Personajes: Sabertooth. Rogue & Rufus.

Extensión: 489 palabras.

Notas: Juraría que todos mis últimos drabbles tienen al menos una frase con bullying a Sting, aunque bien puede ser mi idea —alguien se la creyó, ¿alguien?—. Admito que me gusta la idea de que Rogue y Rufus se prestan libros mutuamente, aunque Rufus siempre me salga bien bastardo —es sensual así, no puedo contener a mis ovarios (?)—.

Mis frases sorteadas fueron: "With that kind of logic, you'd make a great lawyer." y "I'm sorry, okay?"

[Editado 09/07/2019]

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Entre tigres.


Libros prestados.

(rufus&rogue).


Rogue se paseó por las estanterías con el ceño fruncido, sin hallar lo que buscaba. A veces se preguntaba cómo es que siempre cedía, siendo que para entonces ya debería conocer a sus compañeros y sus costumbres.

—¿Buscas algo?

No creyó ser atrapado tan pronto, pero tampoco estaba sorprendido. A esa hora Rufus debería estar en el gimnasio haciéndole compañía a Orga, pero su compañero tenía la extraña habilidad de aparecer siempre que le convenía, resultaba escalofriante.

—Sí —respondió Rogue, dando la vuelta y dejando de observar los libros perfectamente organizados—, mi libro —exigió, cruzándose de brazos.

¡¿Por qué se molestaba en prestárselos?! Rufus tardaba en devolverlos más que Sting en hacer el papeleo.

—¿Cuál? —inquirió Rufus, haciendo un conteo mental de todos los libros de Rogue que tenía en su haber.

Que no eran pocos, pero se perdían en la inmensa estantería que ese sujeto tenía en su habitación.

—El que te presté hace unos tres meses —espetó Rogue, molesto.

Rufus pareció pensarlo, pero desde ya que no tardó en recordar qué libro le habían prestado hace tres meses.

—Ah, ese —dijo, volviendo a centrar la atención en Rogue—, aún lo estoy leyendo —aclaró, para sorpresa del otro mago.

—¡¿Desde hace tres meses?! —reclamó.

—Leo muchas cosas a la vez —argumentó Rufus, alzándose de hombros—, ¿qué quieres que haga?

—Que me lo devuelvas.

—¿No puedo terminar de leerlo?

—Haberlo hecho hace tres meses —alegó Cheney—. ¿No puedes leer solo una cosa a la vez y acabar rápido?

—Me aburro —respondió Rufus—, los libros suelen ser predecibles y repetitivos, no me atrae mantener el foco solo en uno.

—Pues no leas.

—Me gusta leer.

¿Quién entendía a ese sujeto?

—Es mi libro —reclamó Rogue—, y me vale si no lo has terminado, lo necesito.

—Que encantadora manera de pedir las cosas.

—¡Es mi libro! ¿Por qué tendría que pedírtelo? Es mío, tienes la obligación de entregármelo porque es mío y punto.

Rufus arqueó una ceja.

—Con esa lógica, serías un buen abogado —se burló, ingresando de una vez por todas a su habitación porque la discusión lo había distraído de su propósito inicial, que era entrar—. Bajo esa perspectiva —dijo, sonriendo con malicia—, esta es mi habitación —argumentó, alzando las manos para abarcar la extensión del cuarto—. Tienes la obligación de abandonar este lugar porque este cuarto me pertenece.

Ante eso Rogue frunció el ceño.

—¿Y? —replicó—. El libro sigue siendo mío.

—Es como una caja y una joya —dijo Rufus—, nadie niega que la joya es tuya, pero la caja es mía y como me pertenece no la puedes abrir sin mi permiso. ¿Sí lo captas?

Cheney chasqueó la lengua, incómodo.

—Lo siento, ¿sí? —se disculpó, cediendo—. ¿Podrías devolverme mi libro? Lo necesito.

Rufus sonrió como villano de película.

—Haberlo pedido antes de entrar a mi cuarto sin mi permiso.

Rogue tuvo ganas de matar a ese bastardo, aunque no podía negar que él sí era buen abogado.


Nos leemos.