N/A: He vuelto. Algunas deben estar enojadas conmigo por tardar tanto, lo sé, pero tuvimos una desgracia en mi familia; mi primita de tan solo ocho añitos falleció hace unas pocas semanas y si de verdad existe un Dios en alguna parte, le agradezco que se la haya llevado y no la dejara en un Hospital, sufriendo. Era demasiado chiquita para semejante crueldad.
Pasando al tema del fic, pues en el cap que hoy les subo entramos nuevamente a la mente de Jace. Él cuenta el cap, saique… ¡Enjoy it!
Respuestas a los Reviews del capítulo anterior:
shineevero: Gracias, y sí hay que ver lo que Jace quiere, jaja. ¡Por supuesto que lo deseaban! Tenían las re ganas, jaja. Un beso y un abrazo, amiga. TKKMM y XOXO
Alexander Malfoy Black: ¡Bienvenido! ¡Muchas gracias por el apoyo Alex! Es algo muy lindo tener lectores varones; tristemente creo que las mujeres somos en mayoría las que leemos más. Me pasé por tu perfil (un Review de un chico no es algo que pueda pasar por usual y también estaba aburrida :P) y tenemos un problema. ¡Soy Gryffindor! ¡Aguante los valientes! Jajaja. Bueno, terminando con mi discurso, espero que te guste el cap. XOXO
Llili: ¡Muchas gracias por perdonarme! Disfruta del cap y espero tu opinión del mismo. XOXO
selenemisia: Gracias por seguir el fic todavía. Me alegra que te haya gustado y desde ahora la cosa se pone movidita. Gracias por semejante honor y disfruta del cap. ¡Ya quiero saber tu opinión, cariño! XOXO y TKMMM
SoffyO'SheaCullenWaylandBlack: Me encanta que el fic te siga gustando chica de Nick largo :P lo sé, es difícil pensar en Jace como un Herondale pero desde que leí sobre Will… al apellido lo lleva en la sangre, literalmente! Sip, mi Nick es por Crepúsculo y The Vampire Diaries, pero permíteme corregirte, es "De Salvatore", amo a ambos hermanos, considérame una segunda Katherine, jajaja. Disfruta del cap y espero tu opinión. Byee! XOXO
smileofangel: *SUSPIRO* ¿Cómo no quererte, Smile? ¡Orlando Bloom también es un dios! Sí, creo que fue muy directa, jaja. ¡Era el calor! xP ¡Disfruta del cap! TKMMMMMMM y XOXO
Criiis: ¡Bienvenida! Mmm, hay una mexcla entre en plan JACE y sentimientos… ¡lee el cap y luego me cuentas! XOXO
ash' belikov-rusakova: ¡Bienvenida y gracias! Sí, te entiendo. A mí no me gustan los rubios pero por Jace mojo hasta los calzones, jajaja. Disfruta del cap y deja tu opinión, cariño. Byeee! XOXO
Chilli Black: ¡Bienvenida! Pues espero que la disfrutes hasta el final del fic. Sigue leyendo y dejándome tus opiniones cuando puedas. XOXO
Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Cassandra Clare, sólo la trama es mía.
Summary: ¿Qué pasaría si no existieran los Nephilin? ¿Y si todos fueran mundanos? ¿Cómo serían? Clary una adolescente hermosa y Jace un muchacho muy... Jace. CxOoC M por Lemmons CxJ MxA IxS MxK
Advertencia: Esta historia contiene escenas de sexo explícito, si eres menor de edad o no te gusta, no lo leas, después no te quejes de que no estabas advertido!
No permito su reproducción o adaptación en su totalidad.
*De una manera diferente*
by
Gissbella De Salvatore
Capítulo VII
Mis ojos parpadearon y se centraron en la luz levemente gris que entraba por la ventana. Aun llovía. Exhalé un suspiro y miré a la diosa de cabello color fuego que estaba pegada a mi lado con su cabeza apoyada tiernamente en mi pecho. Miré hacia el blanco techo y mis labios formaron una gran sonrisa para luego volver a observarla. Su cuerpo estaba laxo a mi lado pero se apretaba a mí, manteniendo el calor de ambos. Ni siquiera nos habíamos tapado con algo antes de dormirnos. Pero, ¿cuánto tiempo había pasado? Miré el reloj que estaba en su mesa de noche y vi que solo había dormido una hora y media. Cerré los ojos y me concentré en el sonido de la apacible respiración de Clary pero no pude conciliar el sueño; mi mente parecía un torbellino.
Mi cuerpo estaba cien por ciento consciente de a quien tenía en mis brazos. Volví a suspirar. Generalmente no me sentía de esa manera luego de tener una buena sección de sexo. Siempre me sentía… liberado, pero en ese momento no sabía cómo sentirme. Aunque para ser honestos, la relación que tenía con aquella mujer que yacía conmigo en su propia cama, no era la más normal del mundo. Ni siquiera sabía su segundo nombre o qué color le gustaba. Pero ya había comprobado lo apasionada que era en la cama. ¡Podía sentir como mi cuerpo despertaba nuevamente con solo recordar sus caricias! La miré nuevamente, sin cansarme de hacerlo. Tenía una hermosa perspectiva de ella: el brillante cabello rojo caía por su espalda en suaves rizos casi perfectos, cubriendo a ésta hasta por unos centímetros arriba de su trasero. Sus nalgas eran de color crema como el resto de su cuerpo, firmes y esbeltas y sus largas piernas estaban enredadas con las mías, suaves y finas en comparación.
Me sentía raro en mi posición ya que a pesar de tener una maravillosa vista panorámica de toda la extensión de la parte trasera de Clary, me era extraño todavía sostenerla entre mis brazos. No iba a mentir, era uno de los pocos hombres en este planeta que contaban con la habilidad de tener un efecto extremo en las mujeres; o me amaban y se encendían con solo una mirada de mi parte o no me soportaban por mis inevitables conquistas o mi actitud. Con Clary había tenido un problema diferente y era que ella ni me odiaba ni caí de rodillas ante mí. Simplemente intentaba serme indiferente. Sonreí cuando una vocecita en mi mente me dijo que hace unas dos horas no me había sido muy indiferente. Aun podía sentir el escozor de sus arañazos en mi cuerpo.
Eso era otra cosa que me desconcertaba. Generalmente después del sexo me iba hacia mi casa porque una de mis reglas era NUNCA tener sexo en mi hogar. Mi casa era el único lugar donde podía estar tranquilo. Era, de alguna forma, mi santuario. Aunque claro, pensé. Acabas de mentirle a Clary, diciéndole que tu auto se descompuso asique no puedes irte. Ni aunque quisieras, claro. Entonces nunca dormía en las mismas camas en las que me revolcaba con cualquier mujer. No tenía nada contra las mujeres, al contrario, les daba las gracias al Ángel por haberlas creado, sin embargo, no me sentía cómodo con compartir la cama con cualquiera para algo más que el sexo. Esa acción indicaría un grado de intimidad que honestamente no tenía con ninguna. Y ahora heme aquí, volví a pensar, ésta vez divertidamente. Con una mujer abrazada a mí, compartiendo el calor y la desnudez. El karma es una perra, Herondale.
Mi estómago sonó con la decencia de hacerlo lo suficientemente bajo como para que la pelirroja acurrucada junto a mí no se despertara. Decidí ir a hacerme otro sándwich a la cocina asique me levanté con cuidado de no despertar a la Bella Durmiente. Me vestí nuevamente y fui hacia el único closet que tenía el dormitorio, buscando alguna manta. Encontré una de punto y la estiré sobre ella quien agarró la almohada en la que mi cabeza había reposado y la acomodó a su lado, oliéndola y abrazándola. Sonreí ante su acción.
Antes de dejar la habitación mi mirada se detuvo en las hojas que estaban en el suelo al lado de Clary. Fruncí el seño y luego recordé que yo las había tirado al suelo para despejar la cama. Me acerqué y me puse de cuclillas para levantarlas. Casi todas estaban en blanco, excepto por una. Me sorprendí al verme devolviéndome la mirada a mí mismo desde mi posición en el retrato. Estaba dibujado en blanco y negro y la imagen era un fiel retrato mío aunque pude apreciar cosas diferentes como la dureza de mi mandíbula, la altura de mis pómulos, la expresión desafiante de mis labios y burlesca de mis ojos…
Bajé el dibujo y miré a Clary, todavía apaciblemente dormida. ¿Ella había notado todo eso en mí? Fue gratamente sorpresiva la claridad con que me había dibujado, como si conociera mi alma.
Me estremecí y dejé el dibujo junto con las demás hojas hechas una pila arriba de la mesita de noche. Me incliné hacia la cama, hacia ella y aspiré el perfume de su cabello. Cerezas. Me gustaba su apartamento, ésta vez presté atención en él ya que la última vez había sido echado de allí. Las paredes del cuarto estaban pintadas de blanco excepto por en la que se apoyaba la cabecera de la cama, la cual estaba recubierta de madera. En una esquina podía ver un escritorio con su computadora y algunas hojas de dibujos que parecían flotar pero podía ver unos clips asique seguramente estaban sujetos a una tanza. Caminé hacia la sala y levanté las tazas que se encontraban en el suelo. Milagrosamente nos habíamos terminado el café antes de arrojar las tazas a cualquier lado sin ninguna ceremonia. La sala también era simple. Sillones, un sillón para un solo ocupante en el rincón, el televisor y la alfombra. Lo que más me gustó fue el dibujo en la pared de enfrente del televisor; había un poste de ferrocarril pintado con los cables que se deslizaban sobre la pared hacia el final de ésta. Era una pintura simple pero le daba estilo a la sala. Llevé las tasas a la cocina, las lavé y sequé poniéndolas boja abajo sobre la mesada. La cocina también era sencilla a excepción de que el color de las paredes era turquesa. En el otro extremo, opositoramente de la puerta, había una venta a la que estaba pegada una pequeña mesa con dos sillas a los costados. No pude evitarlo y mi mente formó una maravillosa escena; en ella Clary y yo nos sentábamos allí, uno en frente del otro, compartiendo el desayuno como si lo hubiéramos hecho toda la vida…
Sacudí la cabeza ante mis delirantes ensoñaciones y fui hacia la sala para poner el canal de música y luego fui a la cocina para prepararme el sándwich pero luego decidí hacer otra cosa. Busqué y solo encontré tocino y huevos en el refrigerador. Parecía que ella no sabía cocinar otra cosa o quizás salía a comer en otros lados… me encogí de hombros y puse manos a la obra. Tuve suerte en encontrar los condimentos porque los había guardado en una lata. A final de cuentas asumí que la mujer no sabía cocinar.
En el canal estaban dando un especial de clásicos asique me encontraba escuchando U can't touch this de MC Hammer y sirviendo la improvisada comida en platos cuando Clary entró por la puerta de la cocina. Venía vestida con un pantalón largo color gris y una blusa rosa. Me estremecí ligeramente cuando recordé el cuerpo que se encontraba debajo de las ropas.
―Hey ―exclamé mientras llevaba los platos a la pequeña mesa. Ella tenía la vista clavada en el suelo y podía ver que luchaba para no sonrojarse―. ¿No sabes que es de mala educación no saludar a las personas que sí lo hacen? ―pregunté mientras buscaba los cubiertos. Al final me rendí y tuve que preguntarle donde estaban.
―En la alacena ―fue su respuesta. Enarqué mis cejas y abrí las puertas hasta que di con ellos. Nos sentamos a comer en silencio.
Escuché su estómago gruñir mientras se llevaba a la boca el primer bocado. Sonreí.
―¿Hambrienta a causa del ejercicio?
Podía jurar que ella sola había inventado una nueva gama de rojos en su rostro.
―Yo… eh… yo no… ―tragué mi bocado y me le quedé mirando con una ceja enarcada mientras la escuchaba balbucear. Me estaba dando cuenta de lo mucho que me gustaba escucharla balbucear. Me prometí a mí mismo que pronto la haría volver a balbucear… pero debido a un motivo totalemnte diferente. Suspiró y volvió a intentarlo―. Nunca debimos hacer eso ―ante mi mirada volvió a explicarse―. Me refiero a que… no sé… nunca hice algo como eso…
―Pues a mí me pareciste lo suficientemente experimentada ―la interrumpí. Su rostro, que ya había vuelto a la normalidad, volvió a encenderse.
―¡No! No me refiero a eso. Claro que no soy inexperta en el tema pero nunca me había acostado con un hombre tan… ¿espontáneamente?
Incliné la cabeza a un lado y la volví a observar quizás por quizás décima vez en el día. No, definitivamente no se veía como si hiciera eso a menudo. Pero…
―¿Y qué tiene de malo hacerlo? No es un crimen disfrutar del sexo. De hecho, es una de las cosas que más me gustan.
―Y no me sorprende ―la oí murmurar mientras se llevaba otro bocado a la boca―, pero así no soy yo y no quiero dar una imagen… bueno, tú me entiendes.
Me encogí de hombros fingiendo que no me interesaba. Luego de unos segundos ella habló nuevamente.
―Al final no me respondiste.
Fruncí el seño.
―¿El qué? ―pregunté, intrigado.
―Antes te había preguntado de qué trabajabas pero no me respondiste porque…
Sonreí.
―Sí, me acuerdo muy bien porque no te respondí y créeme que fue una buena excusa ―esta vez no se ruborizó―. Soy… policía.
Sus cejas se alzaron.
―No suenas muy convencido que digamos.
Torcí la boca.
―Es que no soy un policía como los muchachos que andan en patrullas. Estoy en la división S.W.A.T.
―Wow ―exclamó para luego sonreír―. Me encanta Colin Farrel ―seguramente se refería a esa tonta película de Hollywood que había salido unos años atrás. Me irrité.
―Me alegro por ti pero créeme cuando te digo que eso está un poco lejos de ser como en la vida real. Cuando apuntas a alguien no puedes vacilar y mucho menos si es el enemigo. No se admiten errores que lleguen a costar la vida de los civiles ―había hablado con demasiada dureza asique traté de aligerar el ambiente―. Además, soy mucho más guapo que Colin Farrel ―Clary no pudo evitar reírse.
―¿Tienes alguna especialidad? ―preguntó realmente interesada. Asentí―. ¿Cuál es? ―como ya había terminado mi comida me recosté en el respaldo de mi silla y noté que la atmosfera estaba calma y amigable asique decidí mantenerla de ese modo.
―Si le preguntas a Luke, él diría que son las armas pero a mí me gusta más el combate cuerpo a cuerpo ―en ese momento recordé que ella había estado en el Instituto―. ¿Te gusta el combate?
Ella apartó su plato ya limpio de comida y también se recostó sobre su silla.
―Valentine me llevó por primera vez al Instituto cuando tenía cinco años asique, lógicamente, en ese momento yo estaba más interesada en jugar a las muñecas. Él le enseñaba a mi hermano mayor, Jonathan, y yo me dedicaba a mirar. Con el tiempo me fue interesando y creo que Valentine estuvo a punto de explotar de satisfacción cuando a los seis años le pedí que a mí también me enseñara. Desde ese día íbamos tres veces por semana al Instituto para entrenar. Hoy no me imagino una vida sin el entrenamiento ―rió bajito y la acompañé.
―Me imagino. Tu padre y el mío son muy amigos.
―Ah, claro ―asintió―. Tú eres el hijo de los señores Herondale.
―Síp.
―Ah ―pareció recordar algo gracioso porque sonrió imperceptiblemente―. Ahora entiendo ―murmuró.
―¿Qué?
―Nada. Solo… recordaba algo que tu madre y la mía me habían dicho.
Seguramente mi madre le habló maravillas sobre mí, pensé. Ella misma me había dicho que Clarissa se había convertido en una mujer muy hermosa y bla, bla, bla. Seguramente a ella también le habían dicho cosas sobre mí.
Recordé la anécdota que mi madre me había contado; yo había llamado ángel a la mujer que tenía en frente de mí. Aun podía recordar la calidez de aquel amor de niñez. ¿Quién iba a decirme que la volvería a encontrar nuevamente? Bueno, quizás no era tan extraordinario el volvérmela a encontrar ya que su padre y el mío eran ambos dueños por igual de la misma compañía. Lo extraordinario había sido que no la había vuelto a ver en todos esos años.
―¿Quién es Luke? ―preguntó de repente.
―Luke es el líder de nuestra división. A él le rendimos cuentas.
―Wow. Debe ser todo un exterminador ―bromeó. Me reí.
―No, no. En lo físico se parece a mí sólo que es más viejo, claro. Y en lo emocional… bueno, tiene una librería, asique ―me encogí de hombros―… es un tipo muy tranquilo y comprensivo. Es casi como un segundo padre para mí y mis compañeros.
Se quedó allí, mirándome hasta que sacudió la cabeza y se levantó.
―Gracias por la comida ―dijo mientras juntaba los platos.
―No hay de qué ―contesté mientras ella iba hacia el fregadero―. A propósito, debes ya no quedó nada en el refrigerador. De hecho, casi no había nada ―le dije mientras me apoyaba en el marco de la puerta.
―Sí, bueno ―dio vuelta el plato que tenía en la mano para seguirlo enjabonando―, no soy muy buena cocinando ―suspiró y lanzó una risita―. A decir verdad, soy muy mala cocinando. Hasta los fideos se me pegan.
Me reí porque me había hecho una idea.
―Pero veo que tú sí cocinas ―comentó, secando los cubiertos.
―Sí, lo necesario para sobrevivir.
―Me alegro de que al menos uno de los dos lo haga.
―Yo también ―no podía apartar mi vista de sus caderas y recordé que Magnus le había dicho a ella que el catálogo suyo ya había salido. Hice una nota mental en mi cabeza para pedirle uno.
Cuando terminó con la cocina se dirigió a la sala.
―Esperemos que haya algo bueno en la televisión ―murmuró mientras se volvía a sentar en el sofá―. ¿Qué quieres ver? ―preguntó cambiando los canales. Pero yo no quería mirar nada, sólo quería seguir hablando con ella.
―Lo que quieras ―ella asintió aun sin mirarme y dejó en el canal Disney Channel. Fruncí el seño mientras en la pantalla una chica rubia le hablaba a otro que parecía su hermano.
―¿Cuál es ese programa?
―Se llama "Buena suerte, Charlie" ―respondió.
Ok.
Rió por algo que no había visto de la mencionada serie.
―¿Te gusta modelar? ―le pregunté.
―Mmm. No le veo nada de malo ―se encogió de hombros.
―Pero… ¿te gusta hacerlo? ―me acomodé más en el sofá.
―Sí, pero lo que en verdad me gusta es dibujar ―se sinceró. La miré con una sonrisa y enarqué una ceja recordando mi retrato. Ella se quedó mirándome, molesta.
―¿Cómo lo haces? ―su voz también sonaba molesta.
―¿El qué?
―Enarcar sólo una ceja ―refunfuñó.
Alcé la ceja más aún y luego solté una carcajada.
―¿Por qué? ¿No puedes hacerlo tú?
―No ―se cruzó los brazos, refunfuñando aún.
Me largué a reír más fuerte. ¡No podía estar enojada por eso!
Luego de unos segundos la miré y vi que se estaba aguantando la risa. Pero de pronto se cortó la luz. Ella soltó un gritito.
―Tranquila. Es normal que se haya cortado la luz. Después de todo, la tormenta no ha acabado y es muy fuerte ―intenté tranquilizarla.
―Sí, yo… estoy bien es sólo ―un rayo cruzó el cielo y le iluminó el rostro al mismo tiempo que yo la veía respingar―… ¡odio las tormentas!
―Está bien ―puse una mano en su brazo y la apreté para reconfortarla―. Haremos una cosa. Vamos a tu habitación y… me quedaré contigo hasta que te duermas, ¿sí? Yo dormiré aquí, en el sofá ―me hubiera gustado dormir con ella pero no quería alterarla más de lo que ya lo estaba.
Asintió con la cabeza.
La hice pararse y la conduje a ciegas hacia la habitación. Los relámpagos ayudaron a ver el camino. Sólo un poco. Ella abrió las cobijas y se metió en ellas así como estaba para luego taparse. Fruncí el seño a la vez que pensaba que estaba demasiado histérica por una simple tormenta.
―¿Estás bien, Clary? ―le pregunté mientras me recostaba a su lado pero por encima de las cobijas.
―Sí ―otro relámpago y ella se estremeció, acercándose a mí para acurrucarse a mi lado. Le pasé el brazo por su cintura pero no la apreté tanto hacia mí porque no quería que se diera cuenta del efecto que su cercanía tenía en mis… zonas bajas.
Podía escuchar su respiración normalizarse y a su cuerpo aflojarse en mis brazos. En menos de veinticuatro horas tenía a la misma mujer entre mis brazos sólo durmiendo. Recordé nuevamente eso del karma. El lugar estaba silencioso y la luz no parecía volver. El ruido de las tormentas era lo único que cortaba la paz de la habitación. Pronto noté la respiración de Clary acompasarse por lo que me di cuenta que ya estaba dormida. No quería dejar su lado pero tenía sueño, ella ya estaba dormida y yo no quería que a la mañana me encontrara con ella, me gritara como histérica y me echara de su departamento.
Saqué mi brazo de su cintura y me levanté de la cama. Fui de nuevo hacia la sala y me tiré en el sillón. Cerré los ojos y pronto el sueño me envolvió.
.
El cielo brillaba en el cielo mientras yo estaba resguardado en las sombras de mi árbol favorito... ¡Un momento! Si estaba bajo la sombra de mi árbol favorito eso quería decir que estaba en Idris. Miré hacia mi derecha pero no reconocí la casa de mis padres, en la que yo había crecido. Ésta casa era más pequeña pero aun más hogareña. Estaba rodeada por su propio patio y desde aquí podía ver la puerta y las ventanas traseras. El aire olía a jazmines y rosas. Inspiré profundamente.
La puerta de la casa se abrió y salió Clary. Llevaba sólo un vestido veraniego rosa pálido y estaba descalza. Podía decir que había madurado; el tiempo no se notaba en su apariencia sino en sus ojos. Estaba tan hermosa como siempre.
Mientras caminaba hacia mi dirección me sonrió. Llegó a mí lado y se sentó con una gran sonrisa ante mi expresión de incredulidad.
Pero cuando me había mirado había visto en sus ojos brillar la confianza y el amor. Lejos de sentirme abrumado o incómodo, me sentí aliviado.
Suspiró dulcemente y apoyó su cabeza en mi pecho.
―Lilly está haciendo su siesta ―murmuró.
―Jace ―su voz debió de haber venido de otro lugar porque sus labios no se movieron…
―¿Lilly? ―pregunté. ¿Quién era Lilly?
―¿Tu hija? ―ella resopló divertida. ¿Mi hija? Pero si yo no tenía hijos…
―¡Jace! ―el agudo grito me despertó al instante.
―¿Qué? ¿Qué pasó? ―me levanté de un salto, froté mis ojos y miré hacia mi derecha. Mi pelirroja personal se encontraba arrodillada al lado del sofá en el que yo me encontraba, con su cabeza a la altura de la mía―. ¿Estás bien?
Ella asintió y me miró avergonzadamente.
―Uh-huh pero… tengo miedo. ¿Podrías… dormir conmigo?
Una lenta sonrisa se estiró en mis labios. De acuerdo, no me lo estaba suplicando apasionadamente y desesperada por llevarme a la cama, pero…
―No me lo tienes que rogar ―contesté con mi habitual tono coqueto.
Ella bufó pero no me dijo nada mientras me hacía levantarme del sofá y me conducía hacia la habitación. Me empujó, haciéndome caer en la cama. Ella se quitó el pantalón gris que aún llevaba puesto.
―No puedo dormir con ropa ―explicó rápidamente ante mi cuestionable mirada. Incliné la cabeza y me encogí de hombros a la vez que también me deshacía de toda mi ropa.
―¿Qué haces? ―exclamó al ver mis acciones.
―Pues yo duermo desnudo ―contesté tranquilamente ya desnudo.
―Pero…
―Si quieres puedo volver al sofá ―ofrecí con una sonrisa.
―¡No! ―casi gritó a la vez que otro relámpago resonaba en el exterior.
―Ok. Ok ―dije a la vez que ella se acostaba en el lado izquierdo de la cama, sin mirarme, claro. Agarró una almohada y la colocó a su lado cuando yo me acosté, como si fuera una pared entre nosotros. Me reí silenciosamente mientras ponía las frazadas encima de mí. Era perfectamente consciente de que me separaba una almohada de su tibio cuerpo pero no hice nada al respecto. Tenía en cuenta lo que ella me había dicho mientras comíamos, de que ella no tenía sexo con alguien tan… ¿qué palabra había utilizado? Ah, sí. Tan espontáneamente. Y le creía porque, sabedor del tema, nunca me había parecido que ella tenga ese tipo de costumbres.
Pronto escuché su respiración acompasarse. Asique cerré los ojos, también. ¿Tanto miedo tenía a las tormentas? Luego de un momento volví a dormirme.
.
Definitivamente ésta sí era una buena forma de que te interrumpan el sueño, pensé mientras sentía las manos de Clary moverse por mi pecho; movimiento que venía haciendo desde antes de despertarme por lo que veía, debido a que me encontraba tan duro como una piedra. Gemí.
―Pelirroja, basta ―murmuré con la voz ronca y algo ahogada. Pero, no. Ella tenía que seguir acariciándome, peligrosamente muy cerca de la entrepierna. ¿En verdad estaba dormida? La miré y vi su seño fruncido pero por otra parte su respiración era profunda y no había abierto los ojos. Sus manos llegaron hacia mi miembro y jadeé tan fuerte que ella se despertó con un sobresalto.
―¿Qué…? ¿Jace? ¿Estás…? ―no dejé que terminara la pregunta cuando mis labios estaban en los suyos. Emitió un sonido ahogado de sorpresa y luego gimió con sus manos a los lados de mi cabello. Me tumbé sobre ella sin controlar el peso de mi cuerpo que le caía encima. Acaricié sus nalgas por encima de su ropa interior, subí por sus costados y acaricié su cintura quizás con un poco más de fuerza de la necesaria pero ella ni siquiera se inmutó mientras me rodeaba con sus piernas apretadamente. Lancé un juramento a la vez que cerraba fuertemente mis ojos. No quería terminar allí. Volví a besarla ferozmente, torturando su cuello, clavícula y pechos.
―Jace ―suspiró ella entre besos apasionados―. ¡Por el Ángel, hazme tuya!
Fue todo lo que necesité para que mi control se fuera al caño. Le saqué la ropa interior, rompiéndola y agradecí haberme quitado la ropa antes pero entonces sacudí mi cabeza para despejar mis turbados pensamientos.
―¿Qué sucede? ―lloriqueó ella cuando me detuve. Trató de elevar sus caderas para rozar mi erección con su centro pero tomé sus caderas y las pegué al colchón. Gruñó y sonreí.
Acerqué mis labios a su oído y suspiré.
―Esto te pasa por excitarme tanto ―sus labios hicieron una mueca entre sorprendida y enojada pero no me importó. Se lo merecía.
Mis manos volaron a sus muñecas y las apreté, posicionándolas sobre su cabeza. Besé su frente, la punta de su nariz, su sabrosa y carnosa boca, el pulso en su esbelto cuello y llegué a los hermosos senos. Dirigí mi boca hacia el derecho y chupé su pezón ya erecto arrancándole gemidos de placer. Lo besé, mordí y lamí dejándolo húmedo. Lo soplé y observé como su carne se ponía de gallina. Sonreí e hice lo mismo con el otro pecho. Clary se retorcía debajo de mí, gemía, suspiraba y alguna que otra vez soltaba algún gritito. Pero yo seguí mi recorrido cuando estuve satisfecho de sus pechos. Mi lengua viajó a lo largo de su estómago y llegué hasta su ombligo donde me entretuve otro rato mordiéndolo y lamiéndolo.
―Por favor ―rogó ella entre jadeos―. ¡No me tortures más!
Le sonreí desde mi posición sobre su vientre.
―Ya te lo he dicho; eso te pasa por despertarme de esa manera ―mi voz salió extraña hasta para mí, muy ronca debido a la excitación.
Seguí con mi camino hasta llegar a su centro. Su dulce y palpitante centro. Escuché como se le detuvo la respiración mientras mi boca estaba a centímetros de ese lugar tan dulce. Lamí sus pliegues, desde arriba hacia abajo luego respiré encima… sentí una mano golpear mi pecho haciendo que me caiga desde la punta de la cama hacia el suelo. Ella cayó encima de mí, su cabello tapó mi visión. La sentí deslizarse sobre mí. Gemí mientras su cálido y húmedo interior aprisionaba mi miembro. Levanté mi torso del frío suelo y tomé sus caderas mientras ella se deslizaba hacia arriba y hacia abajo nuevamente causando una deliciosa fricción. Gruñí. ¡Maldita sea! ¿Cómo era capaz de darme tanto placer? Empecé a mover mis caderas, embistiendo cuando ella lo hacía… y pronto nos derrumbamos en el glorioso éxtasis al que juntos podíamos llegar.
Me quedé allí, tumbado de espaldas en el frío suelo de su habitación con ella sobre mi pecho. Ambos jadeábamos y esperamos hasta que nuestras respiraciones se acompasaron. Cuando mi respiración se regularizó y dejé de sentir flojas las piernas intenté levantarme, lo que me llevó unos dos minutos ya que también la levanté a ella. La tomé en brazos y la deposité sobre la cama. Yació allí, sin moverse debido al cansancio. Mi boca no pudo evitar formar una sonrisa de suficiencia.
Esto era el cielo. Me acosté a su lado después de tirar de las frazadas sobre nosotros. Le acaricié el sedoso cabello.
Clarissa Morgenstern estaba empezando a gustarme seriamente.
¿Merezco Review?
