Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no son míos sino de Rumiko Takahashi.

Como en un Cuento de Hadas

Por: sakuraflower94

Capitulo 6: Escarlata en la oscuridad

-¡YAU!

Un grito penetrante resonó por todo el castillo. Varios crujidos se escucharon viniendo de la cocina. Las mucamas se sobresaltaron desprevenidas al escuchar el grito y dejaron caer los utensilios cerámicos que sostenían al suelo. El bibliotecario, que hacía un rato estaba copiando un pergamino de alta importancia y muy raro, andaba ya a medio camino de imitarlo. Se encontraba tan concentrado en lo que hacía que cuando el grito llegó a sus oídos lo hizo dar un respingo tan abrupto que la mano se le contrajo abruptamente haciendo una línea negra por medio pergamino imitado y la mesita de madera mientras él dejó salir un siseo asustado. Hasta Inu no Taisho despegó su mirada curioso de los pergaminos que estaba leyendo en sus manos.

-¡CÓMO DUELE!

Se escuchó a Rin quejarse desde su habitación por los pasillos del castillo. Hubo unos cuantos momentos de silencio fúnebre por parte de los habitantes del castillo, por unos instantes nadie se atrevió moverse, aun recuperándose del susto. Pronto el ruido cotidiano volvió, cada uno volvió a su trabajo; las mucamas recogieron los trozos cerámicos, Inu no Taisho volvió a la lectura de los pergaminos y el bibliotecario tomó un nuevo pergamino para volver a hacer el trabajo anterior desde el principio.

Mizuki aplicó una nueva capa de cera tibia oliendo a almendras, hecha de parafina de las ovejas muy cerca de las ingles de Rin para quitar los pelos allá. Cubrió el área con un trapo de algodón blanco, unos diez centímetros de longitud y cinco centímetros de anchura. Pasó varias veces con la palma en la dirección a la que crecían los pelos para después tirar del trapo en la dirección opuesta. Rin se aferró a su almohada, apretó la mandíbula, se tensó para prepararse para lo que seguía y en el momento que Mizuki tiró del trapo de algodón gritó adolorida.

¡Cómo dolía! ¡La maldita depilación cómo dolía!

Siguieron mas oleadas de dolor, la cera le quemaba la piel, cada vez que Mizuki tiraba de aquellos trapos se estremeció soltando gritillos. En unas horas sus piernas no tenían ni un pelito, la piel estaba ardiendo con manchas rojas. Por suerte Mizuki le aplicó una crema que funcionaba como refrigerante para que la piel dejara de ser tan susceptible e irritada.

A la hora de la cena, Rin entró al comedor con una cara de mil demonios. Parecía estar rodeada de un aura maligno, su sola mirada asesinaría si pudiera y por la irritación de la piel tampoco podía caminar con normalidad sino contonearse.

-Buenas noches. – saludó pero hasta el saludo era tajante y áspero. Avanzó hasta su lugar en la mesa, se quiso sentar pero le costó hacerlo. Le tomó bastante tiempo sentarse y luego también acomodarse para que la piel no le doliera mientras estaba sentada. Ambos hombres prefirieron guardar silencio incluso Inu no Taisho no quería arriesgar a recibir un tajante y áspero "ni lo preguntes" por parte de Rin. Supuso que la depilación la dejó algo… irritada si esa era la palabra para describir el estado en el que se encontraba Rin.

Estaba irritada, susceptible, definitivamente tenía ganas de matar a alguien. Solo verla bastaba para darse cuenta que tenía expuesto con letras grandes en la frente diciendo "háblame y te mato", hasta Sesshomaru lo podía percibir. Ninguno de los dos podía imaginarse ¡la pena que había vivido esa tarde! ¡La tortura que había sido su primera depilación! Si fuera por ella sus piernas podían ser ¡peludas por el resto de su vida, ella no quería verse arreglada para ningún hombre!

Por suerte los pelos después de la depilación tardaban en crecer así que por lo menos tendría algunos meses de paz antes de volver a agonizar. Aunque le costaba admitir, los siguientes días que se aseaba no dejaba de tocarse las piernas, detallándolas. Eran tan suaves y no le picaban las palmas al pasar las manos hacia arriba.

Las semanas siguieron pasando y Rin constantemente notaba cambios en su cuerpo. Estaba segura que nunca antes en su vida se había mirado tanto en el espejo, observándose, como en aquellos meses. No solo había crecido un poco más sino que también las caderas empezaron formarse, dándole un aspecto algo más femenino. Luego, había algo que era imposible de pasar desapercibido. Los senos que empezaron a crecer y moldearse. Hasta sus piernas comenzaron a esculpirse, eran largas y esbeltas pero por mas entrenamiento que ella tenía tras de sí, su cuerpo no se parecía nada musculoso sino todo lo contrario, seguía siendo delgada pero en un sentido sano.

Algo que también llamaba su atención era una marca rosada un poco arriba del ombligo en forma de alas de una mariposa. Esa marca la había tenido desde nacimiento pero nunca se había enterado si tenía algún significado.

Seguía aprendiendo aunque Mizuki ya no sabía que mas enseñarle. Ya Rin se había leído todos los archivos, conocía las hierbas que habían estado memorizando durante años y sabía leer y escribir. ¡Qué más quería esa muchachita! Se pasaba horas metida en su pequeño cuartito, que no solo limpiaba una vez al mes, sino que regularmente usaba para hacerse jabones para el aseo, cremas y aceites porque ya se le acabaron los que Inu no Taisho le había comprado.

Libremente pudiera pedirle a Inu no Taisho comprárselos pero para que si con aquel libro podía hacerse productos que a ella le gustaban y con el aroma que se ajustaba a ella. No negaba que los que tenía hasta ese momento eran buenísimos y que le encantaban, pero eran demasiado universales y costosos. Prefería mezclar las esencias que le gustaran a ella y que encontraría en el castillo. Además lo casero siempre resulta mejor y súper económico.

También pensó que al tener menstruación iba a poder evitar las prácticas aburridas a muerte con Sesshomaru. En serio que eran puro aburrimiento, para morirse, y Sesshomaru que era implacable con todo. Ni siquiera parecía tomar en cuenta el hecho que ella era una muchacha porque la cargaba de ejercicios que físicamente eran pensadas para los chicos. Bueno, también tenía que reconocer que ella también había perdido el entusiasmo y últimamente se había apoderado de ella una flojera… seguramente tenía algo que ver con las hormonas o la menstruación.

Una vez ella quiso saltarse entrenamiento por haberle bajado el periodo y cuando fue a decírselo a Sesshomaru a ese no le pareció nada grave.

El día anterior habían acordado verse por la tarde dos horas después del almuerzo en el patio trasero pero el día siguiente a ella justamente le bajó la menstruación. Las pocas veces que había tenido la menstruación ninguna vez había experimentado espasmos en el vientre bajo. Después del almuerzo, dos horas después, llegó al patio trasero, vistiendo una yukata.

Sesshomaru al verla avanzar vistiendo yukata que normalmente se usaba para dormir y completamente descalza le dedicó una mirada asesina y sumamente gélida, no le gustaba para nada que ella se presentara así.

-Sesshomaru, hoy no quisiera entrenar. – dijo natural parada frente a él.

-¿Por qué? – preguntó él con voz peligrosa y una mirada amenazante.

-Porque me bajó la menstruación. – explicó Rin con la misma naturalidad que antes.

-¿Y? – alzó la ceja usando una voz peligrosamente baja. – ¿Te duele?

Rin roló los ojos hacia arriba, pensando.

-No. – contestó después de un pequeño momento de silencio.

-¿Tienes fiebre?

-No.

-¿Estas enferma?

-Tampoco.

-Entonces perfectamente puedes entrenar. – sentenció Sesshomaru.

De pronto Rin posó el lado trasero de su mano derecha en la frente, quejándose, fingiendo mareo.

-Sesshomaru – empezó con voz melodramática. – no me siento bien. Creo que me estoy mareando – dijo como si en verdad estuviese agonizando, Sesshomaru se la quedó viendo inmutable sin mover ni un solo musculo en su cuerpo.

–Me voy a desmayar – siguió quejándose Rin y en el momento siguiente fingió desplomarse en el suelo.

Sesshomaru entrecerró molesto los ojos esperando a que dejara de fingir. Hubo un momento de silencio, Rin acostada en el pasto, actuando desmayo, mientras Sesshomaru seguía en el mismo sitio que todo ese tiempo, cuando de pronto Rin abrió un ojo, alzó un poco la cabeza y se encontró con un Sesshomaru fulminándola con los ojos.

-Se supone deberías atraparme o por lo menos ayudarme – le reprochó Rin con un enfado infantil desde el pasto.

-Se supone los desmayados no hablan. – dijo sarcástico Sesshomaru. –Y como ya has recuperado la consciencia – otra vez lo dijo en tono sarcástico – perfectamente puedes entrenar. – ahora una peligrosa y sádica sonrisa se asomó por los labios de Sesshomaru pero rápidamente la cambió por una expresión severa. –Ahora métete en el castillo – espetó entre dientes con gravedad y en tono bajo, endureciendo su mirada dorada sobre Rin. –y te me vistes en la ropa para entrenar. Tienes 10 minutos para alistarte y mejor para ti no tardar porque te hago trabajar el doble ¿me oíste?

Así que no le quedó de otra más que resignarse a tener que entrenar con la menstruación. Claro que, cuando el flujo de sangre era más fuerte, tenía que cambiarse frecuentemente los trapos y esa sensación de que algo tibio se le está escurriendo de la entrepierna tampoco le era muy placentera. ¡Constantemente tenía la sensación de que tenía que orinar!

Antes de que pudiera darse cuenta ya tenía 13 años e Inu no Taisho para esa ocasión le había regalado un precioso colgante hecho de zafiros.

Como ya habían pasado meses desde su primera depilación y sus piernas se habían vuelto nuevamente peludas como las de un oso, el día de su cumpleaños Rin tenía que someterse a la segunda agónica depilación. La sola idea le ocasionaba malestares en el estomago, un sabor amargo en la boca y que su cuerpo entero de pronto se pusiera más susceptible para el alrededor.

En el desayuno apenas y había comido algo, estaba comiendo con Sesshomaru porque Inu no Taisho no estaba, había salido. De hecho desde hace semanas él salía sin siquiera avisar o decir a donde iba. Después del desayuno tuvo lecciones con Kenta sobre la cultura inuyoukai. Le costó concentrarse, le interesaba lo que Kenta le decía pero su mente simplemente estaba agobiada por la depilación que tenía en la tarde.

De pronto pensó vomitar todo el desayuno afuera, le dolía horriblemente el estomago y si fuera poco empezó a cabecear y sudar frío, como si en cualquier momento iba a perder la consciencia. De tanto miedo hasta se le habían paralizado las extremidades, Kenta notó su repentina palidez pero ella le aseguró que todo estaba perfectamente bien.

Hacia el final de lección había logrado olvidarse un poco de la depilación, ahora la preocupaba más el hecho que estaba hambrienta, su estomago no había parado de hacer ruidos embarazosos, ¡en serio que estudiar y pensar en general daba hambre!

Después de haberse comido tres porciones y tenía que ir a entrenar, de verdad que hasta entrenar le caía mejor que nunca. Ese día se sintió mucho más fresca y entusiasmada en correr, hacer lagartijas y abdominales y toda esa montaña de ejercicios para fortalecer los músculos. Pero Sesshomaru había terminado la práctica mucho antes que de costumbre por la simple razón que Mizuki le había pedido mandársela tres horas antes de la cena para poder depilarla.

Así aquella vez no había alcanzado de siquiera practicar dagas o el arco, porque el entrenamiento había sido cortado por tres horas antes eso lo supo cuando Sesshomaru le había dicho que habían terminado y cuando escuchó a Mizuki llamarla desde el interior del castillo.

Tragó grueso, palideció al instante mientras sudor frío la recorrió de pies a cabeza estremeciéndola y erizándola.

-Sesshomaru – empezó haciéndose como si no hubiera escuchado a Mizuki llamarla. – ¿le puedes decir a Mizuki que tengo que quedarme una hora más entrenando? – pidió con las palmas juntadas.

Sesshomaru no pudo evitar extrañarse, hasta había alzado una ceja y ladeado ligeramente la cabeza.

-Dile que tengo que hacer mas abdominales o lagartijas lo que sea. Mira – habló cada vez más desesperada. –yo hago mil abdominales en un solo golpe, hazme correr unas cuantas millas mas, por favor, lo que sea, prefiero eso a la depilación.

-No. – negó tranquilo.

-Por favor, Sesshomaru, te lo pido, ¡mienta por mí! – pidió Rin exasperada y con fervor, cogiendo y apretujando fuertemente la manga del haori de Sesshomaru, tomándolo desprevenido, haciéndolo mirarla.

–Te lo imploro, ayúdame, ¡no me entregues a la muerte! Si voy, ¡voy a morir! ¡Tú no tienes idea de cuánto duele eso! La ultima vez pensé que me quedaría sin piel, ¡es horrible Sesshomaru! – pero no importara cuanto lo suplicaba ayudarla él solo se la quedó viendo con una mirada fría y dura.

Lo que siguió a continuación era un grito penetrante que resonó por el castillo, esta vez las mucamas y los demás estaban preparados y, en cuanto Rin dejó escapar el primer grito, todos sacaron sus tapones de las ropas y se los pusieron dentro de las orejas para taparse el oído y seguir con sus quehaceres sin problemas.

Sesshomaru era el único que no se había topado los oídos. Se encontraba en su cuarto leyendo lo que encontró para matar el tiempo mientras se tomaba el té a sorbos con los ojos cerrados, con facciones relajadas, nada parecía afectarle ni siquiera todos los gritos penetrantes de Rin en la habitación contigua. Hizo que le trajeran algo de comer a la habitación y mientras seguía escuchando a Rin gritar se encontraba acostado de lado en el suelo apoyando su barbilla con una mano mientras se comía los dulces que había ordenado momentos antes desde la bandeja. Delante de si tenía un libro sumamente antiguo que había tomado de la biblioteca para leer, le gustaba leer pero solo cuando no tenía realmente nada que hacer y ni siquiera matar lograba matar su aburrimiento.

No podía negar que escuchar los gritos agónicos de Rin era lo más placentero que había escuchado en su vida. Se imaginaba perfectamente cada tirón que Mizuki hacía del trapo para quitarle los pelos. Lo que daría por verla agonizar en medio de la depilación pero por ahora se conformaba con escucharla.

Al crepúsculo bajó para la cena pero antes de que pasaran al comedor su padre insistió en darle el regalo a Rin. Rin por el otro lado tenía mala cara, parecía enfadada y fatigada, de seguro que gritar cansaba y la depilación irritaba. Rin tomó el pequeño paquete, era una pequeño moñito azul con una cuerdita dorada. La joven miró maravillada el paquete, de pronto la emoción que Inu no Taisho le había hecho un regalo la hizo olvidarse de la tortura que experimentaba hace unos momentos.

Desató la cuerdita, la tela azul se aflojó y al inclinarla una preciosa cadenita hecha de una cuerda plateada con adornos hechos de puro zafiro salió de la bolsita. Rin al principio no supo que decir, se quedó con ojos brillosos, viendo y trazando los zafiros que adornaban la cuerda plateada. Al final logró vocalizar lo primero que podía pensar al ver aquella joya y es que era preciosa.

-Bueno – comenzó Inu no Taisho a explicar mientras Rin seguía observando completamente absorta los zafiros. –no es precisamente la cadenita de tu madre pero al menos puede reemplazarla mientras aun la estamos buscando.

-Es perfecta. – dijo sonriente. –Gracias papá. – abrazó fuertemente a Inu no Taisho desfilando una sonrisa sincera y amplia. –Muchas gracias. – fortaleció un poco mas su abrazo mientras sostuvo la cadenita en una mano. El comandante perro le devolvió el abrazo y de paso depositó un par de besos en la cabeza de la joven adolescente.

Pasaron al comedor donde Rin se dio el gusto de comer lo que quería y cuanto quería. Las muchachas en las cocinas habían hecho tantas delicias juntas que Rin tuvo dificultades escoger que comer. Había platos con carne diversa, pollos enteros asados, pollos partidos. Después, diferentes pescados asados pero asados de diferentes maneras, algunos habían sido sumergidos en una marinada dulce con anterioridad antes de haber sido asados otros no llevaban nada, vegetales asados y cocidos, tres tipos de salsa; una de soya, otra era sumamente cremosa por la leche y el arroz también algo más dulce y la tercera algo más picante. Todo vino acompañado por una enorme cantidad de arroz que después también apareció como ingrediente fundamental en varios postres. Para postre estaban arroz con leche, biscocho de confitería hecho de arroz y también con relleno de arroz y una masa con arroz y poca leche bañada en miel. Y finalmente, habían recolectado y cortado frutas para luego desfilarlas en dos enormes platos.

Rin juraba que si en aquel instante moría, moriría feliz por la vista delante de ella. Fue increíble ¡cuántos colores, cuántos platos! Se sirvió varias porciones donde su plato final consistía de todo un poco, para el postre se sirvió un poco de masa con arroz y poca leche bañada en miel donde también mezcló algunas fresas y un par de trozos de manzana. Al final de la cena pensó reventar por dentro. Le dolía horriblemente el estomago, estaba inflada y le tomó un buen tiempo bajar la comida.

...

Pasó más tiempo; días que se fueron convirtiendo en semanas, semanas que poco a poco fueron formando meses hasta que esos meses en un paso relativamente lento habían llenado el año y Rin había alcanzado 14 años. En este año y un par de meses ella había crecido unos centímetros más en altura y su cuerpo era cada vez más femenino. Un cambio que molestaba a un cierto demonio perro. El aroma que desprendía era cada vez más alucinógeno y maduro para sus sentidos y, aunque nunca lo mostraría, lentamente perdía cabeza por ella.

Pero si su cuerpo era cada vez mas femenino el comportamiento de Rin era cada vez mas masculino, siempre andaba en pantalones, caminaba sin ninguna elegancia, no se peinaba regularmente lo único que hacía con regularidad era bañarse. Comía en cantidades excesivas y si no fuera porque estaba entrenando de seguro que se hubiera puesto redonda. Siempre estaba en compañía de los soldados conversando, estudiando, esa era otra cosa que no era considerado precisamente femenino.

Una mujer lo único que tenía que saber en aquellos tiempo era coser, cocinar, mantener su casa limpia, satisfacer a su marido y parir cuántos hijos pudiera. Pero Rin no era el caso. No se le había cruzado una sola vez por la mente tener esposo mucho menos aprender a coser y cocinar para la función de ama de casa y esposa. Si ella aprendía coser y cocinar era porque ella así lo quería, porque le gustaba aprender y para ninguna otra cosa.

Ella siempre pensaba aprender para que le fuera práctico algún día. Cuando Sesshomaru la sacaba a hacer excursiones para tener entrenamientos algo más extremos lo poco que había aprendido cocinar le servía para que allá en las montañas no se murieran de hambre, aunque Sesshomaru como demonio no moriría tan fácilmente, libremente se podía aguantar unos días sin comida. Y en el caso de que alguna vez un traje se le rasgara, usó su conocimiento en costura para coserle el hueco y pudiera seguir usándolo.

Siempre pensaba económicamente, nunca había querido pedir demasiado de lo que le daban y tenía, ya eso era demasiado para lo que ella necesitaba a diario. Como crecía rápidamente, las cosas en su armario se hacían demasiado pequeñas para ella. En un solo año había crecido unos 10 centímetros y los kimonos de cuando tenía 12 años ya no le servían. Pero cuando venía la hora de "renovar" la vestimenta en el armario, Rin no quiso que le compraran demasiado kimonos porque sabía que realmente nunca tendría la oportunidad de usarlos y lo costosos que eran definitivamente no venían en cuenta, no era económico. Y aunque Inu no Taisho tenía mucho dinero ella no quiso que él lo usara en ella. Ya había crecido rodeada de muchas, demasiadas, comodidades como para exigir más. Apreciaba el hecho de que podía vivir allí y que los que vivían allí la aceptaban incluso Sesshomaru aunque seguía dándole la impresión de que no la aceptaba. La toleraba, sí, pero no la aceptaba como los demás.

Así la mayor parte de su armario estaba llenada con trajes de entrenamiento y vestimentas como las que usaban Inu no Taisho y Sesshomaru diariamente. Estudiaba cultura inuyoukai con Kenta mientras con los soldados más cultos aprendía a calcular. Con las muchachas en las cocinas aprendía hacer quehaceres domésticos y a solas con Mizuki aprendía sobre temas algo más… íntimos. De vez en cuando seguía buscando el dije de su madre pero nunca daba con él.

Como su cuerpo se había desarrollado un tanto más, en los entrenamientos con Sesshomaru siempre enfajaba sus senos no solo para disminuirlos también para que no le molestaran mientras peleaba y que tuvieran apoyo. Otra vez algo práctico. Había notado que, mientras más entrenamientos tenía tras de sí, sudaba cada vez más, así que siempre tenía que asearse después. Y al asearse normalmente usaba esencias suaves y refrescantes y para nada dulces porque su vida era demasiado activa y algo dulce en ella no duraría mucho tiempo. Por eso usaba limones y naranjas para asearse y en algunos casos extremos, cuando quiso darse algo de lujo, se aseaba en leche y miel como lo había leído que podía hacerlo en aquel libro.

Leyó que bañarse en la leche y miel ayudaba a suavizar la piel y que en Egipto Cleopatra siempre usaba aquella forma de bañarse para mantenerse joven y hermosa. También otra cosa que usaba regularmente era vaselina para labios que había hecho ella misma y cremas corporales. Pero la vaselina que ella se aplicaba no dejaba rastros pero si dejaba un sabor dulce a fresas, menta, naranja, albaricoque o cerezo dependía de qué fruta usaba para hacerlo.

A pesar de que ella se daba cuenta de los cambios corporales ella no lo tomó como una posible provocación así que cada vez que salía del baño y necesitaba alguna ropa mas masculina la buscaba en el cuarto de Inu no Taisho o en el caso extremo, el cuarto de Sesshomaru. Entraba desnuda preguntando completamente casual si podía tomar por prestado esa y esa cosa porque no se sentía cómoda dormir en yukata.

Era increíble cómo se trataban distintamente cuando no estaban entrenando. Ella lo trataba con más familiaridad y naturalidad y él volvía ser completamente frío de pocas palabras. Y él siempre le dejaba llevarse sus ropas pero detrás de aquella imagen fría la voluntad de Sesshomaru se veía a prueba a todas horas. Constantemente se veía tentado por ella cuando se presentaba completamente desnuda en su cuarto o cuando buscaba autorización de quedarse a dormir en su cuarto con él en una fina y delgada yukata que por el colmo se encontraba abierta.

Aunque lograba controlarse, cada vez que ella venía a dormirse con él vivía atormentado por su aroma, su figura y al darse cuenta de que ella comenzaba a gustarle físicamente hacía todo para odiarla.

Se estaba aseando en el baño principal en la primera planta. Como era de noche todo era tranquilo y silencioso, había una ventana y esa se encontraba entreabierta para que el aire fresco pudiera entrar. Para que no fuera demasiado tranquilo, y no sentirse asustada, se murmuraba una melodía improvisada mientras terminaba de enjaguarse y el sonido del agua acompañaba sus murmureos.

Dejó que su mirada se perdiera en la oscuridad de la noche que podía apreciar por la ventana, seguía lavándose el jabón del cuerpo, pero más que nada jugaba con el agua. No quería salirse de allí porque el aire estaba frío y el agua tenía la temperatura perfecta para mantenerla cálida y relajada. Volvió a mirar fijamente por la ventana, todo era tranquilo hasta que le pareció ver algo en la lejanía.

Entrecerró atenta los ojos para ver mejor, movió levemente la cabeza para ver si no estaba viendo alguna ilusión pero aquellos dos puntos rojos en medio de la oscuridad no desaparecían. Empezó a respirar temblorosa, empezó a sentir miedo, parpadeó, se restregó los ojos pero aquellos orbes rojos escarlata no desaparecían. Un zumbido cada vez más sonoro resonó en sus oídos, pudo escuchar el eco de su respiración temblorosa y honda, el corazón le retumbaba en el pecho y en las sienes.

Miraba aterrada hacia aquel punto, temblando abruptamente. Gritó. Se salió de un salto del agua y corrió desnuda y mojada por Sesshomaru a su cuarto. Hubiera ido por Inu no Taisho pero si tan solo estuviera en el castillo. Desde hacía meses salía misteriosamente del castillo y siempre así de repente sin decirle nada a nadie.

Sesshomaru, mientras tanto, había escuchado su grito, el aroma de ella se acercaba a gran velocidad y antes de que él pudiera registrarlo ella había abierto abruptamente la puerta respirando entrecortadamente. La vio cerrar la puerta tan rápido como la abrió y recargarse sobre ella respirando descontroladamente completamente estática y… desnuda. La miró con aquella mirada fría y aburrida, ¿ahora con que le va a salir?

-Sesshomaru – espetó Rin completamente alterada, respirando abruptamente. Formó la boca para decir algo pero lo único que salió de su garganta fue la letra U a la vez que señalaba la dirección del cuarto de baño.

–u-u-u-u – seguía soplando Rin, tratando de decir algo más que solo U.

-Un hombre me estaba viendo en el baño. – logró decir precipitadamente aun recargada contra la puerta. –Yo me estaba – continuó Rin agitada a la vez que se despegó de la puerta y corrió hacia Sesshomaru. –aseando tranquila cuando de repente vi dos ojos escarlata mirándome. Sesshomaru – lo llamó algo más tranquila – ¿sería mucho pedir que me acompañes al baño?

Sesshomaru pensó atragantarse con su propia saliva ante aquella petición. ¿Que si era mucho pedir? ¡Claro que era mucho pedir!

-Allá se quedaron todas mis cosas – seguía explicando ya algo más serena pero aun bastante agitada. –ni siquiera me atreví a coger una toalla para no perder tiempo.

Sí, eso lo podía ver perfectamente. De repente la sintió cogerlo fuertemente con ambas manos por el brazo, completamente agitada.

-Mira, se lo pediría a tu papá pero no está y no sé cuándo va a regresar. Por favor acompáñame al baño. – dijo jalándolo del brazo.

-No. – negó tranquilo con los ojos cerrados sin moverse.

-Que me acompañes te dije. – insistió ella jalándolo con más fuerza por el brazo. Él gruñó por lo bajo, molesto por su atrevimiento.

-No iré a ningún lado. – sentenció gravemente, aun bastante tranquilo pero al sentir un nuevo y fuerte jalón empezó a crujir con los dientes.

-¡Que te levantes y me acompañes te digo! – gritó Rin exasperada apretando la mandíbula a la vez que trataba de moverlo.

-¡Que no! – rugió Sesshomaru perdiendo la calma, liberando su brazo bruscamente. Pero al final del forcejeo terminó acompañándola.

Caminó con ella pegada a él. Se abrazaba a su brazo presionando sus senos contra él. ¿Cómo no se daba cuenta de que lo estaba provocando? Entraron al baño. La miró por el rabillo del ojo cuando ella presionaba sus senos contra su brazo y la vio mirando nerviosa el alrededor.

-¿Que estás haciendo? – le preguntó fríamente.

-Estoy siendo alerta, tal y termina saltándose de algún lado del baño. – contestó Rin en voz baja mirando a todos los rincones del cuarto de baño.

-No seas paranoica. – espetó Sesshomaru entre dientes algo fastidiado por el constante contacto de los senos de Rin con su brazo.

-No soy paranoica – protestó Rin enérgica. – ¿no que dices que hay que tener ojos bien abiertos todo el tiempo, estar alerta para no ser sorprendido en ningún momento por el enemigo? Pues eso estoy haciendo. – le echó en cara, al menos aprendía algo de lo que él le decía pensó para sí mismo tratando de ignorar que ella seguía sujetando su brazo presionando sus senos contra el mismo y que a parte se encontraba completamente desnuda.

-Siempre dices que hay que tener los ojos hasta en la espalda –miró por su espalda.

-Ahí estaba – dijo de repente, señalando con el índice la ventana.

Sesshomaru miró por la ventana, entrecerró sus ojos para ver mejor pero no veía nada. Olfateó el aire pero no había absolutamente nada.

-No hay nadie Rin – dijo frío. –debes habértelo imaginado.

-¡Que no me lo imaginé! – gritó Rin ofendida soltando el brazo de Sesshomaru. – ¡No estoy loca! Sé perfectamente lo que vi y vi dos ojos escarlata mirándome desde la oscuridad. – sentenció muy seria señalando la ventana.

-Y yo te digo que no hay nada aquí. – dijo con voz gélida sin embargo volvió a asegurarse de que eso fuera cierto.

Rin lo observó caminar hacia la ventana, ella ya tenía bastante frío. Poco a poco le pareció oír el eco de una respiración rasposa. La combinación de inhalo y exhalo se hizo cada vez más fuerte, sintió miedo.

"¿Me estas buscando Rin?" – le preguntó una voz en forma de susurro escalofriante que más bien parecía un siseo de serpiente. Respiró temblorosa mientras sus ojos estaban fijados en el suelo sus pupilas estaban temblando.

"Aquí estoy." – arrastró el siseo.

Se creó un momento de silencio cuando de pronto la voz gritó "¡MIRAME!" Y Rin sintió un escalofrío terrible recorrer su cuerpo. Alzó la vista reflejando terror. Su cuerpo se había puesto frío y tenso, de repente una cortina negra le cubrió los ojos y en el momento siguiente cayó inconsciente desplomándose en el suelo.

REVIEWS…REVIEWS…REVIEWS…REVIEWS

¡Hola! ¡Otra vez yo! Lo siento mucho… ya sé que lo corté en la mejor parte pero es para aumentar el suspenso. Dios santo ¿que pudo haber visto Rin? y mas… ¿qué demonios fue esa voz? A mi personalmente me daría un miedo terrible, en serio que reaccionaría de la misma manera que Rin. No se ustedes pero a mí me gusta cómo me está quedando el carácter de Rin. Es chistosa, trabajadora y siempre pensando prácticamente… jejeje. Y qué decir de su primera depilación… jejeje mira que hasta esta dispuesta a hacer lagartijas y abdominales solo para no tener que vivir el infierno de la depilación. (Chicas, las que usamos ese método sabemos lo doloroso que es) y su pequeño teatrito para evadir el entrenamiento. ¡En serio que me gusta muchísimo!

Pobre Sesshomaru tener que soportar la desnudes de Rin frente a él y sentir sus senos sobre su brazo… jejeje Les dije que seguirá sintiéndose bastante raro. Que seguiré atormentándolo. Aunque fue algo malo cuando disfruto escuchar a Rin gritar a causa de la depilación. El pequeño descontrol vocal que tuvo he visto pocas veces en anime que había ocasiones en donde el perdía el control y gritaba (lo hizo en el capi cuando Inuyasha insista en batallar a los gatos y Sesshomaru lo manda a callar, creo que es el capi 76 del anime pueden comprobarlo. o cuando Kagome insiste en mandarle flechas para traspasarle el brazo con el fragmento de shikon en el capi 19, otra vez lo pueden comprobar)

Ahora, Inu no Taisho de repente se ha vuelto muy misterioso ¿no? Con sus repentinas y secretas salidas sin decirle a nadie a donde va. ¿Qué tanta importancia tienen la marca en el ombligo de Rin y la cadenita con zafiros que le regalo Inu no Taisho después de regresar de una de esas misteriosas y secretas salidas?

Le quiero agradecer a las tres valientes que se animaron a dejarme el review en el capi anterior: black urora, Rinissita y Caty. Amuto. ¡Gracias chicas por comentar! Estaré esperando también los reviews de los demás. ¡Anda que no muerdo! ¡Anímense! En verdad que me interesa su opinión.

Esto será todo por hoy, nos leemos en el próximo capi. ¡Hasta el viernes! ¡Y Feliz y Prospero Año Nuevo!