Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a KryPexel , yo solo la adapte.
Hola! aqui les dejo es capitulo 7! disfruenlo.
- Yo no he decidido pasar por esto… Pero pienso sacarle provecho…
Bienvenido al Pacto de Sangre
Capítulo 7: Ángel hechizado
- ¿Cómo dices? – No se lo esperaba. Su rostro me decía que hubiera esperado cualquier otra cosa excepto esa.
- Lo que oíste, quiero a la chica más linda e inteligente que se pueda tener.
- Ese es… ¿tu deseo? – Preguntó como queriendo decirme ¿Estás en tus cabales?
- Correcto. – Respondí fuerte y claro.
Era la forma de olvidarme de Rose, tenía que hacerlo por su bien y por el mío. No iba a dar marcha atrás.
- Como digas, te la serviré en bandeja de plata. Pero, si algún día deseas deshacerte de ella, quiero que sepas que te costará la misma cantidad de sangre que utilicé para curar a Emmett.
- Como sea, solo hazlo.
Me puse de pie y me quedé cerca de la puerta. Ella murmuró algo y por arte de magia sentí que algo estiró mis brazos y los jaló hasta el techo, quedando mis pies a metros del suelo. Mi casa era inusualmente alta.
- ¿Qué …. Qué haces?
- Si te arranco sangre del mismo lugar muchas veces en un mismo día, te quedarás sin circulación.
Mientras yo colgaba, sus manos se posaron sobre mí a la altura de mi ombligo y con rapidez me desabrochó el cinturón, para luego dejarlo caer junto con mi pantalón. Yo estaba completamente avergonzado y trataba de no ver lo que planeaba hacerme. Ni mi madre me había visto en calzoncillos antes, y que ella fuera tan descarada como para dejarme sin ropa sin inmutarse me parecía un escándalo. Bella volvió a usar su pulgar y con su larga uña filosa abrió los músculos de mi muslo derecho.
- ¡AAAAAAHG!
Sin prestar atención a mis aullidos posó con prisa sus labios para extraer el líquido que emanaba de mi muslo. Lamía con ansias la hilera de sangre que caía como un pequeño arroyo de olor metálico. Sentí palpitar la carne de mi extremidad como una bomba que expulsaba más y más líquido. Y una vez terminado su que hacer dejó que mis carnes se volvieran a cerrar, levantó su delgado rostro y sacó su lengua para recibir las gotas que, sin cesar, caían de mis orbes.
Mis manos fueron liberadas de las ataduras invisibles y mi cuerpo descendió lentamente hasta el piso. Con la pierna completamente adolorida, perdí el equilibrio un par de veces y di unos torpes pasos hacia la silla donde había estado sentado, conversando con Jasper, antes de que apareciera Bella. Ella antes de marcharse me advirtió.
- Mañana tu pedido estará cumplido.
Iba a contestarle, pero cuando me dispuse a hacerlo ella desapareció y el tiempo volvió a retomar su curso. El completo silencio dio paso a la estridente música de la televisión y al ajetreo que mi nana hacía en la nevera para encontrar el jugo que nos había ofrecido.
- Está bien, no te enfades. No me refería a eso… Aunque me parece bastante extraño, eso sí, que tu Maske sea tan cruel contigo. Lo que quería decirte es que al no poder conversar con nadie respecto a esto, debiéramos hacerlo entre nosotros. ¿No crees? Además es una buena oportunidad para que nos conozcamos, llevamos varios años en el mismo salón y no cruzamos palabra alguna.
Confundido escuché a Jasper y recordé que antes le había increpado por su interés en acercarse a mí. Sólo me dediqué a asentir sin prestarle atención en verdad a todo lo que me dijo, y éste pareció extrañarse por mi cambio de actitud. En eso llegó mi nana con la jarra llena de líquido amarillo que tanto buscaba.
- Niños, aquí les traje limonada para acompañar a las galletas.
Jasper en su papel de caballero le agradeció con su perfecta sonrisa de spot publicitario y tomó un vaso, pero antes de acercárselo a la boca, me di cuenta de que se quedó absolutamente quieto y nervioso. En una milésima de segundo noté que el vaso había cambiado de mano y que la otra se ubicaba sobre la mesa temblando. Me miró con fingida compostura para luego decir en voz baja:
- Parece que a esta hora, les da hambre.
Mis padres llegaron poco rato después. Totalmente sorprendidos saludaron a Jasper y (al igual que mi nana) se impresionaron del buen porte y de los educados modales que lucía. Quedaron satisfechos de que estuviera haciendo amistades que parecían contribuir de buena forma a encaminarme en la recta senda del bien. Jasper se marchó después de terminar su limonada. Le pregunté si estaba en condiciones para conducir y éste me dijo que guardara la calma, que podía lidiar con la molestia. Se fue como a las 9:30 de la noche.
A la mañana siguiente el despertador del celular casi no hizo efecto. El día anterior había sido agotador y no había recuperado por completo las fuerzas. Me liberé de las pocas sábanas, completamente acalorado por los malditos días de primavera y, medio dormido, caminé descalzo hasta el baño. Mis padres despertaron e hicieron el desayuno como todas las mañanas. Mientras comíamos prendimos el televisor y en los noticiarios, para sorpresa mía, había un extra informativo. Habían asesinado en la noche a alguien en una calle cercana al centro, pero lo más curioso del crimen, era que la víctima (una mujer de aproximadamente 30 años, muy atractiva y de cabello corto y negro) tenía los ojos abiertos los cuales enseñaban sus iris que estaban teñidos de un color rojo intenso. Para asombro de todos, no se trataban de lentes de contacto. Murió atravesada por algún objeto no identificado el cual entró por su pecho y salió por la espalda. Ni el arma ni el asesino habían sido hallados
- Que extraño. ¿Quién pudo cometer tal atrocidad? –Preguntó mi padre.
Mi madre hizo un gesto de no saber y respondió simplemente que podía tratarse de sectas satánicas. Se concentraron en terminar de comer mientras que yo me quedé mirando la pantalla sintiendo un leve escalofrío. Algo me estaba dando mala espina
.
- Cariño, termina de comer rápido si quieres que te vayamos a dejar al colegio. – Interrumpió mamá mis pensamientos con severidad.
- No… olvídenlo. Ya no necesitan hacerlo.
- ¿Estás seguro? – Insistió extrañado - Ayer parecías muy preocupado.
- Sí estoy seguro. No se preocupen por mí.
Sus rostros delataron que mi respuesta no los había dejado conformes. Trataron en buscar la verdad a través de mis ojos, pero aparenté normalidad y haciéndome el desentendido me preocupé en terminar mi tostada.
Al llegar a la estación del metro, me preguntaron por última vez si es que no quería irme con ellos. Me dio un poco de lástima verlos preocuparse de esa forma. Estaban justos de tiempo pero aún así estaban dispuestos a llegar tarde al trabajo por mí.
- ¿Seguro no quieres que te vayamos a dejar, hijo? – Me reiteró mi papá desde el interior del auto.
- Completamente. – Respondí yo desde afuera, acercándome a su ventanilla abierta.
-Yo…
- ¡Edwaard. Por qué te tardaste! –
Los tres nos volteamos bruscamente para ver cómo una chica extremadamente linda, de pelo claro y ondulado y ojos claros, vino a toda velocidad a mi encuentro. Saltó y se colgó fuerte de mi cuello, me plantó un beso en la mejilla y comenzó a regañarme con ternura.
– Te estuve esperando desde hace 20 minutos. ¡Ya me estaba preocupando! –
Apegó su cuerpo al mío y me pellizcó la nariz suavemente. Mi cara de sorpresa-confusión era de culto.
- ¡Hijo! No sabía que tenías una novia. ¿Por qué no nos dijiste nada? –
Me preguntó papá con una sonrisa cómplice e hinchando el pecho con orgullo. Yo sólo, como siempre hago cada vez que sufro un ataque de nervios, respondí tartamudeando torpemente.
- Pero miren nada más que niña más amorosa. ¿Cómo te llamas? – Mi madre (para sorpresa mía) en vez de molestarse conmigo parecía a punto de llorar de la emoción.
-Mi nombre es Sofía. ¡Mucho gusto!- Respondió ella con voz cantarina y saludándoles agitando su mano izquierda mientras que la otra se negaba a abandonar mi cuello.
- ¡Qué inesperado saber hoy el nombre de tu novia, hijo! – Lo mismo digo, papá. – Bueno, nosotros nos vamos. ¡Que les vaya bien! –Dijo antes de marcharse, descartando por completo su ofrecimiento anterior, y dejarme solo con la bella y confianzuda desconocida.
- ¡Vamos! Si no nos damos prisa llegaremos tarde. –
Tomó mi antebrazo y jaló de mí hacia el interior de la estación. Me fijé que su uniforme era distinto al de mi escuela así que decidí preguntarle a dónde era que estudiaba. Más tarde me encargaría de preguntarle su nombre y, lo más importante, el por qué actuaba como si yo fuera su novio.
- Voy al instituto de Saint Giorgio. ¿Es que no te acuerdas? –
Me mostró con orgullo la insignia de su pecho. El instituto Saint Giorgio era el de mayor prestigio en toda la zona. Era privado y los estudiantes debían rendir un examen extremadamente avanzado para poder ingresar. Mientras descendíamos por las escaleras que llevaban hasta el andén me asaltaron varias dudas ¿Quién era ella y por qué actuaba como si hubiéramos tenido una relación de años y yo lo hubiera olvidado todo? Traté de sonsacarle las respuestas con preguntas indirectas mientras esperábamos que el vagón llegara.
- Oye… ¿Recuerdas cuando nos conocimos? ¿Y cuando nos hicimos pareja?
- Uhmmm no sé… Siento que te conozco desde hace mucho tiempo… pero no recuerdo cuándo fue la primera vez… y bueno… Creo que tampoco recuerdo el día que formalizamos… ¡Perdóname soy la peor novia del mundo! – Su carita de porcelana se contrajo en un gesto de pena y me abrazó con más fuerza.
Le correspondí y entonces mi memoria terminó por encontrar la pieza que tanta falta me hacía en este puzzle. ¡Bella! De inmediato comprendí toda la situación y automáticamente la culpa cayó sobre mi cabeza, porque sin tener en cuenta los sentimientos de la chica, había atado su corazón a un completo desconocido.
- Hola, Edward.
Escuché una voz familiar a mis espaldas y voltee nervioso. Era Rose. Su aspecto era tan lastimero que se me apretó el pecho de pena. Tenía sus siempre radiantes ojos verdes hinchados por haber llorado y no se había preocupado en asear su larga cabellera rubia. Inevitablemente aún seguía enamorado de ella… Y mi rostro se encendió como siempre lo hacía cada vez que la veía. Rápido notó que había alguien más conmigo y preguntó quién era. Yo aún atolondrado no supe que responder, pero Sofía se me adelantó y con voz firme declaró.
- Mi nombre es Sofía, y soy la novia de Edward.
Que les pareció?
¿Reviews?
Nos leemos en el proximo
