Capítulo 2: Hogar, Dulce hogar (III)

A la mañana siguiente todo había quedado en el olvido, al menos para los chicos. Dante como todas las mañanas salió con el tiempo justo para tomar el autobús del centro. Peter había llegado a un acuerdo con el director que mientras no les encontrara una escuela, asistían a las clases del orfanato. Tomás aunque se levantaba con más tiempo, no era muy hablador, mucho menos por las mañanas, así que solo se sentó enfrente de la tele y se tomó sus cereales mientras veías los dibujos animados.

Peter decidió que esa tarde cuando regresara del trabajo empezaría con lo de la aproximación a sus hijos. Pero sus planes se fueron al traste cuando al llegar a casa sobre las 20:20 de la tarde, se encontró una imagen insólita. Annie, su madre sentada en uno de los taburetes de la barra de la cocina y a los dos chicos haciendo los deberes en total silencio.

- Hola mamá (le dio un beso) ¿A qué bien tanto silencio?

- Mejor te lo cuentan tus hijos, tu padre ha bajado un segundo a por la cena.

- ¿Qué ha pasado? (le preguntó curioso Peter a Tomás, pero Tomás bajó la cabeza y no dijo nada) ¿Dante? (Dante por sorprendente que pareciese actuó de la misma forma que su hermano) ¿Mamá? (volvió al punto inicial).

- Niños (le dijo Annie a los dos chicos), soy madre y sé muy bien que cuando mis hijos no se han comportado muy bien, prefiero oírlo de su boca que de la de otros (dijo Annie que a pesar de ser claramente un regaño sonaba tan dulce y amorosa como siempre. Pero los chicos no abrieron la boca).

- ¿Qué han hecho ya? (dijo resoplando Peter, justo la noche anterior habían charlado, por lo visto no se explicó del todo bien).

- ¿Niños? (les dio una oportunidad más) Cómo queráis, pero que sepáis que no estáis mejorando las cosas.

- Annie, por favor (al fin habló Tommy)

- Tommy, es abuela. Ya os lo he dicho que no quiero que me llaméis Annie, soy vuestra abuela. Y Peter es tu padre debe de saberlo, o se lo dices tú o lo haré yo (otra vez bajó la cabeza Tommy).

- ¿Alguien me va a decir lo que está pasando, o qué? (dijo ya mosqueado Peter).

- Pues lo que pasa es que este medio día quedé con tu hermana Caroline para mirar unos muebles para la habitación de los niños, cuando tu hermana se dio cuenta que no tenía el papel con las medidas de las habitaciones. Así que como estábamos cerca, y tenemos llave… decidimos subir y tomar de nuevo las medidas. Pero nos llevamos una sorpresa al ver que estos dos jovencitos estaban ahí tirados, bebiendo cervezas y fumando mientras veían unas películas que no creo que sean muy saludables para chicos de su edad.

- ¡No estábamos viendo porno, Peter! (se apresuró a decir Dante)

- No, yo no he dicho eso, pero el lenguaje que oí al entrar en esa puerta es realmente poco recomendable para chicos de vuestra edad.

- ¿Y qué hacíais vosotros dos en casa a esa hora? ¿Y bebiendo y fumando?

- Yo no fumaba (dijo flojito y tímidamente Tommy y Dante solo negó con la cabeza, y le dijo flojito "traidor" pero no estaba enfadado).

- Pero bebiste y estabas viendo esa peli en casa en vez de estar en clase ¿No?

- Si, bueno, se aplazaron las clases (Annie carraspeó).

- Déjalo Tommy, nos ves que la lady ya nos delató. No fuimos a clase, no hay anda de bueno allí.

- ¿Perdón? (Peter no sabía si alucinar más por lo de "la lady" o por la frescura del muchacho al reconocer que se habían saltado la escuela).

- Pues eso que nos pilló (dijo Dante todo valiente. Peter estaba a punto de abrir la boca cuando escuchó la puerta de la entrada abrirse y a su padre hablar).

- ¿Annie? No había ensalada César, te eh traído la… (el capitán Paul Blaisdell se calló al ver a su hijo) Hola Peter, ya me dijo Kermit que te liaron los de la fiscalía. He traído comida del restaurante de ahí enfrente.

- Gracias papá ¿Qué haces tú aquí? Bueno no es que no quiera que estés aquí, pero…

- Tranquilo hijo, tu madre me llamó, los niños estaban poniéndoselo difícil y necesitaba refuerzos (Peter se giró, para lanzarles dos miradas de esas que hacen mearse en los pantalones, pero vio como sus hijos se habían vuelto a sentar y volvían a estar haciendo los deberes en silencio).

- Bufff (resopló Peter y se pasó la mano por la cara).

- Niños (dijo el capitán) coged vuestras cosas e id a la habitación de Dante a acabar los deberes, ya os llamaré cuando la cena esté servida (los chicos obedecieron a la primera sin protestas ni malas caras. Peter tuvo que parpadear varias veces para asegurarse que no era una alucinación).

- ¿Tan mal?

- Bueno, no han hecho nada que su padre no hiciera antes jajaja (le dijo su padre dándole un empujoncito cariñoso) ¿O se te ha olvidado ya como te conocí?

- No, papá, no se olvidará en mi vida (forzó una sonrisa y se sentó en el taburete que había al lado de su madre).

- Parecen buenos chicos, al igual que su padre un poco perdidos y rebotados con la vida, pero si algo he aprendido es que a esa edad los chicos son aún un lienzo en blanco.

- Gracias. Pero me vais a decir que ha pasado realmente para que hayas tenido que venir tú y que esos dos estén super modositos.

- Pues que los muy estúpidos creyeron que podrían chulear a tu madre jajajaja ¿Te lo puede creer? ¿A tu madre? Jajajaja (Peter sonrió, era más fácil torear a su padre que a su madre. Pero eso los chicos no lo sabían).

- Tu hermana Caroline se puso un poco nerviosa y llamó a tu padre (le dijo Annie viendo que su marido seguía riendo). Después los niños y tu padre tuvieron unas palabras y bueno eso fue todo.

- ¿Qué palabras? (dijo un poco mosca)

- Tranquilo Peter, ahora soy el abuelo, no tuve ese tipo de palabras, pero soy perro viejo y se algún que otro truco, aún puedo intimidar a dos mocosos sin necesidad de recurrir a la fuerza física ni a la coacción.

- Perdona papá, no quería insinuar nada, solo es que justo ayer tuvimos unas charla sobre comportarse y hoy van y…

- Y prueban como de en serio iba a esa charla. Eso me recuera a cierto jovencito que después de decirle claramente que encasa el toque de queda era a las nueve, apareció esa misma noche a las once. Cuando nunca antes había llegado tan tarde.

- Mamá (protestó Peter)

- ¿Es o no es cierto?

- Lo es, pero era distinto.

- Sí, claro tú sabías perfectamente que era lo que tu padre te había dicho que te esperaría si no cumplías con las normas de casa.

- Y ellos saben…(Annie le interrumpió)

- He hablado con ellos, hijo, en este ratito que tu padre bajó a por la cena y tú aún no llegabas. Y a menos que me hayan mentido, que no me sorprendería tampoco, solo dijiste "lo mismo que pasa en todas las casa cuando los niños no hacen caso de sus padres o se portan mal".

- Pues está claro ¿No?

- Oh venga Peter, que cobarde (dijo su padre recuperando la compostura poco a poco).

- ¿Recuerdas que hablamos aún antes de traerte a casa? Cuando tu madre y yo decidimos adoptarte, te explicamos bien lo que significaba pertenecer a una familia, las obligaciones, deberes y derechos que comportaba ser parte de una familia. Te hablamos de lo que esperábamos de ti y lo que podías esperar de nosotros. Y te dijimos muy claramente cuáles serían las consecuencias de desobedecernos y de portarte mal ¿No? (dijo el capitán aguantándose la risa de nuevo)

- Sí, pero esto es diferente (protestó Peter).

- Peter, hijo, esto no podría ser más igual ni hecho adrede (le corrigió su madre).

- Los niños solo querían saber si hablabas en serio ayer noche y comprobar a que te referías con eso tan vago de "lo que les pase a los niños malos en todas las casas".

- ¿Y ahora qué? (dijo con cara de asustado).

- ¿Cómo que "y ahora qué" Peter? (dijo sorprendido el capitán)

- Es que no quiero castigarlos, no quiero que me odien.

- ¿Tú me odias, Peter?

- No, claro que no, papá.

- Pues ellos a ti tampoco. ¿Te crees que yo quería castigaros a tus hermanas o a ti? ¡No claro, que no! Ahora ya sabes cómo me sentía cada vez que alguno de vosotros se pasaba de la raya y me tocaba poneros de nuevo en el buen camino.

- Pero es que era diferente

- Peter, no lo vuelvas a decir, no, no lo era, es la misma situación. Hijos se portan mal, padre que tiene que castigarlos. Es así y ha sido así siempre 8dijo el capitán esta vez más serio).

- ¿Y cómo lo hago?

- En eso hijo, no podemos ayudarte, cada padre encuentra su propia manera. Mira hijo, mientras tu padre, los niños y yo cenamos, porque no vas a dar una vuelta, aclaras las ideas y después os dejamos a los niños y a ti solos para que habléis ¿Eh? ¿Qué te parece?

- Gracias, mamá, siempre sabes lo que necesito, incluso antes que yo lo sepa.

- Para eso está tu madre (le dio un beso en la frente). Ve, anda, hace buena noche para pasear.