-Buenos días.

-Buenos días...

En cuanto cruzó la puerta del consultorio, Isabella rodeó el cuello de Edward con sus brazos y se alzó de puntillas para besarlo.

El cobrizo apretó su cintura entre sus grandes manos durante unos segundos antes de soltarla, mientras Bella lo sentía sonreír en medio del beso.

-Espera, nena... Bells, para.-La castaña se apartó haciendo un pequeño mohín. Edward la observó unos segundos, las mejillas sonrosadas, los grandes ojos brillantes y los labios húmedos y rojos.-Diablos, eres hermosa.

Una lenta sonrisa se extendió por el rostro de Bella de manera perezosa.

-Usted también es lindo, Sr. Cullen.

Edward rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreírle con dulzura.

Bella, sin dejar de sonreír, se alzó sobre sus puntillas para seguir besándolo, pero Edward negó con la cabeza mientras daba un paso hacia atrás.

-Primero la consulta.-Señaló el sillón de Bella, y la castaña suspiró, pero le hizo caso y se sentó desganadamente frente a él.-Bien, ¿Cómo a ido tu semana, Bella?

-Bien, supongo. Comencé a hablar más con mi padre y a almorzar con la gente de la Universidad.-Bella ladeó la cabeza y entrecerró un poco los ojos, como si se acabara de dar cuenta de algo.-Te extrañé.

Edward inspiró de golpe mientras bajaba la mirada y una lenta sonrisa se extendía por su rostro.

-Yo también te extrañe, nena.

Bella sonrió, y luego se mordió el labio. ¿Porqué escuchar eso la hacía sentir tan bien?

-Bien...

-Así que saliste a almorzar con la gente de la Universidad...

Bella asintió, dejando atrás su momento de púber embobada.

-Me di cuenta de que me caen mejor de lo que creía... Son agradables.

-Eso es bueno. Está bien que te relaciones con gente como tú...

-¿Como yo?

-Agradable, Bells.

-Yo no soy una persona agradable.-Masculló la castaña, distrayéndose con el dobladillo de sus shorts.

Edward frunció el ceño durante unos instantes.

-¿Porqué piensas eso, Bella?

-No lo pienso. Lo sé. Oí a mucha gente decírmelo muchas veces. Ya sabes... Puta, perra, malvada, drogadicta. No creo que esa sea la definición de agradable, Edward.

El cobrizo inspiró hondo. ¿Porqué de pronto sentía la necesidad de asesinar a todos aquellos que la habían herido de esa manera?

-Bells, la gente... La gente suele hablar y opinar sin saber realmente el daño que pueden llegar a causar-

-No me dañaron.

-Hacer que una persona tenga tan mala imágen de sí misma es dañarla, cariño. Ellos no te conocían, sólo conocían la máscara que tú querías que el mundo viera. Esa no eras tú.

-¿Qué tal si sí soy así, Edward?

El cobrizo negó unos instantes con la cabeza antes de anotar algo más en su libreta.

Muy baja autoestima.

-No creo que lo seas. Te conozco desde hace casi cuatro meses. Sé como eres, y tú no eres malvada, ni una perra.

Bella se encogió de hombros. Evidentemente, no iba a dar el brazo a torcer en este pensamiento tan pesimista que se había instalado en su cabeza.

-Bien, demasiada charla profunda por hoy.-Susurró poniéndose de pie y acercándose a Edward.

El cobrizo suspiró. Sabía que no podía forzarla para que hablase más, así que dejó a un lado la libreta y abrió los brazos para dejarla sentarse a horcajadas sobre su regazo.

-Bueno, hola...

El cobrizo sonrió.

-Hola, preciosa.

Bella rodeó el cuello de Edward con los brazos, acercándose a su boca a la vez que él acariciaba sus piernas desnudas de arriba a abajo.

En cuanto sus bocas se encontraron, Edward intentó tomar el control de la situación mordiéndole el labio e intentando ponerse de pie con ella en brazos.

Bella no se lo permitió. Empujó el pecho del cobrizo hasta que él volvió a estar apoyado en el respaldo del sofá, y le sonrió de forma burlona.

-No, no. Ya fuiste lo suficientemente dominante la última vez, ahora es mi turno de torturarte...

Edward soltó una carcajada, pero se volvió a poner serio inmediatamente cuando la sintió apretar su bulto por sobre la tela del jean.

-Bella...-El tono amenazante de su voz no amilanó a la castaña, que soltó una risita mientras comenzaba a besarle el cuello de forma descendente.

-Quieto.

-No-

-Quieto.-Susurró de forma traviesa.

Edward gimió y echó la cabeza hacia atrás cuando la boca de Isabella llegó a la cinturilla de su pantalón.

-Parece que alguien está feliz de verme...-Susurró Bella, a la vez que desabrochaba el cinturón y liberaba la enorme erección del cobrizo.

Edward volvió a gemir y echar la cabeza hacía atrás cuando la boca de la castaña lo rodeó por completo.

-Mierda, Isabella.

Bella sonrió y siguió bajando, sin llegar a metérselo por completo en la boca.

Edward no pudo evitar agarrarla por la nuca para que no se moviera de su lugar.

En cuanto a Bella se le ocurrió usar la lengua, Edward deslizó su pulgar desde la nuca hasta la barbilla de la castaña, y la obligó a levantar la cabeza.

-Eso es suficiente.

-Claro que no lo es, no te corriste.

Edward no la escuchó, ya que estaba demasiado ocupado observando su boca. Estaba hinchada y húmeda, y él no pudo hacer más que inclinarse hacia adelante para besarla.

-Ven aquí.-En un segundo, Bella se hallaba de pie frente a él, que se dedicó a desnudarla.

En cuanto la tuvo completamente desnuda, la tomó del trasero para que volviese a sentarse sobre él, pero ella negó con la cabeza.

-Te dije que esto era injusto...

Edward sonrió, mientras bajaba los brazos y esperaba a que ella hiciese lo que se le viniera en gana.

Bella sonrió como sí tuviese en frente un regalo que desenvolver, y comenzó a quitarle la camisa por los hombros.

La primera vez no había tenido la oportunidad de verlo desnudo, pero ahora no pensaba perderse de ese espectáculo.

El torso de Edward era lo más hermoso que había visto en su vida.

Cuando terminó con la camisa, la lanzó a un lado y se encargó de quitarle los jeans.

Luego de tenerlo como ella quería, Bella se dejó caer a horcajadas sobre él, sintiendo como sus pezones se endurecían al rozar contra el duro pecho del cobrizo.

-Algún día, voy a llevarte a mi casa, acostarte en una cama...-Susurró el cobrizo mientras seguía besando su cuello, mordiéndola cada tanto-Y besar cada parte de tu hermoso cuerpo. No vas a poder escapar de mí por días...

Bella soltó una risita mezclada con un suave gemido.

-Estoy esperando a que ese día llegue...-Susurró.

Ambos gimieron, abrazándose más fuerte cuando Edward por fin entró dentro de Bella.

Edward rodeó la cintura de Bella con sus brazos, mientras ella se aferraba a sus hombros y ambos se besaban desesperadamente, gimiendo en la boca del otro hasta que el orgasmo los golpeó con fuerza, juntos, entrelazados.

.

-¡No puedo creer que te estés follando a tu psicólogo!

-¡Alice!-Bella fulminó a su amiga con la mirada antes de echar una hojeada a su alrededor.

Nadie caminaba cerca de ellas, así que sacudió la cabeza y volvió la vista a su camino.

-Sí, estoy...

-Follándotelo.

-Es algo diferente Alice. Cuando lo hicimos ayer fue... Diferente. Diferente a todas las otras veces, a todos los otros. Fue como sí...

-¿Cómo si hiciesen el amor?-Como era obvio, la parte romántica de Alice no podía pasar mucho tiempo sin salir a la luz.-¡Mierda, Bella! ¡Lo amas!

Bella resopló.

-Claro que no lo amo, Alice.

-¡Lo amas, lo amas! Esto es genial, ¡Al fin llegó tu príncipe azul!

Bella rodó los ojos.

-Ya estás exagerando, Al.

-Claro que no lo hago. Lo amas y él te ama y esto es tan tierno...

Bella decidió dejar de escuchar cuando Alice comenzó a desvariar, y rebuscó su teléfono en el bolso cuando lo sintió sonar.

Te recogeré esta noche por tu casa a las 9, espérame. -E.

¿Ya me está extrañando, señor Mandón? -B.

Mucho, señorita. -E.

La castaña le sonrió a la pantalla del móvil y lo guardó en el bolsillo trasero de los jeans.

¿Enamorada? No lo creía.

No, claro que no...

.

¡Buenos días! ¿Les gustó? Perdón por el día de retraso, de verdad espero que les guste. Muchas gracias por leerme. Un saludo enorme a todas, Emma.