Este capítulo va dedicado a Annie de Odair ¡Leed sus historias!

Ocurrió apenas llegada la noche. Todo fue deprisa, pero no por ello fue menos espeluznante.

Ni enloquecedor.

Elrik y yo llevábamos el día andando por aquella nueva zona de la arena, al menos provista de pequeñas plantas de raíces comestibles. Era increíble que en algún lugar así creciera vegetación, de hecho estaba segura que los del capitolio lo habían planificado todo. Reconocimos el terreno durante horas y horas, hasta que exhaustos nos dormimos tirados por la arena de cualquier manera.

Él me volvió a despertar. Pero no con una mirada expectante, sino con una mirada realmente aterrada, tan aterrada que podía sentir el miedo correr por sus venas y su corazón palpitar Peligro, peligro.

No dudé en que todo había terminado. No dudé en cerrar los ojos para no ver los tributos que se me acercaban con sus armas improvisadas. Pero unos gritos me hicieron abrir los ojos de golpe, como platos. Elrik tenía todo el brazo sangrante, por lo que parecía una lanza. No alcancé a ayudarlo, no pude, se alejaba y se alejaba de mi vista. Todo se alejaba. Todo era oscuro.

Hasta que algo terminó con la oscuridad. Luz. Una inmensa y horripilante luz me dejó contemplar la cabeza de Elrik rodar y rodar por la arena, hasta llegar a mis pies manchándolos de sangre. Manchándolo todo de sangre.

Clac. Un ruido. Lo último que escuché antes de adentrarme en un lugar lleno de niebla, arena y sangre. La sangre lo impregnaba todo, el cielo, las nubes, la arena… pero todo seguía teniendo esa extraña tonalidad blanca, blanco capitolio lo denominé. Artificial, y sin ningún ápice de pureza, ningún vestigio de esperanza.

Cuando volví en mí me descubrí en una cueva que reconocí al poco. La cueva donde me había escondido la primera vez en los juegos. Allí estaba, acurrucada en la parte más oscura, deseando que todo terminara, que cesara es horrible dolor de cabeza y que dejara de haber sangre por todas partes. Y gritos. ¿Por que gritaban aquellas voces? Me tapé las orejas con la manos, y de tanta fuerza que hice hasta me dolieron. Pero los ruidos venían de dentro.

Elrik Tatcher muerto. Por mi culpa. Defendiéndome. Su sangre por todo el suelo, derramada y sin posibilidad de volver a su dueño. Sangre en mis pies, y más gritos.

Gritos agudos, gritos grabes, gritos de niños y ancianos, gritos de todo el mundo. Gritos de mis padres, gritos de Finnick, gritos de los tributos en la cornucopia. Gritos de Elrik recibiendo la lanza, y su grito silencioso antes de ser horriblemente mutilado por algún tributo bestial. ¿Por qué? Porque lo habían matado a él y no a mí. Por primera vez deseaba morir, morir para que aquel inocente niño volviera a la vida, un niño que en teoría era un vocacional, ahora entendía que solo era un mecanismo. Un mecanismo de autodefensa. Que no había funcionado para nada.

Los gritos, la niebla y la sangre se resistían de salir de mi mente, por mucho que intentara volver a la realidad. No tenía motivos para volver a la realidad, al fin y al cabo había matado a un pobre niño. Elrik estaba muerto por mi culpa, al igual que todos los tributos. Todos muertos porque yo seguía con vida. Una vida miserable, vacía y sin sentido, una vida que no merecía vivir. Los dolores de cabeza eran intensos, y las alucinaciones se mezclaban con las pesadillas, la realidad y el terror. No podía dormir, no podía comer, no podía moverme, solo podía permanecer allí, soñando despierta con sangre que manchaba la cueva, cabezas rodando por el suelo y una neblina de color capitolio.

Me iban llegando paracaídas de vez en cuando aunque yo apenas los podía siquiera mirar. No quería ver nada de su interior, solo quería que todo terminase, que dejaran de rodar cabezas, que mis sienes dejaran de hacer tanto daño, que los gritos dejaran de atormentarme y sumirme en una paz próxima a la muerte. Una tortura.

De vez en cuando mi nueva tortura daba un giro, y la cueva desaparecía, los paracaídas desaparecían y solo podía sentir sangre chapotear por el suelo. Sentía mis manos tocarla y mojarse en ella. Sentía cabezas rodar por encima de mis manos sin poder hacer nada. No podía gritar, no podía llorar, solo podía estar allí remojándome en ese mar rojo de dolor, pánico y angustia.

Hasta que algo empezó a caer encima mi cabeza. Algo húmedo, que primero pensé que era sangre, pero luego resulto ser agua. Agua que me despertó de mi letargo y me advirtió que algo andaba mal, aparte de mi misma. La cueva se estaba inundando, porque agua no paraba de entrar desde arriba.

Extrañamente aquello me despejó por completo y recuperé mi juicio por unos minutos. Me apresuré a salir al exterior de la cueva, que ya estaba llena de agua, y empecé a subir nadando hasta el oxígeno. Cuando llegué a la superficie del agua, que cada vez se elevaba más al cielo eché una mirada a lo que veía por ahí. Nada. No había ni mutos, ni tributos, ni ningún peligro aparente, así que solo dejé vaciar mi mente y me adentré otra vez en el agua, buceando con los ojos cerrados, imaginando estar en el mar que había detrás de mi casa.

Cuando ya estuvo todo llena, la arena parecía un enorme estanque, del cual las montañas eran las paredes. El nivel de agua no bajaba, cosa que agradecería eternamente. Pasé un buen rato buceando, quizás horas, quizás días, aunque no vi que se hiciera de noche, por lo que era poco probable. Nadaba recordando los estilos que me había enseñado mi padre de pequeña: Crol, braza, de espaldas, mariposa, haciendo el delfín o simplemente dejándome muerta, flotando por el gran estanque.

Y al fin ocurrió algo. Una horda de aerodeslizadores apareció en el cielo atravesándolo mientras que otro más grande se quedaba encima de mí. Sin pensarlo me hundí en el agua un rato más, pero hasta ahí se podían escuchar las trompetas de la victoria.

Había ganado los juegos del hambre.

N/A: Y patapám, ya se han acabado los juegos del hambre. Pero no os deprimáis, a la historia le queda para largo, esto tan solo es una etapa. Espero que os haya gustado como he hecho mi versión loca de Annie, aunque bueno, ya la pillareis más adelante.

¡Nos vemos en "Despertando"!