Capítulo 7

"Adelante" dijo Arturo.

Merlín entró con dificultad mientras cargaba dos bandejas con queso, frutas y vino para los dos monarcas. Lentamente, dejó las bandejas en la mesa frente a sus amigos y llenaba sus copas con vino, en silencio.

Arturo miró a su amigo con extrañeza, estaba cumpliendo con el protocolo real de un sirviente, estaba callado, demasiado. A su vez, Gwen miraba a su amigo con preocupación, en lugar de la típica sonrisa abierta y despreocupada, Merlín lucía un ceño fruncido, algo lo inquietaba, y mucho.

"¿Todo está bien Merlín?" le preguntó Gwen.

"Sí, todo está bien" murmuró distraídamente Merlín mientras se colocaba en la esquina de la habitación esperando si se le requería.

"Merlín, sabes que si hay algún problema puedes decírnoslo, ¿no?" continuó Gwen

Arturo callaba mientras veía a su amigo fijamente, no sabía que podía decir, nunca fue bueno en tratar con las emociones, eso era algo de lo que se encargaba Gwen y su sirviente. De repente, Gwen lo pateó por debajo de la mesa, sobresaltando a su esposo. El rey miró ceñudo a su esposa ante su agresividad, cuando vio que ella lo miraba intensamente y señalaba a Merlín con los ojos, esperando que participara y mostrara su apoyo.

"Guinevere tiene razón, Merlín, puedes confiar en nosotros" le dijo Arturo.

Merlín miró a los dos monarcas fijamente. Ambos reyes lo conocían, sabían leerlo bastante bien; sin embargo, la mirada que les dirigía a sus dos amigos era extraña, era cauta, como si quisiera medir sus palabras y se decidiera por decirles algo. Los dos reyes esperaron pacientemente a que respondiera.

"No es nada" dijo Merlín, mirando hacia el suelo.

"Merlín" dijo Arturo con molestia ante la reacción de su sirviente y empezando con la llamada voz de mando que no acepta discusiones "¿qué es lo que está pasando contigo? ¿Tiene algo que ver la magia?"

Merlín levantó la mirada tomado por sorpresa ante la pregunta de Arturo. Vio a sus dos amigos serios esperando una respuesta. Con precaución y cuidando de revelar más información de la necesaria dijo:

"¿Qué tiene que ver la magia?"

"Simplemente te has visto demasiado preocupado desde ayer tras las noticias de Morgana y también durante y después del juicio de hoy. No tienes de que preocuparte, trataremos estos problemas como siempre lo hemos hecho" dijo Arturo con aire de suficiencia intentando contagiar a su amigo con su optimismo y confianza.

"¿Siempre será así?" murmuró Merlín.

"¿Qué quieres decir Merlín?" le preguntó Gwen.

"Nada. Sólo que ¿la magia será siempre un problema?" se preguntó Merlín.

"¿Y qué más podría ser?" le respondió Arturo, "sabes bien que la magia sólo es destrucción, corrupción y maldad, como los que la manejan".

Gwen miró de su esposo a su amigo. Arturo tenía razón, el asunto de la magia estaba molestando a Merlín, pero pareciera que había algo más ¿pero qué era? Las palabras de Arturo parecían molestar a su amigo y ¿herirlo? Reflexionó la reina.

"No todos es blanco y negro, Arturo" dijo seriamente Merlín mirando fijamente al rey.

"Perdona, ¿qué? Merlín, ¿estás defendiendo a la magia?" preguntó incrédulo Arturo.

"Simplemente que no creo que toda la gente que tenga magia sea malvada como dices. Creo que se puede usar para bien" continuó Merlín un tanto nervioso por revelar sus puntos de vista.

"¿Ah, sí?" se burló Arturo "supongo que conoces hechiceros buenos ¿no?" continuó Arturo burlándose.

"¿Qué hay de los druidas? Sólo usan su magia para sanar y viven pacíficamente. ¿Qué hay de la mujer sentenciada, Ana? Lo único que hizo fue sanar a su cuñado para que su familia salga adelante. ¿Qué hay de mi amigo Will? Él…" Merlín calló de repente, Will no era un hechicero pero para sus amigos lo había sido. Se responsabilizó del torbellino que Merlín había conjurado para detener la invasión de los bandidos sobre Ealdor, salvando a Merlín de tener que revelarse ante Arturo como un hechicero, muriendo poco después a causa de una flecha destinada a matar al rey.

Arturo no sabía que decir, no esperaba esa reacción por parte de su amigo. Él había creído que su sirviente temía y despreciaba la magia, y aquí estaba él hablando sobre sus bondades. No podía creerlo, ¿qué estaba pasando? ¿Merlín era en realidad tan idiota como para creer que la magia se podría usar para bien? Al final, sólo corrompería el alma y el corazón de las personas, Morgana era un claro ejemplo de eso. 'Una vez que conoces a un hechicero los conoces a todos' escuchó de repente la voz de su padre en su cabeza. 'No se puede confiar en un hechicero, la magia es malvada'. La magia le había quitado a sus padres, a su hermana, casi había destruido a su reino, a su esposa. Entonces, ¿por qué Merlín la defendía?

Gwen le dirigió una mirada incrédula a su amigo. Ella había aprendido a temer a la magia y a quienes la practicaban. Era una enseñanza que toda persona aprendía desde niños en Camelot. Ella había visto la destrucción que podía ejercer, había sufrido acusaciones, hechizos, su mejor amiga se había llenado de odio y ambición y ahora intentaba destruir a su familia y amigos. Por lo tanto, la magia era una fuerza de temer. 'De temer más no de odiar' pensó Gwen, Merlín tenía un punto, había bondades en la magia que dependerían sólo del usuario, si fuera así, entonces la magia, en esencia, no era malvada. ¿Habría quiénes desearían proteger y sanar en lugar de destruir y vengarse? 'Mientras más ejecuciones realices, Uther, de más enemigos te harás' recordó Gwen que alguna vez oyó a Morgana decirle al difunto rey. Parece ser que ella había tenido razón. No sería de extrañar que ningún hechicero no estuviera dispuesto a ayudar a Camelot.

La duda, temor, desconfianza recorrió simultáneamente por los ojos de los dos monarcas y Merlín lo vio. De alguna forma su reacción había tenido un fuerte efecto en sus amigos. Tras un silencio incómodo, Arturo finalmente dijo:

"Merlín, tal vez ellos son excepciones o tal vez la magia no había logrado corromperlos por completo, ¿quién puede entender la mente de un hechicero?"

Merlín resopló con disgusto, esas no eran las palabras de Arturo, eran de Uther, incluso después de tanto tiempo, el prejuicio del difunto rey prevalecía, ¿hasta qué momento Arturo se libraría de la oscuridad de su padre?

"Arturo, tú y Gwen como rey y reina ejercen su poder para mantener a salvo y protegido a su pueblo y que no les falte nada. ¿Por qué un hechicero sería diferente?" repuso Merlín con una seguridad que muy rara vez se le había visto. "Si tienes el poder para hacerlo, ¿por qué no usarlo como es debido?"

Arturo miró a su sirviente atentamente, nuevamente Merlín demostraba tener una sabiduría mayor a su edad. Sus palabras habían hecho mella ante las enseñanzas de toda su vida. Mientras pensaba en lo que le había dicho, notó algo extraño, los ojos de Merlín proyectaban una intensa mirada, era esa mirada nuevamente: antigua y cansada, como si hubiera visto y vivido más que todos los presentes.

"Merlín, esto es ridículo" dijo Arturo con hastío "si las cosas fueran como dices, no tendríamos que preocuparnos por la magia, y no existiría la prohibición. Ésta ley se creó para evitar los males de la magia. Además, no puedes comparar a un rey con un hechicero, no es lo mismo".

"Pero ambos tienen poder y lo ejercen" concluyó Merlín manteniendo sobre ambos reyes una intensa y vieja mirada, proyectando confianza y seguridad en sus palabras.