UNBROKEN

Steven

- ¿Me dejas preguntarte algo? - Dijo Edward cuando estábamos sentados en el pasto y mientras la luna nos acompañaba silenciosamente.

- Pero claro, no debes preguntarme - Dije con un tono de obviedad.

- ¿Me quieres? - Preguntó mirándome fijamente al mismo tiempo que me ofrecía una manta color burdeo.

- Claro que te quiero, lo sabes, no quiero que me preguntes más eso - Dije seriamente al cabo que recibía la manta sobre mi espalda.

- Es que siento miedo de perderte, a veces - Dijo Ed acercándome más a mí.

- No me perderás, estoy aquí - Para que sonará literal, golpeé el suelo.

- No lo digo de esta forma tan literal, Bella - Sonó disgustado.

- Si sé, pero quería que sonará así, real, tangible … ¡Aquí estoy! - Dije agarrando a Edward en mis brazos sin soltarlo.

- Por favor, no me aprietes tanto que puedo morir, eres muy brusca - Decía debajo de mi brazo.

- Eres muy frágil - Dije refunfuñando mi mano sobre su pelo.

- ¿Frágil? ¿Yo? - Mofaba.

- Sí, tú - Lo apuntaba con un dedo - Me dices que no te apriete porque te duele, eso te hace frágil - Dije altaneramente, haciéndome notar mayor.

- Discúlpame, pero no fui yo la persona que se cayó de la bicicleta y se torció un tobillo - Golpe bajo.

- Eso fue un accidente, Ed - Dije.

- Debido a tu torpeza, Bells - Sonreía burlón.

- Oh - Solté.

- Eres tan tierna, tan tierna, Bella - Decía acariciándome la mejilla con su dedo índice.

- No digas esas cosas, sabes que mis mejillas se alocan - Dije bajando la mirada. Edward me abrazaba ahora.

- Pues, eres bastante tierna y … hermosa - Dijo Ed acercando su rostro pálido al mío.

- ¿Hermosa? Por favor, Ed, no seas bromista - La verdad nunca fue humildad decir que me sentía un patito feo, sino porque lo era en realidad, una niña sin ningún atributo. No sé por qué Steven se fijó en mí, ni por qué Edward había confundido la amistad, ni siquiera porque el chiquillo ese de Burker King me había dicho que era bonita. Estaban mal de la cabeza, por completo.

- Créeme, unos años más y serás más hermosa aún - Acercó su cara a la mía hasta el punto de sentir nuestras respiraciones tibias al lado del frío de la noche que nos rodeaba.

Edward besó casi sin presión mis labios, como aquella vez que me declaró lo que sentía. Se sentía bien, pero extraño. Era como besar a tu hermano por error cuando saludas muy rápido a alguien. Pero en el fondo se sentía tierno e infinitamente puro. No habíamos notado que justo la radio que teníamos encendida se disponía a tocar Let me kiss you de Morrissey, exactamente como si todo hubiese estado planeado.

- Perdón - Se separó Edward de mi labios - Fue un impulso.

- No, está bien - Me sonrojé, no me sentía enojada para nada. Esto se sentía bien y bueno, mal a la vez.

- Quiero crecer, y ser un hombre, así como papá, y amarte así como mis padres se aman, incondicionalmente, como dicen ellos - Decía con la mirada perdida en la nada.

- Comprendo ese tipo de amor, es como mi madre con su novio - Era exactamente igual, dos piezas que encajaban tan bien.

- ¡Escucha! - Decía Edward, llamando mi atención para que escuchará la letra de la canción.

" Pero entonces abres los ojos Y ves a alguien que desprecias físicamente,Pero mi corazón está abierto, Mi corazón está abierto para ti ".

- ¿Entiendes? - Dijo seriamente, esperando a que las palabras que salieran de mi boca fueran las que él esperaba escuchar.

- Entiendo - Hice una pausa para buscar las palabras - Entiendo, que me quieres, entiendo que te quiero, pero no es el momento Edward.

- Todo esto de Steven arruinó mi plan de acercarme de otra forma. La verdad no comprendo cómo puedes gustar de él, es tan egoísta, tan pedante, tan altanero y tu tan frágil y tonta cuando estás al lado de él - Decía como si hablase para si mismo, cómo si buscara una explicación.

- No sé, lo de Steven fue rápido, fugaz, pero aún así no creas que no he notado sus actitudes - Recordaba la discusión que habíamos tenido - Pero en el fondo es un buen chico, me gusta. Lo volveré a ver cuando volvamos a Port Angeles.

- O sea que, ¿Puedo confundirte en lo que queda? - Decía algo esperanzado. Era increíble lo persistente que llegaba a ser esta pequeña criatura.

- No habrá confusiones Edward - Fui firme.

- ¿No habrá confusiones? Pero me dices que el beso de recién no estuvo mal, que de una u otra forma te espere - Me miraba asqueado.

- Sí, es que … no sé como explicar todo esto, es algo, uhm, complicado, no sé - Balbuceé como una idiota.

- No sabes ni siquiera ser clara, estás confundida y no me reproches eso - Edward se puso de pie y apagó la radio, la música no estaba ayudando al contexto que estaba tomando esta conversación.

- Okay, está bien, estoy confundida ¿Feliz? - También me puse de pie.

- Bien - Entró por la puerta de la cocina que era la que nos llevaba al patio trasero de casa.

- Edward, no seas tan infantil - Fui tras él.

- Lo soy, tengo diez años, soy impulsivo y sentimental - Dijo dándose la vuelta para enfrentarme.

- Pero no te enojes, Ed - Puse mi cara de perro arrepentido.

- Quizás la comida hará que mi enojo pase - Era indescriptible la forma en que la comida podía cambiar el ánimo de Ed.

- La comida es tu fuerte, serás un gordinflón cuando grande - Dije cambiando el ambiente tenso que había hace unos segundos atrás.

- No lo seré, ya lo verás - A veces fantaseaba en como sería Edward de mayor, claramente una pila de mujeres andará detrás de él, podía asegurarlo con creces.

- Apostemos, gordinflón - Volví a bromear.

- Apostemos que tu serás bella en todos los sentidos - Decía.

- Okay, no apostemos nada - Refunfuñé.

- Vamos a comer, por favor, Bells - Dijo cuando yo cerré la puerta que daba al patio trasero.

- Calma, calentaré la pizza que quedó del almuerzo - Ya llevábamos una semana y contando en Forks, y la gran parte de la comida que habíamos ingerido era chatarra, de engordar, engordaríamos seguramente.

Edward se fue a la sala y encendió el plasma, creó que sintonizó caricaturas en Nickelodeon. Yo encendí el microondas y lo coloqué a baja potencia para que no se recalentara tanto la pizza y no perdiera el rico sabor a pepperoni fresco. Espere los cinco minutos y serví en una bandeja los trozos de pizza. Ya era tarde, Charlie ya estaba durmiendo y ya había comido la ración de la noche, en tanto, Douglas se había a las ocho de la tarde.

- Dan Ren & Stimpy, Bella - Decía contento - Apresúrate.

- Esperame, arreglo los trozos y sirvo gaseosa ¿Empezó recién? - Dije instigada.

- Sí, recién, debes venir, son muy buenos - Sabía que le encantaban esas caricaturas a Ed, el humor de esos dibujos era chispeante aunque me chocaba cuando los mostraban de cerca y se ven desaseados.

Caminé con unos vasos llenos de Coca-Cola y las dejé en una mesita pequeña que había entre el sofá y el televisor, cuando las dejé sobre la madera rustica del mueble Edward me sonrió. Volví a la cocina a buscar la bandeja con los slade de pizza y fui hasta la sala, los dejé en la mesita y me dispuse a hacerle compañía a mi mejor amigo.

- Que rica pizza - Dijo Ed.

- Sí, debe ser el hambre que nos hace encontrarla tan apetitosa - Mencioné comiéndome el pedazo de pizza a grandes bocanadas.

- Si - Dijo con la boca llena.

- Estos dibujos son geniales - Dijo Ed.

- Te encantan - Dije palmeándole la espalda.

- Todo es genial aquí contigo - Sonrió, lo mismo hice de vuelta.

Nos quedamos atentos mirando los dibujos animados, nos reíamos a carajadas, lo estábamos pasando bien. Me detuve a observar esto y era genial, los días que habían transcurridos se habían convertido en los mejores junto a Edward. No hacíamos mucho, más bien conversábamos con mi padre unas horas en los momentos de comer y a ratos veníamos a pedirle permiso para algo, pero al final, todo se reducía en un mundo en donde estábamos él y yo solamente. Todas las noches nos dormíamos a las cinco de la madrugada, nos quedábamos conversando, viendo alguna película o simplemente mirando el cielo, que tanto nos gustaba. A ratos ni recordaba a Steven, a ratos no quería volver a Port Angeles, me gustaba Forks, pero lamentosamente no sería así, volveríamos a casa en dos semanas más y todo volvería a ser como antes.

- Bella, ¿Veamos una película? - Preguntó cuando Ren & Stimpy había terminado.

- Uhm, tengo sueño, ¿Durmamos en la carpa mejor? - Resulta que hace dos días atrás jugábamos al cazador y la presa, y decidimos hacer la carpa en el patio para que el juego fuera más real. Jugamos solo ese día y no volvimos a ocupar más la carpa.

- Genial, pero llevemos comida ¿Si? - Decía con carita de niño bueno, la verdad esa era su cara de siempre.

- Sí, hay unas galletas y mantequilla de maní que podemos llevar para salir del paso - Dije.

- Cool, amo la mantequilla de maní - Decía relamiéndose el labio.

Ordenamos la sala y llevamos las cosas a la cocina, sacamos nuestra comida y fuimos a buscar nuestros pijamas y algunas revistas de comic.

- Bella, hace un poco de frío - Dijo chasqueando los dientes.

- Sí, claramente bajó la temperatura - Dije tiritando un poco - Pero es obvio, ya son las cuatro de la mañana.

- Me meteré en el saco - Dijo buscando el saco de color púrpura que teníamos. No sé si era bueno o malo pero este saco de dormir era para dos personas.

- No ocupo mucho espacio, así que acomódate - Dije un poco avergonzada.

- Ay, Bella. Eres un palito, alcanzarás bien. Este saco es espacioso - Pensé que Edward sacaría provecho de esto, la chica que quería tanto estaba a su lado durmiendo, pero su amabilidad y respeto eran grandiosos.

- Deja entrar yo primero - Dije sacándome los zapatos y metiéndome con gran torpeza.

- Bella, estás tiritando de frío. No es necesario que durmamos aquí, podemos entrar . Decía con preocupación.

- No, está bien - Me apresuré a decir - Esto es divertido.

- Si, pero conociéndote sé que mañana puedes enfermarte - Mencionó.

- ¿Puedes dejar de parecer mi padre y meterte al saco? - Dije refunfuñando.

- Si - Dijo cohibido parece que había sido demasiado autoritaria.

Edward se metió en silencio al saco, menos mal era un saco espacioso, no dormiríamos mal. Mis pies jugaban con los suyos y él reía cada vez que chocaban nuestros dedos, era indescriptible lo hermosa que se veía su sonrisa cuando reía, las comisuras de su boca eran perfectas y a cada lado se le formaban unas tiernas margaritas.

- Eres muy bonito, Edward - Dije y me sonrojé cuando me fijé que estaba pensando en voz alta.

- ¿Ah, sí? - Preguntó altaneramente.

- ¡Edward!

- Lo siento - Se rió bajito - Pero, ¿Por algo lo dijiste, no?

- Pues como amiga te digo que eres bonito - Dije ladeándome hacía su lado.

- Gracias - Dijo lascivo.

- Edward para con tu egocentrismo - Bufé.

- No es ego, es orgullo de saber que me lo está diciendo la niña más bonita del mundo - Dijo ladeándose para mi lado.

- Ah - Bajé mi rostro y lo enterré en la pequeña almohada que compartíamos.

- Un día dejarás de pensar que eres fea y notarás que eres bella e inteligente - Dijo seguro de si mismo - Y ese día … - No termino la frase.

- ¿Y ese día? - Seguí la frase.

- Ese día espero estemos juntos - Finalizó y ahora era él, el que estaba sonrojado.

Asentí entupidamente, no sé por qué.

- ¿No sabes nada de Steven? - Preguntó.

- No, nada, ni siquiera me ha venido a ver - Dije sin dar muchos rodeos al tema - Mejor a dormir ahora ya, ¿Si? - Estaba muriendo de sueño la verdad.

- Si, apagaré la linterna - Apagó el interruptor que estaba en la base de la linternita y todo quedó completamente oscuro.

Nos quedamos en completo silencio, el sueño ya estaba cayendo en nuestras cabezas y el cansancio pesaba en nuestros cuerpos. No tocamos la mantequilla de maní, pero ahí estaba en caso de alarma de hambre.

- Bella, te amo - El silencio seguía ahí.

- ¿Nunca dejarás de ser tan bueno conmigo, cierto? - Adoraba que me dijera 'te amo', más bien hace unos días me comencé a acostumbrar.

- Jamás, Bella - Sonaba firme - Pues, buenas noches, bonita de las pecas hermosas.

- Buenas noches, Edward de las comisuras de los labios bonitos - Agradecía que la luz estuviese apagada, mis mejillas eran víctimas de un incendio.

EPOV.

No podía creer que estaba presenciando esto, otra vez. El maldito de Steven estaba aquí, en casa de Charlie, el idiota había llegado a marcar territorio o quizás qué. Siempre la vida me terminaba golpeando de alguna manera, mi felicidad no podía durar mucho al parecer, solo esperaba que el día pasará rápido y este imbecil se fuera rápido. Las horas pasarían lentas y cada minuto sería agonizante.

- Así que eres amigo de Bella, Stev, que pequeño el mundo - Dijo Douglas.

- Sí, somos vecinos y muy buenos amigos - Al decir eso el imbecil me miró, diciéndome con la mirada que ni yo ni nadie podría separarlos o algo.

- Las vueltas de la vida si que son grandes - Protestaba el chico que a pesar de ser primo de Steven, era muy simpático.

- Si, somos vecinos - Dijo secamente Bella, sentí un alivio al notar que Bella no se sentía muy cómoda. Me acerqué a ella para darle seguridad.

- ¿Te quedarás todo el día? - Pregunté y traté de ser lo más amable posible.

- Sí, es que mi mamá tenía unas compras que hacer acá en Forks, y como sabía que Douglas estaba acá lo quise pasar a ver, pero nunca pensé que sería en la casa de la hermosa Bella - Dijo acariciando su brazo.

- Uhm - Bella estaba completamente incomoda, lo sabía - ¿Quieren comer algo?

- Yo encantado - Dijo Steven - Quiero probar tu mano para la cocina.

- Yo esta vez pasaré - Dijo Douglas - Aprovecharé la hora del almuerzo para ir a comprar unas medicinas que necesita tu padre, Bella.

- Oh, ningún problema, de todas formas te dejaré una buena ración de carne y mi puré de verduras, una delicia - Ahora Bella, bromeaba. Me encantaba esa personalidad camaleónica que a veces salía a flote.

Bella se marchó a la cocina para ir a hacer su plato que nos deleitaría en el almuerzo, no la quise seguir porque intuía que quería estar sola, no quería incomodidad. Lo peor es que me quedé solo con Steven. Prendí la televisión.

- Bien, es hora de las noticias - Dije sin ánimos.

- Súbela un poco más - Pidió Steven.

- ¿Está bien así? - Cuando el volumen iba en treinta y dos.

- Súbela dos rayas más - Hice caso, me sentía intimidado.

El chico de pelo bien peinado y ojos imponentes se acercó a mi, desafiante, mirándome con furor. Sentí un poco de miedo, tragué saliva.

- Sé que llevas aquí dos semanas, sé que aprovechas cada segundo con ella para confundirla y decirle que yo soy un mal tipo - El chiquillo tomaba mi hombro que fuerza y brusquedad, yo le miraba con miedo. Que frágil estaba siendo.

- Imagina lo que quieras - Dije tartamudeando.

- No lo imagino, lo sé, lo intuyo, veo como la miras - Dijo tomándome con más fuerza.

- Seré menor que tú, pero no dejaré que me pisotees - Dije soltándome de su mano.

- No te hagas el valiente, no te metas conmigo, esto puede terminar mal - Gruñó.

- ¿Ah, sí? Pues por Bella soy capaz de correr el riesgo - Ahora yo me imponía, era menor pero éramos del mismo tamaño, no tenía que interiorizarme a mi mismo - Ella tarde o temprano se dará cuenta del tipo de persona que eres. Un patán.

- Cuida tus palabras niñito, puedes salir perdiendo - Ahora me lastimaba el brazo.

- ¿Me estás amenazando? - Pregunté-

- ¿Llamarás a mami para que te venga a defender, mocoso? - Sus ojos hervían. De él solo emanaba maldad.

- No, me puedo defender solo, imbecil - Solté.

- Cuidado, Edward - Golpeó mi hombro con dureza y gemí de dolor.

- Esto lo sabrá Bella - Mencioné mientras me sobaba mi hombro.

- Si llegas a decírselo a Bella, te rompo tu bella cara, mocoso - Pasó su dedo por mis mejillas. Ahora temía, me sentía completamente amenazado - Puedes bajar el volumen del televisor.

Me moví pero de manera inmóvil, me sentía asustado, impresionado, miedoso. Este chico acababa de amenazarme ante cualquier acercamiento con otras intenciones hacia Bella.

- ¿Por qué la televisión sonaba tan fuerte? - Bella venía de la cocina.

- Eh - No sabía que decirle.

- Había un problema, el volumen no se podía bajar - Interrumpió Steven.

- Ah, esto de la tecnología - Dijo sonriente mi Bella.

- ¿Steven quieres conocer a mi padre? - Más que algo formal era por educación, Charlie era el dueño de casa y merecía conocer a este espécimen que pisaba su casa.

- Bu-bueno - Balbuceó y no sé por qué, a lo mejor temía que Charlie pudiese haber escuchado nuestra especial plática, pero era imposible que hubiera escuchado.

Bella me miró haciéndome entender que tuviera paciencia por hoy, por ella lo haría todo. Subió con Steven y me quedé sentado en el sofá mirando el techo, me sentía tan mediocre, tan débil, tan diminuto, completamente inferior.

Pero este chico no me vería caer, por nada del mundo. Era capaz de luchar por mi Bella, era capaz de luchar por lo que prometía ser algo hermoso más adelante. Nací para estar con ella y ella conmigo, encajábamos, somos piezas perfectas.

Me quedé mirando la televisión largo rato, solo escuchaba murmuros del segundo piso, no quise prestar atención ni descifrar lo que hablaban. Fui a colocar la mesa, necesitaba ocupar el tiempo en algo para no pensar.

- Oh, que bien colocada quedó la mesa, Ed - Llegó Bella y me abrazó, frente a Steven. Se sentía bien.

- ¿Cómo está Charlie? - Pregunté ya que solo lo había ido a saludar en la mañana.

- Bien, dijo que bajaría a almorzar con nosotros - Bella parecía muy contenta por eso, yo también. Habíamos visto una gran evolución en él durante estas semanas. Solo quedaba que la pierna sanase por completo, el brazo iba muy bien.

- ¿Bella? - Se metió Steven entre nuestra pequeña conversación - ¿Tu padre sabe que somos novios?

- No somos novios, Steven - Mencionó Bella muy pero muy seria.

- ¿Por qué? ¿Acaso este perdedor es tu novio? ¿Me engañas? - Bella se rió sarcásticamente. Amé eso.

- Porque no quiero ser novia de nadie. Este perdedor que tu dices es mi mejor amigo y no dejaré que lo trates así y por favor, no hables estupideces como decir que te engaño, no somos nada más que amigos - Terminó de decir MI Bella.

- Antes de venirte a Forks dijiste que lo intentaríamos, que me dejarías conquistarte - Decía sorprendido por la respuesta de Bella, ahora él era el perdedor.

- No dije nada, solo dije que nos teníamos que conocer mejor - Bella tomó el control remoto para cambiar la televisión al canal de videos musicales.

- Estoy segura que este mocoso es el culpable de que pienses así ahora, ni siquiera me tratas como antes, no me tomas la mano, no me abrazas, eres una fría total - Dijo Steven.

- Si, soy así. Si te gusta bien, si no bien también - Bella era firme.

- Terminarás buscándome Isabella Swan - Dijo prepotentemente.

- Verás que no - Dijo Bells.

- Me voy, quédate con tu mocoso amigo - Me miró - Tú las pagarás caro, niñito.

- Pues me quedó con él - Y Bella me tomó de la mano. El rostro de Steven se veía enfurecido, se veía mal. Está vez el perdía, pero seguía temiendo las amenazas de Bella, no sabía si decirle o no - Ahora puedes irte por donde llegaste.

- Me voy porque yo quiero, adiós. Recuerda mis palabras, Bella.

Bella se quedó en silencio, un poco impactada por todo esto, estaba helada. Aún tomaba mi mano, se sentía bien, Bella me defendió.

- No puedo creerlo - Dijo Bella - Pensé que sería más comprensivo, en algún momento sentí miedo en sus palabras.

- También - Hice una pausa larga - Bella, él me amenazó.

- ¿Qué? ¿Te hizo daño? - Me miraba preocupada.

- No, nada grave, solo un empujón. Pero no me refería a ese tipo de amenazas, me amenazó a que no me acercará a ti, Bells.

- Oh, por Dios - Me abrazó fuertemente y la abracé de vuelta - No dejaremos que ese tipo se acerque a nosotros, no dejaré que te haga daño.

- Oh, Bella - Puse mi cabeza en su hombro y me deje querer y consolar.

- Tranquilo, él no puede hacernos nada. Aparte estamos en Forks, ¿Te parece invitar a Rose y Jasper estos días, para apaciguar las cosas? Aparte así ves a tus hermanos - Tan dulce que era.

- Me parece una buenísima idea - Respondí alegre - Pero por hoy me parece mejor idea que pintemos, que vuelvas a lo que te gusta. Haz un retrato mío - Pude ver la impresión de mi idea en su rostro.

- ¿Un retrato tuyo? - Dijo absorta.

- Sí, retrátame, Bella - Dije emocionado.

- Está bien - Sonrió - Déjame servir el almuerzo que ya debe estar listo, ¿Ayudarías a Charlie a bajar, Ed?

- Por supuesto, hermosa - Bella se sonrojaba otra vez.

Bella se marchó y yo fui al segundo piso a buscar a Charlie. Pensaba en que a pesar de este extraño altercado con Steven, esta era mi oportunidad para que Bella se acercase más a mí de otra manera, estos días estaban siendo fenomenales y tendría que aprovechar cada segundo compartido con ella. Sé que no seríamos nada, porque somos niños, pero el solo hecho de saber que le gustaba a Bella, sería un gran paso para esto, no podía pensar en otra chica, no podía.

Me quedé como un idiota parado a mitad de la escalera pensando en como sería mi vida cuando grande con Bella. Ella y yo viviendo juntos, viajando por el país, o quizás fuera de él. Ella y yo despertando cada mañana juntos, desayunando juntos, compartiendo nuestros días. Irme a las obligaciones del día, volver en la noche y encontrarla a ella esperándome. Toda esta ensoñación era culpa de mis padres porque eran mi ejemplo para esto, un amor tan incondicional que yo también deseaba tener algún día.

- Chiquillo, ¿Qué haces ahí? - Me despegué de los pensamientos.

- Oh, tío, me pilló divagando - Dije - Lo ayudo a bajar - Me apresuré a tomar su brazo libre.

- Gracias, Ed - Agradecía sonriéndome - ¿Y el chico ese?

- ¿Steven? - Pregunté.

- Si, él - Decía en un tono no muy amable.

- Se fue, parece que tenía que hacer - Mentí.

- Ah, menos mal se fue, no me agradó para nada, diría que tenía intenciones con mi hija - Decía un poco serio - Mataré a cualquiera que se acerque a mi hija por ahora - Tragué saliva.

- Yo también me atrevería a decir que él tiene intenciones con Bella - Traté de disimular mi interés.

- Cuídala, Edward. Ustedes son como hermanos, cuídala - ¡Rayos!

- Lo prometo, señor - Esto dolía un tanto.

- Déjame aquí, Ed, puedo caminar hasta la mesa - Dijo Charlie, aunque se veía que aún le costaba trabajo caminar.

- Bien - Cambié la televisión al canal de futbol que tanto le gustaba al padre de Bella.

- Huele exquisito - Decía Charlie.

- Decir que Bella es una experta en la cocina es lo mínimo - Sonreí.

- Sí, esta chica sabe - Decía gracioso.

- ¿Hablan de mí? - Salía Bella de la cocina, traía consigo una bandeja con la apetitosa carne que aún humeaba por lo caliente.

- Sí, querida, hablamos de tu don para la cocina, es innato - Decía casi orgulloso Charlie.

- Ay papá, todo fue gracias a mamá que me enseñó, luego fui yo poniendo de mis toques de cocinera autodidacta - Mencionó muy modesta.

- ¿Bella, te ayudo en algo? - Quise ayudar.

- No, solo queda traer el puré. Siéntate mejor, ¿Te lavaste las manos?- A veces Bella me trataba como mamá.

- Si, mamá - Bromeé.

- Deja de controlar todo, Bella. Pareces un adulto, trae el puré, siéntate y disfruta de tu comida - Reclamó Charlie.

Sin duda alguna, la comida de Bella era la mejor. Tenía un toque especial que hacía que te tomarás el tiempo en saborear la textura y los sabores del bocado. Ella era grandiosa en todos los aspectos, maravillosa. La carne estaba salada en su punto exacto y el puré de verduras estaba muy cremoso, era un almuerzo simple, pero que hecho por las manos de Bella, lo hacía el manjar de los manjares.

- Esto sabe muy bien - Protestó Charlie.

- Gracias - Dijo de verdad agradecida.

- Sí, cocinas de maravilla - Aproveché de mencionar.

- Ya paren, par de aduladores, terminaré como un tomate de lo roja - Dijo por sus mejillas que ya se sonrojaban, pero ese detalle la hacía más hermosa, sus mejillas demostraban sus verdaderas emociones.

Ambos nos reímos a carcajadas lo que hizo que Bella nos mirará con odio, mientras sus mejillas hacían juego con el mantel rojizo de la mesa. Los tres devoramos el almuerzo, sabía muy bien. Ninguno mencionó el tema de Steven, gracias a Dios no fue así, odiaba escuchar ese nombre y odiaría que este momento fue arruinado con ese nombre que pertenecía a ese vil chico.

Nos quedamos con Charlie viendo y discutiendo sobre el partido que transmitían por la televisión. Bella era una completa ignorante sobre este tema, pero celebraba con nosotros cuando el punto era a favor nuestro. Más tarde Bella trajo el postre, un pudín de chocolate, que esta vez no era preparado por las manos de ese ángel de ojos verdes, pero de todas formas sabía rico.

- Si quieren pueden ir a jugar - Dijo Charlie - Unos amigos pasarán a verme.

- ¿Seguro, papa? Tenemos tiempo de sobra para acompañarte - Aunque la verdad ya quería estar a solas con Bella.

- Paff - Chasqueó la lengua - Vayan a divertirse, se los ordeno - Decía Charlie.

Tocaron el timbre.

- Yo abriré - Me ofrecí. Fui hasta la puerta hecha con madera de roble y vidrio.

- ¡Hola! - Oh no, era ese chico que habíamos conocido el otro día en Burger King.

- Ho-hola - Atiné a decir.

- Hola muchacho, soy Billy Black, venimos a ver a Charlie, ¿Tu quien eres? - Decía un tipo un poco alto, de tez morena y su pelo un poco largo, parecía tener ancestros indígenas.

- Yo soy Edward, amigo de la hija de él - Titubeé - Pasen - Indiqué. Jacob me miraba feliz, o quizás era su chispeante personalidad, que al fin de cuentas me agradaba pero no podía dejar de recordar que le había echado el ojo a mi Bella.

Los dos, padre e hijo al parecer, pasaron a la sala. Se saludaron fortuitamente, parecían ser muy buenos amigos. Billy traía comida chatarra, "Oh no, más comida chatarra", pensé. Adularon la belleza de Bella por un momento, quien aún era ajena a reconocer que era preciosa.

- Así que conocías a mi padre - Dijo Bella cuando nos encontrábamos los tres en el patio trasero.

- No, es primera vez que vengo para acá, solo mi padre venía -Dijo cordialmente.

- Oye, ¿Juguemos a las escondidas? - Propuse, la verdad me caía muy bien Jacob, hasta el momento.

- Ya - Dijo Bella.

- Yo comienzo - Dije para ser más justos ya que yo había propuesto el juego.

Comencé a contar tras un árbol grueso que había y escuché los pasos rápidos que daban Bella y Jacob cada uno escondiose en algún lugar. Bella se reía a lo lejos como tonta, siempre le pasaba lo mismo cuando jugábamos, siempre la terminaba encontrando. En cambio Jacob parecía ser bueno en esto, no se sentía nada de él.

- … Veinte - Terminé de contar.

Bella seguía riéndose bajito, pero la podía escuchar. Fui directamente hacia donde se escuchaba, quería ver su cara de impresionada por haberla encontrado y correr hasta el árbol mucho más rápido que ella.

- ¡Te encontré! - Dije apuntándola con mi dedo índice.

Salí corriendo como una bala hasta el árbol en que hice la cuenta hasta veinte y para mi asombro ahí estaba Jacob, el muy cretino era muy bueno y me ganó, no tuve la oportunidad de buscarlo.

- ¡Un, dos, tres, por mí! - Pero parecía ser inteligente solo para jugar, podría haber salvado a Bella también.

Miré a Jacob con malicia por haberme ganado.

- Eres bueno ¿Eh? - Dije simpático.

- Parece serlo - Dijo él.

- ¡Un, dos, tres por Bella! - Dije fuertemente cuando Bella llegaba al árbol.

- No juguemos más - Decía a regañadientes.

- No, perdiste es tu turno contar - Dije.

- No quiero - Dijo la chica de mis sueños.

- Yo contaré, pero solo por ser buena onda - Dijo Jacob. Parecía que seríamos buenos amigos, era un chico divertido.

Jacob se puso a contar los número muy fuerte, era un niño debilucho, pero fuerte, y voz también lo era.

Bella me tomó de la mano y me sorprendí, se supone que debíamos ocultarnos por separado o sino nos encontrarían al mismo tiempo y perderíamos.

- Ven - Nos adentramos un poquito en el bosque que daba por detrás de la casa de Bella.

- No vayamos muy lejos, no es justo - Dije.

- Ay, Ed, es un juego, la idea es que le cueste encontrarnos - Dijo graciosa. No había notado que se había tomado el cabello en una coleta alta, se veía hermosa. Su cabello le había crecido un tanto estas semanas.

- Te ves bonita - Dije tímido. No sé porque Bella no notaba lo hermosa que era, a veces ella me cohibía.

- No digas eso - Dijo sonrojada.

Nos ocultamos en un arbusto muy frondoso, me pinché con algunas ramas pero fue lo mínimo. Nos acomodamos de manera tal que su cara quedó en frente de la mía.

- Aquí está bien - Dijo Bella. En este preciso momento sus ojos hacían juego con el verde de las hojas del arbusto.

- Sí, pero me lastimé la mano con una rama - Le mostré el rasmillón que tenía en la palma de mi mano, solo salía un hilito de sangre.

- Oh, no la toques se puede infectar. Cuando lleguemos a casa te curaré - Dijo muy dulcemente.

- Gracias, hermosa - Sonreí.

Nos quedamos en silencio porque Jacob nos podría encontrar y era lo que menos queríamos. La idea era que siguiera buscando más allá del arbusto y aprovechar esa ventaja para salir corriendo y salvarnos, pero Jacob no aparecía.

- Me lamentaré por hacer esto, pero debo hacerlo - Dijo Bella al cabo que yo no comprendía lo que estaba diciendo.

- ¿A qué te refieres? - Pregunté curioso.

- A esto .. - Y estampó sus carnosos labios sobre los míos, esto era el cielo, el paraíso, la alegría más grande.

Esta vez no era yo el osado que se lanzaba en contra de sus labios, no era yo el que parecía un ladrón de besos y le arrebataba uno a esta señorita, sino que era ella la que había tomado la iniciativa y me entregaba sus labios para ser deleitados. Fue un beso tierno, como los de siempre, un beso en que sus labios hacían juegos con le mío mientras mi corazón no paraba de latir con fuerza. Se separó de mí y la miré a los ojos y solo ví una cosa, ella gustaba de mí de la misma forma que yo de ella, pero no era el momento, solo éramos niños.

- Yo … lo siento - Bajó la mirada a o que yo tomé su mentón con mi mano para ver esos ojos que me hacían sentir más amor.

- No te disculpes, esto fue grandioso - Dije sin poder contener mi emoción. Bella me había besado para demostrarme que yo era suyo y ella mía. Que eramos amigos pero que no perdiera la esperanza, que algún día la chica de mis sueños ya no estaría más en mis sueños sino que al lado mío, compartiendo nuestras vidas.

- Edward, yo … - Balbuceaba, pero aún así era hermosa - Yo, bueno … tu me gustas.

Bella soltaba las palabras que tanto quise oír desde el momento en que mi amistad por ella se volcó a amor. En cualquier momento explotaría en felicidad, no sabía si abrazarla o besarla otra vez, tenía que mantener la calma, pero no podía.

- Bella no hables más - Me acerqué y volví a besarla tiernamente. Solo podía ser feliz en este momento, poco me importaba si Jacob nos encontraba, si perdía este juego daba lo mismo, había ganado la batalla más grande, conseguir que Bella se fijará en mí. Por un momento pensé que todo el lío con Steven por la mañana había sido perfecto para que Bella abriera los ojos y así también su corazón, para que aclarara sus sentimientos.

- Eres la razón de mi existencia - Dije sin pensarlo dos veces.

Bella me miró y ví como una lágrima tímida salía de su ojo, se acurrucó en mis brazos y me apretó con fuerza.

- Te quiero, Edward, te quiero. Por favor espérame - Decía con honestidad, pura honestidad.

- Lo haré hermosa, lo haré - Murmuré cuando sobaba la espalda de mi Bella.

Este había sido el momento culmine, el momento exacto para admitir que me sentía pleno. Desde ahora jugar a las escondidas se había vuelto mi juego favorito, siempre había una sorpresa al momento de escondernos y si la sorpresa era un beso del ser más bello que existía en la tierra, simplemente podía morir feliz después de eso.

Bueno chicas, amé este capítulo, espero les haya gustado. ¿Así que Jacob amigo de Edward? Veamos como resulta esto. Un dato freak, Billy en este fic no usa silla de ruedas, no quiero que sea algo tan literal a la novela de Meyer. ¿Y Steven? Que mal chico no, pero al final lo terminarán amando, solo al final de toda esta historia, ya verán. Como siempre les doy mis grandes y más preciadas condolencias por leerme tan incondicionalmente, no tengo nada que darles, solo líneas escritas por mí y un ratito de entretención, y agradezco que les guste leerme. No se imaginan como salto de alegría cuando me preguntan por el fic, porque me demuestra que les interesa, y saben muy bien que me preocupo por ustedes, les mando la actualización y estoy dispuesta a responder cualquier pregunta que tengan, me debo a mis lectoras y nunca me cansaré de hacerlo. Dejen sus reviews o sus comentarios en twitter /chica_stewart o DM, siempre contesto. Las adoro un montón, besos y abrazos de parte de Mary :)