Notas:

¡te recomiendo releer el prefacio!

Nos falta una "escena extra" y habremos terminado. A diferencia del anterior fic, esta vez quería hacer uno corto que pudiera leerse completo de una sola sentada y que se ambientara durante los eventos del anime, antes del anime y después del anime. ¡Ojalá te haya gustado!

Besos,

~Itaria-chan~


Epílogo: KIOTO (2/2)

Punto de vista de Izaya Orihara

5 de mayo

I

—¿Qué te pasa, Izaya-san?

—¿Por qué lo preguntas?

—No lo sé… Es solo que… pareces estar triste.

«Vaya, no me iré a enterar después de que lo he acogido que se parece a Shinra… Él siempre me hace ver lo que no quiero ver.»

—Pues no —dijo, sonriendo a medias—. Simplemente me siento cansado. Aun te falta bastante para saberlo, pero conforme pasa el tiempo uno resiente más la falta de sueño... Supongo que podemos culpar a esa mala costumbre que tenemos por aquí.

—¿Eso significa que no nos enseñarás nada el día de hoy?

—Podemos decir que aún seguimos celebrando. Podrías ir con Himari y decirle que salgan un rato. ¿Te parece bien? Puedes ir a comprarte algo que te guste.

—Himari dice que no saldrá hoy; quiere recibirlo cuando llegue.

—¿Y tú también lo quieres esperar?

«Como si hiciera falta preguntarle.»

—¡Sí! —exclamó Haruto.

—En ese caso, ¿por qué no te pones a jugar en la consola? La trajiste contigo, ¿no? He visto como se lo decías a Nec justo antes de venir.

—Bueno, parece bastante cara así que… pensé que no me hubieras dejado traerla. ¡Siento mucho no habértelo dicho!

—No te preocupes por esas cosas; créeme: no vale la pena.

«Aunque reconozco que parece algo envidiable cargar a cuestas con tan poco.»

—¿Izaya-san?

—¿Qué sucede?

—Tú también estás esperándolo, ¿verdad?

«Ah, ¿qué se supone que tendría que decir…? Sea cual sea la respuesta que dé, me creería. Me creería lo que fuera…»

—Sí, también lo estoy esperando.

—¡Lo sabía! —Haruto miró con dudas la puerta del cuarto y luego a Izaya—. Pues si quieres descansar, me iré a jugar un rato…

«¿Cómo permites que se marchen los recuerdos del pasado…? Eso es fácil: con otros. Creas nuevos para reemplazar a los que dejaste ir. ¿Eso es lo que quiso decirme? O su visita no ha sido más que un segundo "adiós".»

Izaya miró que ya se había terminado el paquete de sus Blue American Spirit de modo que lo arrugó y lo depositó en el cesto de la basura.

—Haruto-kun, ven —lo llamó alzando la voz, pero no tardó en darse cuenta de que no le hubiera hecho falta.

El niño volvió tan rápido que Izaya supo así que había estado esperando afuera del cuarto a que lo llamaran de regreso.

«A veces pienso que me conoce mejor que yo mismo.»

—¿Qué sucede?

—Pensándolo mejor, no podemos permitirnos no hacer nada productivo. ¿Qué quieres estudiar? ¿inglés? ¿matemáticas? ¿ciencias? ¿O quizá ya quieras darle una oportunidad a economía? No es tan difícil, ¿sabes?

—No es por lo difícil… —dijo sin evitar hacer un puchero, pero, al recordar algo, de un momento a otro, su rostro se iluminó—. Si hubiera venido Sozoro-san podría seguirme mostrándome de qué va eso del ju-jutsu... ¡Si él puede hacerlo a su edad, yo también podré! Oye, Izaya-san, cuando puedas caminar de nuevo, ¿me dirías cómo hacer parkour? Ah, ah, ¿y también podrías enseñarme cómo usar una navaja? ¡Te he visto hacer unos trucos geniales! Himari dice que son bobadas, pero yo de verdad quiero intentarlo.

—No estoy muy seguro de si lo mejor que pueden hacer sea intentar parecerse a mí, pero, está bien, en cuanto me sea posible, te voy a enseñar todo eso. Pero, por ahora, ¿ciencias?

Haruto asintió con tanta energía que seguramente se lastimó el cuello.

—Vale, entonces ve por Himari y traigan lo que necesitan.

—Y no querrías enseñarme un poco ahora… solo un ratito… —insistió el niño con cautela.

—Pero qué insistencia. ¿Te das por satisfecho si te la presto un rato? —dijo mientras rebuscaba la navaja en el bolsillo de su abrigo—. Pero nada de ir practicando por ahí…

—No hace falta que me lo digas, Izaya-san, sé que no es un juguete…

—Oh, por el contrario, sí que lo es. Hay demasiadas cosas divertidas que se pueden hacer con una. Aunque de nada sirve si a lo que te enfrentas es un monstruo —dijo al momento de dársela.

—Mmmh… —Haruto parecía haberse llevado un chasco—. No parece la gran cosa.

—Mira, tengo algo para ti. Ya lo había olvidado.

—Ah, tus anillos. Himari dice que son una baratija, pero, claro, a mí no me importa. Seguro que así me parezco más a ti.

—No tendrías por qué creer todo lo que te dicen. Pero, sí, ella tiene razón en este caso. Me han costado unos cuantos yenes. Aun así, ¿los quieres? Creo que los he conservado desde que asistí a la secundaria. Pensaba tirarlos…

—¡Los quiero! ¡los quiero! ¡Dame los dos! ¿Uno es para Himari? ¡Ella también quiere ser como tú! Aunque como no son de chica seguro que preferirá no traerlo puesto… Pero no importa, yo se lo daré cuando vea la oportunidad.

«Sí, así es. Pero, a diferencia de ti, Haruto, ella quiere ser como yo para escaparse. Quiere huir de mí porque soy "todo un problema".»

—Te lo encargo.

II

«Tendría que haberme negado a venir aquí.»

«Si una visita inofensiva me ha puesto como estoy, ¿acaso voy a creerme que yo podría olvidarme de Ikebukuro y avanzar?»

«… quizá es porque sé que no fue una reunión sino una despedida

—¡Shizuo-oniichan! —saludó Haruto tras levantarse de un salto para ir al trote a encontrarse con quien llegaba—. ¡Te tardaste! ¡Ya casi me he terminado todos los niveles del videojuego!

Con su actitud era muy notorio que había extrañado al guardaespaldas aun cuando éste se hubiera marchado por tan solo una semana y media a visitar a su familia.

«Es curioso que no haya coincidido con Shinra…»

—Shizuo-san, bienvenido —dijo Himari con la formalidad que la definía. Pero, al igual que sucedió con Haruto, se sabía que ver de nuevo a Shizuo la ponía feliz.

—Haruto, Himari —los saludó a su vez Shizuo—. ¿Cómo han estado?

—Ayer comimos mariscos, pero no me ha gustado mucho el sake dulce…

—¿Y a ti, Himari?

—Ha estado rico…

—Eso está bien, me tienen que acompañar al lugar alguna vez.

Al escucharlo hablar, Izaya pensó que, de imitarlo, nadie hubiera creído que ese hombre fue conocido como el monstruoso guardaespaldas de Ikebukuro.

En su sitio, en un cuarto que no le permitía ver a los demás, Izaya ya podía imaginarse cómo Shizuo alborotaría el cabello del niño. Y de haber estado en el recibidor se habría enterado también de que tenía bien sujeta una bolsa de plástico repleta hasta el borde de verduras, tofu y tiras de carne de res como pudo comprobar Himari un poco más tarde cuando las desempacó.

—¿Has visto, Himari? ¡Ha traído a Baccano! ¡Se le ha enroscado al cuello!

—No hace falta que me lo digas, Haruto —dijo Himari con suavidad—. Lo puedo ver.

—¡Pero mira cómo se mantiene sin caerse! ¡Es todo un equilibrista!

«¿Y por qué te asombra si ese gato siempre hace lo mismo? ¡Es un gato! ¡Todos se comportan así! A veces me pregunto por qué Shizuo pensó que sería un buen regalo para mí… Tsk. Supongo que tendría que conformarme con que no me haya dado un perro… nunca se sabe qué será lo siguiente que harán.»

—Hey, vuelve aquí. ¿Adónde vas? ¡Baccano! —escuchó gritar a Haruto—. ¿Quieres ir con Izaya?

En efecto, antes de que Haruto terminara la oración, Izaya se vio con el gato calicó a sus pies y al segundo siguiente ya lo tenía sobre las piernas.

—Pero ¿qué tenemos aquí? Serás un gato listo que sabe con quién debe juntarse para hacer equipo. Te lo digo desde ahora: si lo haces, ganarás como yo solía hacerlo la mayoría de las veces.

Baccano podría haber querido seguir estando cómodamente en ese lugar, pero en cuanto se acercó el guardaespaldas, se dirigió hacia los niños y éstos no tardaron en seguirlo al jardín zen.

«Es muy probable que hayan extrañado aún más a ese gato.»

Como había preferido usar solamente partes de los trajes de camarero que le había obsequiado Kasuka, el guardaespaldas no tenía puestos ni el chaleco ni el lazo del cuello y había optado por vestir únicamente la camisa. Lo que, a consideración de Izaya, lo hacía verse menos ridículo.

Aprovechando que Shizuo se colocó de rodillas frente a él, Izaya estiró su brazo y entre sus dedos tomó uno de sus mechones castaños.

—Venga ya. Aunque por mucho tiempo ha estado así, y si bien me gusta, sigo sin acostumbrarme a este color. Seguro que se habrá podido notar que te pareces a tu hermano…

—No le dieron mucha importancia… —Shizuo lo miró a los ojos e Izaya logró anticipar así lo siguiente que diría—. Oye, Izaya, perdóname por no haber estado aquí ayer. ¿Tuviste un buen día?

Izaya sonrió… a medias.

«No te preocupes tú también por tonterías.»

III

En vista de que, con su llegada, Shizuo había traído consigo un nuevo paquete de cigarros, Izaya se dirigió al jardín y una vez ahí se puso a fumar. En realidad, dejó al cigarro consumirse durante la mayor parte del tiempo y le dio a lo sumo de dos a tres caladas.

Por la silueta que logró captar, Izaya supo que Shizuo permaneció unos momentos de pie, junto al marco de la puerta, contemplándolo a él, como si en verdad pudiera ver más de lo que pudiera ser apreciado a simple vista.

«Los humanos realmente son fascinantes.»

Sin mover la silla de ruedas, se giró de lado para verlo de frente. Y aquella señal le hizo entender al guardaespaldas que tenía permitido acercarse.

Así, luego de tomar el cigarro de Izaya y dejarse caer en el suelo para terminárselo del todo, Shizuo se dirigió al informante.

—¿Qué sucede, Izaya? ¿estás bien? —al hacer la pregunta, Shizuo tomó su mano, pues, mientras tuviera la oportunidad de acercarse sin que lo rechazaran o lo invitaran incluso, la tomaría. Las tomaría todas e Izaya simplemente no sabía muy bien cómo responderle luego de haberlo notarlo—. ¿Izaya? Hey…

«Tendría que haber sabido que también se daría cuenta, pero, para variar, lo he subestimado. Siempre lo subestimo cuando menos me conviene.»

—Ha venido Shinra. Ayer —puntualizó—. Vino y se fue.

—¿Y eso no tendría que haberte puesto de mejor humor?

«… creo que pasó cosa muy distinta…»

—Le mentí.

«Y te mentí a ti también. Yo siempre le miento a todos. Es porque soy un mentiroso que ni siquiera ese día en Nara te pude decir la verdad. Te dije lo que querías oír.»

«Pero, aun cuando hubiera mentido al decir que te perdoné porque me di cuenta de que tenía que seguir mi propio consejo, no te habrías marchado. Lo sé. Es como si hubieras elegido permanecer a mi lado aun sin saber lo que no soy capaz de decir.»

«Pude haber dicho que, a causa del incidente que terminó por atarme a esta silla y que me ha dejado paralizado en tantos sentidos, supe que tenía que cambiar, "evolucionar" para tener un futuro mejor. Un futuro nuevo que no me sería posible vivir de seguir siendo como fui en el pasado. En ese sentido, aceptarte sería en mi propio beneficio.»

«¿Lo hubieras creído?»

—¿Mmmh?

—Le he mentido y en parte no —supo que hablaba y se portaba como quién realmente se siente triste—. Quería saber por qué te marchaste de Ikebukuro y quería saber a dónde fuiste. Y no sé por qué no se lo dije. No sé por qué…

—Tú siempre le das muchas vueltas a todo.

—Eso es cierto, seguramente, pero ¿cómo podría evitarlo?

Al momento, pensó que, el no haber aceptado su naturaleza, fue lo único que lo mantuvo a salvo durante tanto tiempo que ya le resultaba imposible saber en qué momento se decidió por esa solución. Lo que sí sabía era que, cuando supo que al hacerlo podría sobrevivir, se dio a la tarea de satisfacer sus deseos y compensar el no permitirse ser como los demás. Y, fue así, como Izaya Orihara se mantuvo siempre tratando de alcanzar lo que pensó que quería, sin nunca dar nada a cambio.

—El hecho es que, si yo tratara de ser como tú, alguien que no miente nunca a los demás, terminaría por romperme.

—Eso no sucederá.

—¿Eh? —Izaya supo entonces que había hablado sin notarlo siquiera. Repitió para sí la respuesta tajante del guardaespaldas.

—No te pasará nada malo —dijo Shizuo, encogiéndose de hombros. Estaba por completo convencido de sus palabras.

—¿Y por qué? —lo cuestionó.

«Dime por qué. Dame algo en lo que pueda confiar.»

—Porque no lo permitiremos. Por eso. Ahora, Izaya, ve cambiando esta mueca y dime, ¿qué tipo de hot pot prefieres?

«Tú eres muy optimista. ¿Con tu "no lo permitiremos" en quiénes estás pensando?»

—Está bien. Tú ganas, Shizuo. Veamos qué has conseguido.

Con una mejor cara, el informante aceptó el brazo que le ofrecían para incorporarse y ayudarle a dirigirse a la cocina.

Aunque resintió aquel esfuerzo, poco a poco le costaba menos trabajo levantarse y caminar y, lo que lo animaba otro poco, era saber que dolía menos por cada día que dejaba ir.

IV

Luego de haber comido el hot pot estilo sukiyaki, preparado por Shizuo, Haruto e Himari —el niño no permitió que no les reconocieran su mérito de cortar las verduras mientras Shizuo-oniichan hacia el resto—, Izaya decidió permanecer en el cuarto donde había estado antes de la llegada del guardaespaldas.

Aunque mantenía su mirada en dirección a la ventana, en realidad no estaba observando nada en especial. De hecho, tan perdido estaba en sus pensamientos que, cuando Baccano saltó del suelo a sus piernas por segunda vez en el día, apenas lo notó.

«El ser humano es un ser realmente interesante.»

«Tal vez así lo pienso porque nadie puede ser capaz de ser completamente sincero, ni siquiera cuando se trata de serlo con uno mismo. Por alguna razón siempre se termina por censurar a los pensamientos, aun cuando se sepa que nadie puede tener acceso a ellos y juzgarlos.»

—Es una completa tontería…

«Uno tendría que anhelar esa libertad que se tiene cuando se piensa pues solo en ese momento es que uno está verdaderamente a salvo.»

«Pero yo no soy como los demás. Yo soy quién los observa y es por eso que puedo ser muy diferente. Aun cuando sea por el día de hoy y ningún otro.»

«Y si ya no quiero mentir, podría empezar por pensar en lo que sucedió en la bahía. Aunque quise decírselo, no creo que Shizuo lo haya entendido: hubiera sido una completa decepción que, siendo yo un observador de los humanos, no supiera la respuesta. "¿Por qué?" pregunté… La pregunta no era para él: era para mí. La pregunta no la hice por no haber entendido la razón por la que me salvó. Su razón era obvia.»

«¿Por qué? No, no fue por qué me salvó, fue... Lo que quería saber era ¿por qué me gustó lo que vi? No soy ningún idiota, yo supe el motivo por el cual hizo lo que hizo, pero lo que no acepté fue que... me hizo feliz. ¿Por qué me sentí feliz? Aunque solo he sido un problema para él, quizá fue porque pensé que me aceptó como soy sin que yo lo hubiera manipulado. Me sorprendió. Cuando me miró con esa expresión, como cualquiera, como cualquier otro hubiera hecho, yo me puse feliz...»

«Maldición, ¡seré un idiota!»

Sin dar cuenta de lo que pensaba, Izaya empezó a rascar a Baccano bajo su mentón. El gato maulló en tono agradable, quizá expresando así que se lo agradecía.

«Si somos honestos otro poco, mi conflicto fue cuál opción debía preferir: o vivir una vida en completa soledad o junto a otro humano. A decir verdad, cuando me tentó la posibilidad de no rechazar su "amor", me aterró que mis convicciones terminaran por romperse y, por eso, decidí que lo mejor sería permanecer como siempre: "odiándonos".»

Al momento de traer a él el término «humano», Izaya desvió su mirada y la dejó posarse en el animalito que ya empezaba a sentirse lo suficientemente cómodo como para empezar a dormitar.

«A veces pienso que, en realidad, Shizuo sí es un monstruo. Porque ¿quién, si no es un monstruo, hubiera querido amar y recibir el amor de una persona como yo?»

«¿No es eso realmente algo de lo que habría que preocuparse? Es muy distinto a preocuparse por haber traído a escondidas un juguete o por si uno no se presentó en un día cualquiera… Pero, ¿qué más da? No me quejaré por eso. Después de todo, su elección a mí me hace feliz. Y si día a día la mantiene, entonces nunca más lo tendré que llamar un monstruo.»

Izaya se impidió volverse a la puerta.

«Supongo que, por una vez en la vida, no estaría mal que yo quiera poner de mi parte para procurar el bienestar de los seres humanos a los que amo, aun cuando no pueda decírselos.»

Baccano se removió ligeramente.

«Aunque, por lo que he visto, sé que te darás cuenta…»

«… Shizuo.»

«Y quizá algún día veas también que tu conflicto se dio cuando nos encontramos y el mío cuando me hizo feliz el saber que lo tenías. Por años, tú pensaste en lo que tuvo lugar en Raijin y yo pensé en el día que vi esa expresión tuya. Sin embargo…, si ambos conseguimos lo que queríamos…, ¿por qué me siento vacío? ¿por qué siento que aún no puedo moverme? ¿por qué razón no puedo evitar pensar en esa ciudad

«¿Es porque hay algo que… aún no he podido decir…?»

Si le hubieran preguntado que veía en esos momentos en los que volvía a ver a través de la ventana, hubiera dicho, creyendo que no mentía, que, frente a él, veía a Ikebukuro.

Hubiera dicho que, a través del cristal, veía a una «ciudad» que no dormía, una «ciudad» caótica pero ordenada, repleta de luces y sonidos muy distintos a los de otras.

Diría que veía a una «ciudad» única, que resguardaba a un curioso grupo de personas que amaban de maneras aún más curiosas.

«Curiosas e interesantes…»

No supo qué fue lo que lo inició, pero, sin importar si era por recordar a Ikebukuro y saber que lo mejor sería no regresar; o porque lo había visitado Shinra por última vez; o porque se oían los suaves ronroneos de Baccano, junto a la risa de Haruto y la voz gruesa de Shizuo desde alguno de los cuartos; o era por el simple hecho de haber cenado lo que cenó; o porque deseaba poder salir corriendo y no podía hacerlo en su necedad, al estar todavía confinado a una silla de ruedas; o era por todos esos motivos al mismo tiempo, que notó que sus ojos se le llenaron de lágrimas.

La mano que acariciaba las suaves orejas de Baccano se dirigió por instinto a su rostro, pero se detuvo a medio camino y así permaneció suspendida.

«Ah, así que se trata de algo como "eso" … En ese caso, ya se lo había dicho, se lo dije a él cuando estuvimos en Nara… Eso le dije, pero fue, por tantas cosas que le dije por su bien, que la perdí…»

No creyó que hubiera empezado a llorar sin haberse percatado a tiempo sino luego de haber llegado a ese punto en el que ya nada podía hacer. Pero, en vista de sus palabras, se lo permitió.

Pero si lloraba por sentirse triste o porque, sentía todo lo contrario, no lo supo.

Ante los temblores del cuerpo de Izaya, Baccano se desperezó. Con un nuevo brinco abandonó el regazo de su dueño y se alejó para ir con los demás.

E Izaya se quedó solo, llorando en silencio.

—Me tomó cerca de 28 años darme cuenta, pero… ya la encontré...

«Desde hace 13 que la encontré, Shinra.»

—… la encontré...

.

.

.

Fin

.

.

.