Capítulo 5: Beso Y Decepción
Hermione
Pasé toda la semana en cama, la típica gripe veraniega arrasó con mi salud entre pañuelos y té de limón acompañada por papá, mamá y mis amigos cando venían a visitarme.
Lo peor de todo fue que me enfermé dos días antes de la Convención Internacional de Medimagia en Barcelona a la que estaba invitada por los contactos del profesor Slughorn, además de perderme importantes charlas de avances en la curación de forúnculos venenosos permanentes y el descubrimiento de alternativas curativas que expondría "él", y cuando me refiero a "él", estoy hablando de Severus Snape.
Ron se había marchado hace unas horas luego de verificar que me encontraba perfectamente y me apresuré a abrir la carta que me llegó esa mañana pero no quise abrir en presencia de nadie porque mis estúpidas reacciones al leer una carta de mi profesor podían levantar sospechas.
Srta Granger:
Espero que se haya recuperado de su improvisto cuadro gripal, me enteré de su percance cuando ya me encontraba en España, cualquier cosa que necesite hágamelo saber.
Si usted lo desea podría comentarle lo acontecido en la convención y algunos detalles de alternativas curativas aunque no hay mucho que no sepa ya, porque el año pasado lo estudiamos.
Espero su respuesta.
SS.
Cualquier cosa que necesite… solo con tenerte cerca me alcanza pensé.
Al cabo de unas horas ya tenía organizada una charla mañana por la tarde en casa del jefe de Slytherin, mis nervios aumentaron, nunca había ido a su casa, y su enorme amabilidad no coordinaba con mi comportamiento aquel fatídico día, ¿tendré que pensar siempre en eso?, la vida era dura, y mi cerebro sacaba a flote mis errores cada vez que me acercaba a mi amado, era tormentoso y difícil de explicar la sensación en mi pecho cuando recordaba las duras palabras que salieron en un estúpido momento colérico.
Ese martes no pude concentrarme en otra cosa más que en el encuentro esa tarde con el profesor, miraba una y otra vez el reloj de pared asegurándome que las horas pasaban y no estaba detenido aunque no parezca así.
Tomé una ducha para calmar mi ansiedad un poco antes de marcharme y luego abrí el armario para desquiciarme al no saber que ponerme.
Si iba formal sería estúpido y él lo tomaría a mal, esto no era una cita y lo tenía marcado a fuego en el pecho, no podía propasarme con Snape, lo pondría incomodo, algo se rompió cuando terminamos y yo tenía en claro que no le merecía, él había confiado en mi y yo no y mi castigo era duro, quizás el mas duro de todos, el amarle sin medida a pensar de todo lo ocurrido.
Me puse unos jeans, mis sandalias favoritas, una blusa marrón y me hice una trenza, estaba lista.
Decidí caminar hasta su casa para calmarme, la tarde estaba por caer cuando toqué el timbre.
No pude evitar sonreír cuando vi su rostro, me invitó a pasar, con curiosidad me giré hacia cada lugar de su nueva casa, la sala era bastante muggle, recordé lo de simular con los vecinos.
-Tiene una casa muy linda profesor- murmuré dándole mi abrigo.
Hizo un mohín, eso me puso alerta, antes no me ponía tan nerviosa molestarlo, es mas, hasta me parecía gracioso pero me recordé que no debía incomodarlo bajo ningún modo.
-Te he dicho que me gustan los adjetivos como "lindo" dirigidos a algo que tenga que ver conmigo y no me digas profesor en vacaciones-hizo una pausa, miró mi cara roja como un tomate-nunca cambies Granger- rió, eso me alivió, por lo menos le pareció cómico, solté una risita nerviosa tratando de disimular mi intranquilidad.
-Lo siento-
-No te preocupes, la verdad necesitaba reírme con algo, esta semana fue realmente insufrible- en el contrato de la publicación del libro tendrían que haber acordado que el autor no tendría que realizar apariciones publicas ni nada que llame demasiado la atención, ni simular que la gente le caía bien, ni omitir comentarios maliciosos sobre lo ridículas o estúpidas que eran las personas que lo rodeaban, así era el y no lo cambiaría por nada.
Era una gran suerte la mía que no me leyera la mente por simple cortesía.
-Siéntate, ¿quieres un té, cerveza de mantequilla, café?- me preguntó caminando hacia uno de los pasillos.
-Un té está bien, gracias-hablé mirando a su lechuza quien me observaba con gesto de ¿nos conocemos?
Severus había ido a la cocina y aproveché para consentir a su ave. Desearía que no haya vuelto tan rápido y no me encontrara acariciando a su animal, aunque las cosas se parecen a su dueño, esta lechuza bastante arisca adoraba que le froten la cabeza con cariño.
-¿Cómo se llama?-pregunté alejando mi mano de la jaula.
-Abraham, me sorprende que no haya tratado arrancarte un dedo-ironizó, yo solo sonreí debido a que volvía a estar tranquilo y eso lo notaba por su humor habitual, me alegraba saber que mi presencia se comportaba como era, sin rodeos y aunque no seamos nada y la confianza se había roto era natural conmigo.
La charla se tornó bastante animada y provechosa, no se guardó los comentarios burlones sobre algunos invitados lo que me hizo reír mucho aunque de vez en cuando fruncí el ceño pero su reacción era solo sonreír.
Era maravilloso tener el don de hacer reír a Severus y daba gracias a Merlín que no se haya perdido toda nuestra complicidad, porque no había otro lugar en donde quiera estar, solo deseaba quedarme ahí eternamente, sentada en su sofá, riendo, permitiéndome ser feliz aunque sea solo un momento al sentir la extraña conexión que me albergaba en su presencia, el pensar que solo estábamos nosotros dos en el mundo y aunque estaba lejos de él, me sentía con mas suerte que nunca.
No pude resistir mirarle con profunda admiración mientras me comentaba sobre sus descubrimientos para mejorar algunos antídotos, seguía igual de relajado porque era normal que pusiera mi cara de ensoñación al escuchar sus palabras de gran sabiduría, era el hombre mas hermoso y culto que conocía y ya me ha visto así varias veces.
Unas horas después, aunque para mi fueron minutos, la noche estrellada se vislumbraba en la ventana y no pude evitar mirar con pesar a la nada, volver a la realidad se me haría difícil.
-Ya es tarde, nunca me di cuenta- dijo Severus analizando mi rostro.
-Así es- murmuré tratando de disimular mi tristeza.
-¿Quieres quedarte a cenar?- ¿estaba soñando?, puse los ojos como platos y sentí como el calor subía una vez mas por mi rostro.
-Claro, me gustaría-asentí tratando de sonar lo mas natural que pude.
Él iba a cocinar para mi, me sumergí en recuerdos sin previo aviso y recordé el día que entré a su pequeña casa junto a su santuario personal en el castillo.
-¿Tu cocinas?-dije con incredulidad.
-Si, recuérdame invitarte alguna vez-se rió.
Y ahora cumplía con lo que me dijo aquel día, solo que en circunstancias diferentes y en una situación diferente.
Volver a la realidad nunca fue tan fácil teniendo la sonrisa de mi amado tan cerca que podía sentir el olor de su perfume.
La cena estuvo deliciosa, tomé un poco de vino de elfo haciéndome sentir mas valiente y menos nerviosa.
Luego de conversar sobre cosas tontas un poco más decidí retirarme a regañadientes.
Severus quiso acompañarme a casa aunque le dije que no era necesario pero sacando su caballerosidad no aceptó un no como respuesta debido a que como él dijo "no te pregunté si te acompañaba, solo dije que iba a acompañarte"
Salimos caminando tranquilamente por la acera pero yo me sentía caminando entre nubes de regreso a casa.
Cruzando la calle del edificio decidí agacharme para apresurar el paso de un pequeño cachorro, sentí una bocina y acto seguido él me empujó hacia la acera, casi me atropelló aquél auto de no ser por…
Ambos estábamos casi recostados en el borde de la vereda, me ayudó a incorporarme un poco para poder sentarme, Severus tenía una rodilla apoyada en el suelo y su cara de preocupación era lo único que podía ver con claridad.
-¿Estas bien?, me asusté mucho-colocó una mano en mi rostro y temblé ante el contacto.
-Estoy…bien-exhalé, me perdí en sus ojos como una tonta.
-Bueno creo que estamos a mano-rió.
Claro, yo le había salvado la vida y el ahora retribuía eso con este acto, pero lo que no sabía era que él era mi vida.
Me acerqué cautelosamente hasta rozar su nariz, abrazando su espalda con anhelo, le miré como pidiendo permiso y sus ojos volvieron a ser los mismos que antes, cuando me veía hermosa, cuando yo en verdad le importaba.
Cerré mis ojos y nuestros labios se fundieron con el calor que recordaba, sus manos se movían avariciosas por mi espalda, una de ellas subió a mi rostro, recorriéndolo con suavidad, como recordando algo que fue suyo y que siempre lo será.
Severus
La amo tanto, no puedo engañarme a mi mismo, esto era lo que necesitaba para recordar el motivo por el cual vivía.
Pasamos un tiempo besándonos con esa ternura que emanaban sus labios, con pereza nos separamos y ella se recostó en mi pecho, donde los latidos de mi corazón no disimulaban el amor que sentía por mi adorada castaña.
Besé su cabello, aspirando su aroma llenando mis pulmones del único aire que necesitaba para vivir, ese aire acompañado por su esencia.
La ayudé a incorporarse pero no soltó mi mano, aferrándose como si fuera un salvavidas.
-Hermione, yo…-dije mirándola sinceramente, mis sentimientos volvieron a salir de la coraza, esto era demasiado peligroso.
-Aún te amo, más que antes-me dijo con una mezcla de afecto y tristeza.
No caería otra vez, ya estaba bastante devastado, lo ocurrido no fue su culpa sino de Beaumont pero no por eso dejó de dolerme su falta de confianza, no permitiría que me destroce otra vez.
-Esto esta mal-susurré tratando de sacar fuerzas.
-Lo siento, de verdad no quise hacerte sentir incomodo-no quería que se sienta humillada, ese beso fue maravilloso.
-Fue un impulso, no es nada grave, solo debemos…olvidar-exhale tratando de calmarme.
-Lo siento-su rostro estaba triste y sus ojos brillantes amenazando con sollozar.
Tomé su mano nuevamente tratando de calmarla.
-No quiero que perdamos contacto, tu eres de las únicas personas con las que en verdad me siento a gusto, sé que podemos manejar esto como adultos-era un idiota, termino suplicándole que no se aleje de mi y es lo único que necesito para caer mas bajo.
-¿Cómo amigos?-frunció el ceño de forma extraña.
-No le pongamos título-murmuré.
La observé cerrar la puerta del edificio maldiciéndome por ser el hombre más idiota del universo.
