Disclaimer: el manga y los personajes no me pertenecen a mí, sino a su autor y legítimos dueños y propietarios
- OOOOOOOOOOOO-
Cuando despierto me fijo en el reloj de la mesilla. 12: 10 AM.
"Genial, ya es mi cumpleaños." pienso irónicamente.
Me giro en la cama y al pasar mi brazo por el lugar en el cual debería de estar mi esposa, el mismo que lleva ocupando desde hace casi tres años, lo encuentro vació y frió.
"¿Donde estará?"
Me levanto de la cama aun con sueño, pero se que voy a ser incapaz de volver a dormirme sin ella a mi lado, o al menos, no sin saber donde esta. Me recorro la casa entera buscadola.
Primero paso por la cocina, por si ha decidido hacerme una comida especial por mi cumpleaños, pero no esta ahí, ademas acabo de recordar que este año mis padres se han ocupado de organizar toda mi fiesta en su casa.
Paso por el despacho que compartimos, por si se ha quedado hasta tarde terminando algún trabajo pendiente, pero tampoco la encuentro.
Esto ya se esta volviendo un poco raro.
Al fondo del pasillo veo la puerta abierta de la habitación de Ren, mi perfecto y enérgico hijo de dos años, que al igual que su madre parece haber desaparecido sin dejar rastro, aunque todas sus cosas siguen tiradas por la habitación como lo estaba esta tarde.
Esto ya se esta pasando de raro.
Corro hacia el salón buscando mi móvil, y por fin los veo, a ambos. Un gran peso cae desde mi corazón hasta desaparecer, liberándolo de la carga que este transportaba desde que me desperté hace apenas unos minutos.
Kyoko y Ren están tumbados en el sofá grande que hay en el salón, con Kyoko en la parte de fuera del sofá para que el niño no se caiga si se mueve mientras duerme. Están tumbados en el medio del sofá, dejando sitio por ambos lados y yo decido sentarme en el lugar que esta mas cerca de sus cabezas, desde donde les puedo observar tranquilamente.
Veo sus rostros relajados y dormidos, en parte tan parecidos entre ellos, sobre todo cuando se ríen. En esos momentos es cuando recuerdo lo afortunado que soy de tenerles a ambos en mi vida.
Desde la mesa baja frente al sofá un papel de color chillón llama mi atención, la tapa de la caja que envuelve el papel esta abierta y dejada a un lado, así que miro dentro. Hay una fotografía de la época en la que conocí a Kyoko, de la guardería a la que solo asistí durante una semana, pero que cambio mi vida para siempre.
Esa fotografía la hizo mi padre mi ultimo día de clase, una especie de conmemoración a ese día, y la cual había olvidado durante todos estos años y que mi inteligente esposa debió pedir a mis padres para colocarla en el marco perfecto y dármela como regalo el día de hoy.
Dentro de la caja también hay un trozo de papel escrito de su puño y letra.
Para la persona que mas feliz ha logrado hacerme, en el pasado, en el presente y espero que en el futuro.
Feliz cumpleaños, Corn
Ese apodo que ella me dio por error sigue siendo nuestro pequeño secreto, uno muy importante para mi y que significa muchas cosas, y ella lo sabe bien.
Cierro la caja y la vuelvo a dejar sobre la mesa. Miro de nuevo hacia mis dos personas favoritas en el mundo y veo como una de ellas se restriega perezosamente los ojos mientras comienza a abrirlos, esos ojos tan parecidos a aquellos que me enamoraron desde la primera mirada de reojo.
Ren se ha despertado y, antes de que también despierte a su madre, lo cojo y lo pongo sobre mi regazo, apoyando su espalda y su cabeza sobre mi brazo izquierdo.
-Shhh- le susurro a mi hijo mientras me mira fijamente – o despertaremos a mama.
-Mama – dice él con la voz torpe de un niño pequeño, pero yo me llevo un dedo a los labios y él, al ver lo que yo hago, se tapa los suyos con ambas manitas. Le sonrió como un tonto como solo un padre sabe hacer, sobre todo, ante las monerías que sus hijos hacen.
-Ren ¿Quieres oír un cuento? - él asiente rápidamente con la cabeza y se recuesta contra mi brazo. Le encantan los cuentos también, en eso es igual que su madre.
-Yo también quiero escucharlo – dice la voz de mi otra persona favorita, mientras acomoda su cabeza sobre mis piernas, acurrucándose en el sofá a la espera de que yo comience la historia. Acaricio su cabeza y le doy un beso a mi hijo en el pelo antes de, como han hecho ellos también, cerrar los ojos y comenzar el cuento.
Erase una vez, en un país muy lejano, había un joven príncipe que estaba muy triste. Él no era apreciado por la gente por quien era en realidad, sino por el poder y las influencias de sus padres...
Y... Fin
Espero que os haya gustado ^_^
