Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen. Son de la magnífica Rumiko Takahashi. Sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.

Corregido por Bren Jaeger.

Seduciendo al conde

Capítulo 7

Kagome dio vueltas en la habitación como un león enjaulado. Todos sus planes se verían afectados si resultaba que lord Taishō estaba comprometido. No había pensado en esa posibilidad, pero ahora que había visto a esa mujer entrando en la mansión y luego a las horas de estar encerrada, verlos salir tomados del brazo, la había hecho añicos.

Aun no los había visto volver y el carruaje varado frente a la entrada, aumentaba su nerviosismo a cada minuto que pasaba. Las horas en soledad y las ganas de quitarse la vida en su propia época, ni siquiera se le venían a la mente. Y sin darse cuenta, había dejado de pensar en Bankotsu. Aunque todo había sido sustituido por el temor y el pánico. No sabía que sería de ella en aquel lugar en el que no conocía absolutamente a nadie y en que su única comunicación con el exterior, era la doncella.

Llamaron a la puerta y exacto, su única comunicación con el mundo apareció.

—Lord Taishō la espera a cenar —aquella declaración la asombró. Ahora era él quien la invitaba a cenar, al menos era un avance, la noche anterior ella se había ofrecido a cenar con él. Aunque tal vez sólo era para dejarle en claro que estaba prometido.

Se obligó a alejar todos aquellos pensamientos y le asintió a la doncella. A continuación la siguió por el pasillo hasta que la dejó frente a la puerta del comedor, donde unos sirvientes le abrieron las puertas.

El conde se puso de pie en cuanto la vio entrar, pero Kagome sabía que sólo era cortesía. Y por lo poco que sabía de aquella época, tenía que hacer una inclinación tanto a él como a la mujer que estaba a su lado en la mesa.

Levantó la mirada y observó al conde con su traje impecable, luego la dirigió a ella.

¡Santo Dios! Eso no podía ser verdad.

Ahora sin aquel sombrero y con la cara directamente de frente, sin ángulos que le dieran otra forma a su cara, se fijó en que era ella. Sango, si Dios, aquella mujer era su mejor amiga. El pulso se le aceleró ante tal descubrimiento. Tenía ganas de correr y abrazarla. Llorar en sus brazos y reprocharle por haberla dejado sola durante esos tres insoportables días, pero la expresión de la mujer no cambió en cuanto la vio, por lo que le dejó en claro que no la reconocía.

—Sango —murmuró sin poder evitarlo. La mujer enarcó una ceja y luego miró al conde.

—¿Cómo sabes mi nombre? —Kagome supo que había dicho una estupidez.

—Quiero decir, tú debes ser Sango —rayos, parecía tonta—, escuché tu nombre en boca de los sirvientes. A eso me refiero.

—Tendré que tomar ciertas medidas con el personal —sentenció el conde. Sango lo miró sonriente.

—No es para tanto, mejor aún, que bueno que me recuerden. —Kagome tomó asiento frente a Sango y las palabras le calaron. Sin duda era la prometida de Taishō.

—Sango, ella es la mujer de la que te hablé. —Ella le dirigió una mirada cargada de astucia y le sonrió—. Ella es lady Sango.

—Es un gusto, mi nombre es Kagome Higurashi. —Ella le sonrió y le devolvió la mirada asintiendo ligeramente.

—Sesshōmaru dice que has perdido la memoria.

Kagome supo al instante que él creía eso, y por un momento le daba cierta ventaja. Ella podría inventar un nuevo pasado en el que no tuviera a donde ir y tendría que buscar la forma de que no saliera inculpada por el incendio. Se ocuparía de eso más tarde.

Sesshōmaru le explicó a Sango la forma en que la había encontrado en el incendio y eso sorprendió bastante a Kagome, no sabía cómo había llegado a la mansión y saber que él la había salvado de morir la había llenado de pánico.

Si él no la hubiese salvado, ella jamás hubiese llegado a esa época, y pudo haber quedado atrapada en el tiempo sin saber nada, sin que nadie supiese donde estaba. Se planteó la idea de que tal vez en la otra época, la Sango del siglo XXI, la estaría buscando como loca junto con Ayame. O también, quizá había otra Kagome en aquel mundo y había sido botada de su propio cuerpo. Miles de ideas pasaron por su cabeza y el pánico se apoderó de ella al ser consciente de que estaba perdida y nadie la conocía.

Con mayor razón debía buscar protección y ganar tiempo para saber cómo volver, si es que había una forma de volver. Dios la ayudara.

Sango se retiró de la mansión dos horas después, y la dejó sola con el conde en la entrada principal. Ahora que se había ido y que sus temores se atenazaban a su pecho, quedaba una pequeña chispa de esperanza. Al menos ya sabía que aquella mujer no era la prometida del que ahora sabía su nombre de pila: Sesshōmaru.

—Su amiga es muy amable, milord —comentó en cuanto entraron al calor de la mansión. La temperatura de afuera la había calado hasta los huesos. Estaba claro que esa época era muy fría.

—Sí, lo es. La conozco desde que tengo uso de razón. —Kagome no pudo evitar una pizca de envidia. Él conocía a la Sango de aquella época y tenía su aprecio, en cuanto a ella, solo tenía recuerdos de aquella chica.

—Eso es mucho tiempo. —Él la miró y se dejó caer en uno de los muebles de la sala. Tomó una campanilla que había al lado y al instante un lacayo entró trayendo una copa y un botella. Kagome reconoció al instante que era whisky. Su última experiencia con el whisky era muy desagradable. Y no deseaba recordarla, pero tampoco pensaba irse cuando tenía tiempo a solas con Sesshōmaru. Él se sirvió una copa y tragó. Kagome también tragó, pero en seco. Los labios de ese hombre eran tan excitantes que jamás había sentido tal sentimiento por un hombre, ni por el mismo Bankotsu. La presencia que imponía el conde era impresionante.

Él le ofreció un trago y aun sin haber salido de su ensimismamiento asintió. Cuando se dio cuenta de lo que él le había preguntado, era porque ya tenía la copa en sus manos.

—Creía que las damas no bebían. —Espetó él. Y Kagome no lo miró, sólo se dedicó a observar el whisky y luego se lo empinó con valentía. El ardor y la quemazón le abrazaron la garganta.

—De donde yo vengo, las mujeres bebemos si queremos.

—Entonces ya recuerda de donde viene —convino él enarcando una ceja mientras se empinaba otra copa. Kagome sospesó lo que iba a decir por un minuto. Debía decirle que tal vez recordaba algo, y empezar a quitar las sospechas que él tenía sobre ella.

—En realidad me acuerdo perfectamente de mi pasado milord, el hecho es que usted jamás creyó en mi palabra.

—Eso quiere decir que en verdad está loca si cree que le voy a creer que es de Tokio.

—¿Y por qué no? —Replicó ella—. La verdad es que vengo huyendo de mi pasado.

—¿Su pasado? —Ella asintió y el conde se recompuso en el mueble. Cruzó una pierna encima de la otra y puso ambos brazos en los lados del mueble. Era una postura imponente. Pareciese que gritara "mírame, soy guapo", ese pensamiento hizo reír a Kagome. La última vez que había estado frente a un hombre y que lo había visto en la misma postura, había terminado en un hospital con las venas cortadas.

Se miró las muñecas y vio que no había rastro de ningún corte, era extraño que no le hubiesen quedado cicatrices. Sin embargo aún podía recordar con exactitud el dolor que le atravesó el pecho cuando Bankotsu no hizo nada por salvar su compromiso. Escuchó que Sesshōmaru se aclaraba la voz y regresó de sus pensamientos.

—Iba a casarme. —Levantó la mirada y él pareció sorprendido por su declaración.

—¿Y qué pasó? —Pregunto expectante. Kagome le dedicó una sonrisa que muy a su pesar estaba cargada de dolor.

—Pues me fue infiel y tuve que cancelar la boda.

—Eso debió ser duro. Ahora entiendo que hace una señorita de Tokio aquí en Londres, no me cabe duda de que su reputación quedó destrozada después de aquel episodio. —Ella captó la idea. En esa época, si una mujer rompía un compromiso, manchaba su reputación y él tomaba aquello como que ella intentaba escapar de lo que la sociedad decía.

—Algo hay de eso, sin embargo no estoy aquí por huir de mi reputación. La verdad es que no sé qué hago aquí ni como llegue. Un día me desperté y estaba en esta casa. —parte de lo que estaba diciendo era cierto, pero no volvería a insistir en que venia del futuro, ahora entendía que eso le acarrearía problemas.

—Entonces no recuerda qué pasó antes de llegar aquí —ella asintió—. Eso es muy extraño. Tal vez perdió parte de su memoria y en ese lapso está la respuesta que usted y yo necesitamos.

—Sí, aunque si de algo estoy segura, es de que yo no causé el incendio. Se lo juro.

—Debo decir que no confío en usted, pero creo que su sinceridad es real, así que pienso darle tregua.

—Eso sería maravilloso. ¿Podré salir de esa habitación? —Lo miró esperanzada y él resopló, luego asintió y Kagome detuvo sus impulsos por brincar de felicidad.

—Con una condición —Él le clavó la mirada y el corazón se le aceleró en el pecho. Las manos empezaron a sudarle con nerviosismo. Ese hombre tenía unos ojos preciosos que le agitaban la respiración—. Yo la acompañaré en sus recorridos. Debo tomar mis precauciones.

Kagome no objetó nada. Eso era mejor que ir directo de la habitación al comedor y del comedor a la habitación. Además eso le permitiría pasar más tiempo a solas con él y era perfecto.

2.

A la mañana siguiente Kagome despertó con los ruidos de un caballo. Se levantó directo a la ventana y vio a Sesshōmaru discutir algo con uno de sus mozos. Tenía a un caballo agarrado por las cuerdas mientras lo acariciaba con una mano. El mozo hizo una reverencia y dio media vuelta dejando a Sesshōmaru parado junto al caballo.

Kagome no evitó deleitarse con la atlética figura del conde, era sin duda un hombre guapísimo. Tenía los músculos tensados, supuso que por lar horas de trabajo o eso quiso pensar. Tenía la seguridad que no conocía que tuviese otro hombre y mostraba una presencia imperiosa. Ni siquiera se había detenido a pensar que pudiese compararse con Bankotsu. Sesshōmaru le ganaba por mucho. No supo porque tuvo que hacer tal comparación, pero el hecho de saber que había mejores hombres que su ex prometido, la llenaba de regocijo. Entonces se dio cuenta de que era la primera vez que se dirigía a él como ex prometido. Hasta ahora lo había estado pensando como prometido, pero las cosas eran diferentes. Era como si lo estuviese olvidando, o en el mejor de los casos, aceptando que aquello nunca hubiese podido ser.

El corazón le palpito con fuerza, cuando el conde levantó la mirada hasta su ventana y esbozó una gran sonrisa al verla. Santo Dios, parecía que el sol iluminaba aquella mañana. Pero, por un momento tuvo miedo de lo que estaba sintiendo. Era también la primera vez que el conde le regalaba una sonrisa. Y que ella se descontrolaba tanto por ello.

Se obligó a sonreír y regresó al interior. La doncella la ayudó a vestirse y bajó lo más rápido que pudo hasta el recibidor y luego salir a su encuentro.

—Buenos días. —Lo saludó. Él asintió.

—Buenos días, ¿le apetece dar una vuelta por el campo? Ha estado días encerrada y supongo que necesita aire fresco —un nuevo sentimiento se apoderó de ella, pero no le tomó importancia y asintió.

—Por supuesto.

—Muy bien, ¿prefiere un caballo o una calesa? —Kagome sopesó su respuesta. Nunca había montado a un caballo, y no esperaba que él fuese a llevarla en el mismo que él, era demasiado caballeroso para eso. Así que supuso que una calesa estaría mejor.

—Creo que una calesa estaría bien. Nunca he viajado a caballo.

—Lo pensé. —Dijo sonriente y luego ordenó a un mozo que preparara la calesa para partir enseguida.

Cuando éste regresó con el coche y bajó un escaloncito, el conde le tendió una mano para ayudarla a subir. Una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo al sentir las manos de Sesshōmaru, eran tan grandes y masculinas, por un momento se imaginó esas manos sobre su cuerpo y un sonrojo la inundó.

—¿Se siente bien?

—Sí, claro, es solo la emoción —él la miró enarcando una ceja, pero si no le creyó, tampoco se lo dijo y se limitó a subir a su lado en cuanto ella se sentó. Después ordenó al conductor a avanzar.

La calesa se puso en movimiento con unos suaves traqueteos que pronto aumentaron cuando iba colina arriba. Poco a poco la inmensa mansión se fue haciendo más pequeña a la distancia y pronto la naturaleza los rodeó junto con los sonidos de las aves, el viento y los relinchos de los caballos. Los caminos eran angostos y serpenteantes. Cada cuanto se tenía que agarrar del borde de la calesa descapotable, para no irse de lado.

Divisó que Sesshōmaru se reía ante su ingenuidad y falta de práctica en cuanto a esos vehículos.

—Debo pensar que también es la primera vez que viaja en uno de estos —ella asintió—. ¿En serio ninguno? ¿Ni de alquiler?

—De donde vengo no hay de estos coches —él soltó un resoplido y giró la cara hacia la derecha, mirando la vegetación espesa que estaba a su alrededor. Kagome contempló su perfil anguloso. Sin duda todo él estaba hecho para mirarse y admirarse.

—Debe ser un lugar muy pobre, en ese caso —dijo después de un rato de silencio. Ella se vio obligada a girar la cara cuando él la miró.

—Nada de eso, de hecho es una ciudad muy rica, simplemente que el transporte es diferente.

—Entiendo —le dijo él, pero por supuesto que Kagome sabía que no entendía así como tampoco entendía que ella no era de esa época.

La calesa se detuvo en un esplendoroso campo, con grandes árboles alrededor. Reconoció el cedro y unos cuantos arboles majestuosos. Sesshōmaru la ayudó a bajar y de nuevo le tendió la mano, pero esta vez Kagome estaba preparada para el choque eléctrico que la recorrió y no la tomó por sorpresa.

Respiró profundo cuando estuvo abajo y extendió los brazos al viento que le ululaba en el oído. Era una libertad excitante y ella pensaba disfrutarla. El aire limpio de campo, eso era tan hermoso, no se comparaba para nada al smog de la ciudad ni al ruido de las maquinas constructoras. Eso era la madre naturaleza en todo su esplendor.

Continuará…

Bien, creo que por ésta semana cumplí con las actualizaciones pendientes. Están invitadas a pasarse por mis otros fics.

Esclava (Edward/Bella)

Dulce contrato (Sesshomaru/Rin)

Son los que están en proceso.

También agradezco infinitamente sus reviews y a Breen por ayudarme con las correcciones en tan poco tiempo.

iblwe

arely. matamoros. 50

Marlene Vasquez

okita kagura

anii. anii

Sakata-2

Son un amor, mil gracias por sus reviews y espero les haya gustado este capítulo. ¡Nos leemos la próxima actualización!