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Lo admito, el final fue forzado-suspira-me siento cansada. ¡No por el fic! Al contrario, ya he escrito bastante del siguiente capítulo, será cuestión de corregirlo y acomodarlo y decidir hasta donde será porque-mira el texto-sí, esta extenso. Con respecto a este capítulo la historia tendrá un nuevo matiz desde este momento, el drama-que no es mi fuerte-comienza desde ahora, trataré de alargarlo lo suficiente para que el fic sea interesante, pero que no llegue a ser tedioso, realmente no soy buena en dramas pero daré todas las depresiones que pueda dar(?.
Naruto Copyright © Masashi Kishimoto
Warning: OoC/UA/Lemon.
Words:
ddS⌐.
-Aмаήтэs.
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Sin mirar un pasado bañado de sexo y perfumes.
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Me desperté sola.
Kiba había salido de viaje, al menos eso me comunico Tenten. Se había formado una tranquilidad en mi pecho al saber que él no estaría cerca.
Desayune sola.
Tomé la galleta con cuidado y la mojé con delicadeza en la taza de café. La llevé hasta mi boca y cerré mis ojos saboreándola, había tenido hambre desde la noche anterior, sin embargo no deseé bajar a cenar, no quería encontrarme con Kiba, más que todo porque no podía evitar sonrojarme al pensar en lo que había dicho.
En algunos momentos, cuando evaluaba mis palabras realmente pensaba en ir y pedirle disculpas, pero la mayoría del tiempo era una hora más donde me sentía liberada. De pronto la galleta se me antojó repulsiva y sin poder evitarlo la escupí en una servilleta. Cerré mis ojos intentando calmar el dolor en mi pecho.
No podía parar de pensar en Gaara, terminaría loca antes de poder olvidarlo, era enfermizo, la necesidad que mi cuerpo sentía por él era inhumana. Me pregunté si estaría con Sakura, volví a sentir las nauseas desgarradoras y el dolor de mi pecho se extendió hasta llegar a mis ojos, las lágrimas comenzaron a salir y me sentí demasiado débil como para levantarme y caminar para poder calmarme.
— ¿Señorita Hinata?
Ahogué un quejido y limpié mis lágrimas con rapidez, me enderecé y me sentí estúpida pues seguramente mis ojos y nariz estarían rojos.
— ¿Sí?
Mi voz tembló.
— ¿Está usted bien?
—Claro que sí Tenten.
—Es que la señorita Temari está aquí ¿Debería decirle que esta indispuesta?
— ¡Oh, no, no!
Presioné mis ojos con las palmas de mis manos con fuerza, tomé aire y sonreí.
— ¿S-Se nota…? —Tenten negó con la cabeza—Bien, hazla pasar, por favor.
Al desaparecer Tenten Temari entró radiante.
En ése instante pude notar que era una mujer realmente hermosa, fina pero a la vez fuerte, imponía. Sentí un agudo dolor, deseaba ser como ella, poder levantarme y dejar todo en el pasado, sin embargo la herida era demasiado profunda, mis sueños se habían arruinado, la fuerza que me había salvado de la oscuridad parecía haberme hundido más.
—Espero que tengan el té listo—Sonrió mientras se deshacía de sus guantes de lana.
Esbocé la mejor sonrisa que pude y señalé una de las sillas traídas especialmente de España, otro de los orgullos de mi esposo. Suspiré ante el pensamiento mientras la tela del vestido de Tenten resonaba, tomó la tetera que había usado y colocó una nueva. Dejó dos tazas de porcelana. Fruncí el seño, sin embargo no hablé, sólo tragué más de mi café el cual ya estaba frío.
—Gaara quiso venir.
Alcé mis ojos y los fijé en ella.
Sus pupilas brillaron pícaramente, yo oculté mi rostro tras la taza.
—Una pena que no viniera…
En ese instante realmente deseé no haber dicho aquello, con todo mi corazón deseé que él no hubiera hablado con su voz ronca que parecía derretir cada parte de mi cuerpo, deseé no voltear y encontrarme con sus ojos aguamarinos que me producían escalofríos, que entumecían mis extremidades, tantas sensaciones que no deseaba volver a sentir, quería olvidarlas y que al parecer él no planeaba dejarme. Cada deseo parecía no querer cumplirse, me regañé mentalmente por ser tan débil ante él.
Gaara dejó de apoyarse en el marco y caminó a paso lento, calmado, hasta la silla situada a mi costado, tomó asiento de forma elegante, como si aquella fuera su mansión, como si yo fuera su esposa, me miró con sus ojos cargados de posesividad, como lo hizo cuando despertamos en la cama.
Juntos, desnudos.
—Buenos días Hinata.
—Buenos días Gaara…
Respondí casi inmediatamente, porque ya no me sentía sola, porque las ganas de llorar eran de una pura felicidad, como si él hubiera ido por mí, a pedirme disculpas, a decirme que Sakura no era más que un error en su vida, que no me dejaría, pero aquello era pedir demasiado y aún cuando sabía que era un deseo ferviente que no se cumpliría al igual que el resto, no deseaba descartar esa posibilidad.
—Le dije que hablaríamos cosas de chicas—Rió Temari—pero insistió y no pude negarme ¿No es así, Gaara?
Él no retiraba sus ojos de mí. Logré desviar la mirada aplicando un esfuerzo sobrehumano, pero el sentir su mirada sobre mí no ayudaba en absoluto.
—No deseaba quedarme en casa—Respondió con tono seco.
—Dime Hinata ¿Cómo has pasado la noche? —La rubia llevó la taza de café humeante hasta sus labios.
No confiaba en mi voz, sabía que al hablar se partiría por completo. Traté de aclarar mi garganta de forma disimulada
—Bastante bien, gracias ¿Ustedes?
—Pues yo no dormí en la mansión—Temari sonrió con un leve sonrojo en sus mejillas—lo que me recuerda que no puedo quedarme mucho tiempo, lo siento Hina, tomaremos el té otro día, este café estaba delicioso.
No pude abrir bien mis labios cuando ya estaba dando un suave beso en mi mejilla y dando saltitos apresurados se perdía en la puerta de la salida, siendo perseguida por la pobre atareada Tenten.
Por tan sólo un instante me olvidé de su presencia pero él no permitió que fuera por mucho tiempo, sentí como su perfume me rodeaba y mi reacción fue el voltearme hacia el frente. Craso error, sus labios me esperaban hambrientos, apoyó ambos brazos a cada costado de la silla Española que mi esposo apreciaba quizá más que mis labios y me empujó con una fuerza voraz contra esta, intentando hundir su lengua lo más posible.
Intenté alejarlo pero mis manos me traicionaron y lo atraje hacia mí, lo había necesitado la noche anterior.
De pronto se alejó de mí, como si algo horrible lo hubiera asustado. Jadeó y lo vi confundido, su cuerpo retrocedió y tropezó con la mesa, para mi sorpresa se mantuvo exitosamente de pie, lo que me llevó a recordar que no todos eran torpes como yo. Sus ojos se clavaron en los míos y de inmediato el Gaara seguro de sí mismo apareció, sus manos frías se deslizaron por mis mejillas y pude darme cuenta que estaba llorando.
— ¿Por qué haces esto?
— ¿El qué? —Pregunté temblando.
—El complicarlo con tú desconfianza.
Intenté replicarle, pero continuó hablando.
—Entiende, soy un hombre que vive sus momentos, Sakura fue un momento, ni más ni menos, tú eres mi momento, mi presente y no pienso dejar que se pierda por un pasado que ya quedó olvidado ¿Entiendes?
Su voz era dura, gruesa y ronca, controlaba una rabia y un deseo desbordante que producía pequeñas convulsiones en mi cuerpo mientras las lágrimas continuaban fluyendo por mis mejillas. Traté de controlar los temblores y constantemente me limpiaba las lágrimas, pero era inútil.
Él me abrazó con fuerza, de un momento para otro terminamos en el suelo, él consolándome sin decir palabra alguna y yo aferrándome a su chaleco como si fuera la única forma de poder respirar, de poder seguir viva, él era la razón por la que estaba viva, no deseaba morir de nuevo.
En ése momento me di cuenta que lo amaba, lo amaba con toda la fuerza con la que una mujer puede amar a un hombre.
¿Qué pasaría cuando yo pasara a formar parte de ese pasado? ¿Sería despachada como Sakura? ¿Realmente quería eso?
Podía sentir sus manos recorrerme una y otra vez, no me interesaba la hora, no me importaba si Kiba llegaría, sólo podía hundirme en el pecho húmedo de Gaara que me acobijaba y rozaba al ritmo de sus estocadas. Sus músculos contorneados atraían mi atención y su respiración acelerada me demostraba lo bien que se sentía, al igual que yo.
Mi cuerpo temblaba por el placer y el frío, la chimenea había sido lo último que pasó por mi mente al comenzar a hacer el amor junto a Gaara, deslicé mis manos por sus cabellos y los desordené mientras me aferraba más a su espalda. La cama sonaba justo a nuestro ritmo, rápido, ardiente, necesitado. Todo me mareaba, el placer era lo único que me aferraba a que eso era real, ese instante entre sus brazos.
Sus labios me atraparon y no me soltaron, nuestras lenguas se saboreaban, se acariciaban y hundían en la boca contraria buscando un control que era más que predecible quien obtendría. Él era el dominante, quien lograba controlar cada sentido, cada respiro, mi corazón latía al ritmo de su pene que se incrustaba en mi entrada, produciendo un roce desgarradoramente placentero.
Parecía humedecerme más, mis pezones hinchados eran acariciados por sus manos frías, me pregunté si él también estaría temblando, dejaron de lado mis senos y se deslizaron hasta mis nalgas, empujándome más contra su ardiente ingle, parecía ser lo único caliente en la habitación. De un movimiento veloz y casi ciego para mí, me acostó de nuevo sobre la cama, detuvo el vaivén dejándome en el aire y me sentí desesperada por las sensaciones que él producía en mí. Apoyó mis piernas en sus hombros y comenzó a embestirme de nuevo.
—G-Gaara… A-Ah.
Sus labios me buscaron para callarme, me sentí incómoda ante la posición, así que arqueé mi espalda alejándome de él, la penetración se hizo más versátil, el placer aumentó, el ritmo junto a él y el mareo y deseo me llevó hasta el orgasmo.
Grité con todas mis fuerzas sin importarme nada, sólo quería explotar en miles de pedazos, deseaba quedarme así junto a Gaara, en ese exacto momento, en esa explosión descontrolada. Se dejó caer a mi lado y el frío me hizo jadear sacando el poco aire que aún me quedaba. Él se percató de esto y se levantó de un salto haciendo gala de su perfecto cuerpo desnudo.
Encendió la chimenea echando algo de leña y regresó a la cama, me acomodó en su pecho y me cubrió con las sábanas.
Decidí olvidarme de todo, había llegado a la conclusión que no tenía sentido el sufrir más si él había llegado hasta mí, si me había besado con la misma voracidad con la que yo lo besé, si me aferró con la necesidad que me estrujaba los huesos para con él.
Así que me rendía ante Sabaku no Gaara, era suya y no había fuerza sobre la tierra que pudiera evitar aquello, sin importar que me había enamorado y que para él era únicamente una cama más, me olvidaría de todo dolor, porque no sabía hasta cuando respiraría ó hasta cuando él podría permanecer a mi lado, sonreí al notar la influenza que había tenido sus palabras en mí, acarició la comisura de mis labios y me aferró con más fuerza.
Hasta este punto todo estaría bien, y era este punto el que me interesaba por ahora.
No sabía cómo reaccionar ¿Debía hablar? No, sería descortés, el regresar y desaparecer por la puerta no era una opción, mi vestido, tacones y hasta la puerta eran factores en potencia que producirían ruido y delatarían mi presencia pero tampoco podía quedarme allí apreciando el espectáculo. Era algo privado, mis mejillas ardían y lo sabía porque mi rostro en general despedía calor, mis palmas comenzaban a sudar debajo del guante y para mi desgracia mis ojos no se movían del mueble de madera blanca.
Itachi besaba sin compasión alguna a Deidara, el cual intentaba corresponder torpemente, sus manos se aferraban y acariciaban casi con desesperación. Intenté pensar en un plan de escape pero los gemidos de Deidara me desconcentraban.
Sus cuerpos no paraban de moverse, el calor que desprendían parecía venir directo a mí, mordí mi labio inferior, no estaba bien que siguiera allí pero realmente no deseaba interrumpir, de pronto ambos se detuvieron, sentí que sería descubierta y retrocedí, antes de hacer cualquier ruido ellos se volvieron a besar, esta vez más lentamente, sentí celos, realmente se querían, estaban tan sumidos en su mundo perfecto que realmente no notarían mi presencia sin importar lo que hiciera, sus manos ya no se acariciaban con deseo, sino por simple reconocimiento, como si quisieran trazar un camino suave por la piel que al parecer les pertenecía.
Retrocedí un par de pasos mientras Itachi apoyaba la frente en el cuello del rubio, sus respiraciones se calmaban poco a poco mientras se sentían, sin nada de por medio, por sólo sentirse. Cerré la puerta y me alejé con rapidez, esperaría mejor en la sala.
Unos minutos después Itachi apareció implacable, le sonreí, él se inclinó dándome un saludo mudo, Deidara apareció detrás de él arreglándose unos cuantos mechones.
— ¿Hinata, un?
Deidara pareció demasiado sorprendido, sus ojos viajaron de inmediato hacia Itachi el cual sólo miró hacia el horizonte, por alguna razón Deidara soltó un gruñido y le propinó un golpe, al parecer no sabía que tenía tiempo esperando—he de decir que mucho tiempo esperando, razón por la cual había ido a buscarlos—aprendí a ser más paciente en ese momento.
—He venido a despedirme—Sonreí dulcemente.
— ¿Dónde están Naruto y Sasuke, un? —Preguntó luego de besar mi mano.
—Ellos salieron, Naruto quería despedirse de tú hermana.
Miré a Deidara con preocupación, su rostro lleno de brillo se ensombreció levemente, seguramente había pasado algo, pero me sentí apenada de preguntar. Los gritos de Naruto comenzaron a resonar por la habitación, Itachi deslizó su brazo por la cintura del rubio y lo atrajo hacia él, desvié mi mirada para que no sintieran que los incomodaba y me fijé en la puerta de entrada por donde pasaban Naruto y Sasuke.
— ¡Hinata! —Gritó eufórico— ¡Llegaste, que alegría!
— No podrían irse sin despedirse—Solté una de mis risitas tontas y correspondí en fuerte abrazo que me daba el Uzumaki—realmente es una visita rápida, no quiero entorpecer su partida, sólo quería verlos—Me sonrojé.
—No digas idioteces Hinata, no entorpeces nada.
El tono ronco de Sasuke me calmó, sin embargo aún me sentía de sobra. Ayudé a Naruto a empacar ya que su maleta no cerraba—suele suceder si no se dobla la ropa—y me retiré antes que los carruajes llegaran.
Caminé a paso lento, llamaría algún carruaje más adelante, deseaba caminar, aunque fuera tan sólo unas dos cuadras. Crucé la calle, la noche ya estaba comenzando a bañar las esquinas de sombras, al alzar mi rostro, apoyado en el marco de una barbería fumando un puro, me encontré a Gaara, sus ojos brillaron al verme y mis mejillas se tiñeron al reconocer para qué me estaba esperando.
Desperté con una sensación amarga en lo más profundo de mi garganta, suspiré suavemente y tanteé sobre la cama buscando el cálido cuerpo del conde, sin embargo no logré dar con él. Me reincorporé pero las cortinas no dejaban entrar ni un solo indicio de luz, sólo debajo de la puerta se lograba ver el sol mañanero pero era leve e inútil para mi ceguera.
Volví a tantear y me sentí ridícula, su cuerpo se sentiría de estar allí, pero logré dar con un papel, me moví dispuesta a salir de la cama y me percaté que seguía desnuda, me sonrojé sin poder evitarlo y me cubrí de inmediato con las sábanas, miré la hora dubitativa ¿Dónde estaba Tenten? Y como si pudiera leer mi mente la puerta sonó.
—Adelante—Murmuré.
Tenten entró a paso apresurado como solía estar, corriendo de aquí para allá, tras ellas pasaron un par de criadas más directo al baño con grandes tazones humeantes, al abrir las cortinas cerré los ojos pues la luz me molestaba, me dejé caer en la cama de nuevo y me cubrí por completo con las sabanas, bajo estas la luz era menor y al mismo tiempo la suficiente como para leer con calma.
-Regresaré al atardecer, se presentó un problema con Temari, espérame, te deseo.
Gaara-
Sonreí, sentí como mi corazón se aceleraba y me alegró, aquél amor que quizá no era correspondido me hacía sentir viva, como nunca me había sentido, sonreí tontamente y me descubrí con cuidado de no mostrar más de lo debido, Tenten me sonrió.
—Se ve radiante esta mañana, señorita Hinata.
—Gracias Tenten—Me sonrojé—Tráeme la toalla por favor.
Ella obedeció de inmediato, me ayudó a envolverme en esta y caminé en puntillas hasta el baño, hacía frío y el suelo era la demostración más fiel. Tenten me ayudó a vestir y llevó el desayuno hasta mi habitación.
Realmente dejé casi todo lo que la cocinera me había hecho, aún cuando se veía apetitoso mi mente no estaba centrada en comer, el mal presentimiento no me dejaba tranquila, decidí olvidarme de aquello, no quería preocuparme demás, me instalé en la biblioteca de Kiba y comencé a leer, las horas se pasaron sin darme cuenta.
La historia de una hermosa joven que encontraba a su amor perdido dejó en mí una marca imborrable. Sentí una extraña sensación en mis dedos, miré el escritorio de Kiba con aparente calma. Frente a mí habían cuatro hojas y a un lado la pluma junto a la tinta.
Me encontré a mi misma tomando más hojas y escribiendo como loca, escribir mi vida de pequeña me produjo una melancolía que hacía tiempo no sentía, llegué a derramar un par de lágrimas sin embargo descargar aquellos recuerdos y pensar que alguien más leería mis alegrías, mis dolores, mis tristezas y amarguras, mis momentos gratos y desvelos me hacía sentir en paz.
No podía esperar a escribir sobre Gaara, sin embargo aún faltaban momentos que plasmar, temí tomar más hojas y sólo repuse las cuatro que ya había gastado, tomé las hojas y busqué algún artículo que me ayudara a guardar las hojas con bien, al conseguirlo me dirigí a mi habitación y las escondí debajo del cajón de mi peinadora.
Al mirarme al espejo noté, con horror, que mi vestido había quedado manchado de tinta al igual que mis mejillas y mis manos. Mordí mi labio inferior y me levanté temblando. Fui consciente del creciente terror que Kiba causaba en mí.
Asomé mi rostro intentando cerciorarme que no hubieran personas, sabía que de no ser por Tenten Kiba ya sabría sobre mi amorío con Gaara, ya que todos los trabajadores le tenían un respeto que me parecía absurdo al moreno.
Para mi salvación Tenten subía con una bandeja de té caliente, casi grita cuando me vio, llevé mi dedo índice hasta mis labios haciéndole señal para que callara y así lo hizo. Al cerrar la puerta ella ya estaba sacando un vestido limpio.
— ¿Cómo se ha hecho esto señorita Hinata?
Preguntó alarmada mientras limpiaba mi rostro.
—Pues… Entré al despacho de Kiba y comencé a e-escribir y me manché.
Tenten hizo una mueca desaprobatoria y me sentí como una niña, por lo que me sonrojé. Ella volvió a tomar mi mentón y continuó limpiando con cuidado mi rostro. Me cambié y tomé el té mientras ella se encargaba de limpiar el vestido
Mientras bebía el té sentí unos suaves labios posarse en mi cuello. Estaba sentada frente al espejo y pude ver como el cabello fuego de Gaara sobresalía de mi piel.
Mi corazón se aceleró de inmediato y mi cuerpo reacciono al calor de sus besos suaves y húmedos que se desplegaban por mi escote poco común en mí. Él pareció disfrutarlo, alzó la mirada y nos miramos ardientemente por el espejo con ésa pasión que él lograba sacar de mí y el fuego que siempre observaba en sus ojos al verme.
Abrí mis labios para hablarle sobre mi historia, pero él se adelantó y me besó con una voracidad casi animal. De un momento para otro me llevaba cargada hasta la cama y me lanzaba con furia en ella. Me asusté pues jamás le había visto tal deseo pero sus caricias se llevaron cualquier temor y trajeron el placer y un deseo casi tan descontrolado como el suyo.
Mi corazón latía a mil por hora contra su pecho desnudo y marcado por músculos mientras sus labios se paseaban por mi rostro y cuello. Sus manos expertas en deshacerse de mi ropa ya me habían dejado indefensa, la barrera de ropa había caído al suelo sin poder evitarlo y sus labios ahora habían dejado de juguetear para pasar a recorrer mi vientre.
Con sus manos grandes y abrió mis piernas y su aliento chocó contra mi clítoris causando un estremecimiento en mi cuerpo entero, temí lo que fuera a hacer pero era demasiado tarde, sus dedos abrieron mis labios inferiores y su lengua se pasó sin pudor alguno por toda la zona. Arqueé mi espalda ante la extraña y cálida sensación.
Uno de sus dedos se introdujo en mí, expandiéndome con cuidado. El suave vaivén se formó, mi respiración se aceleró, estaba húmeda y él tenía la total vista de ello. Su lengua comenzó a lamer con cuidado mi clítoris y sus labios lo cubrieron abrazadoramente succionándome la vida en el acto.
Mis manos se aferraron a sus cabellos fuego mientras él desplegaba suaves besos por toda la zona, mi respiración parecía acelerarse al ritmo de su dedo el cual entraba y salía continuamente de mi interior. Mis labios clamaron su nombre y le pedí que entrara en mí. Él se separó de mí y atrapó mis labios con los suyos, dos de sus dedos entraban en mí marcando un ritmo ardiente que me producía espasmos en todo el cuerpo. Su mano libre comenzó a acariciar mi seno y sus labios viajaron hacia el otro sacándome suaves gemidos que traté de callar.
—Gime—Pidió—Vamos Hina, gime más duro, quiero que grites mi nombre.
Sus labios continuaron succionando mis senos. Sentí como el clímax se acercaba y no pude callar mis gemidos, grité su nombre fuerte y claro, pero él paró el movimiento cerré mis ojos sintiendo un calor embriagador y una tensión en mi zona baja que me cortaba la respiración.
Lo busqué con desesperación, el permanecía arrodillado sobre la cama con su pantalón a medio abrir, me subí sobre él y el cayó hasta estirar sus piernas, mis labios comenzaron a devorarlo sin calma, lo besaba con desesperación y deseo tomándolo por las mejillas, él sacó su miembro y lo acomodó en mi entrada. No me detuve, jadeé en su boca al sentirlo entrar lentamente. Me tomó con firmeza por las nalgas empujándome más contra él. Ambos gemimos cuando entró completamente en mí.
Comencé a mover mis caderas sobre él, mordió mi cuello succionándolo con hambre, estaba segura que me dejaría marcas. Mi cabello llegaba a colarse y era molestoso, pero él lo tomó con firmeza & sin mucha fuerza hasta colocar lo más que pudo en lo alto de mi cabeza haciendo presión, la cama comenzó a sonar junto al latido de mi corazón que hacía eco en mi cabeza. Todos mis sentidos estaban concentrados en su cuerpo, podía sentir su miembro latir dentro de mí.
El placer se hizo extremo, jadeé alejándome de él, en un acto casi automático arqueé mi espalda, él me apretó con fuerza contra él y pude sentir como todo su cuerpo se tensaba, estaba enloquecida y no pude callar mi grito de placer.
Sentí un fuerte frío que me envolvió de pronto. Gemí pensando que Gaara se había alejado de mi cuerpo y tanteé entre las sábanas para encontrarlo, sin embargo lo único que logré tocar me jaló con fuerza hasta tumbarme al suelo.
— ¿Q-Qué…?
Alcé mi vista y me encontré con el rostro encolerizado de Kiba.
— ¡Prostituta! ¡En mi hogar te atreves a revolcarte con otro!
Su cuerpo temblaba por completo. Me aterroricé, sin embargo lo único que hizo fue tomar las sábanas y lanzarlas al fuego. Me di cuenta de mi desnudez y sonrojándome intenté cubrirme con una almohada.
Él me la arrebató.
— ¡Humíllate, espero que te sientas orgullosa de lo que has hecho!
Tenten rápidamente acudió en mi ayuda.
Kiba me alzó la mano dispuesto a pegarme, pero varios lacayos entraron para detenerle.
Gruñía y jadeaba mientras yo no sabía cómo reaccionar, estaba segura que no había forma alguna de actuar ante aquello. Me sentía aterrorizada, lastimada y humilladla, pero no podía reaccionar ante todas aquellas sensaciones. Poco después de vestirme Tenten intentó traerme un té.
Mientras esperaba la bebida con un vestido negro de seda, el corsé combinaba con la gargantilla que adornaba mi cuello, mantuve mi cabello suelto pues no me daría tiempo de recogerlo. Escuché la puerta abrirse, mantuve mi rostro fijo en la chimenea que ardía, me sentía demasiado apenada con Tenten, pero quien jaló de mi brazo y tomó mis cabellos fue Kiba.
— ¡Basta, p-por favor Kiba, detente!
— ¡Cállate, pagaras por todo esto!
Me solté como pude, las lágrimas comenzaban a salir de mis ojos, no era por el dolor pues realmente no me importaba, hasta cierto punto, lo que Kiba pensara de mí, él no tenía fundamentos para señalarme, sin embargo me dolía que Gaara no estuviera allí.
Me cansé de aquello, salí corriendo de la habitación, Kiba avanzó detrás de mí lanzando blasfemias, pero como siempre, Tenten lograba leer mis pensamientos y me esperaba al final de las escaleras, tomó mi mano y me jaló hasta correr al final del terreno Inuzuka.
— Señorita Hinata—Habló mientras me subía al carruaje—ya le he dicho la dirección, iré en cuanto pueda ¿Sí?
—No te olvidaré Tenten, g-gracias.
