Disclaimer: Todo aquí no me pertenece, aunque quisiera úu, los personajes que reconocéis son de CLAMP y los que no, pues míos XDD

Holaa!!! Sé que no tengo perdón de dios, y que no me merezco que me enviéis reviews, porque soy muy mala y no cumplo lo que prometo (actualizar pronto). Pero mi bloqueo neuronal con éste fic me precede, así que casi no he escrito nada de provecho hasta hace poco.

Si digo alguna incoherencia, no os asustéis, ahora mismo me estoy quedando dormidaa!! A casi las cuatro de la mañana… no me extraña. Pero tenía que acabar el capítulo hoy.

Bueno, pues nothing de nothing. Os dejo un trocito del final anterior para que podáis recordar qué pasó xDDDDDDDDDDDD

Sin más, aquí lo dejo!!

()-()-()

-¿Aburrida de buena mañana, Sakura? No es propio de ti- le dijo con un tono de voz ligeramente divertido pero misterioso al mismo tiempo. El joven, de pelo negrísimo y piel pálida se volvió a observar a los dos estudiantes que continuaban parloteando, sin percatarse de su presencia-. ¡Vaya! Parece que esos dos se alegran de verse.

-¿Tú crees?- preguntó la ojiverde sin pensarlo.

-Sakura, siempre se hay llevado aparentemente mal, pero se nota que se aprecian. Es como tu hermano y yo; él siempre me habla mal¿no? Y yo le sigo el juego. Pero muy en el fondo sé que me aprecia (igual que yo a él), porque te respeto.

Sakura se había vuelto a perder. Parecía que no se enteraba de nada en absoluto. El joven sonrió y le pasó una mano por la cabeza, acariciándole el pelo fraternalmente.

-Bueno, es hora de que tu hermano note mi presencia- dijo levantándose y desconcertando aún más a Sakura.

Como si esperase a decir esas palabras, Syaoran quedó callado a media frase y se giró con brusquedad, clavando su mirada en la azul enigmática del otro adolescente.

Un grito se oyó por todo el vestíbulo.

-¡¿TÚ?!

°.¸¸.·´¯»Monotonía«´¯·.¸¸.°

Lesson VII: The show is going to begin.

Imposible.

Vamos, no podía creérselo. Era irreal, todo aquello. A tan sólo una semana de haber aparecido de nuevo en su mundo… ¡Eso no podía estar pasado! Ahora los tenía a los dos delante de sus narices.

¿Acaso estaba soñando¿Acaso había sufrido un accidente y se encontraba en coma? Porque si era así, quería despertar de una maldita vez.

Los dos le miraban con semblante divertido. ¿Cómo lo habían logrado sin que él se percatara de nada? Era imposible y completamente surrealista, por eso, era por ese motivo que no podía creer lo que sus ojos le decían con total claridad.

-Ni que hubieras visto un fantasma- la voz femenina de la persona que estaba frente a él le sacó de cavilaciones. Era la misma voz, tal y como la recordaba: el mismo porte, la misma altura, la misma expresión calmada… todo igual a como tenía grabado en su mente.

-Pero¿cómo…? Es decir¿cuándo habéis…?- el castaño no podía salir de su asombro.

Ambos adolescentes se miraron, cómplices.

-Bueno, realmente hay muchas cosas de las que deberíamos hablar- contestó, evadiendo la pregunta deliberadamente, mientras se limpiaba las gafas con aparente tranquilidad.

El chino volvió a mirarlos a ambos desde su posición, en un sillón de casa de Eriol. Todo eso se le hacía familiar, extrañamente familiar.

Apenas una semana antes, había aparecido por arte de magia, literalmente hablando, en casa de una desconocida. Ésta parecía saberlo todo sobre él. ¡Y no era para menos! Su ahora hermana melliza había leído, al parecer, todo lo ocurrido mientras había estado encerrado en esa otra dimensión, sin poder hacer nada para evitarlo. Y había sido una fuerza extraña la que le había empujado hacia la brecha abierta del espacio-tiempo.

¿En qué época habían estado cuando fue encerrado? No lo sabía. ¿Cuánto tiempo transcurrido allí correspondía a la realidad? Suponía que el mismo.

A pesar de todo lo sucedido, Syaoran había aprendido mucho en ese rústico lugar; había conocido a muchas personas durante su estancia, y también había aprendido a confiar y desconfiar de ellas.

Y una de esas personas había sido Eriol, el misterioso adolescente que había vuelto a sorprenderle días atrás con su presencia en aquél instituto.

---Flash Back---

-¿Se puede saber qué demonios haces aquí?- un muy confundido y cabreado Syaoran tenía cogido por las solapas de la camisa al tranquilo Eriol, mientras él continuaba sonriendo., como si no le importase el hecho de que el castaño parecía tener ganas de matarle.

-Vaya, parece que te acuerdas de mí. Veo que te ha ido todo muy bien, tienes buen aspecto- contestó, evadiendo la respuesta.

Syaoran, con el mosqueo in crescendo le zarandeó levemente. El resto de personas miraron la escena completamente sorprendidos.

-No te hagas el idiota conmigo¿quieres¡Contéstame!- le exigió, imperativo.

-¡Syaoran!- le llamó su hermana .

-¡Eh¿Qué cojones te pasa?- esta vez fue July la que intervino, separando a ambos chicos y poniéndose delante del moreno de gafas, mirando al chino-. ¿Se puede saber que haces¿Te han afectado las horas de viaje o algo?

El alterado chico se apartó a regañadientes. Respiraba con lo que parecía ser enfado ó ira. Miró a los presentes uno a uno; su hermana cambiaba la mirada verde de uno a otro, completamente confundida y con cara de no tener ni idea de lo que sucedía. July le acusaba con sus ojos color miel fijos en él y no daba opción a excusas, no dejaba dar rodeos, sólo quería explicaciones. Y con coherencia. Mientras que Eriol mantenía su sonrisa de falsa inocencia y misterio. Sus ojos sonreían, entrecerrados tras esas gafas que parecían venirle un poco grandes. Y era en esos momentos en que Syaoran no desearía otra cosa que no fuera patear esa maldita sonrisa que escondía más de lo que decía.

Soltó el aire sonoramente por la nariz, cual toro bravo, se ajustó el uniforme y dio media vuelta sin decir nada, pero prometiendo –más bien ordenando- mentalmente respuestas aclaratorias al otro chico.

La entrada se quedó en silencio.

-¿Qué ha sido eso¿Le han infectado con mal humor y gilipolleces o qué?

El chaval simplemente se encogió de hombros, con intención de ir por el mismo camino que él.

Ambas chicas se miraron, a cual más sorprendida. ¿Qué era todo eso? No se esperaban para nada la reacción de Syaoran al ver a Eriol. July estaba completamente sorprendida y extrañada del raro comportamiento del que fuera amigo suyo. Antes de irse se había llevado como siempre con Eriol: el ojiazul le hacía enfadar, se burlaba de él y Syaoran le pegaba cuatro gritos. Todos se reían del tonto enfado del castaño y listos, simplemente eso. ¿A qué se debía ese cambio de actitud tan… repentino? Ni que hubiera pasado algo entre esos dos… algo que incitara a pelearse. ¿O acaso había pasado?

Aún dándole vueltas empezó a caminar por el mismo lugar por donde habían desaparecido los dos chicos. La otra castaña le siguió casi por inercia que por otra cosa.

-No se qué demonios le ha pasado a Syaoran pero está raro. ¿Tú no le has notado raro, Sakura?

-¿Yo?- se sorprendió la castaña, que pareció salir de su letargo silencioso-. Pues… lo cierto es que no¿por qué lo dices?

-¿Acaso no es evidente¡La ha tomado con Eriol nada más verle!- cruzándose de brazos-. Me ha dado la sensación de que Syaoran estuviese viendo un maldito fantasma.

Por la cabeza de Sakura pasaron varias cosas que podía decir: desde que Podía ser… a un ¿Ah, sí? o cualquier monosílabo. Lo cierto era que no sabía qué contarle a su amiga. Sabía que con su manera de ser acabaría sospechando algo y ella con su capacidad para mentir acabaría contándole algo. Sabía que no podía hacerlo, era un tema demasiado delicado como para tratarlo con alguien que no tenía ni idea. Aunque lo cierto era que ella tampoco tenía ni idea. Tan sólo sabía que Syaoran Li había salido de su ordenador. Ni siquiera sabía de donde había venido, o si lo había creado en verdad ella, porque eso representaba que había hecho, y al principio se sorprendió pero… en esos momentos ya no estaba tan segura de que en realidad fuera una copia del Syaoran de Tenshi no yami como ella había creído.

Empezaba a sospechar de que en verdad fuese él, y eso la abrumaba muchísimo.

Sin embargo, ayer apenas había tenido tiempo suficiente como para pensar en ello. Habían pasado demasiadas cosas demasiado rápido y ahora las preguntas asaltaban su mente. Demasiadas respuestas que le gustaría saber, y demasiada poca información. Tenía que acordarse de preguntarle algo al que ahora era su hermano pero… ¿él le contestaría¿O simplemente le diría que no era de su incumbencia? La avalancha de pensamientos le provocó dolor de cabeza, llegando a la conclusión de que…

¿Qué pintaba ella en toda esa historia¿Cuál era su papel en todo ese embrollo?

---End Flash Back---

En ese momento, ambos pares de ojos azules volvían a mirar al ambarino con su expresión misteriosa. Parecían la misma persona. Syaoran los recordaba a ambos, más a ella que al maldito chico de gafas y no podía salir de su asombro de volver a verlos a los dos juntos. ¿Cómo demonios habían llegado allí?

-¿Te ha comido la lengua el gato?- la voz musical de la muchacha le sacó de cavilaciones.

Syaoran la miró de nuevo: el pelo negro, largo, sedoso y ondulado. La piel fina, blanquecina, como una muñeca de porcelana. Los ojos de un azul confuso, a veces violeta, a veces grisáceo, esos ojos que tanto le decían y tanto podían esconderle al mismo tiempo. Esos ojos que recordaba desde que podía tener memoria.

-Por los dioses chinos…- se acercó a ella, aún asombrado-. No sé cómo has llegado aquí pero… no sabes lo que me alegro de verte, Tomoyo.

La nombrada sintió como los brazos del chico la rodeaban, abrazándola. Se sintió completa y realmente satisfecha con el trabajo conseguido. Poder volver a ver a Syaoran era lo que había querido desde que él había desaparecido tan repentinamente de aquél mundo extraño al que habían logrado acostumbrarse a base de esfuerzo y ganas de sobrevivir.

Eriol soltó una risotada para ocultar la sorpresa. Se había imaginado un poco la reacción que podía tener el chico ante la sorpresa, pero no se pensaba tal demostración de afecto hacia la morena. Parecía que la relación de amistad podía ir a más en un futuro. Pero eso sucedería si hubiera voluntad de ellos por ambas partes, cosa que, él sabía, no era el caso.

-Vamos Syaoran, me vas a hacer llorar y ya sabes que odio mostrarme débil.

El castaño obedeció lo pedido por la joven morena, separándose de ella y caminando de nuevo hacia donde estaba sentado antes. Los dos morenos de ojos azules se sentaron frente a él, ambos con una sonrisa misteriosa posada en sus labios. Syaoran chasqueó la lengua, frustrado. Sabían algo y él no. A ambos les encantaba demostrarle que sabían más que él y eso era algo en su actitud que odiaba con creces. ¿Por qué parecía que siempre iban por delante de él¿Acaso no era él al que habían maldecido¡Tendría que saber más él que ningún otro sobre… todo!

-Tendrías que haberte visto la cara hace un rato, Syaoran- Eriol no se echó atrás a la hora de meterse con el chico hechicero.

-Soy Li para ti, Hiiragizawa- la mirada asesina compulsiva enviada hacia el moreno no pasó desapercibido por nadie.

-Dirás Kinomoto¿no es así?- fue la corrección del chico. Tomoyo le miró con sorpresa plasmada en sus ojos y las cejas completamente alzadas.

-¿Kinomoto?- fue la pregunta que salió por su boca.

-Syaoran… ¿Por qué no le explicas a Tomoyo qué es eso de Kinomoto?

El aludido soltó un resoplido cansado o más bien de fastidio. O al menos eso le pareció a Sakura, la cual desde que había entrado en la casa, se había mantenido sentada en una silla, cerca de una ventana, completamente al margen de todo aquello. Y al parecer, había surtido efecto el tratar pasar desapercibida. No entendía casi nada de lo que estaban hablando y parecía que se habían olvidado completamente de que ella aún continuaba ahí. Bien. Había sido eso lo que quería¿no? A pesar de afirmarse interiormente a si misma que sí, que efectivamente prefería mantenerse al margen de todo aquel tema de la magia, tan nuevo para ella, tan… tan inalcanzable como había creído siempre. No podía evitar sentir una punzada de celos que la azotaba desde que había visto a esa chica.

La conocía. Sabía quién era, y como era. Y por supuesto, también sabía lo que sentía por su, ahora, hermano. Al igual que conocía toda la historia –o casi toda- de Syaoran, lo mismo sucedía con la que, parecía ser, era su mejor amiga, y la que ella creía –o había creído hasta el momento- que era la mejor candidata para el castaño.

Eso pensaba, mientras había seguido la historia mediante papel e imágenes. Todo era muy diferente en ese momento: podía seguirlo todo de primera mano, o al menos creía que podía seguirlo, ya que el chino no le había contestado ninguna de sus preguntas.

Lo recordaba muy bien, recordaba cada una de las cosas que el chico le había dicho sobre el tema, y todas ellas eran respuestas vagas, nada que ella no hubiera podido averiguar con facilidad. Sakura tuvo claro que el castaño parecía querer inmiscuirla de cualquier asunto suyo. Al fin y al cabo, tan sólo le había liberado de su prisión de papel. Simplemente había hecho eso, y parecía ser que ser su liberadora no le daba ningún tipo de derecho a participar en ninguna de sus conversaciones.

Algo que la hacía sentir completamente idiota e inútil, pero no estaba en posición de quejarse. O eso creía al menos.

Oyó toda la explicación que su hermano le dio a la joven sobre su nuevo apellido. También se percató de que él omitía algunos detalles tales como la pelea con Touya o sus propios recuerdos, cosa que agradeció en sobremanera. Era un tema que había intentado olvidar por mucho y que quería volver a sacar de su mente cuanto antes.

Miró por entre las cortinas de la ventana que tenía justo al lado. El sol parecía que no se decidía a aparecer por entre las nubes. A pesar de que no tenía pinta de que fuese a llover, llevaba todo el día con las nubes ocultando los rayos del sol. Parecía que el cielo se había apiadado de ella, mostrándose con el mismo estado de ánimo con el que se había levantado: todo lleno de extrañas nubes que invadían su mente, llenándola de preguntas sin respuesta y pensamientos que ella creía no tener y que no deseaba para nada.

Miró a los tres presentes, todos ellos enfrascados en una conversación que ella no lograba a entender. No encajaba en ese sitio. Era como el último fruto de un árbol cuando el resto había madurado. Estaba fuera de lugar. Y a medida que iban pasando los días, cada vez lo veía más claro.

A pesar de que la presencia de Syaoran Li en un principio le había parecido un sueño hecho realidad, lo cierto era que en ese momento hubiera deseado que ese sueño no hubiera pasado y que continuara siendo eso mismo, un sueño irrealizable. Pero ya no podía hacer nada.

Y desde uno de los sillones, la figura del chico moreno de ojos azules no dejaba de observarla tras sus gafas. Hacía rato que se había mantenido en silencio, aparentando escuchar la explicación que ya conocía, y prestando atención a la castaña, apartada de ellos. Había percibido todos los pensamientos de ésta, lo que sentía, lo que creía y la sensación de estar de más.

Sonrió para sus adentros, bendiciendo sus poderes para leer la mente. Sakura Kinomoto no se podía ni imaginar la importancia que tenía ella en todo ese asunto y la responsabilidad que se le echaba encima.

()-()-()

El ceño fruncido de Touya Kinomoto no describía sus pensamientos ni su estado de ánimo. Cualquiera que le viese por la calle pensaría que había tenido un mal día o que estaba enfadado por alguna cosa, pero los que le conocían sabían que eso no tenía por qué ser así. Touya Kinomoto siempre tenía el ceño fruncido. Incluso cuando reía –que no era muy a menudo- su ceño continuaba visiblemente acentuado, dándole una expresión huraña y malhumorada las veinticuatro horas del día.

Pero para Touya Kinomoto eso daba igual. Le importaba bien poco lo que pensara la gente que le veía, ya que muy probablemente no volvería a verlas en su vida. ¿Qué más daba que pensaran unos segundos que tenía una expresión demasiado hosca para lo joven que parecía si segundos después se encontrarían con otra persona que les llamaría más la atención, olvidándole en el momento de él?

Aunque sí que había habido una época en que sonreía día sí, día también. Eso fue cuando su madre aún vivía. Recordaba lo bien que se sentía estando con ella, haciendo los deberes con ella, aprendiendo a tocar el piano –u órgano en su defecto- con ella, cuidando a su pequeña hermanita con ella, o intentando que las galletitas que hacía no se quemaran en un descuido.

Aquello había pasado hacía mucho tiempo. Cuando Nadeshiko Kinomoto murió, él apenas tenía nueve años. Su hermanita pequeña de tres no entendía nada de lo que sucedía a su alrededor. Tampoco entendía por qué su mamá no volvería a cuidar de ella ni a jugar con ella. Pero aún teniendo nueve años, Touya Kinomoto supo que su pequeña hermanita se sentía sola, y que podía comprender más de lo que se pensaban ellos. Recordaba haberle cogido la manita en el cementerio y haberse prometido a si mismo a protegerla y cuidar de ella para que no notara esa gran ausencia que se acababa de formar y que tendría el resto de su vida.

Desde entonces, Sakura era su prioridad en todo. Aunque visiblemente no lo mostrara, cualquier cosa que hacía era por el bienestar de su hermana pequeña. Aunque había un motivo que le impulsaba a ello y lo cierto era que él podía ver fantasmas. Desde que tenía memoria, diversos espíritus se habían presentado ante él, le habían hablado e incluso le habían asustado. Pero aún podía recordar aquél espíritu de pelo negro y ojos verdes, con dos enormes y elegantes alas a la espalda, mirándole con ternura y sonriéndole encima de la lápida con su propio nombre. Él podía ver a los espíritus. Su hermana no podía. Y ese hecho causaba que se sintiera completamente culpable de poder disfrutar de su madre más tiempo cuando Sakura apenas había podido hacerlo tres años de los cuales casi ni se acordaba.

Siempre cuidaba de Sakura. Ella era su Peque, su enana, su monstruito y su hermanita pequeña. A pesar de que ella misma pensaba que no le importaba nada, ya que casi siempre la hacía rabiar, era todo lo contrario. La manera que tenía Touya Kinomoto de demostrar su afecto hacia su hermana era esa, haciéndola rabiar, enfadándola, metiéndose con ella y molestándola. La cuidaba desde la sombra sin que ella se diera cuenta, aunque si lo hiciera con evidencia, tal vez ella ni se percataría a causa de su inocencia e ingenuidad. La cuidaba de todo y de todos. Desde que ella iba a primaria y él al instituto, justo al lado, cuidaba de ella desde la lejanía, mirando que nadie se metiese con ella –cosa bastante improbable, con el carácter que tenía- y que ningún chico se le acercara. Y más aún después de que sucedió todo… aquello con el maldito pervertido.

Una de las cosas que hacía Touya Kinomoto –la que mejor se le daba, a decir verdad- era espantar los chicos –o moscardones como gustaba llamarlos- que se atrevían a acercarse a su querida hermanita. ¿Cómo se atrevían siquiera a pensar en tener oportunidad para con ella? Era aún muy joven como para pensar en chicos, además de que con lo increíblemente ingenua e inocente que era podían lograr engañarla con mucha facilidad.

Y claro, él tenía que evitar eso.

Ningún chico. Al menos, ninguno que él no conociese previamente. El único que conocía mejor era ese tal… Hiiragizawa, y no le gustaba nada. Sabía que ocultaba algo y que tenía poderes. Muchos poderes. Tal vez era por eso que permitía que su hermana continuara siendo amiga suya, pero nada más. Ningún chico más.

Al menos eso quiso intentar y había conseguido hasta ahora.

Ahora que estaba ese maldito… niñato, aprendiz de mago o lo que fuese en realidad. ¿Qué había tenido que ir a hacer ahí¿Por qué había pasado todo eso? Él sabía de magia, había estudiado del tema al enterarse que realmente tenía algún tipo de poder mágico que permitía ver todos esos espíritus. Y jamás se había encontrado con otra persona que tuviera –a parte de ese Hiiragizawa-. De repente el mocoso Syaoran Li aparecía de la nada –del cómic de su hermana, más bien- explicando cosas que para él no tenían ningún tipo de sentido y que así sin más iba a hacerse pasar por su hermano pequeño. Pero lo peor de todo no era eso, no.

Iba a ser el hermano mellizo de su querida hermanita.

Y si eso era fuerte a sus oídos, más fuerte era esto:

¡¡Tenían que dormir en la misma maldita habitación!!

¿¡Cómo demonios iba a permitir eso¡¡Era completamente absurdo¡¡Una gilipollez enorme¡¡Y tenía que hacer algo para impedirlo!!

Soltó un sonoro resoplido, con frustración, rabia, ira y demás sinónimos de su estado. Para su gran desgracia, no podía hacer nada de nada, ya que no tenían habitaciones suficientes. Aunque podía haber dormido con él, siendo mellizos se veía normal que estuviesen en la misma habitación, aún siendo un chico y una chica. Su padre no lo veía mal, pero claro, su padre no sabía lo que él…

¡¡Y es que ese maldito mocoso era un completo desconocido salido del cómic preferido de su única hija y además su amor platónico¿¡Cómo iba a aguantar eso!?

Touya Kinomoto soltó el enésimo tercer gruñido de la tarde.

Y como si de una invocación se tratase, la persona que le amargaba los pensamientos en cuestión hizo acto de presencia en ese momento con sus, ahora, tan acostumbrados andares despreocupados. Demasiado arrogantes para su gusto.

-¡Buenas, hermanito!- Syaoran saludó con una sonrisa en el rostro que pretendía ser inocente.

-Piérdete, mocoso.

Lejos de molestar al castaño, Syaoran amplió su sonrisa, satisfecho, mientras su hermana le saludaba escuetamente al primogénito de los Kinomoto. Era algo extraño, pero nadie reparó en ello.

Desde que había llegado a esa casa, Syaoran había encontrado una extraña satisfacción en hacer enfadar al estudiante de medicina. Sabía que no le caía bien y también podía percatarse de la fuerte aversión que tenía hacia su persona desde el mismo momento en que le vio, y que esa aversión había ido in crescendo a medida que pasaban los días. Aunque el castaño, aún actuando como lo hacía, si se ponía en el lugar de Touya, su odio irracional no parecía tan irracional.

Syaoran entendía perfectamente el motivo de su odio. Era evidente. Comprendía que no se fiara ni un sólo pelo de él. Se había visto a si mismo en la misma situación que su, ahora, hermano y se sorprendió al pensar que él hubiera reaccionado exactamente de la misma manera, desatando sus celos y su instinto de protección hacia la desvalida de su hermana.

Lo comprendía y lo respetaba por ello.

Pero eso no le quitaba que pudiera divertirse un pelín a su costa. Sólo un poquito…

-Oh vamos, Touya…

-No me llames Touya- irrumpió el aludido, sin mirarle.

-…no podrás ignorarme eternamente- continuó el adolescente, ignorando su comentario deliberadamente.

-Lo intentaré mientras pueda. El teatro es delante de nuestro padre. Si él no está, no hay teatro- hizo un gesto con la mano-. Lárgate.

-Dirás lo que quieras, hermanito, pero yo puedo hacer lo que me de la gana, cuando me de la gana y con quien me de la gana en esta casa- su sonrisa socarrona se ampliaba por momentos mientras se acercaba al que era ahora un Touya a punto de explotar. Se colocó tras él hasta alcanzar su oído-. Y tú no podrás impedírmelo, por mucho que quieras.

La reacción de Touya no se hizo esperar.

Giró sobre sus pies con lo primero que consiguió coger –resultando ser un cazo para mover la comida que estaba haciendo en ese momento- y lo atizó lo más fuerte que pudo sobre lo que, representaba, era su hermano. Pero éste, haciendo gala de sus reflejos y adelantándose a sus movimientos, lo esquivó con la elegancia digna del que ha tenido que sobrevivir años rodeado de peligros.

-¡Fallaste!- se burló una vez más el chino.

-¡¡Lárgate de aquí si no quieres que te use de diana!!- amenazó haciendo ademán de coger uno de los cuchillos mientras Syaoran se escabullía-. ¡¡Y te advierto que tengo muy buena puntería!!

Sakura, que había estado allí desde el principio pero había preferido no entrometerse, pudo oír una risa de lo más divertida desde las escaleras y posteriormente un portazo. Suspiró, completamente hastiada.

Aquella vez no había sido mucho. Desde el primer momento había aprendido a evitar y no meterse en las peleas de Syaoran y Touya, ya que podía salir mal parada si no andaba con pies de plomo.

Siempre era igual. Syaoran picaba a Touya –aunque la castaña no llegaba a comprender aún por qué- y éste acababa completamente desquiciado con evidentes intenciones de homicidio hacia su persona. Sakura no entendía como era que su hermano tenía ese odio irracional hacia el chino. Bueno, era cierto que para él no se trataba de otra cosa que un simple desconocido, salido de la nada, con el que tenía que convivir. También conocía al moreno, y sabía lo posesivo que podía llegar a ser con ella.

Pero lo que no llegaba a entender era el motivo por el cual Syaoran no paraba de picarle. ¿Qué le diría? Siempre acababa susurrándole algo que no pudiera oír ella y que provocaba la ira instantánea de Touya, para gran satisfacción del castaño.

Volvió a suspirar con fastidio. ¿Por qué tanto odio?

-¿Sakura?- la voz aún algo arisca de Touya le sacó de cavilaciones-. ¿Qué haces ahí de pie?

La aludida simplemente se encogió de hombros, esbozando una sonrisa falsa. No estaba de humor. No tenía ganas de nada y se empezaba a sentir fuera de lugar a todas horas. Se sentó en la mesa al lado de la encimera que comunicaba a la cocina.

Touya la observó de reojo mientras continuaba con sus quehaceres. La notaba rara. No sólo ese día, si no desde hacía varios. En concreto, un par de días después de la llegada de… ese sujeto. Siempre estaba como ausente, callada y pensativa. No era como antes, que siempre estaba en las nubes, parloteando y explicando anécdotas típicas de su mundillo friki –que a él no le interesaban pero que su padre escuchaba siempre con atención y una sonrisa en la cara-.

Él, como hermano mayor que era, se preocupaba por ese cambio de actitud aunque no lo demostrarse, como en ese momento. Siempre hacía algo para que se enfadara o le gritase, ya que hacía que pudiera olvidar lo que fuera que tuviese en la cabeza por lo menos un momento.

-¿Tienes hambre?

-Mmm- la ojiverde se encogió de hombros de nuevo.

-Qué raro, un monstruo sin hambre. ¿Lo próximo qué será, nieve en primavera?

Touya esperaba que al menos contestase diciéndole que se callara o que no era ningún monstruo, pero Sakura se limitó a gruñir por lo bajo y levantarse de la mesa con claras intenciones de irse.

-Espera, Sakura- pero su hermano se lo impidió al llamarla. Ella tan sólo se paró con una mano apoyada en el marco de la puerta, sin girarse ni decir nada.

Touya soltó un suspiro cansado, dejando el cazo sobre el mármol y caminando hasta donde estaba su hermana.

-Deberías hablar con… ese amigo tuyo- a la sola mención del tema, Sakura se tensó visiblemente. El moreno prosiguió-. Si va a quedarse aquí, que respete todo lo que no es suyo y se comporte como es debido. Yo no tengo por qué aguantar sus estupideces.

-… Está bien- contestó Sakura, escuetamente, girándose para mirar a su hermano-… Lo siento…

-No tienes que disculparte por él. No eres tú la que va pavoneándose y comiéndose el mundo como si fuera suyo.

-Ya pero…- Sakura desvió la mirada, apenada-. Es culpa mía que esté aquí. Yo lo liberé y por eso…

Touya no le dejó terminar. Alzó una mano y la apoyó en la cabeza de su hermana, acariciándola levemente y diciéndole sin palabras que no se lo tenía en cuenta. Nunca había sido dado a las muestras de afecto y menos a las palabras, así que se había acostumbrado a decir las cosas de ese modo.

La acarició un momento y le dirigió una escueta semi-sonrisa cuando los ojos verdes de su hermana pequeña le miraron con culpabilidad.

-Tú sólo habla con él¿de acuerdo, monstruo?- le alborotó el pelo y volvió hacia la cocina, cogiendo el cazo y removiendo el contenido de la olla con él-. La cena no tardará en estar hecha, así que no tardéis en bajar.

Sakura le miró y acabó por sonreír escuetamente. Asintió con la cabeza.

A pesar de que su hermano no paraba de meterse con ella y de hacerle la vida imposible , no dejaba de ser su hermano mayor. Cuidaba de ella, le ayudaba en cosas y le dejaba pasar otras.

Salió de la cocina-comedor dirigiéndose a las escaleras. Se encontró pensando que no cambiaría a su hermano por ningún otro del mundo, aunque algunas veces así lo hubiera pensado.

()-()-()

-Syaoran está raro.

La voz de Tomoyo hizo que Eriol levantase la cabeza de sus apuntes para mirarla.

Hacía un par de horas que el moreno se había despedido de los mellizos en la puerta de su casa. Desde entonces, la recién llegada se había comportado de manera altanera y evasiva. Como si quisiera evitar hablar de la situación que ahora tenía Syaoran con él.

Eriol le había preguntado varias veces lo que pensaba sobre ello, más no había hecho otra cosa que contestar con frases tontas y cambios absurdos de tema. El ojiazul la conocía lo suficiente como para saber que no le había gustado para nada la situación en la que se encontraba su mejor amigo al llegar al mundo real de nuevo.

Y claro, también estaba… eso.

Durante toda la tarde, Tomoyo no había dejado de prestarle atención al castaño, pero tampoco había perdido de vista a la otra chica, que se mantenía siempre por detrás de Syaoran, intentando pasar completamente desapercibida del lugar. Eriol se había percatado, por supuesto. Pero es que Eriol siempre estaba pendiente de todo.

Y algo que le sorprendió fue que la aparentemente dulce y delicada Tomoyo fuera tan observadora, a pesar de que siempre se hacía la inocente.

Cerró su bolígrafo y la libreta con sus apuntes, cruzando los brazos sobre la mesa y mirándola con picardía.

-¿Te apetece una partida de ajedrez?- le preguntó, entonces-. Nada de magia. Simple inteligencia y observación.

La morena le miró unos instantes, alzando una ceja, pero asintió con una sonrisa segura. Así que Eriol se levantó de su sitio y caminó hasta su cómodo sillón, situado al lado de una mesa con un tablero y unas fichas. Siempre preparadas para la siguiente partida.

-¿Blancas o negras?- preguntó, cortésmente, señalando la silla frente a él para que se sentase.

-¿Acaso lo dudas?- Tomoyo se hizo la ofendida-. Negras, por supuesto. Sabes que odio el blanco.

El joven sonrió. Aquella chica no cambiaría nunca. Siempre aparentando una cosa y pensando otra.

Pasó el rato en silencio. Cada uno hacía un movimiento, calculando estratégicamente el siguiente y las fichas del contrario. Era un juego de inteligencia, estrategia y astucia. Eriol era un experto en todas esas materias. Pero Tomoyo también, a pesar de lo que pensaran muchos de ella.

Inclusive Syaoran.

-Es extraño.

Eriol alzó la mirada del tablero de ajedrez que tenía delante para mirar a la morena. Tenía una expresión que oscilaba de la curiosidad al fastidio.

Sonrió. Sabía a lo que se refería.

-¿Qué es extraño?- preguntó a pesar de todo, moviendo su caballo blanco y obligándose a hacer el movimiento de una ele-. Jaque.

Tomoyo chasqueó la lengua y volvió su mirada azul violácea al tablero. Su rey negro estaba en peligro, pero no había que perder la calma. Ella dominaba al juego. Observó la posición de las fichas y las estudió durante unos segundos antes de mandar su alfil hasta el caballo.

-Vaya, siempre logras sorprenderme- Eriol sonrió con condescendencia, disponiéndose a estudiar el tablero para su siguiente jugada.

Tomoyo se miró las uñas, obligándose a chasquear de nuevo la lengua. Estaban muy largas, pero completamente escaladas y medio rotas, a parte de sucias y llenas de tierra entremedias. Odiaba eso. Había odiado donde había estado encerrada desde que llegó. Había aguantado solamente para no sacar de sus cabales a Syaoran, que suficiente tenía con las maldiciones, leyendas y profecías. Pero ahora ya estaba fuera. Ya era libre de hacer lo que quisiera. O al menos, eso creyó al planearlo todo.

Lo que no recordó fue la segunda parte de todo ese maléfico plan en su contra. ¿Qué había hecho Syaoran? Pues lo cierto era que no lo sabía. Tampoco estaba segura si el propio Syaoran estaba al tanto de todo lo que le inmiscuía en la historia pero, si así era, a ella no le había dicho nada. Ese era el primer motivo que le hacía pensar que Syaoran estaba raro.

Pero, otra de las cosas, era la vida que ahora compartía con una chica que no era ella. Sí. Se había mantenido al margen durante todo el rato que estuvieron en esa casa, pero no le había quitado la mirada de encima, por muy disimulada que fuera. A pesar de no tener los poderes de Eriol sobre leer la mente, con sólo verle la cara a aquella muchacha de apariencia débil, inocente… y algo miedosa, sabía que se sentía fuera de lugar.

Y misteriosamente, aquello le había hecho sentir una satisfacción interior que no supo de dónde había salido, pero que no le hizo sentir mal en lo absoluto. Sino que completamente al contrario. Le hizo sentir bien, superior y, por encima de todo, cercana a Syaoran.

-¿Sabes? Ahora todo es diferente- la voz melodiosa de la morena volvió a romper el silencio.

-Diferente… ¿en qué sentido?- Eriol podía hacerse una idea de lo que se refería, más prefirió preguntar.

-Diferente, en el sentido de que todo lo que pensé que sucedería al salir de ese… infierno- no supo describir con otra palabra lo que vivió en aquél mundo-, eran puras banalidades que no han hecho más que corroborarme lo que yo sabía pero me negaba a aceptar.

Bingo. Eriol sonrió interiormente. No hacía falta echar mano a sus poderes de telepatía para saber lo que sucedía en la mente de su compañera. A pesar de su apariencia frágil e inocente, su cabeza era una olla maquiavélicas maquinaciones en ebullición.

Miró como una de sus blancas y finas manos movía su torre negra hasta su alfil blanco, comiéndolo.

-Jaque.

Eriol se echó hacia atrás en su sillón, sonriendo con su habitual misterio. Tomoyo le miró con aire superior, pero sin decir nada. Sabía que no debía fiarse en ningún momento de las apariencias de aquél chico, de lo más engañoso, si no quería acabar mal. Con el tiempo había aprendido a conocerle, y sabía que a cualquier hora del día, en cualquier momento, podía estar tramando cualquier cosa sobre lo que fuera.

Y por todos lo templos budistas, que podía saber el tipo de cosas que le pasaban por la cabeza.

Observó como el chico se tomaba su tiempo para mover, cruzándose las piernas y balanceando uno de los zapatos con el pie, en señal de fingido aburrimiento. Cruzó los brazos sobre el pecho y le miró con análisis.

Una de las cosas que sabía de Eriol Hiiragizawa era que, a pesar de su apariencia caballerosa y amable, tenía un carácter y una manera de pensar por demás, algo psicótica e incluso lunática. Al verlo cualquiera podría pensar que se trataba de un chico de lo más calmado, maduro y responsable. Lo que no sabía la gente era que se había forjado esa apariencia con tanta facilidad que llegaba a dar hasta miedo.

La primera vez que vio a Eriol, no pudo evitar sentir medio fascinación por él, pero enseguida que cruzó dos palabras se dio cuenta de que se trataba de una manera de ser creada por él mismo y muy bien elaborada. Casi había caído en sus redes, de no ser por la astucia que ella escondía tras su apariencia de muñequita de porcelana.

Esa era una de las cosas por las que había empezado a llevarse bien con el chico. Ambos tenían un carácter similar y una manera de pensar diferente a la del resto de la gente. Se habían conocido muy bien en poco tiempo y habían congeniado ideas con una velocidad asombrosa. A veces pensaba que el chico podía leerle la mente. Aunque claro, eso lo pensó al principio, antes de enterarse que Eriol Hiiragizawa tenía poderes telepáticos y, efectivamente, podía leerle la mente.

Sonrió al recordarlo. Todo aquello le sonaba tan lejano…

Sonrió al ver que el chico movía la torre, interponiéndose entre el camino de la suya. Ya le tenía justo donde lo quería.

-¿Y cómo creíste que sería?- Eriol la sacó de cavilaciones, preguntando sobre lo último dicho por la morena. Se limitaba a hacer preguntas escuetas, con la intención de que contestase por acto reflejo.

-Diferente, eso es todo- pero Tomoyo podía percatarse con facilidad de sus intenciones.

El moreno sonrió con su habitual misterio y se centró de nuevo en la partida de ajedrez. Estaba en clara desventaja, pero prefería eso a cualquier otra cosa. Sin presionar era más sencillo sacar las cosas a una persona como a Tomoyo.

-¿Qué sabes de Sakura Kinomoto?

La pregunta que llevaba esperando desde que la vio aparecer por la puerta entró como música en sus oídos, obligando a parar milésimas de segundo su mano que contenía la reina blanca en el aire.

Sabía que llevaba rato queriendo preguntar sobre ella, pero se había aguantado como buen caballero inglés que era. Y por demás, disimulado. Sabía que podía usar la información que Tomoyo quería para su propio beneficio. Sí. Pero sería traicionar la amistad que le unía a Sakura por otro tipo de… amistad. ¿Qué podía hacer?

Miró a la morena frente a sí unos instantes. No muy alta, delgada, pelo largo, ondulado y completamente negro, contrastando con el color blanquecino de piel de porcelana. Las mejillas levemente arreboladas, algo natural en ella, y esos ojos oscilantes entre el azul y el violeta, enmarcados en esas largas pestañas, le miraban fijamente con aparente desinterés. Eriol suspiró interiormente.

Lo sentía realmente por Sakura.

-¿Qué es lo que quieres saber?

()-()-()

La habitación estaba iluminada apenas con la luz de una llama. Sobre la mesita de noche de una de las dos camas que formaban la estancia, había un papel de pergamino amarillento con un sello en inscripciones chinas. La llama oscilaba con una brisa inexistente encima del pergamino, amenazando con apagarse pero sin perder la fuerza en ningún momento.

Syaoran miró que la magia que usaba para dicho conjuro no flaqueara antes de continuar leyendo. Había estado en la cama simulando que dormía desde muy pronto, antes de que se acostara Sakura. No quería que la chica volviera a preguntarle sobre nada. Sabía que ella tenía todo el derecho a saber cuanto quisiera sobre ello, al fin y al cabo, era la mayor implicada junto con él. Pero…

Desvió la mirada levemente a la joven que dormía en la otra cama a su lado, de espaldas a él. Se le movían los hombros acompasadamente con la respiración tranquila. El castaño apretó levemente los labios, volviendo a lo que tenía en las manos. Era uno de los cinco tomos que, de momento, parecía tener el manga que había estado contando su historia y que, seguramente, había embelesado a más personas a parte de Sakura.

Y lo cierto, fue que todo aquello era un misterio. El cómic se publicaba directamente en tomo, nada de capítulo a capítulo en una revista semanal o mensual, como era lo normal –o al menos como él recordaba que se hacía, y hablaba de Hong Kong. A saber en Japón, pero suponía que era igual-.

Sin embargo, había algo que le llamaba la atención. Al coger el primero de los tomos, no encontró el nombre del autor por ninguna parte. Buscó, al principio, en la portada, más no daba señales. Tan sólo se veían las letras Tenshi no Yami en caligrafía de lo más complicada, y la silueta de lo que parecía era un ángel. Syaoran se había podido identificar a si mismo en esa portada, sorprendiéndose. Aún no se acostumbraba a verse plasmado en un papel como si fuera un dibujo, hablando mediante viñetas escritas con tinta.

El chino lo analizó con agudeza, pasando las páginas sin prestar atención. Buscaba algún indicio de magia, una señal que pudiera darle alguna pista sobre quién había sido el autor. Si representaba que era el dibujante, tenía que saber algo acerca de todo ese tema. ¿De dónde había sacado la trama¿Cómo había pasado él a formar parte de ella?

Un extraño quejido le hizo desterrar esos pensamientos en un rincón de su cerebro, prestándole atención a su alrededor. Volvió a oírlo antes de girar rápidamente la cabeza hacia el otro lecho.

Ahí se dio cuenta de que Sakura ya no le daba la espalda: estaba tumbada boca arriba, las sábanas se habían bajado hasta la cintura. Respiraba con agitación, la frente le sudaba y las manos agarraban con fuerza las sábanas.

Frunció el ceño. Hacía tan sólo un momento la había visto completamente normal, como cada noche. Sin embargo, parecía tener una pesadilla. Una inoportuna y repentina pesadilla. Y por lo que parecía sufría bastante, ya que no paraba de girar la cabeza de un lado a otro, frunciendo el ceño y emitiendo quejidos por demás, lastimeros, entre uno que otro No, leve.

Con lo que parecía determinación, salió de entre las cálidas sábanas que cubrían sus piernas y se arrodilló al lado de la cama de su hermana . Tenía que hacer algo para calmar la pesadilla, pero no podría si no sabía qué estaba soñando.

Apretó de nuevo los labios, acentuando su ceño fruncido. No le gustaba indagar en la mente de los demás –no como a cierto moreno de gafas, que se divertía básicamente a costa de eso-. Lo que soñaban, por muy terrible que fuera, era algo privado y único. Nadie debía interferir en ello. Pero él tenía que hacerlo. No quería que la japonesa sufriera, seguramente, a su costa.

Así que, chasqueando la lengua, levantó el brazo y posó la mano en uno de sus hombros, con suavidad, casi sin tocarla. No quería sobresaltarla despertándola de golpe, tal vez era eso lo que hacía olvidar un mal sueño más, sin embargo, Syaoran prefería que no olvidase ninguno, y más sabiendo que Sakura Kinomoto era propensa a las visiones y sueños premonitorios, aunque eso ni ella misma lo supiera.

Cerró los ojos y dejó que las imágenes fluyeran hasta él, llenándole la mente de ellas.

Pero lo que vio, lo dejó completamente desconcertado.

Las imágenes se sucedían una tras otra, como flashes, rápidas y casi imperceptibles, mezcladas unas con otras. La mente de Syaoran se inundó de esas imágenes que ya conocía de primera mano, sorprendiéndose de ello.

Sakura estaba teniendo visiones. En ese momento, visión de pasado, ya que lo que veía eran cosas vividas por él durante su prisión. Fogonazos de luz cambiaban de una escena a otra, completamente diferente a la anterior. Fuego, lucha, sangre, gritos, voces, palabras sueltas… y ¡zas!

De pronto todo se volvió negro. Syaoran continuaba frunciendo su ceño, con los ojos cerrados, con su mente viendo la de su hermana. La conexión continuaba latente y el chino estaba a la espera de lo que pudiera aparecer de pronto en sueños.

Y vio, como en una película que empieza con un fundido desde la imagen negra, un camino. Él veía el camino desde sus propios ojos, embarrado, con piedras y muchos charcos. Oía el ruido de pasos apresurados. ¿Los suyos¿O eran los de Sakura? Lluvia densa y una respiración acelerada, agitada por la carrera. Notó como caía, y el gemido de dolor le confirmó que estaba viendo todo desde los ojos de la japonesa de ojos verdes. Pero en ese momento, ya no reconocía nada.

Corría y corría, esquivando árboles, arbustos y charcos, a pesar de que era inútil evitar mojarse por la lluvia. Un giro le mostró la imagen a sus espaldas. Una niebla negra y espesa se acercaba como un rayo mientras huía. La imagen le mostró de nuevo el frente. Parecía correr desesperada, pero sabía que la niebla iba a atraparla.

Como solía suceder en cualquier tipo de fuga, una roca pareció interponerse entre esa carrera por su vida, haciéndola caer al suelo estrepitosamente y quedándose unos segundos allí quieta. Intentó levantarse, pero no pudo así que, girando la cabeza levemente, encaró a la oscuridad que le acechaba, viéndola de frente y esperando el golpe final.

Pero aquél golpe no llegó de ninguna forma, más lo último que vio antes de apartar su mano de la joven, fue una nube negra echándosele encima junto con un ensordecedor alarido y una presión extraña en la nariz.

Syaoran abrió los ojos estrepitosamente. Había apartado la mano de ella como si le quemara, como si le hubiera pasado la electricidad por estar tocándola. Sus ojos abiertos no salían de su asombro mientras se miraba la mano, y luego miraba a su hermana , que continuaba moviéndose en su pesadilla.

Se sentó en el suelo por reflejo y recapacitó en lo que había visto: Sakura soñó con él, con todo lo pasado dentro de su encierro y después… ¿había visto su futuro? No podía creérselo. Estaba sorprendido. Evocó las imágenes de la visión del futuro, confirmando sus sospechas.

Era exactamente lo mismo. Era la misma niebla negra que le había acechado y atacado a él cuando… en el mismo momento. Y había sentido la misma presión en la nariz y la sensación de mareo incesante.

¿Qué significaba eso¿Qué iba a pasarle lo mismo a Sakura que a él¡Ella estaba completamente indefensa! No tenía magia –al menos, no activa por el momento- y estaba completamente al margen de toda la historia. ¿Por qué tenía que pasarle algo así?

Tenía que evitarlo. Es más, iba a evitarlo fuera como fuera. No podía permitir implicar a más gente, por más que ella lo estuviese desde el inicio de su existencia. No podía dejar que sufriera su misma suerte por su culpa.

Se pasó una mano por los ojos antes de volver a arrodillarse al lado de la joven. Ella continuaba quejándose, con el ceño fruncido y la cara sudada. El pelo se le pegaba, mojado, a la cara y el cuello y Syaoran no pudo evitar alzar una mano y apartar unos mechones de flequillo de la frente. Sus ojos se apretaban con fuerza y respiraba con dificultad. Tocó un momento su frente y confirmó lo que sospechaba: tenía fiebre.

El castaño apretó los labios con determinación. Tenía que hacer algo, e iba a hacerlo. Sakura no debía recordar ese sueño de ningún modo. Debía alejarla de todo aquello lo más rápido posible. La castaña iba a olvidarse de que jamás tuvo una pesadilla e iba a utilizar su magia para ello.

Se concentró unos segundos, cerrando los ojos, y dejando que su poder fluyera. Tenía que concentrar lo máximo posible en sus manos y hacer retroceder la pesadilla.

Posó una mano en la frente de la castaña, la otra en la suya propia y esperó. No fue hasta unos minutos después que ambas manos empezaron a exhalar un resplandor verde-azulado. Dejó que la magia fluyera de su cabeza, a través de sus manos, hasta la mente de Sakura, intentando dominarla por un instante y retroceder en sus visiones.

Las imágenes que había visto anteriormente no tardaron en mostrarse de nuevo en su mente. La sensación de mareo y presión en la nariz volvieron pero no duraron mucho, ya que la visión empezaba a rebobinarse como si de una cinta se tratase. Vio como se separaba del suelo embarrado y el camino empezaba a moverse hacia atrás.

Una gota de sudor cayó por la frente del chino, que mantenía sus ojos cerrados y el ceño fruncido. Hacer retroceder una visión hasta su inicio era magia avanzada muy complicada. Él la había aprendido estudiando durante los años que duró su maldición, buscando cualquier cosa que le fuera útil por aquél entonces, pero jamás había hecho servir el hechizo.

Sin embargo, estaba seguro de que funcionaría. Tenía que hacerlo, ya que había seguido todos los pasos sabidos de memoria. No había tenido ni un solo fallo hasta el momento, así que todo tenía que ir bien.

Prosiguió con el retroceso. Justamente en ese momento la imagen en su mente se volvía en negro, dando por finalizado el retroceso de la visión de futuro. Y justo cuando debía empezar la del pasado… algo sucedió.

Varias imágenes inundaron su mente, sí, pero aquello volvía a ser nuevo. No era nada que hubiera visto en ningún momento y se sorprendió por ello, más no separó su contacto y continuó efectuando el hechizo.

Podía verse a él y podía ver a Sakura. Discutían. No se oían voces, tan sólo el silencio acompañaba esas nuevas imágenes. Ella parecía reprocharle algo y él contestarle. La castaña le propinaba un fuerte bofetón antes de irse y él se frotaba la mejilla.

¿¡Qué estaba pasando allí!?

Una nueva imagen le inundó, como un flash: él en la puerta de la sala, mirando a una Sakura bailoteando mientras hacía limpieza. Fueron sólo milésimas de segundo, antes de cambiar a otra imagen: él hablando con Sakura en el colegio. Otro flash y él burlándose del, por lo visto, corto pelo que llevaba su hermana . Flash y él persiguiéndola por un parque bajo la lluvia mientras ella parecía huir de él. Flash y él riéndose con Sakura. Flash y él burlándose de Sakura. Flash y él abrazando a Sakura. Flash y Sakura, Sakura y Sakura.

¿Por qué¿Por qué estaba teniendo visiones de futuro de él y de Sakura¿Qué había salido mal en el hechizo? Sabía que lo había hecho todo bien, más sin embargo, aquello parecía decirle lo contrario.

Tras otro flash, pudo verse a si mismo muy cerca de ella. Demasiado para su gusto. Pudo apreciar sus rostros acalorados, enfadados y ruborizados mirándose, con respectivos ceños fruncidos y al instante ambos estaban fundidos en un beso adictivo y llameante.

Muchas imágenes parecidas a ésa se sucedieron, una tras otra, desfilando y sorprendiendo a Syaoran, confirmándole lo que, efectivamente, ya sabía pero que se negaba a aceptar. Pero esas malditas imágenes se encargaban de recordárselo. Besos, abrazos, caricias, palabras al oído, roces, promesas…

Lo que acabó por saturarle fue lo que acabó por ver. Continuaron siendo una sucesión de flashes, más todo era de la misma escena. Y sólo los dioses chinos sabían cuanto podía llegar a avergonzarse de ver su propio cuerpo desnudo, enlazado con otro más pálido, pero encajando a la perfección con él.

Aquello… era… algo increíble. No podía estar viendo eso. No podía. Era algo que no debía estar sucediendo y que el destino había puesto en su contra como consecuencia por leer su pesadilla. ¡Sólo quería ayudar!

Ésa última escena, la que más quería evitar, parecía insistirle en querer quedarse. Notó a Sakura arder bajo su palma de la mano. Hacía rato que había dejado de lamentarse por las pesadillas y justo ahora se daba cuenta de que acababa de arquear la espalda y que había empezado a emitir un suave gruñido desde el fondo de su garganta.

Y las imágenes proseguían, pero parecían querer torturarle ya que se habían detenido en esa escena que él prefería evitar. Le torturaban la mente, le hacían sudar y morderse el labio inferior para no soltar ni medio quejido. Cerraba los ojos con fuerza mientras se contradecía a él mismo queriendo despegar sus manos y terminar hasta el final con la visión.

Pero no llegó a decidir ya que un gran sobresalto y un pequeño grito de sorpresa le habían obligado a apartar las manos y abrir los ojos.

No se esperaba encontrarse con una Sakura completamente arrebolada, con la respiración agitada, el pelo húmedo pegándosele a la cara y el cuello por el sudor, con los ojos abiertos de par en par, dilatados en sobremanera, sentada en su cama.

Syaoran se quitó la mano de su propia frente e intentó pasar desapercibido. ¿Por qué había despertado? Si algo sabía sobre el futuro, era que las predicciones jamás se podían interrumpir, ni por voluntad propia. Solamente algo muy poderoso y fuerte podía romperlo. Algo que sobrepasara cualquier cosa.

Algo como unos lazos.

Unos lazos unidos por una maldición.

Miró a la joven recuperar la respiración mientras se cogía el pecho. Parecía no haberse percatado de su presencia, así que esperaría para decirle cualquier cosa e intentó levantarse con disimulo.

Pero tal empresa no pudo llevarse a cabo, ya que Sakura dirigió su mirada verde hacia él al instante y su encuentro causó que las mejillas de ella ardieran en sobremanera. Syaoran se tensó, preocupado.

No podía ser. Sakura no podía haber visto nada de aquello. No debía haberlo visto ni siquiera recordado. Él tan sólo quería evitar una pesadilla para ahorrarle el problema. ¿Era eso un pecado?

Es el destino…

La voz en su mente resonó unos instantes, pero no le hizo ningún caso. Sakura continuaba mirándolo, con las pupilas dilatadas, las mejillas sonrojadas y la respiración agitada.

Lo había visto. Si él lo había estado viendo, ella también, no cabía la menor duda.

Pero… ¿Qué iba a hacer ahora¡Tenía que hacer algo antes de que ella preguntase!

-¿Qué… ha pasado?- Sakura se adelantó a sus pensamientos, haciendo que Syaoran viera caérsele un muro encima.

End of lesson VII

Moraleja VII

"Nunca des por sentado las cosas, por muy probables que sean."

Comentarios de la autora: bueno, pues hasta aquí lo que se daba. No me enrollaré mucho, porque me muero de sueño y caeré sobre el teclado en breve si no me acuesto, sí que… xD

¿Qué os ha parecido¿Bien, mal, regular? xDDDD La conversación Eriol-Tomoyo da que pensar, pero mi favorita es la última, la de Syaoran y la odisea con los sueños xDDD me costó horrores escribirlo!!! Llevo varios días que no paro, pero ahora me tomaré un descansito de… una semana al menos ú.u

No voy a prometer nada sobre el siguiente capítulo, porque me conocéis y ya sabéis que me cuesta publicar ú.u escribir más que nada. Tened claro que no voy a dejar la historia a medias, al menosesa no es mi intención.Pero bueno, intentaré hacer cada semana un poquito y al menos tardar un mes, y no todo un año, como ya me van 2 capítulos! Lo siento gente!!!

No creo que estéis de humor conmigo para reviews, pero igualmente me gustaría saber vuestras opiniones. Así que reviews, please!!!

Bye-bee!!!!

-Hikari Katsuragi-