LA VELADA
Cloud todavía no había visto el Salón.
El contraste de la suave penumbra rojiza con la luz de fuera le hizo guiñar un poco los ojos, y pronto se dio cuenta de que la única luz era la de las velas que estaban dentro de pequeños vidrios rojos en la pared y en las mesas, redondas, donde algunos de los habitantes del Harén que había conocido estaban con clientes, cenando tranquilamente mientras los camareros circulaban hacia otra cocina más pequeña que la comunitaria... . También sonaba música como en la Sala de Citas, pero ésta era...más sugerente, más íntima... . Tanto que invitaba a...
Sefirot rió suavemente con su sonrojo al darse cuenta de que no todos estaban sólo cenando. Scar tenía en sus rodillas a una mujer madura que reía alborozada como una colegiala, y Deva estaba abrazada a una joven, ambas besándose. Y... Yoruichi... con el importador de combustible... .
¿De verdad quieres que cenemos aquí? – le preguntó Cloud, tratando de ignorar su propio rubor.
¿Y por qué no? – le sonrió Sefirot. – Nadie va a prestarnos atención. - rió un poco al ver que Cloud se ponía aún más colorado.
Entonces le hizo una señal a una camarera Aniconeja, que se acercó sonriendo.
Trae el dos. – dijo escuetamente Sefirot antes de que la camarera abriera siquiera la boca. Azorada, ésta asintió y corrió a la cocina.
¿Qué tiene el dos? – preguntó Cloud, pero por toda respuesta, Sefirot se sentó y le hizo el gesto de ir a su regazo. Negó categóricamente con la cabeza. - No pienso sentarme en tus rodillas. Tengo mi silla justo... .
De un tirón de la cadena, Sefirot lo subió.
¿Decías? – sonrió burlonamente a su cara furibunda– Y... te dejas un detalle. – dijo, acariciando su omoplato derecho.
EL chico lo miró como si estuviera loco mientras la camarera dejaba dos platos de pavo con ensalada y una botella de vino.
No voy a sacar el ala aquí. - Se negó Cloud enérgicamente.
¿Quieres que convenza a tu cuerpo para sacarla?
¿¡Aquí delante?!, pensó aterrado Cloud. Puede que los demás aguantaran eso, pero... .
Sefirot sonrió un poco cuando de la túnica violeta salió el ala por una ranura muy, muy disimulada, como en todos los trajes que le había dado. Estaba tan disimulada que el chico sólo se dio cuenta en ese momento.
Como Cloud esperaba, algunos de los clientes se le quedaron mirando, comentando...
No te fijes en ellos. Son idiotas.
Cloud se giró, creyendo haber oído mal... .
... y un trocito de pavo rozó sus labios.
Te... te dije que no era un... – pero Sefirot le dio de comer en cuanto abrió la boca.
¿Está bueno? – le preguntó.
Sí. - tuvo que admitir Cloud.
Así ganarás un poco de peso. - añadió Sefirot, acercándole la copa.
Cloud refunfuñó para sí, pero lo cierto era que entre que el pavo y el vino tan suave que entraba como agua, pronto empezó a disfrutar de la cena, aunque tuvo que insistir un poco para poder cortar él su parte mientras Sefirot le seguía dando trocitos. Ignoró las miradas que sabía que estaban recibiendo al ver que en un momento dado Sefirot sólo lo miraba comer, imaginando que serían de extrañeza y burla. De lo que no se dio cuenta era de que sí, había extrañeza, pero también admiración... y un poco de envidia.
El Amo no tenía mucha hambre, pero estaba disfrutando de verlo comer. Con aire distraído, le acariciaba el collar. Lo que más le gustaba era que no era consciente de lo que provocaba. Ya había sentido algo así la primera vez que lo había visto. Realmente, nunca había disfrutado trayendo a nadie al Salón. Se había aburrido y había deseado ir enseguida a la habitación. Ahora, sin embargo... .
No tenía prisa.
A medio plato, Cloud quedó lleno, mirando lo que sobraba con lástima... y más al darse cuenta de que Sefirot no había comido casi nada.
Qué lástima, qué desperdicio... . – murmuró para sí, bebiendo un poco.
Escuchó a Sefirot reír un poco por encima de su cabeza.
Es verdad, tú no estás acostumbrado... . – le murmuró, acariciándole el pecho.
Pervertido – bufó Cloud, algo chispado, volviendo a mirar los platos con pena. Hizo el amago de seguir comiendo, pero Sefirot le dio un golpecito en la mano. – Lo van a tirar. – le replicó.
¿Y? – preguntó Sefirot – Tú no quieres más.
Explica eso en el Yermo, pensó Cloud para sí, notando que había estado a punto de decirlo. Pero era verdad: con lo que se habían dejado comía por lo menos una familia... . Si les contaba a Toshiro y Yuffie lo que se había dejado, lo colgarían de los pies y con toda la razón.
Se notaba algo mareado. Trató de separarse un poco de Sefirot, pero éste lo retuvo.
Tengo calor. – le replicó.
Pues quítate la ropa.
No te voy a dar ese gusto. – dijo Cloud, aunque se notaba tan acalorado que a punto estuvo de pensárselo. Sefirot le besó las mejillas y, curiosamente, notó algo de alivio.
La camarera se llevó los platos... y entonces Cloud se dio cuenta de que había poca gente, sólo un par de parejas cuyos miembros del Harén no conocía todavía. Para su sorpresa, aún quedaba gran parte de las cenas a medio terminar.
Se los han llevado a sus habitaciones – susurró Sefirot, besándole sugerentemente.
Yo ni siquiera tengo habitación. – atajó Cloud. – Es la Habitación de Espera. Y... en teoría, sólo puedes venir tú, ¿no? – le dijo con algo de resentimiento. ¿Por qué tenía que ser así? Ni siquiera sabía aún si prefería a las mujeres o a los hombres. Y ese capullo le quería imponer... .
¿Quieres que vaya alguien más?
Encima se pondrá celoso, pensó Cloud para sí al darse cuenta de su tono, medio en broma medio en serio.
Yo ni siquiera tendría que estar aquí. – replicó, volviéndose a notar acalorado.
No me digas que no estás a gusto. – dijo Sefirot ofreciéndole otra copa.
Define "estar a gusto". – bufó el chico cogiendo la copa.
A ver... tienes ropa nueva, no pasas frío, no tienes que trabajar, aunque la cama no sea "tuya" es cómoda y ahora te acabas de dejar comida porque no podías comer más.
¿Y sólo por eso tengo que estar a gusto? – preguntó con desdén, apurando la copa – Además, los otros llaman a lo que tú quieres "trabajo".
También duermes mejor por las noches...Y...tú no tendrías que hacerlo por trabajo.
Cloud le desvió la mirada, sonrojado por la verdad de lo primero,harto de la conversación, y con la cabeza algo embotada. No le extrañaba que algunos le comentaran...¿¡Pero de qué forma podía dejar claro que él no quería ser...?!
Para su sorpresa, otro plato, pequeño y con una cosa amarilla sobre la que flotaba una galleta fue dejada frente a él.
Natillas. – aclaró Sefirot, y pareció muy divertido al ver la cara de confusión de Cloud. – El postre. Se come después de comer.
Ni que fuera idiota. – bufó Cloud. – Odio... que me hables... como a un crío... .
Eres un crío. Incluso para los humanos lo serías... – empezó Sefirot, esperando una réplica... .
Pero, para su sorpresa, Cloud cayó de golpe, de tal manera que hubiera chocado con las natilas si el Amo no lo hubiera sujetado y le hubiera mirada la cara.
Se había emborrachado.
¿Qué es un ángel, mami?
Mamá se giró para sonreír a un soñoliento Cloud de tres años que la miraba desde la puerta de la cocina.
Pues...unos seres muy buenos, tesoro – dijo, sonriendo sin dejar de fregar – Y muy bellos, con enormes alas blancas. Se decía que eran los mensajeros de Dios y que ayudaban a las personas. Si quieres luego te enseño algunos dibujos que me regaló papá. – dejó los platos y se secó las manos en el delantal - ¿Por qué me lo preguntas, cielo? ¿Dónde lo has oído?
He soñado con ellos. – ella le miró con un poco de extrañeza, pero entonces su carita se volvió triste. – Mami, si yo también tengo un ala, ¿por qué la gente dice que soy malo y...?
Mamá lo abrazó con fuerza.
Shhh...no pienses en eso. La gente es mala.
Cloud apretó los ojos mientras despertaba del recuerdo...pero casí deseó no haberlo hecho. Su cabeza martilleaba de la resaca.
Ah...sí, la cena... y... .
Sefirot... .
Abrió los ojos de golpe.
¿Dónde estaba?
Las luces estaban apagadas, pero... las formas que vio... ¿podía ser que lo hubieran traído a los Baños?
Notó que estaba tumbado en un diván acolchado. ¿Qué hacía un diván en unos baños?
Trató de levantarse, pero se mareó. Entonces se dio cuenta de que tenía una toalla empapada con agua fría en la cabeza mientras su túnica aún olía a la cena. Algo mareado aún, se volvió a echar. Sabía que de Sefirot podía esperar tanto que le hubiera dejado allí como que volviera en cinco minutos.
Y si pasaba eso, no quería que lo pillara resacoso.
Aaaaaaang...
Notó la sensación de hacía unas noches: unas cuerdas mágicas volvían a deslizarse por él, pero no sólo por sus muslos, sino por todo su cuerpo, ala incluida. Notó entonces la mano de Sefirot acariciando su cabeza. Jadeando, giró la vista y, cuando se topó con sus ojos verdes, el mayor lo besó...
Pa...para... . - jadeó Cloud, tratando de soltarse...
... pero las cuerdas parecieron convertirse en una especie de vaporosas telas, tan vaporosas que acariciaban su piel y casi se podía decir que la atravesaban, deslizándose muy, muy suavemente, de tal forma que esa caricia era la única forma que se tenía de saber que estaban de lo transparentes que eran.
Shhhhhh... . - susurró Sefirot, sentándose tras él, abrazándolo. - Espera.
Notó que, al mismo tiempo que lo animaba, su cabeza se despejaba con cada avance de la magia, eliminando el alcohol... .
Totalmente sobrio, volvió a girar la vista... y gimió casi a su pesar cuando las telas siguieron con la caricia, como si fueran sobre piel desnuda aunque estaba totalmente cubierto.
Quí... quítalas... . - dijo, tratando de no aferrarse a Sefirot, aferrando en cambio el acolchado del diván. - Ya... ya estoy bien... quítalas... .
¿Por qué? - susurró Sefirot, cogiéndole la cara - Parece que te gusta... .
"¡Mírala, si le encanta!"
"¡Cloud, por favor, no mires!"
"Parece que te gusta", te dicen aunque te oigan jadear de dolor. Y con eso se sienten con licencia de hacer lo que quieran. Te sientes mal incluso las veces que te gusta.
Él se notaba a punto de llorar por todos esos recuerdos del Yermo, por la vergüenza...
... y Sefirot le sonreía mientras le besaba la mejilla.
¡Se está burlando de mí!
¡Que las quites!
Sefirot pareció sorprendido por el grito de Cloud, tanto que perdió la concentración y las telas desaparecieron de golpe.
¿Por qué yo? ¿Por qué me has traído aquí? No me gusta esto, y... y estás conmigo de todas formas. ¡De hecho, ahora estamos en los baños solos!
Sefirot sólo le sonrió.
¿No te gusta estar aquí? Dime por qué. Sólo llevas dos días.
No soy tu juguete, no me gusta tener que ir con cadena, ni que puedan verme... así.
Estás precioso. Los tonos de azul te sientan muy bien.
¡No estoy hablando de eso y lo sa...!
Sefirot lo besó con fuerza, mordiéndole un poco los labios. Cloud... pudo notar, de alguna manera, que estaba furioso... .
¿Te enseño otra lección?
Cloud sintió un escalofrío de terror al oír ese tono juguetón. Era el que había usado cuando le había encadenado a la cama y... .
No. No hace falta. – dijo con todo el aplomo que pudo, pero de pronto Sefirot le arrancó la túnica sin miramientos – ¡¿Qué haces?!
Estaba sucia – se encogió de hombros Sefirot... con lo que no contó fue con que Cloud le tiró los restos a la cara, cubriéndose con la toalla que había estado en su frente y huyendo hacia la puerta.
Pero Sefirot lo retuvo con la cadena. Cloud, furioso, repitió lo que le había hecho a Taum en el Comedor Común: lanzó una fuerte descarga eléctrica a Sefirot, sin cortarse y con la suficiente energía luego para seguir tratando de huir.
Pero, para su terrorífica sorpresa, Sefirot lo siguió sujetando y lo cogió suavemente de la cara.
Vas mejorando, esto no es mala idea – le susurró, y luego miró juguetón su toalla – ¿Por qué te tapas? Ya te vi.
No quiero que vuelvas a verlo - siseó Cloud... y entonces se sonrojó al darse cuenta de algo.
Sefirot estaba totalmente desnudo. Llevaba desnudo desde que había entrado.
No sé de qué te avergüenzas. Este cuerpo también va a ser tuyo.
Quítate esa idea de la cabeza - bufó Cloud... pero... recordó su forma contra su espalda.
Esto lo superaba: ahora, en la oscuridad del baño, se daba cuenta de que Sefirot tenía la piel muy blanca pero no enfermiza. Su cuerpo parecía una vigorosa estatua de mármol...era fibroso: delgado, pero fuerte, como demostraba su fuerte y musculado pecho...y... .
Cloud hizo el amago de girar la cabeza, pero Sefirot se la sujetó suavemente.
¿Te da miedo?
Era... era enorme, pensó Cloud, viendo su miembro, impresionado, y se dio cuenta de que empezaba a... .
¡Me largo! - gritó, pero Sefirot, riendo suavemente, lo acercó aún más con la cadena.
¿Cómo quieres que no reaccione si estás cerca y me estás mirando? – murmuró en su oído - Además...creo que no soy el único... .
Cloud miró con desesperación cómo se abultaba su toalla...
Y más cuando ésta cayó bajo el chorro del agua caliente mientras Sefirot lo enredaba con la cadena a las duchas de la pared.
El otro día me quedé con las ganas de bañarte...
No... no te... – murmuró Cloud, tratando de no sonar asustado... pero gimió al notar que Sefirot acariciaba sus costados con gel, dejando su piel suave con el oloroso jabón que asecendía con el agua. Gimió más fuerte al notar la erección de Sefirot contra la suya mientras sus manos los acercaban y el pelo húmedo del Amo caía en vaporosa cascada sobre él.
Sefirot disfrutó al oír sus gemidos de pajarillo mientras lo separaba un poco de la pared, juntándolo más y frotando suavemente su trasero al tiempo que acercaba tentativamente ambas erecciones, suspirando al ver su cara colorada bajo el vapor del agua caliente.
Voy... a enseñarte... otra cosa... – le susurró antes de besar su lóbulo. – Esto... te va a gustar... .
Cloud, jadeando, casi temió...
Pero gimió audiblemente cuando el ala de Sefirot se ternzó con la suya.
¡Aaaaah!...¿Qué...?¡Nngh!
Sefirot se movió suavemente, deleitándose con la respiración del chico mientras ambas alas estaban unidas y la suya acariciaba la de Cloud apasionadamente, haciendo que el chico temblara, temblor que aumentó cuando se movió, despacio, frotando ambos sexos. Notó en sus brazos que estaba deseando aferrarlo, aunque fuera a su pesar, cosa que ya estaba haciendo con fuerza con las piernas. Gimiendo, Sefirot lo besó, aferrándolo por los dos, levantándolo por el trasero mientras se movía más... .
Cloud gritó en el beso, sintiéndose a punto de desvanecerse mientras ambas esencias resbalaban por el agua. Escuchó su cadena soltarse y creyó que caería al suelo...
...pero notó que los brazos de Sefirot lo aferraban, atrayéndolo con fuerza hacia sí mientras enterraba la cabeza en su cuello. Su cálida respiración, su firme abrazo que no lo dejaba caer, su ala que acariciaba la suya y su espalda... . Débilmente, le devolvió el abrazo, dejándose bañar por su calor unos minutos en los que el Universo fue sólo esa habitación, ellos dos. Se... se sintió muy pequeño, pero seguro.
¿Por...por qué le trataba con esa ternura cuando...?
¡Sabía que sólo era un juguete para él!
¡Igual que lo abrazaba, podía dejarle tirado!
Ap... apártate. – jadeó, confuso, concentrando un ataque... pero el beso de Sefirot en su mejilla lo paralizó.
Sssssh... – le susurró, acariciando su cabeza mientras lo separaba suavemente de la pared – Te vas a drenar.
¿Y... qué te importa...? – murmuró Cloud.
Notó que lo envolvía en una toalla seca, con lo que podía ser mimo, y ambos se desvanecieron en una nube de plumas negras.
Sefirot lo dejó en la cama de la Habitación de Espera, donde se prendió la palmatoria de la mesita.
Cloud no sabía... no sabía cómo se encontraba. Estaba a punto de pedirle que se quedara. Se abroncó a sí mismo. ¡No! ¿Cómo podía querer...? Eso... sería lo que Sefirot le había dicho al principio. Sería dejar que ganara... . No...no pensaba ceder y pedírselo... pero...
Pero... ese abrazo... .
Se sintió con ganas de llorar mientras se tapaba con la toalla. Por más vueltas que le diera, no podía ver... .
Sefirot... – al decirlo se dio cuenta de que era la primera vez que lo llamaba por el nombre – ¿Qué..."lección" querías enseñarme?
Sefirot sonrió un poco al oír su nombre de boca de Cloud, pero se extrañó con la pregunta.
¿No lo has entendido? Al ver tu carita mientras me abrazabas creía que sí.
Pues debo de ser idiota... – murmuró Cloud con voz queda, ignorando su propio sonrojo y tratando de enmascarar sus caóticas emociones – porque no lo he entendido, ni siquiera ahora.
El Amo barajó irse. Notó que Cloud estaba deseando que se quedara, pero...era demasiado orgulloso para pedírselo. Quería oírselo decir... .
... pero pronto se dio cuenta de que él tenía las mismas ganas de complacerlo si no más. No. Quería oírselo... .
Entonces, a la luz de la vela, ahora que veía la cara de Cloud, se dio cuenta de algo.
Cloud rezó porque no se le notaran las lágrimas... genial, lo que me faltaba, que un tío al que le importo una mierda vea que lloro por querer que se quede... .
De pronto Sefirot sopló y apagó la luz de la palmatoria, de modo que sólo les iluminaba la luz de la luna entraba por la ventana. Vio en la penumbra que Sefirot le ofrecía un pijama blanco, en silencio. Apenas se lo había empezado a poner, vio que Sefirot levantaba la manta, tumbado ya en la cama. Lo miró un momento, como dudando, pero no pudo ver ninguna trampa. Despacio, entró en la cama, casi suspirando de alivio cuando Sefirot lo rodeó con sus brazos.
La lección es que no eres un juguete, así que no vuelvas a decirlo- le susurró el mayor en el oído. Entonces notó que le rodeaba la cintura con los brazos, como un niño pequeño. Se moridó un poco el labio al notar que temblaba – No llores.
¡No estoy llorando! -replicó Cloud,ocultando su cara en el pecho de Sefirot. ¿No...no era...? ¿Por... por eso lo había...? ¿Por eso esa ternura...? Podría... haberle hecho daño si hubiera querido, estando borracho o encadenado, sabía que no era famoso por sus escrúpulos... .Y...sin embargo... . ¿Eso... quería decir...?
"¿No lo has entendido? Al ver tu carita mientras me abrazabas creía que sí."
Era...demasiado bonito...pero... .
La memoria del abrazo en el baño lo ayudó a dormir en el abrazo real de Sefirot, que sin embargo aún tardó en cerrar los ojos mientras lo acariciaba.
Je, pensó el mayor, viéndole ahora la cara sin rastro de lágrimas. Así está mucho mejor.
No le gustaban las lágrimas. Y menos en el rostro de Cloud. Lo último que había querido había sido verlas. Odio, enfado, desprecio...podía soportarlos. Pero... .
Estaba deseando tomarlo. Había tenido que contenerse en las duchas para no hacerlo. No. Le había parecido precioso ver cómo lo disfrutaba tanto, cómo gemía... .
Se dio cuenta de que no habría disfrutado que gritara de dolor.
Realmente... ¿para quién había sido la lección?
Si hubieras nacido aquí, te habría tenido conmigo desde el principio, esto no te sería extraño y no me temerías porque me conocerías, sabrías mis verdaderas intenciones en cada momento... .
Luego miró con respeto la foto de la madre de Cloud que estaba en el marco que había traído. Tal vez... . Si él hubiese llegado antes... . Suspiró con melancolía, susurrándole entonces:
No habría dejado que te fueras como aquella vez.
