Howdy-Ho!
Una disculpa por el retraso, me confundí un poco en saber qué seguía y esas cosas... Pero al fin hay un poco de acción, si saben a lo que me refiero. 1313 ;) En fin, disfruten. :)
"Descubrirse."
Domingo. Segundo día de trabajo de los cuatro jóvenes; en la cafetería se prepararon justo como el día anterior, con la diferencia de que esta vez los señores Tweak están presentes para ver cómo lo manejan. La presión que ejercían los adultos ocasionaba que Tweek y Butters permanecieran temerosos de cometer algún fallo y, por ende, ineludiblemente cometieron errores al trabajar. A pesar de las penetrantes y atentas miradas de los dos adultos, los insignificantes fallos cometidos pasaron desapercibidos para ellos, ya que estaban ahí sólo para pedir alimentos y ser atendidos todo el día.
A medio día, después de la escuela, Ruby, Ike y Karen volvieron al local a petición de esta última para conversar un rato con sus amigos y, porqué no, para estar cerca de Kenny, su querido hermano mayor. Entre comentarios absurdos y risas el batido de chocolate hizo efecto y Karen tuvo que ir al baño, dejando a Ike y Ruby solos. La plática poco a poco se tornó más personal hasta que Ike se decidió a hablar, confesando sus sentimientos. Ruby descubrió (o mejor dicho, confirmó) lo que se temía; Ike estaba perdidamente enamorado de ella. Ruby se quedó sin palabras al instante. No sabía qué responder, su mente sólo daba vueltas contorno a su hermano y su relación con Tweek. Ike comenzó a sentirse incómodo también. El ambiente se volvió tan tenso que incluso Butters lo sintió al acercarse a la mesa, regresando así su nerviosismo. Finalmente Ruby reaccionó y terminó por pedirle tiempo para pensarlo, saliendo de inmediato ante la mirada curiosa de Craig. Cuando Karen salió del baño se encontró con la mesa vacía. Kenny se acercó a ella y le dio un par de palmadas en el hombro.
–Creo que Ike al fin se decidió a hablar.
Karen miró al rostro de su hermano con un deje de desconcierto.
–¿Escuchaste algo? –Kenny negó con la cabeza, acompañando a su hermana a la salida. Karen se despidió–. Tengo que ir a hablar con Ruby.
En el parque, Clyde y Kyle estaban finalmente en su primera práctica. Después de acordar y planear su rutina, finalmente estaban ahí, pero tal parecía que no cumplirían su cometido, ya que el teléfono de Kyle sonó y tuvo que disculparse antes de contestar sin saber quién llamaba.
–¿Hola...?
La voz de la línea sonó algo... inusual. Kyle dio un vistazo a la pantalla del celular para saber de quién se trataba antes de volver a hablar.
–¿Stan?
Stanley soltó una breve carcajada antes de pronunciar palabras audibles.
–Ven conmigo...
–¿Qué?
–Ven.
–No puedo –contestó mirando a Clyde antes de darle la espalda–. ¿En dónde estás?
–En la escuela.
–¿Qué haces...? ¿Cómo entraste ahí?
Clyde se acercó a él, tomando su hombro.
–¿Qué pasa? ¿Con quién hablas?
Kyle no recibió respuesta de Stanley y bajó su celular para hablar con Clyde.
–Es Stan, parece que está en problemas.
–¿Necesita tu ayuda?
Kyle observó su teléfono para asegurarse de que la llamada continuaba.
–Eso parece...
–Ve con él.
Clyde sonrió y Kyle frunció el entrecejo ligeramente.
–Pero estamos por empezar la práctica...
Clyde lo interrumpió.
–Oye, Stan y tú son los mejores amigos que conozco. Si él te necesita debe ser algo realmente serio. Podemos empezar mañana en la escuela.
Kyle mantuvo el entrecejo fruncido, desviando la mirada para ver sus propios pies. Clyde tomó la mano que sostenía el teléfono celular para elevarla e incitarlo a contestar. Kyle asintió sin mirarlo a los ojos, reanudando su plática con Stanley aún sin estar de acuerdo.
–¡...Hey, Kyle! ¡Ven a la escuela, ven conmigo...!
Escuchó sus balbuceos antes de preguntar.
–¿En dónde estás exactamente?
Stanley comenzó a darle instrucciones. Kyle se dirigió a la escuela no sin antes despedirse de Clyde, quien se dispuso a caminar sin rumbo en el pueblo. En su camino se encontró con Ruby y habló con ella brevemente ya que parecía que la joven tenía prisa. Tras esto pensó en que debía visitar a sus amigos en la cafetería, pero al pasar y divisar desde afuera a los señores Tweek decidió que no era un buen momento para ello. Continuó caminando hasta que llegó al centro comercial. Entró y vagueó entre las tiendas hasta que vio un maniquí que llamó su atención ya que vestía la misma ropa que él; pantalones entubados en color café, tenis bota y camisa de manga corta y cuello en V, ambos de color blanco y su usual cazadora de béisbol; dentro de la tienda de ropa unisex se encontraba la esbelta rubia que le hacía suspirar. Esta vez no fue la excepción, por lo que rápidamente entró para acercarse a ella y saludarla. Bebe se enfureció al ser interrumpida mientras contemplaba las bellísimas faldas extra largas, por esta razón se comportó de una manera impetuosa ante el entusiasmado joven. Clyde parecía tan feliz que Bebe no pudo evitar destrozar su sonrisa.
–Me interrumpes.
Clyde intentaba quedar frente a ella.
–Yo sólo quería saber cómo estabas.
Bebe lo miró de reojo, sin prestar demasiada atención.
–¿No te dije que no me dirigieras la palabra hasta que bajaras de peso?
–En realidad no... Dijiste que saldrías conmigo si bajaba de peso...
–¡Es lo mismo! ¡Aléjate de mí!
–Pero Barbara, estoy... haciendo una rutina de ejercicio y pronto bajaré de peso...
La joven giró los ojos, incapaz de darle la cara al contrario.
–¿Ya comenzaste? No veo ninguna diferencia.
–No, pero pronto...
Interrumpió alzando la voz.
–¡Pues hasta que eso suceda, no me hables!
Finalmente la rubia ignoró al aún esperanzado joven mientras adquiría una falda extra larga en color rojo, después de esto se marchó del centro comercial dejando atrás a Clyde, quien por primera vez decidió no seguir insistiendo.
Fuera de la residencia Tucker, Karen finalmente encontró a Ruby, justo en la entrada de la casa. Ambas subieron directo a la habitación de la menor de los Tucker para hablar y aclarar de una vez por todas qué era lo que Ruby sentía. Karen observó a su amiga tomar asiento frente al espejo, posteriormente la siguió y acarició su cabello para comenzar a juguetear con mechones de pelo.
Ruby bajó la cabeza, mirando el reflejo de sus pies en el espejo.
–¿Lo sabías? –dijo levantando la cabeza para ver a Karen, quien asintió antes de tomar un cepillo–. ¿Por qué no me dijiste nada?
Karen comenzó a cepillar su cabello.
–Porque ya lo sabías.
–Sí, pero... no creí que...
–¿...Que te lo diría?
Ruby miró a otro punto en la habitación, intentando aclarar sus sentimientos. La verdad era que Ike la agradaba, desde el día en que se conocieron él siempre había estado a su lado. Él y Karen eran las personas en las que más confiaba, y los apreciaba, pero había algo en Ike que definitivamente hacía que su cariño hacia él fuera diferente.
–Ruby, lo más importante es, ¿qué sientes por él?
La mencionada se apartó del espejo y de su amiga, estirando los brazos en señal de cansancio.
–Karen, no sigamos con esto...
En definitiva, Ike le gustaba, pero siempre era preferible evitar el tema.
Kyle acababa de entrar a la escuela media superior cuando la llamada por teléfono de Stanley se cortó. Intentó contactarlo de nuevo, ya que después de todo el balbuceo no le había dicho en qué parte de la escuela estaba, pero no respondía sus llamadas. Kyle se molestó y decidió caminar hacia los vestidores cerca de la cancha de fútbol americano, en donde probablemente se encontraba su ebrio amigo; el campo estaba lejos, por lo que le tomó tiempo llegar hasta ahí; revisó por todo el lugar, pero no encontro ni un solo rastro de que Stanley hubiera estado ahí. Kyle cerró los ojos, frunció el entrecejo y dejó salir una corta carcajada al pensar que se trataba de una broma. Pronto retomó su camino hacia la entrada de la escuela maldiciendo a Stanley una y otra vez, pero su recorrido fue interrumpido cuando recibió otra llamada de su amigo.
–¡¿Es una broma?!
–¿...Qué?
–¡No estás en la escuela!
Escuchó una risa descarada y estaba a punto de explotar de la ira cuando Stanley habló.
–Eso es porque no estoy en el campo... Bi-blio-te-ca, estoy en la biblioteca...
Kyle se sorprendió enseguida.
–¿En la biblioteca? ¿Que haces ahí?
–Sí, en la biblioteca...
Kyle giró los ojos y no perdió tiempo en dirigirse al lugar mencionado.
–Voy para allá, ¡no te muevas de ahí!
Cortó la llamada para prácticamente correr hacia la biblioteca. A decir verdad, ahora temía más por la integridad de los libros y del espacio en general, después de todo no era la primera vez que Stanley hacía lo mismo. En ocasiones anteriores había tenido que ir a buscarlo al centro comercial, a la cafetería de los Tweak, en algún baño público e incluso al lago del pueblo. Ya nada podía sorprenderlo. Al final, Stanley siempre terminaba en lo mismo. Kyle entró a la biblioteca y buscó a Stanley hasta encontrarlo en el suelo abrazado a un libro y aún sosteniendo su celular al lado de su oreja.
–¡Kylie! ¿Qué te trae por aquí?
Kyle suspiró.
–Levántate...
Kyle tomó el brazo de Stanley y el libro que sostenía cayó al suelo.
–¿Por qué ese libro...? –murmuró.
–¡Es tu libro fav-favorito!
Kyle se sorprendió de encontrar aquel libro en brazos de Stanley y aún más por el hecho de que sabía que era su libro favorito, ya que cambiaba su elección de libro favorito por lo menos cada dos meses. "Como gustéis" obra de William Shakespeare llevaba cuando mucho una semana de haber sido elegido y no había forma en que hubiera hablado con Stanley en ese lapso, mucho menos de libros.
–¿Cómo lo sabes?
Preguntó tomando el libro con su mano libre.
–¿Saber qué?
Kyle bufó.
–Nada...
Stanley sonrió y tomó el brazo de Kyle con ambas manos, jalándolo para acercarlo a él.
–¿Te refieres al libro?
Kyle retrocedió haciendo un esfuerzo para poner de pie a su amigo.
–Ya no importa...
Stanley se tambaleó hasta tomar el libro con una mano y el hombro de Kyle con la otra.
–Es porque me gustas.
Kyle apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que Stanley lo acorralara contra uno de los estantes para besarlo. El libro cayó al piso. Kyle no respondía al beso, pero eso no le impedía a Stanley deleitarse con el deseado contacto. Poco a poco Kyle reaccionó, siguiendo el ritmo, tocando el rostro del más alto; era extraño, el olor y sabor a alcohol era perceptible y molesto, pero no podía evitarlo, le era necesario hacerlo. Stanley rió cuando finalmente cedió, entonces profundizó el beso y deslizó sus manos bajo la chaqueta naranja de Kyle, acariciando sobre la delgada camisa negra de algodón.
Entre besos, Stanley habló:
–Te quiero... amigo...
Kyle abrió los ojos y lo empujó enseguida, ocasionando que se tambaleara hasta detenerse con el estante de enfrente. Ambos se quedaron en silencio, separados por aquel libro, viéndose el uno al otro.
El final del día para los cuatro jóvenes en la cafetería fue bastante ameno. Los señores Tweak quedaron satisfechos con la comida y con la eficacia de los jóvenes; parecía que los clientes habían incrementado de un día para otro gracias al carisma de Kenny, el entusiasmo de Butters y, por qué no, la singular relación de Tweek y Craig. Antes de dejar el lugar, los señores Tweak y los cuatro jóvenes habían llegado a un acuerdo; durante la semana los adultos se encargarían de la cafetería por la mañana y los jóvenes lo harían por la tarde después de la escuela. A pesar de su maravilloso acuerdo, los señores Tweak se habían ido antes de cerrar el local, así se libraban de la responsabilidad de limpiar y acomodar las cosas. Los cuatro jóvenes terminaron sus deberes, Tweek y Butters tomaron asiento en una de las mesas para conversar y tomar café; Kenny y Craig subieron a la azotea para fumar cigarrillos. Tomaron asiento en el borde del recinto y finalmente dieron una calada a sus cigarros. Después de la primera calada Craig no volvió a dar otra por largos minutos, por lo que Kenny supo que algo andaba mal.
No pudo evitar preguntar:
–Craig, ¿te pasa algo?
El mencionado fijó su vista en su compañero antes de volver a desviarla al frente.
–No.
Kenny sonrió.
–Vamos, no puedes engañarme.
Craig vio cuando Kenny le dio una última calada a su cigarro antes de extinguirse. Volteó a ver el suyo; era poco lo que quedaba, pero aún así lo brindó al otro. Kenny aceptó e hizo un gesto con la mano para que Craig prosiguiera.
–Tweek...
Craig permaneció en silencio y Kenny asintió.
–Sabía que se trataba del pequeño Tweek. ¿Qué hay con él?
Craig se inclinó, apoyando sus antebrazos sobre sus rodillas.
–Es lo que no sé.
–Eh... –aclaró su garganta–. Has estado con él prácticamente toda tu vida. A pesar de ello no sé si te gustan los hombres o no, ya que fuiste obligado a estar con Tweek... pero si dudas tanto debe ser porque no te sientes cómodo en su relación actual. Si quieres terminar con él...
–No es eso.
Interrumpió a Kenny. Suspiró y movió sus brazos hacia atrás para recargarse en ellos. Observó hacia el cielo mientras Kenny sonreía e imitaba sus acciones.
–Creo que tienes la respuesta.
–Nadie me obligó a estar con Tweek. Si no me agradara no estaría con él, pero últimamente las cosas han cambiado...
–¿Quieres algo más con él? Es decir, ¿nunca ha pasado nada entre ustedes dos en todos estos años?
–Nunca hablamos sobre ello. Sólo somos como... mejores amigos. No sé si él quiere lo mismo...
Kenny lo miró fijo.
–Craig, ¿te gusta Tweek?
Craig titubeó, dando un vistazo alrededor.
–Sí...
–Entonces arriesga todo y háblale de tus sentimientos. Han estado tanto tiempo juntos que lo raro sería que no sintieran lo mismo. Hasta yo estaba seguro de que ya había pasado de todo entre ustedes dos.
Craig negó con una sonrisa apenas perceptible, concibiendo al admirar la luna en silencio con su compañero.
En la residencia Marsh, Kyle finalmente había logrado llevar a Stanley hasta su habitación. Era bueno para Stanley que el resto de la familia no estuviera en casa a esa hora. Durante todo el camino Stanley había intentado persuadir a su amigo con el tema del beso. En la habitación sus movimientos torpes le impidieron acorralar a Kyle, pero lo había intentado. Terminado el forcejeo y una vez recostado en la cama, Stanley tomó el brazo de su amigo y le rogó para que no lo dejara solo. Kyle se rehusó hasta que el contrario lo jaló, recostándolo a su lado para abrazarlo con fuerza y, posteriormente, quedarse dormido. Kyle intentó escapar, pero no pudo. Stanley había logrado lo que se había propuesto.
Yay, ya comienzan las cosas gays. 3 1313
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