Capítulo VII

—Deberíamos quedarnos aquí —repitió por tercera vez sin recibir respuesta por parte de Inuyasha.

Por mucho que se mostrase con ese semblante serio en su posición sentada debajo del árbol, sabía que lo pensaba. Lo notaba por como intentaba evitarle la mirada, y en especial por el tiritar de su alzada ceja izquierda… Y como la respuesta nunca llego, simplemente dejo todo a un lado de Inuyasha y a paso calmo fue sacando todo de la improvisada bolsa.

Llevaban seis días de viaje. Seis largos días y les quedaba uno más por llegar al templo.

El modo en que cortaron tiempo al él llevarla en su espalda era impresionante, pero cada vez que ella le proponía descansar él se quejaba o simplemente resoplaba como si lo estuviese ofendiendo con su propuesta, y para evitar aquello seguían, dando con la noche sobre sus cabezas y tener que improvisar un campamento a oscuras.

Estaban a tan solo un día de llegar, y por mucho que las ansias le carcomía por dentro, esta batallaba para que atrasara su llegada.

¿Su familia habría llegado ya? Sango, Kohaku y su... padre…

Tembló ante esta última realidad y sin querer pensar más en ello saco el resto de las cosas con rapidez.

Inuyasha la miraba con su ceño fruncido, a lo que no quiso mostrarle mayor importancia.

Últimamente estaba tan extraño. Su comportamiento se mantenía entre nervioso, quejante y ansioso. Le encantaría preguntar qué era lo que lo tenía en ese estado… si bien hace unas semanas no habría dudado en hablarle sobre ello, ahora andaba con pie de plomo ante cualquier comentario, y sabia que con él ocurría lo mismo. Era mejor esto que arruinar la buena convivencia.

Improviso una cena a base de arroz, un poco de carne y bulbos y tallos subterráneos comestible que recogió ese mismo día mientras Inuyasha desaparecía por unos segundos… su rostro de alivio era inconfundible, llevándola a sonreír de manera disimulada.

Mientras sazonaban intento no pensar en su perdido surtido de hierbas comestibles, ya que eso significaría traer al recuerdo a Furyoku, y junto con él, lo vivido hacia unos días.

Si bien, por mucha fuerza de voluntad que mostrara por intentar llevar su vida con "normalidad", aquella voz la seguía atormentado, junto con la sensación. No podía alejarla… Se sorprendía así misma sollozando por las noches sin encontrar consuelo, para luego sentir como Inuyasha la confortaba meciéndola y susurrándole: "todo estará bien…"

Quería creerle… y por momentos lo hacía hasta que llegaba la noche y lo escuchaba otra vez…

Entre sus pensamientos le escucho a Inuyasha rezongar sobre el clima, sobre el bosque, los animales, las persona… no hubo ser que no fuese dejado de lado ante su queja existencial. Y este se había convertido en el pan de cada día…

—Si lo dioses no hubiesen sido tan egoístas, este lugar seria un paraíso —finalizo cruzándose de brazos.

Kagome lo observo con curiosidad, y es que antes ya había escuchado un comentario igual, pero de parte de su abuelo, cuando su educación y conocimientos no se habían ampliado gracias a las sacerdotisas.

—¿Por qué dices eso?

—Es la verdad. Primero, privarnos de toda liberta en decisión y luego, darle la capacidad a Bestias para que manipulen las estaciones… ¿No es egoísta?

—Lo de las bestias no lo veo tan así… —tiro un par de leños al fuego y acomodo los pocillos de la comida —. Cuenta el Gran Libro que el brindarles estas habilidades a ellos fue un modo de pago a la humanidad.

—No veo en que sea un pago… —farfullo cruzándose de brazos.

—Si lo vez así de simple, claro que no. Pero para ello debes leer la historia de la creación como para entenderla.

Y Myoga lo reprocharía por no haberlo hecho cuando se lo exigió su hermano… es que tamaño libro… con suerte y leyó un par de capítulos, y todos saltados. Lo suficiente como para aprobar el interrogatorio. En su minuto se felicito en su habilidad por improvisar, sin embargo ahora… Rogaba porque sus futuros hijos si es qué lo heredaban la utilizaran solo en batalla.

—Mi "instructor" no era muy dado a la motivación a la hora de estudio —recordando como Sesshoumaru dejaba la orden y se marchaba, regresando a las semanas a la espera de que hubiese obedecido… y como la obediencia entre su familia no era algo común, las moraduras a causa de su castigo, si.

—No todos tenemos la suerte de ser educados por gente con vocación —"Eso no era necesario decirlo…"—. Sin embargo yo… he sido afortunada en ese sentido…

Kagome sonrió de medio lado y continúo con lo que era agregar un par de bulbos a la cocción e Inuyasha sin mostrar interés en dejar de mirarla con firmeza, noto incomodidad en ella, por lo que con calma, dijo:

—Lo que recuerdo de lo que leí, es que decía que Ame No Uzume cedió parte de su inmortalidad a las bestias… no recuerdo el motivo, solo que lo hizo. Y si ella está muerta, nadie más podría controlarlas. Me explicaron que la fusión de ese tipo es tan potente, que prácticamente es como si fuesen "uno"...

Lo escucho atenta sin dejar de preparar todo, sin embargo se detuvo en el instante mismo en que realizo un análisis sobre las uniones de espíritu…

—Bueno… — continúo Inuyasha —: si ella hubiese muerto, ellos también… creo. A menos de que alguien más tuviese la habilidad de controlarlos… o mejor dicho, esté unido como lo está Ame No Uzume… ¿En el templo no se hablaba de ello?

Luego de una larga pausa contesto con voz quedada.

—No… no era un tema que se debía tocar.

—¿No? —Pregunto curioso, y más al ver como ella ahora estaba incomoda —. Ustedes cuidaban las piedras, deberían de saber todo lo referente a las bestias y su dueña.

—Sabían lo necesario… todos saben lo necesario…

Corrió la mirada e Inuyasha no permitió que el cambio en ella lo interrumpiera. Otra vez sus instintos le decían que algo había en la historia y el cambio de actitud de Kagome.

—¿Lo necesario para evitar que alguien se acerque, y como deben protegerlas? —ella asintió —. Y ¿No sería más fácil dar con alguien que pudiese controlarlas? Otra diosa, por ejemplo.

—No… ninguna diosa confiable…

—Pero, debe de haber alguien…

—Dicen que hay una persona…Que hay una persona que puede que lo logre…

—¿Quién? ¿Una Sacerdotisa? ¿Esa mujer llamada Midoriko?

Kagome negó.

—¿Quién?

—La razón por la cual acepto ser condenada a la mortalidad…

—¿"La razón por la cual acepto ser condenada…? ¿Fue a voluntad, y por alguien? —Kagome asintió —¿Es una persona? —Volvió a sentir —¿Quién?

—Alguien de su propia sangre…

—¿Un hijo?

—Una hija, para ser más exactos…

—¿Una hija? —Kagome asintió ahora con la cabeza más gacha enfocándose en el caldero —¿La conoces?

—Se podría decir que si…

—¿En el templo?

Kagome se tomo su tiempo en contestar, y luego de un largo y agotado suspiro asintió.

—¿Cuántos años tiene?

—Hace un mes cumplió diecinueve…

Inuyasha se acomodo en su puesto, irguiéndose y mirándola con más seriedad de la esperada, ya que los vellos en la nuca se le habían erizado, y si lo que suponía era cierto… la respuesta no le iba agradar…

—¿Cuántos años cumpliste, Kagome…?

—Diecinueve…. Hace un mes.

No supo qué hacer al respecto… ¿Kagome… hija de Ame No Uzume?

—¿Tu madre…?

Kagome con un leve movimiento de hombros le indico tratando de restarle importancia, manteniendo su atención en los alimentos.

—Si… pero es como si no… Me criaron toda mi vida otras personas, así que es como si nunca hubiese existido…. No sé si está viva o muerta… y si lo está, me da a suponer que, o no me quiso o murió…

—O algo ocurrió que la hizo decidir.

—Quizás… como quizás nunca lo sabré…

Inuyasha se levanto y sin importarle ya nada se acerco a ella e hinco hasta quedar a su nivel. La miro con tristeza y entendimiento al comprender todo lo que le ha tocado vivir, y más ahora que comprendía que eran más parecidos de lo que creía… una ¿Semidiosa? ¿Sería posible ello…? Pero, Ame No Uzume fue convertida en humana… ¿Habrá sido antes o después de dar a luz? Creo que eso daba lo mismo ahora…

Sin previo aviso le tomo la mano deteniéndola en lo que hacía.

—¿La odias? —pregunto con suavidad.

Kagome alzo la mirada y lo miro con fijeza.

—No… —estrecho con más fuerza el enlace llevando la mirada hacia un lado —. Puedes pensar que soy tonta, pero no puedo odiarla. Es mi madre después de todo… como tampoco puedo odiar a mi padre…

—Estás en tu derecho de sentirte así si lo quisieras.

Le sonrió agradecida.

—No podría aun así… Cuando me entere de esta verdad, busque entre los libros antiguos historias sobre ella. Sobre cómo el mundo la veía. Y todas ellas decían lo mismo… Una diosa de considerable belleza, una amante de las criaturas de la tierra… un ser bondadoso… los bosquejos de ella no le hacían justicia, y todos eran distintos.

—Simples representaciones —acoto Inuyasha y ella asintió.

—Eso mismo pensé, por lo que intente imaginarla como seria aquí —toco la zona del corazón —. Y aquí… —abarco todo su rostro —. Las historias decían que con solo una sonrisa inundaba todo de felicidad. Intente darle un rostro, uno propio, pero jamás lo logre hasta que llegue donde las sacerdotisas y conocí a la señorita Midoriko… su belleza es incomparable… así que… —se encogió de hombros.

—Le diste el rostro de aquella sacerdotisa —Kagome asintió apenada.

—No pude evitarlo —dijo intentando justificarse —. Y el que me tratara tan bien…

—Comprendo… —le sonrió —¿Por qué… nunca me lo dijiste? ¿Por qué me lo ocultaste?

—Puede que confié en ti, Inuyasha, sin embargo, eso no quita la importancia de algo como esto. Importancia para mí, como también ante todos. Y esperaba que a ti no te importara, mucho menos cuando te conozco hace tan poco tiempo.

Y ahí estaba de nuevo la realidad…

Si. La verdadera realidad de ella… no se conocían lo suficiente…

—Ni siquiera a Sango se lo he contado… Eres el primero…

Podría ser que se hubiese sentido decepcionado, que hasta en cierto grado estafado, pero con lo último "Eres el primero…", su pecho se lleno y deseo besarla con urgencia. Se había contenido por días, por respeto a ella y al que no sabía si estaría dispuesta a corresponderle, pero ahora, no le importaba. Estaba dispuesto a arriesgarse.

Apretó el agarre de manos y la miro a los ojos con intensidad, viendo como ella se encontraba dispuesta a aceptarlo, pero el caldero comenzó a derramar su contenido y ella se volvió dispuesta a atender la comida. Sin embargo él no estaba dispuesto a perderla.

A penas saco el caldero del fuego se volvió a él chocando con sus intensos ojos que ahora relucían como oro líquido y ya nada más aparte de él existió...

El beso fue suave y tierno, y ella sintió su corazón volar por los aires mientras él no dejaba de acariciarle los cabellos y movía sus labios contra los de ella con confianza.

Lo correcto era alejarlo y alzar la muralla entre ellos, sin embargo la derrumbo y se entrego a lo que deseaba desde hacía días.

Se abrazo a él con fuerza y añoranza… ese día, en ese momento en que tanto lo necesitaba, seria Kagome, la semi-humana que quería a otro semi-humano…

Le quería… y ahora se preguntaba ¿Cuánto?

Por decisión propia Inuyasha prefirió detenerse antes que ya no pudiese luego que sintiese que una zona específica de su anatomía comenzaba alzarse como estandarte en guerra...

Con dificultad la abrazo y se permitió quedarse así junto a ella dejando de lado su necesidad masculina colocando como prioridad la sentimental, y con gran esfuerzo lo logro.

Olvidaron por completo la cena. Se recostaron sobre las pieles quedando de frente permitiéndose el verse entre la luz danzante del fuego del fogón.

Se miraron, a los ojos hasta que cansados los de Kagome, se cerraron.

Sentía que su corazón se le arrancaba con deseos de ganarse a un lado del de ella, cuando por primera vez ella le permitía tomarle la mano, acariciarle el rostro y mirarla… le quito unos mechones que cayeron sobre su rostro, diciéndose a la vez que todo estaría bien.

La amaba… y como la amaba.

Deseaba que le recordara. Que recordara la promesa de amor que se hizo con tan solo nueve y quince años… que recordara los momentos de ellos. Como se conocieron y fue lo que lo llevo a enamorarse de ella a tan temprana edad… pero había momento en que aquello se mostraba tan lejano. Pero en este, donde le veía sujetarle las manos entre el sueño con fuerza mientras suspiraba de alivio, en que creía que podría alcanzarlo.

—Si tan solo pudieses recordarme… —susurro mientras se dejaba llevar por el sueño.

—Inuyasha… —lo llamo ella mientras dormía llevándolo a cerrar los ojos acompañándose de una sonrisa…

La emoción la envolvió, acompañándola incluso luego de dormida… todo se veía oscuro. Ni un rayo de luz le acompañaba, hasta que la voz de él resonó en el espacio "Si tan solo pudieses recordarme…".

El sonido de agua fue lo primero que escucho, y en cosas de un pestañar la luz había regresado, dejándole ver que ya no estaba en un espacio cerrado, si no en un prado… en un enorme prado de flores purpuras. Un arroyo le acompañaba y antiguos cerezo en flor junto azaleas dejaban caer ramas donde él, dando un aspecto mágico y único jamás visto.

El mismo sueño de siempre…

Se sentía feliz y por alguna otra emoción que no lograba reconocer por completo giraba una y otra vez.

Se detuvo de un momento a otro cuando se escucho llamar, sintiendo esta extraña emoción aumentar en cosas de segundo.

Se volvió hacia ese "alguien" pudiendo verle… el sentimiento creció y por un momento creyó que su corazón se le arrancaría por la boca.

"Inuyasha…" era él… sus facciones eran inconfundibles, sin embargo se veía como un jovencito. La misma ropa y sus mismos ojos…

Sin poder detenerse acerco su mano al rostro de él viéndole sonrojarse de un modo adorable incentivándola a continuar, pero algo se corto y se vio abriendo los ojos viendo a Inuyasha dormido a su lado aferrándole la mano y la cintura… y ella, con su mano sobre la mejilla de él…

Era él, el mismo… ¿Le conocía…?

Inuyasha sabía que algo estaba mal desde el momento en que dejo de sentirla cerca suyo horas después.

Apenas abrió los ojos, la vio sentada a un lado de él observándolo. Pudo a verle incomodado, ya que no era costumbre de ella mirarlo tan fijamente y mucho menos sin importarle el que lo haya notado, sin embargo, fue el modo en como lo hacía el que le afectaba.

Se mostraba confundida y a la vez curiosa…

Se comenzó acomodar en las mantas cuando ella lo interrumpió al acercar una mano a su rostro como si se tratase de algo efímero. Algo irreal.

No quiso decir algo por temor a recibir una respuesta que demostrara que todo se podría arruinar, así que solo sujeto su mano en la mejilla y llevándola a sus labios beso la palma regresándola donde antes.

Ella se mostro incomoda, mas no realizo movimiento de querer terminar con aquello.

—Te soñé… —le susurro y sintió algo extraño en su pecho, lo cual se esparció por todo su cuerpo petrificándolo —. Tu cabello… tus ojos… son los mismos, pero… te veías más joven, como un muchacho… ¿Nos conocíamos?

Se acomodo quedando sentado sin dejar de mirarla a los ojos. ¿Le había soñado? Eso quería decir que no se había equivocado ente la idea de que ella recordara cosas a través de los sueños, confundiéndola...

Era el momento. Le hablaría de la verdad, y se sentía preparado para ello.

Sin pedirle permiso, acerco la mano al pecho de ella y tomo uno de los medallones ante su curiosa mirada.

—En las montañas del Este hay un clan. Se llaman InuYokais de la Luna Menguante. Mi padre luego de lograr la alianza propuesta por los antiguos después de la Gran Guerra, se pacto que para mantenerse unificado, debía casarse con la hija del Capitán de aquella tibu. Tengo entendido que era una InuYokai de considerable belleza. Cosa que no se podía comparar en dulzor —la miro a los ojos y acoto —: los Yokais en general son déspotas, fríos. Son capaces de matar a su propio padre con tal de lograr algo. Esta InuYokai no era la excepción… como regalo de matrimonio, mando a confeccionar un medallón con el símbolo de la tribu. La intención era proteger a mi padre ante cualquier ataque, ya que no dudaba que ocurriera al ser el señor de la región del Este…

—¿Es este medallón, cierto?

Él no asintió y mucho menos lo negó.

—Mi padre sabía de las propiedades que brindaba al portador, por lo cual luego de conocer a mi madre (omitiendo el hecho de que fue su esposa quien se lo regalo), se lo entrego a ella… y yo… se lo entregue a la persona que necesitaba que estuviese protegida.

Guardo silencio.

Ella ya no lo miraba. Estaba absorta en sus pensamientos con la vista fija en el medallón de luna menguante.

—Kagome…

—¿Te conocía desde antes…? tu ojos… —recordó su sueño permanente, aquel que tenia sobre la muerte de la gente del Norte… era él… Inuyasha.

Inuyasha espero cualquier reacción, incluso que lo golpease. Pero cuando le vio acercar su mano a su rostro y alzar la mirada a punto del llanto, algo se quebró en él, y más cuando le acaricio la mejilla con dulzura.

—Las esferas doradas…

Sin embargo algo ocurrió en el aire y en Kagome.

Kagome… llego la hora… —escucharon ambos susurrar en el viento.

Ella en pánico alzo la mirada al cielo y vio como las estrellas dejaban de brillar para dar paso a la espesa bruma que comenzó a aumentar hasta cubrirlo todo, incluso a ellos.

Le tomo la mano y la acerco a él para protegerla con su cuerpo, mas ella se levanto y él se vio obligado a imitarla si cortar distancia.

"¿Demonios?" pensó intentando que sus sentidos diesen con ellos si es que era así, pero a medida que pasaban los minutos comprendió que algo no estaba bien, y eso era porque Kagome ya no se movía. No respiraba y estaba tan helada que podría creerla muerta.

La llamo varia veces y a ciegas la abrazo abarcándola más.

Se quedo a la espera de que despejara el cielo y así atenderla, sin embargo, cuando todo parecía regresar a la normalidad, tres luces de distintos colores danzante las vio alzarse en el cielo y la respiración de Kagome se acelero. Cosa que emporo cuando estas se separaron dirigiéndose en diferentes direcciones dejando un halo de luz como huella.

—¿Qué sucede Kagome? —Inuyasha agacho el rostro no logrando ver algo que le describiera sus pensamientos. Mas cuando la escucho respirar con fuerza y mirarlo a los ojos con temor… con un temor tan profundo que hasta su propia alma se vio afectada, le tomo el rostro y acerco su frente a la de ella recordando una escena igual hacía mucho tiempo, y el pánico le inundo —. Kagome… vuelve a mi… te lo imploro, Kagome. No te vayas… regresa…

Una exhalación profunda resonó en la oscuridad y los ojos de la joven con lentitud recuperaron su brillo e Inuyasha supo que no la había perdido otra vez…

Kagome como modo de aferrarse a la vida y a la realidad coloco sobre las manos de Inuyasha las propias y sin esperar autorización lo abrazo con fuerza.

—Estas temblando —le dijo él aferrándola con mayor fuerza.

—Tú también lo haces…

—Creí que te había perdido.

—Me sentí perdida… pero te escuche y de algún modo volví…

Él suspiro al sentirla apegarse a su pecho por lo que la abrazo con mayor intensidad.

—¿Qué es lo que ocurre?

—Las vi…

—¿Qué cosa?

—Lo que se avecina… Las Bestias, Inuyasha… —El ceño de él se frunció en preocupación, más no mostro intenciones de soltarla aun. Temía que si lo hacia la perdería… —Fue demasiado real… Solo tres luces uniéndose en una danza mientras se elevaban en el cielo, pero luego de llegar a un punto se separaron hiendo en diferentes direcciones hasta perderse de la vista…

Se apretó mas a él y con gusto se lo permitió.

Para ella había sido un sueño…

—Kagome… —Las bestias… las tres luces habían sido las bestias —. Kagome… Las luces…

Pero ella no le escucho, llevo la vista a uno de los arboles que se encontraban bordeando el claro, a lo que se acerco llevándolo a seguirla, viendo ambos como una de sus ramas dejaba ver un botón de flor, poco común en una época en que solo algunas especies florecían al ser el otoño e invierno su época, sin embargo ¿Un cerezo? Algo no estaba bien, y más cuando aquella futura flor de época de primavera verano abrió en cosa de un minuto.

—¿Tú lo provocaste? — ella luego de una larga pausa, negó.

Se miraron a los ojos y él al ver el temor en los de ella, y al Kagome ver seriedad en la expresión de Inuyasha, lo supo…

—No fue un sueño… —él frunció el seño y con lentitud negó.

Le vio correr hacia sus armas olvidando todo lo demás, emprendiendo luego carrera en el rumbo que mantenían desde hacía seis días.

—Kagome, detente.

—Debo ir…

La detuvo a penas emprendió carrera cuando sintió el incremento de energías oscuras, las cuales comenzaron a envolver los alrededores, haciéndolos llevar las vista al cielo y a sus espaldas.

La hilera de Onnis no se dejó esperar. Rompían todo a su paso avanzado a la misma velocidad todos, prácticamente hipnotizados.

Los yokais inferiores junto con otras criaturas que no pudieron reconocer se dejaron ver con la misma actitud.

A causa de las oscuras inmensas nubes que se movían a una velocidad increíble cubriendo la poca luz del cielo, los llevo a enfocar la vista.

Demonios. Miles de ellos se movían en dirección al templo… su familia… la señorita Midoriko…

—No… —susurro ella con dolor.

Inuyasha sin pedir permiso y al saber lo que ella necesitaba, se coloco en posición y ella se monto en él sin pensarlo dos veces.

Sentía los músculos tensos de ella a medida que avanzaban, como también lo acelerado de su corazón, provocando que él propio por ella se viese afectado.

Se la habría llevado. Lo habría hecho, pero el que los demonios a pesar de parecer multiplicarse, por algún extraño causal los omitían siguiendo la dirección que ellos mismos seguían mantuvo el rumbo.

La sujeto con mayor fuerza y brinco sobre unas ramas y luego sobre otra consecutivamente, sintiendo como ella se aferraba mas a él conteniéndose de llorar.

Las circunstancias se habían acomodado para hablarle de su verdad. Para hablarle de lo que sentía. Pero los hechos alteraron todo.

Cuando le dijo ser la única persona en contarle lo de su descendencia, un sentimiento extraño le recorrió las entrañas colocándolo nervioso. Y es que ella solo con una mirada lo lograba, pero en ese momento todo él vibro. Como si lo hubiesen colgado de los pies a un acantilado y la sangre de golpe se le fuera a la cabeza sin permitirle pensar o hablar. Ella le provocaba eso y más…

Su Kagome ya era una mujer y podría ser su mujer por completo si lo recordara para hacerle ver que él siempre fue de ella, sin embargo ahora las cosas se dificultaban y mas con la nueva información en proceso de ser absorbida.

Y es que no lograba creer que Kagome, su Kagome fuese la hija de una diosa perdida… sabia que los poderes que había demostrado en su momento eran superiores a cualquier sacerdotisa. A cualquier mortal. Pero esto…

¿Sera por ser hija de Ame No Uzume por el qué la siguen?

Si eso era así, el que los omitieran significaba una sola cosa, que ella había vuelto…

Acelero el paso cuando le sintió aferrarse más a él.

Y si ahora recordaba, la nube de demonios le traía recuerdos de cuando la conoció y de cuando… la perdió.

Si la marca era celestial; un regalo de Byakko para Kagome ¿Por qué solo ahora se activaba? ¿Por qué no ocurrió cuando era una niña?

Ame No Uzume debió haber previsto algo por lo cual quizás exigió a su "mascota" que así fuera… o eso creía. O eso esperaba…

Sabía que de un sello por parte de cualquier criatura con poderes sobrenaturales servía o para proteger al portador o al resto de él… ¿Y si la perdida de energía se debía a otro motivo? ¿Sería posible que sea absorbida por el sello para así evitar que Kagome utilice su verdadero poder?

Por los dioses, aun no se sobreponía al hecho de que con una gota de su energía fuese capaz de dar vida a un terreno desolado… ¿De qué sería capaz si utilizase toda…?

Una luz enceguecedora resplandeció dé repente llevándolos a detenerse, viendo como todos los demonios desaparecían en cosa de segundos junto con la luz, dejándoles ver que ya habían llegado.

Todo el alrededor estaba cubierto de flores y el aire era cálido, adornando la ahora visible enorme pieza tallada de madera con relieves de las cuatro bestias sagradas.

Se había roto el campo protector y el hechizo que lo mantenía oculto lo mas probable en otra dimensión. Permitiendo que cualquier ojo, masculino o no pudiese verlo.

Llevo la vista a ella, quien miraba con ojos atónitos todo.

—¿Es aquí? —se aventuro a preguntar y ella nerviosa asintió sin quitar la vista del armazón.

El aire estaba fresco, una leve brisa les acompañaba, sin embargo, al tiempo en que con gran esfuerzo empujo, la nieve tenía cubierto todo lo del otro lado, y al observar mas, logro ver como las edificaciones se veían gravemente dañadas.

Avanzaron con lentitud sepulcral, alertas de un posible ataque. Ya que esa sensación se sentía en el ambiente, como si la muerte hubiese pasado cubriéndolos con su manto… más cuando llegaron a lo que era el patio central, una serie de mujeres vestidas del mismo modo se mantenían arrodilladas en llanto mirando el suelo con las manos al frente en modo de oración, viendo como desde el interior de las edificaciones se dejaban ver personas entre ellos, hombres y mujeres con trajes de exterminadores…

Les vio fijarse en ellos quedándose detenidos en Kagome… si, era la gente del oeste…

Al llevar la vista hacia la cima de una amplia loma a metros de ellos, una mujer de considerable belleza y traje de delicados detalles en lila pálido y gris perlado los miraba con anhelo, demostrándoles que les esperaba. Y una fina sonrisa se dejo ver en sus labios mientras gruesas lágrimas le acompañaban.

—Señorita Midoriko… —Le escucho susurrar a Kagome y él como si el viento le hubiese hablado, escucho luego de ver a la mujer modular lo que debían ser palabras, la vio caer desmayada sobre la espesa nieve. A lo que Kagome corrió hacia ella quedándose él sin poder creer lo que había oído.

Su madre jamás le dejo… aquella mujer que su Kagome miro como su imagen materna, era Ame No Uzume.

Jamás le dejo…

"Bienvenida, mi adorada Kagome"

Continuara...