VII.

"Los recuerdos de él vienen en flashes y ecos. Me digo a mi mismo que es tiempo de dejarlo ir pero olvidarlo es imposible cuando todavía puedo ver toda nuestra historia en mi cabeza parpadeando en rojo brillante."

Fiel a la promesa que había hecho años atrás, la promesa de volver a aquel lugar donde los dos habían prometido estar juntos por siempre, el hombre de los ojos azules caminaba sintiendo en su piel el frío de los primeros días de invierno de Barcelona.

Aunque aquel viaje poco a poco se había ido convirtiendo más en una costumbre que en la esperanza real de que aquella vez Yuri Katsuki sí apareciera ante sus ojos, y aunque días antes de la fecha acordada terminaba diciéndose que aquel año ya no volvería a la Catedral de Santa Eulalia, Victor Nikiforov terminaba yendo sin que nada, ni siquiera él mismo, pudiera detenerlo.

Y es que quizá el deseo de que todo fuera diferente aquel año era más fuerte que la certeza de que no lo sería. Yuri Katsuki había permanecido ausente de su vida por más de veinte años y lo cierto era que en todo aquel tiempo Victor no había podido olvidarlo.

Cada mañana el hombre se despertaba después de un sueño intranquilo en el que los ojos de Yuri Katsuki eran el tema principal y a partir de ese instante, Victor sabía que la añoranza de esos ojos no se terminaría a lo largo del día. Él sabía que necesitaría su vida entera para poder olvidarlo.

Victor suspiró cuando sus ojos se posaron sobre la fachada de líneas verticales y figuras de ángeles y santos de la tradición católica de la catedral en la que un día de frío años atrás, Yuri Katsuki se había parado frente a él para decirle con un anillo dorado que estaba agradecido de tenerlo a su lado como su entrenador y como el amor que la vida le tenía reservado. En aquel momento, Victor había sentido que la felicidad y el amor que dura para siempre eran sin duda alguna una realidad en aquel mundo que antes de Yuri se le antojaba frío y vacío.

Al llegar frente a la fachada aquella, en lo más alto de la escalinata de piedra que conducía al lugar, a Victor le pareció escuchar de nuevo el canto del coro aquel que había estado entonando himnos navideños mientras Yuri le prometía que daría lo mejor de sí a la mañana siguiente y que los dos ganarían su primer oro como patinador y entrenador. A Victor le parecía ver delante de sus ojos de medio siglo de vida el resplandor de la sonrisa de dos hombres que en aquel instante de entrega mutua habían creído tontamente que su amor los protegería de todo, que su amor podría sobrevivir y vencer todo obstáculo.

Su corazón se llenó de pesar al notar que, como cada año, aquel lugar seguía lleno de recuerdos de un pasado feliz pero no de la presencia cálida de Yuri Katsuki para quien aquella cita, quizá sería ya cosa del pasado, algo en lo que el hombre ya no pensaba en realidad. Quizá Yuri ni siquiera pensaba en él, no tenía por qué hacerlo.

Y es que después de retirarse como patinador, Victor había hecho todo lo posible por alejarse de los medios y de toda aquella vida de algarabía y escándalo que siempre le había gustado. Después de aquella última conversación con Yuri, Victor había decidido empezar de nuevo en un lugar lejos de Rusia y lejos del hielo, lejos de todo aquello que pudiera impedirle curar su corazón.

Fue por eso, que buscando un nuevo camino, el hombre había decidido convertirse en coreógrafo profesional, después de todo, sus rutinas legendarias en el hielo eran obras de arte que muchos patinadores en el mundo morirían por tener, pero él ya no quería tener nada que ver con el hielo, no quería tener que encontrar a Yuri a cada rato y tampoco quería seguir hiriéndolo con su presencia, así que Victor había decidido volar a América y allá, se había convertido en un coreógrafo prestigioso que ahora tenía cierto reconocimiento en Broadway.

Uno de sus amigos del ballet Bolshói en Rusia lo había ayudado a conseguir las certificaciones necesarias, y otro contacto, un joven actor de teatro musical americano (con el que los medios, que parecían perseguirlo también en Nueva York, lo habían relacionado sentimentalmente) había hecho que Victor pudiera posicionarse como coreógrafo en obras modestas que luego se convirtieron en producciones titánicas en las que Victor se desenvolvía con talento y con encanto.

Lo cierto era que no podía decir que no hubiera intentado olvidarse de Yuri en otros brazos porque cuando la desesperación era mucha, no podía evitar desear que una noche de pasión se llevara con ella los recuerdos de un pasado que no volvería, pero al final de todo, al final de la satisfacción momentánea y vacía, eran los ojos de Yuri los que aparecían en sus sueños como un constante recordatorio de que la condena aquella en la que él mismo se había encerrado no tendría un final.

Y es que el hombre de los ojos azules se aferraba al recuerdo de los ojos de Yuri con fervor, como el creyente que se aferra a la existencia de su dios para no sentir que camina en soledad por un mundo cruel y oscuro. Porque la ventaja de estar en América, un lugar donde pocas personas lo recordaban como el dueño de las pistas de hielo que había sido en su juventud, era que podía aferrarse a los recuerdos de Yuri sin que nadie le dijera que se olvidar de él.

Porque con el paso del tiempo, el nombre de aquel muchacho, así como todas las cosas que había vivido a su lado se habían convertido en un museo interno en el que Victor se perdía de vez en cuando. A pesar del paso del tiempo, los recuerdos de Yuri seguían brillando dentro de él con una fuerza abrasadora, con la fuerza e intensidad del color rojo con el que brillan las llamas de un incendio difícil de apagar.

Era por eso que olvidar a Yuri Katsuki era una tarea vana que Victor ya ni siquiera intentaba hacer. A su edad, el pasado empezaba a cobrar más importancia que el futuro y más importancia que el presente. Aquel pasado que el atesoraba como la más valiosa de sus posesiones era un su corazón algo mucho más importante que todo lo demás.

Tan era así que a veces los actores de las obras en las que se encargaba de crear las coreografías solían encontrarlo sonriéndole al vacío con nostalgia y los jóvenes aquellos no podían evitar preguntarse quién era el dueño de aquella sonrisa o qué recuerdos eran los que se dibujaban en la mente de aquel solitario y atractivo hombre.

-¿Está recordando nuevamente al príncipe aquel que no creía en los finales felices?- solían preguntarle los chicos pues Victor había dicho aquello una vez en una fiesta, que su sonrisa triste le pertenecía al príncipe de un cuento quien había perdido la fe en los finales felices por culpa suya.

-Siempre…- respondía Victor con una sonrisa llena de misterio y recuerdos que escondían a Yuri Katsuki detrás de ellos-. Si aman a alguien, no lo pierdan, no lo dejen ir. No hagan que el príncipe de su historia deje de creer en finales felices…

Los chicos solían dedicarle una sonrisa condescendiente a su consejo, aquel consejo que seguramente a los oídos jóvenes les sonaba como al consejo senil de un viejo solitario y acabado y aunque ciertamente Victor le había hecho frente a la edad con dignidad y conservaba aun aquel atractivo inherente a su persona, el hombre no podía evitar sentirse como un hombre que había vivido mucho, como un hombre que había esperado demasiado.

Y es que a él le hubiera gustado saber lo que sabía ahora cuando tenía veintiocho años. A Victor le hubiera gustado que alguien del futuro le hubiera advertido acerca de ese mañana en el que seguiría regresando al mismo lugar todos los inviernos esperando poder reflejarse una vez más en los ojos marrones de Yuri Katsuki sin recibir a cambio más que la mirada indiferente de los turistas que pasaban a su lado.

Quizá era momento de entender de una vez que Yuri Katsuki no volvería a su lado. Quizá era hora de prometerse a sí mismo que al año siguiente, cuando la nieve comenzara a caer no sentiría aquella urgencia mortal de tomar el primer vuelo a España, que el próximo invierno se quedaría en Nueva York y asistiría a alguna de las fastuosas fiestas de acción de gracias a las que solían invitarlo.

Pero su corazón sabía que al invierno siguiente, y al siguiente, y al que vendría después de ese, Victor terminaría de nuevo ahí, en frente de aquella catedral donde un día se había sentido el hombre más feliz del universo. Victor sabía que quizá incluso cuando muriera su espíritu seguiría yendo a aquel rincón del mundo esperando que de la nada la figura de Yuri Katsuki se hiciera real delante de él.

El hombre se quedó de pie un rato y cerró los ojos para no llorar. Hacía frío aquella tarde pero él estaba acostumbrado a eso, hacía más de veinte años que su alma no conocía la primavera. Por eso cerraba los ojos de vez en cuando, para que los recuerdos de Yuri caldearan su alma con el brillo de todas las sonrisas que el hombre aquel le había regalado, o el calor de los besos de Yuri que con un poco de esfuerzo volvían a arder en su boca.

Victor cerraba los ojos para que la oscuridad se llenara de pronto de la luz del amor y de la vida de aquel hombre que siempre había cumplido sus promesas, incluso esa en la que le había jurado no volver a él jamás.

Los ojos azules de Victor Nikiforov se abrieron después de un rato al sentir la cortante sensación del viento helado que traía consigo algunos de los primeros copos de nieve de la temporada. Sin lugar a dudas, era tiempo de que Victor se fuera de aquel lugar, era obvio que como había sucedido año tras año Yuri no acudiría a la cita, Yuri no volvería a mirarlo jamás y aquellos ojos marrones solo seguirían apareciendo en sueños.

Y Victor pensaba que quizá estaba bien que fuera de aquel modo, quizá aquella era la única forma de seguirse aferrando a aquel amor que nada podría sustituir y al cual llevaba una vida completa sin poder renunciar.

FIN.


NDA: Quisiera agradecer a ustedes valientes personas que llegaron conmigo hasta el final en esta semana de la tristeza. Creo sinceramente que necesitaba escribir algo así para volver a mi dulce y azucarado Jess-Jess style. Ojalá hayan disfrutado la historia que sé, no tiene nada que ver con lo que escribo normalmente pero de verdad necesitaba hacer esto como una suerte de exorcismo para poder regresar a "Write on me".

Continuaré con las otras dos historias que tengo en proceso la siguiente semana y de verdad mil gracias por leer esto que en realidad no sé qué es, solo sé que necesitaba hacer llorar a Victor xD

En fin, nos leemos pronto y abrazos de oso para ustedes bonitas personas que leyeron esto :3