Hello Everybody!

¿Cómo están? Yo, un poco agotada porque tengo muchas tareas por terminar, jejeje XD. Bueno, como les mencionó en la actualización anterior, aquí subiendo más capítulos.

Quiero agradecer formalmente a Katy Hatake por leer y comentar Hold Me Tight Konna Omoi Nara, me alegro saber que te ha gustado, pero no te limites, si tienes una idea parecida a este one-shot, por favor súbelo porque deseo leerlo. Lo estaré esperando.

Etto… ésta ocasión uní dos capítulos en uno, y creo que eso haré para avanzar y actualizarlas porque en verdad he abandonado mis fics.

Sin más que agregar, espero les guste…

(.*-*.)


Chapter 7:

"Un Nuevo Error"

Kakashi salió de su departamento desanimado, ayer le dejó la carta a Anko en su escritorio, pero no ha recibido respuesta. Sabe que debe darle tiempo. La pregunta es ¿Cuánto tiempo?

Después de su reconciliación con ella, un embarazo de por medio aunque pensándolo bien, esa noche él estaba pasado de copas al igual que yugao, no recuerda si en verdad sucedió lo que no debió pasar; sólo despertó en su cama y ella le hizo creer que sí ocurrió, pero ahora está dudando que sea cierto.

Él se detuvo, observando un restaurante de dangos, el cual solía visitar con Anko. Miró hacia otro lugar, la heladería donde estuvo con ella el día que pasaron juntos, se reconciliaron.

Espira. – Si ella no me perdona, no sé que haré. – se dijo para sí mismo.

¡Kakashi! – lo llamó Iruka, acercándose a él. – Yugao está en el hospital y quiere verte.

¿Hospital? – levanta una ceja, interrogante. Iruka asiente.


Anko, Kurenai y Asuma se ubican en el salón de maestros charlando sobre la vida cuando de pronto Genma ingresa al salón. – Hola chicos. – saludó y tomó asiento. – ¿Se enteraron de la nueva noticia? – el trío intercambian miradas, después negaron la cabeza.

Yugao está en el hospital, al parecer se cayó y resulta que perdió el bebé que esperaba. – comenta Genma, observando la actitud de cada uno.

No puede ser. – susurra Kurenai, mirando de soslayo a su amiga.

¿Cómo ocurrió algo así? – interroga Asuma, mirando también a Anko.

Anko baja la mirada, escondiendo sus ojos con los flequillos de su cabello.

No lo sé. – contesta Genma, confundido de que ellos miren a la Mitarashi.

Perder un hijo es un dolor imborrable que cada día tortura. Te sientes vacía, rota, quieres desaparecer y crees que el mundo se te viene encima porque ya no está ese ser inocente que tanto amas desde que está aquí. – dijo Anko, más ella posó las manos en su vientre. – Una parte de ti se muere con él. – levanta la mirada. – A pesar de ser rivales, jamás le desearía esta pérdida.

Anko, tú…– empezó a decir Genma, pero cayó.

También perdí un hijo. – responde ella tristemente. – Si me disculpan, debo resolver unos asuntos. – se puso de pie y se marchó lo más rápido posible.

¿Anko perdió un hijo? – preguntó el castaño. – ¿Cuándo?

Hace ya tres meses, pero todo indica que aún no lo ha superado. – respondió Kurenai, entristecida.

¿De Kakashi, cierto? – Asuma asiente. – Ellos han pasado por mucho, espero que puedan reconciliarse pronto.


Kakashi entró a la habitación del hospital donde está hospedada Yugao. Se sorprendió de verla sentada sobre la cama tranquila, como si no hubiera perdido a su bebé. Parecía normal, lo contrario a Anko que se sentía derrotada.

Ella lo mira. – Hola. – baja la cabeza.

¿Cómo te sientes? – él pregunta, acercándose a ella.

Mal, porque no puedo darte ese hijo que tanto deseas. – dijo con tristeza.

¿Qué fue lo que pasó? – toma asiento a un lado.

Alguien me tiró por las escaleras cuando salía de mi departamento. No logré ver completamente quién, pero me pareció que era…– desvía la mirada. – Mitarashi.

¿Anko? – Kakashi abre su ojo visible, incrédulo de lo escuchado. – No puede ser. – logró musitar.

Las lágrimas corrieron por sus mejillas. – Ella es culpable de esto… Kakashi, Mitarashi provocó mi caída, asesinó a nuestro hijo. – cierra sus ojos.

El Ninja copia la abrazó. – Cálmate, no te alteres, podría ser perjudicial en tu estado. – le susurró a su oído.

No me crees, ¿Verdad? – se separa de él, resentida.

Es difícil pensar que ella sea capaz de…– se pone de pie, confundido.

Lo dices porque aún la amas y no lo niegues. Por favor, créeme. – su mirada dolida, le decía que sus palabras eran ciertas.

Kakashi caminó hacia la ventana. – Anko. – pensó. Su mirada se profundizó.


Una hora después… Anko, en su oficina sentada en el sillón, con la mirada perdida y la carta en mano.

¿Estás bien? – interroga Kurenai, entrando al despacho y aproximándose a ella.

Anko asiente. – Sí. – dijo mientras guardaba la carta en unos de los cajones del escritorio.

Esa noticia no la esperabas, te tomó por sorpresa. – Kurenai toma asiento.

Ella debe de sentirse mal. – contesta, evitando profundizar el tema. Siente una presencia familiar.

¿Cómo se encuentra Yugao? – pregunta la kunoichi de ojos rojos, minimizando la tensión en el ambiente.

Dolida. – él respondió tajante.

Lamento lo sucedido. – dijo Anko, mientras revisa unos papeles encima de su escritorio.

Espero que se recupere pronto de esto. – agrega Kurenai, más salió de la oficina, cerrando la puerta a su paso.

Los dos se miraron directamente a los ojos. Kakashi la miraba extraño, como transmitiendo su culpabilidad. Ella se levantó y empezó a caminar hacia la puerta cruzándole por el lado.

Ella dice que alguien la empujó provocando este incidente. – dijo Kakashi, con tono acusador.

Anko se detiene. – ¿Qué insinúas? ¿Qué yo lo provoqué? – entrecierra sus ojos.

Quizás… esto no era necesario, un ser inocente murió. – le dice.

Ella apretó los puños. – Por si no lo recuerdas, yo también perdí un hijo. – dijo furiosa.

Razón suficiente para…– no terminó de completar sus acusaciones.

Entiendo tus indirectas…– interrumpió Anko. – que son muy directas y ¿Sabes qué? – él se voltea para verla. Ella aún continúa de frente a la salida. – Piensa lo que quieras sobre mí. Me decepciona saber que creas eso. Al parecer en todo este tiempo no llegaste a conocerme.

Sólo digo que…– tampoco terminó de argumentar.

Anko se dio vuelta y le propinó una fuerte bofetada en la mejilla derecha. – Sin ti no me moriré, te lo aseguro. Pasaras a ser sólo un recuerdo, un doloroso recuerdo. Intentaré olvidarte aunque tenga que arrancarme el corazón. Este amor lo enterraré en lo más profundo de mi alma si es preciso, pero te olvidaré y cuando eso suceda…– cierra las manos en puños. – Cuando suceda, me volveré fría como el hielo. Conocerás a una Anko totalmente diferente a la que una vez conociste…– se dio la vuelta y comenzó a caminar.

Kakashi la detuvo, agarrándola del brazo.

¡Suéltame! – exigió, forcejeando contra él.

Por su parte, él la miraba a los ojos con dolor y le apretó el brazo. – ¿Lo dices en serio? – voz seria.

¡Suéltame! ¡Me lastimas! – ella le hizo saber.

Contesta mi pregunta. – ahora él es quien exige.

¿Qué te pasa? ¡Suelta mi brazo! – Anko replicó, intentando soltarse resultando inútil.

No, hasta escuchar una respuesta. – dijo secamente.

De mis labios no la escucharas. Te desconozco. – le gritó con todas sus fuerzas.

Kakashi la aprensó contra la pared sin importarle que se haya lastimado. – Estoy cansado de escuchar tus palabras hirientes, de que no me perdones. ¿Crees que soy un objeto al que puedes gritar y echar a un lado así de fácil? – intensifica el agarre de sus manos. – No. Yo también sufro por todo esto, he perdido mucho más, pero sigo en pie. Y de lo que más estoy cansado es de esperarte.

Anko baja la mirada. – ¿Crees que yo debo aceptar todas tus acusaciones, perdonar así de sencillo un engaño? No. Al igual que tú, también estoy cansada de verte con ella casi todo el tiempo, saber que ella te iba a dar un hijo, de escuchar tus indirectas, de cada vez que te perdono cometes otro error y cada día me decepcionas más. – levanta la mirada, resentida. – Sólo sabes herirme. Todo estaba bien hasta que ella nos separó, te apartó de mí. No sé cómo pasó todo esto, sólo sé que quiero olvidar.

El shinobi posó su mano en la mejilla de Anko y se acercó al oído de ella, apoyando su mejilla con la de ella. – ¿Qué nos estás pasando? – le preguntó entre susurros. – No somos nosotros mismos. ¿Por qué actuamos de esta manera? ¿Qué sucedió para que nos odiemos con tanta intensidad? Yo… lo siento. Trato de remediar todo y no sé cómo, ayúdame. – la miró y sus ojos bajaron a su pecho. Ella llevaba puesta una de las cadenas colgando en el cuello.

Kakashi iba a besarle la mejilla, pero se detuvo. La soltó. Anko empezó a temblar. Ella continuaba mirando el suelo. – Perdóname, soy un imbécil. – le dijo Kakashi. Salió de allí.

Apoyando su cuerpo contra la pared, se deslizó hasta caer sentada al suelo. ¿Qué nos sucedió?– se preguntó con tristeza mientras las lágrimas corrían silentes por sus mejillas y abrazó sus piernas junto a su cuerpo. – Sin ti me siento morir. Regresa, te necesito. – susurra, pero no deseando que él se marchara así, se armó de valor. – ¡Kakashi, regresa! ¡No quiero que esto termine así! ¡Vuelve! ¡Te necesito! – al no escuchar pasos, se dejó sumergir en la tristeza. – Por favor…


Kakashi siente un profundo dolor. El corazón roto. Cada vez se aleja más de ella. Los nervios y el deseo de tenerla cerca lo vuelve loco. La lastima con sus actos, pero más con sus palabras. Él camina sin rumbo fijo, la mirada perdida en sus pensamientos.

Te desconozco. – recordó esas palabras dichas por ella.

¿Qué me pasa? – se pregunta. – Debería regresar y hablar con ella para disculparme, aunque no querrá verme. La perdí definitivamente. – suspira.


Anko continuaba encogida en el suelo, llorando desconsoladamente. Un nudo en su garganta ahogaba el impulso de gritar. De pronto, sintió un frío espantoso, un miedo inexplicable; la oficina parecía extraña. Una presencia andaba ahí, cerca de ella.

Anko dejó de llorar, levantó la mirada y lo vio a él, a Kakashi caminando hacia ella muy sonriente. – Kakashi…– pronunció. Sus ojos grises antes llorosos brillaron de alegría. Se levanta del suelo.

De un momento a otro, pétalos de rosas caían y giraron a su alrededor.

Llorar le hace bien al alma. – dijo una fría voz. – Nunca pensé volver a verte en ese estado. Te has vuelto débil, sensible de corazón. Anhelas el amor, no el poder ni las ganas de venganza. ¿Qué pasó contigo? Eres vulnerable, puedo atacarte ahora mismo, pero sería un desperdicio. – sonrisa burlona. – Ni siquiera puedes reconocerme… querida Anko.

Eres…– retrocede un par de pasos.

Sí querida, soy yo… tu Kakashi. – empieza a reír. Se deshizo frente a ella. Era un clon de fango. El verdadero hombre apareció detrás de ella.

Orochimaru… ¿Qué quieres? ¿Por qué estás aquí? – giró sobre sus talones para enfrentarlo.

Por ti. – dijo, más colocó sus manos sobre el vientre de Anko. – Una semana ha pasado. – sonrisa. – ¿Sabes? Será un excelente prospecto. – como si sus manos quemaran, Anko se alejó de él. – Ven conmigo. Acepta ser mi discípulo y prometo que jamás volverás a llorar. Una lágrima nunca recorrerá tus hermosas mejillas. Nadie te hará daño. Sólo tú y yo… ¿Qué dices? – extiende su blanca mano hacia ella.

Yo…– empieza a decir, pero se detiene a pensarlo.

No respondas de inmediato. Te otorgaré un plazo de un mes para decidir. Es suficiente tiempo. No te presionaré, pues estoy seguro que tomarás la decisión correcta. – él se aleja. – Olvídate de tu amado Kakashi, te ha hecho sufrir y olvida esta aldea que tanto daño te ha causado. – gira sobre sus talones y le sonríe. – No hables con nadie sobre este encuentro. Te necesito Anko, no lo olvides. – desaparece junto con los pétalos de rosas.

Un mes. – susurra ella, dejándose caer de rodillas al suelo.

La noche había llegado, Anko ya se encontraba en su departamento sentada sobre el sofá. Mecánicamente, su mano posó en el vientre y lo acaricia sin saber por qué. Su mente no pensaba, sus ojos no reflejan nada. Se encontraba en un estado de shock momentáneo emocional. Se levanta del sofá y camina hacia la habitación, estando allí se acomodó en la cama, abrazando la almohada y minutos después se quedó dormida. Todo ello lo hizo en estado de trance.

Al día siguiente…

Ella no salió de su hogar, seguía en la cama, pero despierta, pensando, analizando su vida hasta hoy llegando a la conclusión de que siempre ha sufrido, la felicidad no dura para ella, su destino es vivir en soledad o quizás en la oscuridad.

No tiene ganas de salir a la calle, sólo de quedarse ahí, abrazando la almohada como si fuera su única amiga, la que no traiciona y a quien de verdad le importa ella. No más dolor, no más sufrimiento, no más perdón, no más felicidad ni alegría, no más lágrimas; ahora debe pensar en ella misma y su futuro, no pensar en nadie. Quizás irse de la aldea será lo mejor. Nadie la extrañará: piensa.

Sólo un mes para decidir, en ese mes pasará muchas cosas, pero el dolor sigue aumentando. La distancia es el único camino, pero ¿irse con el sannin?

Cierra sus ojos un momento.

El tiempo transcurre rápido para los que no la han visto, pero lento para ella que está triste. No ha salido de su departamento y dos semanas y medio, casi tres, pasaron y sus amigos preocupados porque no han podido verla.

Tsunade no está preocupada, ya que Anko anteriormente le había enviado una carta diciendo que está un poco indispuesta como para ir a trabajar. Kurenai ha ido a su casa a visitarla, entra como nada porque tiene una copia de la llave.

Anko, ¿Qué te sucede? – pregunta Kurenai, viéndola recostada y encogida con los ojos semiabiertos. – Debes salir afuera, no puedes permanecer toda tu vida encerrada. Mira el sol, no sé, lo que sea, pero sal de aquí. – en una acción, retiró la sábana con que Anko se cubría.

Ella no responde, mucho menos se movió.

Kurenai suspira. – Está diferente desde el día que discutió con Kakashi por última vez. – pensó, angustiada por la actitud de su amiga. – ¿Qué habrá pasado?

No más lágrimas…– dijo Anko en voz baja, apenas audible.

Tengo que hablar con él. Anko no puede seguir así. – pensó y salió del departamento con un objetivo en mente: Buscar a Kakashi.


Hablando del Ninja copia, éste se encuentra en la sala de jounin con Asuma platicando. Se preguntaran por Yugao, aún sigue en la casería de Kakashi, como no lo pudo amarrar con el embarazo, pues lo persigue donde quiera que esté, excepto ahora porque anda de misión.

Después de lo sucedido entre ustedes… ¿Has visto a Anko? – pregunta Asuma, mientras enciende un cigarrillo.

No. Desde que discutimos no he sabido nada de ella. – cierra su ojo visible.

¿Por qué no la buscas? – interroga el Sarutobi como si nada.

Kakashi espira. – La discusión terminó mal. – contesta, mirando de soslayo a su amigo.

¿Mal en qué sentido? – se acomoda en el sofá.

Kakashi espira por segunda vez. – Recuerdo sus palabras hirientes. Dijo que intentará olvidarme aunque tenga que arrancarse el corazón. Su amor por mí lo enterrará en lo más profundo de su alma si es preciso, pero que me olvidará; también me dijo que pasaré a ser sólo un recuerdo, un doloroso recuerdo. – él baja la mirada. – Ella me odia, Asuma.

¿Qué viste en sus ojos? – levanta una ceja.

¿Por qué la pregunta? – Kakashi levanta la mirada.

Si en verdad te odia como dices, por qué te dijo todas esas palabras… En su mirada aún refleja amor, te aseguro que ella no te olvidará tan fácil. – se pone de pie.

Comienzo a dudar, me haré la idea de que todo terminó entre nosotros y de la peor manera. – cierra su ojo visible, entristecido y dolido por sus propias palabras.

¡Aquí están! – dijo Kurenai, entrando a la sala.

Hola Kurenai, ¿Qué haces aquí? – pregunta Asuma, sorprendido de verla allí, especialmente al ver su mirada seria.

Vine a buscar a Kakashi. – el aludido la mira confundido. – Necesitamos hablar sobre Anko.

Precisamente de ella estábamos platicando. – dijo el barbudo, tomando asiento. – ¿Sucedió algo?

Kurenai toma asiento al lado de Asuma. – Anko está muy mal, no quiere hablar con nadie. Le hablo y es como si no escuchara lo que le digo, parece como si estuviera en otro mundo. – agacha la cabeza, melancólica.

Estás exagerando. – comenta Asuma como sin darle importancia al problema.

No. – Kurenai lo enfrenta con la mirada. – Ella está así desde que habló con Kakashi. – dijo y agregó. – Temo que ella haga una locura en ese estado. – mira al Ninja copia. – Kakashi, por favor habla con ella. Sólo a ti escuchará.

No sé si sea conveniente. – murmura Kakashi, poniéndose de pie para marcharse.

Kurenai también se pone de pie. – Eres el único que puede entrarla en razón, te necesita. – replicó ella.

Él hizo una pausa mirando el suelo sin saber qué responder. Acaso… ¿Decidirá hablar con Anko? ¿Ella entrará en razón? O ¿Será demasiado tarde?

No se pierdan el siguiente capítulo 9… "Desaparición"

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