La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a limona y tengo su permiso para traducirla n.n

Cinder-fucking-ella -Sería algo como "Ceni-jodida-cienta." Decidí no traducirla porque no me gustaba como quedaba. Pero por si acaso, ya saben lo que quiere decir

QHLPDE - Recuerden el lema de Bella. ¿Qué haría la prometida de Edward?


Capítulo 6


Viernes, Marzo 28 de 2008

Bella

Esta semana había sido la mejor que había tenido en meses. El martes en la noche, tuve mi primera noche de buen sueño en no se cuanto tiempo. Sin pesadillas. También dormí las noches del miércoles y del jueves. La diferencia en mi perspectiva del mundo después de tres noches de profundo sueño era increíble. Incluso mi apetito estaba regresando. Me sentía como una mujer nueva.

También me veía como una mujer nueva. Nunca en mi vida, hasta ahora, había usado un traje de noche. Edward y yo íbamos a asistir a una gala de caridad en beneficio de la educación de los niños con autismo. Yo no estaba segura de cómo vestirme con ropas caras ayudaba a los niños, pero Edward me aseguró que la gente asistiendo también había escrito significativos cheques para la causa. Cuando señalé que los cheques podrían ser mucho más grandes si el dinero gastado en la gala fuera dirigido hacia los niños, él se rió y me dijo que la gente rica necesitaba la gala de modo que pudieran darse palmaditas en la espalda.

Descendí las escaleras cuidadosamente, consciente de las zapatillas ridículamente altas sobre las que Alice había insistido. Estaba tan ocupada mirando la ubicación de mis pies que no vi a Edward hasta que él tomo mi brazo al final de los escalones.

Fue bueno que él me estuviera sosteniendo cuando lo vi, porque de lo contrario de seguro me hubiera caído tan pronto como lo viera.

No importa la cantidad de veces que hubiera visto a Edward en el pasado, ninguna me podría haber preparado para la forma en que se veía de esmoquin. Su cabello normalmente revoltoso había sido domado para la noche, la primera vez que lo había visto así. Si pensé que quería pasar mis manos por su cabello cuando estaba alborotado, no era nada comparado con el deseo que tenía ahora de despeinarlo. Y él estaba tan cerca de mí, con su brazo sobre el mío. Sería un milagro si lograba sobrevivir a la noche coherente.

Sentí los ojos de Edward sobre mí y de manera tímida encontré mis ojos con los suyos. Al estar tan cerca, el calor de su mirada era inquietante. Él se acercó más hacia mí y murmuró en mi oído, "te ves deslumbrante esta noche."

Tragué con dificultad. Traté de no sonar fría e indiferente, pero todo lo que pude pronunciar fue un chillón, "tú también."

Un chofer nos llevó hasta la gala de caridad y los flashes se activaron mientras Edward me ayudaba a salir del auto. No vi a los fotógrafos porque Edward mantuvo su cuerpo entre ellos y yo. Al principio había pensado que era una coincidencia, pero él me escudó exitosamente de los fotógrafos tanto como fue posible todo el camino hasta el edificio. Sentí una oleada de afección por él.

Primero tuvimos la cena y me alivió que Alice se hubiera tomado el tiempo para hablarme mientras ponían la mesa. Las sillas estaban tan cerca que era difícil decir qué cosas pertenecía a quien. Casi estiro mi mano por el plato de pan de Edward a mi derecha, pero escuché a Alice cantando en mi cabeza la tierra está a tu izquierda, el agua a tu derecha. (NT/ No me pregunten porq yo tampoco entendí)

Hice conversación lo mejor que pude, pero en su mayoría escuché a Edward. Él estaba en su elemento, encantando y conversando de manera inteligente sobre una variedad de temas. Si alguien me hubiera preguntado después, no podría haberles contado qué dijo, pues estaba más interesada en escuchar su voz.

Después de la cena, nos movimos hacia el salón de baile.

El salón era enorme. La mitad de éste estaba organizado con mesas para postres o para socializar, la otra mitad estaba arreglada para bailar.

Edward me guió hacia una mesa donde deposité mi cartera.

"¿Te gustaría una copa de vino?" Preguntó.

Le dije que prefería agua. Después de mi última experiencia con el vino, el que me había dejado lista para lanzarme a sus brazos, no estaba exactamente lista para probarlo de nuevo. Aunque si me le tiraba encima en público, ¿no tendría él que seguir el juego? Esa era una idea intrigante, pero lo que menos quería era hacerlo sentir incómodo conmigo. Habíamos estado trabajando tan bien últimamente; no quería arruinarlo.

Edward regresó con una copa de vino rojo para él y un vaso de agua para mí. Tomamos y charlamos, y luego él me hizo la pregunta que yo había estado temiendo.

"¿Bailarás conmigo?"

Sacudí mi cabeza. "Lo siento, pero yo no bailo."

Él frunció el ceño. "Bella, bailar es lo que la gente hace aquí."

"Lo se, pero sabes lo torpe que soy. No puedo bailar para nada."

"¿Un baile? No te haré enredarte, lo prometo".

Sus ojos me suplicaron, y casi sucumbo. Pero entonces la visión de mí mutilando sus pies desfiló por mi cabeza. La gente nos vería en la pista de baile y vería la incompetente bailarina que era. Nadie podría creer jamás que estábamos juntos. Peor, algún fotógrafo probablemente sacaría una foto para inmortalizar mi pena.

"Lo siento, Edward, es que no puedo."

"¿Por favor?"

Sacudí mi cabeza.

Él suspiró y alejó la mirada.

Estaba iba a ser una larga noche.

Después de varios minutos de silencio, me disculpé para ir al baño de damas. Cuando regresé, hice mi camino por entre las mesas hacia donde había dejado a Edward, acercándomele por detrás.

Él estaba sentado en nuestra mesa charlando amigablemente con una pelirroja de piernas largas parada junto a él.

Me congelé. Apenas podía entender su conversación.

"¿Por qué estás sentado aquí?" Preguntó, su voz un demasiado melosa para mi gusto. "Esperaba que estuvieras bailando."

"Hola para ti también."

"¿Dónde está esta prometida tuya sobre la que he escuchado?"

"Se fue."

"Que malo," dijo, su voz ni remotamente sincera. "¿Bailarás conmigo esta noche, o estás salvando todos tus bailes para tu corazoncito?"

"Ella no baila."

"¡No! ¿Y de todas formas te estás casando con ella? Debe ser fenomenal en la cama."

Edward soltó una sonrisa ante eso, lo que ella tomó como una invitación.

"Bueno, si ella no baila de seguro no te concederá de mala gana unos pocos bailes conmigo."

Edward dudó.

"Vamos, Edward. Eres un bailarín maravilloso. Sería un crimen que te sentaras en una mesa toda la noche." Ella tomó su mano y él se puso de pie.

Edward echó un vistazo alrededor. ¿Me estaba buscando? Casi lo llamé, ¿pero qué le iba a decir? A menos que fuera a decirle que bailara conmigo parecía ridículo evitar que bailara con alguien más. Real y honestamente no estábamos comprometidos, después de todo.

Él la guió hacia la pista de baile. Yo los vi bailar. Ambos eran bailarines extremadamente buenos. La gente alrededor de ellos se hacía un lado mientras ellos giraban por la pista. Ambos parecían estar hechos uno para el otro y eso me hizo sentir de lo peor. Permanecí fuera de la vista de Edward, más mis ojos permanecieron pegados a él. Él bailó tres canciones con ella, cada vez sosteniéndola más cerca que en la última. Al final del tercer baile, vi sus cabezas bien juntas. Estuve casi segura que Edward la besó antes de acompañarla fuera de la pista de baile.

Ellos no regresaron a la mesa, por lo que decidí que era seguro regresar allí sola. Al menos Edward sabría donde encontrarme cuando estuviera listo para irse. Si es que estaba planeando irse conmigo. Me serví un vaso de agua y traté de no pensar en las cosas que él podría estar haciendo con esa otra chica.

Le serví de niñera a mi agua, sintiéndome completamente lamentable, aún cuando no tenía razón para hacerlo. No es como si él me estuviera engañando. Yo no tenía derecho sobre él. Al pretender ser mi prometido, él me estaba manteniendo a salvo. En ningún lugar nadie me había dicho que él tenía que pretender ser un prometidofiel.

Dos mujeres se sentaron juntas en el lado lejano de la mesa. Estaban chismoseando y no de forma muy disimulada. Una de ella tenía el cabello largo y rubio teñido. La otra tenía cabello ondulado color café. Ambas estaban vestidas inmaculadamente.

La rubia dijo, "¿Escuchaste que Edward Cullen se comprometió? Supuestamente la trajo esta noche."

La morena dijo con brusquedad, "lo creeré cuando lo vea. Yo estaba saliendo con él el mes pasado. Han pasado qué, ¿unas pocas semanas?"

"Él se mueve rápido, escuché que ella es pobre."

"Eso no me sorprendería. Todos los chicos ricos quieren jugar al Príncipe Encantador de Cinder-fucking-ella. ¿Sabías que Rosalie Cullen era una stripper antes de conocer a Emmett?"

"No te creo, Jess. Escuché que era mesera en un bar."

"La misma vaina." La que se llamaba Jess movió su cabeza. "En cualquier caso, ella nunca estuvo ni remotamente cerca de la liga de Emmett."

La rubia estuvo pensativa. "¿Crees que él le es fiel? Yo estaría dispuesta a un poco de acción extra con él."

"No se y no me importa. No puedo creer que Edward terminara conmigo para comprometerse con cualquier zorra barata."

"¿Cómo sabes que es una zorra?"

"Nadie se compromete así de rápido a menos que el sexo sea asombroso."

"¿No es ese él, por allá, bailando con Tanya?"

No pude resistirlo más. Que Edward aparentemente hubiera salido con una de estas… mujeres era suficientemente malo. Que ellas estuvieran hablando mal de Emmett y Rosalie era grosero. ¿Y ahora estaban creándose un chisme sobre mí? Ugh.

QHLPDE?

La copa de vino rojo de Edward estaba aún sobre la mesa, casi sin tocar. Empujé mi silla hacia atrás y me paré, levantando la copa de vino. Esas dos chicas estaban tan concentradas en su malintencionado chisme que no creo que se dieran ni cuenta de que yo estaba en la mesa, mucho menos que ahora estaba de pie.

Tan casualmente como pude, caminé alrededor de la mesa. Cuando me le acerqué a la chica de cabello café, accidentalmente –a propósito- tropecé.

Vino rojo salpicó por todo su vestido amarillo.

Su respuesta fue inmediata. "¡Tú, maldita! ¡Mira lo que hiciste!"

"Lo siento tanto," dije, mostrando una sonrisa falsa.

"¡Este es un Valentino original!"

"No importa. Ya sea que tu vestido está manchado o limpio, no tienes lo que se necesita para atrapar la atención de ninguno de los hombres Cullen."

"Como si tú pudieras."

Dejé que mi mano se alzara hasta mi pecho, asegurándome que mi anillo atrapara la luz. "Edward parece más que satisfecho."

La voz de la chica tomó un tono de puro veneno. "Te compadezco cuando descubras lo corta que es la capacidad de atención de Edward."

"No contengas el aliento. Cuando él puso este anillo sobre mi dedo me dijo que el sexo conmigo era el mejor que había tenido jamás." Le dirigí una última sonrisa falsa y luego agarré mi cartera. "Oh, y me aseguraré de decirle a Rosalie que le mandaron sus saludos."

Me fui indignada hacia otra mesa al otro lado del cuarto y me senté. No tenía idea de qué hacer conmigo misma.

"¿Está tomado este asiento?"

Levanté la mirada sorprendida y vi un hombre alto de mediana edad parado junto a mí. Su boca estaba torcida en una medio sonrisa y me di cuenta que estaba esperando una respuesta.

"Um, no, no lo está," tartamudeé.

Él sacó la silla junto a mí y se sentó. "Detesto estos eventos, ¿tú no?"

"Este es mi primero," respondí. ¿Entonces, por qué venía si los odiaba? Lo miré más de cerca. Él era considerablemente más viejo que yo, pero era moreno y bien formado, me lo imaginé como la clase de hombre con una joven esposa-trofeo.

"¿Qué está haciendo una hermosa chica como tú aquí sola?"

Estaba a punto de responder, pero en cambio casi salté cuando sentí una mano sobre mi hombro.

"Ella no está sola," dijo la suave voz de Edward.

"Edward, que bueno verte," replicó el hombre en una agradable voz que no hizo nada para persuadirme de que era sincero. "Debí haber sabido que esta encantadora dama no estaba aquí sola."

"Lauren, conoce a mi prometida, Bella."

"Bella, el placer es mío."

Estiré mi mano para sacudir la suya, pero el atrajo mi mano hacia sí y la besó en cambio. El agarre de Edward sobre mi hombre se apretó.

"Bella y yo nos estábamos yendo, ¿quizás podremos ponernos al día en otra ocasión?"

"Por supuesto, Edward." Lauren de dirigió una rápida sonrisa y luego se alejó despacio.

Me puse de pie y miré a Edward a la cara. "¿Nos vamos?"

"A menos que quisieras quedarte más tiempo." Casi pareció que él le había dirigido una mirada mordaz a la figura de Lauren que se alejaba, pero debo habérmelo imaginado. Ese hombre era probablemente quince años mayor que yo. Edward no podría pensar que yo estaba interesada a alguien así. Y además, estábamos en público, yo no soñaría con poner en peligro la reputación de Edward en frente de toda esta gente que él conoce. No importa que él no tenga tales reparos cuando mis sentimientos están involucrados, añadí silenciosamente.

Sacudí mi cabeza, de repente cansada. "Vamos a casa."

Edward tomó mi mano en la suya y me guió fuera. Por ese momento, me permití olvidar toda la noche y me concentré mejor en la sensación de su mano sobre la mía.

"¿Cuánto dura una gala como esta?" Pregunté, cuando un vistazo al reloj del auto me dijo que eran sólo las 9 P.M.

"Hasta tarde."

"¿No es un poco temprano para irse?"

Edward se encogió de hombros.

Quise preguntarle si la había pasado bien bailando con Tanya, pero temí resultar sonando sarcástica, por lo que no lo hice. También, temí que pudiera llorar, y aunque mi rimel era supuestamente a prueba de agua, no quise verme como un mapache.


Sábado, Marzo 29 de 2008

Se supone que íbamos a la casa de los padres de Edward hoy.

Cancelé nuestros planes con la excusa de estar enferma y me confiné dentro de mi habitación.

Yo no estaba enferma en el sentido tradicional de la palabra, aunque le dije a Edward que me dolía la garganta y la cabeza. Me sentía enferma porque, bueno, sólo porque sí.

No era porque lo vi anoche divirtiéndose con otra chica y eso me hizo sentir inferior. No era eso.

Si, si lo era.

El día que lo conocí supe que él estaba totalmente fuera de mi liga. ¿Entonces, por qué dolía tanto ver la evidencia?

Edward me estaba manteniendo segura pretendiendo estar comprometido conmigo. Me estaba haciendo un gran favor y yo no tenía derecho a pedirle nada más. ¿Así que, y qué si estar con él lastimaba mi ego un poco?

Este era un precio que pagaría por testificar contra los Volturi. Yo era fuerte. Yo era adaptable. Podía manejarlo.

Si, yo podría manejarlo muy bien. Era por eso que me estaba escondiendo en mi habitación, pretendiendo estar enferma.


Domingo, Marzo 30 de 2008

Edward se fue en la mañana por dos semanas en Haití y yo no estoy segura si alguna vez había estado tan agradecida por la ausencia de alguien.

Ayer, él siguió tratando de hacerme sentir mejor. Cada cuatro horas, como relojito, me trajo Tylenol. Incluso salió y me compró sopa para almorzar.

¿Cómo podría yo culparlo por no notar que su amabilidad me estaba haciendo sentir peor? Odiaba que me molestara verlo con alguien más. Odiaba mentirle, especialmente cuando estaba tratando tanto de ser bueno conmigo. Odiaba saber que mi presencia era una molestia para él, interfiriendo en el camino de su vida romántica. ¿Y si él conocía al amor de su vida y ella no lo volteaba a mirar dos veces porque pensaba que él estaba comprometido conmigo?

Quizás ahora que él no estaría por algún tiempo yo podría dejar de pensar en él y en esa mujer, Tanya. Él estaba en todo su derecho de coquetear con quien quiera que quisiera. Nosotros no estábamos comprometidos. Él no me debía nada. Yo le debía a él todo.

Todo el día me la pasé dando vueltas por la casa como un alma en pena. Cuando Alice llamó para ver si quería ir a visitarla y a cenar, hablé con voz ronca y le dije que estaba enferma.

Ella retiró su invitación a toda prisa, mencionando la salud del bebe.

Edward llamó bien entrada la tarde para avisarme que había llegado a Haití y para preguntar si me estaba sintiendo mejor.

Le mentí y le dije que si.

Comí galletas de sal como cena y vi Lifetime (NT/ Es un canal de TV) hasta que me quedé dormida en el sofá.


Lunes, Marzo 31 de 2008

Desperté con tortícolis y mi corazón latiendo a causa de una pesadilla.

Lifetime TV de la madrugada le causaría pesadillas a cualquiera, ¿cierto?

Emmett había prometido que la casa estaba bajo constante vigilancia mientras él verificaba que los Volturi pensaran que yo estaba muerta. Edward me había mostrado como armar la alarma. Ninguna de esas dos cosas hacía una diferencia con el miedo que había en la boca de mi estómago.

No creo que estuviera asustada de una amenaza inmediata. Había enfrentado suficientes de esas. No temía testificar. No, había hecho las paces con eso hacía meses. El sentimiento de miedo que estaba experimentando era inidentificable, era más como una profunda sensación de premonición que otra cosa.

Me envolví en sábanas aunque el termostato estaba puesto en 23.

Sentí como si debiera hacer algo, ir a algún lado, pero no quería nada más que esconderme del mundo.


Martes, Abril 1 de 2008

Me estaba poniendo ansiosa. No había salido de la casa desde el viernes. La posibilidad de pasar otro día en ella, aún en la gran casa de Edward, era suficiente para hacerme encoger. Había sido lo bastante duro ocuparme durante el día cuando Edward estaba en la ciudad. Ahora que no había chance de verlo en las noches, la melancolía se hizo sentir.

No era que lo extrañara.

¿A quién pretendía engañar?

Si, si lo era.

Pero eso no importaba, pues estaba segura que él estaba afuera haciendo cualquier cosa que fue lo que planeó hacer en Haití, no pensando en mí. ¿Estaba mal desear que él también estuviera sufriendo, sólo un poquito? Era completamente injusto que él fuera tan… deslumbrante. Esta situación era simplemente un cruel recordatorio de todas las cosas que yo nunca tendría: yo nunca tendría un prometido. Nunca tendría una familia. Nunca tendría una linda casa. Después de que el juicio empezara, probablemente ni siquiera tendría una vida.

Y yo estaba bien con eso.

Al menos, estaba bien con eso antes de conocer a Edward

La peor parte era que no podía sacármelo de la cabeza. La visón de él en la gala la otra noche, flotando alrededor de la pista y besuqueando a Tanya, estaba quemada dentro de mi mente. Para él, yo era un caso de caridad que duraría un rato, y luego él seguiría adelante y encontraría una prometida real. A él le molestaba cuando yo le hablaba a otros hombres, pero estaba perfectamente que él fuera coqueteando por ahí con alguien más. Después de todo, yo era una don nadie, ¿qué importaba si la gente pensaba que él me estaba engañando? Diablos, la gente probablemente esperaba que él me engañara, cual rico playboy que si era.

Culpa me inundó.

Él no era un playboy. De alguna forma la vida era más fácil cuando podía convencerme a mi misma que él era un frío, rico y prepotente idiota. Desafortunadamente, ahora que lo conocía mejor, estaba bastante segura que él no era un idiota para nada.

Él dirigía una fundación de caridad. Él amaba a sus sobrinas y a su familia. Él estaba en Haití justo ahora, pasando dos semanas en un país del tercer mundo para asegurarse que el dinero de la organización de su familia realmente estuviera yendo hacia la gente correcta. Incluso me dio alojó, aunque eso significara que tenía que pretender que estaba comprometido conmigo.

La semana pasada, él me sacó todas las noches, me trató como a una persona. No, no como a una persona—me trató como si yo fuera su prometida, y yo me lo creí. Supe que todo era un acto, pero se sintió real.

Y entonces la realidad me golpeó en la cara cuando lo vi bailando con Tanya.

Estaba deprimida. Extrañaba a mis amigos de vuelta en casa, pero por supuesto, ellos pensaban que yo estaba muerta. Yo no podía llamarlos ahora, ¿cierto?

Edward estaba equivocado. Mi vida si apestaba.

Quería hablar con alguien desesperadamente.

Consideré llamar a Alice, pero cada vez que hablábamos sentía culpa por engañarla. Ella no había sido más que amable conmigo y estaba ridículamente feliz de que yo me estuviera uniendo a su familia. Emmett, también, estaba fuera de cuestión. Él sabía la verdad sobre mí mejor que nadie, pero estaba en el trabajo. Aunque aún si hubiera estado en la casa, parecía de alguna manera inapropiado. Él ya me había dado tanto, yo no podría pedirle más. La última cosa que necesitaba era tener a Rosalie más furiosa conmigo de lo que ya lo estaba. No iba a llamar a Edward. Él ya había hecho más que suficiente por mí y yo no quería que él viera este lado lastimoso de mí.

Jugué con la idea de ir a algún lugar. El garaje tenía carros dentro y yo tenía acceso a las llaves, pero no estaba tan familiarizada con esa idea. Conociéndome, probablemente me perdería y tendría que llamar a Alice para preguntarle como regresar a la casa de Edward. No gracias.

Eché un vistazo fuera y vi el VW Rabbit de Jacob en el camino de entrada.

Después del primer día, ninguno de los del staff de la casa me había dicho más que una palabra, Jake incluido. Estaba bastante segura que Edward les había dicho que se mantuvieran alejados de mí. Recuerdo vividamente su rabia cuando Jake había coqueteado conmigo; él había estado preocupado de que alguien en la prensa lo descubriera y hubiera historias de mí engañándolo con el jardinero.

Una cosa que había aprendido sobre Edward durante mi breve tiempo en esta casa era que él tenía la tendencia a reaccionar de forma exagerada. ¿Qué mal haría hablarle a Jake un poquito? Nadie nos vería en la casa. Estábamos en propiedad privada. Edward no estaba en casa, no estaría en casa por casi dos semanas.

De seguro Edward no me negaría un poco de compañía. Y si Jake no terminaba todo su trabajo hoy, bueno, no es como si Edward estuviera por aquí para notarlo. No creo que las flores fueran a chismosear sobre mí.

Me puse mi desgastada sudadera y até mis sucios y viejos tenis; ellos eran los últimos vestigios de mi antigua vida, y usarlos me hacía sentir un poco más conectada con la tierra. Antes de que pudiera convencerme de no hacerlo, paseé fuera de los jardines donde Jake estaba trabajando.

"Oye," dije, dirigiéndole lo sonrisa más brillante que pude formar.

Él me sonrió en respuesta, su voz burlona mientras hablaba. "Así que la dama baja de su torre para relacionarse con el personal."

"Chistoso que fueras tú el que dice eso, considerando que tú fuiste el que dejó de hablarme." Me senté sobre la hierba donde él estaba trabajando.

"Hago lo que el patrón me dice. Y él me dijo en términos nada vacilantes que me mantuviera lejos de ti."

"¿Entonces por qué me estás hablando ahora si haces lo que él te dice?"

"Oye, yo me mantuve lejos de ti. No puedo controlar que tu decidas acercarte a mi." Jake me lanzó una sonrisa astuta y limpió sus manos con los costados de sus jeans. "Aunque si estoy un poco sorprendido de que me estés hablando. Estaba bastante seguro de que él también te había dicho que te mantuvieras lejos de mí."

"Edward no es mi jefe." Yo le debía a Edward más de lo que podría devolverle fácilmente, pero él no era mi dueño.

Jake silbó por lo bajo mientras sus ojos se fijaban sobre mi dedo anular. "¿Cuándo te dio eso?"

"La semana pasada."

"Eso es más como una roca que un anillo."

"¡Lo se!" Me reí. "Eso es exactamente lo que yo dije." Hablarle a Jake fue una gran idea. Ya me estaba sintiendo mejor.

Jake me dio una mirada perspicaz. "El patrón no podía molestarse con escoger un anillo que realmente te gustara, ¿no es cierto?"

No, no, no. Quizás esta no fue una idea tan buena. "Me encanta," dije, tratando de no sonar a la defensiva.

Jake bufó. "Seguro, seguro. Si te encanta ese anillo, entonces yo soy de Marte."

Lo pinché con un dedo. "No me parece que te veas como un Alien…"

"Veo que ya han empezado a cambiarte para hacer ver más como uno de ellos."

"¿Qué se supone que quiere decir eso?"

"Eras hermosa antes, no necesitabas cambiar tu cabello y comenzar a usar maquillaje."

"Hice esto por mí," dije. "Necesitaba un cambio."

"Ci-i-i-ierto. ¿A qué debo el placer de tu compañía esta magnífica mañana?"

"Sólo quería un poco de compañía".

"Si tú fueras mi prometida, yo no iría vagando por semanas enteras sin llevarte conmigo."

"Eso es," solté con brusquedad. "No te voy a hablar si vas a pasar toda nuestra conversación rajando de Edward. Tú no conoces todo lo que pasa y no estás siendo justo con él."

Jake levantó sus manos en señal de rendición. "Lo que digas, Bella".

"¿Por qué trabajas para él si no te agrada?"

"Mira a tu alrededor, Bella," dijo Jacob, haciendo un círculo con sus brazos. "No se puede poner mejor que esto para un paisajista como yo. Además, es raro encontrar alguien a quien no le importe pagar el trabajo extra asociado con renunciar a los químicos."

Miré alrededor a los inmaculados jardines. "¿Edward no usa herbicida ni nada?"

"Nope. No quiere dañar la fauna y flora local."

Sonreí. "Eso es dulce de su parte".

Jake rodó sus ojos en respuesta.

"¡Lo es!"

"¿No importa como te trate, él todavía es honorable si es bueno con Bambi y Tambor?"

"Ugh. ¿No puedes evitarlo, cierto?" Di media vuelta y comencé a caminar hacia la casa. "No puedo escuchar más esto."

Jake me llamó, pero yo seguí caminando. Volví a entrar a la casa y subí a la biblioteca de Edward. Él tenía una buena colección de mitología griega y eso encajaba bien con mi trágico humor.


Miércoles, Abril 2 de 2008

El miércoles llegó; no fue mejor que el martes. Traté de entablar conversación con el chico de la piscina, pero eso no llegó a nada. Él respondió mis preguntas con monosílabos y nunca me miro a los ojos. Vi que Jake estaba en los jardines, pero lo ignoré con esmero. Aunque superficialmente, tener algo que hacer (ignorar a Jake) mejoró mi humor una cantidad minúscula.

Esa noche soñé que era la noche del juicio. Estaba acostada en los brazos de Edward.

Cuando los Volturi vinieron a matarme, ellos nos dispararon a ambos.

La mañana del jueves desperté en sábanas empapadas, pensando que estaba bañada en sangre, pero no había nada. Sólo estaba acalorada y exaltada.

Tomé una ducha extra larga esa mañana; tratando de lavar mi sudor y mis miedos. El primero era fácil de limpiar; los últimos, no tanto.

Jacob llegó mientras estaba desayunando. Tocó en la puerta principal en vez de ir de una hacia el patio.

Abrí la puerta.

"¿Qué quieres?" La combinación de mi cansancio y mi irritación hizo que mis palabras sonaran cortantes.

"Bella, mira, quería disculparme." Sus manos estaban metidas en sus bolsillos y miraba hacia el suelo.

"¿En serio?"

"Obviamente, no tengo ni idea de lo que pasa entre tú y Edward. Y él no es un chico malo del todo. Yo sólo estaba rajando de él porque tú me gustas." Él levantó su mirada hacia mí con una expresión avergonzada. "Lamento haber dicho esas cosas."

"Oh." No estaba segura de qué decir a eso, pero mi irritación para con él se evaporó.

"En todo caso, necesito ponerme a trabajar," dijo. Giró sobre sus talones y se devolvió por los escalones.

Conforme la mañana pasó, traté de entretenerme sola dentro de la muy costosa biblioteca de Edward, pero fue en vano.

Nunca antes me había molestado tanto que la mayoría de la literatura clásica fuera deprimente.

Me deslicé más y más profundamente dentro de mi depresión.

Temprano en la tarde, decidí finalmente que necesitaba un poco de alimento. Me hice un emparedado y me lo comí en la cocina.

Pude ver a Jake afuera en el jardín. Estaba escuchando rock a todo volumen, lo suficientemente fuerte como para que yo pudiera escucharlo dentro de la cocina. Sus labios se estaban moviendo, y me pregunté si él estaba cantando.

No me di cuenta que mis pies se movieron, pero me encontré poniéndome una chaqueta y saliendo de la casa.

Jacob no me escuchó acercándome, la música estaba demasiado duro y su concentración estaba en la tierra. No fue hasta que estuve parada frente a él –imagino que notó mis zapatos- que levantó la mirada y me sonrió.

Me dejé caer sobre el suelo frente a él sin gracia alguna.

"¿Significa esto que estoy perdonado?" Preguntó.

"Si. Pero no hables más de Edward, ¿vale?"

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