¡Hola chikis! Desde que leí el review de BuhoOscuro16, básicamente pidiéndome lemon entre lineas -Sí, se notaba que lo querías, no lo niegues y también en otros reviews- pensé en una cosa: El libro original tiene lemon, sin embargo yo tenía pensado cortar esas partes. Si estáis en desacuerdo y queréis lemon yo lo escribiré sin problemas y cambiare la calificación a M. Si unos quieren y otros no avisaré cuando haya lemon para que los que no quieran esten advertidos. Y sí nadie lo quiere, pues como antes.
Hipo a dado un gran paso para confiar en Monika de esa forma... Lástima que Brusca haya asestado un golpe mortal. Nunca juegues así con la persona que amas, el arrepentimiento será grande e instantáneo.
Ahora comienza la verdadera aventura, Hipo descubríra nuevos amigos una vez libre. Pero también hay muchos peligros fuera de los muros de un castillo. Más que dentro.
Él todavía no tiene ni idea de lo que se cierne sobre su cabeza, pero Brusca será descuidada y le desvelara algo. Un hilillo con lo que Hipo puede descifrar la maraña. ¿Que puede habersele escapado a la asesina perfecta?
¿Queréis saber? ¡¿Y a que esperáis?! Leed.
Poseída por la avidez y la pasión, la Yegua de Bastos codicia lo que no puede retener y hace oídos sordos a la injusticia. Haz fracasar a la impetuosa criatura y tomará elecciones y decisiones necias. Las disputas que surgirán de sus acciones beneficiarán tu viaje.
Las noticias viajaban rápido en el castillo de Coleway. El patio exterior estaba inusualmente abarrotado para ser mediodía, lleno de gente que no solía estar allí a esas horas. Parecía que todo el mundo con cualquier posición de liderazgo o autoridad y que no había partido con la cacería se había reunido alrededor de Hipo. Lo habían acechado y, en el momento en que puso un pie en el gran salón aquella mañana, lo abordaron con preguntas interminables sobre cómo se deberían y podrían hacer las cosas una vez dejara Coleway para siempre.
Por supuesto, pensaban que tendrían dos días más para obtener respuestas, y el joven no podía ni imaginar cuál sería su reacción si les decía que su partida era inminente. De hecho se había levantado un clamor de desacuerdo cuando había declarado que pretendía unirse a la cacería, y el tono de las incesantes preguntas se había convertido en un concurso de gritos mientras la gente intentaba arrancar su atención de quien la tuviera en cada momento.
Al mismo tiempo, Monika permanecía estoicamente de pie a su lado con la mano en su codo para guiarle a través de la multitud. Aunque no puso objeción a los retrasos a su marcha ni hizo nada para facilitarla, de algún modo se las arregló para sacarlos del salón y cruzar el patio exterior hacia las puertas en poco más de un cuarto de hora.
Parte de lo que lo distraía tenía que ver con la presión de aquella mano, como el pulgar femenino que le acariciaba el brazo siguiendo un dibujo aparentemente aleatorio pero tranquilizador. Ningúna otra mujer lo había tocado con tanta familiaridad, tanto si era con la mano en su codo o, o en la cintura cuando la multitud los cercaba más, o incluso cogiéndole la mano, como había hecho la noche anterior.
Monika se había quedado en la alcoba para planificar la fuga hasta justo antes del amanecer, cuando ambos habían comenzado a preocuparse ante el hecho de que la guardia de la mañana pronto patrullaría los pasillos. En su mente ya no cabía duda de que sólo ella podría llevar a cabo con éxito la huida de Coleway antes de que Heather pudiera pensar algún tipo de trampa para deshonrarlos a ambos. Habían repasado el plan una y otra vez hasta que no quedaron dudas sobre qué papel jugarían cada uno para eludir la cacería, y luego para conseguir que prepararan sus propios dragones supuestamente para unirse a la partida lo antes posible.
Hipo se sorprendió de lo rápido que habían formado un vínculo conspiratorio, de la perfección con que se engranaban sus respectivas ideas, y de lo rápido que había pasado a considerarla tanto una amiga como su protectora. Por alguna razón, nunca se le había ocurrido la posibilidad de que pudieran hacerse amigos, o de que ella pudiera encontrarle mínimamente atractivo y, sin embargo, parecía que le interesaba de verdad todo lo que él tenía que decir.
Retener el interés de una chica tan aparentemente perfecta como Monika era una sensación embriagadora, pero aquella mañana sólo podía pensar en la fuga. Todo lo que se interponía entre ellos y la libertad era una veintena de personas que parecían decididas a volverlo loco con sus preguntas.
Se masajeó la frente anticipándose a un dolor de cabeza, sin duda causado por la tensión y la agitación. Tenían que irse, pero la multitud no parecía disolverse.
—¡Milord!—gritó el alguacil mientras agitaba una mano y se ponía de puntillas para mirar por encima de los gigantescos hombros de Bocón—. Tengo que saber cuántos carros de equipaje tenéis pensado llevaros a Gales. Si tienen que estar preparados en menos de dos días, empezaré a organizar la caravana ya. También necesito saber cuántos jinetes y sirvientes os acompañarán, cuántos de ellos guiarán un dragón y cuántos sólo serán llevados por el resto, y tengo...
—Dejad de gritar a vuestro señor —ordenó Monika entonces, dirigiéndose al grupo en general.
Su voz sonó tranquila pero firme, y la multitud guardó silencio al instante, probablemente conmocionada porque al fin se había dignado a hablarles, y sobrecogidos porque una vikinga que les era desconocida se dirigiera a ellos, una vikinga que rebosaba poder y autoridad.
Hipo tenía que admitir que el casco vikingo que lucía tenía un aspecto imponente, y si alguien pensó que era extraño que el ella vistiera del mismo modo (Con ropa vikinga, para ahorrar la descripción, la misma ropa de la serie) para una cacería que como lo había hecho en su viaje desde Gales, armada hasta los dientes, se sintió demasiado intimidado para hacer comentario alguno.
—No le negaréis a lord Hipo unas pocas horas de distracción en la cacería. Vuestras preguntas pueden esperar a su regreso. Hasta entonces, demostrad que merecéis la confianza que ha depositado en vuestras aptitudes e id a ocuparos de vuestros asuntos.
Nadie discutió con ella. Sí, unos pocos refunfuñaron, pero después de que los hombres se inclinaran de forma leve y reacia y las mujeres hicieran reverencias a regañadientes, comenzaron por fin a dispersarse.
De forma inconsciente, Hipo hizo ademán de levantar la mano para captar la atención de Bocón y Mercredit antes de que se fueran, pero Monika detuvo el movimiento desplazando la mano que tenía en el codo del joven y luego se inclinó de modo que sólo él pudiera oír sus palabras.
—Ni siquiera lo pienses.
—Pero...
—Te vas sólo unas pocas horas, ¿recuerdas? Salir de cacería no requiere que te despidas.
Tenía razón. Pretendía llamarles para, de alguna manera, despedirse sin contarles su secreto. Pero ellos eran inteligentes, lo conocían a la perfección, y hubieran adivinado que algo iba mal. ¿Cómo demonios había adivinado Monika su intención?
Observó cómo las personas a las que había llegado a amar se alejaban de él mientras volvían al gran salón o a sus obligaciones en otras partes del castillo. Eran pocas las posibilidades de que volviera a verles nunca, o de que volviera a estar de pie en el patio exterior de Coleway con el sol calentándole el rostro, rodeado por las vistas y olores cotidianos del lugar que llamaba hogar: las imponentes murallas de piedra gris, el olor a tierra del polvo que había sido compactado por los cientos de pies que iban y venían desde las puertas, el débil aroma del fuego de carbón de la herrería y los olores mucho más cercanos de los establos de dragónes construidos a lo largo la muralla, cerca de las puertas.
Mientras se despedía en silencio de aquel lugar, su atención se desvío hasta los dos dragones que, ensillados y listos, los llevarían en su viaje. La visión de su querido Desdentado que daba saltos presentiendo una gran aventura y la certeza de que nunca se separarian le levantó el animo.
El enorme Cremallerus Espantosus de Monika hizo la actuación tan propia de ese tipo de esos dragones con el gas de forma larga, sin que afectará a nada, y luego sacudió una de sus cabezas tan violentamente que el mozo de cuadra que le sujetaba las riendas perdió el contacto con el suelo antes de que el dragón volviera a cederle el control. Desdentado respondió agitando la cabeza y las alas como si compitiera con el Cremallerus para llamar la atención. No tendrían problema para dejar atrás a los palafrenes y las delicadas monturas árabes preferidos por la mayoría de los que participaban en la cacería. Afortunadamente, el jefe de las caballerizas no le había preguntado sobre las razones.
Monika siguió a Hipo cuando este empezó a correr hacia su amigo alado, sin apenas dudar cuando vió la pequeña bolsa que él llevaba oculta bajo el manto.
No volvió a hablar hasta que hubo montado su cabeza correspondiente del Cremallerus y ambos habían girado sus dragones hacia la barbacana.
—Si nos aborda otra multitud en las puertas, insiste en que debes unirte a la cacería antes de que acabe y promete que hablaras con ellos a tú regreso al castillo. Se nos acaba el tiempo para poder escapar con éxito.
Él asintió, bastante contento, sin rastro de miedo y con una férrea determinación brillandole en los ojos. En unos pocos segundos estaba sintiendo nostalgia prematura y ahora, por sólo estar montado en su más fiel amigo todo le parecía infinitamente fácil y posible. Por primera vez, Brusca vió al valiente vikingo escondido dentro de Hipo, y dudaba que él hubiera notado el cambio.
—El capitán de la guardia ya ha hablado conmigo esta mañana —le informó én en un tono igual de bajo—. Tenías razón en preocuparte por él. Quería cerciorarse de que estaba decidido a ir a la cacería, y creía que alguien tan torpe como yo no debía salir de los muros sin al menos tres jinetes o solo tres dragones entrenados para obedecer a alguien que no los montaba. Le volví a asegurar que tú te ocuparias de llevarme junto a la partida de caza y le dejé claro que no acepto órdenes de él.
Monika lo miró con los ojos entrecerrados y luego señaló las puertas con la cabeza para ordenarle tácitamente que guardara silencio al respecto hasta que estuvieran al otro lado de la muralla. La distancia hasta la libertad parecía estar a su alcance y, a la vez, increíblemente lejos.
Comenzaron a avanzar. Las patas de los dragones golpeaban el suelo y resonaban anormalmente fuerte y, sin embargo, parecían tan lentos que resultaba insoportable; era como si marcaran los pasos al desastre. Hipo mantuvo la cabeza baja y fijó la vista en las riendas que llevaba en las manos, contando los pasos de los dragones y preguntándose si tendría el valor de hechar a volar antes de salir de las murallas si las puertas si les ordenaban que se detuvieran. Por fortuna, el capitán estaba por casualidad en las puertas cuando se acercaron, levantó una mano para saludarlos y luego hizo un gesto a los guardias de las murallas para que los dejaran pasar sin hacer preguntas.
El joven soltó por fin el aire que había estado conteniendo cuando el nítido martilleo de los pasos de Desdentado fueron sustituidos por el sonido de sus alas cortando el aire al iniciar el vuelo. Dejó de tener miedo en ese momento, estaba alto en el aire con su gran amigo, en ese momento y esa altura los problemas no existían. Un kilómetro y medio más por aquel camino y los guardias de la muralla ya no podrían verlos. En cuanto aquello ocurriera, podrían atravesar los bosques hasta llegar al camino de Londres.
—Lo has hecho muy bien en el patio —lo felicitó Monika por fin en tono neutro. Había algunos campesinos trabajando en los campos y cuidando de los rebaños de ovejas, pero ninguno lo bastante lejos del suelo como para oírlos. Sin embargo, aún estaban a plena vista, de modo que volaron a un ritmo deliberadamente tranquilo, como si de camino a la cacería disfrutaran del cálido sol de la mañana y las bucólicas vistas de los campos de ovejas y las cosechas madurando— ¿Crees que alguien sospecha que algo va mal?
—No, pero yo habría dado alguna pista si no llegas a evitar que llamara a la cocinera y al herrero para despedirme —reconoció Hipo. Le miró a la cara y ya no pudo apartar la vista—. ¿Cómo adivinaste lo que iba a hacer?
—Te he estado observando toda la mañana esperando que tus emociones te traicionaran de alguna forma —respondió—, y dejaste escapar un pequeño suspiro justo cuando intentabais levantar la mano para pedirles que volvieran a tu lado. Por lo demás, debo admitir que estoy impresionada. Has hecho que esta parte de nuestra fuga haya sido más fácil de lo que me había atrevido a imaginar.
Hipo sintió una sensación extraña en el pecho al pensar que Monika le había prestado tanta atención que había percibido algo tan insignificante como un suspiro.
—Todavía no estamos a salvo —señaló el joven mirando por encima de su hombro. Los muros de Coleway aún se veían enormes a sus espaldas, y un grupo de soldados holgazaneaba junto al puente levadizo. Sintió un escalofrío y volvió a mirar hacia delante— El camino que lleva a la cabaña de caza está justo al otro lado de la cima de la colina. Sólo he tomado la senda en dirección opuesta una vez y no me alejé demasiado, pero sé que conduce al camino romano que va a Londres. Está más o menos a una hora de vuelo a través del bosque de Hamlet, aunque no estoy totalmente seguro de saber llegar.
—Yo te guiaré —dijo ella—. Si haces memoria, anoche mencioné que uno de mis hombres, mi hermano, nos espera en el camino romano y que dos más se unirán a nosotros por la mañana. Esperaba que pudiéramos abandonar la fortaleza solos, pues no quería complicar las cosas metiendo a mis hombres entre los muros de Coleway. No superaremos en número a ninguna partida de búsqueda, pero aun así me sentiré mejor cuando tenga unas cuantas espadas más para protegernos las espaldas.
Hipo no había olvidado aquellos detalles, en realidad ansiaba conocer a Chusco y a los otros dos que según Brusca le había dicho también era vikingos de Mema de su edad y que, además, uno de ellos era su primo. Sí, contaba los segundos para verles. Simplemente los había apartado a otro lugar de su mente mientras se concentraba en la parte de la fuga que implicaba dejar atrás decenas de jinetes y esquivar la partida de caza. Por extraño que pareciera, ahora que se encontraban en mitad de la parte más peligrosa de su plan lo único que sentía era un poco de apremio. Aunque estar con Desdentado ayudaba, sin duda, Monika tenía algo que lo tranquilizaba, como si de verdad fueran de camino a la cacería. Era una sensación de lo más inusual, dado que estaba acostumbrado a preocuparse y a dirigirlo todo y a todos a su alrededor, y se le ocurrió que ahora era él el que estaba siendo dirigido. No manipulado como Heather tantas veces intentaba, sino dirigido de forma fácil y eficiente. El comportamiento calmado de Monika le aseguraba que podría manejar cualquier problema que surgiera.
— ¿Por qué me miras de esa manera? —le preguntó de pronto, ladeando la cabeza.
—Pensaba en lo extraña que se ha vuelto mi vida en tan poco tiempo. —Hipo se sorprendió a sí mismo sonriendo con genuino deleite, seguro de que iban a conseguir ser libres y sin preocuparse por lo que pudiera pasar mañana o al día siguiente mientras tuviera a Monika a su lado. Su presencia ya le resultaba familiar y segura, a pesar de que casi no la conocía. No había dormido nada después de que ella saliera de su alcoba, pero no estaba cansado en absoluto. Sentía el cuerpo tenso y listo para huir, y, al mismo tiempo, forzado a un falso estado de calma. Sin duda su aspecto reflejaba la falta de sueño y la preocupación, pero Monika parecía relajada y bien descansada, como si de verdad fuera a participar en una cacería— Sigo sin comprender por qué te ofrecisteis voluntaria para venir a rescatarme.
La boca femenina se tensó en lo que Hipo empezaba a reconocer como impaciencia.
—Tu padre sospechaba que el anuncio de tu compromiso con Astrid Hofferson pondría en movimiento una serie de acciones contra tí que arruinarían sus planes de establecer una alianza. Yo tengo un talento especial para salir airosa de situaciones difíciles, y no podía quedarme cruzada de brazos mientras el hijo de mi jefe estaba a punto de correr peligro. ¿Dudas de mi honor o estas buscando nuevas razones para dudar de mí?
—Por Dios, no—negó Hipo rápidamente—, nunca dudaría del honor de una vikinga de mi familia. Bueno, de ningún vikingo en general. Es solo que me siento extraño, como si todo esto fuera un sueño que observo desde una distancia segura mientras le ocurre a otra persona. Supongo que tendría que estar asustado o preocupado, o tal vez debería llorar y actuar de forma histérica, como temías que hiciera, pero en vez de ello me siento entumecido. Nada de esto parece real.
Una expresión indefinible cruzó el rostro de Monika mientras parecía enzarzarse en un debate íntimo sobre si debía o no decir algo más sobre el tema. Al final, hizo una mueca y suspiró brevemente.
—No es extraño sentirse como tú cuando la vida cambia muy rápido. Yo experimenté algo similar cuando mis padres fallecieron. Más tarde me di cuenta de que no recordaba lo que había ocurrido las semanas inmediatamente posteriores a sus muertes, que me faltaban días enteros. Incluso hoy soy incapaz de acordarme de lo que pasó durante esos días en particular. Se que mi hermano y yo nos ganamos la confianza de este Cremallerus, no recuerdo como, pero de ser sorprendente porque ninguno había tenido contacto con dragones.
—Siento mucho oír que tus padres han muerto —murmuró, realmente apesadumbrado por la pérdida de Monika.
No obstante, su situación difícilmente era comparable. No había muerto nadie en aquella huida, y en realidad sentía alivio por haber abandonado Coleway, incluso en aquellas circunstancias. Sentía como si le hubieran quitado un gran peso de los hombros.
—Fue hace mucho tiempo —aclaró ella—, y afortunadamente mi hermano se ocupó de mí. O tal vez me dejé llevar porque sabía que mi hermano cuidaría de mí. En cualquier caso, puedes estar seguro de que te cuidaré con tanta diligencia como mi hermano lo hizo conmigo, Hipo.
—Me siento muy afortunado de que mi padre te escogiera para protegerme —afirmó sinceramente, conmovido por que ella hubiera compartido una dolorosa parte de su pasado con él—, ¿Qué edad teníais cuando vuestros padres murieron? Es decir, si no te importa que lo pregunte.
Ella alzó la cabeza como si buscase la respuesta en el cielo, e Hipo se quedó fascinado. No entendía cómo aquella sencilla acción le parecía tan abrumadoramente femenina.
—Éramos pequeños, teníamos seis o siete años. No lo recuerdo exactamente.
— ¿Ya os habían apadrinado una familia para hacer de vosotros unos jinetes u os acogió algún familiar? —se interesó.
Ella lo miró de un modo extraño, y luego negó con la cabeza.
—No, no nos habían apadrinado y no había ningún familiar al que pedir ayuda. De hecho, nuestra situación no era muy diferente de la tuya.
— ¿De veras?
—Mis tíos no conspiraban para obligarme a casarme —explicó—, pero existen algunas similitudes.
— ¿A qué te refieres? —inquirió, demasiado interesado para preocuparse de si ella lo consideraba grosero.
La jinete voló unos metros antes de contestar, y cuando por fin habló lo hizo sin pausas y en un tono monocorde.
—En cuanto mis padres murieron, mi tío político que, atentó a esto, era tú tío por parte de padre se apoderó de todo lo que pertenecía a Mema. Alvin el Traidor lo llamaban. Ese que murió asesinado hace un mes, bien se lo merecía. A mi hermano y a mí nos desterraron de nuestras propias tierras a los pocos días. Pasamos muchas dificultades para sobrevivir aquellos primeros años, hasta que... hasta que tu padre nos acogió cuando nos encontramos con él y nos reconoció. Ahora puedo asegurarme de que el hijo de mi jefe no caiga preso de los planes de su tío y sus secuaces. Haré todo lo necesario para cerciorarme de que te libres de Heather y de lord Charls.
—Te agradezco tu lealtad —dijo Hipo con voz queda. Lo que Monika no sabía, es que Hipo conocía muy bien su árbol genealógico.- Entonces somos algo así como primos lejanos. Y sí Alvin era tu tío... ¿Te apellidas Thorson?
Sus palabras provocaron un destello en los ojos de la jinete, pero Monika apartó la mirada antes de que él joven pudiera estar seguro del significado, de modo que asumió que le incomodaban los recuerdos y se abstuvo de volver a mencionar su dolorosa infancia.
—No tengo duda de que me defenderas con tu propia vida —le aseguró—. Si tenemos un poco de suerte no nos encontraremos a nadie en el camino y no tendras que defenderme. ¿Cuánto crees que durará el viaje desde aquí hasta Londres?
Brusca respiro hondo antes de contestar.
—Una semana, a lo sumo dos—respondió—. Todo depende del tiempo y los caminos, así como de los rodeos que tengamos que dar para eludir a las partidas de búsqueda.
La noche anterior le había explicado que lo más seguro sería coger un barco de Londres a Gales. Aunque dicha ruta sería mucho más larga, el castillo de su padre estaba junto a la costa de Gales y era menos peligroso hacer el viaje por barco que atravesar por tierra las regiones salvajes desde Coleway. Pocas o ninguna partida de búsqueda los seguirían porque asumirían que Monika votaría directamente hacia el oeste en dirección al castillo de Estoico. Las posibilidades de ser atrapados serían insignificantes una vez pusieran unos cuantos kilómetros entre ellos y las tierras de lord Charls.
— ¿Has estado alguna vez en Londres? —preguntó Hipo.
—Sí —admitió ella despacio—. Conozco bien Londres. Voy con frecuencia a ocuparme de los asuntos de tu padre.
— ¿Es tan grande como dicen? —se interesó. Desde que ella le había anunciado su destino la noche anterior le habían venido a la mente docenas de preguntas sobre el viaje—. ¿Es cierto que no se puede ver un extremo de Londres desde el otro, ni siquiera desde la torre más alta de la ciudad? ¿De verdad habita tanta gente allí como en todo el resto de Inglaterra? ¿Realmente se podría vivir toda la vida en Londres y no conocer a todos los londinenses?
—Es difícil saber qué pregunta responder primero —dijo ella riendo entre dientes. Hipo sintió que su ánimo también se aligeraba ahora que la sombría expresión femenina había desaparecido—. Londres no se puede comparar con nada de lo que hayas visto o imaginado. Sería complicado encontrar una torre o capitel en el corazón de la ciudad desde el que se pueda ver toda la población, pero hay campo más allá de las murallas. Definitivamente, si miras a través de la ciudad desde cualquiera de sus puertas, no podras ver dónde acaba, y aunque tal vez alguno de los campanarios podría ofrecer tal vista, no lo he comprobado. Respecto a si vive tanta gente en Londres como en el resto de Inglaterra, las abarrotadas calles sin duda pueden dar esa impresión, pero es solo eso: una impresión. Y creo que sería completamente posible vivir allí toda la vida sin conocer a todos los londinenses. No hay un lugar en el que se pueda reunir todo el mundo a la vez, como en un castillo. Hay un número enorme de casas altas, docenas de iglesias, calles y plazas públicas. Además, los palacios de los nobles son como pequeñas ciudades dentro de sus propias murallas. El hogar del rey, la torre de Londres, es el palacio más grande de todos. Dentro de los muros de la Torre hay gente que jamás se aventuraría a entrar en la ciudad.
—¿Has estado en el palacio del rey? —quiso saber—. ¿Has estado en la Torre?
Monika asintió y procedió a describírsela con gran detalle. Después le habló de las grandes iglesias y de las calles del mercado, de los muelles y de docenas de otros lugares que parecían extraños y maravillosos; teatros y zoos, pabellones y parques.
— ¡No puedo esperar a ver la ciudad! —exclamó Hipo—. ¿Tendremos tiempo de explorar Londres antes de zarpar hacia Gales? Lo cual me recuerda... ¿Alguna vez has estado en un barco? Este va a ser mi primer viaje por mar y he oído que la gente a veces se marea con el balanceo.
Monika levantó una mano para interrumpir sus preguntas mientras frenaba su dragón y se quedaba estancada en el aire.
—Estamos fuera del alcance de la vista de los guardias de Coleway.
Hipo miró por encima del hombro y se sobresaltó al descubrir que tenía razón; habían coronado la colina y los muros de Coleway ya no eran visibles. Había estado tan fascinado con las historias de Londres que casi había olvidado la precariedad de su situación. Casi, pero no del todo. Señaló con la cabeza el camino que llevaba a la calzada romana.
— ¿Quieres que vaya delante o detrás?
—Delante —contestó él tajante—. Así podré estar pendiente de tí y te cubriré la espalda. En el improbable caso de que nos tropecemos con alguien de la cacería o con alguien que conozcas, simplemente dí que no estábamos seguros de dónde buscar al grupo. Una vez crean que no ocurre nada extraño yo me ocuparé de ellos. No obstante, mi hermano ha estado vigilando esta ruta desde la calzada romana, así que es difícil que nos encontremos con alguien.
El joven quería preguntarle más cosas sobre Londres, pero habría tiempo de sobra para satisfacer su curiosidad en los próximos días. En vez de ello, asintió enérgicamente, giró a Desdentado y estableció un ritmo rápido. Por fin estaba en el camino que lo llevaría a su nueva vida.
Hipo inclinó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos cuando su dragón entró en un pequeño claro. Sintió el cálido sol de la mañana en su rostro, Desdentado mantenía un paso cómodo, el agradable aroma a pino y musgo llenaba el bosque, los pájaros trinaban y las ardillas emitían sus característicos sonidos. No era una forma tan mala de pasar el día. De hecho, le apetecía hacer aquel viaje. Para él, Londres había sido un intrigante misterio desde que podía recordar. La oportunidad de ver la gran ciudad era algo que ni siquiera se había atrevido a imaginar y, sin embargo, ahora comenzaba a soñar despierto con cómo sería Londres y los maravillosos sitios que vería. Tal vez habría...
— ¡Hipo!
Abrió los ojos de golpe al oír la voz de Monika y Desdentado frenó. Echó un vistazo alrededor pero no vio nada fuera de lo normal, de modo que esperó hasta que ella estuvo a su lado, maravillándose de nuevo de que aquella chica tan perfecta fuera su escolta, su protectora. Tan perfecta que ni parecía real... ¿Así que si eran familia lejana? Recordaba poco de la rama familiar perteneciente a su padre, pero recordaba que había una familia apellidada Thorson, pero no sus nombres... Ahora ella le intrigaba más.
— ¿Qué sucede, Monika?
—Casi hemos llegado a la calzada —informó haciendo un movimiento hacia la línea de arbustos que tenían justo debajo y que se extendía a ambos lados del camino.
Descendieron hasta tocar suelo.
A Hipo le llevó un momento comprender que los arbustos marcaban los bordes de la calzada romana. Mientras ella hablaba, el joven advirtió que un chico emergía de la alta espesura que había junto a la encrucijada.
—Es Chusco, mi hermano —lo tranquilizó ella, aunque no hacía falta decirlo, se notaba el parecido—. No debe de haber problemas más adelante o ya nos habría avisado.
Hipo siguió el ejemplo de Monika y fue hacia Chusco mientras observaba al recién llegado con tanta atención como él lo observaba. La capucha de un manto marrón le oscurecía gran parte del rostro, pero cuando se la quitó, el joven vio que poseía un perfil militar y que llevaba el pelo rubio muy largo, tanto como el de Monika. Su bronceada piel y las arrugas alrededor de los ojos azul grisáceo hablaban de una larga exposición a los elementos. Fornido y con un enorme pecho, tenía el aspecto aguerrido de un perfecto vikingo. Después de que los dos se miraran durante un rato, conociendose, Chusco le dedicó una media sonrisa entre amistosa y burlesca.
— ¡Hey! ¡¿Que hay, tío?! —le saludó, fue hasta él y le cogió la mano, agitandosela a un ritmo que Hipo no podía seguir.
— Ho... hola.
— ¿Traes alguna noticia? —preguntó Monika.
—Ni una, esperar aquí es aburrido —negó Chusco mientras se enderezaba y lanzaba una mirada aburrida y con un poco de enfado a su hermana—. Todo va tan estúpidamente aburrido como dijiste que sería... Monika.
—Excelente —aprobó ella, prácticamente pasando de la actitud tosca de su mellizo—. ¿Y los demás?
—Cerca de Beversham. Patan y Patapez también están muy aburridos, que lo sepas.
—El que me acompaña es Hipo Horrendo Abadejo III —le informó Monika apretando los dientes ante el pasotismo de su hermano. La única persona que podía molestarle tanto—. Aceptarás sus órdenes como aceptas las mías, y harás todo lo que sea necesario para mantenerlo a salvo.
—Es decir, que nunca le haga caso pero que le ayude cuando estemos en apuros.
—Exactamente.
Chusco volvió a ver a Hipo, esta vez no había duda de la burla en su cara.
—Macho, menudo nombre que gastas. —Hipo le respondió con un poco sentido "lo se"— ¿En serio dos de tu familia se llamaban así antes que tú?
—Se supone que así es.
—Pues lo de "Hipo" ya lo veo, pero espero que eso de "Horrendo" sea cierto, Hicchic. —Ya tenía un mote, genial.
(* Hipo es la palabra que se usa para definir al sujeto más débil de un grupo. Lo dicen en uno de los capítulos de la serie. Os diría cuál, pero no estoy al corriente de la lista de episodios, yo simplemente los miro. :P)
Chusco pareció recibir algún tipo de orden imperceptible de Monika, un intercambio de información rápido como un relámpago que hizo que Hipo frunciera el ceño. Lo descartó como una fantasía un momento después, cuando Chusco se montó en la cabeza restante del Cremallerus.
—¡Al fin con mi dragón! ¿Me hechaste menos pequeño monstruo? -Le pregunto mientras acariciaba fuertemente la cabeza y está sacaba la cabeza como un perro.
— Nuestro dragón —suspiró Monika— Será mejor que nos pongamos en camino —dijo mientras hacía un gesto para indicar a Hipo que avanzara despegará.
— ¿Esta es la calzada romana? —preguntó Hipo mientras Desdentado retomaba el vuelo—. Esperaba algo más grandioso. Creía que las calzadas romanas estaban pavimentadas con adoquines.
—Algunas lo están —explicó Monika—, pero la mayoría se encuentran en este estado, marcadas sólo por el desuso y las incontables hierbas, arbustos y árboles que han ido y venido a lo largo de los años. Únicamente se han reparado las pocas que se siguen usando a diario.
Hipo resopló, nada impresionado con lo que había pensado que sería uno de los lugares más interesantes de su viaje. Siempre le habían intrigado los romanos que habían conquistado Inglaterra tanto tiempo atrás, y había oído muchas historias sobre su talento para construir caminos y murallas. Aquella calzada, sin embargo, parecía poco más que un sendero de cabras destrozado, aunque tenía que admitir que su trayectoria era una línea sumamente recta. Sacudió la cabeza para dejar de pensar en ello y se centró en el asunto que lo inquietaba.
— ¿Por qué tienes sólo tres hombres contigo, Monika? Entiendo por qué fuiste sola a Coleway, pero ¿no podía mi padre prescindir más que de cuatro vikingos para verme sano y salvo de vuelta en Gales?
Monika le dedicó una mirada penetrante y pareció pensar la respuesta antes de hablar.
—Menos hombres significa que podemos movernos más rápido sin preocuparnos de las raciones y otros problemas que surgen al viajar con un grupo más grande. Trataremos de rodear la mayoría de los pueblos sin que nos vean y, en general, pasar desapercibidos. Eso no sería posible con una compañía completa de jinetes.
—Es cierto, ya me habíais hablado de ello —admitió él—. Aun así, asumí que te preocuparían más los bandidos que ser detectados por los aldeanos. Algunos de los trovadores dicen que hay bandas de treinta o cuarenta forajidos en los bosques.
—Exageraciones —respondió ella, Chusco no hacía ni caso a su conversación. Estaba demasiado ocupado haciendo el idiota con su cabeza de dragón—. En esta parte de Inglaterra no ha habido bandas de ladrones importantes desde los tiempos del rey Ricardo. Los trovadores son famosos por exagerar las historias para hacerlas más emocionantes. Probablemente oyeron hablar de algún grupo pequeño de bandidos en la zona y adornaron la historia.
Los trovadores que viajaban de un gran castillo al siguiente eran la fuente principal de noticias de las tierras que había más allá de los límites de un señor, e Hipo había prestado mucha atención a cualquier noticia relacionada con Gales. No pensaba dejar el tema fácilmente. Bajó la mirada y fingió que se recolocaba los guantes de montar antes de seguir hablando.
—Hemos oído rumores de varios grupos de trovadores de que los impuestos del rey recaen fuertemente sobre los galeses y los señores de la frontera.
Monika emitió un sonido ambiguo y levantó los hombros indicando que no era asunto suyo.
—La gente cree que las familias más poderosas de la frontera podrían rebelarse —añadió él—, y que el rey tendría dificultades para sofocar una rebelión si las familias Hofferson, Bohun, Mortimer, y de Clare decidieran aliarse. Se dice que mi padre podría ver con buenos ojos mi unión con Astrid Hofferson porque pretende ponerse del lado de los Hofferson contra el rey. Se dice...
—Deberías dejar de escuchar esos "se dice" —lo interrumpió, los labios curvados en una sonrisa—. Son producto de la imaginación de los juglares, una mezcla de alguna que otra verdad y muchos adornos.
— ¿Sabés cuáles son los adornos y cuáles las verdades?
Ella volvió a levantar los hombros.
—Es cierto que el impuesto del rey no es popular en Gales, pero, ¿qué impuesto real ha sido popular alguna vez en algún lugar? Los nativos galeses están inquietos, pero las personas conquistadas siempre están inquietas, y los señores de la frontera siempre intentan aumentar su poder. Un rey débil se gana la antipatía de los señores de la frontera, y uno astuto mantiene su respeto. Eduardo sabe cómo manejarlos. No se alzarán contra él.
— ¿Que hay de los Hofferson? —preguntó en voz queda, alentado al ver que ella le hablaba de política. Nadie lo había hecho con anterioridad—. Incluso los mercaderes ambulantes murmuran que los jinetes de los Hofferson están insatisfechos con su suerte en Gales y de cómo su señor y la hija de éste pretenden tratar el asunto directamente con el rey.
Monika lo estudió con la mirada.
— ¿Por qué te interesan esas cosas?
Hipo tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no poner los ojos en blanco. ¿Por que la mayoría de los guerreros pensaban que las personas enjutas debían ignorar los asuntos "serios"?
—Una buen esposo debe conocer todo lo que pueda afectar a su mujer, especialmente las inclinaciones políticas de su familia. Si ella va convertirse en una Horrendo, debo saber dónde debería descansar mi lealtad, si con Gales o con Inglaterra.
— ¿Me estas hablando a mí de traición? —exigió saber mirándole con tal incredulidad que Hipo pensó que se burlaba de él— No hay duda de dónde debe descansar tu lealtad.
— ¿Puedes decirme honestamente que la idea nunca ha cruzado tu mente, que nunca has considerado la posibilidad de que mi padre pudiera apoyar una rebelión? —preguntó Hipo—. ¿No Has considerado jamás la posibilidad de verte forzada a traicionar a tu jefe o a tu rey? Creía que tendría que enfrentarme a esa posibilidad como yerno del conde Hofferson, pero si me dices que eso nunca ocurrirá me sentiré muy aliviado.
La jinete apretó los labios en una línea recta.
— La lealtad de una persona debe estar con la otra persona encargada de protegerla —dijo con cuidado—, sea éste su padre, su mujer, o incluso la chica enviada a rescatarle. Debes confiar en que la persona encargada de salvaguardar tu vida sabrá lo que es mejor para tí en todos los aspectos, incluidos los asuntos de política. Como ahora mismo soy yo quien os protege, debes confiar en mí cuando digo que los Hofferson no se rebelarán contra Eduardo y, por tanto, debéis apartar de tí cualquier pensamiento de traicionar a tu rey. "Todo esto sería más fácil si tan sólo fuera un vikingo completo."
Monika sonaba muy segura de sí misma, pero él desearía poder sentirse la mitad de seguro respecto a los Hofferson.
— ¿Estás segura?
Cuando ella lo miró con la ceja levantada, Hipo supo que la había ofendido de alguna manera.
—Entonces, ¿conoces a los Hofferson? ¿A Astrid Hofferson?
El joven vio que ella fruncía el ceño. Al parecer la había llevado al límite de su paciencia y estaba furiosa con él
—No, no la conozco, así que no me preguntes si sé lo que piensa de tí o si pretende casarse contigo. No tengo ni idea y no pienso hacer conjeturas.
—No pensaba preguntarte ninguna de esas cosas —mintió.
Hipo se encontró mirando su perfil mientras ella guiaba al dragón como si él no estuviera, consciente de que tanto él como sus preguntas habían sido rechazadas. Bien, había hecho unas cuantas preguntas inofensivas pero, ¿por qué tenían que ser motivo de tanta molestia?
De hecho, lo que más pareció irritarla fueron las preguntas sobre Astrid Hofferson. Apretó los labios. ¿Le desagradaban los Hofferson o era posible que estuviera... celosa?
Desagrado, decidió. Si tan solo unas pocas cosas de lo que decían los trovadores eran ciertas, entonces no era ningún secreto que los Hofferson se rebelarían en cuanto tuvieran la oportunidad. Monika era una vikinga extremadamente honorable y, sin duda, la había insultado al hablar de traición.
Hipo había imaginado todo lo referente a los celos que pudiera sentir ella, ya que él sólo lo veía como su príncipe. Él era un deber y una responsabilidad para ella, nada más.
Dejó de pensar en eso sólo se dejó llevar por el viento arrullandole. Desdentado, que había notado lo mal que se sentía Hipo para con Monika, hizó unas cuantas piruetas en el aire que hicieron reir bastante a su jinete, sin importarle lo que los mellizos pudieran pensar. Eran él y Desdentado, fundidos con él aire. No había problemas hay arriba... todos le esperaban abajo, y no eran pocos.
