Damitas, vampiritas y lobitas: les dejo una nueva actualizacion de esta locura. Espero que la estén disfrutando, y me comenten que les va pareciendo.

Gracias a las que dejan sus comentarios, ya saben que son mi aliciente para seguir escribiendo.

Abrazos a todas y disfruten de la lectura!

Cata!


Sobre negaciones y fortuitos encuentros

La noche había sido un infierno para Edward Cullen. Después de estar hasta cerca de las tres de la mañana en casa de James, se fue a su departamento, decidido a dormir y a olvidar todo, aunque retumbaban en su cabeza, fragmentos de la charla que había mantenido con su amigo aquella noche:

-"Edward Cullen, me dices que esa mujer no te provoca nada más que rechazo, pero tu sabes que no es verdad..."-

-"¡Sólo me provoca eso James!"-

-"Me puedes mentir Edward, pero mentirte a ti mismo es una estupidez. ¿Por qué accediste a esas clases?¿por qué te sigues preguntando si continuar con ellas, con todo lo que eso implica?"-

-"¡Tú me lo aconsejaste!"-

-"Lo sé, y sé porque lo hice, por otro lado, no te apunté con un revolver en la cabeza obligándote. Amigo mío, sólo tú sabes porque sigues con esto..".-

-"¡¿Pues sabes qué? acabo de decidirlo: no más. Acabaré con esta estupidez!"-

-"Si así lo crees pertinente..."-

-"Lo creo James, lo creo..."-

La noche un infierno, la mañana siguiente el purgatorio, recibiéndole con un escandaloso dolor de cabeza, producto de los fuertes tragos que bebió con James, olvidando que debía de madrugar para ir a dictar sus clases en la sinfónica y luego a la universidad, en donde hablaría con su jefa, explicándole lo que había logrado vislumbrar en la charla con su "hijita" y sobre su decisión de abandonar las clases particulares a las que se había comprometido, ¿pero si le preguntaba el motivo?, "Bueno, porque... porque... pues porque sí, y punto", y es que no había un motivo claro, solo la fuerte idea de alejarse de esa mujer. Sumado a todo eso, antes de salir y durante el trayecto de su departamento a su lugar de trabajo, intentó hablarle a Tanya, pero ella no respondía su teléfono. La ira contra sí mismo se hacía más grande, pues sabía que de una u otra forma, le estaba faltando a su amada, a su prometida, "Pero ya no más", concluyó en sus pensamientos. Además, el comportamiento mudo e indiferente de su novia hacia sus llamadas, sabía que era porque ella se sentía lastimada, pues recordó, auto torturándose, que la noche anterior había hecho caer la furia de su estado sobre ella, quien no tenía culpa de nada., "Así que bien merecido me tengo su indiferencia, aunque no creo poder soportarla por mucho tiempo" pensaba, mientras iba de camino a la sinfónica. Por una cuestión de misericordia divina, como pensó Edward, la mañana se le pasó literalmente volando. Había concordado en almorzar con sus hermanos, así que cuando fue la hora, salió del lugar, rumbo al restaurante donde había quedado de juntarse. Al llegar, sus hermanos ya lo esperaban, y Alice claro, ya estaba enterada del altercado con Tanya, pues a ella si le había querido contestar el teléfono:

-¡Eres un desconsiderado Edward!- increpó ella a su hermano

-Lo olvidé, no tengo otra excusa, y sé que me sobrepasé anoche con ella, pero no quiere oírme...-

-Pues fíjate que quiere viajar a Oxford a ver a sus hermanas- le contó Alice, mientras Emmett se mantenía en silencio, revisando la carta

-¿Qué? No me dijo nada de eso-

-Recién ayer lo acaba de decidir-

-¡Por un demonio! Ahora las brujas de sus hermanas tendrán más motivos para odiarme- dijo Edward, dando un suspiro de decepción, pues por alguna razón, las hermanas de Tanya nunca les agradó que ella fuera su novia, decían que "Simplemente ese aspirante a músico, no es para ti...". Por supuesto, el recelo de las hermanas de Tanya hacia Edward, era recíproco, pues para él, no eran santos de su devoción

-Debes entenderla, las extraña Edward-

-Como sea, antes de que se vaya, debe oírme, debe perdonarme-

-Flores y chocolates Edward, ya sabes- intervino Emmett bromeando, quien disfrutaba de la soltería, por lo tanto, no sufriendo de las complicaciones de parejas que su hermano Edward padecía

-No es suficiente Emmett, no digas estupideces- repuso Alice

-Como sea, entonces Edward, ¿por qué rayos no llegaste a la dichosa cita esa con el padrecito?- preguntó Emmett a su hermano

-Se alargaron las clases, además de una reunión y las clases particulares- dijo algo incómodo, mintiéndole ahora a sus hermanos, "Genial Edward, vas muy bien encaminado por la senda de la mentira..." se espetó a si mismo

-¿Clases particulares?¿a quién?-

-Te lo había contado, a la hija de mi jefa-

-Oh, claro, claro... Pues que bien- dijo Emmett. "Si claro, muy bien..."

-Y cambiando de tema, recuerden que este viernes quedamos de salir de parranda, incluidos Tanya y James- recordó Alice a sus hermanos

-¿Parranda? No sé Alice...-

-Oye Edward, a esas alturas ya tu peleíta con Tanya será asunto del pasado y superado, así que no hay motivos. Hace tiempo que no salimos-

-Lo sé, lo que pasa es que ese día tengo un compromiso que es casi ineludible. Ya había hablado con Tanya, ella me acompañaría ese día. Es la fiesta de cumpleaños de mi jefa- contó Edward a sus hermanos

-¿Renée Dwyer? Leí algo de ese "mega evento" en una revista social- dijo Alice

-Sí, parece que será muy parafernálico todo ese día-

-Vaya...Qué emoción...- dijo Alice, con la esperanza de que Edward hablara y la invitara a semejante evento social, los que ella adoraba. Lo miró con ojitos de corderito degollado, rogando por una invitación. Edward la miró, y bufó, entendiendo perfectamente a su hermana, como si pudiese leer su mente

-Quizás puedan acompañarme, ambos, incluso James-

-¡¿De verdad? Oh por Dios, sí Edward, sí te acompañamos- dijo la pequeña Cullen, emocionada por la idea que daba por hecho.

-¿Un mega evento?¿tragos gratis?¿comida exquisita gratis?¿mujeres hermosas por doquier? ¡Pues yo también voy!- asintió su hermano

-Ok, hablaré hoy con mi jefa, no creo que tenga problema en invitarlos-

-¡Yupi! Iré de compras con Tanya entonces...- dijo Alice, emocionada por la idea de compras y fiestas. Edward pensó que ir con ellos sería lo mejor, pues se sentiría flanqueado por sus hermanos, y así estar lejos de... ella.

-¿Renée, estás ocupada?- preguntó Edward cuando golpeó la puerta de la oficina de su jefa, después de regresar del almuerzo con sus hermanos

-¡Oh Edward! No, pasa por favor, dime que sucede, ¿algún problema?-

-No pasa nada, pero tengo que hablar contigo de un par de cosas-

-Tú dirás-

-Son un par de cosas. Verás, este viernes tenía un compromiso con mis hermanos y mi novia...-

-¡Pero es la fiesta de mi cumpleaños Edward, no puedes faltar, ya lo hablamos. ¿Por qué no lo traes contigo a la fiesta?-

-¿Estás segura? Aparte de mi novia, son cuatro más-

-Edward, por favor, cuatro personas más, cuatro menos... además, estaré encantada de conocerlos. Dime, como se llaman- preguntó, timando nota en la lista de invitados que estaba sobre la mesa-

-Bueno, son mis hermanos Alice y Emmett, además de James Witherdale- dijo Edward a su jefa

-¡Ya está! Son oficialmente invitados a la fiesta-

-Te lo agradezco Renée. Ahora quisiera platicarte sobre las clases con tu hija-

-¿Ya has hablado con ella? Digo, porque no sabes, el viernes después de su primera clase, me llamó, emocionada y feliz porque las clases habían superado sus expectativas. Se oía tan relajada, tan diferente. Oh Edward! No te imaginas lo bien que le están sentando, has hecho milagros...-

-Renée, yo nada tengo que ver con eso, sólo le doy clases de música, nada más. si para ella es una terapia o algo por el estilo, pues es su mérito, no el mío-

-Como sea, has ayudado mucho-

-Ayer me atreví a preguntarle... sobre... ya sabes, la relación que tenía con sus padres...-

-Oh- soltó ella, bajando la cabeza, pues en su interior, sabía lo que su hija le había contado a Edward, y no le gustó aquello -¿me odia mucho Edward?-

-Arrastra con resentimientos por lo que logré percibir, pero intenta sanar Renée, lo intenta-

-Y estoy consciente de ello, por lo mismo no quiero presionarla. Sé que intenta sanar y se lo mucho que le cuesta, y valoro eso, no sabes cuánto. He visto sus progresos, en ella misma así como conmigo, y me hace muy feliz Edward, de verdad muy feliz- contó ella, visiblemente emocionada, mientras sus ojos se tornaban vidriosos

-Debes ser paciente Renée-

-Lo sé. Gracias Edward, gracias porque inconscientemente estás colaborando con esto. Imagínate, a penas y llevan dos clases... ¡No quiero imaginar lo feliz que seré cuando lleven ocho o diez!- dijo ella. "¡¿Ocho o diez? Dios..."

-Este, Renée... yo no sé si pueda...- no alcanzó a decir nada, pues su jefa enseguida lo interrumpió

-Mira, tú has tus tareas como profesor como lo has hecho hasta ahora, que con eso ya contribuyes a mucho, por el tiempo que estimes conveniente... ¡Oh Edward, eres un sol!. Dijo la mujer, levantándose de su asiento y acercándose a Edward para abrazarlo en señal de infinito agradecimiento. "¡Por un demonio, por un demonio...!", Edward no pudo decirle que no le daría más clases a su hija. No tuvo corazón para hacerlo, pero tenía que acabar con esto, con la incertidumbre de no saber que sucedía entre Isabella Swan y él... "Un momento, ¿incertidumbre de no saber qué ocurrirá? ¡Edward, si no sucederá nada! ¡Soy un estúpido, estúpido, estúpido!" Salió de la oficina de Renée maldiciéndose por no tener el carácter necesario de decir no.

-¿Hablaste con Edward?¿Se reconciliaron ya?- preguntó Alice a su cuñada Tanya al día siguiente del almuerzo con su hermano, cuando ambas recorrían el centro comercial

-Sí... anoche fue hasta mi apartamento con docenas de rosas y cajas de chocolates. El muy canalla me amenazó diciéndome que si no lo perdonaba, sería capaz de intoxicarse con los chocolates y con los pétalos de las rosas- recordó Tanya, sonriendo

-¡Me alegro! Entonces tuvieron una retorcida noche de sexo de reconciliación...-

-¡Alice!... confórmate con saber que dormimos muy poco- le dijo a Alice, sonriendo con algo de rubor

-Ok, ahora vemos en busca de un vestido despampanante por la fiesta del viernes. En este lugar hay tiendas exclusivas...¡Es el paraíso!-

-Claro Alice, el paraíso- cimentó Alice, resignada, siguiendo los pasos de su animada amiga Alice. Entraron a una exclusiva tienda de modas, en donde traían vestidos de diseños exclusivos, traídos directamente desde Francia. Cuando entraron, pasearon por la tienda, revisando los hermosos lujosos diseños.

-¡Son costosísimos Alice!- dijo Tanya, mirando el precio de uno de ellos

-Eso es lo de menos. Anda ya, comencemos nuestra búsqueda- alentó Alice a Tanya, para comenzar a buscar el traje ideal para cada una.

Por esas casualidades de la vida, jugarretas del destino, o lo que sea, Isabella Swan y Jane se encontraban en el mismo centro comercial, en la misma tienda de diseños únicos directamente importados de Francia, y a la misma hora que Alice y Tanya.

-¡Oh, Dios, Isabella...¡No me voy a comprar este vestido...es... es muy insinuante...!- decía Jane desde adentro de uno de los probadores, mientras Isabella la esperaba afuera con un par más para que se probara

-Jane, ese vestido es sexi, además el diseño, el color, la tela, son perfectos para ti. te queda estupendo- dijo Isabella, dándole un vistazo a su amiga que no terminaba de convencerse

-¡Claro que no! Todos se me quedarán mirando...-

-Es la idea Jane... juro que el viernes saldrás de esa fiesta con una interminable lista de hombres guapos detrás de ti, ansioso por tener una cita contigo... ¡Matarás Jane, matarás!-

-Pues si no mato a los demás, me muero yo... es muy corto...y ajustado...- seguía regañando Jane desde adentro del probador

-Mira, pruébate este- dijo Isabella, tendiéndole otro vestido. Mientras Jane lo hacía, Isabella aprovechó de ir hacia los colgadores y seleccionar algunos trajes que luego ella se probaría. Llamó su atención uno de color azul intenso, de ceda. Lo iba a sacar, cuando casualmente, otras manos tomaron el mismo traje, al mismo tiempo que ella

-¡Oh, creo que nos ha gustado el mismo modelito- dijo la otra chica

-Sí, eso creo- asintió Isabella, intentando guardar la compostura ante esa rubia mujer, y controlar su impulso de mandarla al diablo a la mujer que quería arrebatarle el traje que a ella le había gustado.

-¿Bella? Bella, dónde estás... ¡¿Isabella Swan, me has dejado sola?- dijo la voz de Jane, desde dentro del probador, nerviosa por la ausencia de su amiga.

-Si me disculpan- dijo la aludida, soltando el vestido y dirigiéndose donde Jane.

-¿Oíste?¿Oíste cómo se llamaba?- preguntó Tanya a Alice, quien había sido la que había elegido el mismo traje que Isabella.

-Qué cosa, que se llamaba quien- dijo Alice, que no había prestado atención a la escena, pues estaba embelesada eligiendo el traje perfecto

-Ella- dijo Tanya, indicando a Isabella, que se encontraba metros más allá, junto a los probadores

-Nop-

-Isabella Swan-

-Mmm... no sé de quien me hablas-

-Ella es la hija de Renée, la jefa de Edward. a ella le está dando las clases de piano, y el viernes es la fiesta del cumpleaños de su madre- explicó

-¡¿De verdad? Yo pensé que la hija de la jefa era una niñita... ¿tú sabias que se trataba de ella?- preguntó Alice a Tanya, sin quitarle la vista a Isabella

-Sí, claro. "Ella" es conocida en el mundo empresarial. Viene de una familia muy rica, de mucho dinero-

-Ya veo, se ve una mujer de mucha clase...-

-Sí, además es muy joven, debe tener mi edad o algo así-

-Pues aparenta más edad, por como viste, tan formal...-

-Sí, puede ser, aunque es hermosa- concedió Tanya

-¡Vamos a hablarle!- dijo Alice

-Oh, no Alice, no sería...-

-¿Prudente?¿Por qué no? anda, vamos a presentarnos- concluyó Alice, tirando a Tanya hacia donde se encontraba Isabella.

-¿Y?- preguntó Isabella, una vez más, esperando que Jane se probara el quinto vestido

-¿Sabes? Este me gusta, es lindo, y cómodo-

-Vaya...- dijo Isabella, dando un suspiro –Te queda genial, de verdad-

-Ehh... disculpe- dijo Alice, golpeando delicadamente el hombro de Isabella. Ella se volteó, y las miró extrañada -¿Eres Isabella Swan, no?-

-¿Quién quiere saberlo?- preguntó de vuelta Isabella, poniéndose a la defensiva inmediatamente, usando un tono cortante un tanto intimidador

-Soy Alice y ella es Tanya. Yo soy hermana de Edward Cullen, y ella es su novia- le contó Alice, con una tímida sonrisa, intentando ser amigable. "¡Pero qué tenemos aquí!... la hermanita de mi maestro... y su noviecita... vaya, vaya..." pensó Isabella, cambiando su semblante de defensa a uno más amistoso, y dándole una rápida escrutada con la mirada a ambas chicas

El poder de la palabra

-¡Pero qué coincidencia! Mucho gusto- dijo la hija de Renée, saludándolas a ambas educadamente e impostando un convincente y agradable tono de sorpresa

-Precisamente estamos aquí porque su madre nos extendió una invitación para su cumpleaños a través de mi hermano- explicó Alice. "Claro, claro... si yo misma le di la idea de que llevara a sus amigos a la fiesta... veo que él me escucha..."

-Me parece fantástico, y también hemos venido por lo mismo. Ah, por cierto, ella es Jane- dijo Isabella indicándoles a Jane. Luego dirigió su mirada a Tanya, quien se había mantenido callada –Entonces, ¿te ha gustado el vestido azul?-

-Eh... sí, es lindo- dijo Tanya, tímidamente

-Es el color favorito de Edward- agregó Alice

-Oh, ya veo...- dijo Isabella, sorprendida, "Así que el azul" pensó –Entonces te quedará perfecto- le dijo a Tanya –A mi también me gusta ese color-

-¡Menos mal que son modelos exclusivos! No quisiera imaginar que ambas llegaran con el mismo vestido a la fiesta- dijo Alice en tono de broma, a lo que las demás sólo rieron, aunque Isabella fraguó por un segundo en su cabeza jugarle una "bromita" ... pero no. Aunque tendría en cuenta lo del color favorito de Edward "para cuando le haga una fiesta privada, luciendo un sexi traje de ese color, sin ropa interior, por cierto", sonriendo maliciosamente ante esa idea.

-Oh, no. Jamás. ¿Saben? Les recomiendo que los accesorios fabulosos y perfectos para estos vestidos los encuentran el "Tiffany's" que está en la planta alta, y los zapatos en la tienda italiana del frente. ¡Son fabulosos, y también modelos exclusivos!- dijo Isabella, aconsejando a sus nuevas conocidas, para sonar amigable –Aquí no hay lindos accesorios en verdad- agregó bajito, ante la sonrisa de Alice y Tanya

-Iremos allí entonces. Ahora no les quitamos más tiempo, fue un gusto conocerlas- dijo Alice, despidiéndose de Jane e Isabella

-Lo mismo digo, Tanya, Alice- concedió Isabella con una sonrisa

-Hasta el viernes entonces-

-Hasta el viernes- respondió Bella, mientras las muchachas regresaban a su afán por elegir un vestido.

-¿Qué ha sido eso?- preguntó intrigada Jane, quien sabía que Isabella no era de las personas que socializaba con desconocidos tan amigablemente como lo acaba de ver en aquella escena

-Una coincidencia. Una sorpresiva coincidencia Jane-

-Como sea... entonces, qué me dijiste acerca de mi traje..-

-Te queda fantástico Jane, fantástico- le dijo a su amiga, sin quitarle los ojos de encima a las dos chicas que acababa de conocer, sobre todo a la rubia, la novia de "su" maestro

-¿Ya tienes el tuyo?-

-¿El mío?-

-Tu vestido Bella-

-Sí, ya. Así que vámonos a pagarlos, que tenemos que seguir con los zapatos y lo demás, fuera del regalo de Renée-

-Bien- dijo Jane, sosteniendo en su mano el vestido que había elegido para ella "Ojalá que lo que cuesta este vestido valga la pena... y que Bella tenga razón... ya voy necesitando un novio..." pensó Jane, esperanzada.

Después de una muy interesante tarde de compras junto a Jane, Isabella llegó a su casa. En ella, Charly, su padre, le esperaba en la sala, mientras bebía un vaso de delicioso coñac.

-¿Y tu novia?¿No alojará aquí?-

-Rose tiene propiedades aquí en Londres, y quizás tiene más dinero que nosotros, así que quítate de la cabeza de que esa mujer está conmigo por dinero...-

-Charly, tú y yo sabemos que "Rose" es la excepción a la regla. De todas formas, no me importa, tú eres ya bien grandecito para saber con quién andas, y mientras sea algo pasajero...- dijo, comenzando a salir de la sala para ir rumbo a su cuarto

-Eh eh eh... alto ahí. Hay algo de lo que tengo que hablarte con respecto a Rose-

-¿Qué? No me digas que piensas casarte...- dijo ella en tono burlón, rayando en lo ofensivo

-¡¿Y si lo hiciera, qué Isabella, cuál sería el problema? Pero descuida, me gusta, la pasamos bien juntos, y como dices es diferente a las demás mujeres con las que he salido, congeniamos en la intimidad...-

-¡Ta ta ta! ¡Padre, no quiero detalles de tu vida sexual!-

-Ok, cálmate. Sé que has ordenado una reunión mañana con los ejecutivos e inversionistas de la empresa. Bueno, allí haré un anuncio importante con respecto a Rosalie y la empresa-

-¿Un anuncio importante?¿Rosalie y la empresa?- Isabella se alteró ante lo que su padre estaba comenzando a decir.

-Sí, y he tomado una decisión...-

-¡¿Y no me has considerado por esas casualidades de la vida, en esas malditas decisiones que has tomado?¿Se te olvida que has dejado a mí a cargo de tu maldito patrimonio, de tu maldita empresa, y no me has considerado, pasando por encima de mí?- le gritó furiosa a su padre

-¡Isabella! Para y escúchame. Esto es por el bien de la empresa. Rosalie viene de una familia acaudalada, también empresarios del mundo automotriz en los Estados Unidos, donde son pioneros en el mercado en la importación y exportación de vehículos. Su público es un poco menos exclusivo que el nuestro, digamos que los coches que venden son más "accesibles" por lo que el mercado es aún mayor. Si bien es cierto, nosotros trabajamos con la exclusividad de modelos y con ello, de clientes, pero no nos haría nada mal ampliar el mercado en el que nos movemos. Tú mejor que nadie sabe cómo ha ido creciendo la venta de vehículos que son más económicos, precisamente para la gente de recursos medios...-

-Al grano Charly...- pidió Isabella mientras golpeaba el suelo sonoramente con la suela de su costoso zapato a modo de impaciencia, y manteniendo "cara de póquer" con sus brazos cruzados sobre el pecho

-Mandé a hacer un estudio respecto a la empresa que dirige la familia de Rosalie en USA, y tiene un perfil económico fructuoso e intachable, y están ansiosos de invertir con nosotros...-

-¿Fusión?¿quieres que nuestro patrimonio pase a manos ajenas?- espetó ella a su padre, sorprendida e irritada

-No he hablado de fusión Bella, pero si participación. Nosotros en la empresa suya, y ellos en la nuestra. Y antes de que sigas protestando y de que me des una negativo irrevocable, revisa estos documentos- dijo Charly, extendiéndole una carpeta a su hija –Mañana Rosalie le presentará la propuesta al resto de los directivos con los detalles y sobre la participación de su familia en la empresa, y viceversa, aunque la decisión final la tenemos notros, así que...-

-Ok padre, revisaré los papeles y mañana veré que tan buena economista es tu "Rose". Ahora me voy, estoy agotada- dijo, poniéndose de pie ahora sí para irse a descansar, pero la voz de su padre de nuevo la hizo detenerse

-Una cosa más, ¿ese piano que hay en el salón...?-

-Mi vía de escape Charly, mi vía de escape- dijo, sin darle más explicaciones. Y fue precisamente allí a donde fue a refugiarse, con la carpeta que su padre le había dado y su vaso de vodka tónica. Puso algo de música que le hiciera bajar sus decibeles de rabia. Luego se fue al cómodo sofá, y comenzó a hojear la carpeta: "Cómo se le ocurre a Charly darle participación a un desconocido en la empresa, por qué ahora si siempre hubo empresarios interesados... y éstos informes fácilmente pueden haber sido maquillados..." pensaba ella mientras lo leía.

-¡Demonios!- espetó, mientras observaba los "hermosos" gráficos que hablaban de los "maravillosos y fructíferos resultados que tendría la compañía, si decidiesen ampliar la cartera de clientes... blablabla" . Había decidido pedirle a Jane que se encargara de averiguar sobra las empresas de los Hale en Estados Unidos, que averiguara incluso hasta el detalle más morboso de la vida de esa familia, aunque nada tuviese que ver la economía con ellos. Aun así, si su padre estaba cegado por la idea, ella sabía que prácticamente nada lo haría cambiar de opinión, por lo tanto, se encargaría de averiguar los secretos más ocultos de la dichosa familia esa, y confirmar si los datos económicos que Charly le había presentado a ella, eran tan verídicos como decía.

-¡Maldita sea Charly, por qué no dejas las cosas como están!- se decía, mientras lanzaba la carpeta indolentemente sobre una mesita que había cerca y ahora relajándose con la suave música que había elegido. Echó su cabeza hacia atrás, cerrándolo lo ojos, y de manera casi involuntaria, recordó el fortuito encuentro de esa tarde. Recordó a la tal Tanya de la que su maestro hablaba con tanto orgullo y amor... "Que dirá el señor Cullen cuando sepa que se encontraron conmigo" pensó, mientras una sonrisa maliciosa se colaba en sus labios, como adelantándose a la reacción que Edward pudiese tener.

-Ayer por la tarde conocimos a Isabella Swan- dijo Alice a su hermano, mientras los hermanos Cullen, Tanya y James almorzaban aquel día miércoles en el departamento de Edward, quien se quedó estupefacto ante semejante "bomba informativa", mientras que su amigo James se atragantaba con un trozo de carne al oir a Alice decir eso.

-Pe...¡pero cómo! Tanya no me has dicho nada...- la miró extrañado, confundido y aun anonadado.

-Lo olvidé- se disculpó Tanya, alzando los hombros

-Coincidimos en la tienda donde compramos dos hermosos vestidos- añadió Alice de forma entusiasta.

-¿Qué les dijo?¿Fue desagradable con ustedes?- preguntó Edward de manera apremiante, nervioso, imaginando las pesadeces que Isabella Swan pudo haberles dicho a Alice... y sobre todo a Tanya

-¡No seas paranoico Edward!- dijo de forma divertida su novia, quien lo vio preocupado y quizás algo molesto –Apenas cruzamos palabras, pero aún así, fue muy agradable con nosotras-

-¿De veras?- preguntó Edward, no del todo convencido

-Edward, ¿crees que la interrogamos acerca de sus clases?¿O que te acusó de algo?-

-¡Claro que no!-

-Entonces deja ya de preocuparte. Cruzamos un par de palabras, fue muy amable, y eso es todo- concluyó Alice

-¿Y es tan guapa como se ve en las fotos?- preguntó Emmett, alzando las cejas

-Si, es linda, pero nada tan despampanante como suelen ser esas mujeres...-

-¡Son muy poco objetivas! Te aseguro Emmett que esa mujer es un bom bom- dijo ahora James, dándole un codazo a Emmett, quien sonrió, entendiendo las maliciosas palabras de James

-Oh, entonces, ya tendré tiempo de conocer a esa gatita y hacer que se derrita ante mis encantos- dijo Emmett, cosa que hizo reír al resto de los integrantes de la mesa. Menos a Edward, pues él no estaba prestando atención a las sandeces que hablaban su hermano y su amigo. Él seguía dándole vueltas al asunto, "¿Se encontraron por casualidad?¡Mis cuernos! Ese encuentro no fue casual, lo apostaría..." concluyó en su mente, dispuesto a averiguar su teoría, directamente con Isabella Swan.

-Entonces, no es tan apática como dicen, ¿eh, Edward?- preguntó Emmett a su hermano, trayéndolo de nuevo a la realidad

-No... no sé, yo sólo le doy clases- contestó este, escuetamente

-Pero no has tenido problemas con ella...- insistió su hermano. Jame solo observaba a Edward para luego, cuando estuviesen solos, lanzarle su teoría...

-No, ningún problema- dijo Edward, observando a su amigo James que lo miraba de forma curiosa, alzando sus cejas ante sus palabras, "Maldito James... más te vale que no digas nada, que no hagas ninguna clase de broma...", le dijo con la mirada, pero James solo sonreía.

-¿Fumando, Cullen?- preguntó James a Edward, quien había salido hasta la terraza a encender un cigarrillo para "relajarse"... si es que eso era posible

-¿Qué?¿Ves algún cartel que diga que está prohibido?- malhumorado contestó Edward a su amigo

-¡Vaya, que genio!...¿me puedes decir qué demonios te pasa ahora?...no, no me digas... lo de siempre. ¿Pero no me habías dicho que acabarías con tu "tortura"? Tendrías que estar más tranquilo...-

-Es lo que esperaba... pero hablé con Renée... y ella espera que yo siga ayudando a su hija...-

-Entonces las clases siguen...-

-Sí, pero esta será la última... esto se acaba aquí- concluyó tratando de sonar seguro... aunque ni él mismo estaba del todo seguro de que aquello acabara.