempre habían sido excelentes, pero uno nunca sabe que puede pasar hasta último momento. La próxima semana asistiría todos los días, pues serían los ensayos para la entrega de diplomas, el baile de graduación y serviría también para que todos pudiésemos firmarnos nuestros anuarios.

El sábado llegó increíblemente rápido y sabía exactamente lo que ocurriría: Bella se vería con el chucho, ¿cómo lo recordaba? Simple: escuché a la disimulada de Alice hablar con mi mejor amiga por teléfono el viernes por la noche. Llegué a pensar que hasta lo hacía a propósito para que las oyera, aunque no sabía por qué. Eran aproximadamente las cinco y media de la tarde cuando me dio hambre. Corrí a prepararme un sándwich a la cocina, cojeando un poco aún. Estaba abriendo el refrigerador, cuando el teléfono de casa sonó. Seguramente era algún cliente de mi padre.

—Residencia Cullen, buenos días.

—¿Edward?

—Félix —reí—. Pensé que eras un cliente de mi padre, lo siento.

—¿Cómo está tu pie?

—Perfecto, ¿cómo estás tú? Ayer no fuiste a la escuela.

—Me quedé llenando solicitudes de Universidad con mi madre, ¿qué me dices de ti?

—Me han llegado una solicitud de Yale y una de una Universidad en Italia ayer por la noche.

—¡Eso es excelente, cariño! ¿Qué piensas hacer?

—He descartado definitivamente la de Italia. No podría permanecer lejos de ustedes.

—Está bien. Yale, mierda. Tus padres deben estar orgullosos.

—Aún no les he dicho nada.

—Oh, deberías avisarles pronto. Se alegrarán mucho.

—Lo sé — respondí, sin saber que más decir. Las cosas entre Félix y yo llevaban algo tensas por días y me preocupaba bastante el hecho de que no me importaba tanto como debería.

—¿Edward puedes venir a casa? Tenemos que hablar —habló sorpresivamente

—Seguro, ¿cuándo quieres que vaya?

—¿Estás haciendo algo ahora?

—No, iba a prepararme un sándwich.

—Sería genial si pudieras venir luego de comer, ¿te parece a las seis?

—De acuerdo, a las seis estaré allí.

—Perfecto, ¡y maneja con cuidado!

—Lo haré, adiós.

Me preparé el tentempié y finalmente partí a la casa de Félix, que no quedaba a más de diez minutos de la mía. Aparqué en la entrada y justo cuando estaba por tocar el timbre, la puerta se abrió y Sulpicia, su madre, salió disparada hacia la calle.

—¡Edward! Lo siento, no te vi —se acercó y besó mi mejilla—. ¿Cómo has estado?

—Muy bien, Sra. Volturi, ¿qué tal usted?

—Muy bien también, corazón. Pasa, Félix está en el living.

—Con permiso —me adentré en la casa—. Adiós Sulpicia.

—Nos vemos, corazón.

Cerró la puerta detrás de mí, y me encaminé hacia la sala, donde Félix me esperaba recostado en un sillón.

—Hola —me acerqué y el me hizo un gesto para que me sentara a su lado.

—¿Cómo estás? —me abrazó y besó mi frente. Lucía raro, realmente no sabía que le pasaba.

—Bien. ¿Qué ha ocurrido?

—Edward, tenemos que hablar de algo serio. No quiero que tomes decisiones precipitadas ni nada por el estilo, sólo necesito que me escuches.

—Sin problema, dime que pasa, amor.

—Bien —tomó aire—. Como te conté, ayer estaba llenando solicitudes con mi madre hasta que sonó el teléfono. Miré el detector de llamadas y me pareció extraño, pues hacía demasiado tiempo que no veía ese número.

—Entonces…

—Era Demetri —me quedé estupefacto, ¿otra vez ese tipo aquí?

—¿Qué quería? —pregunté, intentando parecer calmado.

— Él ya terminó su año universitario y vino a pasar las vacaciones en familia a Forks.

—Sin vueltas, Félix, ¿qué quería Demetri?

—Dijo que me extraña y que quiere verme.

—¿Y qué le dijiste exactamente?

—Le dije que estaba saliendo contigo. Al principio no me creyó, pero luego le conté nuestra historia y bueno, no le quedó otra opción que aceptarlo.

—Está bien.

—Pero quiere verme de todas formas. Iremos a beber algo hoy por la noche. Quiere que hablemos un poco sobre nosotros y que nos pongamos al tanto de nuestras vidas.

—¿Y tú piensas ir? —ya comenzaba a ponerme de los nervios.

—Solamente será una salida. Necesito terminar con esto para decidir que haré con mi vida.

—Así que no estás seguro de lo que sientes por mí —deduje.

—No es eso, Edward.

—Sí, sí es Félix. No vengas a decirme que irás por simple curiosidad porque no te creo. Es evidente que tú sientes algo por él.

—Es mi ex, ¿de acuerdo? No seas tan exagerado —el también comenzaba a cabrearse.

—No lo soy, pero vas a verte con tu ex-novio, no puedas decirme que algo no sientes.

—¿En serio hablas de atracción por otros? ¿Y qué me dices de ti, Edward? ¿Crees que no noto como miras a Isabella cuando está cerca? Parece que vas a tirártele encima en cualquier momento.

—No metas a mi amiga en esto.

—Creo que primero deberías replantearte la palabra amiga en tu cerebro, ¿no crees? —me desafió.

—¿Sabes una cosa? Me voy Félix, haz lo que se te de la regalada gana. Encuéntrate con Demetri, hablen de ciencias, de cultura general, de moda, bésense, acuéstense y váyanse a la mierda.

—¡TÚ DEBERÍAS IRTE A LA MIERDA TAMBIÉN, EDWARD!

—¡BIEN!

—¡BIEN! PUEDES IRTE.

—NO TIENES NI QUE PEDIRLO.

Salí de la casa hecho una fiera y pegué un portazo que hasta dio miedo. No estaba triste y no comprendía. Sólo sentía enojo. Quería golpear a alguien, aunque sabía que esa no era la solución a mis jodidos problemas de mierda.

"¿Y qué me dices de ti, Edward? ¿Crees que no noto como miras a Isabella cuando está cerca? Parece que vas a tirártele encima en cualquier momento."

"Creo que primero deberías replantearte la palabra amiga en tu cerebro."

Aquellas palabras comenzaron a dar vueltas en mi cabeza, pero decidí ignorarlas. Miré entonces el reloj. Eran casi las ocho de la noche. Marqué el teléfono de mi amiga, esperando que me respondiera.