Nota adicional:
No me gusta agregar notas de autora al principio de los capítulos, porque siento que se pierde la emoción del mismo; pero antes de comenzar, quiero dar un mensaje a una persona que ha estado contaminando los comentarios recientes de mis dos fics de esta sección.

Antes que nada, hay un usuario que en los últimos capítulos de esta historia y "Golpe Tentativo" hizo comentarios un poco fuera de lugar. Esto ya me ha pasado antes, cuando en el segundo o tercer capítulo de esta historia comentó que era una mierda de historia (o algo así). Pero con esta y el comentario de mi otro fic, ya han sido tres veces.

He notado que no soy la única a la que esta persona comenta este tipo de cosas y las(os) autoras(es) no le toman demasiada importancia, y bueno, creo que no debería de darle la más mínima importancia yo tampoco.

Lectores(as): No es necesario que lean la parte a continuación. El capítulo se encuentra debajo. ⬇

Y esto va para ti, usuario anónimo:

Te pasé una vez que comentaras ofensas hacia mi historia y mis ships, ignoré tu comentario y lo eliminé porque en ese momento no le di importancia; te pasé una segunda vez hace poco y decidí dejar el comentario en público porque pensé que sería bueno que vieran que mi historia y la pareja SasuHina tiene un hater. Inclusive me reí de tu comentario cuando leí que decía «sección naruhina» y créeme que lo sigo haciendo; pero esta tercera vez no puedo ignorarla, mucho menos cuando hiciste un horroroso uso de las mayúsculas en todo el texto (Odio cuando alguien escribe con mayúsculas todo un texto), además de que me recalcaste que Kishimoto había puesto a Hinata sólo para Naruto por algo.

Este último comentario más bien me pareció una advertencia de tu parte, algo de lo que me río fuerte; Por favor, con todo respeto, no vengas a hacerte la mustia queriendo hacerme ver que Hinata "es de Naruto" porque eso ya lo sé, y créeme que cada vez que alguien dice eso, el final de Naruto me parece cada vez más una basura, con parejas forzadas por todos lados (La única que no fue forzada fue la pareja ShikamaruxTemari). De verdad que, por algo no me animo a terminar con el anime y eso es no tener que ver a la pareja NaruHina, porque, aunque respeto muchísimo a los fans NaruHina (siempre y cuando no se metan con mis ships), no tolero a la pareja, por más canónica que sea. Claro, admito que aquí hay demasiadas historias NaruHina dignas de admirarse (Tengo una en mis historias favoritas).

Y por último, espero que no llegues a leer esto y si lo haces, por favor no vuelvas a comentar y has de la vista gorda con las historias SasuHina. Para eso están los ajustes de página o "filtros" en la parte superior de la pantalla, en los que puedes leer sólo tus historias NaruHina y te libras de leer lo que es "mierda" para ti.

Fanfiction es un lugar libre de publicar las historias que se te den la bendita gana y no por un hater de un ship se dejarán de publicar (De hecho, los fans SasuHina son más que los fans NaruHina) y, si tienes algo que decirme, además de los comentarios que ya hasta son predecibles, puedes mandarme un mensaje privado con todo lo que quieras escribir, te aseguro que yo cordialmente te responderé, ya que no eres la única persona que ha insultado mis historias (Ellos por lo menos tuvieron la decencia de escribirme en privado).

Y una cosa más: Si no te has tomado la molestia de leer un sólo capítulo de mis historias, ¡No te tomes la molestia de comentar! Porque se nota que ni siquiera has leído las notas de autor de esta historia en donde dice que: Espero su más responsable lectura.

¡Uff! Es la última vez que escribo una nota tan larga. Disculpen la molestia.

—•—


Advertencia: Clasificación (MA) por excesiva violencia verbal y/o física, lenguaje soez y temas que pueden resultar no aptos para algunas personas. Leer bajo su propia responsabilidad.

Aclaración: Contenido OOC.

N/A: La historia de Hinata está basada en hechos realesreales; las demás sólo se apegan a la trama.


VII.

"Juego 3: El arte del engaño"


[1]

No salió de su habitación durante los dos días siguientes, sólo para ir al baño y beber agua; por su garganta no había pasado bocado alguno de comida y no daba alusión de querer hacerlo más adelante; las ojeras debajo de sus ojos denotaban la falta de sueño debido al insomnio desarrollado actualmente. No dormía desde lo ocurrido, se la pasaba investigando en internet todo lo referente al bajo mundo en las calles de los Estados Unidos.

Maldición.

Nada. No había registro alguno de Sasuke Uchiha o algún miembro de su familia. ¿Y si habían usado aquellos nombres para esconder su verdadera identidad? No, eso no podía ser. El apellido Uchiha era bien conocido en Londres, con los miembros más adinerados de la ciudad y, quizás del país. Pero algo no cuadraba en su historia y eso era el negocio en el que, supuestamente, laboraban.

Naruto acercó su cabeza a la pantalla, cuando encontró información de la familia en una página de empresarios, los cuales hacían importaciones y exportaciones a toda Europa, sin embargo, nada hablaba de la máxima potencia mundial relacionada con ellos. Era extraño, bastante. La empresa Uchiha se dedicaba a brindar sus servicios de importación y exportación a cualquier empresa que lo solicitara.

Por otro lado estaban sus padres: Fugaku y Mikoto Uchiha. El primero, finado desde que Sasuke tenía apenas cuatro años, víctima de cáncer terminal; dejó viuda a Mikoto hasta que ésta decidió casarse de nueva cuenta con un tal Orochimaru, cuando el pequeño cumplió los seis años, un hombre del que poco se sabía; al parecer, aquel matrimonio no duró mucho y al año se separaron por causas desconocidas, pero los rumores indicaban una supuesta infidelidad por parte del hombre; Mikoto no entró en relación hasta que Sasuke cumplió los once años, con un tipo sumamente extraño y adinerado: Madara Uchiha, hermanastro de Fugaku.

Madara y Mikoto se casaron poco tiempo después y parecían tener una vida normal, pero meses después, la mujer cayó en cama debido a una lesión cerebral provocada por un accidente automovilístico; tanto Sasuke como Itachi cuidaban de ella cuando se le diagnosticó estado vegetativo y, cuando su muerte llegó el día del cumpleaños número trece de Sasuke, Madara cayó en depresión, refugiándose en el consumo de sustancias como cocaína y heroína; tuvo que ser internado en un centro de rehabilitación en Los Angeles, separándose de los hijos de su esposa hasta la fecha.

Supuestamente, ellos dos habían viajado a los Estados Unidos con el único propósito de reencontrarse con Madara, su padrastro, quien había permanecido en rehabilitación durante tanto tiempo gracias a las recaídas constantes que sufría, añadiendo el consumo de una sustancia nueva cada vez. Finalmente parecía completamente limpio y curado, pero eso no fue lo que inquietó a Naruto desde el principio.

—Cariño, sé que sigues despierto —una voz femenina se escuchó detrás de la puerta, luego de dar leves golpeteos sobre la misma—. No nos preocupes más y abre la puerta. Neji-san y Kakashi-san están aquí, quieren verte.

No tuvo más remedio que ceder ante la súplica de la mujer, por lo que se dirigió a la puerta con pasos lentos y cansados, abrió con una lentitud tortuosa y, cuando divisó el rostro preocupado de su madre y las serias facciones en los rostros masculinos, se encaminó de nuevo hacia el escritorio, frente a la computadora.

—Miren lo que he encontrado —aquel llamado fue suficiente para que las tres personas detrás del umbral se acercaran al rubio con curiosidad—. Información sobre el padrastro de los Uchiha.

Leyeron en voz alta el texto antes encontrado por Naruto, adjuntando la estrecha información acerca de la misteriosa residencia actual del Uchiha mayor en la máxima potencia mundial; según el informe, Madara residía actualmente en Nueva Orleans, ciudad en el estado de Luisiana, siendo un empresario normal que fundó su propia empresa después de salir de rehabilitación la primera vez, hacía cinco años; ahora era medianamente exitoso con su negocio: tenía establecidas varias discotecas o bares alrederos de la ciudad, incluso siendo la más importante la establecida en la ciudad vecina, Nueva York.

—Eso podría ser una pista para dar con el paradero de Sasuke e Itachi —murmuró pensativo Kakashi.

—No sólo una pista, el tal Madara podría estar involucrado en algo bastante grande —Neji llamó la atención de los presentes con un deje de preocupación —yo también me he tomado el tiempo de investigar un poco, pero no en los navegadores comunes.

—¿Te refieres a-?

—Así es, Kakashi-sensei —el castaño culminó la frase puesta al aire por Hatake—. He logrado entrar a la red profunda del internet, un sitio al que no cualquiera puede ingresar y no es visible para un usuario normal y corriente.

—¿Y qué con eso? —cuestionó Naruto con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

Ambos hombres bufaron molestos, mientras que Kushina le revolvió los cabellos como muestra de comprensión. A estas alturas, no concebían lo despistado e ingenuo que Naruto podía llegar a ser, siendo una explicación meramente obvia la que acababa de dar el Hyuuga.

Sin tomarse la molestia de preguntar, el castaño empujó a Naruto de la silla, haciendo que se cayera de un sentón y posteriormente, se sentó en ella para tener mayor acceso a la computadora; comenzó a teclear un par de códigos sobre la barra del buscador y esperó pacientemente, hasta que el navegador lo mandó directamente a una página sumamente extraña. Antes de que el rubio pudiera reclamarle algo de sus acciones, Neji le indicó que mirara la pantalla.

—Esta es una página clandestina —señaló, dejando a Naruto con un gesto de incredulidad en su rostro—. Observa bien, el nombre de la página es éste —señaló con su dedo índice la parte superior de la pantalla—, y su descripción es esta —dirigió su dedo hasta el texto citado debajo de la imagen de una chica anormalmente proporcionada.

"C.D.C.A. (Nueva York)"

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¡No te arrepentirás!

La página contenía dos links adjuntos que marcaban, tanto la manera de contactar se con ellos como la galería de fotos y vídeos de varias mujeres de diferentes edades y proporciones. Naruto se abstuvo de observar la galería, ya que Kushina le dirigía una severa mirada de advertencia, mientras que Kakashi, involuntariamente comenzaba a tener una erección en su miembro, a la vez que una mancha de sangre comenzaba a notarse por encima de su máscara, la cual cubría su nariz.

—¡Suficiente! —Kushina apagó el aparato sumamente molesta—. ¿Quieren pervertir a mi hijo, o qué?

—Nunca fue mi intención provocar ese tipo de cosas —sinceró Neji, aún sentado frente a la computadora—. Mi objetivo era mostrarles que esta página contenía algo bastante sospechoso, que puede atar varios cabos sueltos en la historia de Madara Uchiha.

—¿Y qué tipo de relación puede tener ese hombre con esta aberración? —el rubio se mostraba indignado con lo que Neji acababa de mostrar.

—Precisamente entré a la galería de fotos porque encontré algo peculiar en ella —el castaño sacó su celular y pareció buscar algo. Cuando lo encontró, mostró la pantalla a los desconcertados—: ella era Izumi, formaba parte de este negocio. Existe un rumor de que esta chica era sobrina de Orochimaru, quien a la vez era socio de Madara.

—Tengo entendido que Madara Uchiha antes trabajaba en una empresa de fotografía, junto a Orochimaru. Pero ambos cortaron toda relación existente entre ellos de un momento a otro —apuntó Kakashi elocuente—. A lo que quieres llegar es que, esa tal Izumi es una pieza clave en el funcionamiento de este negocio y la relación que tiene con Madara y la familia Uchiha, ¿me equivoco?

—Exactamente —razonó Neji, mirando al de cabello plateado con seriedad—. Sin embargo, no es tan fácil como pensamos. Izumi murió hace siete años y poco se sabe del caso. Lo que he podido investigar es que ella era una prostituta y en una de sus noches de trabajo fue asesinada. Nunca se supo quien fue el asesino y el caso se cerró, debido a la falta de pruebas y el poco interés por seguirlo; ni Orochimaru, ni sus familiares insistieron en reabrirlo.

Se quedaron en silencio durante un momento, cada uno sacando sus propias hipótesis sobre el asunto. Sólo fueron interrumpidos por el sonido de un teléfono celular y la molesta vibración del mismo, era de Kakashi. El de cabellos plateados salió a responder la insistente llamada, dejando a Naruto con la mirada clavada en el castaño, preguntando silenciosamente el objetivo de investigar todo aquello. Neji hizo caso omiso a sus cuestiones, meditando y rogando a todos los dioses que su prima Hinata no estuviera involucrada en lo que él creía.

Cuando Kakashi terminó la llamada, regresó hasta donde los presentes con la mirada complacida; echó un vistazo al rubio, que esperaba inquietante por una noticia y suspiró con pesar. Aquel chico era sumamente desesperado y temperamental.

—Jiraiya-sama viajará a América —comenzó a hablar, mirando de reojo a sus espectadores—. Su contacto se infiltró exitosamente al lugar sospechoso y recibió la confirmación de que, en efecto, Madara está involucrado en algo turbio. Además, tendremos el apoyo de autoridades estadounidenses, así será más fácil descubrir su fachada.

—¿Tú iras? —preguntó la pelirroja, temerosa por la reacción siguiente de su hijo.

—Afirmativo... Me llevaré a Neji conmigo, si desea acompañarme —el castaño asintió en silencio, en señal de afirmación—. Gai estará dispuesto en cuanto se lo comunique, al igual que su alumno prodigio. Nos iremos-

—¡Kakashi-sensei! —interrumpió el rubio, elevando el tono de voz—. ¿Y yo? ¡¿Por qué a mí no me ha mencionado?!

El de cabello plateado se masajeó el puente de la nariz con sumo cuidado, tratando de aminorar la reciente jaqueca que amenazaba con invadirlo. Sabía que Naruto no se quedaría callado ante sus palabras, y mucho menos, que estuviera conforme con los planes que tenía en mente, donde él quedaba fuera. Miró a Kushina, que sólo se encogió de hombros y le sonrió sin saber que opinar y después a Naruto; parpadeó con pereza y soltó un resoplido.

—Tu padre viajará con Jiraiya-sama en seis horas. Será tu problema empacar y convencerlos de que te lleven con ellos.

No hizo falta que Naruto respondiera o Kushina se pusiera a la defensiva alegando que «su bebé estaba demasiado joven para involucrarse en cosas tan peligrosas». Confiaba en su esposo Minato y sabía que él cuidaría de su hijo, como todo buen comandante, así que sólo se limitó a suspirar.

Porque no importaba lo peligrosa que fuera la situación, él rescataría a su amiga Hinata y a su amada Sakura.

...


[2]

Era oficial. Detestaba al insoportable amigo de su hermano, así como a todos los miembros de la organización criminal que lo rodeaban. Todos y cada uno de ellos eran insufribles a su manera, ya fuera por lanzarle miradas furtivas sin discreción alguna, o por no parar de hablar de lo «jodidamente buenas» que estaban las nuevas palomas.

Maldijo por lo bajo al rubio de ojos azules que no paraba de decir que la morena de ojos perla parecía ser una bomba sexual, mientras que Kisame se burlaba descaradamente de la chica de cabello rosado, con palabras que la describían como una gatita en celo. Definitivamente era una banda de criminales con una vida sexual bastante limitada. Lo único a lo que ellos podían aspirar, era a una prostituta de cualquier suburbio.

Los únicos que parecían ser objetivos y serios eran el pelirrojo de ojos pardos, Sasori, así como la mujer de cabello azul y orientación sexual dudosa, Konan. Ellos, a diferencia de los descerebrados pervertidos de sus compañeros, se mantenían ajenos a la discusión y sin ningún interés por inmiscuirse en ella. No obstante, de vez en cuando la mujer se sonrojaba levemente cuando alguien mencionaba que una cinta pornográfica de ambas novatas juntas, sería un gran manjar para sus pupilas.

—Y... ¿Creen que tenga una oportunidad con la gatita pelirrosa? —comentó Kisame de manera casual—. Definitivamente tengo que cogérmela, así me quede sin dinero.

—Eres un bastardo impulsivo —mencionó burlón Deidara—. La matarías.

—Yo no sé ustedes —Hidan hizo uso de la palabra—, pero la morena que ha traído el desgraciado de Uchiha está para darle duro toda la noche... Y lo mejor de todo es que es virgen.

Las miradas pervertidas no se hicieron esperar por parte del trío y, por lo tanto, los pensamientos insanos abundaban en sus mentes, haciendo rabiar aún más a Sasuke. Gruñó por lo bajo mientras apretaba los puños por debajo de la mesa que compartían; si tan sólo Itachi se encontrara presente, ya le hubiera exigido que silenciara a sus compañeros.

Una parte de él se burlaba de aquellos pobres tipos. Si tan sólo supieran que él ya se había encargado de robarle la virginidad a Hyuuga, se quedarían estupefactos, odiándolo durante un buen rato. Sin embargo, la otra parte de su subconsciente le decía que matara a esos sujetos en ese instante. Hinata Hyuuga era suya y no la compartiría con nadie, a menos que fueran circunstancias laborales.

—Si los matas ahora, cometerás una estupidez —el pelirrojo a su lado apoyó los codos en la mesa y su rostro sobre las palmas de sus manos. No lo miró siquiera—. Esa acción no es de un Uchiha.

—Hmp, piérdete.

La escueta respuesta de Sasuke hizo sonreír de lado a Sasori. Definitivamente algo extraño le sucedía, y podía apostar su cuenta bancaria a que se trataba de la chica nueva de ojos perla. No era el hombre intuitivo y observador de la organización por nada.

La situación le divertía demasiado.

—Sabes perfectamente la regla principal de Akatsuki —continuó sin inmutarse ante la mirada asesina que le dedicó el azabache—. Espero que esa mocosa no signifique un problema para ti.

—¡¿Por qué no te metes en tus propios asuntos?!

El sonoro tono de voz de Sasuke capturó la atención de los presentes, mientras que las miradas curiosas e incrédulas no se hicieron esperar cuando se levantó de su sitio, tirando en el acto la silla al suelo; Sasori no se movió ni un poco, ni siquiera deshizo su calmada posición o mostró gesto alguno, lo que cabreó más al Uchiha. Al contrario, soltó un suspiro, imaginándose lo que vendría después.

—Te equivocas, Uchiha —el pelirrojo por fin lo miró—. Me vale una reverenda mierda lo que tú hagas... Sólo mantente fuera del negocio.

Con esas palabras, se levantó lentamente y emprendió su camino hacia la salida, sin siquiera mirar a los intrigados espectadores ni mucho al furioso Sasuke. Cuando se hubo ido, los murmullos entre Hidan y Kakuzu no se hicieron esperar y, no se preocuparon por ser discretos, miraban al menor de los Uchiha con la burla calcada en sus rostros. Incluso parecía que en cualquier momento estallarían en carcajadas.

Sasuke no soportaba la escena, pero como había dicho Sasori, no le convenía armar un escándalo, ni mucho menos una masacre en ese momento. Debía guardar la compostura aunque su instinto le ordenara a gritos que les cortara la yugular a ese par que se mofaba de él con descaro.

A regañadientes, salió del salón dando largas zancadas sin rumbo alguno. Nuevamente, estaba actuando bajo su subconsciente y no le importaba en absoluto a donde fuera a parar, siempre y cuando no se topara con su hermano o alguno de aquellos imbéciles a los que tenía que adaptarse, exclusivamente el pelirrojo; llegó a las habitaciones, donde se encontraban alojadas las palomas. Sabía perfectamente la ubicación de Hinata, sin embargo, no deseaba verla. En lo más profundo de su ser albergaba la culpabilidad, y eso no le gustaba, no lo toleraba.

¿Quién lo diría? Sasuke Uchiha sintiendo culpa.

Él quería convencerse a sí mismo que no era eso lo que sentía, sino más bien asco, repulsión y lástima hacia la chica que alguna vez le confesó su supuesto amor; la maldita mujer que se coló en sus más profundos y bizarros pensamientos no era más que una mentirosa que lo había utilizado para olvidar su amorío por Naruto Uzumaki; ella no se merecía ni siquiera la lástima que él le tenía, no cuando también jugó con su orgullo.

Y él... Él era Sasuke Uchiha. Un hombre sin sentimientos.

Pero, ¿por qué ese maldito malestar en su pecho se agudizaba cuando recordaba lo frágil que se veía cuando él la violaba?

¿Por qué se arrepentía de haber abusado de ella?

¿Por qué había intentado desistir de secuestrarla?

Y... ¿Por qué se encontraba frente a la puerta de su habitación, dispuesto a entrar?

Aquellas eran preguntas que se formulaban en su cerebro sin tener respuesta alguna. No porque no supiera la respuesta, al contrario, no quería repetirse la razón de todas y cada una de la cuestiones porque eso significaba aceptar su debilidad, misma que su hermano Itachi tuvo una vez hacía siete años con aquella chica, la cual no recordaba su nombre. Él era un hombre que no aceptaba aquellos molestos malestares que se clavaban cada vez con más fuerza en su pecho y no cambiaría por una chica que ni siquiera le tuvo cariño.

Porque Hinata siempre lo vio como a un objeto.

Jugó con él sin temer las consecuencias de sus actos y pagaría caro eso. Así fuera con su cuerpo.

El arte del engaño... Era la trascendental belleza de Hinata Hyuuga.

No negaba que los ojos perla de la chica eran una joya que hacía que cualquier hombre se perdiera en una ola de sensaciones; la tímida sonrisa de sus carnosos labios provocaba que, a quien se le dedicara, se le erizara la piel hasta su punto máximo; y ni hablar de sus caderas, que despertaban la masculinidad hasta de un hombre en estado de coma. Ella era digna de compararse con la diosa de la belleza, Afrodita, e incluso superarla.

Pero él no podía, no debía pensar en eso. No era normal que se interesara en una chica que sería utilizada en sus planes; ella no valía nada, mucho menos para él, que sólo la veía como un objeto sexual que podía usar y obtener cuantas veces quisiera; una niña tonta que se dejó embaucar por sus palabras disfrazadas de amor que pocas veces llegaba a manifestar; una mujer que aceptaría sin objeción el cruel destino al que estaba atada: él.

Al menos, eso quería creer.

Escarbar en sus propios recuerdos lo alertaba cada vez más. Tan sólo recordar a la chica Hyuuga le hacía dudar de sus acciones; le atormentaba el hecho de no tener una respuesta clara a sus incógnitas y, la idea de ser separado de ella en un futuro, se le hacía cada vez más tortuosa. Hinata era suya, de su propiedad. Nadie se la arrebataría... No le importaba si llegaba a matarla él mismo, ella no volvería a salir nunca de ese lugar.

Lo que comenzó como una simple misión de secuestro, terminó convirtiéndose en un engaño hacia ella, hacia los demás... Hacia sí mismo.

No la amaba, no la quería, no sentía afecto por ella, estaba seguro de eso; lo que él sentía en ese momento era algo pasajero que con el tiempo olvidaría, al menos hasta que encontrara a una nueva candidata a ser paloma; Sasuke afirmaba no sentir nada por Hinata, a excepción de la lástima. Aquel percance sólo se relacionaba a lo jodidamente bien que se la pasó cuando abusó de ella.

Tal vez lo repetiría, quizás lo deseaba ahora mismo y era por ello que se encontraba afuera de su habitación, debatiéndose mentalmente las opciones de entrar o retirarse. Sin embargo, conocía bien las reglas de Akatsuki y, una de ellas era que, una vez que sus palomas comenzaran a laborar, ellos también serían vistos como clientes, siempre y cuando quisieran una noche de sexo con alguna de ellas.

—Sasuke-sama —una femenina voz logró sacarlo de sus cavilaciones—. ¿Desea ver a la nueva paloma? Ya está lista para comenzar a trabajar.

Observó por un momento a la rubia de ojos verdes frente a él, para después volver su vista hacia la puerta, que ahora se encontraba abierta. Probablemente había salido de la habitación después de haber preparado a Hinata, como se le había ordenado y quizás, también darle uno que otro consejo. Después de todo ella era una de las palomas más experimentadas y solicitadas por los clientes.

Movió sutilmente la cabeza hacia un lado, ya que la rubia se encontraba obstruyendo su vista e, intentó encontrar a la morena dentro de la habitación, sin embargo, no la encontró. Antes de pudiera preguntar, la chica frente a él se le adelantó:

—Ella saldrá pronto. Su cliente la espera ansioso, de todos modos.

—¿Quién es su cliente, Temari? —se atrevió a preguntar, adoptando su semblante serio.

—Uno de nuestros mejores. El señor Kabuto Yakushi —sonrió ella—. Pagó una considerable cantidad de dinero por la primera vez de la chica.

Sasuke abrió los ojos más de la cuenta, dando a entender que el nombre del sujeto lo había sorprendido. ¿Kabuto Yakushi, el primer cliente de Hinata? Definitivamente tenía que ser una mala broma, ese tipo no podía ser el segundo hombre que se acostara con ella, no después de lo que le había hecho pasar a él.

Kabuto era una de las personas a las que más odio le guardaba, todo gracias a sus acciones pasadas cuando Orochimaru estaba casado con su madre. El hijo del hombre apodado "serpiente" siempre trataba de hacerle la vida imposible, a él y a Itachi, de diferentes formas y, siempre salía bien librado de su madre gracias a las intervenciones de su padre.

Mientras que Orochimaru... No quería rememorar lo que hacía el desgraciado de Orochimaru con él cuando apenas tenía seis años, a espaldas de todo el mundo. A espaldas de su madre. Y él, nunca tuvo el valor de comentarlo con su familia, era tan sólo un niño que no sabía lo que debía hacer, inocente y puro que tenía la única intención de tener un padre que lo quisiera y mimara; Orochimaru sólo resultó ser una vil rata que jugó con esa inocencia y se encargó de robarla.

Él también lo engañó.

Maldecía a su primer padrastro todas las mañanas, ya que él siempre albergaba sus últimos sueños de la noche y le hacía despertar con el rostro sudoroso y la respiración entrecortada; de haber tenido la oportunidad en el pasado, lo hubiera matado con uno de los cuchillos de la cocina, apuñalándolo en el corazón y cortando sus extremidades con una de las herramientas del ático; deseaba con toda su alma cortar esa viperina lengua para que dejara de hablar para siempre y sacarle los ojos con sus propias manos para que no lo mirara nunca más.

Mientras él nadaba en su mar de recuerdos, Temari lo observaba con un gesto preocupado, no sabía si interrumpirlo con sus palabras o dejarlo pensar un momento más. La primera idea se esfumó cuando detrás de ella apareció Hinata, con un vestido entallado de color azul rey de escote sumamente pronunciado en su espalda y a la altura de su muslo, dejando poco a la imaginación; tacones de quince centímetros y maquillaje para nada natural, con los labios rojos, sombras y delineador negros, una gruesa capa de rubor sobre sus mejillas y un exagerado perfume que embriagaba a cualquiera a su lado.

Sasuke la miró con la boca entreabierta, deseando reprender a la rubia por exagerar con el atuendo de su paloma. Aquella mujer no era la Hinata que él conocía y de alguna manera eso le molestaba. Aunque sabía que esa era la apariencia normal de cualquier paloma, le repugnaba el hecho de que Kabuto tuviera el privilegio de tener a Hinata la primera noche, cuando debía ser él quien la tomara.

Sintió una incomodidad en su entrepierna y gruñó. Su miembro había despertado en cuanto la vio, ahora temía perder su cordura nuevamente y cometer una locura; discretamente se incorporó y cubrió con una de sus manos la abultada zona de sus pantalones, aún sin poder borrar la expresión en su rostro.

—¿Estás lista? —preguntó Temari, viéndola de reojo.

—Sí —respondió ella, sin despegar la vista de un anonadado Uchiha.

—Entonces vamos. Tu cliente está ansioso por conocerte en persona —la rubia la tomó de la mano y ambas pasaron por el costado de Sasuke—. Nos retiramos, Sasuke-sama. Con permiso.

El azabache no dudó en tomar el delgado brazo de Hinata con brusquedad, haciendo que ambas mujeres se detuvieran en seco. El impulsivo acto del hombre provocó una mueca de desagrado por parte de Hinata, quien no se movió después de sentir el frío tacto de su mano.

—¿Necesita algo, Sasuke-sama? —la monótona voz de Hinata hizo que un escalofrío recorriera su espina dorsal—. Tenemos prisa.

Sasuke no respondió, únicamente la miraba con intriga y recelo. La expresión en el rostro femenino enotaba una evidente repugnancia hacia él; las palabras se quedaban atoradas en su garganta, no entendía porqué. Ese comportamiento no era usual en él y todo era gracias a esa mujer.

—Perdón.

Se quedó pasmado ante sus propias palabras. ¿Lo dijo? ¡Definitivamente lo dijo! Aún no teniendo la intención, ni mucho menos viendo la más mínima posibilidad de decirlo, lo hizo. Le pidió perdón, a ella, a la primera mujer que se atrevía a engañarlo y a jugar con él con tal de olvidar a Uzumaki; por primera vez, ofreció una disculpa a alguien, sin embargo, no se arrepintió. Por alguna razón, no se retracto al darse cuenta de que su orgullo se había esfumado con la presencia de la chica.

No supo cuál había sido el hecho por el que le pidió perdón. Tal vez por haberla engañado también, manipulado o influenciado; quizás por haberla secuestrado, insultado o violado; a lo mejor por todo, no lo sabía con claridad. Pero lo que sí sabía era que ahí estaba, frente a una Hinata confundida. El imponente Sasuke Uchiha, pidiéndole perdón a una paloma.

—Sasuke-sama, no diga disparates — Hinata finalmente se soltó de su agarre—. Usted no necesita rebajarse con alguien como yo.

—Hi-Hinata, yo-

—Descuide —lo interrumpió bruscamente—. Me esforzaré por tener la mayor cantidad de clientes. Verá que su tiempo invertido en mí no fue en vano.

No supo con exactitud por cuál frase sorprenderse más: la de Hinata, que parecía estar impaciente por salir de su vista y algo molesta por tener que escucharlo, o la suya misma, que había sonado patéticamente inferior y titubeante.

No obstante, en la perlada mirada de la chica podía notar un pequeño brillo burlesco, mientras que la tenue sonrisa que adornaba sus labios mostraba un imperceptible toque de arrogancia. No podía creer que él fuese el responsable de convertir a la dulce e ingenua Hinata Hyuuga, en aquella mujer que ahora lo miraba. Porque había sido él el culpable, lo tenía claro.

—Tú eres mía, ¿entendiste?

Intentó recuperar el orgullo con su arrogante tono de voz, pero sólo pudo lograr que la chica de ojos perla soltara una carcajada cantarina a modo de respuesta, lo que lo cabreó más. Ella estaba siendo bastante perspicaz con la mirada que le dedicaba e incluso, parecía que había olvidado la presencia de Temari.

Se acercó peligrosamente hasta su oído, provocando una corriente recorrer el cuerpo del Uchiha; sonrió complacida, no obstante, aún necesitaba más, así que mordió sin escrúpulos el lóbulo de su oreja izquierda, acto que logró sacarle un gruñido.

—Lo sé, Sasuke. Soy completamente tuya —susurró de manera sensual—. Pero para poder tenerme, tendrás que pagar... Como un cliente común, sin importancia.

Después de decir aquello, se alejó de él lo más rápido que pudo, posicionándose a la par de Temari; le pidió con amabilidad que se retiraran, a lo que la rubia asintió en silencio, comenzando a caminar en sentido contrario de donde se encontraba el morocho. Él se limitó a observarlas alejarse desde su lugar, no valía la pena detener a Hinata y comenzar de nuevo con una incómoda escena que, estaba seguro, ahuyentaría su orgullo de nuevo.

Lo que se salía de su entendimiento era la conducta de Hyuuga hacia él: a primera vista, parecía no tener ninguna clase de sentimientos hacia él, e inclusive, daba la sensación de ser molestada con su mera presencia, hasta le hablaba con una formalidad escalofriante. No obstante, estando a escasos centímetros, parecía albergar un sin fin de sentimientos, desde desprecio, pasión hasta odio. Un odio tan puro que maquillaba esa fingida sonrisa y podía pasar desapercibido, como si fuese una experta mentirosa.

Esa fémina lo confundía. Primeramente, lo llamaba «Sasuke-sama», como lo llamaban todas las palomas, y cuando se acercó a él lo llamó «Sasuke», a secas, como si ellos dos fueran iguales. Absolutamente tenía que hablar con ella muy seriamente, y si era necesario, meterle un buen correctivo. Una prostituta no jugaría de nuevo con él.

—Hinata...

No pudo evitar decir su nombre. Sentía la necesidad de mencionarla entre susurros, tener el placer de relamerse los labios al tenerlos resecos y hormigueando; ni siquiera se dio cuenta de que la erección en su miembro se había calmado. Le restó importancia y comenzó a caminar, sus piernas estaban entumidas después de estar en la misma posición durante todo el tiempo que había estado ahí.

—¡Sasuke! —llamó alguien a sus espaldas—. Madara quiere vernos, ahora.

—No me interesa, Itachi —siguió caminando, sin mirar a su hermano—. Puedes decirle a ese imbécil que se vaya a la mierda.

Itachi no hizo nada por seguirlo, después de todo había visto la escena anterior desde la lejanía del pasillo y dedujo que su hermano se encontraba de poco humor para soportar los eternos sermones de su padrastro. Suspiró cansino y se dio media vuelta, regresando de donde llegó. Conocía a Sasuke y supo en ese instante que dejarlo a solas sería la mejor opción.

Mientras tanto, un Sasuke completamente desconectado del mundo se dirigía lentamente hacia su habitación, donde se encerraría con llave y no saldría hasta entrada la mañana siguiente. En su trayecto, no podía dejar de pensar en ella y lo que probablemente hizo para confundirlo tanto; no podía ser posible que de la noche a la mañana tuviera una conducta inapropiada para el negocio y para la familia.

Él no la amaba. Juraba que no era amor lo que provocó ese cambio tan radical en sí mismo.

No sabía lo que era, debía descubrirlo, y para ello, tenía que escarbar en sus recuerdos más añejos junto a ella. Deducir la razón sería un completo dolor de cabeza y, algo en su interior le pedía a gritos que no buscara esa razón, que se llevaría una desagradable sorpresa.

Por ahora, aquella maldita mujer había ganado su encuentro, de nuevo. Gruñó desbordando la cólera contenida y golpeó con fuerza la pared a su costado, haciendo que sus nudillos se rasparan y por ende, sangraran.

Sasuke Uchiha perdió ese juego todas las veces que se atrevió a intentarlo. Desde que tenía seis años.

El primer engaño fue el de Orochimaru, a los seis años.

El segundo fue el de Kabuto, a los siete años.

El tercero fue el de su propio hermano, Itachi, a los diez años.

El cuarto fue el de su madre, cuando ella murió el día de su cumpleaños y lo dejó solo a los trece años.

El quinto fue de Madara, su padrastro. Días después del fallecimiento de su madre.

Y el último, el de ella. Hinata lo engañó un sin fin de veces durante su relación, y ahora, de nuevo se atrevía a hacerlo, persuadiéndolo con mentiras y engaños que lo llenaban de inseguridad, diciendo que ella era suya, cuando su corazón pertenecía a otro hombre.

Hinata Hyuuga le ganaba de nuevo, aumentando su puntuación imaginaria de dos a uno a su favor.

-To be continued-


Notas de autora:

Sé que no soy la mejor escritora, ni siquiera estoy cerca de serlo; también sé que esta historia luce bastante cliché al tocar una temática que, quizás muchos han leído antes. Pero me siento orgullosa de lo que hago y satisfecha con los resultados finales. No diré que dejaré de hacerlo, porque, ¿qué clase de escritora sería si dejo un trabajo a medias? Lo que sí digo es que, es tan triste que exista un fandom casi tan tóxico como el de One Piece. Un anime/manga bastante bueno que me decepcionó bastante gracias al fandom.

Agradecimientos especiales a:

Angel

esther82

SchrodingerThe7

Lady Yuki

Naruto elite covenant

Hime-23

hinatacris

wendy

Por sus hermosos comentarios. También a todos aquellos que han comenzado a seguir esta historia y la han marcado como favorita. Sin ustedes, esto no sería lo mismo... ¡Gracias!

Y el próximo capítulo será un intermedio, una pequeña narración del comienzo de la relación entre Hinata y Sasuke. En este intermedio quiero explicar una parte del comportamiento de Sasuke, así como las razones de Hinata para no abandonarlo. Y también... ¡Habrá romance! ❤ me saldré un poco de mi contexto habitual y me enfocaré del todo a esta hermosa pareja. Esperen el capítulo 8 con gusto.

P.D: No se olviden de leer 'Golpe Tentativo' historia en el universo ninja con Hinata y Sakura como nuestras protagonistas.

Sin más que agregar, hasta el próximo capítulo. (\•3•)/