VII. En algún lugar.
Rukia dejó a la pequeña Miyako contenta y feliz en casa de su amigo, mientras Rika preparaba la cena para las dos en su casa, es decir, llamaba a algún sitio para que le trajeran comida. Así, al volver a casa la ex shinigami se encontró con comida italiana lista para comer en la mesa de su salón.
Comenzaron a hablar del miedo de Rika a tener al bebe dentro de tan poco, el tiempo se le había pasado demasiado rápido. Acordaron que los primeros meses los pasaría en casa de Rukia, y una vez que todo estuviera listo, ya se iría a su casa para cuidar así bien de su futuro hijo. La conversación derivó en lo ocurrido esa tarde sábado en su tienda.
-No te extrañes porqué te pregunte, Rukia, sino contamos a tu hermano, nunca nadie viene preguntando por ti –se quedó pensativa un instante- es como si hubieses aparecido de la nada embarazada de Miyako.
-¡Tampoco es eso! –se rió Rukia de las ocurrencias de su amiga.
-¿Quién es el pelirrojo? –rara vez ella era tan directa, pero veía demasiado melancólica a su socia, y quizás necesitaba desahogarse, si no le respondía no preguntaría más, era un pacto tácito entre ambas.
-Era Kurosaki Ichigo, un viejo amigo –suspiró.
-Y por lo que deduzco… no era sólo un amigo ¿no?
-Cierto, Rika, necesito contárselo a alguien ¿te apetece escuchar una historia?
-Claro, sabes que me encantan las historias –la embarazada se acurrucó en el sillón en el que estaba sentada todo lo que pudo- soy todo oídos.
-Pues, Ichigo y yo éramos pareja.
-¡Lo sabía! ¿Has visto como te mira? –parecía una quinceañera entusiasmada.
-Bueno, más bien vi como salió corriendo de la tienda…
Ambas se rieron y Rukia continúo con su historia.
-Decidimos esconder nuestra relación, entre otras cosas porqué nii-sama nunca iba a aceptarla.
-¿Por qué?
Rika pensaba que Kuchiki Byakuya era militar, fue la única excusa que se le ocurrió a Rukia para justificar sus idas y venidas. Le dijo que en un momento dado ella también lo fue, pero que lo dejó para tener a Miyako.
-Ya has visto como es nii-sama, Ichigo tenía que demostrar ser alguien antes de estar conmigo –suspiró pensando en que no sabía que más podía haber hecho el pelirrojo para ganarse a su hermano.
-Es un hombre muy exigente, fuerte, guapo…
-Las hormonas Rika.
-Perdona, continúa.
Aquella noche estaba plagada de estrellas en la Sociedad de Almas, la embargaba la típica tranquilidad que precedía a la tempestad, todos y cada uno de las shinigamis sabían que los arrancar y Aizen estaban muy cerca de ellos.
Pero dos chicos no pensaban exactamente en esa pelea, ya que estaban en la suya propia, en la habitación de Kuchiki Rukia en el escuadrón trece, se escuchaba de vez en cuando alguna subida de voz.
-¡¡Te lo he dicho ya mil veces Ichigo!! –le gritó la shinigami.- No se lo puedo decir aún a nii-sama, ahora tenemos que estar todos concentrados con la pelea contra los arrancar.
-Estoy harto Rukia, ¿Cuánto tiempo llevamos juntos? –no la dejó responder cuando el ya había contestado- ¡Si todo el mundo lo sabe! Estamos tanto tiempo juntos que es imposible disimularlo.
-Entonces esperar un poco más tampoco te matará.
-No, pero odio como me mira tu hermano, con ese aire de superioridad –comenzó a mirar al suelo para elegir correctamente las palabras- cómo si yo no pudiera acercarme a ti, como si fueras sólo suya.
-No, es eso, Ichigo, nii-sama es muy protector.
-¿Protector?
-Si, protector –le replicó la muchacha.
-Rukia –la cogió de los hombros- no es protector, está enamorado de ti.
-¡¿Ichigo?!
-O de ti, o del recuerdo que tiene de su mujer al que tú le evocas.
-Deja de decir estupideces –se revolvió y se separó del shinigami sustituto- nii-sama nunca me ha visto así, ni nunca me verá. Ichigo, es mi familia, es mi única familia, ¿no puedes entenderlo?
-¿No lo puedes entender tú? Yo también puedo ser tu familia, pero no me dejas –volvió a acercarse a ella, pero Rukia retrocedió- quizás, el hecho de no querer decírselo a tu hermano es porqué está relación ya no te interesa.
-No es eso, Ichigo, es que aún no se como reaccionará, y yo sólo quisiera que todo saliese bien, y ahora con la pelea contra…
-Siempre habrá peleas, Rukia, siempre habrá problemas, es ahora o nunca –el chico tragó saliva y le dijo algo que nunca creyó tuviera que decirle- o se lo dices a tu hermano o creo que esto se ha acabado.
-¿Es un ultimátum?
-Si –los ojos color avellana de Ichigo no mentían.
-Ahora no puedo, sólo espera –el chico se dio media vuelta y abrió la puerta de la habitación- un poco –la cerró tras de sí- más –pero la última palabra la dijo tan silenciosamente, tan flojo que sólo ella pudo oír.
-¿Rompiste con ese chico por tu hermano? –preguntó Rika- ¡Por Dios ni que pertenecieras a una familia nobiliaria o algo así!
-No, -mintió- pero nii-sama es muy importante para mí, sin contar a Miyako, es mi única familia y no quería defraudarle.
-Tú tenías miedo.
-¿Yo?
-Si, tenías miedo –apuntó Rika- miedo a lo serio que sería hacer pública tu relación, si estabais tanto tiempo juntos pero sin decírselo a nadie, lo de tu hermano era una excusa como una casa, guapa.
-Rika, tus hormonas te…
-Ni mis hormonas –le cortó- ni nada. En todo el tiempo que te conozco no te ha interesado nadie, y cuando ha aparecido el pelirrojo esta tarde estabas diferente, pero lo has echado a patadas.
-No es eso, es más complicado de lo que tu te piensas… -Rukia había omitido detalles como Sociedad de Almas, arrancar, Aizen o shinigamis en su historia.
-Cómo quieras, miedica –se revolvió un poco, no estaba cómoda- ¿pero desde cuando has necesitado la aprobación de tu hermano para algo? No se de que tenías miedo Kuchiki Rukia –sentenció- pero…
-¿Continúo?
-¿Es que hay más?
-Si.
-Sigue, sigue.
Cuando Ichigo salió de la habitación de Rukia ella se sintió vacía, ¿acababan de romper? No cabía duda, pero Kurosaki tenía razón. Ella se sentó en su cama y pensó que era lo mejor, si ni tan siquiera era humana ¿cómo iba a hacerle feliz?. Además, no era el momento para pensar en eso, ella era una guerrera y próximamente tendría una batalla importante, pero lo que no sabía era que nunca se enfrentaría a la amenaza que tanto estaban esperando.
Ahora, tenía que olvidar a Kurosaki Ichigo.
El día siguiente lo pasó triste y fue otro pelirrojo el que se dio cuenta de la actitud de Rukia. Por su parte, Ichigo, se pasó todo el día entrenando con Ikkaku para no pensar en otra cosa que no fuera su zampakutou. Una vez se hizo de noche, el chico se fue directamente a su cuarto a dormir. En cambio, Rukia que también se fue directamente a su cuarto, pero no se lo encontró vacío. Renji estaba en él.
-¿Te liaste con el tal Renji?
-Si.
-¡¡Serás pendón!! –le dijo riéndose Rika- ¿Quién es el tal Renji?
-El segundo al mando del escuadrón de mi hermano.
-¡Oh! ¿Está más o menos bueno que el pelirrojo? –así es como llamaba Rika a Ichigo.
-No se, son diferentes.
-¿Te liaste con el tal Renji sólo para olvidar al pelirrojo?
-Quizás, no lo se.
-Entonces –no sabía bien si preguntar- ¿él es el padre de Miyako?
-No.
-¡El pelirrojo de esta tarde! ¡El que te miraba bien! ¿Es él? –se levantó contenta, le gustaba ese chico para su amiga.
-No, además, si lo fuera, está con otra.
-¿Y qué más da eso?
A la mañana siguiente de que Rukia encontrara a Renji en su cuarto, se levantó con un tremendo dolor de cabeza y nauseas, es lo que comúnmente se le llama resaca. Después de hacer la religiosa visita al cuarto de baño, la chica volvió a la cama pensando en qué había hecho la noche anterior, no se acordaba del todo, hasta que vio al Teniente del sexto escuadrón durmiendo tranquilamente en su cama con los pelos revueltos. ¿Qué podía hacer ahora? Lo único era despertarle y preguntar, ya que a ella le iba a explotar la cabeza.
-¿Renji…? –le tocó tímidamente el brazo.
-Amm –tras un ruido y un gruñido, el chico abrió los ojos y vio a la shinigami- ¿Rukia? ¿qué haces en mi cuarto?
-No, estamos en el mío.
-¿No jodas… ¡anoche!? –el Teniente se sentó en la cama, llevaba muy poca ropa.
-¡Vístete! –Rukia se giró e hizo amago de irse.
Esa misma mañana hubo un aviso de arrancar en la zona 32 del Rukongai, así que el escuadrón trece debía acudir al lugar e inspeccionar. Al no presentarse a la llamada Kuchiki Rukia, le pidieron a Ichigo –que no era oficialmente parte del escuadrón, pero trabajaba con ellos- que la avisara, cosa que el chico hizo con muy pocas ganas.
Cuando estuvo cerca del cuarto de Rukia se paró en seco, ¿qué iba a decirle ahora? ¿cómo iban a reaccionar? Después de su discusión no había vuelto a dirigirle la palabra. Estaba recapacitando cuando la puerta de la habitación de la chica se abrió sigilosamente, sin saber bien cómo Ichigo se escondió, si Rukia ya acudía a su cita, él no tendría que avisarla, y así se ahorraría un malísimo trago. Pero no fue la muchacha quien salió, sino Abarai Renji ajustándose su traje y saliendo como un ladrón.
Ichigo se temió lo peor, pero tenía que saberlo ¿qué hacía Renji en el cuarto de Rukia a esas horas de la mañana? No esperaría, así que entró sin pensárselo, al parecer no estaba la cerradura puesta, ya que no escuchó el ruido tan típico que hacía. Al abrir vio a Rukia vistiéndose, y taparse al mismo tiempo que se giró para ver quien abría la puerta.
-¿Ichigo? ¿qué haces aquí?
-Ukitake-taicho me ha dicho que te avisara, han informado de un ataque de los arrancar –para él no había duda alguna de lo que había pasado en la habitación, los resto de la fiesta privada de la noche anterior estaban tirados por el suelo.
-Ichigo.. yo… -¿qué le iba a decir? No podía mentirle, no a esos ojos que la miraban inquisitorialmente, no podía.
-Ya no estamos juntos, Rukia, puedes hacer lo que quieras –su orgullo estaba herido, pero no quería montar un número.
-Pero yo no quería, estaba triste y ayer bebimos algo –excusas, excusas.
-No sigas –el shinigami sustituto se giró y se dirigió a la puerta, pero la chica fue más rápida y se interpuso entre la puerta y el chico, tenía que hacer algo.
-Perdóname, lo solucionaremos todo –el chico sólo miraba al suelo, a sus pies, y ella no paraba de buscar su mirada- hablaré con nii-sama.
-¿Ahora? –alzó un poco la voz, mientras ella intentó tocarle la cara pero el chico se revolvió y comenzó a gritar- ¿no es un poco tarde, Rukia? ¿no podías haber pensado esto antes?
-Cálmate –el chico no paraba de gritar, y no era para menos.
-Ahora es tarde, ahora no –se calmó un poco.- No puedo entenderte.
-Espera, Ichigo –el chico salía por la puerta.
-No quiero saber nada más de ti, Rukia –no podía mirarle a la cara- para mí estás muerta.
-¿De verdad te dijo eso? –la ex shinigami asintió con la cabeza.
-Tampoco puedo reprochárselo, nunca lo hice.
-¿Qué ocurrió después Rukia?
-Primero Ichigo, y luego Renji también decidió enfadarse conmigo –suspiró- no fueron buenos tiempos Rika.
-Te entiendo –la embarazada recordó su divorcio, tampoco fue fácil para ella.- Sigues loca por el pelirrojo, ¿eh? –le dio un empujoncito en el hombro.
-Pero está con otra –atisbó una sonrisa.
-Pues dile que Miyako es hija suya, y después de que lo reanimen en urgencias tras el infarto –comenzó a comerse un helado que acababa de traer Rukia- se rendirá a tus pies.
-No es mala idea.
