Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
VII
Sarada Uchiha
Fue después del tercer pitido que alguien contesto del otro lado de la línea.
–Sí ¿diga?
–Buenas tardes, Akimichi-san es...
–¡Sarada! – exclamó Karui transmitiendo su euforia a través del teléfono en forma de un chillido ensordecedor –. Me entere que estabas enferma ¿Qué tienes, pequeña?
–Un resfriado – dijo sin darle importancia.
–Debe de ser uno muy fuerte para tumbarte en cama.
–No es nada grave.
–¿Desde cuándo estas así?
–Desde hace dos días. Me resfríe luego de entrenar bajo la lluvia.
–¡Qué barbaridad! – sonó de nuevo el chillido de su voz en el auricular –. No debes de ser tan descuidada, Sarada.
–Lo sé – respondió por lo bajo. No había llamado precisamente para recibir un sermón.
–¿Y cómo sigues?
–Un poco mejor –admitió.
–Aun te escucho congestionada – le reprocho en tono desaprobatorio –. Dile a Sakura que tengo unas plantas medicinales estupendas. Cura cualquier resfriado. Las planté hace unos meses en casos como este y no me han fallado nunca. Te harán bien.
Sarada forzó una sonrisa. Esa necesidad de las madres en dar datos sobre plantas exóticas y brebajes de dudosa procedencia trasmitidos entre generaciones no le traía mucha confianza. Es por eso que le agradaban los conceptos prácticos de su madre. Sakura era precisa y concisa, nada de pócimas con colores extravagantes y aromas nauseabundos. Aunque existía la posibilidad de que cayera en la cultura popular de Karui Akimichi, y eso no era una opción que le agradara a su paladar.
–Muchas gracias, Akimichi-san – comenzó Sarada por lo bajo –. Pero no debe preocuparse, ya estoy mejorando con...
–Nada de eso – sentencio Karui demostrando su poderío como madre –. Te lo prepare y veras que dentro de nada te sentirás mucho mejor.
–Pero...
–Insisto. Lo tendré listo hoy y te lo enviare con Chōchō mañana. Ella me dijo que quería quedarse en tu casa para dormir.
Sarada frunció los labios. Las impredecibles auto-invitaciones de su amiga llegaban siempre en los peores momentos.
–¿Estará bien? – dijo en un intento se donar sumisa y evitar la visita de la menor de los Akimichi –. Podría contagiarse.
–Tonterías – bufo ante la excusa –. Ya comencé a hacerlo, esta noche lo tendré listo y mañana te lo podrás tomar.
–Gracias, Akimichi-san – susurro Sarada en forma de derrota.
–Perfecto – concluyo la mujer muy feliz por su poder de convencimiento –. Me imagino que no has llamado para hablar conmigo precisamente ¿O sí?
Sarada rio quedo por mera formalidad antes de escuchar como Karui gritaba a todo pulmón el nombre de su hija. Y en menos de lo que esperaba la voz de Chōchō se apodero del teléfono.
–¿Se puede saber porque no me dijiste nada? – le saludo su amiga desde el otro lado de la línea. Se escuchaba agitada. Probablemente había corrido hasta llegar al teléfono en un acto dramático por afianzar su preocupación.
–Eso mismo te lo digo a ti ¿Cómo es eso que te quedaras mañana?
–Habíamos acordado eso la última vez que hablamos ¿recuerdas? Además, esa no es justificación suficiente para que estés enojada. Yo, en cambio, tengo todo el derecho de estar furiosa ¿Cómo es eso de que estas enferma? Me encontré esta tarde con Mitsuki que venía de una construcción en no-se-dónde y me dijo sobre tu caída ¡¿Cuándo pensabas contármelo?!
–Estabas de misión, Chōchō ¿Qué necesidad había de decírtelo? – pregunto Sarada ocultando un episodio de tos –. Es un simple refriado. No es el fin del mundo.
–Siempre tomándote las cosas a la ligera – le reprendió en el mismo tono que Karui había utilizado. Luego soltó un suspiro –. Fue entrenando bajo la lluvia ¿no? ¿Que querías lograr con eso? ¿Qué te viera Boruto empapada o resfriarte en el intento? Lo que pescaras primero, me imagino.
Una extraña sensación se aglomero en su estómago haciéndola ruborizar ligeramente.
–¿Qué tratas de decir con eso? – bramo alzando la voz más de lo que hubiese querido.
–Nada – respondió con indiferencia fingida.
Sarada tranquilizo su sutil aumento de pulso y disminuyó los decibeles cuando volvió a preguntar.
–¿Qué tal tu misión?
–Un completo fastidio. Nada que valga la pena contar. Estoy segurísima que tu resfriado amoroso fue más entretenido que el escoltar a una anciana florista hasta un pueblo vecino.
Sarada cerró los ojos omitiendo en su cerebro la parte de "resfriado amoroso" y la dejo continuar.
–La señora nos obsequió una Dalia malva a Inojin, a Shikadai y a mí – prosiguió Chōchō –. Al parecer le gusta regalar flores. Ni idea porque lo hizo.
–La Dalia malva significa agradecimiento – le explico Sarada.
–Si quería agradecérmelo debió regalarme una bolsa de papitas.
–La flor también es un lindo obsequio.
–Pero no se come ¿O sí?
–No creo.
–Lastima – murmuro sin sentirse de verdad deprimida por ello –. Del resto todo fue bastante aburrido – prosiguió sin ánimos –, protegiéndonos de la lluvia y todo eso. Tardamos poca más de dos días porque debíamos cuidar a la anciana del frio y la humedad, no queríamos que llegara resfriada – bufo agotada mientras el sonido de una bolsa de papas fritas llegaba hasta los oídos de la menor de los Uchiha –. ¿Sabes? Entre tantos refugios y chozas improvisadas, hubo una noche en que nos resguardamos en aquel lugar en las montañas. Donde buscamos a mi verdadero padre hace unos meses atrás ¿recuerdas?
No tuvo que hacer un gran esfuerzo por hacer memoria. La imagen de Sasuke a punto de degollarla seguía siendo un recuerdo muy vivido en la mente de Sarada.
–Difícil sería olvidarlo – respondió encogiéndose de hombros.
–Fue una suerte que encontráramos a tu papá esa vez ¿verdad? – rememoro Chōchō exponiendo esa habilidad innata de cambiar de tema de conversación con tanta naturalidad.
–Eso creo – respondió en un tono que sonó más a una pregunta qué a una afirmación.
–¡Es tan genial!, además de guapo – asevero su amiga en un suspiro –. Ojala así fuera mi padre.
–¿Lo dices en serio? – se sorprendió Sarada arqueando una ceja. No le importaría que Sasuke fuera feo y torpe con tal de que compartieran más tiempo juntos.
–¡Claro! Todos quieren un papá como el tuyo, Sarada– salto Chōchō insultada por las dudas de su amiga.
–¿Uno que de miedo y que nunca este en casa?
–Eso es lo de menos.
Sarada bufo en desaprobación.
–No te entiendo ¿Qué tiene de malo Akimichi-sama?
–Nada. O todo. Qué se yo – dijo vagamente masticando con rudeza –. Ha estado muy sobreprotector últimamente ¿sabes? El único momento en que no está encima de mí es cuando alguno de los dos estamos de misión. Del resto es sofocante, no me deja ni respirar. En cierta forma te envidio, Sarada. Por lo menos tu padre no te molesta todo el día.
–¿Me envidias? – esta vez era ella la que se sentía ofendida –. ¿Estás mal de la cabeza?
–No te lo tomes tan a pecho – parloteo en un tono amistoso –. Sabes que suelo fantasear mucho.
–Más de lo que se consideraría normal.
–Solo me imagino que sería tener un papá como Uchiha-sama – dijo queriendo sonar inofensiva.
–Nada interesante, eso te lo aseguro.
–Patrañas – vocifero con la boca llena –. A diferencia de ti yo le veo el lado positivo ¿Te imaginas como resaltaría el Sharingan en mi hermosa piel? Admítelo. Luciría despampanante.
Sarada coloco los ojos en blanco. No se sentía a gusta por el supuesto "padre perfecto" que se había creado Chōchō en su cabeza. Era un perfil tan irreal y utópico que comenzaba a rayar en lo absurdo. Pero, antes de poder hacerla cambiar de opinión con poderosos argumentos basados en Sasuke y su terrible interpretación paterna, el sonido de una puerta cerrándose llego hasta su auricular llamando la atención de ambas Genins.
–Oh, hablando del rey de las bolas de arroz – anuncio la menor de los Akimichi en tono desalentado. No alejó el auricular lo suficiente cuando grito –: Bienvenido a casa, papá – la voz de Chouji resonó muy lejana junto a la de Karui y un par de segundos despues Chōchō volvió a hablar –. Papá te manda saludos. Que te mejores pronto y todo eso.
–Salúdalo de mi parte.
–Se lo diré cuando cenemos. Ya sabes, no podemos comer por separado en esta casa – bufo Chōchō expresando sutilmente su incomodidad por compartir la mesa con sus padres –. Todos tenemos que sentarnos en la mesa y compartir "momentos en familia" ¿Ves lo que te digo? Ni respirar.
La imagen de los tres Akimichi alrededor de una mesa, preparados para zamparse una rica comida hecha por la mamá de Chōchō la hizo sentir un deje de nostalgia y envidia, y más aún cuando la escena fue suplantada por la silenciosa mesa de los Uchiha. En ella se retrataba una pequeña Sarada a un lado con los pies guindando sobre la silla, Sakura del otro con esa sonrisa tranquilizadora y maternal, y el puesto de la cabecera que debería estar ocupado por él vacío.
–Suena divertido – expuso Sarada soltando las palabras sin repasarlas antes por su cabeza.
–¿Qué? ¿Comer? Seguro – dijo Chōchō masticando sonoramente.
–Hablo de cenar en familia.
–No sé si es tan divertido – dijo meditando la observación mientras tragaba –. Mamá siempre anda criticando cosas de papá y lo hace precisamente en la mesa. Tal vez porque es el único momento en el día en que estamos todos juntos y aprovecha la oportunidad para saltarle encima con sus quejas infinitas. Él la ignora la mayoría del tiempo y eso la enfurece aún más. Si te soy sincera – añadió en un susurro con miedo a que alguien le escuchara –, hay veces en que pienso que papá solo quiere a mamá porque le llena la panza.
De alguna manera ese último comentario no le gusto para nada a Sarada.
–Que tonterías estas diciendo. Ellos se quieren mucho, Chōchō –objeto con la intención de corregir al menos una cosa de la infinita lista de ideas irracionales que se formaban en la mente de Chōchō Akimichi –. Tendrías que ser ciega para no verlo.
–Lo dices porque no vives con ellos.
–Estas siendo muy dura.
–¿Crees que estoy equivocada?
–No sería la primera vez.
–Digas lo que digas aún tengo mis sospechas.
Sarada dio un resoplido.
–No sé porque dudas de tu padre, Chōchō.
Ella dejo de masticar agregando:
–¿Y porque no?
...
Estaba recostada en la cama viendo un viejo álbum que extrajo del baúl del cuarto de su mamá. En él se exhibían fotos muy antiguas, de hace al menos 20 años atrás. Eran, en general, imágenes muy bonitas y pintorescas, que resaltaban a la vista con gran facilidad aún con sus opacos colores. Pero ninguna llamo su atención tanto como aquella que tenía entre las manos. La halló escondida rudimentariamente entre las páginas, como si no quisiera ser encontrada. Era nada más y nada menos que la primera foto de sus padres de cuando eran Genins. Ambos estaban muy bien acompañados de los que serían en un futuro el Rokudaime y el Nanadaime Hokage, formando un curioso cuarteto que sería reconocido por todos como el legendario equipo 7. Para ese entonces Sakura tenía tan solo 12 años, su cabello era largo y realmente hermoso. Sarada recordó que hubo una época donde su madre lo dejo crecer, cuando ella era muy pequeña, pero de la nada regreso a su típico look argumentando que se sentía más cómoda así. A la izquierda del retrato, y refunfuñando con aspereza, posaba su padre desviando la atención de un muy irritado Naruto. Tenía los labios fruncidos, al igual que el entrecejo, demostrando que su indomable temperamento Uchiha remontaba desde tiempos inmemorables.
Sarada entrecerró los ojos y mantuvo la atención en la enigmática pareja, escudriñándolos severamente, creyendo que así podría sacar la mayor información que aquellos rostros infantiles pudieran ofrecerle.
Le dolía admitir que conocía pobremente a Sasuke. La primera y última vez que recordaba haberlo visto hacía ya dos meses, y poco pudo sacar de su carácter: frio, distante, antipático y orgulloso. Un prospecto para nada prometedor, y aun así ¿Cómo su madre pudo tan siquiera en fijarse en alguien como él? Bueno, viéndolo a simple vista era guapo, muy guapo, pero el resto de sus "cualidades" repudiaban aquel semblante tan apuesto.
Al otro polo, distante y muy contradictorio estaba Sakura. Sensible, amable, alegre y positiva. Solía tener mal carácter y en ciertas ocasiones llevaba las conversaciones a los gritos, pero no por nada era la mujer más dulce que existía en toda la aldea.
Sarada, ante sus deducciones, arrugó la frente con mayor ahínco. Carecía de cualquier sentido el que esos dos Genins fueran sus padres. Eran como el hielo y el fuego. No tenían nada en común, ni antes ni ahora.
Antes de molestarse aún más, sin motivo aparente, una esbelta mujer pelirrosa hizo aparición en la habitación con un nuevo delantal que tenía bordado el símbolo Uchiha sutilmente a nivel del pecho. Usaba el cabello amarrado en una coleta y el rostro brillante por el calor de la cocina.
Sarada desvió la mirada de la foto donde posaba una Sakura inocente y feliz hasta el rostro de la Sakura actual, que ocultaba su cansancio con una sonrisa tranquilizadora y miradas amables.
–Ya la cena esta lista ¿Tienes hambr...?¿Qué sucede? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? – pregunto Sakura acercándose en una zancada hasta Sarada al distinguir la cara de enfado que persistía en el rostro de su hija.
Y ahí estaba, la preocupación hecha persona. Sakura era demasiado buena, tanto que llegaba a ser molesto. Sarada arrugo aún más la frente preguntándose ¿Cómo era posible que su padre no se molestara en pasar la vida entera con alguien como ella?
–Estoy bien, mamá – le tranquilizo.
–¿Segura?
–No se mentir ¿recuerdas?
–Es verdad – se burló la pelirrosa cubriendo su sonrisa con el dorso de la mano. Luego se acercó a su hija y ladeo la cabeza curiosa por saber qué era lo que tenía entre las sabanas – ¿Qué es eso?
–Un álbum de fotos.
–¿Por qué lo sacaste?
–Este...bueno... – tartamudeo insegura.
–¿Sucede algo?
Sarada desvió la mirada hacia otro lado que no fueran los ojos verdes de su madre.
La verdad era que la conversación con Chōchō hace una hora atrás la había dejado inquieta. Su amiga siempre extrapolaba las cosas al punto de formar un melodrama por algo sencillo y fácil de solucionar. Y esa ansiedad sin fundamentos se la había transmitido a Sarada forzándola a escavar en el baúl de cachivaches que tenía su mamá en busca de algo que calmara el nudo en su estómago.
–¿Segura que estas bien? – insistió su madre.
–Si. No es nada – le volvió a calmar sin sonar muy convencida.
La pelirrosa la observo unos instantes antes de asentir.
–Está bien.
Estaba segura que había percibido su mentira, sin embargo Sakura no le obligó a contar lo que pasaba por su mente. No era un trato especial que recibía por ser su hija y, de esa forma, respetar su privacidad. No. Ella hacía eso con todo el mundo, incluso con sus pacientes en el Hospital. En una oportunidad Sarada le pregunto sobre aquello y ella le respondió con benevolencia: "Si es algo que quiere contar, lo dirá eventualmente, y si es algo que prefiere callar es mejor reconfórtalo en su silencio".
Sarada se movió sobre la cama para quedar sentada y tomar los medicamentos debidos. Sakura le ofreció un vaso con agua hasta distinguir un pedazo de papel entre las sabanas.
–Oh ¿Qué tienes allí? – dijo estirando el cuello con gran curiosidad.
Sarada le extendió lentamente la fotografía hasta exponerla por completo sobre la luz de la lámpara de noche.
–Oh, vaya – exclamo Sakura abriendo los ojos desmesuradamente –. Pensé que la había perdido.
Las finas y huesudas manos de su madre tomaron el papel como si se tratara de algo muy delicado. Los jades brillaron en su rostro y esa sonrisa que pocas veces era capaz de presenciar se dibujó en su cara. Alisó las arrugadas puntas de la vieja foto con el pulgar dejando fluir una risilla nostálgica. Sarada sintió una punzada en el pecho al escucharla. Era lindo verla así, tan feliz y risueña, recordando viejas historias de su antiguo equipo y de su vagabundo esposo. Pero esa no era más que una especie de mecanismo de defensa que aplicaba con mucha frecuencia. Una forma de convencerse así misma que estaba bien vivir de las memorias pasadas, volviendo la soledad en costumbre y la felicidad en recuerdos.
–Esto es un pedazo de historia – le explico Sakura –. Naruto y tu padre se estaban pelando por... por... ¡Bah! qué se yo, vivían riñéndose por cualquier cosa cuando eran niños– dejo salir una carcajada por su propio comentario –. Buscare un portarretrato para colocarla. Esto merece un puesto honorable junto a las demás fotografías de la sala – sentencio muy animada. Giro el papel para que Sarada lo detallara mejor junto a una gran sonrisa –. Es una linda foto ¿No crees? Tu padre sale muy apuesto aquí. Algo amargado pero es lo usual en él.
Sarada no bajó la mirada. Seguía observando a Sakura de la misma manera que lo hacía cuando estudiaba la foto minutos antes, con el fin de encontrar las respuestas que tanto quería conseguir.
–Mamá – dijo sin pensar mucho en lo que decía – ¿Te puedo hacer una pregunta?
–Claro. La que quieres – le aseguró con las manos entretenidas en la vieja foto.
–¿Cómo papá se enamoró de ti?
Sakura parpadeo con los labios ligeramente abiertos y desvío la vista de su antiguo equipo 7 hacia la niña sentada a su lado.
–¿Qué dices?
–¿Cómo lo hizo – insistió –, como llego a quererte?
La sangre fluyo hasta las mejillas de la pelirrosa incendiándolas como una flameante fogata.
–¡¿D-De qué locura estás hablando?! – grito perturbada pero no duro mucho pues en menos de unos segundos entrecerró los ojos comprendiendo a su manera el tras fondo de las palabras de su hija –. No me digas que estas dudando de tu padre. Otra vez.
–No es eso – se adelantó a decir Sarada sin sonar muy segura. Luego cambio de posición sobre la cama para demostrarse más firme y determinada –. Mira, ponte en mi posición. Crecí con un padre que vivía tras los portarretratos y de regalos improvisados, lo que hizo volar mi imaginación. Fantaseaba todo el tiempo de cómo era, si pensaba en nosotras... si nos quería.
Calló en espera de la respuesta de Sakura, pero ella, en cambio, guardo silencio. Seguía observándola detalladamente, apremiándola para que continuara. Sarada trago en seco obligando a su pecho controlar una oleada de tos que se avecinaba.
–Hace menos de dos meses que lo conocí – increpo moviendo los brazos para ser más enfática –. No me malinterpretes, él es genial, fantástico, pero...
–No es todo lo que alguna vez imaginaste – le interrumpió la pelirrosa sin cambiar la expresión de su cara.
Sarada bajo la mirada jugando con sus dedos.
–Es muy... distante – murmuro – ¿siempre ha sido así?
Esa fue una pregunta filosa que cayó sobre el pecho de Sakura como una estaca de madera. Sarada se lamentó por aquello y en un intento vago por arreglar la tensión del momento dijo:
–Cuéntame otra historia.
–Claro que no – aulló Sakura reincorporándose con fuerzas renovadas –. No dormiste lo suficiente, debes descansar.
–Me siento bien – no era del toda mentira, respiraba mejor y el mantenerse sentada no era un trabajo tan arduo. Se encogió de hombros al tiempo en que seguía tanteando sus dedos –. Solo quiero conocer más sobre papá... ya sabes...
Quería darle el beneficio de la duda, no juzgarlo antes de tiempo y generar una nueva imagen más vivida y real de Sasuke Uchiha. Quien sabe, tal vez la fantasía Chōchō fuera más real que ficticia.
Su madre cerró los ojos soltando un suspiro de derrota.
–¿Cuál historia quieres escuchar?
Los ojos de Sarada se iluminaron de emoción.
–¡Hay tantas! – exclamo sin poder ocultar su excitación – ¿Por qué no continuas donde nos quedamos anoche?
–¿Después de nuestro viaje al país de la Cascada?
–¡Si! ¿Qué sucedió?
La pelirrosa toco sus labios con el índice rebuscando en los recuerdos de hace más de 12 años atrás.
–Fue el tiempo en que ayude a regenerarle su brazo izquierdo – concluyo satisfecha.
–¿Papá no tenía un brazo?
–Lo perdió en una pelea con Naruto.
–¡¿Con Hokage-sama?! – eso no lo veía venir – ¿Cómo fue? ¿Cuándo paso?
–Una historia a la vez, Sarada – se burló Sakura acurrucándose al lado de su hija.
Día 56
La caída de las hojas fue suplantada por los copos de nieve que anunciaron la llegada del invierno hace más de tres semanas atrás. El frio llegaba a ser insoportable cada vez que se adentraban más y más hacia el norte. Sakura no estaba acostumbrada a tal nivel de ventiscas glaciales. Tiritaba la mayor parte del tiempo y la punta de su nariz resolvió tornarse de un permanente rosado al igual que sus mejillas.
Al principio no le molestaba. Disfrutaba de la nieve y los escenarios que ésta les ofrecía. Pero ahora estaba asqueada, al punto de amargarse cada vez que terminaba empapada de pies a cabeza luego de terminar un extenuante día sin pistas ni señales de su supuesta prófuga.
Según los detalles expuestos en la carta del Kakashi-sensei, su deber era encontrar a Yūhi, una ninja exiliada de Konoha que estaba haciendo estragos entre pueblos y aldeas vecinas amenazando a los ciudadanos sobre arrebatarle "lo más preciado para ellos". En pocas palabras: una ladronzuela más con esa extraña manía de alterar el orden y la paz de las cinco naciones. Nada fuera de lo normal. Incluso sonaba a un trabajo sencillo, practico. Buscar, encontrar, encarcelar. Tres pasos básicos y fáciles de recordar. Sin embargo el destino quería dejarle las cosas difíciles, pues llevaban juntos en aquella misión por más de un meses y estaban en la misma situación de hace treinta días atrás.
Nada.
De la poca información que les facilitaron los de inteligencia exponía que Yūhi abandono los límites del país del Fuego hace varias semanas atrás, en dirección norte, hacía el país de la Tierra, escapando de las garras de la justicia. Por tal motivo la tarea de Sasuke y Sakura era atraparla y llevarla de regreso a Konoha donde pagaría por sus crimines. El único inconveniente era que el territorio donde le buscaban era tan basto que cubrir toda la zona en poco tiempo era una tarea que rayaba en lo imposible.
Pasaron por infinidades de pueblos, desde los más transitados hasta los ínfimos e increíblemente pequeños, de esos que ni siquiera figuraban en el mapa, sin obtener información alguna. La última semana, en cambio, anduvieron por el bosque en dirección noreste sin encontrarse con otro ser vivo más que unos cuantos ciervos, conejos y lobos.
Para ese entonces el frio le calaba hasta los huesos conforme avanzaban y las ventiscas se tornaron más intensas impidiéndoles el paso, pero nada de eso detenía la marcha del muy decidió Uchiha.
Caminaba un par de pasos por delante, dejando la marca de sus pisadas como un sendero blanquecino frente a Sakura. Nunca viajaban uno al lado del otro, él siempre iba al frente, como queriendo remarcar el título de macho alfa o dejar en claro su omnipotencia. A la pelirrosa no le molestaba quedar en la retaguardia haciendo el papel de un innecesario guardaespaldas, porque desde ese puesto podía verle caminar, algo que le traía confianza y seguridad. A pesar de todo el tiempo que llevaban juntos temía que en algún momento escapara sin dejar rastro. Por tal motivo el seguir sus pisadas le dejaba una sensación de calma interior.
Ya era pasada las cuatro de la tarde cuando Sakura levanto la mirada al cielo. Las nubes se habían cernido sobre ellos en una alarmante señal de tormenta. No era un gran cumulo. Era casi una especie de neblina incipiente, acompañada por brisas que agitaban la cumbre de los pinos liberando su olor dulzón característico. Los excursionistas inexpertos no sabrían verlo, pero ella ya había aprendido sobre el clima del país de la Tierra y el incremento progresivo del sonido que hacían las hojas de los arboles zarandeándose en las alturas era mucho más que una simple señal. Era un grito de advertencia.
Aun con el aviso de tempestad sobre sus cabezas mantenían la misma velocidad de marcha. Lento pero constante, igual que el viaje de aquel día. Igual que todos los días. La única diferencia que existía esa tarde en comparación a las demás era el silencio sepulcral. Normalmente Sakura se esforzaba en mantener conversaciones que sobrepasaran los monosílabos del pelinegro, pero era un trabajo casi extenuante. Sasuke esquivaba con una habilidad envidiable cualquier tema relacionado a sus tres años post-guerra y, con mayor elocuencia, los años como desertor de Konoha. Tal vez eran historias que no serían gratas recordar o peor, escuchar, y presionarlo para que dijera cosas que no se sentía a gusto en contar no era la mejor opción para una plática matutina. Así pues cuando despertaron aquella mañana se dijo así misma que dejaría que todo siguiera el lento ritmo del silente Sasuke Uchiha.
–Pronto llegaremos al pueblo – anuncio el pelinegro en un tono de voz ronco por el frio.
Era la primera vez que hablaba desde el almuerzo. Sakura se sobresaltó al escuchar su profunda voz y le dio gracias al cielo que él siguiera de espaldas. No le agradaba que Sasuke notara lo nerviosa que se ponía cada vez que se dirigía a ella. Podía haber pasado un mes pero aún no se acostumbraba del todo a su presencia.
–La tormenta llegara dentro de poco – continuo Sasuke sin darse la vuelta para verla –, debemos buscar un refugio más seguro que una cueva.
Estaba de acuerdo con ello. Las últimas semanas habían sido terribles. No recordaba cuando fue la última vez que había dormido toda la noche. Últimamente estaba sufriendo de un insomnio que ya se había tornado en un problema agudo que atentaba severamente con su estado de salud. Bostezaba la mayoría del tiempo, el cansancio era inevitable y las bolsitas bajo los ojos se acentuaban cada día más. Llego a la conclusión de que, en realidad, estaba más oxidada de lo que pensaba. Se tomó muy a la ligera esa misión, no midió las consecuencias de estar en la intemperie ni los efectos que esto podía acarrear. Desconocía si Sasuke estaba al tanto de su trastorno del sueño, pero algo debía sospechar, porque, cuando llegaba la noche, sentía una ansiedad tremenda que le era difícil ocultar.
No tardaron mucho en alcanzar un gran arco de madera lleno de nieve que daba la bienvenida a un pueblo llamado "Gan'u", que significa "Lluvia de rocas". Un nombre muy adecuado, sobre todo porque el lugar estaba amurallado por una montaña empinada y rocosa, cubierta en un manto blanquecino por el invierno, formando una especia de valle impenetrable.
A pesar del frio y la amenaza de tormenta había muchas personas entre las calles charlando por doquier. Sakura se sintió extraña entre tanta multitud, demasiado aturdida. Había pasado tanto tiempo a solas junto a Sasuke y los animales del bosque que empezaba a olvidar como era estar en una villa llena de personas. Por instinto se acercó al Uchiha hasta quedar justo a su lado, esta vez no le daría el gusto de dejarla atrás. Sasuke no dio respuesta ante su acercamiento y continuaron el camino entre los pueblerinos.
La posada que escogieron era la más alejada del centro de la ciudad. No había mucho movimiento por aquellas calles cosa que tranquilizo mucho a la pelirrosa. Se sentía como un conejo salvaje, cualquier ruido llamaba su atención y todo lo que se movía le parecía sospechoso.
–¡Bienvenidos a la posada del guerrero! – chillo la recepcionista de cabello azabache con demasiado entusiasmo, trayéndole a Sakura recuerdos de un rubio enérgico de Konoha – ¿En qué podemos servirles?
–Queremos una habitación – ordeno Sasuke tajantemente.
Sakura se removió incomoda a su lado. ¿Una habitación? Tenían dinero de sobra para costear dos servicios. Había dormido ciento de veces con Sasuke en la intemperie pero jamás limitado entre cuatro paredes. Un pequeño hormigueo llego a su pecho alertándola de un inminente sonrojo en sus mejillas.
La recepcionista tras el mostrador estudio a la pareja sin importarle la hostilidad que emanaba su cliente.
–¿Recién casados? – asumió la mujer.
Aquella pregunta no mejoro de ninguna manera los nervios de Sakura. Sasuke, por su parte, se mantenía impertérrito al punto de considerarse una estatua de mármol. Pulcro e inmaculado.
–Vienen con frecuencia parejas de recién casados a pasar su luna de miel por acá – continuo la recepcionista agitando una pluma en su mano derecha – ¡Nos encanta recibirlos! Podemos ofrecerles una visita dirigida a varios sitios turísticos de la región, aguas termales, excursiones en las montañas ¡Lo que ustedes gusten! Tenemos paquetes muy accesibles.
–Estamos bien así – concluyo Sasuke a secas determinado a culminar el infinito monologo de ofertas que debía tener preparado.
Por lo visto la mujer no se había fijado aún en la fisonomía de Sasuke –entre tantas capas, la venda que le rodeaba la cabeza y el cabello exageradamente largo era difícil apreciar su rostro –, pero cuando lo hizo se dirigió a la pelirrosa y sin ningún ápice de decencia añadió:
–Su esposo es muy apuesto – le guiño el ojo obligándola a sonrojarse deliberadamente –. Tiene usted mucha suerte.
Sakura determino que la farsa no podía llegar más lejos. No quería crear malos entendidos y mucho menos si Sasuke estaba involucrado en ello.
–N-no... Nosotros...
–¿Tiene la habitación o no? – dijo Sasuke interrumpido el intento fallido de Sakura por aclarar su estado civil.
La pelinegra soltó un bufido decepcionada por no llevar suficiente información para el posible cotilleo con sus compañeras de trabajo.
–Primero necesito sus datos.
–Sasuke Uchiha – respondió el joven fastidiado.
–Sakura Ha... – pero se detuvo mordiéndose la lengua –. Uchiha, Sa-Sakura Uchiha.
La pelirrosa ocultó la mitad de su rostro en la bufanda que tenía enrollada en el cuello, avergonzada por lo que sus labios habían pronunciado. Nunca antes había pensado utilizar su apellido, tal vez de pequeña como un juego infantil entre sus amigas de la academia, pero no ahora cuando las cosas eran tan diferentes. Había madurado y sentado cabeza. Las fantasías de su niñez no nublarían su juicio, pero aun con todo eso debía admitir que se escuchaba bien, muy bien.
Por culpa de sus volátiles pensamientos se enrojeció deliberadamente obligándose a escarbar aún más entre la bufanda, hasta dejar al descubierto solo sus ojos con tal de esconder la mayoría de su rostro apenado.
–¿Estas bien? – menciono Sasuke a su lado.
Sakura abrió los ojos y hundió más la cara entre su escondite improvisado. Poso la mirada primero en él y luego en la distancia que los separaba. Sus brazos casi se rozaban y la cercanía de su cuerpo incremento su agitación a niveles incalculables.
–E-estoy bien – aseguro Sakura dando un paso hacia un lado con la intención de dejar un espacio juicioso entre ambos.
Sasuke guardo silencio sin quitar la vista de la pelirrosa, hasta que la enérgica voz de la recepcionista volvió a hacer eco en la sala forzando a los dos a retornar su atención hacia la mujer.
–Si los señores Uchiha necesitan algo más no duden en preguntar. Aquí en la posada del guerrero estamos para serviles – cotorreo en una frase pre ensayada e indudablemente falsa. Busco en los cajones a su espalda extrayendo una pequeña llave que le extendió al pelinegro –.Tenga. Tercer piso, habitación 307.
Sasuke, haciendo demostración de su poca caballerosidad, le arrebato las llaves a la recepcionista no sin antes dedicarle una mirada que congelo a la mujer tras el mostrador. Se alejó de la recepción moviendo con gracia su capa humedecida por la nieve sin importar la expresión de terror que se dibujaba en ella.
Sakura hizo una reverencia en señal de disculpa ante el tosco trato de su supuesto "marido".
–Perdone– le dijo.
–No hay problema – le tranquilizo con un movimiento de su mano derecha –. Recibimos clientes así todo el tiempo.
–Sakura – le llamo Sasuke apremiándola desde las escaleras para que le siguiera, utilizando un tono que podía considerarse amenazador.
–¡Voy...! – por un momento se detuvo a pensar si debía agregar un apodo tierno, algo como "cariño" o "dulzura". El solo hecho de pronunciarlo en su mente le causo una especie de carcajadas nerviosas que contuvo con todas sus fuerzas. Si alguna vez se atrevía a pronunciar alguno de aquellos apelativos en voz alta se convertiría en otra víctima de Magenkyou Sharingan de su "amado esposo".
Atravesaron la puerta que estaba al final del pasillo del tercer piso. El cuarto no era tan grande pero si lo suficientemente cómodo para los dos. Tenía lo básico, un baño en la esquina, una TV nueva, un par de sillas, un diván bajo la ventana, una pequeña nevera y por su puesto, la intimidante cama matrimonial que ocupaba casi la mitad del recinto. Sasuke cerró la puerta tras ella y se quitó la capa negra de un solo golpe. Sakura le imito en silencio.
–Puedes usar el baño primero – señalo el pelinegro.
–Acomodare las cosas del viaje – dijo sin querer verle a los ojos –. Ve tú.
Sasuke le observo unos segundos antes de atravesar la habitación hasta la puerta del otro lado cerrándola desde dentro.
Sakura soltó todo el aire que tenía en los pulmones y se mantuvo ocupada controlando su imaginación desbocada cuando el sonido de la regadera que atravesaba la puerta llego hasta sus oídos. Subió la calefacción al máximo, se despojó de los sin fin de abrigos humedecidos que cargaba encima y los lanzo al cesto de ropa sucia junto a la vieja capa de Sasuke. Corrió las cortinas vislumbrando los techos blanquecinos de las residencias contiguas. Acomodo su bolsa del viaje al menos tres veces, asegurándose de que todo estaba en orden y, al mismo tiempo, buscar una excusa para mantenerse en movimiento.
Todo lo estaba haciendo de manera antinatural, como una especie de robot. No hallaba en que enfocar su atención. No sabía si Sasuke estaba tardando mucho o el tiempo se ralentizó con la intención de torturarla. Necesitaba tener algo entre las manos para apaciguar sus nervios irracionales. Buscó lo necesario para su turno en el baño oscilando su atención entre el embace de crema humectante que balanceaba de un lado a otro y la inmensa cama matrimonial que le devolvía una mirada instigadora.
Se mentiría así misma si dijera que no estaba nerviosa, porque lo estaba, y mucho. Antes de comenzar la misión tuvo una sesión de terapia consigo misma puntualizando tres reglas precisas y concisas que la mantendrían lucida durante la larga misión con Sasuke. La primera de todas era: Nunca ser un estorbo. Este principio quedaba implícito para una buena relación con alguien tan estricto como el pelinegro. Luego estaba: Mantener su dignidad intacta. No se rebajaría a humillarse como lo hacía antes, esta vez conservaría la frente en alto. Y por último pero no menos importantes: Jamás, por ningún motivo, terminar enamorada perdidamente de Sasuke Uchiha. Esta era su regla de oro, la más sangrada y la más difícil de mantener.
El sonido de la puerta al abrirse la hizo escapar de sus pensamientos. A pocos metros de ella estaba el hombre de sus pensamientos, vestido únicamente con un simple pantalón negro hasta la mitad de la pierna, sin dejar mucho a la imaginación. Del cabello azabache caían rebeldes gotas que resbalaban por su torso desnudo haciendo camino entre la línea de sus marcados músculos y de las viejas heridas de sus batallas pasadas.
Sin pensarlo la mirada de Sakura se desvió al muñón del brazo izquierdo de Sasuke, donde la cicatriz de la batalla contra Naruto había dejado una huella imborrable en su cuerpo. Para ese entonces era costumbre verlo sin uno de sus miembros pero eso no quería decir que le agradaba observar el vacío que debería ocupar la extremidad faltante.
Debió de estar mucho rato en silencio porque Sasuke arrugo el entrecejo y gruño por lo bajo.
–¿Sucede algo?
Sakura dio un saltito de asombro aprisionando contra el pecho las cosas que llevaba consigo.
–¡N-nada! Tomaré un baño también.
Camino hasta la habitación contigua ocultando su rostro en los mechones rosa, pero antes de cerrar la puerta la voz de Sasuke regreso como una neblina helada.
–Si te incomoda estar en esta situación, tendrás que soportarlo – inquirió el pelinegro sin hacerle frente –. Es un pueblo muy clasista y formal, no levantaremos sospechas si nos hacemos pasar por una pareja. Será lo mejor para la misión.
Sakura estrujó aún más las cosas contra su pecho. La preocupación que cargaba encima no estaba del todo asociada a su falso matrimonio con Sasuke, la realidad que le mortificaba era el pasado que él arrastraba como una sombra, una sombra que lo hundía sin que ella pudiera retenerlo. Esa era la verdadera situación que no podía soportar.
–Está bien, Sasuke-kun – dijo por fin utilizando una voz demasiado monótona.
–Aún no ha anochecido – índico el Uchiha viendo la ventana de la habitación que daba al pueblo –. Podemos recolectar algo de información por los alrededores mientras cenamos.
–Suena a un plan – respondió, esta vez con un falso animo en sus palabras.
Después de arreglarse salieron de la posada en busca de un lugar para comer. El momento en que llegaron a Gan'u Sakura no reparo en la belleza de la ciudad. Todo estaba bellamente adornado de la manera más tradicional que podía existir. Más de una mujer desfilaban por las calles con hermosas yukatas y los hombres que les acompañaban mostraban ser gente honorable y de sumo respeto. Sasuke tenía razón, aquel lugar se regía estrictamente bajo las doctrinas y tradiciones más formales de todo el país de la Tierra, se veía reflejado desde el caminar pomposo de las personas hasta las guirnaldas que engalanaban el restaurant en donde se detuvieron a cenar.
Sakura se sintió incomoda una vez entraron al recinto. Estaba utilizando su típico vestuario de invierno que hacia un desagradable contraste con aquel ambiente tan recatado. Busco la peor mesa, una escondida entre un biombo y la puerta de la cocina para evitar ser víctimas de los cotilleos. Tomaron asiento sobre el cálido tatami al tiempo en que una mesera voló hasta ellos en un parpadeo.
–¡Bienvenidos! – Exclamo la mujer arreglándose inconscientemente el moño de su rubio cabello. Tenía un aire que le resultaba familiar y más aún cuando se inclinó sobre Sasuke para que este enfocara su atención en ella –. Les facilitare la carta. La especialidad de la casa es el pastel de arroz de roca ¿Desean alguna entrada?
Antes de responder Sasuke levanto la mirada hacia Sakura esperando su contestación, esta negó con la cabeza. Un hormigueo le recorrió la espalda mientras el Uchiha le daba algunas indicaciones a la camarera antes de que esta se retirara dando una reverencia demasiado ceremonial. Estaba segura de que Sasuke persistiría en su habito por ignorarla, pero algo tan pequeño como esperar su opinión sobre la comida la hizo retornar a sus años como Genins.
–Aun tienes esa extraña fascinación por los tomates – advirtió Sakura al escuchar el pedido de Sasuke.
–Hmp.
Quiso preguntarle algo casual, algo como ¿Cuáles eran sus comidas durante sus años de viaje? ¿Se alimentaba bien? ¿Le era difícil cazar con un solo brazo? Pero todo aquello quedo atorado en su garganta pues sabía que ninguna de esas preguntas seria respondidas de buena manera. En cambio le dedico una sonrisa dulce.
–Iré al tocador – dijo en señal de que buscaría información sobre la tal Yūhi. Sasuke asintió con la cabeza y la observo retirarse en dirección al baño.
Sakura utilizo las técnicas básicas que alguna vez le enseñaron en la academia para buscar pista sobre el paradero de la famosa prófuga, tales como inocentes conversación con un hombre que servía licor o entrometiéndose en la charla de los demás agudizando el oído. Pero no había conseguido más que cientos de miradas que desaprobaban su vestuario y tropezarse estúpidamente con un mesonero. Determino entonces que la mujer, en aquel pueblo, no era más que un nombre curioso y desprovisto de significado.
Regreso antes de levantar demasiadas sospechas sobre su ausencia. Salió de la puerta del baño retocándose el poco maquillaje que usaba. Sakura no era el tipo de mujer que vive de un pintalabios y un espejo de bolsillo, y menos cuando estaba de misión. Aunque, esta vez, la situación lo ameritaba. Las ojeras bajo sus ojos eran ahora tatuajes negruzcos que daban un muy mal aspecto sobre la tés pálida, y más cuando se acompañaba de la nariz roja y las mejillas coloradas. Parecía enferma y desahuciada, y el maquillaje de cierta forma retocaba lo necesario para lucir más viva y menos cadavérica.
Cruzo la esquina medio ausente antes de detenerse en seco para presenciar la curiosa escena que se desarrollaba en su mesa. La mesera que les atendía brillaba con un sonrojo demasiado evidente e, inclinada con elegancia, escuchaba detenidamente lo que Sasuke le estaba diciendo.
Sakura les observo anonadada. El pelinegro podría estar usando el traje más pordiosero de las cinco naciones y aun así la elegancia Uchiha opacaría cualquier indicio de indigencia y la mesonera había caído en sus encantos. Sakura estaba segura de que Sasuke no estaba coqueteando con ella, él ni siquiera debía saber el significado de esa palabra, con su fisonomía no había necesidad de usar palabras extravagantes o frases poéticas, pero un deje de incomodidad llego hasta ella obligándola a avanzar por inercia hasta donde ellos estaban.
Cuando se hubo sentado la mujer se alertó, retomo su pose ceremonial y se retiró sin dedicarle una mirada de reojo a la recién llegada.
–¿Has encontrado algo? – pregunto Sakura queriendo sonar casual aunque un destello de hostilidad atravesó sus palabras. Sasuke negó con la cabeza tomando los palillos preparado para comer sus amados tomates –. Tampoco yo. Al parecer Yūhi no ha llegado a esta región.
–Lo pongo en duda.
Sakura hizo una mueca.
–No creo que encontremos algo más – insistió –.Es poco probable que hallemos pistas aquí. Es una ciudad muy tranquila.
–Todo lo contrario – se adelantó a decir Sasuke comiendo parsimoniosamente –. Al ser un pueblo tan decoroso es el punto de reunión clave para gente como ella. El pasar desapercibidos es un beneficio importante.
Sakura no estaba acostumbrada a misiones de infiltración ni mucho menos de espías por lo que no era muy diestra en el tema. Aun así estaba convencida que ese pueblo no tenía nada que ocultar y se lo probaría a Sasuke.
–Hable con el dueño de una tienda de víveres y un mesonero del lugar – ratificó la pelirrosa con firmeza –; ambos afirman no haber tenido problemas con ladrones o ataques desde hace meses.
Sasuke bajo los palillos y le dedico una mirada penetrante.
–Dijiste que no habías encontrado información – rememoro irritado.
–Eso dije – dijo en él mismo tono que él uso.
–Ningún pueblo es libre de la amenazas de ladrones, Sakura – sentencio con el ceño fruncido –, ni siquiera Gan'u
Sakura abrió de nuevo los labios para reprocharle pero se contuvo y agacho la cabeza avergonzada. Era evidente ¿Cómo no lo había notado? ¿Su inteligencia deductiva iba empeorando conforme pasaba el tiempo o estaba demasiado distraída y cansada para ver lo obvio? Sasuke soltó un ligero bufido casi imperceptible antes de agregar.
–Por hoy no podemos hacer más nada. Termina de comer, mañana continuaremos.
–Si – murmuro abrumada.
Cenaron en silencio pues Sakura no tenía ánimos de hablar y Sasuke no era muy dado a sacar conversación por sí mismo. Al salir del restaurant la ventisca se apaciguaron considerablemente, disminuyendo así las probabilidades de tormenta. Atravesaron el pueblo atentos a cualquier señal que les sería de ayuda para atrapar Yūhi, pero todo seguía igual, demasiado orden y paz, tanto que llegaba a ser muy extraño.
Subieron las escaleras de la posada y llegaron a la habitación. Sakura seguía absorta en sus pensamientos, casi en trance, por tal motivo se alteró cuando Sasuke llamo su atención.
–¿Te encuentras bien? – pregunto después de cambiarse de ropa preparado para dormir.
–¿Por qué lo preguntas? – dijo sin comprender.
–Algo no está bien.
–¿De qué hablas?
–Has actuado muy extraño últimamente.
–¿Actuar extraño?
Por lo visto Sasuke comenzaba a exasperarse que le respondiera cada vez con una pregunta pues lo siguiente que dijo lo soltó como un gruñido.
–No has hablado en todo el camino hasta el pueblo, además no sueles dejar pasar algo tan sospechoso así sin más.
–Oh...eso – no había caído en cuenta que su comportamiento actual era impropio en ella cosa que el Uchiha no pasaba por alto. Primero que nada su inmortal silencio, pasando por su distanciamiento exagerado y ahora la estúpidas deducciones de un "pueblo perfecto". Sakura se encogió de hombros pretendiendo lucir indiferente –. No es nada. Tal vez sea la falta de sueño, no he dormido bien últimamente.
Sasuke no se movió ni un poco de aquella posición estoica, esperaba una explicación y la quería ahora.
–Dime la verdad – le ordeno.
–No te estoy mintiendo.
–Dices verdades a medias, es una forma elegante de mentir.
–Pero...
–Solo dilo – sentencio sin un estivo de paciencia.
Sakura bajo la mirada en buscando de un punto en donde desviar su atención.
–Creo que a te incomoda que hable demasiado – confeso jugando con las manos –. Ya es suficiente con interponerme en tu viaje. No quiero ser una carga, ni mucho menos...
Estuvo a punto de decir la palabra tabú que ambos recordaban, la palabra que él pronuncio antes de partir en busca de su venganza. El Uchiha tenso la mandíbula tenuemente, tal vez quería decirle algo, probablemente un sutil insulto, era difícil descifrar la enigmática cara de Sasuke. Antes de que Sakura pudiera inventarse otra posible respuesta, el pelinegro dio media vuelta y se dispuso a arreglar el diván que daba a la ventana.
–Puedes dormir en la cama – dijo por fin, preparando el lecho que ocuparía aquella noche –. Descansaras mejor.
Sakura asintió incomoda y termino de arreglarse a paso lento.
Después de media hora apagaron las luces y lo único que se podía oír era la briza invernal tras la ventana. No le gustaba la noche ni la oscuridad. Eso solo le recordaba que no descansaría por su terrible insomnio. Otra vez.
Se acurruco bajo las suaves sabanas sin quitar la vista de la espalda del pelinegro unos metros más allá. Ya le era costumbre verle desde esa perspectiva, era su ritual antes de "dormir". Le gustaba verlo respirar suavemente, como su espalda subía y baja emanando serenidad. Era lindo observarlo de esa manera, podía pasar fácilmente por un muchacho indefenso, sin ninguna chispa de maldad surcando sus venas y de alguna manera quería creer que así fuera.
–Está bien que hables – susurro Sasuke llamando su atención –, no tengo problemas con eso.
Sakura parpadeo incrédula antes de soltar una sonrisa. Era como un pequeño niño orgulloso y egocéntrico con un atisbo de amabilidad que no le agradaba mostrar. Se abrigo aún más con las sabanas. La ansiedad que le generaba la noche desapareció como por arte de magia. Volvió a reír bajito y cerrando los ojos murmuro:
–Buenas noches, Sasuke-kun.
N/A: ¡Un enorme saludo a todos! :D Espero que estén súper bien.
No tengo forma de agradecerles el apoyo y los ánimos. Gracias a ustedes es que esta historia existe y continúa ¡Son de verdad increíbles! \o/
Bueno, he aquí el 7mo capitulo. Haré unas aclaratorias rapidito antes de despedirme: 1. Si. Sasuke tiene los dos brazos porque no soporto ver la manga izquierda de su camisa volar por los aires xD en los siguientes capítulos se explicara más este punto. 2. El segundo OC: es Yūhi. Ese es el apellido de Kurenai por lo que es parte de su clan. No tendrá una historia tan dramática como la de Akaoshi pero es igual de importante (éste probablemente será el penúltimo OC, disculpen a aquellos que no les agrada la idea ;w;) 3. Bueno, creo que algunos pensaran "Acá veo un patrón" Sarada le pregunta a Sakura sobre una historia, ella se la cuenta y se repite el ciclo. Bueno, esto solo será por estos capítulos, el resto de la historia continuara de manera un poco más distinta (ya verán hehe :D) 4. Lamento si los capítulos están saliendo muy largos y son algo cansones. Últimamente me ha dado por escribir de más
Ahora sí me despido ofreciéndoles toda mi gratitud a: tatutu, UchihaAlex17, Akime Maxwell, Nekatniss, Yume no Kaze, Amy-Light95, nereida luna, DanySS, Haruno Ayumi, Yukipab, Vanne R, Andrymchan, flor de cerezo por sus comentarios y a todos los que dejan un follow, un fav y los que siguen el fic fielmente todas las semanas ¡Mil gracias! Cuídense muchísimo, nos leemos.
Bye Bye! :3
